IV Domingo de Pascua
22 de abril de 2018

La homilía de Betania


 

1.- NUESTRA RESPUESTA AL BUEN PASTOR

Por Gabriel González del Estal

2.- NOS LLAMA A SEGUIRLE

Por José María Martín OSA

3. - TRAS LAS HUELLAS DEL BUEN PASTOR

Por Javier Leoz

4.- EL SEÑOR HA QUERIDO UN SOLO REBAÑO Y UN SOLO PASTOR

Por Antonio García-Moreno

5.- UN SOLO REBAÑO, UN SOLO PASTOR Y DOS JORNADAS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


CARIÑO

Por Pedrojosé Ynaraja


1- NUESTRA RESPUESTA AL BUEN PASTOR

Por Gabriel González del Estal

1.- Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas… las conozco y las mías me conocen… tengo además otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que atraer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Para todos nosotros, los cristianos, es evidente que Cristo es nuestro buen pastor. Eso no lo dudamos nadie y no es necesario insistir en ello. La pregunta que debemos hacernos cada uno de nosotros hoy, yo creo que debe ser: ¿yo vivo y me comporto realmente como oveja del rebaño de Cristo? Es decir: ¿realmente vivo para los demás?; ¿estaría dispuesto a dar mi vida por ellos?; ¿trato de conocer al prójimo con el que convivo?; ¿me preocupo, en la medida en la que me es posible, de otras personas con las que no convivo, pero sé que necesitan mi ayuda? Espontáneamente, todos vivimos para nosotros mismos, antes que para los demás. Probablemente, esto es algo irremediable, porque nos impulsa a ello nuestro egoísmo original y nuestras tendencias irremediables a cuidarnos a nosotros mismos. Pero, junto a este egoísmo original y a nuestra tendencia natural a cuidarnos a nosotros mismos, debe estar siempre ahí nuestra voluntad cristiana de hacer todo lo posible por los demás. No sólo por los familiares, amigos y personas más conocidas, sino por toda persona que necesite de nuestra ayuda, sea una ayuda presencial, o, simplemente, una ayuda a distancia, a través de la oración, la limosna, o cualquier otra clase de acción social posible. Lo que nunca puede hacer un cristiano, un discípulo del buen Pastor, es vivir egoístamente, sólo pensando en sí mismo, sin atender activa y eficazmente a todas las personas a las que él pueda ayudar, de la manera que sea. Esta debe ser nuestra respuesta al buen Pastor: tratar de imitarle en la medida en que podamos. No será nunca suficiente admirar las virtudes de Cristo como buen Pastor, si nosotros no vivimos realmente preocupados por seguirle e imitarle, dentro de nuestras posibilidades. En este domingo del buen Pastor todos nosotros, los cristianos, debemos hacer el propósito firme de hacer de nuestra vida una vida generosa y comprometida, religiosa y socialmente, con el mundo y sociedad en la que vivimos. Si no lo hacemos así, no estaremos celebrando cristianamente el domingo del buen Pastor.

2.- La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Este discurso que el autor de Hechos pone en boca de Pedro, después de que este hubiera curado a un inválido en la Puerta Hermosa del templo de Jerusalén, va dirigido a los jefes del pueblo y ancianos de Israel. Pedro habla lleno del Espíritu Santo y les dice que al que ellos crucificaron, a Jesús, es aquel a quien Dios resucitó de entre los muertos, el único que puede salvarnos a todos, por lo que se ha convertido en la piedra angular que desecharon los arquitectos. La pregunta que debemos hacernos nosotros ahora, ante estas palabras de Pedro, y del salmo 117, es si realmente Jesús es para nosotros la piedra angular del edificio de nuestra fe. Jesús como palabra de Dios, como nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida espiritual. Esto es fácil decirlo, pero es difícil vivir de acuerdo con esta verdad, porque diariamente son otras muchas las cosas, noticias y acontecimientos, que ocupan nuestra atención y, en gran parte, dirigen y gobiernan nuestra vida. Sin dejar de ser hombres y mujeres de nuestro tiempo debemos vivir como cristianos, ocupados y preocupados por ser fieles en todos nuestros pensamientos, palabras y obras, al evangelio, es decir, a la vida y al mandamiento de Jesús.

