Domingo XXI del Tiempo Ordinario
27 de agosto de 2017

La homilía de Betania


 

1.- UNA PREGUNTA CLAVE

Por José María Martín OSA

2.- LA BARCA DE PEDRO CONTINUARÁ NAVEGANDO

Por Antonio García-Moreno

3.- PERO ¿INTERESA JESÚS?

Por Javier Leoz

4.- ¿JESÚS SÍ, IGLESIA NO? ¿POR QUÉ?

Por Gabriel González del Estal

5.- “SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA”

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DE EXCURSIÓN POR LA FRONTERA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- UNA PREGUNTA CLAVE

Por José María Martín OSA

1.- "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Probablemente Jesús formula la pregunta sobre su identidad en Cesarea, ciudad situada en la costa mediterránea y reconstruida por Filipo, hijo de Herodes el Grande. Lo hace en territorio semi-pagano y rodeado de sus discípulos. Estos tratan de dar una respuesta comenzando por lo que opina la gente de fuera de la comunidad. Sólo los que están dentro son capaces de responder adecuadamente. Y lo hace Pedro, como portavoz de los discípulos. Acierta plenamente cuando dice "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Probablemente en aquel momento no sabía lo que decía, pero acierta. También nosotros acertamos cuando repetimos de memoria lo que hemos aprendido en el catecismo sobre la divinidad de Jesús. Pero no es eso lo importante, lo que cuenta de verdad es si sabemos lo que decimos cuando decimos las palabras del Credo relativas al Hijo de Dios. Y sobre todo si lo que decimos con los labios lo seguimos con el corazón.

2. - "¿Y tú, quién dices que soy yo?". La pregunta que hizo Jesús a sus discípulos nos la hace hoy a cada uno de nosotros: "¿Y tú, quién dices que soy yo?". Traducido en palabras más fáciles y concretas: "¿para ti, quién soy yo?". Para responder de verdad examina tu vida y contempla: ¿qué lugar ocupa en tu vida, en tus proyectos, en tus actos, en tu proyecto personal, Jesús de Nazaret? Porque no te está preguntando cuánto sabes de Él, sino qué importancia tiene en tu vida. Dicen que un hombre contaba emocionado su experiencia de Jesucristo. Entonces un amigo le dijo: "Puesto que conoces a Jesús, sabrás decirme muchas cosas de El: dónde nació, en qué país vivió, qué trabajo tenía, cómo era su familia, qué es lo hacía o decía". Pero nuestro hombre no sabía qué decir. Simplemente, respondió así: "Mira, yo antes era un alcohólico, maltrataba a mi mujer y a mis hijos, perdí mi trabajo... Pero desde que conocí a Jesucristo dejé la bebida, encontré otro trabajo y en mi casa hay una gran paz. Esto se lo debo a Jesucristo, y esto es lo que yo conozco de Él". Este hombre respondió muy bien a la pregunta de Jesús, porque lo hizo con su vida, no con teorías.

3. - Necesitamos tener experiencia de Jesucristo. Si somos sinceros hemos de reconocer que todavía no estamos convertidos a Jesucristo, porque todavía Jesús de Nazaret no ha entrado en nuestra vida. Tenemos un barniz de cristianos. Gandhi dijo que nos parecemos a una piedra arrojada al fondo de un lago. Por fuera parece que está mojada, pero el agua no ha penetrado sus poros. Así ocurre con nosotros cuando no dejamos que la Palabra de Dios penetre en nuestro interior y cuestione nuestra vida. Necesitamos tener experiencia de Jesucristo. ¿Estás dispuesto a seguir a Jesucristo? Si lo haces no te equivocarás y serás feliz. Plantéate en serio: ¿Quién es Jesús para ti?


2.- LA BARCA DE PEDRO CONTINUARÁ NAVEGANDO

Por Antonio García-Moreno

1.- LA ÚLTIMA BATALLA.- Isaías, de parte de Yahvé, se enfrenta al poderoso y soberbio funcionario palaciego: "He aquí que Yahvé te lanzará con ímpetu varonil, te echará a rodar, con ímpetu te lanzará sobre la vasta tierra. Allí morirás y allí sucumbirán tus carros gloriosos. Te depondré de tu cargo y te arrancaré de tu lugar" (Is 22, 17-18).

