Domingo XX del Tiempo Ordinario
20 de agosto de 2017

La homilía de Betania


 

1.- "MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE", DICE EL SEÑOR

Por Antonio García-Moreno

2.- ¿CÓMO ACTUAMOS NOSOTROS

Por José María Martín OSA

3.- LA FE ES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Por Gabriel González del Estal

5.- CUANDO LA FE VENCE TODO OBSTACULO

Por Javier Leoz

6.- JESÚS NOS LLAMA A TODOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


VACACIONES EN EL EXTRANJERO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- "MUJER, QUÉ GRANDE ES TU FE", DICE EL SEÑOR

Por Antonio García-Moreno

1.- ¿JUSTICIA SIN DERECHO?- El hombre tiende de por sí a la anarquía. Sobre todo el hombre de hoy, sensibilizado especialmente en contra de cuanto pueda suponer un límite a su libertad, algo que le ate y le sujete. Por eso hay en algunos sectores de la sociedad una especie de fobia a cuanto signifique derecho, orden preconcebido.

Por otra parte, existe también un deseo vivo de justicia. Tanto que ha venido a ser uno de los "leit motiv" más usados en todos los campos, sea el político, el social, el cultural, o el religioso. Aunque menos, sigue estando de moda el hablar de justicia, hasta convertir el tema en algo manido y rutinario, en un tópico.

Es una evidente contradicción, una de esas extrañas paradojas que suelen darse en la vida de los hombres. Porque es evidente que para que haya justicia ha de existir un derecho que regule las relaciones de los hombres, una norma que encauce y señale las respectivas obligaciones y los correspondientes derechos. Sin una ley, los hombres, está clarísimo, se convierten en unos "sin ley".

Libertad, sí, pero para todos. Para los fuertes y para los débiles. Además, de qué sirve ser libres si, en el ejercicio de su libertad, los hombres se destruyen a sí mismos. Los hombres no son islas, no son piezas sueltas. Todos formamos un racimo, un engranaje, un conjunto de ruedas dentadas y engranadas. Por eso sólo servimos si estamos bien ensamblados los unos con los otros, bien ajustados.

Ajustados, que no es lo mismo que esclavizados. Uno no se puede sentir maniatado por el hecho de abrocharse el cinturón de seguridad al conducir, ni se puede pensar que uno está coartado por tener a lo largo del camino unas señales que limiten la velocidad o prevengan, simplemente, un determinado peligro... Somos libres, Dios nos quiere libres, Cristo nos ha liberado de la auténtica esclavitud, la del pecado, y nos ha transmitido la libertad de los hijos de Dios. Una libertad racional y no animal, una libertad que se conjuga perfectamente con la ley, con el derecho. Una libertad serena y responsable, que realiza el maravilloso prodigio de un orden de cosas en donde reina de verdad la justicia.

2.- TAMBIÉN LOS PERROS.- Esta es una de las pocas veces en que Jesús sale de los límites de Palestina. Con ello se iniciaba la evangelización de los gentiles, que más tarde llevarán a cabo los apóstoles, especialmente san Pablo. Tiro y Sidón estaban al norte de Galilea. Eran antiguas ciudades fenicias que se distinguían por la riqueza de su comercio marítimo. Hasta allí había llegado la fama de Jesucristo, como lo confirma el hecho de que una mujer de aquellas regiones acuda al Señor para rogarle por la curación de su hija enferma.

Pero Jesús parece no oírla siquiera. Los discípulos interceden para que la atienda. Y el Señor afirma entonces que sólo ha sido enviado para atender a las ovejas descarriadas de Israel. Ante esta respuesta los apóstoles no insisten, pero la mujer sí. Se acerca más aún a Jesús y, de rodillas, le implora que cure a su hija. La contestación de Cristo es dura, desconcertante y casi cruel: "No está bien echar a los perros el pan de los hijos". Pero ella no ceja en su empeño, en su humilde petición. No se molesta por las palabras hirientes de Cristo. También los perros, Señor, comen de las migajas que caen de la mesa. Su respuesta, tan llena de fe y humildad, acaba por desarmar al Señor, que con su actitud de repulsa estaba probando el amor y la fe de aquella sirofenicia.

Para que los elegidos de Israel aprendieran de aquella cananea el modo de pedir y de confiar, de insistir y de humillarse. "Mujer, qué grande es tu fe", le dice Jesús. Y el milagro se produjo. No fueron las migajas sobrantes y caídas al suelo lo que el Señor dio a la mujer aquella, sino el pan tierno y blanco de su amor y poder infinitos. Fue un hecho más de los que anunciaban que la salvación se extendería a todos los pueblos. Las fronteras no existirían para la difusión de la Palabra que, como semilla alada que el viento arrastra hasta los lugares más recónditos, se dejaría escuchar por todos los rincones del mundo, y así será por todos los siglos que dure la Historia.


