¡Felicidades ATLETA! Después de 3 años de entrenamiento ¡has llegado a la primera meta! Seguramente no recuerdas cuando te integraron en el equipo de Jesús. Eras muy pequeño. Tal vez te integraste años después, ¿lo recuerdas? En cualquier caso, aquel día, el día de tu bautismo, empezaste a formar parte de un gran equipo. Lo habrás podido comprobar según has ido creciendo. A los primeros que conociste fueron a tus padres, a tu familia. Mas tarde llegaron los compañeros del cole y los profesores. Has aprendido junto a tu catequista. No te ha faltado la cercanía de los sacerdotes. Pero sobre todo, sobre todo, ha estado junto a ti un gran entrenador: Jesús. Hoy se ha unido a ti de una forma especial, ya no quiere ser sólo un conocido, ahora es, tu AMIGO. Un amigo que va a seguir junto a ti en el camino, pues la carrera no acaba aquí, hay que ir a por la siguiente meta y ésta, tal vez, sea algo más costosa de conseguir. Habrá más obstáculos en el camino, más barreras, tal vez haya que subir alguna cuesta… En muchas ocasiones pensarás: ¡no puedo, no puedo, no puedo más! Otras veces igual te sientes como quien tiene que saltar de un trampolín y te dará vértigo. Quizás te sientas paralizado ante una montaña y pienses, ¡Qué difícil…! ¡Mejor no lo intento! En esos momentos, no lo dudes. Recurre a ese Amigo que hoy y siempre estará contigo, aunque a veces, parezca, que juega al escondite dejándote sólo, y piensas que te abandona… ¡Te estará probando! Te estará haciendo fuerte para que veas que si lo intentas y confías en Él… puedes, sí puedes, SÍ PUEDES. Cuidado con los del equipo contrario. ¡Los satanases! Querrán impedirte que llegues a la meta. Te pondrán zancadillas, te atarán los cordones de los zapatos para que caigas, harán trampas, Tú…. ¡Ni CASO! Mantente fuerte y se cansarán. Verán que contigo no pueden, no pueden, no podrán nunca. Ten siempre presente que no estás sólo. Formas parte de un equipo que te apoya y te quiere. ¿Vamos juntos a por la siguiente etapa? ¡PREPARADO, LISTO…YA! Que seas muy feliz en todos esos caminos que desde ya, empiezas a recorrer. No lo olvides: Cuando te sientas cansado, cuando creas que no puedes más, para, respira hondo, dale la mano a tu gran AMIGO, te dará fuerzas, te reconfortará. ¡CUENTA SIEMPRE CON ÉL! Maite, Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Maite se refiere a su hijo a Pablo. Es estupendo el escrito. Maite nos sigue sorprendiendo por su fuerza y entusiasmo.
Ayer recibía, como cada mes, “La palabra de vida en viñetas para los niños”. Es una hoja que me envía un sacerdote. Muchas veces había leído la expresión “Palabra de Vida” sin pararme a pensar en su significado. Palabra de vida = Palabras que sirven para la vida, palabras que proporcionan vida. Eso me hace suponer lo contrario. Hay palabras que quitan vida, palabras dañinas para la vida. ¿No habría por tanto que pararse a pensar antes de hablar? Cuando hablo ¿voy a proporcionar alegría, animo, paz a la persona que escucha o por el contrario lo que voy a decir la va a molestar, voy a ahondar en sus heridas, voy a humillarla? ¿Nos damos cuenta de la responsabilidad que tenemos? Con una palabra podemos hundir en la miseria a alguien o darle realmente vida, ilusión. ¿Crecería igual una planta si en vez de agua la regásemos con vino? Ni plantas, ni árboles, ni tomates, ni flores tendríamos si las hubiésemos cultivado con veneno. ¿Qué nos hace pensar que con las personas pueda ser diferente? Pensaba yo conmigo misma que estos días me siento como en una escuela. Preguntaba el sacerdote en misa a los niños ¿Quién fue el catequista de San Pablo? Confieso que, en ese instante, no lo recordaba, pero me hizo pensar en “mis profes”. Pensaba en la persona que ha dado el curso de cristología a la que debo el haberme apasionado con la Biblia. Pensaba en autores que he leído y han influido mucho en mí. Pensaba, pensaba y me preguntaba ¿algún profe más? Pues si, muchos. Me he dado cuenta que son muchas las personas de las que he aprendido, aprendo cada día. Pienso en mi familia, en mis padres, mis hermanos, mi abuela, mi marido, mi hijo… Pienso también en un abuelito que conocí en las Hermanitas de los Pobres que un día me dio una charla sobre la familia que nunca he olvidado. Pienso en las familias que voy conociendo y que tanto han aportado a mi vida. Pienso en los sacerdotes a los que tanto les debo. A los cercanos, pero también a los que no pongo cara, o a los que sí se la pongo pero no tuve oportunidad de conocer aunque sí de leer. Me encanta Martín Descalzo. Pienso en las parroquias grandes que he tenido la oportunidad de conocer, pero también en las pequeñas de pueblo en la que a veces no hemos estado más de 10 personas. Agradezco todo lo que aprendo de personas que han estudiado mucho pero también agradezco el haber conocido a personas que, sin haber tenido la oportunidad de estudiar, me han enseñado muchísimo con sus conocimientos del campo, de la naturaleza, del mar… En verdad me siento como una escuela pero es una escuela especial. No hay ningún requisito para pertenecer a ella. No se exige ningún estudio, carrera, todo el mundo puede pertenecer a ella. Tampoco hay que saber idiomas, ni tener un físico especial. No hay un momento concreto para matricularse, las puertas siempre están abiertas. Es una escuela donde todo el mundo puede aprender y todo el mundo tiene algo que enseñar. Lo único imprescindible para poder pertenecer a la escuela del amor, es tener corazón, y eso ¡es genial¡ porque todos lo tenemos. A veces sucede que el corazón está herido y aparte de ir a la escuela tiene que pasar por el médico, pero tampoco hay que preocuparse. Por muy grande que sea la herida, el doctor siempre está dispuesto a curar. A veces es inevitable la operación, otras veces con un periodo de rehabilitación se vuelve a poner en marcha el corazón. Si, en verdad que es mucho lo que hay que agradecer a los profes, a los médicos, a todos aquellos que día a día se cruzan en nuestro camino y con sus palabras, su sonrisa, sus gestos, sus silencios, su compañía hacen posible que como Aquel, dejemos las muletas y echemos a andar. Maite Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Otro excelente artículo de Maite que necesitaba salir a parte del anterior. Es, también, una gran enseñanza.
