III Domingo del Tiempo Ordinario
25 de enero de 2015

La homilía de Betania


1.- UNA VOCACIÓN COMUNITARIA

Por Pedro Juan Díaz

2.- LA YIHAD CRISTIANA PARA QUE VENGA EL REINO DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

3.- JESÚS NOS NECESITA

Por José María Martín OSA

4.- DIOS NOS LLAMA, RESPONDAMOS CON VALENTÍA

Por Antonio García-Moreno

5.- NO LE DEMOS SÓLO UN TROZO DE LA RED

Por Javier Leoz

6.- “PESCADORES DE HERMANOS”

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


NADA DE WHATSAPP O SEMEJANTES: CONTACTO PERSONAL

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- UNA VOCACIÓN COMUNITARIA

Por Pedro Juan Díaz

1.- El evangelio de hoy es muy parecido al de la semana pasada, en el sentido de que habla de la vocación y los protagonistas son los mismos, pero el que lo cuenta, el evangelista, es diferente, es San Marcos. De hecho, los evangelios que leeremos este año serán los suyos.

2.- Del evangelio de San Marcos podemos decir que es el que primero se escribió, que se basa en fuentes muy antiguas sobre los hechos y palabras de Jesús, y que, además de ser por esto el más antiguo y más cercano a Jesús, es también el más corto. De hecho, sería muy recomendable que buscáramos un rato para leerlo entero. No nos llevaría mucho tiempo y nos daría una visión general de cómo plantea la figura de Jesús, que después nos ayudará a ir entendiendo los evangelios en este tiempo ordinario. Además de que siempre es bueno leer y reflexionar la Palabra de Dios y buscar momentos en nuestro día a día para poder hacerlo.

3.- En cuanto al tema de la Palabra de Dios de hoy, nos sigue hablando de la vocación. Si la semana pasada la primera lectura nos presentaba la vocación de Samuel, hoy nos presenta la de Jonás. Y en el evangelio, volvemos a contemplar la vocación de los primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan.

4.- Podríamos reflexionar varias cosas sobre la vocación. La primera podría ser que Dios quiere comunicarse con nosotros, que nos habla y nos llama, y nos encomienda la tarea de hacerle presente entre las demás personas, a través nuestro. Otra cosa interesante podría ser que Dios nos habla y nos llama en la vida cotidiana, en el trabajo de todos los días, como a los primeros discípulos, que estaban pescando. También será interesante recordar que Dios no nos pide cosas extrañas, ni imposibles de realizar, o para las que no estemos preparados, sino que nos da las fuerzas necesarias para que lo podamos llevar adelante. Y un último aspecto, y es que Dios quiere contar con nuestra colaboración, con nuestra disponibilidad, que no hará nada sin nosotros, sin nuestro SI.

5.- Pero también convendría que cayéramos en la cuenta de que la vocación tiene también un carácter comunitario, es decir, que Dios no nos llama a nosotros solos, ni de manera individual, sino que lo hace en grupo, en comunidad, en Iglesia. Y la primera actividad que hace Jesús en su vida pública es formar un grupo para vivir el proyecto del Reino de Dios al que ha sido llamado por su Padre. No quiere hacerlo solo, no porque no pueda, sino porque el estilo de Dios es otro. Y cuando nos llama a cada uno, también lo hace con otros, para que nuestra acción sea comunitaria. Dios no quiere “francotiradores” que vayan haciendo “la guerra” por su cuenta. Dios nos llama a ser familia, hermanos, y a actuar de manera comunitaria, eclesial. La nuestra es una vocación comunitaria. Somos el grupo de los seguidores de Jesús, que hemos respondido a su llamada y queremos seguirle y darle a conocer, juntamente con otros, que han escuchado la misma llamada y realizan la misma tarea: anunciar la buena noticia del evangelio. Esas fueron las primeras palabras de Jesús: “está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio”. Y también su primera acción: “venid conmigo y os haré pescadores de hombres”.

6.- Todo esto lo podemos aplicar a nuestra vida, teniendo en cuenta que nuestro Plan Diocesano de Pastoral nos dice que cuidemos la “inspiración vocacional” de todo lo que hagamos, es decir, que caigamos más en la cuenta de que Dios está en la vida, en lo cotidiano, y que es ahí donde nos habla y nos llama (eso es la vocación, la llamada de Dios). Por tanto, en todo lo que hacemos está Dios llamándonos. Se tratará de estar atentos para oír su voz y responder con inmediatez, como lo hicieron estos primeros discípulos. Y responder comunitariamente, como familia, como Iglesia.