Palabras tajantes de Dios. Palabras que denotan el límite de su divina paciencia. Palabras que han de resonar en nuestros propios oídos como la justa amenaza de este Dios nuestro, Padre de bondad, que, precisamente por serlo, utiliza con sus hijos cuan-tos medios existen para reducirlos al buen camino. También la amenaza seria y el duro castigo.

Y es que llega un punto en el que la situación se hace insostenible. Hay un momento en el que uno se pasa de la raya, llegando a límites inconcebibles. El abuso pertinaz que se burla del amor, puede hacer que rebose el vaso. Y una última gota puede ser suficiente para que la ira de Dios se derrame sobre nuestra vida, dejándola eternamente muerta.

Ese es el deseo de Dios, clavarnos como se clava un clavo en un sitio sólido. Es decir, quiere que permanezcamos siempre en pie, fuertes, perseverantes, leales hasta el fin. Somos nosotros los que nos empeñamos en bailar sobre la cuerda floja, los que nos ponemos en mil ocasiones que nos pueden hacer rodar por el suelo, echando a perder este tesoro inapreciable que llevamos en nuestras pobres vasijas de barro.

Dios nos promete su ayuda, está siempre dispuesto a echarnos una mano. Pero también es cierto -tan necios somos- que despreciamos esa mano fuerte y segura y preferimos nuestra independencia, nuestra autonomía. Y de hecho nos jugamos, muchas veces, nuestra salvación, poniendo en inminente peligro lo que más vale en esta vida y en la otra.

Por eso muchos se salen del camino, quedan tendidos en la cuneta, o caminan a gatas por los senderos que se han elegido, terminando en una vergonzosa derrota... Luchemos nosotros por ser siempre fieles a nuestra fe, a nuestra vocación. Tratando de ganar cada batalla, ya que, al fin y al cabo, no sabemos cuál es la definitiva.

2.- CRISTO Y LA IGLESIA.- Jesús no pasó desapercibido entre la gente de su tiempo. Todos hablaban de él, los de arriba y los de abajo. Unos a favor y otros en contra. Algunos le llegaron a llamar endemoniado y blasfemo, otros lo confundían con Elías, el gran profeta de Israel. Tanto unos como otros estaban equivocados... También hoy se habla de Cristo y de su obra, la Iglesia. A favor y en contra. Y con frecuencia se aplican en esos juicios unos criterios inadecuados, se emplea una visión materialista y temporal que no llega ni a intuir la grandeza divina del Señor y la naturaleza sobrenatural del misterio de la Iglesia.

En esta ocasión que consideramos, san Pedro, movido por Dios Padre, exclama entusiasmado y seguro: Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo. Con ello nos ofrece la clave para entender a Jesucristo y a la Iglesia. Sólo desde la perspectiva de la fe se puede entender la verdadera naturaleza del mensaje que Jesús ha traído, la salvación que él ha iniciado con su muerte en la cruz y que la Iglesia proclama y transmite a los hombres de todos los tiempos.

Y en esa Iglesia, en ese Pueblo de Dios, un jerarca supremo. En esa casa de Dios una piedra de fundamento. En ese rebaño un pastor. En esa barca un timonel. En ese cuerpo una cabeza visible. En ese reino un soberano pontífice. Es cierto que el único Sumo Pontífice es Cristo Jesús, el único Rey, la Piedra angular, el Buen Pastor, la única Cabeza. Sin embargo, el Señor quiso que su Iglesia fuera una sociedad visible y organizada, con una jerarquía y un supremo jerarca, un pueblo, el Nuevo Israel, regido por Pedro y los otros once apóstoles, por sus sucesores cuando ellos murieron, el papa y los obispos de todo el mundo en comunión con la Sede romana.

