Domingo XXXI del Tiempo Ordinario
Conmemoración de todos los Fieles Difuntos
2 de noviembre de 2014

Moniciones


Al final de esta página de Moniciones para la misa de la Conmemoracion de los Fieles Difuntos, aparece el formulario completo de una oración liturgica para este día de los Difuntos a celebrar especialmente en el cementerio. Este formulario lo hemos completado otros años con gran aceptación por parte de los lectores. Por esta razón, la habitual Misa de los Niños que publicamos y en la presente página de Moniciones va este domingo en la página de la Oración de los Fieles.


MONICIÓN DE ENTRADA

Ayer, sábado, celebrábamos el día de Todos los Santos. Y hoy nos disponemos a iniciar la Eucaristía del domingo dedicada a todos los Fieles Difuntos. Y antes de nada recibir nuestra más cordial bienvenida. Hay que decir –aquí y ahora—que en ocasiones resulta difícil, hacer de la Eucaristía una celebración festiva y el día de difuntos, es una de ellas. Empezaremos cantando, aunque con un nudo en la garganta, porque personas muy queridas y cercanas, estarán celebrando esta Eucaristía desde el Cielo. Pero, desde allí nos animan y nos dicen: ¡Poned vuestro sufrimiento en las manos del Padre! No os dé miedo; aunque os parezca incomprensible, ¡hacedlo así! El dolor, en las manos del Padre, se convierte en redención. ¡No estéis tristes! ¡No se turbe vuestro corazón! En la vida, junto a Dios, se comprueba la realidad de las palabras de San Pablo: “Cuando se muere con Cristo, se vive con Él”

 

MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS


Nota sobre las lecturas elegidas

La conmemoración litúrgica de hoy se construye a partir de los varios textos de la Misa de Exequias. Nosotros hemos elegido los que se muestran en el Calendario Litúrgico Pastoral de la Conferencia Episcopal Española y que son las siguientes:

Lam 3,17-26. Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Sal 129. Desde lo hondo a ti grito, Señor.

Rm 6,3-9. Andemos en una vida nueva.

Jn 14,1-6. En la casa de mi Padre hay muchas estancias.


1.- La primera lectura es del Libro de las Lamentaciones y nos presenta, precisamente, el lamento de quien espera ya, en silencio la salvación del Señor, aunque no hurta explicar su desánimo. Es un texto duro, sin duda.

S.- El Salmo 129 es el conocidísimo “De Profundis” muy usado en exequias. Su primer verso es impresionante: “Desde lo más profundo clamo a ti Señor”. También es uno de los salmos penitenciales que se usan en nuestra liturgia. El salmista, en aquella época, hacía referencia a los males de toda la nación judía, no de sólo una persona, que espera el perdón del Dios misericordioso.

2.- La segunda lectura pertenece al capítulo sexto de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos. Y ahí hemos podido escuchar unas palabras impresionantes que, desde luego, definen perfectamente la celebración de hoy: “Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.”

3.- En el evangelio de San Juan, en su capítulo 14, Jesús nos ha ofrecido la razón de su marcha: va a prepararnos la vida futura. Dice: “En la casa de mi Padre hay muchas estancias, y me voy a prepararos sitio”. La vida futura, la vida tras la muerte es ir a la Casa del Padre a vivir con Jesús para siempre. Y eso es lo que con enorme alegría debemos celebrar hoy.


Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Como en otras ocasiones el padre Leoz nos ofrece esta oración para los momentos finales de nuestra Eucaristía, en un día tan señalado como lo es la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Escuchemos con mucha atención

 

¡VIVIREMOS PARA MORIR VIVIENDO!

Porque bien sabemos que a este mundo nuestro

vinimos de noche o de mañana a darnos un breve paseo

Porque, aunque lo olvidemos, a esta tierra nuestra

aterrizamos como lo hace un avión

para, luego, emprender otro vuelo más alto y definitivo

 

Porque en este suelo, de gozos y de lágrimas,

hemos ido dejando sudores y esfuerzos

fe, oración y confianza en Ti que tienes la última palabra

 

Por eso, con todos nuestros difuntos,

hoy más que nunca –mirando hacia lo alto- confesamos:

¡VIVIREMOS, CON CRISTO, PARA VIVIR CON CRISTO Y POR CRISTO EN EL CIELO!


