XXV Domingo del Tiempo Ordinario
21 de septiembre de 2014

La homilía de Betania


1.- ALEGRARSE CON EL BIEN DE LOS DEMÁS

Por Antonio García-Moreno

2.- ENTENDER LA GENEROSIDAD DE DIOS

Por José María Martín OSA

3.- LA JUSTICIA DEL AMOR FRENTE A LA JUSTICIA DEL MERCADO

Por Gabriel González del Estal

4.- JORNALEROS DE LA VIÑA DEL SEÑOR

Por Pedro Juan Díaz

5.- JUSTICIA RARA, LA DE DIOS

Por Javier Leoz

6.- LA JUSTICIA SOCIAL DE DIOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


JUSTICIA, PARADOJA Y ESPERANZA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ALEGRARSE CON EL BIEN DE LOS DEMÁS

Por Antonio García-Moreno

1.- ES EL MOMENTO.-"Buscad al Señor mientras se le encuentra..." (Is 55, 6). Hay que aprovechar las ocasiones, no podemos dejar que pasen las oportunidades que la vida nos brinda. Todas tienen su importancia, y sólo el que sabe apreciarlas en su justo valor llegará a triunfar plenamente en la vida. Por el contrario, el que deja pasar el tiempo sin salir al paso de lo que se le ofrece, acabará fracasando, quedándose atrás siempre, olvidado en el más gris anonimato.

Y de todas las ocasiones, hay una que resulta decisiva. Tan decisiva que de aprovecharla o no, depende nuestra felicidad en esta vida y en la otra. Casi nada. Es decir, todo. Absolutamente todo. Porque lo demás, comparado con la eternidad es bien poquita cosa, nada en definitiva.

Despierta. Abre los ojos. El Señor está cerca. Tan cerca, que está, ahora mismo, a tu lado, mirándote con su mirada de infinito amor. Invócalo, dile que quieres estar siempre cerca de Él. Pídele que te ayude a no alejarte jamás de su mirada paternal y amable. Dile que te haga comprender de una vez que sólo tenerle a Él importa en la vida y en la muerte, que sólo cuando él nos acompaña la soledad no existe.

"... mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes que vuestros planes" (Is 55, 9). Resulta relativamente fácil descubrir el sentido de las acciones humanas. Siempre, más o menos claramente, hay una motivación que explica por qué se hacen las cosas... Pero con Dios no ocurre lo mismo. Él se escapa de nuestras reglas lógicas muchas veces, rebasa nuestros cálculos y suposiciones, sin que podamos enmarcarlo en unos moldes determinados.

Como el cielo es más alto que la tierra, así los caminos de Dios son más altos que los caminos de los hombres, sus planes que nuestros planes. Hay una diferencia insondable, distancia infinita, inabarcable. Y, sin embargo, Dios está cercano, íntimo, entrañable. Grande, inmenso, terrible. Pero al mismo tiempo sencillo, bueno, comprensivo, amable...

Sí, el Señor está a nuestro lado disponiendo todas las cosas, para nuestro bien. Aunque a veces nos parezca lo contrario y no veamos cómo aquello pueda terminar felizmente... Caminos de paz y de amor. Caminos escarpados que llevan hasta la cumbre más maravillosa que el hombre pudo soñar. Caminos de Dios, caminos ante los que sólo cabe una actitud, la de una fe rendida y una esperanza sin límites. La fe y la esperanza que lleva consigo la caridad, el amor a Dios.

2.- UN DENARIO.- Dios que sale una u otra vez, y otra, a contratar jornaleros para su viña. Afán divino para que todos trabajen en su tarea, para que no haya parados en este Reino suyo que trae la salvación universal. Nadie, al final de los tiempos, podrá decir que no fue llamado por Dios. Es cierto que esa llamada puede ocurrir en las más diversas circunstancias, en las épocas más dispares de la vida. Pero nadie, repito, se podrá quejar de no haber sido llamado a trabajar en la tarea de extender el Reino. Podemos afirmar, incluso, que esa llamada se repite en más de una ocasión. Hay momentos en los que uno parece haber perdido el rumbo y de pronto comprende que su camino se está desviando. Resuena entonces, de forma indefinida quizá, la voz de Dios para indicarnos que hay que recuperar el rumbo perdido.