7.- Precisamente este sentido comunitario es el que queremos cuidar de una manera más general en esta semana de oración por la unidad de los cristianos que la Iglesia siempre nos invita a celebrar en este mes de enero. La unidad de todas las Iglesias cristianas será un signo de credibilidad para el mensaje que anunciamos. No responderemos bien a nuestra vocación comunitaria si estamos divididos. Y la unidad comienza por nuestras propias comunidades, por nuestras parroquias, que no vengamos aquí y nos sintamos como extraños, como desconocidos, cada uno sentado en su rincón y esperando el “podéis ir en paz” para salir corriendo, “no sea que el cura me pille para algo”. Nuestra vocación es más familiar, más fraterna. El Señor nos reúne cada domingo en torno a la Mesa y nos trata como a hermanos: “esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; esta es mi sangre… haced esto en memoria mía”. ¿Os imagináis a los discípulos en la última Cena mirando el reloj y esperando que aquello se terminara cuanto antes? Recemos y pidamos por la unidad de todas las Iglesias cristianas, empezando por la unidad de nuestra propia familia, de nuestra comunidad parroquial.


2.- LA YIHAD CRISTIANA PARA QUE VENGA EL REINO DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio. En este evangelio, según san Marcos, Jesús nos dice que debemos convertirnos y creer en el evangelio para que el reino de Dios pueda llegar hasta nosotros. La conversión supone siempre un esfuerzo (yihad) personal para conseguir que el reino de Dios se haga realidad en nuestra vida. Necesitamos tomar muy en serio nuestra yihad, nuestra lucha espiritual contra nuestros vicios, pecados y las tendencias desviadas de nuestra naturaleza. Es más, los cristianos no sólo debemos aspirar a nuestra conversión individual, sino que debemos luchar para que sea toda la sociedad la que se convierta. Los valores del reino de Dios son valores universales: la verdad, la vida, la justicia, la paz, el amor, la santidad y la gracia. Nuestra lucha para conseguir que el reino de Dios pueda hacerse realidad en mí y en nuestro mundo no es sólo un consejo, es un deber de conciencia que nos impone el mismo Jesús en su evangelio. El <convertíos y creed en el evangelio> no es una opción entre otras, es un imperativo, una condición necesaria e imprescindible para que el reino de Dios pueda realizarse entre nosotros. Dios no quiere avasallarnos, ni derribar violentamente las murallas de nuestros egoísmos y resistencias interiores y exteriores. Quiere que le abramos libremente las puertas alma, y de la sociedad, para que él pueda reinar en nuestras vidas. Nuestra lucha espiritual, nuestra yihad, no necesita armas físicas; Jesús no quiere que ninguno de sus discípulos corte físicamente la oreja de los que intentan prenderle y ejecutarle, como dicen que hizo un Pedro nervioso y atolondrado en el Huerto de los Olivos. Quiere que todos nosotros, los cristianos, nos pongamos al lado de nuestro maestro, defendiéndole a él y proclamando su mensaje, hasta la muerte, si fuera preciso; con las armas del amor, de la justicia, de la paz, de la santidad y de la gracia. Es decir convirtiéndonos y creyendo en el evangelio, como acabamos de leer en el texto evangélico de este domingo.

2.- Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo. El profeta Jonás conocía las intenciones de Dios y por eso no quería ir a Nínive a predicar la conversión, porque sabía muy bien que, si se convertían, Dios los iba a perdonar y no serían destruidos. Jonás pensaba que era conveniente que Nínive fuera destruida, puesto que era una ciudad enemiga del pueblo de Israel. Pero la misericordia de Dios era mucho más universal que los intereses políticos de Jonás y, por eso, Dios le fuerza a Jonás a ir a Nínive y a predicar allí la conversión. Ya sabemos la historia: Nínive se convierte y Dios se arrepiente de su amenaza, con gran disgusto del profeta Jonás. Predicar la conversión a los enemigos, en lugar de destruirlos, eso es lo que quiere el Señor y así debemos actuar los cristianos. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Igualmente nosotros, los cristianos, no queremos matar físicamente a ningún enemigo de nuestra religión; nuestra predicación debe ir siempre acompañada de las armas del amor y de la misericordia.

3.- Porque la representación de este mundo se termina. Esta recomendación que san Pablo hace a los cristianos de Corinto sigue siendo válida hoy para nosotros, aunque nosotros hoy vivamos en situaciones y expectativas muy distintas. El momento presente es siempre importantísimo, el más importante, pero no pasa de ser sólo un momento respecto al tiempo total de nuestra vida. “Este mundo es camino para el otro, que es morada sin pesar”, dijo el poeta, y así es en realidad. Vivamos cada día con intensidad –carpe diem- pero sabiendo que cada día es sólo un día más de un tiempo que, inevitablemente, se acabará pronto. Somos peregrinos, caminantes, y no podemos, ni debemos, perder nunca de vista la dirección y final del camino. Esforcémonos, luchemos, cada día, para que el reino de Dios venga a nuestros corazones y a nuestro mundo. Esta debe ser nuestra lucha, nuestra Yihad cristiana, mientras Dios quiera tenernos vivos y activos aquí en este mundo. Sin perder nunca la paz, ni el amor de Dios.