3.- Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!... cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es. Seremos semejantes a Jesús, nuestra piedra angular, y seremos semejantes a Dios, nuestro Padre. Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza por amor; por tanto, nosotros sólo por amor y en el amor, podremos llegar a ver algún día a Dios tal cual es. Esta es nuestra gran esperanza, nuestra esperanza teologal, una esperanza que es la que debe sostenernos en todos los momentos de nuestra vida. La vida humana muchas veces es frágil, dolorosa e ingrata, y es precisamente en estos momentos cuando más fuerte debe mostrarse y actuar nuestra esperanza cristiana. Sin esperanza cristiana no puede haber vida cristiana, una esperanza cuya alma viva debe ser el amor. El amor no puede pasar nunca, porque si falta el amor cristiano no puede haber esperanza cristiana, ni vida cristiana. Sólo en el amor y por el amor podemos ser ahora transitoriamente hijos de Dios, y sólo en el amor y por el amor llegaremos a ver un día a Dios tal cual es. Esta es nuestra esperanza cristiana.


2.- NOS LLAMA A SEGUIRLE

Por José María Martín OSA

1.- Noticia gozosa. En ningún otro existe la salvación, sólo en Jesucristo, el Resucitado, así concluye el discurso del apóstol Pedro en los Hechos de los Apóstoles. Esta es la noticia gozosa que nos hace cantar con el salmista “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Grande por cierto es la misericordia de un Dios que nos ha hecho este don de ser hijos de Dios. Dice Juan en su Primera Carta que “somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos; sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es”. San Agustín comenta que “si quieres conocer aquello a lo que serás semejante, si quieres conocer a aquel a quien serás semejante, mírale, si puedes. Aún no puedes. Desconoces a aquel a quien serás semejante; en consecuencia, desconoces en qué medida serás semejante a él. Desconociendo todavía lo que es él, desconoces lo que serás también tú”. Por tanto, intenta conocer a Jesucristo, ten experiencia personal de él y podrás imaginar cómo será tu vida cuando estés junto a él en la eternidad.

2.- El verdadero guía. La imagen del Buen Pastor es muy querida por las primeras comunidades cristianas. El Buen Pastor “da la vida por las ovejas". Sin haber cometido pecado sufre la pasión por nosotros, carga con nuestros pecados, sube al leño para curarnos. Nos defiende de todo peligro, no perecemos y nadie puede arrebatarnos de su mano. No hay otro guía que nos conduzca por verdes praderas y nos dé la vida eterna. Preguntémonos, ¿a quién seguimos?, ¿quién es nuestro pastor?, ¿qué voces seguimos? El Señor nos advierte sobre los falsos pastores, que se aprovechan del pueblo, se apacientan a sí mismos. Por sus frutos les conoceréis…

3.- Dios sigue llamando. Celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, con el lema “Tienes una llamada, extraído del mensaje del Papa para la Jornada. Dios sigue llamando a los jóvenes, la vocación de especial consagración es una alternativa de vida apasionante, que nada tiene que envidiar a la que ofrecen las mejores compañías del mundo. Con la metáfora del mundo empresarial, se avisa a los jóvenes de que pueden recibir la llamada del “jefe” más importante del mundo, que les ofrece trabajar en una “compañía” con presencia internacional, que siempre cotiza al alza, y que afronta desafíos para cambiar la vida de muchas personas. Los objetivos de esta campaña son por un lado, que los jóvenes entiendan la llamada vocacional como algo que puede suceder en su vida, y la vocación como un camino de vida válido. Por otro, que la comunidad cristiana y la sociedad en general promuevan estas vocaciones con la oración y el acompañamiento, y finalmente de colaborar económicamente en la formación de las vocaciones que surjan en países de misión.

3. - TRAS LAS HUELLAS DEL BUEN PASTOR

Por Javier Leoz

--No siempre, tener los mismos sentimientos de Jesús, es fácil

--No todos los días, brindar el corazón de Jesús como Él lo hace, resulta cómodo

--No resulta gratificante, en una sociedad permisiva, excesivamente hedonista y caprichosa, indicar senderos que nos llevan a una vida sobria o austera.