2.- ¿CÓMO ACTUAMOS NOSOTROS?

Por José María Martín OSA

1. – Acogida y fe. La Palabra de Dios de este domingo tiene para nosotros una gran actualidad. Dos son las enseñanzas de este domingo: la necesidad de la acogida en nuestra comunidad cristiana y la importancia de la fe incondicional en Cristo Jesús. A la vuelta del destierro de Babilonia el profeta Isaías plantea la posibilidad de acoger a los extranjeros que han venido con los judíos exiliados. Según la legislación antigua plasmada en el Deuteronomio ni los extranjeros ni los eunucos podían pertenecer a la asamblea pueblo de Israel. Eran discriminados por su sangre o por su condición. El profeta se decanta claramente hacia la acogida si cumplen la condición de amar al Señor, servirle, guardar el sábado y perseverar en la alianza. En el fondo está diciendo que lo importante es la fe en Dios, no el origen ni la condición, ni la raza. Es la misma idea transmitida en el salmo 66: "que todos los pueblos te alaben". ¿Es así entre nosotros?, ¿somos de verdad acogedores con el que viene de fuera?, ¿tienen sitio en nuestra comunidad los marginados, los inmigrantes, los excluidos por la sociedad?

2. – Salvación ofrecida a todos. Pocas veces vemos a Jesús traspasar las fronteras de Galilea o de Judea. En esta ocasión se encuentra en Tiro y Sidón, ciudades costeras del mediterráneo al norte de Israel, en el actual Líbano. Sus habitantes son llamados "cananeos". El evangelista sitúa la acción después del duro ataque de Jesús a los letrados y fariseos. Estos habían cuestionado a Jesús por qué sus discípulos no se lavan las manos antes de comer. Jesús les llama hipócritas porque dicen que cumplen la ley, pero lo hacen sólo por el interés. No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca. Jesús pone en evidencia la falsedad de decir que honran a su padre y a su madre porque ofrecen sus dones al templo, cuando su obligación sería sostener a su padre y a su madre. Muchos de sus preceptos son leyes humanas que no hay que absolutizar. Pero lo peor de todo es cuando se olvida el espíritu de la ley y se justifican actitudes antihumanas y anticristianas. Jesús sin duda escandalizó a los fariseos al poner en evidencia sus hipocresías, pues es lo que sale del corazón, las malas ideas, el deseo de apropiarse de los bienes ajenos, el odio, las rencillas, lo que mancha al hombre. Podemos interpretar que este viaje por Tiro y Sidón es un gesto significativo con el que Jesús trata de demostrar que la salvación no está restringida a ningún pueblo, ni ninguna raza. Es para todo aquél que acepta su Palabra.

3. - Es impresionante la actitud de la mujer cananea. Primero se puso a gritar pidiendo compasión para su hija que tiene un demonio muy malo. Confiesa su fe en Jesús al llamarle "Señor, Hijo de David". Jesús pone a prueba su fe cuando le dice que sólo le han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Pero ella se arrodilló delante de Jesús y de nuevo le pide: "Señor, socórreme". Nuevamente Jesús tantea su fe con unas palabras que nos parecen demasiado fuertes: "no está bien echar a los perros el pan de los hijos". Es un recurso que utiliza para que la mujer reafirme su fe, pues para Jesús todos somos hijos de Dios. Quiere demostrar que no hay diferencias entre unos hombres y otros, a pesar de que algunos crean que los gentiles son perros y no hijos. La mujer, como buena madre, sigue luchando por su hijo y, confiando plenamente en que Jesús puede curar a su hija, le dice que se conforma con las migajas. Ante esta confesión de fe, Jesús cura a su hija y destaca delante de todos, la gran fe de esta mujer. También los gentiles, como dice la Carta a los Romanos, alcanzan la misericordia. La adhesión a Jesús y el seguimiento de su Evangelio es lo que importa. Jesús acoge, no rechaza. ¿Cuál es nuestra actitud con los que no son de los nuestros? ¿No estaremos rechazando y condenando a los que no cumplen leyes que son preceptos humanos?


