Domingo de Pentecostés
19 de mayo de 2013

La homilía de Betania


1.- LA CENICIENTA DE LA TRINIDAD

Por José María Maruri SJ

2.- EL ESPÍRITU SANTO ES VIDA DEL ALMA CRISTIANA

Por Gabriel González del Estal

3.- LA FIESTA DE LA COMUNIDAD

Por José María Martín OSA

4.- TESTIGOS DE LA FE EN EL MUNDO

Por Pedro Juan Díaz

5.- EL ESPÍRITU AUMENTA EL VALOR Y EL CORAJE

Por Antonio García Moreno

6.- ¡ES NUESTRA HORA!

Por Javier Leoz

7.- LA LLEGADA DEL PARÁCLITO

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


MENSAJE-HOMILÍA PARA PENTECOSTÉS

Por Pedrojosé Ynaraja


En la festividad de San Isidro

LA FE… ERA SU MOTOR

Por Javier Leoz


1.- LA CENICIENTA DE LA TRINIDAD

Por José María Maruri SJ

1. - Quizás hayáis leído alguna vez este cuentecillo indio. Dice que Dios, que tiene buen humor, quiso jugar al escondite con el hombre y se puso a discutir con sus consejeros dónde estaría mejor escondido: Hubo opiniones para todos: que si en el bosque, que si en el fondo del mar, hasta que si en un cajón de un armario. Pero el más anciano y sabio de sus consejeros le dijo:

-Señor, escóndete en el corazón del hombre. Es el último sitio donde se le ocurrirá buscarte.

El Espíritu Santo es el Dios escondido y hasta ignorado. Diría yo, que la Cenicienta de la Trinidad. Siendo indispensable para la vida del hombre y de la Iglesia es el menos protagonista, como suelen ser las amas de casa que sólo se les nota cuando faltan. En japonés a la esposa, ama de casa, se le llama Oku-sama. Que significa la señora que está dentro, la que no aparece, pero que verás si se declara en huelga.

2. -También el Espíritu Santo es el Señor que está en el interior. El que no aparece. El que habita en el corazón del hombre, donde rara vez el hombre le busca.

Antes buscamos a Dios en los montes, en el mar, en una maravillosa puesta de sol, en árboles grandiosos o en las pequeñas flores del campo.

Y es que, tal vez, nos parezca imposible que quiera habitar en un sitio donde tantos deseos, poco dignos y honorables, salen afuera. Y sin embargo, el Espíritu de Dios habita en nosotros.

Habita, no está. No es un huésped de un día. No está de paso. Habita. Tiene allí su casa. Es Señor del sitio que ocupa.

No está como un cuadro, un retrato o una estatua. Es un ser viviente que ha hecho de nuestro corazón su morada.

Allí podemos encontrarlo siempre cercano, compañero de mi soledad, amigo sentado a mi vera en la penumbra de un suave atardecer. San Agustín que lo busco locamente a través de la hermosura y los placeres de afuera, al fin lo encontró dentro y exclamó: “Señor, más íntimo y mío que yo mismo”. Lo encontró comprensivo, bondadoso, perdonador, amigo. “Intimior, intimo meo”, más dentro de mí que yo mismo.

3. - El Espíritu de Dios que se nos ha metido en casa es viento y es fuego, mezcla peligrosa, un rescoldo mal apagado en el monte azuzado por viento sabemos de lo que es capaz. Soplando sobre el rescoldo de la Fe que hay en el corazón, el Espíritu de Dios puede levantar imprudentes llamas. Lo ha hecho a lo largo de la Historia cuando ha encontrado hombres que se han dejado arrasar y quemar por el Espíritu: San Francisco de Asís se entrega con toda imprudentemente a salvar a infieles. La Madre Teresa de Calcuta sale de una Congregación Religiosa para entregar imprudentemente su vida a los hambrientos y agonizantes.

Y es notable que este Espíritu, cuando levanta llamas en un rescoldo olvidado es siempre en favor de los demás. Es fuego, es luz y tiende a comunicarse.

¿No estará este buen amigo tratando de encender una buena hoguera dentro de nosotros? ¿No nos pide alguna imprudencia en el dar, o el darnos a los demás? ¿No nos pide algún cambio radical en nuestras vidas? ¿No nos pide llenar de Dios la vaciedad de nuestras vidas?

Mirad, creo que todos nosotros tenemos instalado un perfecto sistema contra incendios. En cuanto sentimos que el Espíritu de Dios nos intranquiliza echamos toda la ceniza que podemos en el rescoldo y lo apretamos bien, como se hacía con los braseros con la paleta, para dejarlo siempre en rescoldo y que no haya peligro de que se convierta en llamas. Nosotros mismos vamos vestidos de amianto y con casco para no quemarnos.

Hoy es el día en el que ese Espíritu de Dios abrasó a los apóstoles y gracias a ello llegó a nosotros la Fe. Dejémonos quemar bajo el soplo del Espíritu.


2.- EL ESPÍRITU SANTO ES VIDA DEL ALMA CRISTIANA

Por Gabriel González del Estal

1. Ven, dulce huésped del alma. Esta “secuencia” que leemos en la liturgia de esta fiesta de Pentecostés, antes del evangelio, es uno de los himnos y oraciones más fervorosamente rezados por las personas cristianas. Es una oración que, rezada con devoción y amor, nos da paz interior, consuelo y descanso en el difícil caminar por este mundo. El Espíritu Santo, cuando se apodera de un alma cristiana, la ilumina y vivifica. La vida del alma cristiana es el Espíritu Santo, porque nos fortalece cuando estamos débiles, nos llena cuando nos sentimos pobres y vacíos, nos da luz y calor cuando estamos apagados y fríos, nos orienta y sana siempre nuestro corazón enfermo y desorientado, muchas veces sucio e indómito. El hombre es, por naturaleza, un ser demasiado egoísta, frágil y tornadizo. Si nos dejamos arrastrar por nuestros instintos más primarios caemos fácilmente en actitudes y comportamientos más animales que espirituales. Necesitamos la fuerza del espíritu, la gracia y el calor de lo alto, para sobreponernos a las tentaciones del mundo y de la carne. Para conseguir esto, necesitamos que el Espíritu Santo nos llene por dentro, sea el dulce huésped del alma, brisa en las horas de fuego, gozo que enjugue las lágrimas, don, en sus dones espléndido. Vamos a pedir hoy, fiesta de Pentecostés, que el Espíritu Santo sea el agua viva que riegue nuestro corazón tantas veces árido y seco, aliento que vivifique y dé vida a nuestra alma, padre amoroso que, con su amor, guíe y llene nuestro corazón casi siempre inquieto e insatisfecho.

2. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Solemos decir que la Iglesia cristiana nació el día de Pentecostés, porque ese día fue cuando los discípulos de Jesús comenzaron a predicar con fuerza y ya sin miedo el evangelio que les había predicado a ellos el Maestro. Hasta entonces, los discípulos habían permanecido con las puertas de la casa, y del alma, cerradas por miedo a los judíos. Pero, a partir de esta fecha, con el Espíritu Santo como motor de sus vidas, ya no pararán de anunciar el evangelio al mundo entero. Primero fue a los judíos y posteriormente también a los gentiles. Jesús había predicado lleno del espíritu del Padre y desde ahora serán los discípulos los que tendrán que hacerlo, estando llenos del espíritu de Jesús: como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Todos los cristianos somos discípulos de Jesús y todos los cristianos somos los destinatarios de su mandato; todos los cristianos debemos sentirnos enviados a predicar el evangelio del reino de Dios. La Iglesia de Cristo es, esencialmente, misionera, y no sería Iglesia de Cristo si no se sintiera enviada a predicar su evangelio.

3. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu les sugería. La lengua del Espíritu es siempre una lengua ardiente y luminosa, que enciende e ilumina el alma de la persona que habla y de la que escucha. Las lenguas del Espíritu no son sólo sonidos y voces; son también gestos, actitudes, expresiones que salen del fondo del alma, como lava de un volcán irreprimible. Las lenguas del Espíritu son siempre amor, llamaradas, y el lenguaje del amor es universal. Si nos relacionamos con los demás con el lenguaje de un verdadero amor, del amor del Espíritu, los demás nos entenderán como si les habláramos en su propia lengua. El buen misionero debe aprender amor, antes que lengua, porque, aunque las dos cosas sean necesarias, si no hablamos con amor, nuestro lenguaje terminará siendo ininteligible. Dios es amor y a Dios sólo se le transmite transmitiendo amor.

4. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. En muchos casos, la única manera de saber si nuestros dones son del Espíritu, o no, es mirar si realmente contribuyen al bien común. Porque, aunque cada persona tiene sus dones, no todos los dones son siempre del Espíritu Santo. Hay personas que tienen el don de saber engañar, o de conseguir dominar, o de vivir del cuento. En esta carta a los Corintios, el apóstol Pablo sólo recomienda los dones que proceden del Espíritu, los que se manifiestan para el bien común. Estos son, pues, los dones que cada uno de nosotros debemos pedir hoy al Espíritu Santo, los dones que brotan de la fe en el Espíritu. Por eso, al mismo tiempo que pedimos hoy, con palabras de la Secuencia: reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos, pidamos también al Padre que aumente nuestra fe.


3.- LA FIESTA DE LA COMUNIDAD

Por José María Martín OSA

1.- Pentecostés es la fiesta de Espíritu y de la comunidad. Es la culminación de la Pascua. La vida nueva que Jesús consiguió es también nuestra vida. Muchas veces no somos conscientes de la actuación del Espíritu en nosotros. Quizá sea porque no le dejamos actuar....Da la sensación de que estamos como los discípulos antes de Pentecostés: decimos que creemos en Jesús, nos confesamos cristianos, pero vivimos apocados, medrosos, sin garra. Entonces nos refugiamos en nuestra fortaleza por miedo a salir al mundo. Pero la imagen que define mejor a la Iglesia no es la de la fortaleza, sino la de la tienda que se planta en medio del mundo.

¿No nos dijo Jesús el domingo pasado que bajáramos al valle y no nos quedásemos plantados mirando al cielo? También los discípulos estaban dentro con las puertas y ventanas cerradas por miedo a los judíos. Comparten miedos, ilusiones y el recuerdo de Jesús. El Espíritu se presentó como un vendaval y unas llamas de fuego. El viento y el fuego purifican y transforman. Y entonces..., salieron a predicar, sin miedo, sin utilizar la fuerza, sostenidos en su debilidad por el Espíritu. Cuando la Iglesia se encierra en sí misma por miedo a contaminarse con el mundo, cuando la imagen que da es la de una fortaleza firme, no convence. Se convierte en piedra de escándalo para muchos.

2. - El texto de los Hechos dice que "estaban todos reunidos". No dice que estaban sólo los apóstoles, sino todos, es decir el conjunto de los discípulos, todos los que se proclamaban seguidores de Jesús. Por tanto, los dones del Espíritu lo reciben todos los cristianos, no sólo los que han recibido el orden ministerial. El Espíritu actúa en todo, aunque cada uno reciba un don y una función. A cada carisma o don corresponde un ministerio o servicio. Pero todos somos miembros del cuerpo de Cristo y hemos recibido la misma dignidad por el Bautismo. ¿Reconoces en ti el carisma que has recibido?, ¡sabes cuál es tu misión dentro de la Iglesia! En este momento de la historia más que nunca hay que reconocer la importancia de los ministerios laicales. La Iglesia debe tener una estructura circular y no piramidal.