3.- JESÚS NOS NECESITA

Por José María Martín OSA

1- "Está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio". Juan había predicado la conversión, un bautismo de penitencia, para recibir la llegada del Mesías. Su tono era amenazante: "ya está el hacha preparada para aquél que no de buen fruto". El mismo Juan señaló a sus discípulos que Jesús era aquél que todos esperaban "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". La voz venida del cielo lo ratificó. Tras su bautismo y posterior retiro al desierto, los evangelios sinópticos nos presenta a Jesús en Galilea. A primera vista lo que predica es parecido a lo de Juan: conversión. Sin embargo el tono que emplea y el significado de lo que anuncia es distinto: es un mensaje de esperanza que se hace realidad, no es una amenaza: "está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio".

¿Cuál es la Buena Noticia --esto es lo que significa etimológicamente evangelio-- que hay que creer? San Lucas pone en boca de Jesús, en la sinagoga de Nazaret, las notas de esta buena nueva: los pobres son evangelizados, los cautivos obtienen la libertad, los ciegos recuperan la vista, los oprimidos son liberados, es anunciado el año de gracia y de perdón para todos.

2. – Misericordia divina y humana. Las lecturas ponen todo su énfasis en la misericordia de Dios, cuya ternura es eterna. Dios es salvador, es bueno y enseña el camino a los humildes para que caminen con rectitud (salmo 24). Esta misericordia de Dios ya se había hecho realidad en tiempos de Jonás, cuando Dios se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a Nínive. Estoy seguro que se consigue más con la persuasión y con el diálogo, que con la amenaza y la ruptura. Frecuentemente los católicos nos escandalizamos de ciertas cosas que observamos en nuestro mundo, y surge entonces espontáneamente nuestra condena. Creo que no se consigue nada condenando, y sí se logra mucho convenciendo con el ejemplo. El Papa Francisco nos hace constantemente llamadas a la práctica de la misericordia.

3 - La cercanía del Reino es tan grande, que está dentro de nosotros. El Reino de Dios nace en el interior de todo aquél que se alinea con los desheredados y excluidos, en el hombre que acepta pasar dificultades para estar mucho más cerca de los oprimidos que de los que oprimen, en toda persona que lucha contra la injusticia, en aquél que construye un mundo nuevo desde la no violencia activa, en el ser humano que es capaz de perdonar. Entonces el Reino se hace realidad en nuestro mundo para transformarlo y convertirlo en la civilización del amor.

4. – Llamada y seguimiento. Jesús llamó a unos pobres pescadores, nuevamente se fija en los pequeños, para convertirlos en pescadores de hombres. Ellos no entendieron en aquel momento de qué pesca se trataba, pero poco a poco se dieron cuenta de la maravillosa y arriesgada misión que Jesús les encomendaba: anunciar y establecer el Reino de Dios. Esta llamada no sólo se produjo "en aquel tiempo", ahora mismo te sigue llamando a ti. ¿Serás capaz de escuchar su voz y dejar en la arena tu barca?

Jesús, no tienes manos.

Tienes sólo nuestras manos para construir

un mundo donde habite la justicia.

 

Jesús, no tienes pies.

Tienes sólo nuestros pies para poner en marcha

la libertad y el amor.

 

Jesús, no tienes labios.

Tienes sólo nuestros labios para anunciar

la Buena Noticia a los pobres.

 

Jesús, no tienes medios.

Tienes sólo nuestra acción para lograr

que todos los hombres sean hermanos.

 

Jesús, nosotros somos tu Evangelio,

el único Evangelio que la gente puede leer,

si nuestras vidas son obras y palabras eficaces.

 

Jesús, danos tu musculatura moral

para desarrollar nuestros talentos

y para hacer bien todas las cosas.

Amén.


4.- DIOS NOS LLAMA, RESPONDAMOS CON VALENTÍA

Por Antonio García-Moreno

1.- CONVERSIÓN DE NÍNIVE.- Jonás había huido de Dios. Intentó escapar de su presencia, eludir su mandato. No quería ir a Nínive para predicar y que se convirtieran de su mala vida. Era inútil marchar a un pueblo pagano que sólo pensaba en pasarlo bien. Pero Dios persigue al profeta hasta rendirlo. Y es que a Dios no hay quien se le resista. Al final vence siempre él. Por eso es conveniente evitar todo forcejeo inútil, no poner resistencia. Lo mejor es darle facilidades, hacer lo que su voluntad determine, sea lo que sea.