Exhortación de despedida

Hemos aprendido que la muerte es un paso para la Vida, para la Vida Eterna que nunca se agota. Y por ello hemos de estar seguro que nuestros seres queridos, allá, ante le visión del rostro de Dios, tienen que ser felices. Eso es lo que importa.


Oración en el cementerio para el día de Todos los Difuntos

Por Javier Leoz

Párroco de San Juan Evangelista

Peralta (Navarra, España)

1. INTRODUCCIÓN

Bienvenidos, hermanos y amigos todos, a este lugar en el que –el camposanto- nos recuerda la fugacidad de tantas cosas y de la misma vida.

Bienvenidos, hermanos y amigos todos, a esta tierra que acoge y guarda, a la espera de la resurrección final, tantos abuelos, padres, hijos o hermanos que marcharon al encuentro del Padre antes que nosotros.

Bienvenidos, hermanos y amigos todos, a esta celebración en la que, la esperanza en Dios, llena todos los rincones de nuestras almas y, ¡cómo no! en la que, Jesús, una vez más nos repite: “YO SOY LA RESURRECCION YLA VIDA QUIEN CREE EN MI AUNQUE HAYA MUERTO NO MORIRA”

Ayer festejábamos a Todos los Santos, hoy al calor de los nuestros, recordamos también a todos los que marcharon de este mundo con la firme convicción de volvernos a ver.

Iniciamos esta celebración con el canto: (Resucitó/A Ti levanto mis ojos/Yo le resucitaré/Acuérdate de Jesucristo/ Tú nos dijiste que la muerte)

2. ORACION DEL SACERDOTE

Dios Padre;

Nuestra fe confiesa, bien Tú lo sabes,

que tu Hijo, Jesucristo, murió y resucitó por y para nuestra Salvación..

Te pedimos que, acojas la humilde oración de todos los presentes,

para que pongas delante de nosotros,

en el camino de nuestra existencia,

el soplo de la esperanza y el auxilio de tu mano.

Concede, Señor, el descanso eterno a nuestros difuntos;

perdona las faltas que en vida pudieron cometer

considera la fe que, mientras vivieron, te tributaron,

no olvides las buenas obras que, de palabra y con su testimonio,

realizaron por aquellos que más lo necesitaban.

Y, cuando llegue también el momento de nuestra partida,

acógenos junto con ellos para prepararnos con gozo santo

a la Resurrección que Cristo nos prometió.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

3. LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz potente: “Eloí, Eloí, lamá sabaktaní”

(Que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”)

Algunos de los presentes, al oírlo decían:

“Mira, está llamado a Elías”. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:“Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo”.

Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

“Realmente este hombre era Hijo de Dios”.

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:

“¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?”.

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron”.

3-A.- BREVE REFLEXIÓN

-También en nuestra vida hay un momento de tinieblas. ¿Quién de los que estamos aquí no hemos exclamado en algún instante “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”?

-Qué importante es, en este día, escuchar el silencio del camposanto; contemplar la tierra o el mármol que guardan a los nuestros y decir: “Estos también eran hijos de Dios”. Y, por lo tanto, no se perderán: ¡resucitarán!

- Venimos, en medio de un mundo que esconde y huye de la muerte, para recordar a nuestros difuntos. Como aquellas mujeres, temprano por la tarde, venimos con el aroma de las flores, con las lágrimas en nuestros ojos para aromatizar y embalsamar el recuerdo vivo de los que se marcharon.

-Como creyentes no nos podemos quedar en el dintel de la muerte. Hoy, un ángel, de nuevo nos dice: los que pusisteis aquí, no están aquí, esperan la resurrección del último día.

-Demos gracias a Dios porque, frente a una sociedad que exalta y levanta monumentos a las mascotas e incinera a los difuntos, nosotros seguimos con esta práctica cristiana: enterrar dignamente y guardar apasionadamente y con devoción la memoria de nuestros difuntos.

-Oremos unos instantes….

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

4.1. Para que Dios conceda el descanso eterno a los que creyeron en El y esperaron en sus promesas. Roguemos al Señor

Respuesta: Dales, Señor, el descanso eterno

4.2. Por los cristianos. Para que sepamos descubrir que, detrás de la muerte, se esconde la firme esperanza que Cristo nos dejó: ¡resucitaremos! Roguemos al Señor.

