XXII Domingo del Tiempo Ordinario
2 de septiembre de 2018

Moniciones


 

MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid nuestra bienvenida más fraterna. Deciros también que este es el primer domingo de septiembre y que muchos tendrán que viajar, volver a sus hogares o iniciar vacaciones. Pues que el Señor Jesús –y la fuerza de su Eucaristía— nos proteja a todos contra todo mal. Pero todos, incluso aquellos que, en el hemisferio sur no han vivido el verano, estamos presentes un domingo más, a nuestra cita con el Señor. La mesa de su Cuerpo y de su Palabra está a nuestra disposición. Hará falta decir, una vez más, también, que nos importe más el interior que lo exterior, más el fondo que la forma. Jesús nos va a pedir limpieza de corazón y ojos limpios para ver al mundo y a los hermanos. Que, nunca, nuestro Maestro y Amigo, nos vea sucios por dentro como encontró a los fariseos.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, del capítulo cuarto del Libro del Deuteronomio, se habla de la entrega de la ley a los judíos, la que luego en tiempos de Jesús seria tan mal interpretada e, incluso, desvirtuada respecto a la verdadera enseñanza de Dios.

S.- Los versículos del salmo 14 que cantaremos hoy son un excelente reflejo de la conducta que hemos de llevar y que difiere en profundidad de lo que los fariseos hicieron con su religión oficial. Este salmo 14 tenía el mismo sentido en tiempos de Jesús: eran auténticos fieles los que se entregaban a Dios sin condiciones, con humildad, con sencillez.

2.- Se inicia hoy la lectura de la interesante Carta del Apóstol Santiago, que nos acompañará durante varios domingos. En ella el apóstol nos pide que aceptemos dócilmente la Palabra de Dios.

3.- Tras varios domingos de leer en el Evangelio de San Juan las palabras de Jesús sobre su entrega en la Eucaristía, volvemos a San Marcos, autor que ilustra este ciclo B del Tiempo Ordinario. Jesús acusará de perversión e hipocresía a los fariseos por adulterar la Ley de Moisés.


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Abelardo López de Ayala, escritor y político español del siglo XIX, escribió este precioso himno que hoy figura en el Diurnal, como marco de la Liturgia de las Horas. Presentamos hoy éste que nos parece de una sencillez y profundidad emocionantes.

 

DAME, SEÑOR

Dame, Señor, la firme voluntad,

compañera y sostén de la virtud:

la que sabe en el golfo hallar la quietud

y, en medio de las sombras, claridad;

la que trueca en tesón la veleidad,

y el ocio en perennal solicitud,

y las ásperas fiebres en salud,

y los torpes engaños en verdad

Y así conseguirá mi corazón

que los favores que a tu amor debí

le ofrezcan algún fruto en galardón…

 

Y aun tú, Señor, conseguirás así

que no llegue a romper mi confusión

la imagen tuya que pusiste en mí.

Amén.


Exhortación de Despedida

Hemos aprendido hoy algo muy importante que nos ha enseñado Jesús de Nazaret: hemos de ser sinceros y sencillos, y no hipócritas y malos hermanos como eran los fariseos. La sinceridad nos hace más felices porque con ella se demuestra que confiamos en el hermano.