Si obramos así nos maravillaremos del resultado. Dios es así, puede hacer que nazca una flor donde sólo hay arena. Para su fuerza no hay obstáculo que se ponga en su camino... Señor, Tú sabes cómo olvidamos tu omnipotencia y en consecuencia cómo nos cuesta aceptar las cosas, sobre todo cuando no están de acuerdo con lo que nosotros pensamos. Cómo resulta casi imposible entonces ver claro el horizonte de nuestra existencia. Por eso te rogamos que ilumines nuestro pobre entendimiento con la luz de la fe, para vivir convencidos de que lo puedes todo. Y de que nos amas entrañablemente. Para que así sepamos aceptar tus planes y deseos. Por muy extraños y difíciles que nos parezcan.

Dios contempla con agrado la reacción de aquellos hombres. Desde el mayor hasta el más pequeño hacen penitencia. Se arrepienten de sus pecados. Y el mismo rey, enterado de la noticia, se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió de saco y se sentó en ceniza. Manifestaciones todas que indican la profunda y sincera contrición que le embargaba.

 Y Dios, cargado de amenazas hacía poco, se compadece y les perdona, no lleva a cabo el castigo que les tenía preparado... Qué fácil es Dios al perdón y a la compasión, qué presto al olvido. Esta es su mayor grandeza: su misericordia ante el pecador arrepentido. Cuando nos perdona es cuando se manifiesta mejor la magnitud de su amor... Por eso no tenemos derecho a dudar de su perdón. Más aún, la desconfianza en Dios es un pecado que no se perdona. Es el pecado de los que no piden perdón, de los que no se arrepienten por no creer en la capacidad infinita de misericordia que hay en Dios.

2.- AUDACES EN LA ENTREGA.- Es indudable que Jesús no vino a derrocar el poder temporal de los gerifaltes de su pueblo. A él no le interesaba la gloria y el poderío de los “mandamases” del mundo, él no necesitaba el vasallaje ni el servicio de nadie. Él había venido a servir y no a ser servido. Sin embargo, el choque con los que hacían cabeza se produjo necesariamente. La envidia y la celo-tipia, la sospecha y el recelo, se despertó en los poderosos apenas comenzó el Señor a predicar, atrayendo a las muchedumbres tras de sí.

El Señor lo sabía y, no obstante, siguió predicando la Buena Nueva que había de traer la verdadera libertad, el rompimiento de las más fuertes cadenas que pueden aherrojar al corazón y la mente del hombre, las del egoísmo y la soberbia, las cadenas del pecado. Sí, Jesús fue valiente y firme, audaz incluso, en el cumplimiento de su misión. Pero su fortaleza y su valentía supieron conjugarse con la prudencia, su audacia nunca fue osadía.

Por eso en los comienzos de su actividad, cuando aún estaba lejana la hora señalada por el Padre, Jesús al enterarse que Juan Bautista había sido encarcelado abandona la Judea y se retira a Galilea. Es la postura de quien camina al paso de Dios, sin precipitar los acontecimientos ni provocar sacrificios inútiles. En ocasiones una huida puede ser una victoria, o el silencio puede ser un gesto de autodominio, una verdadera heroicidad. En la vida hay que guiarse por la razón, sin dejarse llevar sólo por el corazón. Esto no quiere decir que no se ponga empeño, e incluso pasión, a la hora de actuar. Fuertes, valientes, audaces, pero nunca imprudentes ni osados.

Valentía sobre todo para escuchar la voz de Dios y seguirla con generosidad y prontitud. Es muy fácil aturdirse con mil preocupaciones, no pararnos a reflexionar bajo la luz de la fe, no llegar hasta las últimas consecuencias de nuestro amor a Dios. El Señor se acerca muchas veces hasta nosotros, para exigirnos y para darnos, para animarnos a vivir de modo más congruente con el Evangelio. Sí, Dios nos llama a todos y a cada uno de nosotros, a todos nos empuja su amor para contribuir eficazmente a la salvación de todo el mundo.

Reconozcamos que muchas veces somos cristianos sólo de nombre. Nuestras relaciones con Dios se reducen a poco más de media hora en la Misa del domingo. Olvidamos que Dios está presente, cerca de nosotros, en las realidades que vivimos cada momento y que, grandes o pequeñas, constituyen el entramado de nuestra existencia... Dejemos de mirar a ras de tierra, rompamos la frontera estrecha de nuestros intereses personales. Hemos nacido para cosas más altas. Dios nos llama, respondamos con valentía, seamos audaces y generosos en la entrega.