3.- Los dones del espíritu tienen hoy su traducción. El don de sabiduría nos capacita para distinguir la realidad de la fantasía y vivir en consecuencia. El sabio es aquel que encuentra el secreto de la felicidad: la vida según Cristo. La inteligencia nos ayuda a aceptar los cambios que se producen en la sociedad para el bien común. Tener una mente abierta es señal de inteligencia. El don de consejo nos lleva a indagar bajo lo visible para descubrir las causas ocultas y poder ayudar al que nos lo pide. La piedad nos protege del egoísmo y del materialismo. La ciencia nos marca una dirección consistente en nuestras vidas, nos ayuda a conocer cómo son las cosas. El temor de Dios, entendido en el buen sentido, es beneficioso y nos hace realizar obras buenas, como el niño que respeta a su querido padre y no quiere defraudarle. La fortaleza es necesaria para un verdadero amor, pues nos da valor para asumir un compromiso auténtico y maduro. Con los dones que el Espíritu nos regala todo es posible desde ahora.


4.- TESTIGOS DE LA FE EN EL MUNDO

Por Pedro Juan Díaz

1.- Celebramos hoy el día de la Iglesia, porque la Iglesia se puso en marcha gracias a la fuerza del Espíritu Santo, gracias al coraje de aquellas personas que salieron a anunciar a pleno pulmón la resurrección de Jesucristo. Por eso también cobra sentido celebrar en este año el día de la Parroquia, un momento festivo, solidario y de encuentro, con el deseo de sentirnos más unidos, de sentirnos más parroquia, más familia. Ponemos nuestra mirada en el evangelio, en la situación que vivían aquellos discípulos, que se puede trasladar perfectamente a nosotros y a nuestros tiempos. Es domingo, el primer día de la semana, y está anocheciendo. Los discípulos están juntos, pero encerrados por miedo a los judíos. Noche, puertas cerradas, miedo… pero para Jesús no hay obstáculos que impidan su presencia.

2.- Y todo cambia cuando entra Jesús. Se pone en medio de su grupo de discípulos y les da la paz que necesitan para afrontar la situación. Desde entonces la paz será una señal de la presencia del resucitado y su saludo distintivo. Jesús se identifica. Enseña las manos y el costado, donde están los signos de su pasión. Y les devuelve la alegría de sus discípulos. Ahora está Jesús y hay alegría y coraje, y Jesús les va a dar el empujón definitivo: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”.

3.- Es el momento de abrir las puertas cerradas y de cambiar el miedo por la alegría y el impulso misionero. Pero no van a ir solos, no pueden ir solos, al igual que nosotros tampoco podemos ir solos por la vida. Necesitan (necesitamos) a Dios con ellos a través de su Espíritu Santo, y así lo van a tener: “Recibid el Espíritu Santo”. Porque sin el Espíritu Santo las fuerzas se acaban, las ganas se pierden, se pasa el entusiasmo inicial y nos pueden las dificultades, las contrariedades del camino, los “vientos” en contra… Necesitamos el Espíritu de Jesús para ser “testigos de la fe en el mundo”, los testigos que necesita nuestro mundo de hoy.

4.- La pregunta que me surge después de esta reflexión es la siguiente: ¿dónde ir y qué hacer con ese Espíritu? Ir… hay que ir al mundo, a la vida, allí donde se decide el rumbo y se toman las grandes decisiones. Hay que ir a las personas, especialmente a las más necesitadas, y decirles que Dios quiere una vida digna para todo el mundo. Hay que ir a las familias, para que tengan presente a Dios en ellas. Hay que ir a las fábricas, a los talleres, a las oficinas, a las escuelas, a los centros de salud… Hay que ir a los ayuntamientos, a las parroquias, a los centros sociales, a Caritas, al Secretariado de Migraciones, a Proyecto Lázaro, a cualquier lugar donde haga falta una palabra de ánimo, de vida, de esperanza, y también unas manos dispuestas a trabajar, a transformar, a luchar por un mundo mejor.

5.- Y en todos esos sitios, hacer como hicieron aquellos discípulos: dejarse la vida. Recibimos el Espíritu Santo para ser otros Cristos, que defiendan la vida de los más débiles, como lo hizo Jesús, de los más pobres, como lo hizo Jesús, de los más necesitados, como lo hizo Jesús, de los que nadie quería, como lo hizo Jesús, de los que vivían apartados de la vida social y religiosa, como lo hizo Jesús, de los que no contaban para los grandes y poderosos de este mundo, como lo hizo Jesús.

6.- Leo un trozo de una de las últimas homilías que ha escrito el Papa Francisco que dice que “los cristianos no hemos sido elegidos por el Señor para pequeñeces” y entiendo que recibimos el regalo y la fuerza del Espíritu Santo para hacer cosas grandes, pero cosas grandes no por y para nosotros, sino por y para los demás, al estilo del evangelio, al estilo de Jesús. Y sigue diciendo el Papa: “poned en juego vuestra vida por grandes ideales. Novedad de Dios, tribulaciones en la vida, firmes en el Señor”. Y que mejores palabras que las suyas: “Queridos amigos, abramos de par en par la puerta de nuestra vida a la novedad de Dios que nos concede el Espíritu Santo, para que nos transforme, nos fortalezca en la tribulación, refuerce nuestra unión con el Señor, nuestro permanecer firmes en Él: ésta es una alegría auténtica”.

7.- Juntamente con esta celebración de Pentecostés, hoy en toda la Iglesia se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, o dicho de otra manera, el Día de los laicos asociados en grupos y movimientos apostólicos, como por ejemplo la Acción Católica, y que desde ahí son germen y levadura que hace crecer una sociedad nueva con la Buena Semilla del Evangelio desde las familias, desde el mundo del trabajo, desde las relaciones sociales, etc. En la parroquia, queremos ser más conscientes y hacer más visible el papel de los laicos, tanto en la comunidad parroquial, como en la Iglesia en general. Si bien es cierto que una comunidad cristiana no puede estar sin un sacerdote que administre los sacramentos, también es igualmente cierto que no puede estar sin laicos que animen la pastoral de manera corresponsable.

