XX Domingo del Tiempo Ordinario
19 de agosto de 2018

La homilía de Betania


 

1.- ¿QUÉ TIENE EL PAN DE DIOS?

Por Javier Leoz

2.- VIVIREMOS PARA SIEMPRE

Por Antonio García-Moreno

3.-JESÚS NOS REGALA LA VIDA DE VERDAD

Por José María Martín OSA

4.- LA EUCARISTÍA: SACRAMENTO DE COMUNIÓN

Por Gabriel González del Estal

5.- "VENTAJAS" FEHACIENTES

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


REALIDAD, PRESENCIA, EXISTE

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ¿QUÉ TIENE EL PAN DE DIOS?

Por Javier Leoz

Cuántas veces, acontecimientos familiares o personales, queremos que sean iluminados por la Palabra de Dios y, sobre todo, con la Acción de Gracias que es la Eucaristía.

1. - En estos dos próximos domingos, la Iglesia, nos hace reflexionar sobre el tema eucarístico. Entre otras cosas, porque la Iglesia, sabe que bebe y se alimenta de este sacramento que, por lo que sea, algunos de nuestros hermanos o conocidos dejaron de frecuentar.

La Eucaristía, además de ser testamento del mismo Cristo, es alimento para todo creyente. Es un punto en el que convergen Dios y el hombre. Un lugar en el que, la debilidad, se transforma en fuerza invencible. Un momento, que cuando se vive apasionadamente, se entra en comunión perfecta con Dios y se cae en la cuenta de que estamos llamados a ser instrumentos de su amor en medio del mundo.

Si con la Eucaristía, ya nos resulta a algunos mantener encendida la llama de la fe, ¡cuánto más difícil sería sin ella ser fieles a la verdad o en el seguimiento a Jesús!

Hoy nos escandaliza los suicidios que, muchas personas, buscan como única salida para su vida. También, en la vida cristiana, existe la muerte espiritual: cuando dejamos de participar en la asamblea dominical; cuando, hostigados por tanto enemigo, dejamos de apetecer el pan de la vida y el vino de la salvación que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo; cuando preferimos tener una fe individual y sin más referencia al evangelio que nuestra forma de ver las cosas, y al mismo Dios, a nuestra manera y con nuestro propio criterio.

Cada vez que comulgamos, además de llenarnos de Dios, nos sentimos llamados a ser sus heraldos. Los pregoneros de su amor y de su poder. De su gracia y de su ternura. Por el contrario, cuando no lo comulgamos, cuando nos dejamos empalagar por el manjar del mundo, corremos el riesgo de quedarnos vacíos, traídos y llevados por el zigzag de los caprichos.

2. - Pidamos al Señor que sea la vida de nuestra vida. La sangre que corra por nuestras venas. El horizonte de nuestra existencia.

--Pidamos al Señor que, su Cuerpo y su Sangre, sea alto precio que El pague por nuestras debilidades, fracasos, traiciones o deserciones.

--Pidamos al Señor que, la Eucaristía, sea una fiesta en la que nos sintamos hermanos. Ser cristiano, además de estar configurados con Cristo, es saber que el que está a nuestro lado, no es un adversario; es un hermano, un amigo, un hijo de Dios. Alguien que, siempre, puede contar conmigo. Entre otras cosas porque tenemos un mismo Padre.

--Pidamos al Señor que nosotros los sacerdotes celebremos con la misma emoción del día de nuestra primera misa, cada Eucaristía. Que no seamos meros funcionarios. Que sepamos transmitir, celebrar y vivir todo el Misterio que rodea a este Sacramento. En definitiva, que sepamos repartir a manos llenas el Pan de la Vida que es Jesús.

3.- LA FIESTA ERES TU, SEÑOR

Cada domingo, con la Eucaristía,

nos unimos en un mismo sentir,

en una misma esperanza.

Brota la alegría de creer

la esperanza del más allá.

Nuestra fiesta, la auténtica fiesta,

eres Tú, Señor.