Así lo quiso Jesucristo, así ha sido, así es y así será. Es cierto que hay quien lo discute, quien lo niega o lo ridiculiza. Pero es inútil. La Iglesia, por voluntad de su divino fundador, es así y sólo así seguirá adelante, pues según la promesa divina los poderes del Infierno no prevalecerán contra ella. Por eso la barca de Pedro continuará navegando hasta llegar al puerto de la salvación. Y sólo los que, de una forma u otra, estén dentro de esa barca, se salvarán.


3.- ¿JESÚS SÍ, IGLESIA NO? ¿POR QUÉ?

Por Gabriel González del Estal

1.- ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Jesús no preguntaba por mera curiosidad. Lo que a Jesús le importaba, lo que Jesús de verdad quería saber, era cuál era la reacción de sus discípulos ante lo que la gente estaba opinando en aquel momento sobre su persona. La respuesta de “la gente” de su tiempo, en general, ya la conocía él de antemano: unos le comparaban con Elías, otros con Juan el Bautista, otros con alguno de los profetas. También sabía Jesús que, en cambio, para los fariseos, letrados y sumos sacerdotes, él era realmente un estorbo al que había que eliminar. Todo eso, ya lo sabía Jesús de antemano. Pero sus discípulos ¿cómo estaban reaccionando ante todas esas opiniones que ellos oían y veían todos los días? La preocupación principal de Jesús era la respuesta de sus discípulos ante la opinión de “la gente” y de los jefes religiosos y políticos de su tiempo. Yo creo que también hoy a Jesús lo que más le interesa es la reacción de los cristianos, de nosotros sus discípulos, ante la opinión que tiene la sociedad actual sobre su persona y misión. Hoy gran parte de nuestra sociedad tiene una buena opinión sobre Jesús de Nazaret y una opinión no tan buena sobre nosotros, sus discípulos. No conozco ahora estadísticas concretas sobre esto, sobre qué opina “la gente” actual sobre Jesús de Nazaret y sobre la Iglesia de Jesús. Se oye decir con frecuencia a bastantes personas que a ellas Jesús sí les convence, pero que su Iglesia no. Esto es algo muy grave para nosotros, los que queremos ser miembros vivos de la Iglesia de Cristo; por eso debemos reflexionar sobre esto y hacer un sincero examen de conciencia. En general la gente opina sobre Jesús influenciada por el modo de hablar y actuar que tienen los cristianos a los que ellos conocen. Según el modo de actuar de los cristianos de a pie y según el modo de hablar y actuar de los que gobiernan la Iglesia. De ahí la responsabilidad grande que tenemos todos los cristianos de actuar de tal manera que la sociedad en la que vivimos pueda ver en Jesús a la persona que él realmente fue: el Hijo de Dios, su predilecto, tal como el mismo Dios nos lo dijo en la teofanía del Bautismo de Jesús y en la Trasfiguración de Jesús en el monte Tabor. A esto debemos aspirar todos los cristianos, los fieles y la jerarquía eclesiástica en general. Que no sólo nosotros, sino también la sociedad actual pueda responder como respondió Pedro: “! Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo!”.

2.- ¡Qué insondables son las decisiones de Dios y qué irrastreables sus caminos! Todos los que tenemos ya algunos años de juventud acumulada hemos comprobado esto: en algunos momentos a Dios no hay quien lo entienda. En los buenos momentos sí, claro, pero en lo momentos malos, malísimos, no siempre. Entendemos que los hombres tenemos libertad para hacer el bien y libertad para hacer el mal, entendimiento para entender algunas cosas e incapacidad para conocer otras, corazón bueno y corazón malo, pero ante tantos males y desgracias irreparables y absurdas, ante tantas catástrofes naturales y provocadas, ante tantos mundos y universos inalcanzables y lejanísimos, ¿dónde podemos ver el rostro de Dios? Quedémonos con lo que nos dice hoy san Pablo: “Dios es el origen, guía meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén. Adorémosle, aunque no entendamos sus insondables decisiones, ni podamos ver sus irrastreables caminos.