Vamos a pararnos a considerar nuestra vida en el momento presente, vamos a pensar si realmente estamos trabajando en la viña del Señor, o por el contrario, nos empeñamos en vivir ausentes de la gran tarea de salvar al mundo. Es cierto que el amo de esta viña va a ser comprensivo y bueno, dándonos al final no según el resultado de nuestro trabajo, sino según la medida generosa de su gran corazón. Pero eso mismo nos ha de empujar a trabajar con denuedo y afán renovado. En definitiva, de lo que se trata es que hagamos en cada instante, con sencillez y rectitud de intención, lo que debemos hacer.

Otra lección importante que se desprende de esta página evangélica es la de saber alegrarse con el bien de los demás. Aquellos que protestaron por ser tratados los últimos de la misma forma que los primeros, se entristecían de no recibir ellos más que los de la última hora. Se deberían haber alegrado de la generosidad del dueño de la viña, de haber servido a un amo tan compasivo y dadivoso, aunque a ellos sólo les diese lo acordado.

Saber contentarse con lo recibido, saber vivir con aquello que se tiene. Comportarse así es tener paz y sosiego, ser felices siempre. A veces por mirar y desear lo que otros poseen, dejamos de gozar y disfrutar lo que nosotros tenemos. En lugar de mirar a los que tienen más, mirar a los que tienen menos, no sólo para darnos cuenta de que tenemos más, sino para ayudar en lo que podamos a esos que, veces por no tener no tienen ni lo necesario.


2.- ENTENDER LA GENEROSIDAD DE DIOS

Por José María Martín OSA

1.- Buscar al Señor ¿En qué se diferencian los planes divinos y los humanos? Los planes y caminos de Israel, a consecuencia de la grave situación en que se encuentra, son los de la duda, falta de fe, escasa confianza en sí mismos, en los otros. Porque la palabra divina es siempre eficaz, el Segundo Isaías urge a los suyos, mediante dos imperativos, a buscar al Señor; no ha muerto sino que se halla muy cerca de aquél que le busca. En el Antiguo Testamento "buscar al Señor" puede denotar una llamada cúltica: acudir al santuario con sacrificios y oraciones, pero no se agota aquí su sentido. Ya desde los tiempos de Amós, la búsqueda del Señor no consiste en hacer numerosos sacrificios de vacas y de ovejas, ni en peregrinar a los grandes santuarios. Buscar al Señor es hacer caso de la palabra profética que Isaías está dirigiendo a su pueblo: a Dios se le puede encontrar en el desierto, ahora mismo..., sólo se exige la conversión y la escucha de su Palabra.

2.- Todos somos invitados a trabajar en la viña del Señor. Unos reciben la invitación siendo niños, los llamados a primera hora; otros en su adolescencia, la hora tercia; hay quien oyó la llamada de Dios en la madurez, la hora sexta; otros escuchan la voz en la tercera edad, la hora nona; y también quien va a la viña en sus últimos años, la hora undécima. Cada cual tiene su tiempo y su momento. La conversión no tiene edades. A Dios no le importa cuándo, sino cómo es nuestra respuesta. A nosotros no debe preocuparnos la recompensa que podemos obtener. En este tema no debemos funcionar con criterios economicistas o de pura justicia legal. Puede que alguno se escandalice porque el señor de la viña no trata con "justicia" a sus trabajadores. Quizá pensemos que la remuneración que ofrece no encaja con lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia.