 

Cada domingo, la mesa del altar,

se agranda de tal manera

que, nadie puede quedar sin pan;

sin el pan de la fraternidad

sin el pan de tu Palabra

sin el pan de tu presencia

 

¿Qué tiene tu pan, Señor?

Tiene el sabor de la eternidad

El brillo del cielo

El amor de Dios

La fuerza del Espíritu

 

¿Qué tiene tu pan, Señor?

Tiene el gozo de la vida cristiana

Es fiesta adelantada del cielo

Es pregón de lo que un día nos espera

Sí, Señor; ¡Eres fiesta, eterna fiesta!

 

Aquí, en esta mesa del altar,

aperitivo, un adelanto

de lo que estamos llamados a gustar

de una forma definitiva y eterna

junto a Ti, junto a Dios, en el Espíritu

con María, la Virgen, allá en el cielo.

Eres fiesta, cada domingo Señor,

eres fiesta que pone en vilo nuestras almas.

Amén


2.- VIVIREMOS PARA SIEMPRE.

Por Antonio García-Moreno

1.- Centinela, alerta.- "Fijaos bien como andáis; no seáis insensatos, sino sensatos", (Ef 5, 15) recomienda Pablo en este pasaje de la epístola que escribió a los cristianos de Éfeso. Y luego añadirá: "No estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere". Son expresiones que nos recuerdan la necesidad perentoria de vivir alerta, siempre con la guardia montada. La vida del hombre sobre la tierra es una milicia, decía Job. Un continuo estado de guerra en donde es preciso estar siempre preparados para dar batalla, siempre con el oído atento y las armas preparadas.

Antes que San Pablo ya lo recomendó el Señor con insistencia al exigir a sus seguidores una actitud vigilante, un sentimiento de esperanza siempre viva. Es necesario orar de continuo, velar sin descanso, para no entrar en la tentación. El enemigo no descansa; es como un león hambriento que busca a quien devorar. Es ésta una comparación que pone San Pedro en su primera carta, él que tanto sabía de tentaciones y de luchas, de caídas y de victorias.

Qué importante es saber aprovechar las ocasiones que la vida nos va brindando. Ocasiones que hay que saber valorar, conscientes de que a veces no se repiten más. De la ocasión a que se refiere Pablo, depende además algo tan importante como nuestra salvación, nuestra felicidad durante la vida terrena, y sobre todo la de nuestra felicidad eterna después de la muerte.

La noche va muy avanzada, dirá también el Apóstol a los romanos, y se acerca el día. Es ya hora de surgir del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cercana... Sí, es preciso que no olvidemos que vivimos inmersos en la noche de nuestra vida temporal, y que sólo cuando amanezca el día definitivo, cuando llegue para siempre la luz, el peligro habrá desaparecido y la vigilancia ya no será necesaria. Pero hasta que llegue ese momento, no lo olvidéis, fijaos bien cómo andáis.

2.- El Pan Vivo.- Las palabras de Jesús son claras y contundentes: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo". Los judíos se sorprenden ante esta afirmación, se resisten a creer en el Señor, que repite una y otra vez que su Carne es verdadera comida y su Sangre verdadera bebida. Pero los israelitas no entendían lo que Jesús estaba diciendo, pues no tenían fe en él, a pesar del milagro que acababa de realizar ante ellos.

Hoy sabemos que esa comida y esa bebida la tomamos de forma sacramental y mística. Lo cual no quiere decir que no tomemos realmente el Cuerpo del Señor, ya que en la Eucaristía se contiene a Jesucristo con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. De todas formas, hoy como entonces, es preciso adoptar una actitud de fe, si de veras queremos aceptar la doctrina acerca de la Eucaristía. Sólo así, por la fe, podremos acercarnos al Misterio y captar de alguna manera la grandeza, que en nuestros sagrarios tenemos, la de Jesús mismo.

Otra idea que el Maestro repite en este pasaje evangélico es la de que quien come su Carne y bebe su Sangre tiene vida eterna, es decir, vivirá para siempre. Este alimento transmite, por tanto, una vida nueva, a la que la muerte no podrá vencer jamás. Una vida sin fronteras de tiempo, una vida siempre joven, una vida singular, la vida misma de Dios.