Se me escapa de la memoria el día en que llegó Félix a nuestra clase. Pero lo que nunca olvidaré es que le indicaron sentarse junto a mí en un pupitre compartido. Por indicación del profesor de su sencilla cartera sacó un lápiz, una goma de borrar y un cuaderno que colocó encima del pupitre, guardando sigilosamente bajo su asiento la cartera, como temiendo mostrar el resto de su contenido. Félix era un niño triste, serio, tímido… apenas hablaba; su aptitud era de temor. Cuando el profesor le preguntaba enrojecía y si la respuesta no era acertada, bajaba la cabeza como no aceptando las sonrisas de crueldad de sus compañeros. Debido a su débil carácter apenas jugaba con el resto de los niños, Posiblemente tomaba esa aptitud porque nosotros tampoco le aceptábamos, ni siquiera yo que era el compañero más cercano que tenía. Tardé bastante tiempo en darme cuenta que al término de la clase de la mañana, cuando todos salíamos corriendo hacia nuestras casas para comer, él quedaba rezagado como no importándole la necesidad de salir. Cierto día que tuve que regresar al colegio para recoger algo olvidado, encontré a Félix sentado en un rincón del patio de recreo, extrayendo de su cartera una bolsa con su comida. Al principio apenas le di importancia. Sin embargo llevado por mi curiosidad le pregunté a Félix, el motivo por el cual no iba a su casa a comer como el resto de los compañeros. Él me contestó que vivía lejos y no le era posible hacerlo. No obstante al llegar a casa hablé con mi madre del compañero que compartía el pupitre conmigo. En el colegio mamá, existe un niño que no puede ir a casa y come solo en el patio del recreo. ¿Te importaría que le invitase algún día a comer con nosotros en casa para que esté más acompañado? Le pareció aceptada mi propuesta y así se lo hice saber a Félix. Confieso que me costó convencerle para que rompiera su propia timidez. Un buen día sonriendo aceptó la invitación con la condición de que no sirviera de molestia para nosotros. No todos los días pero con frecuencia Félix compartía mantel e incluso con frecuencia hasta nuestra propia comida. Este acercamiento reforzó nuestra amistad. Mostraba admiración por nuestra humilde vivienda hasta en los detalles más insignificantes, quizás comparándola con la que él habitaba. Félix vivía junto a sus padres en una vieja y solitaria estación del ferrocarril que era simple apeadero en la que apenas paraba ningún tren. La labor del padre consistía en estar pendiente de bajar la barrera del paso peatonal cuando se acercaban los trenes tanto si eran rápidos, expresos o simplemente aquellos tres lentos de hace años, para una vez colocada su gorra de plato en la cabeza darles paso con un banderín rojo en la mano. Al ser unas personas extremadamente humildes para ellos significaba un gasto muy especial, el poder enviar a su hijo a un colegio de la capital, además que para Félix suponía recorrer más de un kilometro andando para poder tomar un autobús que le desplazara. Nuestra educación se desarrollaba normalmente así como nuestra preparación para recibir la primera comunión, hecho que se produjo felizmente el 26 de Mayo. Llegado ese gran día, recuerdo que nuestro Profesor nos iba colocando en los distintos bancos que habían sido reservados en la capilla del colegio, situando a nuestros padres junto a nosotros. El sacerdote que celebraba la ceremonia esperaba el momento de iniciar el acto. Todo estaba perfectamente preparado; pero no era así. Alguien advirtió que faltaba un niño, Félix. Se encontraba al final de la capilla junto a una señora vestida de negro. Creo recordar que fue mi madre quién lo acompañó hasta los bancos preferentes colocándolo a mi lado. Aquella señora vestida de negro que le acompañaba resultó ser su madre que por su acusada modestia no le permitía situar a su hijo en los bancos principales. Félix vestía un pantalón corto, una camisa y un jersey y sin saber como ni quien lo hizo, fue colocado sobre su brazo el típico lazo que daba realce simbólico al acto. Su sencilla indumentaria contrastaba con nuestros bonitos trajes y adornos. Sin embargo hasta hoy en día me sigo preguntando en que corazón se sentiría más feliz el Niño Dios y quien estaría mejor preparado para recibirle por primera vez. Al finalizar el emotivo acto del Sacramento de la Comunión, el celebrante en su despedida nos regaló una frase que hasta hoy día, no he podido olvidar: “QUERIDOS NIÑOS, HOY ES UN DIA DEL CIELO QUE SE PASA EN LA TIERRA”. Ojalá, que cualquier día vuelva a encontrarme con mi amigo Félix. Y juntos de nuevo, podamos volver hablar sobre aquel día tan especial de nuestra Primera Comunión. Seguro que bastante tendrá que contarme él y mucho que aprender yo. José Guillermo García Olivas Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Son entrañables estos recuerdos de su vida que, de vez en cuando, nos envía José Guillermo. El de hoy es francamente bueno.