3.- "Todos somos primeros". Jesús al contar esta parábola está pensando en los fariseos, en los que se creen "justos" y desprecian a los demás. Quiere romper el exclusivismo de la religión judía y anuncia el universalismo de la salvación. Los que se creen los "primeros" reciben un duro golpe al comprobar que reciben igual paga los que han llegado los últimos. Curiosamente, no piden que se les aumente a ellos el salario, sino que se quejan porque los otros han recibido igual. Ellos reciben lo que se les prometió, nadie les hace ninguna injusticia. Si los "últimos" reciben lo mismo es gracias a que el Señor "es bueno". Esto es lo que no saben reconocer los primeros, les cuesta aceptar que "todos son primeros", no saben valorar la bondad de Aquel que les ha invitado a participar en su viña. Aludiendo a este episodio del evangelio de Mateo, nos dice San Agustín: "Mirad el trabajo que realizáis; esperad seguros la recompensa. Y si consideráis quién es vuestro Señor, no tengáis envidia si la recompensa es para todos igual".

4.- En nuestra comunidad eclesial podemos caer en el mismo error. Si somos "cumplidores" de los ritos y si nos esforzamos en llevar a la práctica la doctrina con esfuerzo, tal vez nos moleste que otros con menos esfuerzo también sean acogidos por Dios. O, lo que es peor, consideremos que es un hecho de mal gusto que la Iglesia se dedique especialmente a los más pobres o miserables. Nos olvidamos de que la Iglesia ha hecho una "opción preferencial por los pobres". Estos no son los últimos, sino los primeros para Dios. Todo es gracia, no estamos en un campeonato de méritos, pues es Dios el que nos "regala" la salvación, con nuestra colaboración, por supuesto. No seamos como el hermano mayor del hijo pródigo, abramos nuestro corazón a la gracia y la bondad de Dios, que se desborda a raudales y por encima de nuestros mezquinos criterios. Dios es generoso con todos.


3.- LA JUSTICIA DEL AMOR FRENTE A LA JUSTICIA DEL MERCADO

Por Gabriel González del Estal

1. Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. “Los primeros” tenían razón, según la lógica del mercado: ellos habían trabajado mucho más que los últimos, y en las mismas circunstancias, por tanto debían recibir más. Así funcionaba entonces el mercado y así sigue funcionando hoy día. Pero el empresario de la parábola evangélica no actuaba según la lógica del mercado, porque, según se nos dice en la misma parábola, el comportamiento del empresario era un comportamiento propio del Reino de los Cielos. Y en el Reino de los Cielos todos actuaremos como hijos de Dios y en ese Reino Dios juzgará a cada uno según la lógica del amor, no según la lógica del mercado. En este mundo unos son primeros y otros últimos, sin que esto se deba necesariamente a méritos propios. Nunca podremos saber nosotros las razones últimas por las que cada uno actúa como actúa. Sólo Dios nos conoce del todo y sabe las razones últimas de nuestro actuar. Dejemos que Dios sea Dios y, puesto que Dios es amor, alegrémonos de que Dios nos juzgue a todos según la lógica del amor.

2. Le respondieron: “nadie nos ha contratado”. De la lectura de la parábola se puede deducir que los últimos habían ido a la plaza a primera hora de la mañana a buscar trabajo, igual que los primeros. Si los otros empresarios contrataron a unos antes que a otros fue porque a ellos, a los empresarios, así les convenía; estos empresarios pensaron únicamente en su interés propio. Pero el empresario de la parábola es un empresario distinto, es un empresario que actúa como se actuará en el Reino de los Cielos, es decir, que actúa por amor a las personas. Si fue más generoso con los últimos que con los primeros, fue porque a estos, a los últimos, los vio más necesitados. A ningún trabajador dejó de darle lo que les correspondía por contrato, pero con los últimos hizo una discriminación positiva, porque, como hemos dicho, a estos últimos los vio más necesitados. La lógica del amor siempre nos resultará desconcertante a los que estamos acostumbrados a guiarnos por la lógica de los mercados.

3. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos. El Profeta Isaías dice a su pueblo que confíe en el Señor, porque el Señor siempre escucha a los que le invocan. La misericordia de Dios es más grande que nuestros pecados y, si nosotros nos arrepentimos y sabemos pedir perdón, el Señor siempre nos va a perdonar. Los caminos de Dios son distintos de nuestros caminos y sus planes distintos de nuestros planes. Esta frase del profeta Isaías la podemos aplicar también para entender la última frase con la que termina el texto evangélico de este domingo: los últimos serán los primeros y los primeros los últimos. Porque los primeros ante los hombres no siempre son los primeros ante Dios. Dios mira directamente al corazón y da a cada uno según se merece. Aceptemos los planes de Dios y no nos mostremos celosos, ni vanidosos de nuestros planes.

4. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del evangelio de Cristo. Esto es lo que más le importa al apóstol, según les dice él a sus fieles, en esta carta a los Filipenses. Pablo está seguro de que Cristo vendrá pronto a llevarle con él y está deseoso de que esto ocurra, pero sabe que su presencia en este mundo puede ser aún fructífera para los primeros cristianos de Filipos y esto es los que más le importa a él: el bien espiritual de los cristianos. También nosotros, aunque en circunstancias muy distintas a las que vivió el apóstol Pablo, debemos preocuparnos más por el bien espiritual de los demás, que por nuestro propio beneficio físico. Debemos entender nuestra vida como un instrumento al servicio de Dios, al servicio del evangelio de Cristo. Esto no nos va a resultar siempre fácil, pero así debemos intentarlo.


4.- JORNALEROS DE LA VIÑA DEL SEÑOR

Por Pedro Juan Díaz

1.- Esta parábola que acabamos de escuchar debe generar en nosotros ganas renovadas de compartir nuestra fe y lo que llevamos dentro con todas las personas, es decir, que nos ha de motivar para la tarea urgente que tiene toda la Iglesia de una nueva evangelización. Dios nos invita a la tarea, a ponernos “manos a la obra”. Y nos da las claves para hacerlo a su estilo. En este evangelio nos podemos fijar en cómo actúa Dios para poder hacer nosotros lo mismo. Jesús habla en parábolas para darnos a conocer el Reino y para transmitirnos lo que hay en su corazón, que también es el corazón del Padre.

--Dios es como un buen “empresario” que quiere dar trabajo al mayor número de personas posibles y que les paga justamente, incluso de más, para que tengan lo necesario para vivir dignamente.

--Dios llama a trabajar en su viña. Lo hace muchas veces, en distintos momentos, a todas las personas que se encuentra “paradas”.

--Dios “paga” (si se puede decir así) un jornal justo, un salario suficiente para vivir, incluso más de lo que “nos hemos ganado”. Dios nos da con creces. Es un jornal generoso y abundante. Dios nos da cada día lo que necesitamos para vivir felices y dignamente.

--Dios es bueno y “favorece” (si también se puede decir así) a los últimos, a los pequeños, a los pobres. No trata injustamente a nadie, pero podríamos decir que tiene sus “opciones”, sus “favoritismos”. Lo vemos en Jesús, en su manera de actuar, en la gente con la que se relacionaba y de la que se rodeaba. Dios no puede ver que nadie lo pase mal y hace lo imposible para que las personas nos demos cuenta y lo solucionemos. Pero muchas veces a nosotros nos cuesta oír, y solemos mirar hacia otro lado ante los problemas.

2.- Con estas actitudes, nosotros, “jornaleros” de la viña del Señor, llamados por Él a trabajar en ella, nos comprometemos, cada vez que venimos a la Eucaristía, a prestar atención a sus llamadas, a estar dispuestos a lo que nos pida, a recibir su amor y su misericordia en abundancia y como el mejor de sus salarios, y a compartir con otros esta Buena Noticia.

3.-Termino con una reflexión muy interesante de esta parábola aplicada a la vida. Dice así:

“Aunque la parábola se refiere al reino de Dios, tiene mucho que ver con el de la tierra, ya que en nuestras manos está hacer que el planeta empiece a ser ya la casa de todos, en la que todos tengan sitio y puedan vivir y ser felices, degustando ya el cielo prometido. En nuestras manos está que todos los seres humanos puedan ejercer su derecho a trabajar, a aportar su esfuerzo para incrementar el bienestar de todos y mejorar el mundo, con igualdad de oportunidades para todos. En nuestras manos está quitar trabas y dar facilidades para que todos, independientemente de su lugar de nacimiento, del color de su piel, de su sexo, de su religión, puedan vivir con dignidad de su trabajo. En nuestras manos está que el trabajo no se reduzca a una mercancía que se tase en el mercado, sino que sea la auténtica expresión del hombre que, por el trabajo, coopera con Dios en la creación y en la vida y en la felicidad de todos. Si no entendemos que la vida no es un negocio, sino convivencia, y no superamos la mentalidad de que el tiempo es oro para convencernos de que el tiempo es la gran oportunidad para vivir como hermanos, no tenemos futuro sostenible, ni soportable”.


