La Asunción de la Virgen María
15 de agosto de 2018

La homilía de Betania


 

 


1.- LA MUERTE NO TUVO PODER SOBRE LA VIRGEN

Por Gabriel González del Estal

1.- El último enemigo aniquilado será la muerte. Este es realmente el principal mensaje de la fiesta de la Asunción de la Virgen María a los cielos: que la muerte –el mayor enemigo natural de todo mortal- no tuvo poder sobre ella y no nos vencerá tampoco a nosotros definitivamente. Nuestro destino es la vida y no una vida cualquiera, sino una vida eterna. Este mensaje, consolador y universal, ha sido descrito, a lo largo de los siglos, de muy distintas maneras, tanto oral como literariamente. En todas las religiones del mundo existen tradiciones orales y textos literarios en los que se habla de la victoria de hombres y dioses sobre la muerte. La manera de expresar, oral o literariamente, esta creencia religiosa está condicionada por las creencias culturales y físicas de las sociedades en las que se desarrolla. En una sociedad en la que se creía que el cielo era un lugar físico que estaba arriba, la tierra estaba en el centro y el infierno era otro lugar físico que estaba abajo, la creencia religiosa en el triunfo del hombre sobre la muerte se entendía naturalmente como subida desde la tierra al cielo. Hoy la teología nos dice que ni el cielo, ni el infierno pueden ser lugares físicos que estén arriba o abajo. Y si no son lugares físicos, no pueden estar allí cuerpos físicos sometidos a las leyes físicas de la materia. Lo que afirma hoy la fiesta de la Asunción es que María, la madre de Jesús de Nazaret, se fue directamente al cielo, íntegra y totalmente, después de su estancia en esta vida, y que está y vivirá eternamente en los brazos de Dios. María venció definitivamente a la muerte y es un maravilloso ejemplo para todos nosotros, los que aún estamos viviendo, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

2.- María se puso en camino y fue aprisa a la montaña. De este relato evangélico de Lucas en el que se nos describe el emocionante encuentro de María con su prima Isabel, que ya tenía en su vientre al futuro precursor, se pueden hacer múltiples lecturas, todas ellas muy sugestivas y sugerentes. Yo quiero fijarme solamente en la rapidez, física y espiritual, con la que actuó María para visitar y ayudar a su prima Isabel, en los últimos meses de su embarazo. María estuvo siempre en camino hacia Dios, pero el camino de María hacia Dios pasaba siempre por el servicio a las personas. Ella se encontraba con Dios cada vez que se encontraba con una persona necesitada. Y lo más maravilloso, en este caso, es que la presencia de María suscitaba y encendía la presencia de Dios en los que la veían a ella. Ella sabía ver a Dios en las personas a las que ayudaba y las personas a las que ayudaba María descubrían igualmente la grandeza de Dios en la humildad de María. Este es también, creo yo, el sentido más profundo del Magnificat. María supo ser el canal humilde a través del cual Dios dispensó su gracia redentora a la humanidad. Dios se lució en María y a través de María. Esta debería ser siempre nuestra petición y también nuestro propósito: que seamos canales limpios a través de los cuales Dios pueda dispensar su gracia a las personas con las que nos encontramos en nuestro caminar por la vida.

3.- El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse al niño. Es la eterna lucha entre el bien y el mal. En este texto del Apocalipsis parece que Juan se refiere al peligro que corría la primitiva Iglesia de Cristo, de ser devorada por el dragón de la increencia y de la herejía. Juan les dice que no teman, que el poderío de Dios y la potestad de su Cristo triunfarán sobre el dragón. Es un texto optimista, que quiere dar confianza, ánimo y valor a aquellos primeros cristianos que estaban sufriendo persecución. También ahora muchos cristianos están como asustados por la fuerza con la que muchas personas tratan de desprestigiar y hundir a la Iglesia de Cristo. También hoy nosotros debemos leer con esperanza el mensaje del Apocalipsis: si somos fieles al evangelio, es seguro que el poderío de Dios y la potestad de su Cristo nos salvarán de las fauces del dragón.