8.- Y además de esta tarea de los laicos, es importante cuidar la dimensión comunitaria y la formación de la fe, y es ahí donde juegan un papel importante los grupos y movimientos, que nos ofrecen un espacio de formación y de compartir la fe y la vida. No se vive igual la fe de manera individual que siendo parte de un grupo de vida. La Iglesia quiere que sus laicos estén formados y preparados para ser “testigos de la fe en el mundo” y por eso ofrece grupos y movimientos, como la Acción Católica, para que los laicos se asocien y formen grupos de vida en sus parroquias.

9.- En un grupo de vida, un cristiano puede profundizar más en su fe, conocer mejor la persona de Jesús y su Evangelio, compartir la fe y la vida y enriquecerse con el testimonio de los demás hermanos. En la parroquia estamos animando la creación de grupos de vida. Ya existen varios y te invitamos a formar parte de ellos. Si quieres más información, no dudes en preguntar. El Espíritu sopla en cada uno de nosotros de muchas maneras, y esta puede ser una de ellas. Seamos dóciles al Espíritu de Jesús y dejemos que sea Él quien nos guíe.


5.- EL ESPÍRITU AUMENTA EL VALOR Y EL CORAJE

Por Antonio García Moreno

1.- FUEGO VIVO.- Cuando Jesús se despedía de ellos, les prometió que el Espíritu vendría para estar siempre con ellos. Una luz de esperanza quedó brillando en el corazón rudo y amedrentado de aquellos hombres. Estaban escondidos, rezando y esperando, con mucho miedo, las puertas cerradas, atentos a cualquier ataque por sorpresa. Pero ante la fuerza de Dios no cabe cerrar las puertas. Un fuego vivo llegó como viento salvaje, abriendo violentamente las ventanas. El soplo de Dios se había desencadenado de nuevo. En la primera creación había aleteado suave sobre las aguas y sobre la faz del hombre. La luz brotó en las tinieblas y en la mirada apagada de Adán.

Ahora, en la segunda creación, su soplo es violento, de fuego incandescente. Y esos hombres, cobardes y huidizos, son abrasados por el beso de Dios, sacudidos por el Espíritu. La luz ha brillado también en las sombras de sus ojos. Y enardecidos se lanzan a la calle a proclamar las maravillas de Dios, anunciando la Buena Nueva, lo más sorprendente que jamás se haya oído.

Toda Jerusalén se ha conmovido ante aquel remolino arrollador. Una multitud corre hacia el lugar donde el viento de fuego desgajó puertas y ventanas. La sorpresa aumenta por momentos. Aquellos hombres han roto las fronteras de la lengua, y sus voces se oyen claras y sencillas en el corazón de cada hombre.

Te lo suplicamos, Señor, haz que de nuevo venga el Espíritu Santo, que de nuevo llueva del cielo ese fuego vivo que transforma y enardece. Es la única forma que existe para que tu vida, la Vida, brote otra vez en nuestro mundo corrompido y muerto... Ven, sigue soplando donde quieras, mueve a la Iglesia hacia el puerto fijado por Cristo, fortalécela, ilumínala, para que sea siempre la Esposa fiel del Cordero. Desciende de nuevo sobre un puñado de hombres que griten ebrios de tu amor. Hombres que sean realmente profetas de los tiempos modernos. Sigue viniendo siempre, aletea sobre las aguas muertas de nuestras charcas, danos fuerza para seguir llenando de luz la oscuridad de nuestro pobre y viejo mundo.

2.- LA FIESTA DEL FUEGO.- Pentecostés, es decir, cincuenta días después de la fiesta pascual, cincuenta días de espera que se hacía cada vez más intensa a partir, sobre todo, del día de la Ascensión. Ha sido un período de preparación al gran acontecimiento de la venida del Paráclito. Hoy, el día de Pentecostés, se rememora ese momento en que se inicia la gran singladura de conducir a todos los hombres a la vida eterna, actualizar en cada uno los méritos de la Redención.

En efecto, con su venida, los apóstoles recuperan las fuerzas perdidas, renuevan la ilusión y el entusiasmo, aumentan el valor y el coraje para dar testimonio ante todo el mundo de su fe en Cristo Jesús. Hasta ese momento siguen con las puertas atrancadas por miedo a los judíos. Desde que el Espíritu descendió sobre ellos las puertas quedaron abiertas, cayó la mordaza del miedo y del respeto humano. Ante toda Jerusalén primero, proclamaron que Jesús había muerto por la salvación de todos, y también que había resucitado y había sido glorificado, y que sólo en él estaba la redención del mundo entero. Fue el arranque, rayano en la osadía, que pronto suscitó una persecución que hoy, después de veinte siglos, todavía sigue en pie de guerra.

Porque hemos de reconocer que las insidias de los enemigos de Cristo y de su Iglesia no han cesado. Unas veces de forma abierta y frontal, imponiendo el silencio con la violencia. Otras veces el ataque es tangencial, solapado y ladino. La sonrisa maliciosa, la adulación infame, la indiferencia que corroe, la corrupción de la familia, la degradación del sexo, la orquestación a escala internacional de campañas contra el Papa. Las fuerzas del mal no descansan, los hijos de las tinieblas continúan con denuedo su afán demoledor de cuanto anunció Jesucristo. Lo peor es que hay muchos ingenuos que no lo quieren ver, que no saben descubrir detrás de lo que parece inofensivo, los signos de los tiempos dicen a veces, la ofensiva feroz del que como león rugiente merodea a la busca de quien devorar.

