XXV Domingo del Tiempo Ordinario
21 de septiembre de 2014

Moniciones


MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid todos la más cordial y fraterna bienvenida a nuestra asamblea semanal de hermanos. Esta Eucaristía del Domingo 25 del Tiempo Ordinario nos va a mostrar algo que es fundamental para nuestra vida: nuestros pensamientos, nuestra forma de ver las cosas, nuestros caminos no son los de Dios. Y, además tenemos que dejar a Dios ser Dios y no querer convertirle en una herramienta caprichosa a nuestro servicio. Hoy, Jesús de Nazaret nos enseña mediante la famosa parábola del viñador que la misericordia de Dios está siempre dispuesta a admitir a quien quiera ir a trabajar con Él, a su viña, no teniendo especial mérito si se incorpora antes o después. Todos recibirán la misma paga. Escuchemos con atención.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, el profeta Isaías nos invita a buscar al Señor, pero para ello nos habla de exigencia y "abandono". Se trata, por tanto, de buscarlo desde la conversión, abandonando nuestras seguridades, nuestros esquemas, nuestras certezas. Creyente, no es el que dice saber quien es Dios, sino el que cada día se arrodilla delante de El para preguntarle: “Señor, ¿Quién eres?” Pues sólo en presencia del Señor, se puede intuir que sus planes no son nuestros planes.

S.- El salmo 144 es de los llamados alfabéticos y es un canto de alabanza a Dios. Su inspiración literaria viene de otros salmos y era considerado por los judíos contemporáneos de Jesús como uno de los grandes poemas de alabanza a Yahvé compuestos por el Rey David. La realidad es que el salmista expresa, con maestría, su gozo ante esa gran realidad que es la grandeza y la ternura de Dios, Nuestro Padre y Padre de la toda la creación.

2.- Pablo en la segunda lectura, sacada de la Carta los Filipenses, afirma lo mismo que el profeta Isaías, con esta hermosa declaración: "Para mí la vida es Cristo" ¿Podríamos decir nosotros, de verdad, que Cristo es lo único que cuenta en nuestra vida? Muchas veces, y aún a pesar nuestro, tenemos que reconocer que lo que cuenta en nuestras vida es todo lo demás, no Cristo. Iniciamos, hoy, la lectura de cuatro fragmentos sucesivos de esta epístola paulina.

3.- En el evangelio de Mateo se nos ofrece el Reino, pero no como un salario, sino como un regalo que Dios ofrece a todos por amor. Al oírlo deberíamos preguntarnos: ¿quiero ir yo a trabajar a la viña del Señor? ¿Qué pienso de los que vienen detrás? ¿Cómo rindo en el trabajo que se me ha encomendado? ¿Lo hago bien, regular, mal? ¿Me hago el distraído para que trabajen los demás? Qué la Eucaristía de hoy nos ayude a responder a esas preguntas.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Un domingo más presentamos la plegaria creada por el sacerdote navarro, Javier Leoz para estos momentos finales de nuestra Eucaristía:

¡GRACIAS, MI SEÑOR!

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi comodidad

estaba yo un día sentado cuando, por tu nombre,

salí hacia tu encuentro

GRACIAS, MI SEÑOR

Porque en la plaza de mi egoísmo

estaba yo un día cerrado cuando, por tu nombre,

comprobé que la mayor riqueza es el dar y no recibir.


Exhortación de despedida

Salgamos felices de nuestra celebración: Jesús nos ha mostrado el sentido de la verdadera esperanza. Cuando parezca que no llegamos a tiempo de cambiar o convertirnos, hemos de saber que ese último momento es muy valioso.