4.- Cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino. Pablo, en un primer momento, como sabemos, estaba convencido de que Cristo iba a volver de un momento a otro e iba a inaugurar un reino nuevo y eterno donde Dios estaría todo en todos, después de haber aniquilado todo principado, poder y fuerza. En este contexto hemos de leer este texto, en el que se nos dice que Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. En el nuevo reino de Dios ya no habrá llanto ni dolor, porque todo será vida y gracia, justicia, santidad y amor. Este nuevo reino de Dios todavía no se ha hecho realidad en este mundo; de nosotros depende el que caminemos hacia él, con más rapidez o más lentitud. Los cristianos estamos llamados a trabajar con Cristo, por él y en él, para que el verdadero reino de Dios pueda ser realidad cuanto antes entre nosotros. María, la virgen asunta al cielo, es hoy nuestro mejor ejemplo.


2.- UNA MUJER VESTIDA DE SOL Y CORONADA DE ESTRELLAS

Por Antonio García-Moreno

1.- Santa María de la victoria.- "Apareció en el cielo una señal grande..." (Ap 12,1). En la isla de Patmos, en medio a su destierro, San Juan contempla visiones grandiosas, que luego trasmite a los cristianos de su comunidad, perseguidos por la crueldad del emperador romano y sus secuaces. Como él, también ellos necesitaban el consuelo de aquellas revelaciones que anunciaban la grandeza y el poder del Señor. Era necesario recordarles que sus sufrimientos de entonces eran el precio de la gloria.

En esta ocasión el cielo se abre para mostrar una gran aparición, "una señal grande": Una mujer vestida de sol y coronada de estrellas con la luna bajo sus pies. Es, sin duda, uno de esos numerosos signos en los que tanto abundan los escritos de San Juan. Por otra parte, como los demás signos, su significado es polivalente. Pero el que hoy nos sugiere la Iglesia es que contemplemos es la figura rutilante de Santa María, enfrentada al dragón rojo, segura de su victoria. Para que confiemos en su protección y su ayuda.

2.- También nosotros resucitaremos.- "Cristo ha resucitado de entre los muertos..." (1 Co 15, 20). En este pasaje, San Pablo nos recuerda que entre los corintios algunos negaban la resurrección de los muertos. Las antiguas costumbres e ideas pesaban aún en ellos. No es fácil extirpar del todo el error y los vicios. Pero el Apóstol Pablo les rebate con claridad y vigor. La resurrección es posible pues Cristo ha resucitado, hecho verificado por cuantos les vieron vivo después de haberlo morir en la Cruz. En una ocasión fueron más de quinientos hermanos los que pudieron verle y escucharle.

Puesta estas premisas, la conclusión es que también nosotros podemos resucitar, también nosotros resucitaremos. Acude Pablos a otro argumento y les recuerda que si por Adán entró la muerte en el mundo, de la misma manera por Cristo ha entrado la vida... Es cierto que la muerte aún no ha sido vencida pues será el último enemigo en caer. Sin embargo, aunque pasemos por la muerte, como Cristo, pasó, el final será la resurrección, la vida eterna

3.- El canto de María. "Y su misericordia llega a sus fieles..." (Lc 1, 50). La Virgen no dijo nada a su prima Isabel de cuanto le había ocurrido desde que el arcángel San Gabriel la visitara. Ella fue a visitar a su prima Santa Isabel sólo por ayudarla en el trance de su parto. Prueba de ello es que a los tres meses se marchó. Y según los cálculos, si ella recibió el mensaje divino en sexto mes del embarazo de Isabel, en el momento de su partida el niño de Zacarías ya había nacido. Junto a ese detalle de caridad exquisita, vemos en Nuestra Señora el gozo ante la grandeza de Dios con los humildes y sencillos. Ella era una muchacha hebrea que habitaba en un pequeño pueblo de la montaña de Galilea, un pueblo escondido que jamás sale en las páginas del Antiguo Testamento, un pueblo que era la irrisión de los demás. Por eso desconfían luego de su hijo Jesús y rechazan su condición mesiánica... Pero María ha descubierto que el Señor rechaza a los soberbios y acoge a los humildes.