Pero Dios puede más. El Espíritu no deja de latir sobre las aguas del mundo. La fuerza de su viento sigue empujando la barca de Pedro, las velas multicolores de todos los creyentes. De una parte, por la efusión y la potencia del Espíritu Santo, los pecados nos son perdonados en el Bautismo y en el Sacramento de la Reconciliación. Por otra parte, el Paráclito nos ilumina, nos consuela, nos transforma, nos lanza como brasas encendidas en el mundo apagado y frío. Por eso, a pesar de todo, la aventura de amar y redimir, como lo hizo Cristo, sigue siendo una realidad palpitante y gozosa, una llamada urgente a todos los hombres, para que prendan el fuego de Dios en el universo entero.


6.- ¡ES NUESTRA HORA!

Por Javier Leoz

Nunca, el mundo de hoy, se ha visto tan desbordado de gente avanzando o caminando por las calles y, en contrapartida, nunca –como hoy- tantas personas se sienten solas, atenazadas por el miedo por la falta de horizontes para seguir adelante. Para muestra aquello que, recientemente ocurrió en Madrid cuando un joven intentó suicidarse: “no encuentro sentido a mi vida, he hecho mucho daño; estoy harto he pecado”. La presencia de un sacerdote, un seminarista y un repartidor… evitó la tragedia. En cuántos momentos, por casualidad o sin casualidad, podemos ser soplo que aliente, que recupere y anime a sentir el gusto por la vida.

1.- La fiesta de Pentecostés es el gozo de toda la Iglesia. Su constitución, sus cimientos, su vida. ¿Quién, sino el Espíritu, dinamiza, orienta, acota y alimenta todo lo que ocurre en el interior de nuestra comunidad? ¿Qué todo no es bueno? ¿Que, no todo, es santo? ¿No será que, sin querer o queriendo, ahogamos la voz del Espíritu?

No estamos solos, la fuerza venida de lo alto EL ESPIRITU SANTO, viene sobre nosotros desde distintas direcciones pero con un único objetivo: alentarnos hacia Dios. Para ello, por supuesto, tendremos que levantar las antenas de las entrañas (la oración) para acoger la voluntad del Espíritu. Las antenas del compromiso (la caridad) para no desentendernos del mundo. Las antenas del asombro (la contemplación) para gozar de tantas cosas que Dios nos regala. Las antenas de la gratitud (la eucaristía) para sentirnos arropados por el manjar que es memorial de la mayor pasión, muerte y resurrección ocurrida en la historia, por mano de Dios, en el cuerpo de Cristo.

2.- La voz del Espíritu es ese gran regalo que Dios nos ofrece. Ha dejado de caminar por la tierra y, el Señor, después de su Ascensión nos contagia con ese entusiasmo que –en su periplo por la tierra- dejó a sus apóstoles. ¿Lo sentimos así? ¿Es el Espíritu Santo una fuente de vida en nuestra fe? ¿No os parece que sigue siendo un gran desconocido cuando resulta ser el gran operante en todas nuestras acciones pastorales?

3.- Hoy finaliza la Pascua pero, ahora, nos toca a nosotros dar los pasos necesarios para que el Reino que anunció Jesús siga siendo algo vivo y dinámico en medio de nuestra sociedad. Los brazos cruzados no son el mejor ejemplo ni la mejor manera de colaborar con el Señor. Guiados por el Espíritu Santo dejaremos a un lado miedos y dudas y nos lanzaremos sin reservas a cultivar nuestro tiempo. ¿Nuestro tiempo? Sí; por supuesto. Es nuestra hora. El momento de dar razón de nuestra esperanza, de nuestra fe y de nuestra alegría. ¿Cómo? Con nuestra entrega persuasiva, entusiasta y permanentemente iluminada por la fuerza del Espíritu.

Demos gracias a Dios por ese gran protagonista en nuestra vida cristiana, en nuestro quehacer eclesial, en nuestras reuniones, convocatorias y celebraciones: el Espíritu Santo.

4.- ¡FELIZ PASCUA DE PENTECOSTES

¡GRACIAS, POR TU REGALO, SEÑOR!

Llegado del seno del cielo,

baja para ser sustento en nuestra debilidad

alegría en nuestras penas

luz en la oscuridad que nos invade.

Abriremos tu regalo, Señor,

y, entre nudos y embalajes,

dejaremos que salga la sorpresa divina:

¡VOZ DEL ESPIRITU!

¡ALETEO QUE CONTAGIA FRESCURA!

¡CONSEJOS Y DONES!

¡GRACIA Y TERNURA!

 

Necesitábamos, Señor, de tu presente.

Un regalo con alas de Espíritu

Un obsequio con la Fuerza de tu Persona

Un don que nos haga recuperar

hoy y siempre la sonrisa en nuestros rostros.

 

¡Gracias, Señor!

Porque, en el Espíritu Santo,

nos traes el color de la esperanza

el brillo de sus siete sagrados dones

el amor que nace en tu presencia

el ser que vive y habita en Ti.

 

¡Gracias, Señor!

Ayúdanos a descubrir este inmenso regalo;

que no nos quedemos en el envoltorio

que vayamos más al fondo

hacia aquel lugar donde, el Espíritu,

habla cuando se le escucha

protege, cuando nos ponemos bajo sus alas

fortalece, si nos encontramos débiles

levanta, si desfallecemos

anima, cuando la tristeza asoma

en las ventanas de nuestra existencia.

 

¡Gracias, Señor!

En Navidad, te hiciste regalo de amor

En Pascua, regalo de vida

En Pentecostés, soplo de aliento divino

Amén.


7.- LA LLEGADA DEL PARÁCLITO

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Jesús se ha marchado. Ha ido al cielo. Y en su lugar, envía al abogado, al Paráclito, al Espíritu. Este Espíritu de Dios va a cambiar profundamente a los Apóstoles y va poner en marcha --a gran velocidad-- a la naciente Iglesia. Y ese, a nuestro juicio, va a ser el gran milagro de la Redención, superior --si se nos permite-- a los grandes signos que el Señor Jesús realizó sobre la faz de la Tierra. Unos cuantos jóvenes temerosos, que habían asistido --desperdigados-- a la ejecución de Jesús, asisten, todavía, llenos de dudas al prodigio de la Resurrección y de la contemplación del Cuerpo Glorioso.