3.- LA FE ES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Por Gabriel González del Estal

1.- Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Una vez más, para entender en su intención más profunda este texto evangélico, según San Mateo, debemos conocer el contexto del texto. Jesús acaba de tener una dura discusión con los escribas y fariseos “que habían venido de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos, pues no se lavan las manos cuando comen?” Jesús les responde que son ellos los han anulado la Palabra de Dios en nombre de sus tradiciones. Para terminar diciendo a sus discípulos: “Dejadlos, son guías ciegos”. Después de esto viene el episodio de la mujer cananea. El relato evangélico está construido con mucha intención teológica. Ante la súplica de la mujer cananea, no judía, Jesús se hace el duro ante sus discípulos: “sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel… No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Es lo que hubiera respondido el más ortodoxo de los fariseos. Pero la mujer no judía no se arredra, porque sabe muy bien que ante un profeta de Dios las tradiciones judías no tienen nunca la última palabra. “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Jesús ha conseguido lo que quería: dejar claro a sus discípulos que la fe debe romper las barreras étnicas y religiosas que habían impuesto los escribas y fariseos. “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. Seguro que los discípulos quedaron admirados y contentos, porque su Maestro había curado a la mujer por la que ellos habían intercedido. También nosotros, discípulos y seguidores de Jesús, estamos contentos y le estamos agradecidos porque, con su acción, Jesús nos demostró que la fe no es patrimonio exclusivo de ningún pueblo, ni de ninguna religión; la fe es patrimonio de la humanidad.

2.- A los extranjeros… los traeré a mi monte santo. El tercer Isaías es ya un profeta del posexilio y sabe que la voluntad de Yahveh es hacer de todos los pueblos y naciones un solo pueblo, un pueblo de su propiedad. Ni por el hecho de ser extranjeros están apartados de Dios, ni por el simple hecho de ser judíos son bendecidos por Dios. Dios bendice a quienes guardan el derecho y practican la justicia. Ante Dios nadie es extranjero, igualmente que nadie es de Dios por el simple hecho de ser judío. Los que se conviertan al Señor deben guardar su alianza, así podrán alegrarse “en mi casa de oración”. Eso debe ser también para nosotros el templo, nuestros templos, casas de oración donde podemos alegrarnos “hablando con Dios como quien habla con un amigo”.

3.- Dios nos encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia de todos. La teología de San Pablo repite esta idea muchas veces: todos éramos pecadores y Cristo vino a pagar nuestro rescate, el rescate de todos, judíos y gentiles. Todos formamos en Cristo un solo cuerpo, del que debemos sentirnos todos miembros responsables. Si un miembro sufre, es todo el cuerpo el que sufre. Todos somos responsables y corresponsables los unos de los otros. Un cristiano debe sentirse hermano de todos, sin distinción de razas, ni lenguas, hombre o mujer, esclavo o libre. Porque todos somos hijos de un mismo Dios, todos somos hermanos en Cristo y por Cristo.


5.- CUANDO LA FE VENCE TODO OBSTACULO

Por Javier Leoz

Con la oración, Dios, hace que se haga más grande nuestro deseo de anhelar y buscar lo que pretendemos. Metidos de lleno en este tiempo veraniego, puede que el evangelio de este día – la madre que pide insistentemente a Jesús- no nos sugiera nada o muy poco. Pero, la oración (insistente y persistente) es como la brisa a orilla del mar: sin darnos cuenta, sin percatarnos el sol hace de las suyas y broncea nuestro rostro.

1. Cada domingo, la Palabra de Dios va operando en lo más hondo de nuestras entrañas. Puede que, en más de una ocasión, nuestra presencia obedezca más a una obligación que a una necesidad, a un mandamiento más que a un encuentro añorado y apetecido semanalmente. El interior de cada uno, como la tierra misma, se va haciendo más fructífera y más rica, cuando se trabaja.

¡Ya quisiéramos la fe de la mujer cananea! Sabía que, Jesús, podía colmar con creces sus expectativas. Era consciente que, detrás de una oración confiada y continuada, se encontraba la clave de la solución a sus problemas. La grandeza de esta mujer no fue su oportuno encuentro con Jesús. La suerte de esta mujer es que su fe era nítida, inquebrantable, confiada, transparente, lúcida y sencilla. No se dejó vencer ni por el cansancio ni, mucho menos, por el recelo o recelo de los discípulos.

2. A muchos de nosotros, en la coyuntura que nos toca vivir, puede que estemos tan acostumbrados a la acción/respuesta que no demos espacio a que las cosas reposen y se encaucen. Dicho de otra manera; no podemos pretender que nuestra oración alcance la respuesta deseada en el mismo instante en que la realizamos.

--La fe cuando es sólida y verdadera se convierte en una poderosa arma capaz de vencer todo obstáculo.