5.- NO LE DEMOS SÓLO UN TROZO DE LA RED

Por Javier Leoz

Inicio de una aventura, la de Jesús, latente en las tres lecturas de la liturgia de este domingo ordinario: “Levántate y vete a….” “El momento es apremiante” “Se ha cumplido el plazo”. Tres frases con sabor a llamada y envío, a redención y desprendimiento: es la hora pública de Jesús, y en su reloj, todos tenemos la nuestra. ¿Qué le respondemos?

1.- Tenemos tiempo para todo menos para lo esencial. Y, con nuestras prisas, dejamos de lado precisamente eso: lo substancial. ¿Por qué la crisis que estamos padeciendo? ¿Dónde están sus causas? ¿Exclusivamente en el factor económico? ¡No! Hay que ir más allá. La sociedad, sus dirigentes, se han empeñado en pervertir las disposiciones de muchas cosas, en ensalzar el “todo vale” y las consecuencias no se han hecho esperar y asistimos a una degeneración en diversos aspectos que, con el Evangelio en la mano, no nos queda otra sino recuperar: volver de nuevo al camino verdadero. Sin miedo a dejar aquellos paraísos personales o sociales que han sido causa de sufrimiento y también de decadencia.

2.- Hoy, en medio de las aguas turbulentas, el Señor nos invita a desenmarañarnos de los caminos que sólo nos conducen a premios efímeros, a promesas falsificadas o ficticias. La conversión que nos propone Jesús es precisamente la que el Papa Benedicto, hace un tiempo, nos sugería: hay que volver a Dios porque, a Dios, lo hemos orillado y la secuela más grave ha sido que hemos caído en un humanismo deshumanizador y deshumanizante o en un deshumanizado humanismo. No es juego de palabras, es así. Sólo cuando pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, clave y mensaje del Reino anunciado por Jesucristo, llegaremos a esa armonía personal, social y universal que muchos se empeñan frívolamente en conquistar al margen de toda referencia a Dios. ¿Es posible alcanzarla sin Dios?

3.- Estamos en un tiempo privilegiado para la fe. La Nueva Evangelización, de la cual se habla tanto, nos exige precisamente eso: desembarazarnos de aquellas redes que han servido en otro tiempo pero que, ahora, se nos quedan cortas o débiles. No olvidemos que, la exigencia a la conversión, sigue siendo la misma. Que las verdades fundamentales de Jesucristo, y guardadas en el Depósito de la Fe de la Iglesia, son inalterables. ¿Dónde fallamos entonces? La prueba de fuego está en el entusiasmo de nuestra vida cristiana ¿Cómo es? ¿Respondemos con generosidad a las llamadas del Señor? ¿Dejamos algo por El? ¿No respondemos, a veces, con unos minutos semanales para la misa y poco más? El Señor, cuando pasó al lado de los discípulos, no les invitó a romper con un trozo de aquellas redes que eran su forma de vida. Les exigió algo más: si creéis en mí, dejadlo todo. Pero con todas las consecuencias. Lo valoraron y, mirando al horizonte del mar y lo que tenían entre manos, comprobaron que Jesús, sus palabras y sus obras, eran un tesoro. Lo que era aparente pérdida lo juzgaron como ganancia. Acertaron de lleno. ¿Es un tesoro para nosotros Cristo?

4.- Dios, porque es bueno y justo, confía en que vayamos cumpliendo con ese programa que se inició en el día de nuestro Bautismo. SI hay plazo para que un artista entregue su obra, para que un profesora acabe una asignatura o para que un pesquero regrese a puerto también los cristianos tenemos un vencimiento para dar muestras de nuestro buen hacer, de que nuestra fe es sincera (no simbólica) y de que nuestras obras y nuestras palabras son un perfecto acorde.

Ha pasado el Señor y, lejos de mirarnos por encima de los hombros, nos mira frente a frente. Nos sienta a su mesa. Nos habla. Nos explica las escrituras y parte para nosotros lo más grande que tiene: su vida.

5.- LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR

Que, ahora más que nunca, tengo ganas de conocerte

y, siguiéndote como lo bueno y noble,

arrojar tantas redes que me convierten en esclavo.

¡Deseo tanto el encontrarte, Señor!

No pases de largo de la orilla de mi vida

y si por lo que sea no te respondo,

no dejes de insistir, Señor.

Tal vez, el ruido de la comodidad,

me impide salir o saltar con rapidez a tu camino

Tal vez, la seducción de lo fácil,

no me deja escuchar la dulzura de tu voz

Tal vez, mi mundo y mis caprichos,

me confunden y me mantienen en un mar sin fondo

en una habitación sin más vida que lo efímero

en una realidad que, mañana, ya no existirá.

 

¡LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR!