Van a preguntar a Jesús, todavía --lo leíamos el domingo pasado--, "si va a restablecer el Reino de Israel". No se percatan de la grandeza de su misión, ni de lo que significa la Resurrección de Jesús. El Espíritu va a cambiarlos, profunda y radicalmente. Y así, de manera maravillosa, va a comenzar la Iglesia su andadura. Y cómo llama la atención el efecto del Espíritu Santo que inundó a los primeros discípulos y que narran los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo. Lucidez, entrega, valentía, amor, exhiben los Apóstoles en esos primeros momentos.

2. - Puede decirse que ya, en un momento de nuestra conversión, tenemos todos los conceptos básicos en nuestra mente. Y poco a poco esos conceptos se van haciendo más claros para situarse en la realidad de nuestros días, pero también en lo más profundo de nuestro espíritu. Hay percepciones muy interesantes y "explicaciones" internas a muchas dudas. Existe pues una ayuda exterior, clara e inequívoca que marca esa presencia del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos renueva por dentro y por fuera. Está cerca de nosotros y lo único que tenemos que hacer es dejarle sitio en nuestra alma, en nuestro corazón.

3. - También, la promesa de la renovación de la faz de la tierra es importante. En estos tiempos en los que la mayoría del género humano ha aprendido a ser ecologista, sí que se le podía pedir al Espíritu que renovara la faz del planeta para terminar con toda contaminación y agresión. Contaminar es sucio --lo contrario a puro-- y agredir es violencia, lo opuesto al sentido amoroso de la paz que nos comunica el mensaje de Cristo. El Día de Pentecostés es la jornada de la renovación, de la mejora, del entendimiento y tiene que significar un paso más en la calidad de nuestra conversión. Él, el Espíritu nos ayuda. Y debemos oírle y sentirle, uno a uno; no solo en las celebraciones comunitarias en las misas de hoy, si no en nuestro interior.

4. - Entre Las lecturas hemos escuchado la Secuencia del Espíritu, texto maravilloso, utilizado también como himno en la Liturgia de las Horas y que es, sin duda, una de las composiciones litúrgicas más bellas que se conocen. El relato de los Hechos de los Apóstoles es de una belleza y plasticidad singulares, el viento recio, las lenguas como de fuego, la capacidad para hacerse entender en diversas lenguas e, incluso, el comentario asombrado de quienes escuchan. Y es que el prodigio acaba de comenzar y este prodigio continúa vivo. El Espíritu Santo mantiene la actividad de la Iglesia y nuestro propio esfuerzo de santificación o de evangelización. La respuesta al salmo es también de una gran belleza y portadora de esperanza: "Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra". La faz de la tierra tiene que ser renovada en estos días malos.

5. - San Pablo va a definir de manera magistral que hay muchos dones, muchos servicios muchas funciones, pero un solo Espíritu, un mismo Señor y un mismo Dios. Es una gran definición Trinitaria enmarcada en la vida de la Iglesia. El Evangelio de San Juan nos completa el relato. Será Cristo resucitado quien abra a los Apóstoles el camino del Espíritu. Les dice: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos". Y se muestra, asimismo, la capacidad de la Iglesia para el perdón de los pecados. Cristo acaba de instituir el Sacramento de la Penitencia. El camino, pues, de la Iglesia queda abierto. La labor corredentora de los Apóstoles y de sus sucesores está en marcha.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


MENSAJE-HOMILÍA PARA PENTECOSTÉS

Por Pedrojosé Ynaraja

1- Como en tantas otras ocasiones ocurre, el texto evangélico pone el acento en un hecho que no fue exclusivo o único. Jesús resucitado les había dicho en otras ocasiones a los discípulos: recibid el Espíritu Santo. Se lo aseguraba de antemano. Lo que celebramos hoy solemnemente, es una importante realidad: la inhabitación del Espíritu Santo, en aquel que ha aceptado por la Fe a Jesucristo.

2.- Continúo, mis queridos jóvenes lectores, con mi costumbre de detallaros los lugares donde acontecieron los hechos a los que se refieren las lecturas de la misa de hoy. Dejando aparte lo que os decía más arriba, sin duda, un determinado e importante día del calendario judío, el de Shavuot, recibieron muchos fieles de la comunidad de Jerusalén, un portentoso don del Espíritu.

Los orígenes de esta fiesta enraízan en la celebración y ofrecimiento a Dios de las primeras espigas de trigo. Lo era de las primicias, cincuenta días después de la de las primeras espigas de cebada, cereal por entonces de inferior precio y utilidad. A este contenido, las espigas, no especialmente importante para el Israel que ocupaba ya la Tierra Prometida, se le añadió el de la conmemoración de la entrega de la Ley en el Sinaí. Se celebra aun hoy en día, con oraciones propias de la fecha y consumiendo frutos simbólicos. Obviamente, nada de cereales, ni acudir al Templo, que hace siglos fue destruido y sus sacerdotes dispersados. Se come con gozo, especialmente, leche y derivados, queso por ejemplo.

3.- Situémonos en los orígenes de nuestra fiesta cristiana. En un tal día de shavuot, cincuenta días aproximadamente después de la muerte-sepultura-resurrección del Señor, se encontraba reunida la inicial comunidad. Reunida sí, pero mejor sería decir escondida o temerosa, así era su estado de ánimo. El texto nos dice explícitamente que eran muchos. Además de Santa María y los Apóstoles, menciona a las Santas mujeres y un grupo de discípulos. Calculad que los refugiados pasarían del centenar. Que los artistas, la mayoría de ellos, plasmen únicamente a los doce con la Madre del Señor, es error suyo. Allá ellos, que el relato revelado dice otra cosa y es lo que nos importa, para evitar creer que hubo favoritismos de género o categoría social.

