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TALLER DE ORACIÓN PROPUESTAS PARA ORAR EN VACACIONES Por Julia Merodio Después de mucho pensar que sería bueno ofreceros para seguir, en vacaciones, nuestro contacto con el Señor, varias realidades han llegado a mi mente. He pensado que: quizá no gozásemos de las condiciones necesarias para encontrar una iglesia cerca de casa; que quizá nuestro tiempo se tenga que distribuir de tal manera que no nos quede un espacio para detenernos y silenciarnos; que nos encontraremos con personas que normalmente no vemos, pero a las cuales queremos de verdad y nos apetece estar un rato con ellas y, sobre todo, he pensado que la familia estará junta, cosa magnífica para apreciarnos y sentirnos. Sin embargo las noticias que oímos y vemos en los medios de comunicación parecen decirnos que, en tiempo de vacaciones bastantes matrimonios se separan y algunos se sienten tan estresados, al tener que vivir todos los días juntos, que vuelven con una verdadera depresión. Ante tales alarmas he pensado que quizá sería bueno relajarnos un poco durante este tiempo y compartir una revisión familiar. Es por esto, por lo que he decidido mandaos unos temas familiares. EN VACACIONES: ¿SUMAS O RESTAS? Estoy segura de que, a muchos de vosotros, os parece éste un título, poco adecuado, para un artículo publicado en tiempo de ocio y lleváis razón. ¿A qué estudiante le gusta hacer deberes en vacaciones? Pero esta disconformidad tiene que atender a la responsabilidad. Si los alumnos han aprovechado el curso podrán descansar, pero si estudian y trabajan, o han hecho el holgazán dejando, por ello, alguna asignatura para septiembre no les quedará más remedio que ser cumplidores y seguir trabajando. Creo que esto es aplicable a la familia. Si la vida tan ajetreada que llevamos no deja, apenas tiempo para trabajar la relación ¿No creéis que será necesario aprovechar las vacaciones? HAY REALIDADES QUE NO TIENEN VACACIONES Como apuntaba al principio, cuando nos ponemos ante la televisión, aunque sea simplemente a ver un telediario, nos llenan la cabeza de estadísticas sobre lo que ha pasado durante la temporada estival. Entre otras muchas situaciones nos hablan de la cantidad de fracasos matrimoniales que se han producido al volver de nuestro ansiado descanso; de ahí que no podamos menos que, detenernos a observar: primero si es verdad y segundo a qué se debe. Uno de los primeros problemas que se presentan en la familia es: • La dificultad que tienen para relacionarse cuando están juntos. No es nada extraño. Hoy el hombre vive en “su empresa”, la mujer en “la suya” y los niños con los abuelos o con la que me cuida. Por tanto no saben como empezar a relacionarse, son mucho más afines a otras personas que a los de su propia casa. De tal manera que, sin saber cómo empiezan a saltar chispas. En ese momento aparece la segunda parte. La sensación de fracaso: • Se nos ha muerto el amor. No nos queda más remedio que separarnos. ¿Cómo? ¿De qué clase de amor me hablas? ¿De un amor que se muere? ¡Imposible! Si hay algo que no puede morir es el amor. No tenéis, nada más que acercaros a la Palabra de Dios. Nos lo dice S. Pablo en su carta a los Corintios: la fe y la esperanza pasarán, pero el amor no puede desaparecer nunca. Por tanto, no ponernos rendirnos, pongamos manos a la obra y empecemos a construir. Para ello empezaremos, observando la ilusión con que preparamos todo lo necesario para pasar unos días felices, los esfuerzos que hicimos para conseguir nuestros sueños, los sacrificios que nos ha costado llegar hasta donde nos encontramos… y, tomamos tiempo para ver como se ha malogrado nuestra realidad. Después de tomar conciencia de la situación, nos preguntamos ¿Cómo resolverla? La respuesta es clara: siempre hay que sumar nunca restar. SUMANDO GENEROSIDADES Quiero invitaros a que, este año, las vacaciones sean plenas. Os invito a sentir la cercanía del otro, a dialogar, a escucharos, a regalaros tiempo unos a otros, a sentir que os amáis… Para ello: • Empezaremos sumando: respeto. A todos nos gusta que nos respeten. Sin embargo nosotros pasamos por alto muchas cosas que, podemos ofrecer y hacer por los que viven a nuestro lado, con el pretexto de ponernos en “nuestro sitio”. Enseguida nos sale el enfado si nos contradicen. Somos capaces de humillar a los otros para que vean que tenemos la razón. Pasamos de largo ante un problema que nos