Acercarse a comulgar es acercarse a la eternidad, es pasar de un nivel terreno a otro muy distinto, trasladarnos a una atmósfera de luminosidad y de gozo. Comulgar, en definitiva, es unirse íntimamente con Dios, penetrar en el misterio de su vida gloriosa y disfrutar, en cierto modo, de la alegría singular de los bienaventurados en el Cielo.

El Señor lo dice explícitamente en esta ocasión: "El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come, vivirá por mí". Así, pues, lo mismo que Jesús está unido al Padre, así el que participa en la Eucaristía vive unido al Señor. El que comulga con las debidas condiciones, limpio de pecado mortal, llega a la unión mística y grandiosa del alma con Dios, se remonta hasta la cumbre del más grande Amor; ese estado dichoso en que el hombre se identifica, sin confundirse, con el mismo Dios y Señor.


3.- JESÚS NOS REGALA LA VIDA DE VERDAD

Por José María Martín OSA

1.- Sabiduría que viene de Dios. El autor del Libro de los Proverbios nos presenta a la Sabiduría personificándola. La Sabiduría aparece en el libro como la primera criatura de Dios que le acompaña después en todas las obras de la creación. Nos habla después de la Sabiduría que edifica su casa entre los hombres y prepara un banquete para todos los que lo desean. Se trata de una sabiduría que viene de Dios para los hombres. Jesucristo es en realidad aquella Sabiduría (o Palabra) de Dios que "era ya en el principio de todas las cosas, por quien todas éstas fueron creadas", "que habitó entre nosotros", "en quien puso el Padre todas sus complacencias", que vino al mundo "para que tengamos vida y la tengamos abundante" y que invita a todos los hombres a sentarnos a su mesa: la mesa de la "palabra que da la vida" y del "pan bajado del cielo".

2.- Pan de vida. Después del relato de la multiplicación de los panes, el evangelio de Juan continúa con el discurso del pan de vida, que al final se transforma en discurso de la Eucaristía, que es el que leemos hoy. Jesús se presenta como el pan vivo, bajado del cielo, que da vida por siempre. Así hace la transición del discurso del pan al discurso de la Eucaristía. El término carne designa la realidad humana, con todas sus posibilidades y debilidades. Recordemos que en el prólogo de este evangelio se dice que la Palabra se hizo carne. Observemos que Juan no utiliza el término cuerpo, probablemente porque quiere subrayar la realidad de la encarnación. Carne y sangre expresan la totalidad de la vida. Comer la carne y beber la sangre del Hijo del hombre es participar de la vida divina. Efectivamente, Jesús, enviado del Padre, tiene la vida del Padre; los que comen la carne y beben la sangre de Jesús (su vida) tienen la vida de Jesús, que es la vida del Padre. Por eso la vida recibida es eterna. Más aún, se afirma que sólo se puede tener vida si se participa de la vida de Jesús. La comparación con el maná ayuda a subrayar este sentido. El pan de la Eucaristía da la vida por siempre: es el pan salvífico. También habría que tener en cuenta que, así como la carne nos recuerda la encarnación de Jesús, la sangre nos recuerda su muerte en la cruz. Así, participar de la vida de Jesús comporta asumir a fondo la propia humanidad, como hizo Jesús, y, como él, dar la vida por amor.

3.- La vida de verdad. La afirmación básica y central de este texto del evangelio de Juan es ésta: Jesús es “fuente de vida” para todo el que se alimenta de él. En Jesús no vamos a encontrar ante todo una doctrina o una filosofía; no vamos a hallar una teología de escribas o una religión fundamentada en la ley; no se trata aquí sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía, se trata de la vida auténtica que Cristo nos regala. Vamos a encontrarnos con alguien, lleno de Dios, capaz de alimentar nuestro anhelo de vida y vida eterna. Hoy se habla mucho de “calidad de vida”. Sin embargo, se puede tener toda la “calidad de vida” que ofrece la sociedad moderna y no saber vivir. No es extraño ver a personas cuyo único objetivo es llenar el vacío de sus vidas llenándolo de placer, excitación, dinero, ambición y poder. No pocos se dedican a llenar su vida de cosas, pero las cosas siempre son algo muerto, no pueden alimentar nuestro deseo de vivir. No es casual que siga creciendo el número de personas que no conocen la alegría de vivir. La experiencia cristiana consiste fundamentalmente en alimentar nuestra vida en Jesús, descubriendo la fuerza que encierra para transformarnos poco a poco a lo largo de los días. Jesús infunde siempre un deseo inmenso de vivir y hacer vivir. Un deseo de vivir con más verdad y más amor.