4.- Tradicionalmente, y casi en exclusiva, se ha señalado que ocurrió en el mismo lugar donde habían celebrado la Última Cena. Algunos han dicho que fue en la casa de la madre de Juan Marcos, por aquello de que cuando quedó en libertad San Pedro, había acudido al encuentro de los suyos a este lugar, donde había muchas personas reunidas en oración (Hch 12,12). De todos modos la distancia entre una y otra estancia, no supera los doce minutos de camino a pie. Más de una vez lo he recorrido. Dicho esto, para general conocimiento, os debo explicar que el edificio que visitamos la mayoría ahora, dispone de una amplia sala, donde sin duda ocurrió “algo importante”. Estudiado el ámbito con criterios arqueológicos, no coincidiría exactamente con aquel. Ciertamente que las columnas, capiteles y bóveda, son de tiempos posteriores, de época cruzada principalmente, y que fue utilizada como lugar de oración musulmana durante mucho tiempo, y queda como testimonio el mihrab correspondiente. La propiedad, hoy en día, se la atribuye el Estado de Israel, sin justo fundamento jurídico. La parte cercana a una escalera que se eleva pegada al muro y el espacio del otro lado de esta pared, sería lo que correspondería en aquel tiempo al Cenáculo. El visitante, que generalmente no es único, se encuentra con grupos que reciben explicaciones del correspondiente guía, que cantan o que rezan. Goza uno al comprobar el testimonio de fe de gente tan diversa, lamenta que se grite demasiado y se entorpezca la meditación. Oficialmente está prohibida cualquier acción litúrgica. Al Papa Juan-Pablo II se le permitió celebrar misa, fue un hecho excepcional, no estoy seguro si único.

5.- Cambio de tercio. Así como el Hijo, Persona de la Santísima Trinidad, se encarnó, se hizo materia humana, el espíritu Santo en cambio, se apareció bajo la apariencia de paloma en el bautismo del Jordán. De soplo, en apariciones de Jesús resucitado. O de fuego, el día de Pentecostés. Pero de ello no se deduce ni que se “empalomara”, ni fuera vendaval, ni se entorchase. Fueron apariencias sensoriales, no realidades objetivas.

La imagen más tradicional con la que se representa en Occidente al Espíritu Santo, es la de paloma. Hoy en día para el urbanita, esta figura, generalmente, le enoja, es un ave que ensucia y deteriora monumentos. Inadecuado icono, pese a su antigüedad. Porque el Paráclito, defensor significa esta palabra, nos infunde la eterna juventud de Dios. En la cartuja de Miraflores, en Burgos, se le representa por un chico, claramente masculino. En el “ermitage de la Trinite” en el sur de Francia, se trata de una figura juvenil, que no se aprecia a que género pertenece. En Urschalling, en Alemania, sí que es claramente femenina. A mí personalmente, la apariencia de fuego, es la que me resulta más ajustada y atractiva. Un recipiente en el que arde alcohol, cuya llama alegre casi es invisible, es lo que me sugiere mejor la misteriosa realidad divina del Espíritu Santo.

6.- ¡Tanto escribir y todavía no os he trasmitido ninguna noción teológica que os aproveche! ¡Pobre de mí! Estoy seguro de que en escritos paralelos, de sabios autores, satisfaréis vuestro interés. Pero no quiero dejaros ayunos de doctrina, sin que quiera utilizar un lenguaje dogmático. Brevemente lo haré.

Imaginaos que estamos sumergidos en una burbuja que nos encierra. Una fina membrana transparente, que llamamos espacio y tiempo, establece los límites. De alguna manera, y os vuelvo a recordar que no teologizo, podríamos decir que el inicio de la existencia, sería obra del Padre. La enseñanza de la vida correcta y la salvación humana, lo es del Hijo (esto sí que es exacto). Elevado al Cielo Jesús, empieza la etapa del Espíritu Santo, que pese a su perenne actualidad y necesidad que de Él tenemos, es tan olvidado.

Se quejaba hace poco el Papa Francisco de lo avinagrado de la apariencia de algunos cristianos. Estoy seguro de que estaría pensando que era a causa de que no están empapados del Paráclito. Que es juventud, optimismo, sonrisa divina.

7.- Mis queridos jóvenes lectores, olvidaos de discutir y pretender demostraciones de vuestra Fe de esta manera. Es preciso que os deis cuenta de que se nos exige otra diferente. Es cuestión de dar testimonio de ella con una alegría desbordante, que no es carcajada, ni ironía, que no se fundamenta en ningún triunfo, ni dominio, ni riqueza. Que si exhaláis hasta por los codos felicidad, descubrirán los demás que dentro vuestro está el Espíritu. Y también ellos querrán enriquecerse con Él, que de nadie tiene de Él el monopolio.


En la festividad de San Isidro

LA FE… ERA SU MOTOR

Por Javier Leoz

A punto de finalizar la PASCUA, donde se nos empuja a dar testimonio alegre y sin tregua, de la Resurrección del Señor Jesús, la fiesta de San Isidro llama a nuestra puerta. Los hombres del campo, y los creyentes también, nos detenemos en este miércoles ante la vida sencilla, grande a la vez, de un hombre que no tuvo más grandeza que el vivir para Dios y, ver a Dios, en aquello que hacía, sentía, oraba o trabajaba. La fe, como motor, consolidaba su interior y movía el exterior de su persona. Nunca, tan buen arado, encontró tan buenas manos: Isidro y Dios. Dios, a San Isidro, le miraba con especial atención porque, San Isidro, miraba con singular locura a su Dios.

1.- En unos tiempos, muy distintos a los actuales, San Isidro dio ejemplo de su fe inquebrantable. Vivía con intensidad, con interioridad la presencia del Señor, de tal forma, que –todo lo demás- lo dejaba en sus manos. Con nitidez y con transparencia, sin arrogancia ni orgullo alguno, se fio del testimonio de los Apóstoles sobre la Resurrección de Jesús.

