XVII Domingo del Tiempo Ordinario
27 de julio de 2014

Moniciones


MONICIÓN DE ENTRADA

Recibid nuestra más cordial bienvenida al inicio de esta asamblea de hermanos que se reúnen para hacer memoria del sacrificio salvador de Jesús de Nazaret. Hoy, el Maestro nos habla del Reino de los Cielos y de la alegría total al saber que lo hemos encontrado. Es como aquel hombre que compró un campo para encontrar un tesoro o el comerciante que lo vende todo para hacerse con una perla maravillosa. Son parábolas que, sin duda, nos marcan una elección clara y una opción total por el Reino y por su Justicia. Iniciemos, pues, nuestra Eucaristía con emoción y alegría.

 

MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, correspondiente al Libro de los Reyes, Salomón, le pide al señor la sabiduría por encima de cualquier bien material. Ese fragmento bíblico es muy hermoso y con especiales resonancias para nuestro tiempo en los que parece que la sabiduría quiere apartarse de Dios, mientras que la realidad nos dice que el Creador es fuente de toda sabiduría.

S.- El Salmo 118 es, sin duda, el más extenso del salterio. Y contiene, prácticamente y de manera poética, toda la Ley de Moisés. Y muchos exegetas han descubierto que se expresa muy bien en su texto esa decisión de Dios de crearnos a su imagen y semejanza. Los versos que cantamos hoy son de aceptación plena al amor, a la voluntad y la ternura que Dios nos profesa.

2.- San Pablo, en la Carta a los Romanos, expone el plan completo de Dios respecto a nuestra salvación y se habla de predestinación que podría confundirnos como elemento que restara nuestra libertad. Pero esa predestinación está prevista para la Iglesia, para el conjunto de cristianos, como grupo coherente.

3.- Sigue el "discurso de las parábolas" del Evangelio de Mateo. Esta vez es la búsqueda del tesoro escondido que no es otro que el Reino de Dios. Tambien se nos habla de la red del pescador que se asemeja –al contener peces pequeños y grandes--a la cizaña plantada por el Maligno en el campo de trigo, fue el argumento del domingo pasado. Es el mensaje del Dios paciente, amoroso y tierno, que permite la convivencia del bien con el mal hasta que lleguen los últimos días y el juicio: expresión ineludible de su justicia perfecta. Escuchemos con alegría y esperanza la palabra de Dios que nos llega este domingo.


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Bella y muy llamativa la oración que Javier Leoz nos ofrece hoy como lectura final de nuestra Eucaristía. Escuchémosla con atención

 

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!

¡Demasiado bien sé donde se encuentra tu tesoro!

En el silencio,

que tanto hiere porque tanto me dice

En la humildad,

donde la pequeñez tanto me asusta

En la sinceridad,

que me convierte en diana de tantos dardos

Ayúdame, oh Cristo, a no perder el campo de tu tesoro:

La fe que es llave para poder amarte y descubrirte

El amor que es bono seguro que cotiza en el cielo

Mi perfección, para no convertirme en algo vulgar y solitario

 

¡NO ME CONTESTES, SEÑOR!

Soy yo, quien hoy más que nunca,

necesito buscarte por mí mismo

y ponerte en el lugar que te corresponde:

¡EN EL CENTRO DE MI TODO!

Amén


Exhortación de Despedida

Salgamos alegría del Templo. Jesús nos muestra con sus parábolas cual es lo que más nos interesa, lo que nos conviene para nuestra autentica felicidad. No lo olvidemos.