4.- PERO ¿INTERESA JESÚS?

Por Javier Leoz

Seguramente que, allá donde pasamos muchas horas cada día, la cuestión de la fe (ser cristiano y todo aquello que ello entraña) no capitaliza –ni mucho menos- el centro de atención de la conversación. Tal vez, y puede ser un fallo grande o exponente una debilidad, sabemos hablar de todo pero nos cuesta hablar de Dios: expresar nuestras convicciones religiosas; manifestar nuestras creencias; defender, si la situación lo requiere, la concepción que tenemos de la vida, de la familia y de la sociedad desde el Evangelio.

1. ¿Quién dice la gente que soy yo? Hay que quitar esa gran máscara del cristianismo vergonzante o de falsos respetos que, algunos de nosotros, podemos tener. La fe no la podemos reducir y enclaustrar exclusivamente a una vivencia interna. Con el Señor, en estos domingos precedentes, hemos comido el pan multiplicado, nos ha sacado del fango de las aguas turbulentas, nos ha sanado en numerosas ocasiones como lo hizo con la hija de la mujer cananea.

Viene el Señor, una vez más, y nos pregunta que qué pensamos de todo esto. De nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y de nuestra entrega, de su persona y de sus palabras.

En un mundo mediatizado por la imagen, el Señor, no nos pregunta por sentirse inseguro. Lo hace porque tal vez, nosotros, no estemos seguros de a quién seguimos, quien es y por qué le seguimos.

2. Aquí, hoy, podríamos poner encima de la mesa del altar las cartas de la verdad o de la falsedad de nuestras creencias.

-En nuestras conversaciones ¿cuántas veces hablamos de Dios?

-Con los amigos ¿cuándo planteamos seriamente nuestra vida cristiana o el hecho de ser católicos y cristianos? Porque, en definitiva, de lo que abunda en el corazón se expresa en los labios.

-¿Qué decimos sobre El? ¿Le conocemos profundamente o sólo superficialmente? ¿Escuchamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Estamos en comunión con El, o somos unos amigos interesados que sólo lo saben vivir y sentir en ciertas celebraciones solemnes?

3. Uno de los aspectos más negativos de nuestro tiempo es el relativismo. También, respecto a la persona de Jesús, ha hecho estragos este virus. No es difícil encontrar personas que digan que Jesús es un personaje formidable, fuera de serie, histórico pero olvidan (tal vez no lo han sentido nunca) que Jesús, como Hijo de Dios, es sobre todo Salvador.

-Jesús no ha venido al mundo para ser coreado en pancartas y luego ser olvidado en el estilo de vida de los que nos decimos creyentes.

-Jesús no ha nacido para que nos remitamos a las actas de la historia y comprobemos que, en verdad, existió.

-Jesús no ha irrumpido repentinamente para que lo ensalcemos como un defensor -de las causas perdidas.

-Jesús, sobre todo, ha venido para que veamos en El, la mejor fotografía y el mejor rostro que Dios tiene: el amor.

Hoy, como Pedro entonces, nuestra iglesia (con contradicciones, deficiencias, limitaciones, dificultades, temperamento, carácter, etc.) sigue respondiendo: Tú, Señor, eres el Hijo de Dios.

4.- TE CONFIESO, QUE NO LO SÉ, SEÑOR

Digo amarte

cuando, media hora en tu presencia,

me parece excesivo o demasiado

Presumo de conocerte

y, ¡cuántas veces!

el Espíritu me pilla fuera de juego

Te sigo y escucho

y miro, una y otra vez,

hacia senderos distantes de Ti.

 

Te confieso, Señor,

que no sé demasiado de Ti.

Que tu nombre me resulta complicado

pronunciarlo y defenderlo

en ciertos ambientes.

Que, tu señorío,

lo pongo con frecuencia

debajo de otros señores

ante los cuales doblo mi rodilla

 

Te confieso, Señor,

que mi voz no es para tus cosas

lo suficientemente recia ni fuerte

como lo es para las del mundo.