Dales, Señor, el descanso eterno

4.3. Por los que fueron padres y educaron en cristiano; por los que siendo jóvenes no alcanzaron la madurez; por los que, como ángeles, cerraron los ojos siendo niños; por los que, con arrugas en su rostro, marcharon de este mundo, decepcionados o abandonados por sus seres queridos. Para que Dios les dé el premio merecido. Roguemos al Señor.

Dales, Señor, el descanso eterno

4.4. Por los que viven sin fe. Por los que ante la dura realidad de la muerte no encuentran respuestas. Para que Dios mueva sus corazones y les llene de su Gracia. Roguemos al Señor.

Dales, Señor, el descanso eterno

4.5. Por todos los queen la larga historia del cristianismo han muerto con la firme esperanza de la Resurrección. Para que un día Dios les haga contemplar, junto a nosotros, la claridad y la hermosura de su rostro. Roguemos al Señor.

Dales, Señor, el descanso eterno

4.6. Por todos los que están enterrados en este cementerio (silencio). Para que Dios, por nuestro recuerdo, oración y su gran misericordia les levante un día de aquella muerte que ahora les humilla. Roguemos al Señor.

Dales, Señor, el descanso eterno

5. NO, NO OS HEMOS OLVIDADO

Pasarán los días,

pero vuestro amor y vuestros gestos

hacen que se mantengan vivos nuestros recuerdos

Se sucederán los años,

más delante de nuestros ojos

siempre arderá la luz de vuestros sabios consejos

el silencio prudente en vuestras respuestas

las huellas que, en paso firme y sereno,

dejasteis en nuestros caminos.

NO, NO OS HEMOS OLVIDADO

Abandonaremos también nosotros este mundo

y, aunque parezca mentira, tampoco os olvidaremos

Un Padre, con casa eterna y cimientos celestiales,

nos hará de nuevo juntarnos en una misma familia

en torno a una gran mesa.

Un Padre que, lejos de pensar como el mundo piensa,

de olvidar, como el mundo olvida,

no olvidará ni vuestros nombres ni los nuestros

vuestra historia de amor ni la nuestra.

Un Padre que, con brazos de misericordia,

va acogiendo y recogiendo uno por uno

a tantos hijos cansados de la vida

pero esperando en la salud que existe en el cielo.

NO, NO OS HEMOS OLVIDADO

Descansad de vuestras tribulaciones y pleitos

Aligerad las cargas que soportasteis en vuestros hombros

Dejad, en este duro suelo,

aquello que os separaba de la felicidad de los justos

NO, NO OS HEMOS OLVIDADO

Como José de Arimatea, lo hizo con Cristo,

os cogemos, una y otra vez, del madero de la cruz

para dejaros con fe, devoción y agradecimiento

en este lugar que espera, y así nosotros lo creemos,

el tercer día de la Pascua definitiva.

NO, NO OS HEMOS OLVIDADO

Amén.

6. PADRENUESTRO

(Convendría en este momento aspergear con el agua bendita. Y, si se cree oportuno, invitar a los fieles acercarse hasta el hisopo para que, con las manos abiertas, recibir agua bendita con la que, luego, rociar la sepultura de sus seres queridos. Un gesto que invita a recordar que, por el Bautismo, fuimos hechos hijos de Dios y, Dios, nos resucitará)

 

7. ORACION FINAL

Tú, Señor, te hiciste carne de nuestra carne

en el seno virginal de María.

Tú, Señor, compartiste los gozos y las alegrías

los éxitos y los fracasos de todos los hombres.

Tú, Señor, subiste a la cruz

para que comprendiésemos el valor supremo de tu amor.

Tú, Señor, cerraste los ojos en la cruz

para que, el hombre, no los cerrase definitivamente

después de su muerte.

Tú, Señor, al tercer día, resucitaste

y, desde entonces, el hombre está llamado

a la felicidad y no a la muerte.

Acoge la oración que te presentamos

por todos nuestros difuntos.

Como al buen ladrón, dales un lugar en tu paraíso

Como a Lázaro, devuélveles un día la vida

Como a los que esperaban en Ti,

no les dejes de lado en el último día.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.