Porque tengo miedo de que pases de largo

de que, viéndome tan ocupado en lo mío,

no quieras contar conmigo

Porque tengo miedo de que ilusionado por lo que veo

no distinga lo grande que es tu Reino

Porque tengo miedo de que amarrado en mis redes

no pueda soltarme a tiempo de ellas

y ser libre contigo para siempre.

 

¡LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR!

Que, hoy más que nunca, me siento Iglesia

Que, hoy más que nunca, creo y espero en Ti

Que, hoy más que nunca, quiero dejar algo por Ti

Que, hoy más que nunca, deseo ser pescador

de otros mares y en otros puertos

Como padre o madre, sacerdote o labriego,

profesor o anciano, niño o joven, estudiante o contemplativo

arquitecto o religiosa, obrero o empresario…..

Pero siempre contigo, Señor.

¡Contigo y por tus mares!


6.- “PESCADORES DE HERMANOS”.

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Los que conocen bien el Libro de Jonás saben que se va a lamentar después de que el Señor haya perdonado a los habitantes de Nínive. Por tanto, cuando emprende su predicación cree que no es posible el perdón de Dios ante las muchas maldades que han cometido los ninivitas. Sin embargo, él cumple su misión en la gran ciudad, desconocida totalmente en todos los sentidos por Jonás. Pero las gentes de Nínive escuchan convenientemente la Palabra de Dios y se ponen en situación de reparar sus faltas. Hacen penitencia sincera y toda la ciudad es perdonada.

2.- La primera idea es que Jonás sirve y obedece al Señor en contra de su parecer. No cree que Dios perdone a los de Nínive, pero realiza su pregón. Nos tendríamos que preguntar nosotros si hacemos lo que el Señor quiere, aunque no nos guste. Probablemente, no. Y así construimos, entonces, nuestra acción religiosa en solo aquello que nos gusta o que a nosotros nos parece bien. Es decir, creamos una religión a la medida, que intentamos aplicar a los demás, sin tener en cuenta los mandatos del Señor.

3.- La segunda idea, al respecto, es que el Padre perdona siempre. Solo espera un gesto de arrepentimiento. Ahí está, por ejemplo, la parábola del Hijo Pródigo. El muchacho, que se marchó lejos para derrochar su fortuna, vuelve a su casa más por necesidad que por arrepentimiento. Tiene hambre. Pero el Padre acepta la confesión del primer momento –“he pecado contra Ti”, dice—y su vuelta se convierte en una fiesta. Jonás, asimismo, puede encarnar la figura del hermano mayor del pródigo que no puede admitir que su Padre perdone al irresponsable de su hermano. La enseñanza, pues, que nos ofrece la primera lectura es sencilla y definitiva: Dios perdona siempre y de poco sirven las ideas preconcebidas y justicieras que tengamos nosotros. Es necesario aprender a perdonar siempre, aunque la ofensa cometida nos parezca terrible o de difícil perdón. Perdonemos. Perdonemos siempre. Y como también nos dice Jesús de Nazaret sería mejor que no nos acercáramos al templo, al altar, si llevamos en nuestro corazón el rencor y la ausencia de perdón.

4.- ¿Nos suenan difíciles las palabras de Pablo de Tarso que acabamos de escuchar? ¿Parece que quita importancia a cosas que para nosotros los son? Y, en efecto, podríamos entender que San Pablo minimiza y obvia cosas que son fundamentales. Vivir casados como si no lo estuviéramos; los tristes como si no sintieran esa tristeza, ni los alegres esa alegría. Es raro, ¿verdad? Pero, ¿qué quiere decirnos Pablo? Pues, realmente, es bastante certero lo que señala en ese misterioso párrafo dirigido a los fieles de Corinto. Porque él establece un régimen de prioridades. Y, realmente, comparando todas esas cosas con el Mundo Futuro, con la Eternidad, parece que valen poco. Nuestra convivencia final con Dios es lo más importante que puede haber. Además, Pablo fue un místico, un gran místico.

5.- Y la cercanía de Dios que la mística produce, tiende a crear sentimientos de indiferencia ante todo aquello que no sea el esperado abrazo con el Señor. Es pues muy importante lo que el Apóstol nos dice hoy. Y como otros grandes místicos de la historia su vida es de acción, de viajes, de predicación, sin descanso. Es un místico en la acción. Por tanto hay que entender que reír o llorar con los compañeros, casarse y hasta comprar y poseer son cosas notables y buenas. Dignas de ser acometidas y practicadas. Pero es mucho más importante Dios. Y no es que todo ello sea incompatible. No. Sólo ocurre que Dios es lo principal y su conocimiento lo más importante que podemos tener.