--La fe cuando es confiada, sabe esperar contra toda esperanza

--La fe cuando es insistente, se convierte en un método que nos hace pacientes y no desesperar.

Todos, incluidos los que venimos domingo tras domingo a la eucaristía, necesitamos un poco del corazón de la cananea. Un corazón sea capaz de contemplar la presencia de Jesús. De intuir que, en la Palabra que se escucha y en el pan que se come, podemos alcanzar la salud espiritual y material para nuestro existir.

En cierta ocasión un espeleólogo descendió a unas cavernas con sus alumnos. Uno de éstos, admirado por las diversas formas de las rocas, preguntó: ¿Cómo es posible esta belleza? Y, el espeleólogo, dirigiéndose a él le contestó: sólo el paso de los años y la suave persistencia del agua han hecho posible este milagro.

Constancia, hábito, petición, acción de gracias, súplica, confianza es el agua con la que vamos golpeando, no a Dios, sino a nuestro mismo interior para moldearlo y darle la forma que Dios, cuando quiera y como quiera, dará.

3.- ¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi vida:

creer sin desfallecer

Un deseo para mi gente:

que te quieran como yo te quiero

Un deseo para mis enemigos:

que podamos darnos la mano

 

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi cuerpo,

que sea fuerte y con mi voz

y mi garganta, con mi corazón y mis manos

con mis pies y todo mi ser…

te pueda seguir dando gloria.

 

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi alma,

que el maligno no habite en ella

Un deseo para mis días,

que no busque lo que no me corresponda

Un deseo para mi Iglesia,

que nunca se canse de mirar hacia Ti

Un deseo para mis ojos,

que sepan descubrirte en todo y sobre todo

 

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?

Un deseo para mi pobre oración,

que sea sincera y no interesada

Un deseo para mi caridad,

que sea grande y no una farsa

Un deseo para mi esperanza,

que espere y nunca te deje de lado

¿ME LO CONCEDES, SEÑOR?


6.- JESÚS NOS LLAMA A TODOS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Hay en la definición litúrgica de la misa de cada domingo una enorme sabiduría y una gran sentido profético que, desde luego, nos sirve especialmente a nosotros hoy, en este domingo de agosto, igual que ya servía a los primeros fieles cristianos cuando leían con admiración y sorpresa a Isaías. La profecía es un asunto corriente y está en los textos sagrados y muchas veces en los hechos cotidianos. No hemos de considerarla como algo lejano o esotérico. Es una realidad constante. Y así la excesiva xenofobia de los líderes judíos de tiempo de Jesús no tenía sentido alguno. El profeta Isaías ya enseñaba el camino que después llevaría la expansión prodigiosa de la Palabra de Dios ante el anuncio que Jesús hizo de la Buena Nueva. La cuestión de afinidad con Dios no es la raza, ni la nacionalidad, es el cumplimiento de su voluntad y lo que lo hacen son pueblo elegido. De ahí surge la idea fundamental de la catequesis de este domingo: la salvación es para todos, para todos los pueblos de todas las épocas.

2.- Maravilla, sin duda, la extraordinaria conversación entre Jesús de Nazaret y la mujer cananea. Jesús, sin duda, ya sabía que iba a decir ella, pero quiere como en otros muchos casos, ejemplos y momentos producidos en su vida pública que la persona que tiene enfrente se manifieste. Y así, Jesús y la mujer cananea parece que tienen un enfrentamiento dialéctico. El Señor parece que no acepta la petición de la mujer y pone límites a su misión, pero es solo un planteamiento para que ella luche y se exprese en profundidad, con todo su corazón. Y en efecto, si los perrillos se comen las migajas que caen de las mesas de sus amos, ¿cómo no van a tener sitio en ellas los hijos de Dios?, pero hacía falta que eso se manifestara ante toda la multitud para que se produjera la enseñanza que Cristo deseaba. Y como en el caso de lo que dijo Isaías muchos años antes se descubre la universalidad del mensaje cristiano, que como decíamos antes es para todos y de todas las épocas.

3.- San Pablo nos ha dicho que finalmente sus hermanos de raza de salvaran por gracia de los gentiles, por los trabajos de los extranjeros seguidores del Evangelio. Y sobre ello podríamos plantear dos consideraciones de importancia. Hay autores de importancia –y entre ellos el teólogo Romano Guardini— que señalan que la dirección del trabajo salvador de Jesús pudo cambiar ante la resistencia del pueblo judío o de una parte de ello. Guardini afirma que Jesús de Nazaret inició su misión pensando que se podría llegar a la felicidad completa narrada por Isaías y en la que las lanzas se convertían en podaderas y el león y el cabrito pastaban juntos. Pero el Enemigo, el Malo, se interpuso y hubo que cambiar los planes. Por eso, podría suponerse que Jesús quiso, en principio, dejar su mensaje solo al Pueblo de Israel y que luego este, también como decía el profeta, expandiera la salvación de Dios a todos.