5.- JUSTICIA RARA, LA DE DIOS

Por Javier Leoz

1.- Extraña en cuanto que, su bondad, es ilimitada, va contracorriente. Rara en cuanto que su forma de proceder deja, nos deja, desconcertados a todos aquellos que solemos ofrecer o repartir en la medida que nos dan.

¿Cuál es la diferencia entre la ternura de Dios y la humana? La diferencia es que Él es la bondad personificada mientras que, nosotros, miramos primero a las personas y luego cuantificamos y dosificamos el bien que podemos realizar. Aquello de “haz el bien sin mirar a quien” sólo lo lleva hasta su extremo más radical el Señor. Nosotros, al seguir a Jesús, es cuando nos damos cuenta que el criterio que seguimos es muy distinto al utilizado por el Dios que se trasluce en la parábola de este domingo.

2. En muchos lugares nos disponemos a iniciar el curso pastoral. ¿Seremos capaces de sentirnos llamados a la tarea que Jesús, o en su nombre la Iglesia, nos encomienda? ¿No miraremos con el “rabillo del ojo” a aquellas personas que, haciendo menos que nosotros, tal vez gozan de un reconocimiento mayor?

El curso pastoral es un escuchar, por activa y por pasiva, de los labios de Jesús: “id también vosotros a mi viña”. Un fallo que podemos tener como creyentes, es creer que estamos en movimiento (trabajando en la viña del Señor) cuando en realidad estamos demasiado acomodados en las plazas de nuestro propio bienestar, grupo o una espiritualidad determinada. ¿Es así? ¿De qué plazas –o cotos cerrados- tendríamos que salir para sentirnos, con todas las consecuencias, llamados a cuidar y hacer crecer con vigorosidad la parcela del Señor?

3. En este domingo tenemos que dar gracias a Dios por muchísimas razones:

-Primero: se ha fijado en nosotros. Podría haber pasado perfectamente de largo. Pero, desde el día de nuestro Bautismo, fuimos injertados en El y, desde entonces, intentamos amarle, seguirle y servirle con todas nuestras fuerzas.

-Segundo: nos ha llamado para algo. Nadie de los que estamos en esta Eucaristía puede decir aquello de “yo no valgo para nada”. Todos podemos hacer algo por ese Alguien que es Jesús. Todos tenemos un puesto, un carisma. En la Iglesia no existe el paro. Quien se encuentra parado es porque prefiere vivir cómodamente, al amparo de lo que otros tantos agentes de pastoral o hermanos nuestros realizan.

-Tercero: nos envía a cuidar lo más sagrado. En tiempos de sequía es cuando, el agua, más se valora. Hay una viña que todos hemos de cuidar con pasión y con interés: la fe. La oración, la escucha de la Palabra de Dios, la caridad…..hacen que nuestra viña, la fe, sea rica y fuerte.

3.- Demos gracias a Dios de todo corazón. Porque, a pesar de ser tan especial –a la hora de entender la justicia, el reparto de su bondad….sabemos que somos unos privilegiados por haber sido tocados, llamados y enviados por El.

Demos gracias a Dios porque llevar una vida según Cristo es difícil, a veces imposible pero merece la pena intentarlo. ¿Cómo? Reduciendo la distancia que existe entre nuestro “yo” y ese lugar en el cual el Señor nos necesita. Nuestra paga, nuestra gratificación será la satisfacción del deber cumplido y del habernos sentidos elegidos para ser colaboradores e instrumentos del Señor. Lo contrario, el mirar qué hacen o lo dan a los otros, produce ralentización en nuestros objetivos y pérdida de coraje en nuestro trabajo.

