La Tumba del Jardín

Por Pedrojosé Ynaraja

Lo he dicho muchas veces, el peregrino a Tierra Santa, y también el turista religioso, debe tener en su mente un orden preferencial de visitas. Las número uno, que no puede omitir, indispensables por completo (ni las agencias de viaje las excluyen). Las número dos, muy importantes, pero que si por alguna razón no las visita, no debe sentirse frustrado. Las número tres, aquellas menos importantes, que sirven de relleno, para aprovechar el tiempo y el dinero del viaje, que ni dura como en la antigüedad tres meses, ni acostumbra a sobrarle el peculio al caminante. Ahora bien, lo que debe evitar siempre, es dedicar el tiempo sobrante a jugar a cartas o escuchar música grabada, que trae de su país de origen. Nadie extrañe la advertencia. Que de todo he visto.

LUGAR INTERESANTE

Brevemente paso al tema, tampoco da para escribir mucho. El lugar es uno de esos interesantes, pero no esenciales. Casi enfrente de la Puerta de Damasco, la más preciosa sin duda, de Jerusalén, se eleva suavemente la Nablus Road, muy cercano al inicio, a su derecha, por una corta calleja, muy bien indicada, se llega a la Tumba del Jardín, también llamada sepulcro de Gordon. Advierto que quien haya visitado ya el Santo Sepulcro, le sorprenderán al entrar aquí, unas cuantas cosas: la falta de majestuosidad primero, el silencio, la placidez, el intimismo que reina en todo el ámbito.

SEPULCRO DE GORDON

Su origen está en que en el año 1867 se descubrió una tumba y en 1891 se desenterró. El año 1882 el General inglés Charles Gordon fue al lugar y se convenció de que debía de tratarse probablemente de la tumba de Jesús. Como pruebas le sirvieron la situación de la puerta de la ciudad y la forma de la colina, en donde él fue capaz de reconocer la configuración de un cráneo.

Pero hoy en día se considera en general, que la tumba del jardín no corresponde con la de Jesús. La objeción arqueológico-histórica en contra es casi definitiva, puesto que el cálculo de su ubicación, que debía estar la de Cristo fuera de las murallas, se hizo considerando la referencia de la actual muralla, que no es la misma de la de aquel entonces, ni sigue el mismo trazado que la existente en tiempos de Jesucristo. Los que siguen presumiendo la autenticidad, se fundan en la existencia de algunos símbolos cristianos grabados en el interior de la sepultura.

SE RESPIRA PAZ

El fundamental punto de interés es el mencionado sepulcro, sin ningún adorno o edificación en su honor y en su entorno. He entrado en este remanso de sosiego, rodeado del bullicio de Jerusalén, en diversas ocasiones, para gozar de la paz que se respira y observar también la piedad que demuestran la mayoría de visitantes, que con fervor se recogen por los recoletos que forman los caminos, muy bien trazados para este menester, tanto propicios para grupos como para la meditación individual. Hay asientos individuales y bancos situados en semicírculos para facilitar la comunicación en los grupos que puedan formarse, siempre he observado que se procura hablar en voz baja. Si uno va solo, cierra los ojos e imagina estar viendo a la inquieta Magdalena, que interroga al para ella era, en aquel momento, un desconocido hortelano. Vuelvo a repetir es un lugar apacible, con facilidades para reposar en silencio y con servicio higiénico.

LOS RECUERDOS

Otro sí. Pienso y digo siempre, que la calidad de un local abierto al público, sea ermita, iglesia, catedral o museo, se calcula rápidamente observando el lugar de venta de objetos de recuerdo. En unos se trata de vulgares baratijas, sin calidad, en otros se limitan a cartulinas o postales con ilustraciones apropiadas, en muy pocos, lo que uno encuentra son objetos de buen gusto, muy aptos para llevarse como recuerdo o para ofrecer como regalo, o libros que complementarán lo observado.

EL IDIOMA

Por último, un aspecto también interesante, es el idioma. Si en algunos sitios se limitan a utilizar únicamente el del lugar, por aldeano que pueda ser, y dicen además poco de la amabilidad y hospitalidad espiritual que se debe tener con el visitante, respecto al que me estoy refiriendo, la primera vez que fui, de esto hace 40 años, no había nada ni en lengua española, ni francesa. La señorita que nos atendía, se sintió avergonzada de que nosotros, católicos y españoles, no encontrásemos nada apropiado a nuestra forma de expresarnos. Recuerdo que me regaló un Nuevo Testamento en lengua castellana, que sacó del almacén. He vuelto varias veces y ha cambiado este aspecto, conservando la dignidad estética de los contenidos y su significado. Tampoco ha cambiado la amabilidad. (Me he referido a mi experiencia personal).

FUNDACIÓN PROTESTANTE

Sin que lo haya dicho explícitamente, habrá entendido el lector, que la Tumba del Jardín pertenece y es mantenido, gracias a los trabajos de una fundación de signo Reformado (o Protestante, como quiera llamarse). Y a eso quería llegar. En Jerusalén y en otras poblaciones, hay comunidades protestantes con sus propios lugares de culto. Estoy pensando en la Iglesia del Redentor, muy próxima a la basílica del Santo Sepulcro, construida entre 1893 y 1898. No lejos de donde imaginativamente me sitúo ahora, está la catedral de San Jorge, sede del obispo anglicano, fundada en 1899. Estos templos están principalmente al servicio de fieles que residen fijos en Jerusalén.

Hay que tener en cuenta que la piedad luterana no es uniforme, como tampoco la católica, dicho sea de paso. Me he encontrado en Nazaret con unas jóvenes barcelonesas que propagaban el texto del evangelio e invitaban a los cultos de su iglesia. Estaban situadas a pocos metros, casi en la puerta, de la entrada de la basílica de la Anunciación, allí donde aconteció el anuncio del ángel a Santa María, que explica con detalle Lucas. Pues bien, ni habían entrado, ni pensaban entrar en el recinto, arqueológicamente autentico. Lo que les importaba es lo que decía el texto, postura muy común entre ellos.

GETSEMANÍ

Pero no todos, evidentemente, son así. Muchos peregrinos que acuden a visitar los lugares santos tienen su peculiar sensibilidad. Hay que respetar su mentalidad. Se sienten incómodos en ambientaciones que no corresponden a su concepción religiosa. Estoy seguro de que existen otros lugares semejantes al que ahora me voy a referir, pero que en este momento no recuerdo otros. Un lugar emblemático de la visita a Tierra Santa es Getsemaní. El paraje es totalmente seguro. Junto al olivar pluricentenario, se levanta la Basílica de las Naciones, con la roca que dicen que fue en la que el Señor sufrió agonía. El edificio y su interior pueden gustarnos a nosotros, para otros molesta tanta imagen y símbolos sin aparente necesidad. Pues bien, al lado de este jardín, en el lugar que el peregrino de Burdeos menciona y que no tenía ninguna utilidad específica, en tiempos en los que mi amigo Fra Rafael Dorado, andaluz de la Triana sevillana, se adecentó este lugar, también poblado de olivos semejantes a los otros, se puso una mesa que puede servir de altar o lugar de proclamación de la Palabra. Uno puede sentarse a su alrededor o pasear por el entorno, donde existe para más inri un sepulcro de aquellos tiempos. Este espacio, me decía, lo ocupan comunidades reformadas y se sienten más a gusto. Leen el evangelio, lo comentan y rezan devotamente.