Te confieso, Señor,

que mis pies caminan más deprisa

por otros derroteros que el placer

las prisas, los encantos o el dinero me marcan.

 

Te confieso, Señor,

que, a pesar de todo,

sigo pensando, creyendo y confesando

que eres el Hijo de Dios.

Haz, Señor, que allá por donde yo camine

lleve conmigo la pancarta de “soy tu amigo”

Haz, Señor, que allá donde yo hable

se escuche una gran melodía: “Jesús es el Señor”

Haz, Señor, que allá donde yo trabaje

con mis manos o con mi mente

construya un lugar más habitable

en el que Tú puedas formar parte.

Amén


5.- “SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA”

Por Ángel Gómez Escorial

 1.- Cefas, o Kefas, ya no llamará así. Va a recibir el nombre de Piedra, de Pedro. Cambiar el nombre de alguien entre los judíos era darle un destino o una misión. Jesús quiere que Cefas sea la piedra que aguante la organización de su Iglesia. La referencia del capítulo 22 del Libro de Isaías narra que Eliacín va a recibir la llave del palacio de David. Eso significa tener el poder sobre el mismo y su control presente y futuro. También cambiará su nombre. Mateo narra de manera muy precisa la consagración de Cefas como primado de la Iglesia, como garante de llaves del Reino, como primer Papa. La promesa de Jesús no es solo relativa a un "cargo", incluye la permanencia de la Iglesia ante los avatares históricos y ante los ataques de sus enemigos. Pero además esa Iglesia vive dentro de una relación de continuidad con el cielo. La fórmula utilizada por Jesús es, como decíamos, muy precisa: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Estamos, pues, ante una realidad muy importante, que no viene de un capitulo organizativo humano. El Papado es una institución del mismo Cristo y esto no tiene discusión.

 2.- "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?". Es una pregunta interesante que deberíamos hacernos cada uno. Y, sobre todo, preguntarnos que es Jesús para nosotros. Ha de ser una pregunta dirigida a una nuestra propia intimidad y contestada también en comunión, en la deseada "común-unión" en la que deberíamos vivir todos los cristianos. Pero ocurre que, a veces, no nos hacemos esa pregunta por miedo a encontrar respuesta. Sí, por temor a encontrar una contestación que cambie nuestra vida. Es posible que vivamos "adecuadamente" con nuestro "cristianismo de salón", que no sale más allá de unas cuantas prácticas religiosas o de la asistencia a alguna misa dominical. Y no es eso. Si nosotros --cada uno de nosotros--, como Pedro, expresamos en nuestro interior que Jesús es el Mesías esa impronta saldrá fuera y nos hará confesar por calles y plazas que él es el Cristo. Jesús le dice a Pedro que tal sabiduría se la ha inspirado su Padre que está en el Cielo.

3.- ¿Tenemos la "puerta abierta" de nuestro espíritu para que el Padre nos hable? Si nuestra alma está cerrada a las inspiraciones de Dios será porque estaremos demasiado preocupados con lo material e inmediato. Y eso sería un grave problema. A veces nosotros mismos acusamos a la Iglesia de ser una organización fuerte y pesada, ocupada en administrar las cosas del mundo. ¿Y no será que es nuestra vida la que está empapada de deseos de poder mundano, de dinero, de éxito temporal, de dominio y que es, precisamente, todo ello lo que nos impide escuchar a Dios?

4.- La densidad positiva del párrafo del capítulo XVI del Evangelio de Mateo reside, por un lado en el reconocimiento inmediato y espontáneo, por parte de Pedro, de la auténtica misión de Jesús. Y a partir de ahí, recibe el encargo de soportar, como piedra fundamental, todo el peso de la organización presente y futura de la Iglesia de Cristo. Tanto en el reconocimiento de Pedro sobre la auténtica identidad de Jesús, como respecto a la dignidad que le otorga Cristo, en ambas circunstancias está presente el Padre y su Espíritu inspirador. Por ello, el contenido trinitario de la escena es más que evidente. No es, por tanto, una fundación humana. La Iglesia es una realidad transcendente basada en la presencia, dentro de la misma, de Dios. Pero ello, a su vez, hay que asumirlo con enorme humildad y no usarlo como arma arrojadiza contra los hermanos de otras Iglesias o de otros credos. Sabemos que la Iglesia es de Dios, pero no será "nuestra" en la medida que no seamos inspirados por el Padre. No tenemos títulos propios para ocupar puesto alguno en la Iglesia, sólo los que nos dan la benevolencia y la sabiduría de Dios.