En ese sentido nos vienen muy bien aquellas famosas palabras del Papa Francisco: “Hay que salir a las periferias”. O dicho de otra manera; la viña del Señor no sólo está bajo las bóvedas del cómodo templo sino en la encrucijada de las calles y plazas de todo nuestro mundo. No es demagogia. Es pura realidad: nos queda mucha viña por descubrir, muchas cepas que cuidar, sarmientos que podar y hacienda que atender. ¿O no?

3.- ¡GRACIAS, MI SEÑOR!

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi comodidad

estaba yo un día sentado cuando, por tu nombre,

salí hacia tu encuentro

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi egoísmo

estaba yo un día cerrado cuando, por tu nombre,

comprobé que la mayor riqueza es el dar y no recibir.

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi particular justicia

estaba yo confundido cuando, por tu nombre,

aprendí a diferenciar la verdad de la mentira

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi aburrimiento

estaba una tarde abatido cuando, por tu nombre,

me sentí llamado a la alegría de tu misión

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi envidia

estaba un amanecer asomado cuando, por tu nombre,

acepté que es grande el servirte

sin juzgar ni exigir la suerte que Tú repartes

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mis ideas

Tejía proyectos y planes cuando, por tu nombre,

ví que los tuyos daban dignidad al hombre

Por todo, eso y por mucho más,

GRACIAS, MI SEÑOR


6.- LA JUSTICIA SOCIAL DE DIOS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Parece sorprendente la actitud del propietario de la viña en su sistema de remuneraciones. Cualquier sindicalista afearía esa práctica. Y, sin embargo, la explicación dada por el mismo propietario al final del relato del capítulo 20 de Mateo es totalmente lógica. Dice: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Ha cumplido las condiciones contractuales a pagar a cada uno de los obreros lo estipulado, pero parece que hay una gran injusticia al pagar lo mismo a quienes han pasado mucho más tiempo trabajando. Pero no es así. Jesús hace una advertencia al pueblo judío señalando que no tiene la exclusiva de la paga divina porque haya llegado antes al conocimiento de Dios Padre y que los gentiles recibirán el mismo premio aunque se incorporen a la gracia mucho más tarde. Sin duda, era la que iba a pasar: la mayoría de los hermanos de raza y de religión de Jesús le dieron la espalda, le detuvieron y lo mataron y la gran siembra se hizo fuera del espacio judío. Los nuevos creyentes también iban a ser herederos de las promesas que Dios hizo en el Sinaí. La Iglesia se iba a constituir en el pueblo elegido.

2.- La parábola es especialmente útil para los tiempos actuales. Hay muchos creyentes "de larga duración" que se creen con todos los derechos habidos y por haber. Buscan un premio permanente a su fidelidad y pretenden ser los primeros. La verdad es que habría que tener en cuenta los méritos de toda una vida dedicada al seguimiento de Cristo. Y hay hermanos verdaderamente ejemplares en ese camino. Pero son ellos precisamente los que también han de ejercer la máxima humildad y ponerse en el último lugar de la lista de retribuciones. No es fácil desprenderse de una cierta complacencia ante la satisfacción del deber cumplido. Y, sin embargo, no es lo que nos pide Cristo. Guarda, sin duda, relación el evangelio de hoy con la doctrina de la conversión de los pecadores. Aun convertidos en el mismo momento tendrán la misma paga que los fieles de "toda la vida". La gracia de Jesucristo les llevará a la vida eterna. Y, en este caso lo que dice Jesús respecto a las retribuciones es perfectamente aplicable. Va a dar a sus hijos fieles de siempre lo que les prometió, si restarles ni un céntimo, ni un gramo: la salvación. La única receta posible para no caer en pecados de superioridad respecto a los recién llegados a la gracia está en la última frase: "Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos".