3.- DEMOS GRACIAS A DIOS POR MARÍA

Por José María Martín OSA

1.- La condición de María es también nuestra condición. El misterio de la Asunción que celebramos hoy orienta nuestro pensamiento hacia una obra maestra de Dios en la humanidad: "una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas". María, en quien es glorificada la condición humana Esta mujer es María, la humilde esclava, la silenciosa, aquella que guarda en su corazón la Palabra de Dios. María, la fiel, aquella que creyó desde la Anunciación hasta el Nacimiento, desde el Templo hasta la Cruz. Misterio del amor, poder de la fe, fuerza de la esperanza. En María, toda la condición femenina -mejor dicho, toda la condición humana- es glorificada por Cristo resucitado: él arranca a su madre del pecado, la conduce por el camino estrecho de la fe hasta la Cruz, la ensalza haciéndola superar la muerte. Ella vive para siempre en la gloria de Dios. ¡Nosotros creemos que la condición de María, por anticipación, es también nuestra propia condición definitiva si somos capaces de llenarnos de su mismo amor! Esta mujer, María, es virgen, es madre, es esposa.

2.- María es virgen y madre. "María, siempre virgen", afirma nuestra fe. Se trata de una integridad física, ciertamente, pero más todavía de una total y perpetua disponibilidad, de capacidad infinita de donación. Tan sólo el amor exige y da sentido a la virginidad. En el corazón absolutamente libre, en el corazón enteramente disponible, Dios halla un lugar, y -en el caso de María- se encarna. Quizá actualmente no está de moda hacer elogios de la virginidad. Pero hoy no podemos dejar de recordar la fe viva de la Iglesia desde hace 2.000 años, una fe que suscita vírgenes consagradas a Dios para que él pueda llenar más plenamente con su amor a los que son capaces de abrírsele totalmente como María. Por la acción misteriosa de Dios, María, la virgen, también es madre. Madre de Dios. Corporalmente concibe y da a luz a Jesús, el Hijo de Dios, el Hombre único. Antes de engendrar, ha concebido en su corazón, porque, por encima de la maternidad corporal está la receptividad de la fe: "Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen", dirá un día Jesús. Dado que es consecuencia del amor más grande, la maternidad de María se extiende a toda la humanidad. Así lo expresa Jesús en la cruz: "He aquí a tu medre". Hija de nuestra raza humana, preparada con larga antelación por los "pobres de Israel" para los que sólo Dios basta, María es la madre de todos los que su Hijo reúne después de haberlos arrancado a la muerte. El Dios que "se ha acordado de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia por siempre" nos da a María como madre y como garantía de nuestra propia exaltación. ¡Démosle, ahora, gracias!

3.- María se fía de Dios. A pesar de las evidencias en contra, María se ha fiado de Dios. El ángel había dado a María una señal de credibilidad. María, que había aceptado la señal, va al encuentro de la protagonista de esa señal. Este encuentro es ocasión para que Isabel le haga saber a María que no se ha fiado de Dios en balde. Este descubrimiento hace que María prorrumpa en un poema de alabanza al Dios que cumple su palabra y de quien vale la pena fiarse. Fiarse de Dios no es baldío. Fiarse de Dios, aun cuando las evidencias empíricas parezcan invitar a lo contrario; esto es lo que el autor quiere inculcar con esta joya del arte de narrar. Es la reacción entusiasmada de la persona que ha experimentado cómo Dios cumple su palabra. Y desde su experiencia concreta, María descubre alborozada que el cumplimiento de la palabra por parte de Dios está a la base de la existencia misma del pueblo. María: una persona para quien Dios es alguien con sentido, para quien el ordenamiento de Dios es una realidad. Y rompe en gritos entusiasmados de acción de gracias hacia quien hace posible la maravilla de un mundo diferente.


4.- SU DESTINO SERÁ EL NUESTRO

Por Javier Leoz

¡Bendita Tú, María, porque por se fiel a Dios, eres elevada en cuerpo y alma hasta el mismo cielo!

1.- Así, hermanos, con emoción contenida hemos de expresar uno de los Misterios que desde hace siglos, el pueblo cristiano, ha vivido con sencillez y con convencimiento: María está donde tiene que estar: junto a Dios.

Su destino, la gloria del cielo, será el nuestro. Pasó haciendo el bien. Abrió sus entrañas para que Dios pusiera su morada en Ella. Cumplió la voluntad del Padre en todo y por donde sus pies pisaron. Su orgullo, su fortaleza, su locura y su encanto fue precisamente eso: volcarse en los planes que Dios había preparado y entretejido desde antiguo. ¡Bendita Tú, María, encontraste gracia ante Dios y, hoy, ese mismo Dios te llama a su presencia!