5.- ¿Merecemos los hombres los dones de Dios? ¿Era Pedro el más adecuado para recibir las llaves del Reino? La respuesta la tiene San Pablo en su Carta a los Romanos. Es tan breve el párrafo que hemos leído hoy, que merece la pena repetirlo ahora y hacer luego, ya en casa, su lectura más reposadamente. Dice Pablo: "¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos". Solo la generosidad de Dios podría ofrecer a un humano una misión tan importante y sólo, asimismo, esa misma generosidad ha podido hacernos partícipes de una realidad transcendente, y continua en lo eterno, como lo es la Iglesia. Debemos meditar sobre nuestra relación con Dios y no "materializarla" a nivel de un rito desprovisto de toda comunicación real. El Señor, por generosidad, quiso quedarse en la Eucaristía. Está muy cerca de nosotros. Al menos una vez al día –aunque solo sea una vez al día—deberíamos pensar que esta Iglesia es obra de sus manos y que nuestra presencia en ella es continuidad de un designio divino.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DE EXCURSIÓN POR LA FRONTERA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Nos gusta referirnos a la personalidad de Jesús, porque es sumamente atractiva. Su formación fue en parte “académica” y en parte autodidacta. Aprendió lenguas, seguramente, en Sephoris y allí se hizo rabino. Se formó junto a su Madre Santa María y aprendió de José múltiples habilidades. Ahora bien, no fue ajena a su cultura la misma naturaleza. Las flores del campo, las veleidades de las aguas libres, las guerrillas que en el interior la materia orgánica modifican organismos microscópicos, etc. ¡Pobre de mí!, si ahora mismo se me apareciera físicamente el Señor ¿me reñiría porque nunca fue este y así, su lenguaje? Creo que no. Seguramente se reiría de mí, al comprobar mis esfuerzos por adaptar su lenguaje al nuestro.

2.- El Señor, durante su vida apostólica, no me gusta llamarla pública porque nunca fue un ciudadano clandestino, se relacionó con sus vecinos que le conocían de sobras, a Él y a su parentela. Viajó también, no tanto como dan a entender las películas que sobre Él se han hecho. Durmió, comió, rezó, meditó. Y bebió agua, sin duda. Si os he dicho que viajó, es porque no se limitó a ir a Jerusalén en los preceptivos días de Pascua. Arriba y abajo, de la alta a la baja Galilea. Al Líbano o al oriente del Jordán, también se desplazó. Y los viajes siempre enriquecen, para los que tienen los ojos abiertos y cerebro y corazón dispuestos a aceptar dones imprevistos. Ahora bien, no de todo lo que aprendió de la naturaleza, tuvo tiempo de hablarlo, o al menos no nos ha llegado noticia de ello. Esta introducción sirve para situar el relato evangélico, que recoge la liturgia de la misa de este domingo.

3.- El trayecto desde Cafarnaún a las estribaciones de la cordillera del Líbano, transcurre teniendo siempre al lado el Jordán, cuenca fértil, con cultivos al otro. Cerca del final de la excursión, nuestro río se atreve a hacer pinitos y salta en numerosas cataratas, llenas de encanto. Antes ha atravesado un lago que la Biblia ni siquiera menciona, el Hule. Por el camino vería también diminutas orquídeas y enfrente tendría a la vista, o nieves en las cimas, o algún que otro helero, que hasta el verano perduraban. Será por eso del cacareado cambio climático, que desde hace unos años, cuando por esas tierras voy, ya no veo ni una sola mancha blanca, de escondida nieve helada. El camino sube, de estar bastantes metros bajo el nivel del mar en Cafarnaún, se empina luego y en Cesaré de Felipe, llega a los 350m por encima.