1.- Seguimos, en este tiempo de la Pascua, atónitos y deslumbrados, por los fulgores de la Resurrección de Cristo.

Antes de su resurrección ya nos dejó muchas pistas para que pensáramos qué significaba ser cristianos o discípulos suyos.

No podemos quedarnos exclusivamente en el ser buenos, en afanarnos por un mundo mejor, en compartir algo de lo nuestro (eso lo puede realizar cualquiera que no sea creyente) para afirmar que nuestra vida cristiana ya es “como Dios manda”. Hay que ir más allá.

El Buen Pastor, Jesús, espera nuestra adhesión hacia Él. Implica el dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. Tres huellas, del Buen Pastor, nos pueden ayudar a no alejarnos de Él:

La Palabra: nos ilumina. Nos anima en tiempos de dificultades. Nos rescata de atolladeros en los que, por diversas circunstancias, nos hemos metido. La Palabra del Buen Pastor es siempre segura, certera, sabrosa. No escucharla nos lleva, en la mayoría de los casos, a un desconocimiento total de la personalidad y de la misión de Jesús.

La Oración: con la oración, el Buen Pastor, se relaciona personalmente con cada uno de los miembros de su rebaño. Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida. Con la oración sentimos la necesidad de entrar en diálogo con Aquel que nos ama, que nos comprende y que nos quiere tal y como somos.

La Eucaristía: sin ella, los amigos de Cristo, nos debilitamos. El cristiano que no vive ni participa de la eucaristía corre un serio riesgo: ser un simple borrego. Se deja ordenar por lo dictados del mundo. Se alimenta exclusivamente por otros alimentos perecederos que la sociedad ofrece, para embellecer el cuerpo o agradar el paladar, pero en detrimento de la belleza del espíritu o del alma.

2.- En un tiempo en el que escasean tanto los líderes, necesitamos de Alguien que presida y motive nuestra existencia. Que nos reconozca con nuestro propio nombre y apellidos. Que nos trate con cierta dignidad y delicadeza. Como Jesús nada ni nadie.

Será difícil alcanzar la meta que Jesús nos propone. Será ardua la tarea de que, los pastores que dirigen la Iglesia, seamos tal y como Jesús se nos mostró. Pero siempre nos quedará el empeño de no abandonar cuando “tantos lobos” intentan apagar la voz de la verdad de Dios y, otras veces, arremeter contra los pastores que –con pecados y virtudes- intentan/intentamos orientar la vida de nuestras comunidades cristianas.

Demos gracias al Señor, en este Domingo IV de Pascua, porque sigue encabezando nuestro peregrinar por esta tierra e, incluso, dando la vida por cada uno de nosotros.

Os pedimos, en este Día del Buen Pastor, una oración por nosotros (por los sacerdotes). Grande la misión que nos ha encomendado el Señor, y muy frágiles en muchas ocasiones nuestras fuerzas. Por nuestras debilidades, pecados e inseguridades.

3.- ¡CUANDO MAS TE NECESITO, SEÑOR!

Te asomas, despertándome de mi letargo cristiano

y me pones en guardia frente a tantas cosas

que debilitan y distorsionan mi amistad contigo.

 

CUANDO MÁS TEN NECESITO, SEÑOR,

eres cayado en el que me apoyo para sujetarme

 nunca caer y siempre levantarme.

Cuando, veo que mi nombre se pierde el abismo,

suena tu voz clara y nítida: ¡AMIGO!

Y, compruebo una y otra vez,

que eres Pastor que guarda mis pensamientos en el día

y hasta vela mis sueños entrada la noche.

Sí; Jesús.

Siempre surges en el momento oportuno.

Conoces mi vida como nadie,

y, a pesar de estar tan llena de briznas,

la pones sobre tus hombros

para, una y otra vez, redimirla de sus pecados y dolencias.

Y es que, Tú, Señor,

como Pastor diligente, oportuno y puntual

te haces el encontradizo cuando más te necesito

Si, debilitado por mis esfuerzos, pienso en el abandono

me elevas sobre tus hombros

me cubres con tus brazos

y me rodeas con tus Palabras de liberación

Si, paralizado por mis errores, miro al fracaso

susurras palabras de consuelo a mis oídos:

¡Yo estaré contigo todos los días!

