V Domingo del Tiempo Ordinario
7 de febrero de 2016

Moniciones


 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a la Eucaristía correspondiente al Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Jesús de Nazaret llama hoy a sus discípulos. Y ellos, fascinados desde el principio, parece que ni siquiera se lo piensan. Le siguen sin dudar. Tal vez, nosotros hemos sido menos rápidos y menos valientes. Y nos hemos hecho de rogar. Quién sabe si Jesús todavía espera que nosotros demos un paso firme en su seguimiento. Deberíamos, hoy profundizar en nuestra auténtica vocación y mejorar el talante cristiano que debe impregnar nuestras vidas. Hoy es un gran día para comenzar a vivir en la cercanía permanente de Jesús de Nazaret. Estamos ya muy cercanos a la celebración de la Santa Cuaresma. El próximo miércoles, día 10, es el Miércoles de Ceniza…

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, del Libro de Isaías, tiene el estilo apocalíptico muy habitual en el Antiguo Testamento. Pero su fondo nos dice que el conocimiento y presencia de Dios en nuestra alma nos responsabiliza inmediatamente con la misión que el Señor encomienda a cada uno. Y debemos acometer nuestra tarea sin miedo a nuestra fragilidad o limitaciones propias.

S.- El salmo 137 es un Himno de Acción de Gracias ya convertido en texto litúrgico en tiempos de Jesús. Viene agradecer la fuerza y los dones de Dios. Para nosotros su efecto y contenido es igual. Hemos de dar gracias a Dios continuamente por los favores recibidos.

2.- Comenzamos hoy –en la segunda lectura—la enumeración de las respuestas que San Pablo da en su primera carta a los fieles de Corinto respecto a las preguntas sobre la resurrección. Su testimonio es muy válido para nosotros hoy mismo, porque está escrito cuando muchos de los testigos de la vida de Jesús estaban vivos. La referencia, pues, es directa. Como siempre Pablo de Tarso nos ayuda a entender mejor a Cristo y a nuestro cristianismo.

3.- Lo fundamental para nosotros, hoy, es que los apóstoles “lo dejaron todo para seguir a Jesús”. Y aun reconociendo como Pedro que eran pecadores no erraron en la dirección de su camino. Nuestros pecados tampoco pueden ser excusa para estar lejos de la misión que Jesús nos propone a todos y cada uno de nosotros, aquí y ahora. Nuestra vocación ha de llevarse por delante nuestros pecados y emprender el camino que nos lleva a la paz y al amor. Jesús nos lo pide y nos acompaña en nuestro camino.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Escuchemos muy atentamente la oración que nos ofrece, hoy, el padre Leoz para estos momentos finales de nuestra Eucaristía

 

AYÚDAME, SEÑOR

A deslizarme del “yo” hacia el “nosotros”

A caminar de lo “mío” hacia lo “nuestro”

A pescar, no tanto en aguas tranquilas,

cuanto en aquellas otras que pueden dar, por Ti,

un feliz, soñado y sacrificado fruto.

Amén.


Exhortación de despedida

Ya en el umbral de la Cuaresma, hemos de poner nuestro ánimo en la cercanía del mensaje de Jesús, que acometerá para nosotros su Pasión, Muerte y Resurrección.  Nos volveremos a ver el próximo miércoles día 10 en la celebración del Miércoles de Ceniza, inicio de la Santa Cuaresma.


 

GUIA PARA LOS LECTORES DE LITURGIA


Este interesante subsidio para Lectores en los Actos Litúrgicos nos lo envía, nuestro colaborador, el padre Javier Leoz, quien por cierto acaba de ser nombrado Delegado del Año de la Misericordia en la Diócesis de Navarra


I.         PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA

1. La proclamación de la Palabra de Dios es verdaderamente un servicio para la Iglesia. Los lectores presentan la Palabra de Dios viva a la asamblea litúrgica. Por lo tanto, el ministerio de la Palabra debe ser tratado seriamente y con gran dignidad. (IGMR 55)

2. La Palabra de Dios no es simplemente leída durante la liturgia. Es proclamada, aunque no con una exhibición teatral. Una proclamación efectiva incluye la entrega del mensaje con claridad, convincente y con un acento adecuado. Exige la habilidad de evocar la fe en los demás, por medio de la demostración de nuestra propia fe. La Proclamación es un ministerio especial que presupone fe.

 

II.        REQUISITOS

3. Todos los ministros litúrgicos, especialmente los lectores, deben ser debidamente capacitados para su ministerio. Este ministerio de la Palabra requiere habilidad para leer en público, conocimiento de los principios litúrgicos, y un entendimiento de las escrituras. Solamente los lectores capacitados deben ser programados para la liturgia. (IGMR 101, LM Intr. 14)

4. Que los Lectores hayan recibido sus sacramentos de iniciación, que sean Católicos practicantes cuyas vidas dan testimonio de la Palabra que ellos proclaman.

5. Los lectores pueden ser enviados públicamente para su ministerio, preferiblemente durante una Misa dominical.

6. Aquellos que actualmente son lectores, deben participar periódicamente en programas de formación


III.      PREPARACIÓN

7. Para hacer el servicio de la Palabra efectivo, se espera que los lectores estén preparados para su ministerio. La preparación debe ser espiritual, de la escritura y práctica. La preparación espiritual incluye oración sobre el texto y reflexión en su mensaje. La preparación de la escritura incluye comprensión y entendimiento del texto.

La preparación de la práctica incluye dominar las palabras difíciles, aprender la pronunciación correcta y practicar la expresión oral del texto en voz alta.