4.- La otra consideración es el uso consciente de la paradoja por parte de Jesús. Es como si quisiera que esa disyuntiva trajese mejor la verdad a las almas de quienes le escuchaban. ¿No es cierto que supo desde mucho antes de producirse que la hemorroisa iba a curarse al tocar su manto? ¿No dejó gritar un poco más de la cuenta al ciego que le esperaba a la vera del camino? ¿Estaba verdaderamente dormido mientras la tempestad arreciaba contra la barca de los apóstoles? ¿No hace lo mismo con nosotros, en nuestra vida de ahora, en lo que nos ocurre cada día? ¿No está esperando que, mediante la paradoja, nosotros nos demos cuenta de que Él sigue a nuestro lado? Y sería bueno que no olvidemos una cosa principal. Las enseñanzas contenidas en la Palabra de Dios tienen, por supuesto, un destino comunitario, dirigida a toda la Asamblea del Pueblo de Dios, pero también son una llamada personal e individual a todos y cada uno de nosotros. Y así, hoy, podríamos pensar que las enseñanzas que Jesús nos ofrece en esta Eucaristía son solo para un grupito elegido, mientras que nos está diciendo que salgamos a evangelizar, a que nuestra base de conocimiento de la doctrina cristiana sea el principio de la conversión de todos los que están a nuestro alrededor y alejados de Cristo. Y es una llamada personal que el Señor nos hace.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


VACACIONES EN EL EXTRANJERO

 Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Existían en tiempos de Jesús naciones soberanas y ciudades estado. Se reconocían las fronteras, pero desconocemos como se efectuaban los controles de paso, ni siquiera sabemos si existían. Salió el Señor de tierras Galileas y se fue hacia el norte. Tiro y Sidón serían algo así como la actual Andorra, San Marino o Singapur.

2.- ¿Con qué finalidad se desplazó? Lo ignoramos. ¿Fue de incognito? De ninguna manera. Esta mujer extrajera, que residía en país extranjero, pura plebe sin categoría, ni cultura, lo reconoce, sabe descubrir lo importante que es y el Señor no se oculta, ni de ella, ni de nadie. Grita ella sin avergonzarse, reconociendo la confianza que le merece. Él le da fuerzas. Simula que no la escucha, pero la cananea insiste. Le recuerda Él a ella, que tanto suplica, que su misión primera se limita a los pobres de Israel. No se inquieta ella y apremia de nuevo.

3.- Alrededor de la mesa se mueven los perritos pedigüeños que siempre alcanzan algo. Ella se reconoce a su lado como uno de ellos. Ha ganado el corazón del Señor. Deseaba que su hija fuese curada y recibe mucho más. Salud para la enferma y elogio de la Fe que tiene la madre intercesora. Ahora desearía yo que cada uno de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, se examinara .y preguntase ¿os sentís próximos o lejanos de la mentalidad de esta mujer?

 4.- Cambio de tercio y voy al texto de Pablo. Estamos todos inclinados a reconocer o crear bandos rivales. Sea por la diferencia de idioma, por clase social, procedencia, o el color de la piel. Y establecemos siempre comparaciones. Cuesta identificarse simplemente como humanos. El Apóstol no es ajeno a ello. Tiene presente el mundo gentil, que ocupa como propio la ciudad de Roma. Y el judío, heredero de las promesas hechas a Abraham. Se siente de uno y otro. Por su origen es hebreo, políticamente goza de los privilegios propios de la ciudadanía romana. Ha estudiado a los pies de un gran maestro judío y no es ajeno a la cultura clásica.

 5.- Esta rivalidad, que no quiere sea hostilidad, desea sirva para el progreso de todos. El pueblo hebreo, por su origen, es la preferencia de sus afanes apostólicos. Hacia el gentil, por vocación, especialmente escogido. Puede un pueblo alejarse de Dios y más tarde por su bondad, obtener su misericordia. Puede un gentil estar alejado y reincorporarse viendo la bondad de su vecinos.

 6.- Nadie debe desentenderse de los planes de Dios. Todos quiere el Maestro que sean, se sientan, obren, como misioneros. También lo quiere de nosotros. La bondad de Dios es universal, no excluye a nadie. ¿Es esta vuestra actitud, mis queridos jóvenes lectores?