¿Qué es la amistad sino el vaciarse uno para contemplar ser a otro?
¿Qué es la amistad sino darse sin esperar el agradecimiento?
¿Qué es la amistad sino caminar abrazados con la distancia prudente hacia el corazón que amas?
¿Qué es la amistad sino compartir la sonrisa, las lágrimas y el consuelo?
¿Qué es la amistad sino llamar a alguien amigo y sentir como un beso sus labios?
En estos días de indignación y propuestas para una nueva sociedad, os envío un canto a la amistad. Un gran abrazo. Miguel Ángel Mesa Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Un poema más de Miguel Ángel. Nos gusta publicar sus composiciones.
Antes que saber de la hacienda mundial hay que saber del camino y de los caminantes. El pensamiento de Machado, de que se hace camino al andar, todos lo evocamos pero a pocos le desvela.
Nadie escucha a los que no tienen poder. Nadie escucha a los que nada tienen. Nadie escucha y deja hablar al corazón. Lo que no se escucha, se desprecia.
Debemos caminar a la escucha del mundo, de todo el mundo, poniendo el oído en los que no tienen voz, aunque se nos escarche la sonrisa del alma.
El día que nos desviva el caminar oyendo la angustia que soportan tantas gentes, qué bien pudiéramos ser nosotros mismos, habremos despertado al verdadero aprecio de las cosas, a la vida y a saber vivir.
Observo que somos caminantes en busca de horizontes perdidos. Tan importante como mirar es ver, ver a través de uno la existencia y abrazarse a los que con ella son.
Si todos nos abrazásemos mucho más al abecedario del espíritu, no haría falta llamar a la estética ni convocar debates contra nadie, ni contra nada, sería cuestión de sentarse a escuchar lo que el ánimo nos dice y desdice.
Propongo, pues, la obligación de interrogarse todos los días cada uno consigo mismo, y a caminar más despacio para oír los sollozos del hambriento, que ansía gozar de la fortuna del rico.
He aquí, la tremenda confusión por la que a veces vivimos y por la que tanto desesperamos: No es pobre el que nada tiene, lo es aquel que no se quiere, ni se pertenece a sí mismo, su vida en sí, ya es un tráfico de ventas.
Ahí radica el problema del mundo: Cada día hay más personas necesitadas que han de venderse y más animales vestidos de humanidad ansiosos de comprar inocentes a precio de juego.
Jugar con vidas humanas y no escuchar sus lamentos es el mayor de todos los males: deshonra al género humano, lo degrada como especie pensante, lo vuelve un bestia salvaje o un dios cretino.
Quien mal halle, bien done, pero no se desgaste, escuche, ¡escuche!.
Del escuchar proviene el conocimiento y del meditar viene después el arrepentimiento.
Víctor Corcoba Herrero España NOTA DEL EDITOR.- Aprovechamos para dar esta composición poética de Víctor. Tiene mucho interés y gran sensibilidad.
Quiero felicitar a todo el equipo de Betania por el esfuerzo que ha hecho al presentar la celebración de la Pascua del Enfermo. Tanto el Editorial, como la Carta del Editor me han parecido muy buenos. Y creo que había que reconocer públicamente ese esfuerzo de Betania. Estoy de acuerdo que con la designación de la Jornada Mundial del Enfermo, al día 14 de febrero, la fiesta de la Virgen de Lourdes, no lleva bien las necesidades pastorales por no ser festivo. Y así la tradicional celebración de la Pascua del Enfermo nos facilita las cosas. Trabajo en una parroquia del Sur de Madrid, donde tenemos muchos amigos, ya mayores, que se acercan con ilusión al Sacramento de la Unción de los Enfermos, y la celebración es estupenda. Resulta muy bien María Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Pues nuestros agradecimientos son para María. Estamos de acuerdo con todos sus comentarios.
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