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¡TRINIDAD SANTA!

Por Ángel Gómez Escorial

Cuando yo, aquí y ahora, sitúo entre signos de admiración a la Trinidad Santa estoy sin duda emitiendo un juicio de admiración y, si se quiere, hasta de sorpresa. Dicen muchos sabios que la confirmación de la veracidad del hecho cristiano es que su "discurso" es una continua paradoja. No se dan facilidades para construir una narración lógica y fácil del creer.

El misterio de la Santísima Trinidad es, a simple vista, una gran paradoja: un Dios Único que contiene tres Personas y que ellas se han manifestado históricamente. ¿Es Uno, o son Tres? ¿Puede Uno ser Tres? La paradoja es lo que lleva al hombre a volver sobre sus pasos y reflexionar. Porque si lo que oye no es una locura, ni obra de locos, se estará abriendo un mundo más grande que el de nuestra medianía.

JESÚS REVELA LA TRINIDAD

La existencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo la expresa Jesús en muchos lugares de los Evangelios. Hoy mismo, en el Texto de San Juan, Jesús da un posicionamiento de las Tres Personas en la fórmula bautismal. Y es obvio que no es el mismo lugar. La mención de Dios como Padre procede del Antiguo Testamento. Todo el "conjunto narrativo" veterotestamentario no es otra cosa que la historia de un Padre amantísimo dando continuadas oportunidades a un pueblo desobediente para que vuelva a su Amor. Eso sigue ocurriendo dentro del Pueblo de Dios pues nuestras infidelidades no dejan de dar una imagen muy similar a las que continuamente se leen en el Antiguo Testamento.

En tiempos de Cristo, la religión oficial de Israel "sufría" el efecto del politeísmo pagano. Frente a religiones que tenían muchos dioses había que enfatizar la unidad exclusiva y sin fisuras del Dios Único. A su vez, la filosofía helénica planteaba una idea de Dios inaccesible y solitario. Esto, contradictoriamente, también influyó en los judíos. De hecho quedaba ya muy lejos en el sentir de los judíos ese Dios próximo y dialogante, que tiene como amigo a Moisés o, también, como negocia con Abrahán la salvación de Sodoma y Gomorra.

UN NUEVO CONOCIMIENTO DE DIOS

Jesús, en definitiva, no fue solamente condenado y muerto por "hacerse" Hijo de Dios. Jesús vino al mundo a comunicar un nuevo conocimiento de Dios y ello es lo que no “aguantó” la religión oficial judía ni la mayor parte del pueblo judío. Y dicho conocimiento nos expresa la existencia de tres personas que conviven en el Amor y en la Palabra. Dios ya no es para nosotros ni lejano, ni solitario. La Trinidad Santa no es otra cosa que una nueva dimensión del conocimiento íntimo de Dios que nos ha sido revelado por Jesucristo. Y la aceptación de esa realidad por nosotros no es nada fácil, pero, en ninguno de los casos, imposible. Siempre hemos dicho que puestos nosotros en la presencia de Dios podemos ver las cosas de otra manera. Esa presencia nos ayuda y nos ilumina. Pero para optar por dicha presencia debemos tener amor y humildad en nuestros planteamientos. La presencia se acrecienta mediante la oración. Y la oración solo puede abrirse hacia Dios con espíritu humilde y con el corazón lleno de amor.

LAS VERDADES “DIFÍCILES”

Cada uno de nosotros debe definir su camino de búsqueda de la realidad divina, ayudado por la Iglesia y por los hermanos. Y, sobre todo, amparados en la confianza de que Jesús no nos va a negar una ayuda para mejor encontrar dicho camino. En su presencia, en su cercanía, vamos a convertir una paradoja en "el encanto cotidiano que es la Sabiduría de Dios. Y esas paradojas, a veces presentadas como “verdades difíciles” son las que nos acercan a la creencia total que estamos en el camino. Lo fácil, lo muy bien urdido, casi nunca contiene la verdad. Las grandes ideologías buscan esas verdades “totales” y “redondas”, pero las buscan para ser más creíbles. Nadie, salvo Cristo, utilizará una verdad difícil, una auténtica paradoja para enseñar. Y es que la verdad y la realidad son, muchas veces, algo muy paradójico, impensable, inesperado…