3.- Habría que tener en cuenta que los planes de Dios no pueden ser comprendidos con exactitud por el género humano. Serían los famosos "renglones torcidos de Dios". Porque el hombre, muchas veces, se queda perplejo ante lo que le ocurre. Y va a necesitar mucho más tiempo y más acontecimientos para alcanzar el epilogo verdadero de mucho de lo que le ocurre. Ahí estriba la dificultad para comprender la "justicia social" desplegada por el Señor en su oficio de Dueño de la Viña. Y es que nosotros solo podemos desplegar ante El nuestra humildad, acompañada de la paciencia. Una confianza absoluta en Dios y mucho amor por nuestros hermanos --por todos-- nos facilitará el camino de unión con Dios y, probablemente, menos un examen minucioso de lo que está ocurriendo. El Profeta Isaías nos da hoy pauta de esa diferencia. El oráculo del Señor –la voz de Dios—nos dice que los caminos son diferentes y que el cielo está en otra dimensión que la tierra. El descubrimiento pacifico de nuestra pequeñez frente a la grandeza de Dios es lo que nos ayudará a comprender las diferencias que existen entre los caminos divinos y los nuestros.

4.- En este domingo vigésimo quinto del Tiempo Ordinario se inicia la lectura de cuatro pasajes de la Carta de San Pablo dirigida a los filipenses. Filipos era una ciudad importante y tenía también una numerosa Iglesia. Pablo escribe desde su prisión de, probablemente, Roma. La precariedad de su situación no le produce desesperanza, sino una gran alegría. Si muere sabe que se reunirá con Cristo, pero si no muere podrá encargarse de la cura espiritual de quienes él mismo ha llevado al conocimiento del Evangelio de Jesús. "Me encuentro –dice San Pablo—en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros". Pero a la postre va declarar que dicha alternativa tiene menos importancia que la necesaria vida digna que deben llevar los fieles de Filipo. Pablo acepta los planes de Dios y aunque su inteligencia analiza bien las opciones que tiene, deja en manos del Señor lo que tenga que ocurrir. Y esa confianza en el Señor toma mayor relevancia si consideramos que San Pablo vive la incertidumbre personal que produce el hecho de estar encarcelado.

6.- Es buena tarea, sin duda, meditar durante toda esta semana sobre la necesaria aceptación de los caminos de Dios. No se trata de ejercitar la llamada "fe del carbonero". Y si entender, como Pablo, que el conocimiento del tiempo y del espacio está en manos de Dios. Él tiene todos los datos de nuestra historia. Nosotros, no. En cualquier camino asumido habrá que buscar, sobre todo, la salvación de los hermanos y mucho menos el premio que, sin duda, nos podemos merecer. Eso solo queda en manos de Dios. Por eso hemos de meditar con humildad y alegría muchas de las cosas que nos ocurren, las cuales, probablemente, no tienen lógica aparente dentro de nuestra valoración humana. ¿Y si nosotros, por fin recibimos nuestro denario, qué nos importan los premios de los demás? El denario es la gracia y la salvación del Señor. Ya es mucho.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


JUSTICIA, PARADOJA Y ESPERANZA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- La enseñanza que incluye el evangelio de hoy tiene diversos protagonistas, claros unos, otros no lo son tanto. Los importantes, no lo olvidemos, debemos ser nosotros.

El primero es un empresario, terrateniente, según parece. Acumular propiedades fue muy propio de aquella época, la primera consecuencia de ello fue que mucha gente se quedó sin trabajo seguro. Algo semejante a lo que ocurre actualmente. Ahora bien, en situaciones de emergencia, como es el caso de la vendimia, el dueño de las viñas debía disponer de trabajadores extraordinarios, ya que la maduración de la uva exige una intervención puntual rápida. Ni antes, que la acidez impediría la elaboración de buen vino, ni después, que el grano se degrada pronto.

2.- La labor que enmarca el relato, como en muchos casos hoy en día, es una faena sencilla, que no requiere personal especializado. Vendimiador puede ser cualquiera, no hace falta ningún aprendizaje, excepto saber tratar el fruto con cuidado. Os lo digo por experiencia, mis queridos jóvenes lectores. Teniendo yo ocho años y estando en mi pueblo, Pozaldez, me permitieron participar recogiendo racimos y depositándolo, de puntillas yo, en los cuévanos, puesto en un carro.