4.- LA EUCARISTÍA: SACRAMENTO DE COMUNIÓN

Por Gabriel González del Estal

1.- El padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Seguimos con el capítulo 6 de San Juan, sobre el pan de vida. No quiero repetir lo que ya he comentado en las dos homilías anteriores, referente a las palabras de San Juan, en este mismo capítulo, sobre el pan de vida. Hoy me voy a limitar a escribir algunas frases de San Agustín, cuando habla a sus fieles de Hipona sobre el pan de vida. A san Agustín, asiduo lector de san Pablo, la frase que más le impresiona del Apóstol, cuando habla de la eucaristía, es esta: Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros. Los cristianos somos realmente el cuerpo de Cristo y, si no queremos deshonrar a Cristo, debemos comportarnos como dignos miembros de su cuerpo. Cuando san Agustín habla del cuerpo de Cristo se refiere, evidentemente, al cuerpo místico de Cristo, según la doctrina paulina expuesta en el capítulo 12 de la primera carta a los Corintios. Cuando comulgamos, dice San Agustín, lo hacemos como parte del Cuerpo que somos y del mismo Cuerpo que vamos a recibir. Literalmente dice: Si vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, sobre la mesa del Señor está el misterio que sois vosotros mismos y recibís el misterio que sois vosotros. A lo que sois respondéis con el amén. Sé miembro del cuerpo de Cristo para que sea auténtico tu <amén>. Sed lo que veis y recibid lo que sois… Para que exista esta especie visible de pan se han aglutinado muchos granos en una sola masa, como si sucediera aquello mismo que dice la Escritura a propósito de los fieles: “tenían una sola alma y un solo corazón hacia Dios”. Lo mismo ha de decirse del vino; son muchas las uvas que penden del racimo, pero el zumo de las uvas se mezcla, formando un solo vino… Sed también vosotros una sola cosa amándoos, poseyendo una sola fe, una única esperanza y un solo amor. De la comprensión profunda que tenía san Agustín de la presencia del espíritu de Cristo en cada uno de los miembros del cuerpo místico de Cristo cuando nos amamos de verdad, saca el santo otras muchas y bellas conclusiones que no podemos comentar aquí.

2.- Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he mezclado. En este texto del libro de los Proverbios el pan y el vino que debemos comer y beber es la Sabiduría con mayúscula. La Sabiduría como encarnación de Dios en un ser humano la referimos los cristianos a Cristo: Cristo es la Sabiduría del Padre. Si nos dejamos guiar por el espíritu de Cristo viviremos sabiamente en nuestra relación con Dios, con el prójimo y con todas las criaturas de Dios. El que tiene el espíritu de Cristo tiene la sabiduría de Dios.

3.- No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu. El apóstol recuerda en esta carta a los efesios que, en los cultos paganos, el vino llevaba al libertinaje. Ellos, como cristianos, no debían beber de este vino, sino del vino del Espíritu de Cristo. En los tiempos de san Pablo los primeros cristianos sentían frecuentemente la tentación de participar en los cultos paganos, tal como lo habían hecho antes de convertirse a Cristo. Ahora debían abandonar definitivamente las costumbres paganas, comportándose como auténticos discípulos de Cristo. No nos viene mal también a nosotros, los cristianos del siglo XXI, recordar estas palabras de san Pablo. También nosotros nos vemos todos los días tentados a participar de las ideas y costumbres de una sociedad cada día más paganizada; es bueno que también nosotros renovemos todos los días nuestro propósito cristiano de dejarnos guiar y conducir por el Espíritu de Cristo.