2.- Hoy, María, goza en la presencia del Padre. Se queda embelesada al contemplar la hermosura divina. ¿Qué sentirá María? ¿Qué dirá María? ¡Por fin se cumple uno de mis últimos sueños! ¡Recibí, vi y sentí al Dios humanado en la tierra y, ahora, me toca disfrutarlo y contemplarlo eternamente como Padre en el cielo!

Con esta fiesta, la Iglesia, nos invita a mirar una vez más hacia el cielo. Nuestro combate. Cada detalle realizado por Dios y en nombre de Dios, no quedará sin recompensa en la vida eterna. Y, un buen ejemplo, la Asunción de María. Hoy, las puertas de la Nueva Ciudad, se abren de par en par. A través de ellas entra la mujer que, siendo sencilla y pobre, amable y obediente, fuerte y solícita, logró enamorar al mismo Dios. ¿Cómo iba a permitir, ese mismo Dios, que tan beldad bajase para siempre al sepulcro? Pues, por esas mismas puertas, entraremos también todos aquellos que, con la ayuda del Espíritu Santo, respondamos con generosidad y con la misma valentía que María lo hizo hacia Dios. ¿Seremos capaces?

3.- La Solemnidad de la Asunción es como el escaparate al que un niño mira con atención porque, en su interior, se encuentran numerosos regalos. Y, el “pórtate bien” sabe lo qué significa: alguno de esos numerosos obsequios.

Así es la fiesta de la Asunción. Es un adelanto, una indicación que la misma Madre nos deja a nosotros sus hijos para que no nos alejemos del camino de la fe. Para que cumplamos, con tesón y con ilusión, aquello que más agrada al Señor. La Asunción de la Virgen nos invita a mirar, a pueblos, ciudades, iglesias y catedrales, ermitas y religiosos, sacerdotes y laicos, consagrados y a todo hombre y mujer de bien hacia lo más alto: el cielo.

--No podemos desperdiciar nuestro tiempo. María nos aguarda junto a Dios.

--No podemos romper nuestra alianza con el Señor. María nos ayuda a ser fieles

--No podemos apartarnos del camino verdadero. María es estrella que ilumina los pesares y las dudas

--No podemos consentir, que nada ni nadie, distraiga nuestra atención. María nos recuerda, con su triunfo, que sólo Dios permanece y que lo demás se extingue con las luces de nuestro último día.

Feliz Asunción, María

Feliz encuentro con el Padre, María

Feliz nuevo abrazo con el Hijo, María

Feliz visión del Espíritu Santo, María

Feliz re-encuentro con San José tu esposo, María

Que tengas una estancia, dichosa y eterna, junto a Dios en el cielo, María.

4.- ¡DISFRUTA, MARIA!

¡Vete! ¡Corre María!

La gloria de Dios te espera.

Cesan las palabras, el llanto, las pruebas,

las incomprensiones, la soledad.

Se acabaron los misterios

porque, allá en el alto cielo,

el Hijo que hizo tanto por el hombre

sonriente y gozoso te espera.

 

¡Sube! ¡Sube a lo más alto Virgen Santa!

Y, detrás de ti, deja huella de tu ascenso

porque, también los que te queremos,

los que en Dios creemos y esperamos,

necesitamos encontrar tu mismo camino

para un día, cuando cerremos los ojos,

entrar en él y no perdernos.

 

¡Disfruta! ¡Canta María!

Porque, bien lo sabes,

tu triunfo es corona que Dios

pone en tus divinas sienes.

Porque, Aquel que te eligió,

te quiere junto a El, te desea con El

no te quiere encerrada y fría en un sepulcro.

 

¡Dichosa Tú, María!

Encontraste gracia ante Dios

y, en la fiesta de tu Asunción,

el Padre y la Madre se encuentran de nuevo

La Madre y el Hijo se abrazan de nuevo

La Virgen que acogió al Espíritu Santo

gozan en la presencia de la Trinidad

¿Se puede gozar más, oh Madre Inmaculada?

 

¡Vete! ¡Descansa y guíanos oh Madre!

Para que ahora, nosotros, tus hijos

sigamos imitando de Ti,

lo que más agradó a Dios.