4.- La meta de la excursión era una de las fuentes del Jordán, la que más caudal aporta, que hoy se llama Banyas. Muy próxima a otra, también de agua abundante, que es la de Dan. El paisaje es soberbio y sugerente y a eso me voy a referir. Dejadme, mis queridos jóvenes lectores, que os advierta que por el entorno y esculpidos en las rocas, se ven todavía, nichos donde hubieron imágenes del dios Pan, divinidad pastoril. En las proximidades de este entorno, se levantó por aquellos tiempos una ciudad, que el reyezuelo de turno dedicó al emperador de Roma, de aquí lo de Filipo y Cesarea. De nada de esto hablaría el Maestro con los suyos, pero yo me atrevo a hacerlo con vosotros.

5.- Llegarían algo cansados, el pequeño llano invitaba a sentarse, mirarse la cara de fatiga que todos tendrían, comentar el paisaje y hablar quedamente con los compañeros. Jesús aprovecha la ocasión. Con los que uno confía, le gusta saber sus opiniones y ahora que ya llevan un tiempo viviendo juntos, sin aislarse del pueblo, es hora de preguntarles sobre su misma persona. Le contestan sin tapujos. Hablan de lo que dicen de Él los demás, no callan nada.

Jesús ahora lanza carga de profundidad:

--¿Qué piensan ellos de Él?

Sin encomendarse ni a Dios, ni al diablo, así pensaba él, salta Simón:

--Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo….

6.- ¡Anda ya!...Pues, no. el Maestro no le llama exagerado. Le advierte que sin darse cuenta, ha estado tocado por la mano amorosa de su Padre, que es quien le ha inspirado aquella respuesta.Ante el asombro de todos y envuelto en las sugerencias del paisaje, le dice:

--Tú, Simón, de ahora en adelante, te llamarás peñasco, (quefas en arameo, petron en griego, pedro en roman paladino) fuerte y firme como el que vemos delante. Para ti tengo grandes proyectos. Muchos de mis propósitos se realizarán contigo y en ti. Serás fundamento de mi ensueño, de mi iglesia. ¿Ves aquel inmenso agujero? La gente dice que es la puerta del infierno, no te inquietes. Este antro no podrá nada contra ella. Tú, pescador de artes sencillas, redes y anzuelos, tendrás poder de decisión. Esto y otras más cosas, dijo.

7.- En este momento, tal vez pensó el Señor que había sido imprudente adelantándose a lo que tenía previsto decirles y lo tenía reservado para más tarde. Pero no importa, con ello se darían cuenta de la confianza que en ellos tenía puesta. Eso sí, les pide reserva. No hablen de ello por entonces, ya tendrán tiempo de comentar largo y tendido, lo que allí les ha contado, bastante más tarde. Aquí fue el anuncio, la confirmación llegaría otro día.

Ahora os digo, mis queridos jóvenes lectores, ¿tenéis amigos a quienes confiáis vuestras esperanzas? O ¿tal vez sois herméticos, reservados, prudentes hasta el extremo, que no explicáis nada a nadie?

Y para acabar os advierto una cosa. Os decía al principio que la personalidad humana de Jesús es muy atractiva, os lo expresaba en lenguaje muy nuestro, Dios me libre de que lo que os he dicho caiga en manos, o más bien a la vista, de un “teólogo de laboratorio” de la escuela tomista. En su vocabulario, muy respetable por cierto, el Maestro sólo tiene personalidad divina. Lo que os he hablado, debería atribuirse a su naturaleza, que esta sí que es doble, divina y humana. ¿Os da risa? Pues a mí en mis tiempos de seminarista, tal vocabulario, supuso una buena reprimenda en clase, por parte del profesor de teología. Y ahora soy yo el que me río recordándolo y confiándooslo.