 

Y ES QUE, TÚ, SEÑOR,

como Pastor que conoces mis atajos y mis dudas

te presentas cuando más te necesito.

Si, confundido por mil ideas, temo desertar

me confirmas en la fe verdadera: ¡YO SOY!

Si, añorando poder y riquezas,

dirijo mis ojos hacia el escaparate del mundo

me llevas ante el tesoro de tu amor.

 

Y ES QUE, TÚ, SEÑOR,

como Pastor, no quieres que –aun siendo débil oveja-

me pierda y me vaya lejos de tu rebaño.

Por eso y por tantas cosas, Señor,

te doy gracias

bendigo tu nombre

avanzo en tus sendas

proclamo tu Palabra

y, hoy como ayer, te digo:

 

¡TÚ ERES EL BUEN PASTOR!

Apareces siempre

cuando más te necesito

Amén.


4.- EL SEÑOR HA QUERIDO UN SOLO REBAÑO Y UN SOLO PASTOR

Por Antonio García-Moreno

1.- PALABRAS AVALADAS POR LOS HECHOS. - Había un revuelo que no acababa de calmarse, unos hombres siguen hablando de Jesús de Nazaret, al que los jefes del pueblo habían ajusticiado por falso Mesías... Pero lo sorprendente es que no sólo son palabras las que anuncian semejante noticia. Unos signos prodigiosos confirman la doctrina que predican y, lo que, es más, una vida de heroísmo y de entrega total ratifica el mensaje que proclaman.

En este pasaje es la curación de un cojo de nacimiento, de un pordiosero de cuerpo retorcido, que repetía monótono su cantinela de pedigüeño. Pedro le dijo simplemente: "No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, anda". Y el milagro se produjo. Era increíble, en nombre de Jesucristo el Nazareno, en nombre del que había muerto recientemente en una cruz, como un malhechor cualquiera.

Pedro, lleno del Espíritu Santo, responde con claridad y fortaleza. Y nada menos que ante el Sanedrín, el Tribunal Supremo de Israel. Una confesión valiente y decidida, tan distante de sus pasadas negaciones ante una esclava y un grupo de siervos. Pedro, el Vicario de Cristo, hablaba con libertad, con una claridad meridiana... Hoy también es preciso que resuene la voz de Pedro, con claridad y energía. Vamos a pedirle a Jesús que ilumine y fortalezca, también hoy, al Pedro de nuestro tiempo. Para que siga hablando con voz tan firme y clara que disipe tanta oscuridad como nos circunda.

La piedra angular, la que cierra el arco, la que hace de cuña, la que contrarresta las dos fuerzas contrarias del ángulo curvilíneo, la que sostiene, la que culmina. Piedra fundamental y particularmente preciosa. Eso es Cristo para la salvación de los hombres, para la liberación de su pueblo... Pero vino al mundo y el mundo no le conoció; vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Pobre hombre, qué torpe eres. Pobre israelita, qué ignorante. Tanto tiempo deseando que llegara el que había de venir, y cuando llega le rechazas, le desprecias, le crucificas.

"Y no hay salvación en ningún otro; pues ningún otro nombre debajo del cielo es dado a los hombres para salvarnos". No hay otro camino que Cristo, no hay otra piedra angular. Sólo Él puede salvar al hombre, sólo Él puede sostener el edificio de nuestra vida personal. Esa vida que tantos vaivenes sufre, esa vida capaz de las mayores alegrías y de las más profundas amarguras. Cristo es nuestro consuelo, nuestro refugio, nuestra solución clara y definitiva. Todas las demás serán siempre soluciones provisorias, un pequeño remiendo para tapar de momento un roto.

Llena tú, Señor nuestro, esta vida tan sin sentido a veces. Remata este arco de nuestra existencia, contrarresta con tu presencia estas dos fuerzas contradictorias que a menudo desgarran nuestra vida. Sé nuestra piedra angular, culmina la armonía y la belleza de este edificio tan complejo de la vida humana.