Para que ahora, nosotros, tus hijos

sintamos tu presencia y tu intercesión

¡Disfruta, oh Virgen, de mismo Dios!

Amén


5.- LA RADICALIDAD DEL MAGNIFICAT

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Acabamos de escuchar el Magnificat, la oración de la Virgen María, expresada tras los primeros momentos de la visita a su prima, Isabel, en la montaña de Judea. No hay oración más hermosa en toda la escritura ni otra que ofreciese una tan grande trascendencia profética. "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí" Las generaciones posteriores a María se han postrado ante la maravilla que fue su vida en la tierra, haber sido Madre de Dios y coautora de la Redención. Y luego como permanente intercesora de todas las necesidades de sus hijos.

El Magnificat va a continuar marcando la extraordinaria proeza de Dios en la relación con su criatura. Y va a centrar en este sentido la justicia del Reino cuando dice: "Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos." Algún autor ha llamado a este párrafo de la Oración de la Virgen María como "revolucionaria", pero eso es un solo un concepto relativo. Vale más decir que es justa, portadora de justicia divina. No prevalecen junto a Dios los soberbios y despide vacíos a los ricos porque sus riquezas, muy probablemente, procedan de la explotación de los pobres. Despedirlos vacíos es, simplemente, hacer justicia.

2.- La Misa de la solemnidad de la Asunción de María nos ofrece este fragmento del evangelio de San Lucas que contiene el relato de la Visitación. María al saber, por el anuncio del ángel, que su prima esta embarazada, acude a visitarla a un remoto y escarpado lugar. Y al llegar, el niño que crece en el seno de Isabel, salta de gozo al reconocer que el Señor Jesús está también muy cerca, en las entrañas de María. Nunca nadie hubiera podido crear un texto tan perfecto de cara a una catequesis favorable a la vida y contraria al aborto. Hace ya 2000 años se transcendía la vida real y efectiva situada en el seno materno. Pocos comentarios más hacen falta. El gozo de las dos mujeres, gracias al Espíritu Santo, por la importancia del fruto de su maternidad y la trascendencia futura de las misiones de los dos niños da eternidad a la escena. La vida va a seguir y los hombres podrán salvarse.

3.- En la primera lectura, sacada del Apocalipsis de Juan, se lee un episodio subyugador. Una mujer encinta y coronada con doce estrellas marcha al desierto y la persigue un dragón que quiere devorar el fruto de su vientre. En la tradición de los exegetas dicha mujer es la Iglesia y, por supuesto, el niño es Cristo. Pero es fácil suponer que la escena parece muy adecuada al papel de María. Ya Herodes, que formaba parte reino del mal, busca al Niño Dios para matarle y se produce la matanza de los Inocentes. La presencia de un Salvador en la tierra no podía agradar al Malo que buscaba --busca-- esclavizar con la mentira y el engaño al género humano. Cualquier fuerza contraria a esa posibilidad tiene que ser eliminada. La guerra de la Cruz, la predisposición terrible de los dirigentes religiosos judíos de entonces --y de una parte del pueblo hebreo coetáneo del Señor-- es algo que también puede inscribirse en la el episodio de la mujer y del dragón que nos cuenta el Apocalipsis. Y por ello es lógico que lo leamos hoy en la gran fiesta dedicada a María.

4.- San Pablo entra de lleno en el antagonismo entre vida y muerte en su Primera Carta a los Corintios. Dice: "Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida". Y narra el acceso final al Reino de Dios. Todos los enemigos serán doblegados en los últimos días. Y hay uno muy significado: "El último enemigo aniquilado será la muerte". Jesús nos ha prometido la Resurrección y la incorruptibilidad futura de nuestros cuerpos. Es lógico que Él no permitiese la disgregación del cuerpo de su Madre en el sepulcro. Se adelantaba a los demás mortales, como el mismo Jesús había sido primogénito de entre los muertos. Y es esa presencia de la Virgen María --cuerpo y alma-- en la Gloria de Dios lo que hoy celebra todo el orbe católico. Y que nosotros debemos valorar convenientemente.