5.- "VENTAJAS" FEHACIENTES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- La primera lectura de este Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario habla de la sabiduría y la sitúa frente --en contra-- de la insensatez. El conocimiento de Dios --ya lo hemos dicho otras veces-- nos coloca en una realidad personal más objetiva con olvido de fantasías inalcanzables o de deseos imposibles que suelen llenar nuestros tiempos insensatos cuando estamos lejos de Dios. La búsqueda de Dios ha de ser, además, placentera y humilde. No se trata de una asignatura técnica, ni tampoco de un ejercicio histórico de investigación. Basados en las Escrituras y en lo que los cristianos, a través de los siglos e inmersos en esa conexión valida llamada Comunión de los Santos, nos han ido aportando: la Tradición.

2.- Nuestra experiencia personal surgida de una conversión, llegada --entonces-- en medio de una realidad personal muy intelectualizada y politizada, nos índica que sin la esperanza de que sea Dios quien te enseñe, nada puedes sacar adelante. El momento de la conversión es ese conocimiento de que no se está solo y que el camino a seguir no tiene ni tiempo, ni espacio, ni prisa, ni fin. La fe se convierte luego en algo ligero y nada oprimente: que no es tanto creer lo que no se ve, como intuir con seguridad lo que después veremos. Dicen que una de las primicias de ese Mundo Futuro es la Eucaristía: la recepción del Cuerpo y Sangre de Cristo. Sin duda, y como experiencia personal, diremos que ayuda fundamentalmente en ese camino primero de relación con Dios.

La misa --mesa en la que coinciden la Escritura y la Eucaristía-- es un ingrediente fundamental para ir creciendo en el conocimiento de la cercanía de Dios. Por eso consideramos muy importantes estos domingos de Agosto que la liturgia nos presenta las Lecturas Eucarísticas y, sobre todo, los pasajes del Evangelio de San Juan en los que Jesús habla de entregar su Cuerpo y su Sangre para la salvación de todos.

3.- Es, precisamente, el pasaje que leemos esta semana en el que el mismo Jesús confirma que su Cuerpo y su Sangre son verdadera comida y verdadera bebida. No un planteamiento simbólico. Junto al convencimiento testimonial que nos dan las Escrituras está esa aproximación interna que nos acerca a la verdad y que produce la recepción de la Eucaristía. No es un acto sentimental, no se trata de sentimientos, es una comunicación con Quien se recibe. ¡Ojalá muchos que no se acercan al Sagrario pudieran comenzar a intuir las "ventajas" fehacientes que la recepción del Cuerpo y de la Sangre de Cristo producen!


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


REALIDAD, PRESENCIA, EXISTE

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Mis queridos jóvenes lectores, el hecho de que deba publicar betania.es un montón de proyectos de homilía juntos y que yo no disponga de tiempo suficiente para pensarlos con calma y redactarlos, me obliga a que acuda a un artilugio hoy. Hace tiempo, un lector mío de otro semanario me escribió, solicitando que le explicara cómo pensaba yo que era la presencia de Jesús en la Eucaristía. Sí habéis escuchado el evangelio de la misa de este domingo, probablemente vosotros también os preguntaréis sobre esta cuestión. Para ahorrar tiempo y para de alguna manera satisfacer vuestro interés, voy a copiaros aquella carta, su solicitud y mi respuesta, tal como la conserva en la memoria de mi P.C.

2.- Me podría indicar si las palabras de Jesús, cuando instituyó la Eucaristía, hay que tomarlas de forma literal, o bien tienen un sentido simbólico, mucho más allá de lo racional. Cuando habla de su carne y su sangre ¿quiere decir su Vida y su Espíritu?