2.- UN SOLO REBAÑO. - Jesús se nos presenta como el Buen Pastor. No dice un buen pastor sino el Buen Pastor. Ya el profeta Ezequiel, cuando hablaba de los malos pastores de Israel, vaticinó un pastor único que, a diferencia de aquéllos, se preocupe de apacentar a las ovejas, sea el fiel sucesor de su padre David que arriesgaba su vida por salvar el rebaño de las fieras del campo. Jesús llegará más allá todavía. Él no se limitará a arriesgar la vida por su grey, él morirá por salvarla. Por eso nos dice en este pasaje: Yo doy mi vida por las ovejas. En realidad, desde que nació fue entregando su vida por los hombres, día a día iba desgranando su existencia para ayudar a los demás, hasta gastarse del todo en la Cruz.

Pero aquel momento no fue el final. Podríamos decir que fue más bien el principio, el comienzo de una nueva era, la del tiempo mesiánico. Por eso ahora nos vuelve a decir el Señor que da su vida por nosotros. Para esto está presente en la Eucaristía, para ser nuestro alimento y nuestro mejor compañero de camino, para inmolarse como Víctima expiatoria y propiciatoria en el Santo Sacrificio de la Misa. Sí, Jesús sigue vivo y sigue entregándonos su misma vida, para que sea la suya y no nuestra vida la que nos anime y nos impulse a ser sus discípulos fieles, ovejas de su rebaño que conocen su voz, la escuchan y le siguen.

El Señor dice que tiene, además, otras ovejas que no son de este redil. Jesús piensa en las que están fuera, esas que se han extraviado y a las que es preciso ir a buscar y traerlas al mejor redil, el único donde hay seguridad y salvación. Es esa una verdad insoslayable. Es cierto y lógico que a quienes no pertenecen a la Iglesia católica les moleste que digamos que es la única verdadera. Muchos de ellos no admiten ni tan siquiera que haya de haber una sola Iglesia y consideran que la Verdad se encuentra repartida y que nadie se puede arrogar el monopolio sobre esa Verdad. Sin embargo, el Señor ha querido un solo rebaño y un solo pastor. Es cierto que el hombre, ninguno, puede arrogarse ese privilegio de formar el verdadero reducto de salvación, pero también es evidente que Jesucristo ha podido, y lo ha hecho, fundar una sola Iglesia y que fuera de ella no sea posible la salvación.

Demos gracias por estar dentro del redil de Cristo, sin mérito alguno por nuestra parte. Hagamos cuanto podamos para que todos vengan a este redil. Recemos a Dios por la unidad de todos los cristianos, de todos los hombres. Recitemos la oración del mismo Jesús: Que todos sean uno, que todos aceptemos la voluntad del Señor que ha querido, y quiere, que haya un solo rebaño y un solo pastor.


5.- UN SOLO REBAÑO, UN SOLO PASTOR Y DOS JORNADAS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Este Domingo Cuarto de Pascua la Iglesia conmemora, con toda la Alegría, a Jesús de Nazaret como Único Pastor del rebaño universal de los hermanos y hermanas que viven y trabajan inspirados por el Evangelio de Jesús. Pero también celebra la jornada, pontificia y mundial, por las vocaciones. A su vez, la Conferencia Episcopal Española hace coincidir con esa fecha del 29 de abril, la Jornada por las vocaciones nativas, que comanda, asimismo, la Obra Misionera Pontificia. El Papa Francisco ha escrito un mensaje para la celebración de la Jornada de las Vocaciones que nos plantea el lema de “Escuchar, discernir, vivir la llamada del Señor”. Hemos de tener en cuenta las dos celebraciones. Y decir que la página de Noticias de Betania incluye el mensaje, en texto íntegro, del Papa y que se publica un editorial aludido a la jornada de las vocaciones y a la celebración de las vocaciones nativas. Estos textos pueden servir, obviamente, para completar los comentarios homiléticos.

2.- En las lecturas de hoy se testimonia la importancia de Jesús Resucitado, una semana más. Pedro sigue dando –en el fragmento de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de oír— muestras de valentía al defender la Resurrección de Cristo y la falta de dirigentes y pueblo judíos que fueron responsables de la ejecución del Salvador. El texto de los Hechos en continuación del de la semana pasada y recoge las consecuencias de un milagro que asombró a toda la ciudad de Jerusalén.