San Isidro Labrador no puede quedar reducido a una estampa tierna e infantil (los bueyes arando conducidos por la mano del ángel). Todos los días, mientras dormimos, descansamos, discutimos o nos afanamos por un trabajo digno, Dios, sigue haciendo de las suyas, sigue llamándonos a la adhesión a Jesucristo, labrándonos y cuidándonos muchas parcelas (familia, trabajo, salud, proyectos, etc.) sin que nosotros nos demos cuenta. Sólo la fe, es capaz de intuir la presencia de esa mano invisible y extraordinariamente paternal cuando surgen:

- gozos y penas

- alegrías y sufrimientos

- duda y con fe

- esperanza y con desasosiego

2.- No podemos reducir, la fiesta de San Isidro, a un mero fenómeno cultural, festivo o tradicional. Sería, entre otras cosas, traicionar el espíritu y la identidad del auténtico alma de este santo: se movió por Dios, vivió desde Dios y dio testimonio –real y pacífico- de Jesús Resucitado.

-Frente al intento del descafeinamiento espiritual que nos invade, San Isidro, nos invita a poner azúcar, y de la buena, en toda circunstancia, problemática, logros, éxitos o fracasos.

-Frente al intento de, apartar a Dios de todo ente público, San Isidro nos alienta en el sentido de proponer sin desmayo y con terquedad, la novedad de un Jesús que humaniza y que pone horizontes (no trabas) a una sociedad tan resquebrajada por tantas y tantas cosas.

-Frente al individualismo, San Isidro, nos da la lección suprema del amor de Dios: ver a Dios en los demás, es la mejor forma de ararse y asegurarse un trozo de tierra en la eternidad.

-En este Año de la Fe, San Isidro, nos incita a proclamar, profesar y edificar nuestra vida en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

3.- La festividad de San Isidro, para hombres del campo o no, es una llamada a recuperar la savia de esa Vid de la que nos habla tantas veces el evangelio. Sólo, con esa fuerza, nos sentiremos capaces de ir contracorriente, de conquistar terreno para Dios, de llevar almas tibias al encuentro personal con Jesucristo.

El folklore, y todas sus expresiones, serán válidos en la medida que estén sostenidas en un contenido evangélico y evangelizador. A los santos, y también a San Isidro, se le honra no de palabra, y sí promoviendo, conociendo, acercándonos e imitando –en el día a día- lo que fue decisivo en ellos: la fidelidad a Dios, a su Palabra, amor a la Iglesia y el estilo propio del Resucitado.

San Isidro nos invita a ser esos sarmientos, que unidos a Jesús, den el fruto (no que el mundo apetece) sino que la vida cristiana nos exige y que Pentecostés nos regala.

4.- Cuentan que una vez, un labrador, sembró trigo en una gran extensión de tierra. Unos amigos (con malas intenciones) le indicaron que, si se empeñaba, en vez de espigas de trigo, cosecharía pepitas de oro. La decepción de aquel labrador (después de arruinarse económicamente por cuidar el campo excesivamente pero con abono inadecuado) vino cuando –en el momento de la cosecha- las espigas explotaron y dieron lo que tenían que dar: granos de trigo pero muy escasos. En un arrebato de locura, prendió fuego a lo que hubiera sido una gran cosecha si no se hubiera dejado llevar por el engaño.

San Isidro, en este día de su fiesta, nos invita a ser sembradores de la verdad:

-cosecharemos justicia, si ponemos verdad con nuestras manos

-cosecharemos alegría, si proponemos armonía allá donde estamos

-cosecharemos esperanza, si pregonamos optimismo cristiano

-cosecharemos amor, si llevamos amor en la mochila de nuestra vida

-cosecharemos el cielo, si ponemos a Dios, en todas circunstancias de nuestra vida.

El peor homenaje a San Isidro, es ofrecerle unas espigas de la cercana cosecha, entonarle unos cánticos, sacarle en procesión y luego…..vivir de espaldas a lo que fue el auténtico tesoro y oro de su vida: JESUS DE NAZARET.

Él tuvo las cosas claras: Dios era su motor y, por El y en El, puso sus afanes –y también su grano en la tierra como buen trabajador- sin otro afán que vivir con dignidad y esperar para alcanzar la eternidad que Dios regala a los que permanecen fieles en la adhesión a Jesucristo, muerto y resucitado.

5.- ORACIÓN CON SAN ISIDRO EN EL AÑO DE LA FE

Ayúdanos a descubrir el valor de la vida sencilla y oculta

Empújanos a regar, sin medida, no sólo nuestra vida, cuanto las demás

Aliéntanos a mantenernos en pie frente a la envidia o la crítica

Anímanos a sembrar valores e inquietudes cristianas

Invítanos a convertir, el desazón, en sincera y sufrida plegaria

Ábrenos, en medio del trabajo, a buscar el horizonte de la oración

Empújanos, con la tenacidad, a ser insistentes en lo bueno

Ayúdanos, con la humildad, a reconocer nuestras fragilidades

Aguijonéanos, con la yunta, a trabajar nuestro corazón

Refréscanos, con el agua, para que nuestros sembrados sean cosechados

Confórtanos, con la obediencia, a dirigir nuestra vida al Señor

Acompáñanos, con la fe, a tocar con nuestras manos la presencia de Dios

Instrúyenos, con la caridad, a dar sin mirar cuánto ni a quién

Condúcenos, con el amor, a ver amigos por los caminos

Rodéanos, con la soledad, para vivir con Dios

Multiplícate, con nuestros brazos, a trabajar por los demás

Clarifica nuestros ojos, para ver la siembra de nuestras manos

Pon en marcha nuestros pies, para caminar por los senderos de Jesús

Promueve nuestra paciencia, para esperar y no abandonar

Sonríenos, con la alegría, para vivir en la tierra con aires de eternidad.

Amen