6.- El evangelista San Marcos nos va acompañar durante este ciclo B. Como sabéis cada ciclo –son tres: A, B y C—cuenta con la presencia en las lecturas de uno de los tres Evangelios sinópticos. Marcos es breve en sus textos y muy fuerte en sus ideas. Su concisión hace, según mi punto de vista, que esa vida de Jesús que narra él llegue de manera más simple y fuerte, a la vez, como esculpida en piedra con rasgos y contornos angulosos y pronunciados. Hoy, por ejemplo, en poco más de diez líneas cuenta el contenido de la predicación de Jesús. Anuncia que el tiempo ya se ha terminado y que es necesario convertirse mediante la fe en la Buena Nueva. A su vez refleja con todos los detalles –y muy pocas palabras—la llamada a Pedro y Andrés y a Santiago y Andrés. Son pescadores en el lago de Galilea y serán después “pescadores de hombres”.

7.- Pero, en fin, lo anterior referido a Marcos, sería como la forma. Nos interesa recapacitar un poco sobre el mensaje de Jesús. Importa saber que es Jesús quien nos elige a nosotros. No nosotros a Él. Pensamos muchas veces que la opción que tomamos por el seguimiento de Cristo es una decisión propia y alejada de cualquier complicidad externa a nosotros. No es así. Si somos consecuentes –y miramos con humildad en nuestro interior—descubriremos aquel día en que Jesús nos llamó. No estaríamos junto al lago, aunque tal vez si en el interior de un automóvil, o paseando por la calle, o en el templo, o en cualquier lugar. Hubo una palabra de alguien, una línea de un libro, la risa de un niño o el llanto de una madre que nos inspiró, que nos hizo necesitar, desde ese mismo momento, la cercanía de Jesús: sus palabras, su mensaje, su consuelo. Ese fue el día que nos llamó.

8.- Nos ha dicho también que el tiempo se ha agotado y que debemos convertirnos. Es cierto. ¿Cuánto tiempo llevamos escuchando el mensaje de Jesús sin hacerle caso? Incluso, los que presumen de ser grandes cristianos, si son humildes y coherentes, comprenderán que poco han entendido, que el Reino está muy lejos de ellos, y que lo que saben es útil solo para una pequeña parte de su vida, no para todas las horas del día. Es muy urgente que nos convirtamos, porque si lo hacemos de corazón, podremos llevar la Buena Nueva a nuestros hermanos más necesitados de ella. No hay tiempo que perder, porque cada vez hay más personas ignorantes de lo que es el Camino, la Verdad y la Vida que nos da Cristo. Y me parece que cada vez hay más personas que apenas saben nada de Jesús, salvo algunos tópicos mal aprendidos. De ahí la urgencia de convertirnos y creer en el Evangelio. Los demás nos necesitan.

9.- El epílogo, a modo de resumen, de lo que nos enseñan las lecturas de este tercer domingo del Tiempo Ordinario supone algo sencillamente importante. Hemos sabido, por el Libro de Jonás, que Dios perdona siempre. Y siempre es siempre, no ciertas veces. Pablo nos muestra una prioridad por las cosas de Dios, por la cercanía del Señor, comparado con lo cual lo demás –aun lo importante—pierde valor. Y Jesús, nuestro Maestro, nos urge a convertirnos y a creer en Él y en lo que anuncia. Y hemos de saber que nos será más fácil de los que creemos: Él nos va a llamar por nuestro nombre y nos dirá lo que tenemos que hacer para ser “pescadores de hermanos”. Si le escuchamos bien, las dificultades no tendrán importancia. Reflexionemos pues esta semana en estos tres puntos que forman un caudal de conocimiento notable para seguir construyendo el Reino de Dios dentro de nosotros.

10.- Y antes de terminar un brevísimo comentario sobre la visita del Papa Francisco a Filipinas… ¡Qué entusiasmo y devoción! Merece la pena reflexionar sobre los muchos mensajes que el Santo Padre dejó en esa tierra colonizada y evangelizada por españolas. La fe y la adhesión al Obispo de Roma ahí continúan. Y es curioso que el papa Bergoglio se dirigió a las multitudes muchas veces en español, idioma que hoy ya no hablan los filipinos --tagalog e inglés, ahora—pero que sin duda entienden.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


NADA DE WHATSAPP O SEMEJANTES: CONTACTO PERSONAL

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- La pasada semana, la liturgia dominical había encabezado la lectura evangélica que este año será del texto de Marcos, incluyendo un relato de Juan, en el que el encuentro de los primeros discípulos con el Maestro tenía mucha hondura humana. Recordémoslo de nuevo. Convivieron, Juan y Andrés, con el Maestro un día en su domicilio, que, dicho sea de paso, ninguno de ellos contó cómo era. El único eco que tuvo, resuena en su comportamiento posterior: con Él uno se sentía bien. No hay que olvidar estos detalles, antes de continuar con el relato de hoy.