5.- María, como Madre de toda la humanidad, es nuestra gran intercesora. Generación tras generación de creyentes han sabido descubrir la gracia y la bondad de la Señora como camino importante hacia el mejor entendimiento de la figura de Jesús. María es el mejor atajo para llegar cuanto antes a Cristo. Ella está cerca de nosotros en todo momento y circunstancia. Los tiempos de inquietud y tribulación, cuando todo parece que se mueve bajo nuestros pies, marcan la excelencia de la dedicación de la Virgen María a sus hijos. Una jaculatoria, una mirada dirigida a una imagen es suficiente para que nuestro entorno cambie y nos veamos en la dirección exacta. Jesús no va a negar nada a su Madre, pero ella tampoco nos va negar nada a nosotros que suponga un camino de verdad y de justicia, como muy bien se dice en el canto del Magnificat.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LA DORMICIÓN DE MARÍA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Hoy es la pascua de la Virgen. Pascua se deriva del hebreo pesaj, que significa paso. Hoy celebramos que Santa María paso de la realidad espacio/temporal a la eterna. Explicado en términos geográfico/históricos significa que un día acabó su vida. Las tradiciones, las leyendas y la arqueología cuentan que residía en Jerusalén y rodeada de los discípulos de su Hijo, murió en la colina de Sión. Ellos compungidos trasladaron su cuerpo al fondo del valle del Cedrón, muy próximo a Getsemaní, junto al olivar de su amiga, la madre de Juan-Marcos. Tal vez ella había escogido este lugar, tan querido de su Hijo, que lo frecuentaba para orar.

3.- Parece que los arqueólogos de hoy en día no dudan de su autenticidad. Me estoy refiriendo al sepulcro que conserva una iglesia de los griegos, al lado mismo de la gruta del prendimiento, junto al huerto que visitó reverentemente el anónimo peregrino de Burdeos, allá por el 333-334 de nuestra era. A este recinto muy visitado preferentemente por los peregrinos orientales, se baja por una espectacular amplia escalinata, tan profunda que a uno le parece que está descendiendo a una cueva. Todavía actualmente, en un rincón, se puede oír el murmullo de las aguas del Cedrón que en otros tiempos discurrían por la superficie y que ahora pasan por una gran cloaca hasta salir a la vista bastante más abajo y desembocar en el Jordán, próximo al Mar Muerto.

4.- El cuarto misterio del rosario, de los que llamamos de gloria, dice La Asunción de María Santísima. Yo, en mi recitación privada personal, añado: la Dormición de María. Es así como la llaman los orientales, es este el título del icono correspondiente. Emociona contemplar la escena. Los apóstoles a quienes, según leyenda, uno por uno, fueron anunciando los ángeles, advirtiéndoles que la madre del Maestro estaba a punto de partir, acudieron a tiempo todos, excepto Tomás, que esta vez también estuvo ausente. Pero esto es otro cantar, del que no hablaré ahora. Continúo, pues. Depositaron cariñosamente su cuerpo allí.

5.- Os confío, mis queridos jóvenes lectores, que cuando rezo este misterio, le pido fervorosamente a Santa María, que yo también prepare mi muerte y que cuando llegue, la tenga a mi lado. He pronunciado millones de veces la petición: ahora y en la hora de nuestra muerte, que aunque tema el momento, confío que no me abandone y esto mismo recuerdo cuando acompaño en la agonía, a algún ser querido.

6.- Os advierto que cuando el Papa Pio XII consultó a la Iglesia respecto a este misterio, los obispos, los teólogos, las universidades católicas, contestaron unánimemente que la Fe de la Iglesia estaba puesta en la asunción, no era tan segura la noticia de su muerte, de aquí que cuando se definió el dogma dijo: acabado el término de sus días…o algo equivalente.

7.- ¡Dios mío, cuanto me he alargado y no dispongo ahora de tiempo para comentaros las lecturas! Espero me perdonéis. La primera es una visión casi fantasmagórica, del triunfo de la Iglesia frente al dragón-demonio, que la liturgia hoy atribuye a Santa María. En la segunda lectura el apóstol Pablo nos anima hablándonos de la resurrección que a todos nos aguarda. El evangelio nos refiere el encuentro de María jovencita con la anciana Isabel, que también espera un hijo. Cuando lo contemplo, siento envidia de ellas dos, que gozaron unos meses de estrecha amistad, aceptando cada una su misterio y el propio de la otra y cantando alabanzas al Señor.