(La vendimia es la última gran labor agrícola, debe concluir pronto y bien. Acabada esta, vendrán días de fiesta. Las celebraciones más alegres del calendario israelita, las jornadas de sukot).

3.- Otro protagonista es el denario. Se trata de una moneda romana, entre 3 y 4 gramos de plata, dependiendo estas variables de la ceca y del año en que se puso en circulación. Tenía general aceptación en todo el imperio. Algo así como lo que ocurre hoy en día con el dólar. Del denario tengo tres ejemplares, de diferente lugar de acuñación, y eso que no soy coleccionista. Uno de ellos, curiosamente, es falsificación de la época. Ya en aquel tiempo ya existía esta fraudulenta ocupación. Lo que os he contado, mis queridos jóvenes lectores, es una prueba de que su circulación fue abundante en su tiempo.

4.- Al trabajador le corresponde una paga, evidentemente. Un denario, consideran los autores que era el justo sueldo de una jornada. Imaginad lo que supondría ahora entre vosotros, de acuerdo con el nivel de vida de donde residía. El comercio se rige por normas de justicia. A igual trabajo, el mismo salario. Esta es norma de justicia humana y de conducta. Ahora bien, cuando al propósito de obrar justamente se le añade la virtud de la generosidad, los resultados pueden ser diferentes e imprevisibles. Pero nunca perversos, pese a que a algunos puedan enojar, como ocurre con el conjunto de los contratados de este relato, no elogiados precisamente.

5.- La primera enseñanza de la parábola es, pues, que Dios es generoso, mucho más que justo. Reconocerlo nos anima, permite que la Esperanza germine y crezca en nuestra conciencia. Esta virtud que reside en el interior del que tiene Fe, es uno de los aspectos que consideran los sociólogos, para explicar que la proporción de suicidios, sea inferior entre los creyentes respecto a los ateos. Aunque no sea exactamente lo mismo, la virtud cristiana de la Fe, siembra y estimula, el optimismo, que propiamente es una simple cualidad humana.

6.- Según cuentan, hubo un santo, tan santo y tan espabilado, que ya en su tierna infancia, por austeridad cristiana, no mamaba los viernes, en honor de la Pasión del Señor. Pero, que yo sepa, no es lo común. Otro, y esto sí que es históricamente cierto, en la segunda infancia de su vida, tuvo la valentía de jugarse la vida y morir, para salvar a la Eucaristía que portaba a prisioneros y enfermos. Estoy refiriéndome a Tarsicio. Santo Dominguito de Val, fue mártir a los doce años. ¡Hasta se está procediendo actualmente al proceso de reconocimiento de santidad de Nennolina, una niña italiana que murió en 1937! a los seis años. Fueron llamados a primera hora de la jornada de su vida y aceptaron. Admiremos el coraje de estos y muchos otros, pero ni vuestro caso, ni el mío, seguramente, será semejante. La primera consecuencia, vuelvo a repetiros, es que siempre estamos a tiempo de incorporarnos a los proyectos del Señor, como los desocupados hombres de la parábola, de la segunda y tercera tanda.

7.- Pero hay más. Por mayor que uno sea, por vacía de proyectos, trabajos y colaboración, que nuestra vida haya sido, el Maestro nos llama a todos a ser colaboradores fieles suyos. El mérito del Buen Ladrón lo adquirió a última hora. Su labor le ocuparía sólo el rato de agonía en la cruz. Se dirigió a Jesús en aquel lugar de tortura, en situación extrema y de tan poca duración. El Maestro lo incorporó a su plan salvador y hoy es San Dimas. Este último aspecto de la parábola es exigente. Pese a nuestras infidelidades, el cristiano sabe que nunca ha perdido el tren. Que si así fue, vendrá otro al que pueda subir. Por viejo e impedido que uno sea, siempre tiene la posibilidad, la obligación, no lo olvidéis, de ser santo. Está personalmente invitado a serlo.