3.- En la Carta del Apóstol Juan se habla claramente del amor del Padre que nos ha llevado a ser sus Hijos, por la gracia de Jesucristo. Y hay una promesa de enorme transcendencia San Juan nos dice que “veremos a Dios tal cual es, porque seremos semejantes a Él”. Es una promesa de eternidad y de salvación que debe estar muy presente en nuestro ánimo, sobre todo en los momentos difíciles, en esas situaciones que parece que todo el mundo se hunde bajo nuestros pies. La promesa de ver a Dios y “verle tal cual es” es de una grandeza inimaginable, pero ahí está y así se producirá.

4.- Y en cuanto al evangelio –también del Apóstol San Juan— en él, el mismo Jesús nos marca un estilo de vida que no es fácil, que no es como el deseo de placer o de riquezas nos presenta. Hemos de preferir la puerta estrecha a esa otra más ancha, más brillante, más llena de oropel. Esa es la elección que tenemos que hacer para pertenecer al único rebaño posible, porque es el auténtico. Dicho rebaño ha tomado carta de naturaleza en la creación porque el único Pastor, Jesús, dio su vida por las ovejas de, precisamente ese rebaño. Hemos de pensar en ello y tenerlo siempre muy presente, no dando demasiada importancia a las peticiones de liderazgo de muchos, situados, sin duda, en el quicio de las puertas anchas.

5.- ¿Por qué hay tantos rebaños, cuando solo tenemos un Pastor? La desunión de las Iglesias, los cismas, las reformas y las contrarreformas es un todo incomprensible que produce no poco escándalo a los cristianos. Y, sin embargo, ahí está sin aparente solución posible. La Iglesia católica abrió, a partir del Concilio Vaticano II, un camino firme y realista hacia el Ecumenismo. Y centró al problema al señalar que la oración dirigida a Dios es el mejor camino. Luego, estará naturalmente el esfuerzo de cada uno y el camino conciliador de los líderes religiosos.

6.- Hay que interpretar que la desunión llegó por el pecado y que siempre hubo factores políticos que provocaron o agudizaron la separación. Serán esos factores los primeros que deben ser eliminados para enfrentarse exclusivamente a los de naturaleza estrictamente religiosa y espiritual. Un solo Pastor y un solo rebaño. Las palabras de Jesús en el Evangelio de San Juan marcan –como decía— una dirección ineludible y así es muy grave contribuir a la desunión. Este último punto también debería ser meditado cuando nos enfrentamos los mismos católicos por razones de progresismo o conservadurismo, por pertenecer a este movimiento o al otro, etc. De hecho, si dentro del Rebaño de Roma andamos divididos y suspicaces los unos con los otros, no parece raro que, históricamente, se hayan producido tales brechas entre los cristianos. Se dijo al principio de este tercer milenio que comenzaría un tiempo de hermandad entre todos. Se añadía iba a ser un tiempo de espiritualidad, entendimiento y sosiego. Han pasado 18 años desde el inicio del Tercer Milenio y parece que las cosas no han cambiado y, desde luego, no parece que vayamos a mejor en esto de la fraternidad y el ecumenismo. Pero un milenio son diez siglos. Mil años. Y sólo acabamos de comenzar su recorrido. Tal vez esas posibilidades que el anterior Pontífice, el Beato Juan Pablo II, profetizó, terminen por cumplirse. Ojalá sea así. Amén.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


CARIÑO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Las palabras que a uno le dirige cualquier persona pueden engañarte. Pese al significado que tengan oficialmente, siempre es posible que no sean sinceras. Las caricias y galanteos, nadie puede estar seguro que no engañan. La actitud general y la mirada, difícilmente mienten.

Jesús se define como amigo en cierto momento. “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. (Jn 15 13). Seguramente que cuando los apóstoles lo oyeron, se sentirían satisfechos.

2.- En ciertos momentos el amor del padre/madre y su ternura, nos consuela y reconforta. Ahora bien, ninguno de estos son suficientes, en según qué circunstancias. Los amigos, la familia, el enamorado/enamorada, no pueden sacarnos de ciertos apuros que nos envuelven en algunas ocasiones adversas. Precisamos alguien con poder para intervenir, amparar y solucionar, en aquella situación que nos desalienta. Buscamos y nos refugiamos en alguien que quiera protegernos y que pueda protegernos. Buscamos alguien influyente, capaz, voluntarioso. ¡cuantos se han salvado en un cierto momento al haber conseguido encontrar un protector!