8. También se espera una preparación inmediata de todos los lectores. Esto requiere que llegue con bastante tiempo antes de la liturgia, encuentre las lecturas en el Leccionario, y arregle el micrófono asegurándose que el sistema del sonido funcione apropiadamente, dejando en su lugar la “separata verde o roja”

IV.      LENGUAJE INCLUSIVO

9. El lector no tiene la libertad de cambiar los textos de las Escrituras. (LM Intr. 111)

V.        MINISTROS DE LA PALABRA

10. De acuerdo a la tradición antigua y las enseñanzas de la Iglesia, las lecturas —con excepción del Evangelio— son proclamadas por ministros laicos. (IGMR 59)

11. La Oración de los Fieles es parte de la Liturgia de la Palabra. Cuando el diácono no está presente, el lector o cantor anuncia las intenciones desde el ambón. (IGMR 138, LM Intr. 53)

VI.      SÍMBOLOS EN LA LITURGIA DE LA PALABRA

12. En el culto, Dios le habla a la comunidad de fe a través de las personas, acciones y objetos. Para asegurar la efectividad pastoral de la Liturgia de la Palabra, es importante poner mucha atención a los símbolos de la liturgia. Los símbolos que son esenciales para cualquier celebración de la Palabra, son: el lector, el libro y el ambón. A continuación, un breve comentario sobre cada uno de ellos en el orden mencionado.

13. Los ministros lectores, como uno más de la asamblea que da culto, se espera que participe en toda la liturgia. Dentro de la Misa, cada lector debe participar activamente en la liturgia entera. No es apropiado para un lector participar activamente sólo en la Liturgia de la Palabra. (IGMR 91)

14. El Leccionario y Evangeliario son libros donde está contenida la Palabra y deben estar dignos. Las lecturas siempre son proclamadas de estos libros litúrgicos. Lecturas que no son bíblicas nunca deber sustituir a las lecturas o Salmo Responsorial. (IGMR 57, 349, LM Intr. 12, 35, 36).

15. El ambón es el símbolo de la presencia de la Palabra de Dios en la Iglesia, así como el altar es el símbolo del Sacramento de la Eucaristía. La Liturgia de la Palabra se lleva a cabo desde el ambón. Por lo tanto, el ambón tiene que ser permanente, solemne, digno y prominente. Las velas y otros elementos decorativos pueden ponerse a su alrededor. El ambón se usa para proclamar la Palabra, concretamente, lecturas de la Sagrada Escritura: el Evangelio, la homilía y las intenciones de las Oraciones de los Fieles. El Salmo Responsorial es parte de la Sagrada Escritura, lo ideal es que se cante desde el ambón. El atril se usa más para dirigir el canto, las moniciones, hacer anuncios, etc. Todas las lecturas se hacen desde el único ambón: es inapropiado tener dos ambones. (IGMR 58, 309, LM Intr. 16).

VII.     SILENCIO

16. Para darle a la asamblea la posibilidad de reflexionar sobre la Palabra proclamada, los silencios son muy importantes. El apresuramiento tiene que ser evitado. Debe hacerse una pausa después de decir “Lectura del….” y también antes de “Palabra de Dios”. Otro tiempo de silencio debe ser observado después de cada lectura, antes de que el lector deje el ambón; también debe hacerse un breve silencio después del Salmo Responsorial. Ofrecer una catequesis sobre el propósito y uso apropiado de los momentos de silencio. (IGMR 56, LM Intr. 28)

 

VIII.   EL ASIENTO DE LOS LECTORES

17. Los lectores necesitan sentarse en un lugar que les permita fácil acceso hacia el ambón. Al tiempo de la Liturgia de la Palabra, el lector se acerca al ambón, lentamente y con reverencia. Si el lector tiene que pasar frente al altar, deberá inclinarse frente a él antes de pasar al ambón. Todos los movimientos que se hagan en la liturgia, tienen que hacerse con dignidad y gracia, nunca apresuradamente. Después de la lectura, el lector regresa a su asiento de la misma manera en que se dirigió al ambón. (IGMR 310)

IX.      CONSEJOS ÚTILES

18. Los lectores empiezan a leer diciendo, "Lectura del Libro del Éxodo" tal como está escrito en el Leccionario. No es apropiado agregar palabras como: “Primera lectura del..."

19. Si el Salmo Responsorial es recitado, los lectores deberán empezar con la antífona. Anunciar "Salmo Responsorial” no es necesario.

20. Los ministros de la Palabra no deben agregar o cambiar ninguna palabra del texto de la Palabra aunque, por razones pastorales, si puede abreviarse la antífona del Salmo.

21. El título de la lectura, como "Lectura del Libro del Éxodo" y el final, como “Palabra de Dios", deberán distinguirse de entre la lectura misma. Los lectores pueden lograr esto haciendo una pausa de aproximadamente tres segundos después del título y antes de iniciar la lectura en sí, y lo mismo al terminarla y antes de decir “Palabra de Dios.

23. Mientras proclama la Palabra, el lector puede sostener el Leccionario en sus manos o tenerlo sobre el ambón y descansar su mano encima de él. Cualquier cosa que distraiga de la Palabra proclamada, como por ejemplo reclinarse en el ambón, tener sus manos en los bolsillos, o estar intercambiando de un pie al otro, todo esto debe ser evitado. …

LA PALABRA DE DIOS EDIFICA, ILUMINA, CONSTRUYE, INTERPELA, PURIFICA Y NOS HACE ENTRAR EN COMUNIÓN CON DIOS