2.- Todos sabéis, mis queridos jóvenes lectores que hay inventos que deslumbran y entusiasman y posteriormente se abandonan. Su vigencia puede ser corta o larga, pero es superada o se vuelve a anteriores procederes. Estamos viendo que las sencillas bombillas incandescentes, de filamento de wolframio incandescente en el vacío, es superada por la que luce en atmosfera enrarecida de yodo, entre otras mejoras, de las que llamamos halógenas y de inmediato contemplamos las ya omnipresentes electrónicas, o las de Led, que van arrinconando a las anteriores. Sentimos cierta nostalgia por las que inventó T. Edison y han alumbrado durante tanto tiempo (y aun alumbran hoy, no se olvide). Pero ¿Quién se acuerda de los cristales de galena, corazoncito de nuestros primeros receptores de radio personales? ¿O de los faroles de petróleo que iluminaban tenuemente nuestros campamentos veraniegos? ¿O de las plumas estilográficas, que llenaron tantos cuadernos de apuntes? Algunos de vosotros, seguramente, ni siquiera sabréis de lo qué os estoy hablando, en algunos casos.

3.- El título de esta mi aportación de hoy, quiere ser provocativo. No ignoro el valor de los sistemas de comunicación rápidos y baratos de los que disponéis ahora vosotros, pero temo que no tengáis en cuenta sus limitaciones. Yo siempre recuerdo el testimonio de León Bloy, mi gran admirado ogro místico. Vivían en Paris, se encontraban paseando cada día, él y su enamorada, pero, posteriormente a este rato, se escribían cartas. Nos han llegado con el título de “cartas a su novia” las del escritor. Las que le dirigía ella, que yo sepa, no. Pero León se refiere a ellas en sus misivas. Eran relaciones profundas, comprometedoras, simultáneas o complementarias a sus conversaciones. También, y mucho más, las de Jesús con los apóstoles. En aquel tiempo, casi nadie sabía escribir. En el entorno de Jesús, Juan y seguramente Leví, serían los únicos capaces de leer y escribir. Ni existían tres correos que se repartieran diariamente, como en tiempos de L. Bloy, ni los e-mail que ahora nos permiten casi instantáneamente recibir correos desde próximas o lejanas tierras y ser buzones abiertos permanentemente.

4.- Al Maestro esto no le importaría, sabía dedicar tiempo suficiente para compartir con quien a Él se le acercase o le siguiera. Lo corrobora el encuentro con el intelectual Nicodemo y las largas confidencias del Cenáculo que nos trasmite el texto de Juan, amén de los posteriores tormentosos de su agonía en el huerto de Getsemaní.

La primera enseñanza que debemos sacar hoy es que es preciso entablar una relación personal con el Señor y estar dispuesto a escuchar su llamada, de la manera y contenido que sea y afrontarla con docilidad. Nos exija lo que quiera Él exigirnos. Lo segundo que aprendemos es que toda elección supone una renuncia. Seguir a Jesús implicó dejar las redes, su negocio, su oficio. Y los Apóstoles fueron capaces de hacerlo.

5.- Yo no sé qué pensáis de la canción “pescador de hombres” algunos creen que ya está manida, hace poco en la misa papal del 12 de diciembre, la escuché muy bien interpretada, y a mí me gusta mucho. Por la orilla del Lago de Genesaret o cruzándolo, en la habitual travesía que el peregrino hace, oigo en mi interior: “Tú me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre…” era algo parecido y lloro emocionado, y le vuelvo a decir sí, que sí. Pero también me pasa en otros momentos. Hace pocos días iba yo por una anónima calle muy de mañana. Era Navidad, de repente, me vino a la mente las palabras de Santa María: “me alegro en Dios mi salvador…” y también lloré de emoción contento y me propuse seguirle con más cercanía… Vosotros, mis queridos jóvenes lectores, también pasaréis por momentos semejantes. Imitadles y dejando las redes que a vosotros os atrapen, proponeos seguirle, no lo dudéis.

5.- La segunda lectura, el texto de San Pablo a los de Corinto, no tiene desperdicio si sabemos referir el contenido a nuestro contexto. En vez de los ejemplos que el apóstol pone, traducidlos a realidades vuestras, como inquietudes y pertenencias a corrientes políticas, a adhesiones a deportes o sus clubes, a cursos y cursillos a los que tan aficionados son los de hoy, con el deseo de que amplíen acudiendo a ellos sus porvenires profesionales, Adherirse a estos valores, positivos sin duda, pero limitados, con la intensidad que solo exigen los supremos, dificulta mucho el progreso en la Fe, la Esperanza y la Caridad. Al acabar una manifestación multitudinaria ¿se os ocurre entrar en una iglesia a rezar fervorosamente? Es un ejemplo de termómetro espiritual que os podéis aplicar.