3.- En el ambiente en que se desenvolvía Jesús con sus apóstoles, una figura emblemática era el pastor. Aún ahora cuando miramos por las extensiones del desierto de Judá y vemos un rebaño con su pastor en medio, nos complace la estampa. Delante van las ovejas y corderos. Comen lo que pueden. Detrás las cabras que arrancan y se zampan todo lo que pueda quedar, sin saber nadie cómo. Es una estampa bucólica, pero hay algo más, que solo estando cerca se observa. El pastor protege, pese a casi ni moverse y su rebaño lo sabe. A la menor señal de peligro, todo él se acerca. Y si algún animal se hace daño, se deja curar pacientemente por el pastor.

 4.- Lo que os he contado lo he visto muchas veces, cerca de Jericó, camino del sur, por el desierto del Neguev. También a los pies del monte Tabor. Pero en mi caso ya tenía experiencia de la delicada actitud del pastor para con sus reses, antes de ir a Tierra Santa. De pequeño, uno de mis tíos era labrador y al atardecer veía como llegaban a su casa todas sus reses y como yo era el sobrino de mi tío y venía de la ciudad, los pastores, cuando habían entrado en el corral, me enseñaban algunas ovejas y corderos. Para mí todos eran iguales, para ellos, no. Conocían una por una a las corderas y las cabras. Distinguían mucho mejor que yo los carneros y los machos cabríos. Ser pastor es una ocupación muy singular.

5.- Pese a que os he descrito recuerdos de infancia, mis queridos jóvenes lectores, sé que continúan siendo igual estas características, estas virtudes. Los medios nos lo notificaban hace pocos días. Por tierras de la Península, muchos ríos se han desbordado y se han destruido carreteras y caminos. Un pastor que le cogió la tempestad en descampado, quiso salvar a su rebaño, sin lograrlo, pero no lo abandonó, quiso protegerlo y en el empeño encontró la muerte. A los mataderos, los establecimientos donde se sacrifican las reses siguiendo un protocolo establecido, para el consumo humano, no acuden pastores a realizar tal faena. El hacerlo sería superior a sus fuerzas.

6.- Jesús se define como pastor bueno. Es una actitud muy significativa. Debéis saber, mis queridos jóvenes lectores, que, pese a lo que os he explicado, también existían y existen malos pastores que han llegado al oficio por veredas torcidas. Cada pastor se ocupa de su rebaño, sí, pero mira con amor a los otros rebaños. La mirada del pastor, su ensueño, siempre imagina con simpatía al ganado que quisiera tenerlo a su lado.

7.- Por un cierto tiempo, vivió en mi casa un pastor que había sufrido un grave accidente y que estuvo a punto de morir. En su larga convalecencia, siempre estaba cavilando con el rebaño que un día podría volver a pastorear. Cuando conmigo iba de viaje, se le iban los ojos a cualquier rebaño que pudiera distinguir por el paisaje. Podía sentirse deprimido, pero al ver ganado se le pasaban todos los males.

8.- Al Señor también al contemplarnos, al observar a tantos hombres que viven alejados le entran grandes deseos de agruparnos y protegernos. Nunca olvidemos el gran aprecio que nos tiene. Y si en aquel tiempo y aquel paisaje se definió como pastor en otra época y en sociedad distinta, dijo que tenía buen corazón, que amaba con ternura.

(Y si, por ventura o desventura, ninguna de estas imágenes simbólicas os gusta, recordad que también hablo de su gran misericordia. Lo que sería más lamentable es que pensaseis que no necesitáis ni necesitaréis nunca ninguna ayuda. Tamaño desatino os llevará a la ruina. La representación del Buen Pastor es muy propia del arte paleocristiano, escultórico o en decoración de murales. Contemporáneamente encontramos la pintura de la Divina Misericordia, el contenido es el mismo y el que no debemos nunca olvidar: Jesús nos ama con ternura, con cordialidad, con cariño)