3.- Me satisfaría enormemente responderle de palabra. Contestaré de alguna manera. No creo que la expresión de Jesucristo se refiera exactamente a su tejido muscular o a su torrente sanguíneo, entre otros motivos porque no existen, ni existían como realidades “reales”. No existe un cuerpo estático, inmutable. Está en incesante intercambio. Todo el cuerpo se muda de continuo. El agua está entrando y expulsándose continuamente. Incluso los elementos que parecerían más estables seguros, los oligoelementos: Bromo, boro, cromo, cobalto, cobre, flúor, hierro, manganeso, molibdeno, níquel, selenio, silicio, vanadio, yodo, zinc… (he copiado de Google la lista) varían. ¿Qué es nuestro cuerpo?. La realidad corporal es un “saco de agujeros”. Se dice que un átomo de hidrogeno es semejante a una plaza de toros, en la que en el centro del ruedo hubiera una pelota de futbol y en lo más alto del tendido una pelota de ping-pon. Evidentemente diríamos que está vacía la plaza. La comparación que pongo dará risa a cualquier científico, no lo dudo, sería muy largo rectificar y sé que algo suena.

4.- Las moléculas de agua que circulaban por el cuerpo de Jesús en el momento pronunciar lo que en aquel momento dijo, tal vez ahora circulen por su cuerpo o por el mío. Hay realidades que no nos son perceptibles, ni por los sentidos, ni por nuestros instrumentos de análisis. Pongo un ejemplo que tal vez dé risa, y no es que yo me lo crea, pero de alguna manera lo percibo.

5.- Desde los años cuarenta y pico de mi época de bachiller que oigo hablar de la radiestesia y nunca me lo tomé en serio. Un día, hace pocos años, se me ocurrió coger una cadenita y atarla a una piedrecita, hacerme un primitivo péndulo. Quedé asombrado. Lo único que le puedo asegurar es que poniéndolo sobre una realidad de contenido espiritual (desde las reliquias de santos de una antigua ara de altar, hasta el tronco seco del “pi de les tres branques” tan admirado, elogiado y hasta venerado por cierto catalanismo exaltado, pues bien, colocado el péndulo, se pone a circular en el sentido contrario a las agujas de un reloj. Y le aseguro que cada vez que voy a hacer una prueba, estoy pensando en que no se moverá. Algo existe que no es captado. Pero existe. En la Eucaristía existe Jesús, esta es mi Fe. Lo cual no quiere decir que allí esté su tejido muscular, ni alguno de los átomos de yodo que en aquel momento estaban en su glándula tiroides.

6.- El tema de la realidad corporal me preocupa desde hace tiempo. Primero lo hable con Ignasi Fossas, actual prior de Montserrat, médico y muy amigo mío, desde que él tenía 15 años. Me contestó que no era materia de su profesión. Lo consulté más tarde con Ramón Margalef, que fue el mejor biólogo, ecólogo. Limnólogo etc. etc. del mundo. Lo hablábamos cuando él ya estaba en la fase terminal de su cáncer. Él fue el que más me aseguró lo del total cambio continuo del cuerpo. Me parece que se dice que cada dos años se ha modificado totalmente. A Margalef le decía yo: ya es admirable que tú, seglar y científico biólogo, me estés evangelizando a mí, sacerdote. Los últimos momentos de su vida no me dijo que dudaba, me pidió los sacramentos que pudiera darle. No discutimos, no era momento oportuno, solo me añadía que rezara por él. Su testimonio me ayudo y me ayuda mucho.

7.- Cada día, por la mañana y por lo menos por la noche, entro a mi “pequeña iglesia” hago genuflexión en señal de adoración y luego beso el sagrario muestra de amor, como se lo daba a mi madre cada noche. (murió a los 97 años). Creo en la presencia real, pero sé que ni un análisis normal, ni un cromatógrafo, por poner un ejemplo, me dirían que en la Eucaristía hay tejido muscular o torrente sanguíneo. Pero cada día celebro misa y estoy convencido de que existe. No sé si le ha servido o le complicado más los sesos. Espero que algo le haya ayudado.

Espero, mis queridos jóvenes lectores, que también a vosotros, como aquel lector me contestó, os haya satisfecho mi explicación y comprendáis que he acudido a este método, ya que las obligaciones derivadas de mi vocación, de la que no me he jubilado, me exigían hacerlo así.