compromete, y nos quedamos tan tranquilos sin darnos cuenta que respetar a los demás es quererlos, y eso se demuestra con obras. • Sería importante sumar: servicio. No nos confundamos no he dicho servidumbre sino servicio. ¡Pero si resulta que vengo a descansar! ¿A quién se le puede ocurrir decirme que tengo que servir a los otros? De vacaciones nos vamos toda la familia, pero si ninguno hacemos nada ¿Cómo vamos a vivir? Y ¿acaso no son vacaciones para todos? Yo creo que la clave está en que todos echemos una mano al otro para que tenga el mayor tiempo posible de descanso. Y estoy segura de que si lo hacemos así todos podremos descansar. Cuando te acuestes cada noche pregúntate: -¿He servido hoy? -¿Lo he hecho con cariño? -¿Ha sido para que me lo agradecieran, o lo he hecho gratuitamente? • No os olvidéis sumar: alegría. Dios puso en nuestro corazón la alegría, porque Dios es alegre, y ha querido que vivamos en familia, para que compartamos juntos, ese maravilloso regalo. Sonríe a los tuyos, sonríe a los que pasen a tu lado y presta atención a los que caminan tristes para invitarlos a compartir la alegría contigo. Pero sobre todo hazles ver que Dios los ama y muéstrales, también, tu amor; pues cuando una persona se siente amada cambia la expresión de su rostro. • Imprescindible sumar: paz, bondad, generosidad… No pongas esa cara. La paz depende de cada uno de nosotros. Todos tenemos unos derechos como personas, también los que viven a nuestro lado. La paz llegará cuando respetemos los derechos, de cada uno, como nos gustaría que respetasen los nuestros. Por eso, ayudemos a vivir con dignidad; que a nadie le falte lo necesario, para seguir “vivo”; que lleguen a todos los bienes y el amor. ¿Acaso crees que tú no tienes nada que hacer, en tu familia, para que reine la paz? Seamos también bondadosos, generosos… hoy donde se habla con la voz elevada, donde los que hablamos parecemos sentar cátedra, donde gritamos para tapar a los demás… no podemos sospechar lo que supone encontrar una persona que sea dulce. Seamos dulces para que seamos capaces de hacer llegar a los demás el buen Sabor de Dios. RESTEMOS EGOISMOS • Una cosa importante, que hay que restar es: el consumismo. La vida de hoy nos enseña que la felicidad está en el consumir, en acaparar, en pensar solamente en nosotros mismos… y no podemos olvidar que las vacaciones son un tiempo propicio para ello. No importa nada más que lo que me apetece, tenga el precio que tenga. “¡Me lo merezco!”. Para algo he trabajado duro. ¡Egoísmo puro! Este año os animo a cambiar el esquema. A dedicar tiempo a conoceros mejor, a regalarnos lo bueno que poseemos, a pasear, leer, jugar, reír, rezar juntos... Esto no cuesta dinero pero es ciertamente valioso. No lo penséis más, de vosotros depende el que estas vacaciones sean realmente inolvidables. VACACIONES, UN TIEMPO PARA CELEBRAR ¿Qué celebramos? La mejor enseñanza, sobre la familia, es: la vida en común bien celebrada. A nadie le resultará novedoso entrar en lo que son las celebraciones. ¿Quién no ha pasado por ellas durante, un tiempo, no muy lejano? Hoy se celebra todo. Antes, se celebraban los acontecimientos significativos: La primera Comunión; una boda; de vez en cuando un cumpleaños… Ahora, las celebraciones han tomado otro cariz. Celebrar un acontecimiento es signo de prestigio; es, el escaparate para demostrar el estatus que tenemos; y, por eso tratamos de celebrar los eventos cuando hay gente, cuando se puede sobresalir… y si no es así, ¡muy fácil! no lo celebramos. Así vemos celebrar: una despedida de soltero, una puesta de largo, la inauguración de una terraza, la elección de reina de las fiestas… Y no nos duelen los esfuerzos que tengamos que hacer para que pueda llegar al evento alguna cámara de televisión, para que los asistentes se vistan con ropa de los mejores modistos y así, entre una cosa y otra, se puede airear la vida de los concurrentes, aunque sea con una ligereza singular. Esto sin olvidar a los niños que, realmente, tienen una vida social intensa. Asisten a cumpleaños, un día sí y otro también, con el consiguiente regalo y la incomodidad para los padres de tenerlos que llevar y traer; pero no importa, lo que impera es seguir el ritmo que marca la sociedad. Sin embargo, quedamos tan extenuados de las celebraciones que huimos de ellas al precio que sea; aunque, sin darnos cuenta, nos estemos perdiendo lo más bonito de la existencia, celebrando: lo que no cuesta, lo cotidiano, “lo nuestro”… Y ¿por qué hemos llegado a esto? Pues, simplemente, porque hemos confundido Celebración con “acontecimiento social que, incluye, banquete suculento de primera magnitud” QUEREMOS CELEBRAR Estamos en verano y, el verano, es un buen momento para la celebración. Lo vemos, en la multitud de pueblos y ciudades, que celebran sus fiestas patronales. Saben bien que para darles esplendor necesita haber mucha gente y es el momento más oportuno; pues ¿Quién no se guarda, unos días de vacaciones, para reunirse con la familia y festejarlo? De nuevo, tendría que pararme aquí, para compartiros cómo se han distorsionado esas celebraciones; pero no creo que sea el momento adecuado, tan sólo reiteraré cómo se ha perdido el verdadero sentido de celebración. Por eso, querría invitaros a valorar la grandeza de esas celebraciones que dan vida, que hacen vivir. Observamos el momento de juntarnos toda la familia para pasar unos días de cercanía y calidez. Estamos en vacaciones: Sin horarios, sin estrés, sin condicionamientos… ¿No es este un motivo de festejo? Comienzan a surgir los impulsos de celebración. Empezaremos celebrando: • El encuentro Es infrecuente oír, a alguien, que te diga: Estamos celebrando el encuentro. No sé, quizás no somos conscientes de lo gratificante de un encuentro; de ahí que no surja en nosotros la actitud de celebrarlo. El corazón del ser humano es un bosque salvaje que hay que cuidar, adornar y conservar para que se haga posible la vida; por eso necesitamos dejar que otras personas entren en él para que nos ayuden a descubrir senderos por donde caminar en su espesura. Pero, a veces la rutina, la comodidad, el consumismo… no nos dejan, llegar al verdadero Encuentro. Por eso, este año, va a ser distinto. Vamos a dejarnos encontrar. Con esa fusión que da vida; que nos lleva a la amistad, al cariño, al agradecimiento, a la Luz…Que nos ofrece el honor de: • Estar juntos.- Estar juntos no es llegar al mismo sitio, en el mismo coche; ni compartir apartamento; ni salir juntos para que lo vean los amigos. Estar juntos, es sentir a los demás, hacer cosas en común, guardar tiempo para escucharnos, para dialogar, para querernos… Puede ser que lleguemos cargados de desilusión, de desavenencias… que nos sintamos incómodos a la hora de compartir con los demás. Vamos a solucionarlo, vamos a tomarnos en serio nuestra relación. Una relación que, a veces sin darnos cuenta, está afectando a la vida de nuestros hijos. Puede ser, también, que alguno de nuestros hijos, se sienta fastidiado porque ya está en una edad difícil. No lo ahoguemos llenándolo de consejos ¡amémosle! Tratemos de comprendernos, los unos a los otros. Comprender es: Una tarea de amor hecha con inteligencia y rumiada con el corazón. • La alegría.- ¡Qué importante saber celebrar la alegría! No tenemos que desplazarnos, muy lejos, para ver familias apesadumbradas, resignadas, mortecinas…No les queda más remedio que aguantarse. ¡Es ley de vida! –dicen -, como si llevasen a hombros, un fardo, imposible de soportar. No han aprendido que, la vida la hacemos cada uno y que los acontecimientos que nos acompañan, no son ni buenos ni malos, nosotros los hacemos buenos o malos. ¿Es malo el marisco? Pues comámonos dos kilos y esperemos a ver lo que nos pasa, creo que está clara la demostración La alegría se apaga cuando sale nuestro “YO” a relucir y trata de imponer su criterio a los demás. Nadie quiere ceder, todos esperan ser protagonistas; y el “YO” termina ahogando la alegría, porque el amor no ha sido capaz de hacer desaparecer el egoísmo. La alegría y la felicidad se avivan...: • Cuando sabemos descubrir el valor de los pequeños detalles. • Cuando somos capaces de buscar lo bueno de los demás, cuando lo fomentamos, cuando lo agradecemos… • Cuando tenemos ojos limpios para encontrar lo positivo de los otros. • Cuando nos damos cuenta de que, siempre se puede amar más y mejor. • Cuando somos capaces de comenzar y recomenzar de nuevo. • Y, sobre todo, cuando estemos preparados para descubrir, lo atractivo del misterio, que cada uno tenemos como persona. UN MODELO DE REFERENCIA ¡Cuántas veces hemos dicho que el modelo de referencia lo tenemos en la familia de Nazaret! Pues por ser así vamos a recordar algunos momentos claves de la vida de María. Es significativo que, en medio de tanta ansia por hacer unas fiestas llenas de espectáculos de todo tipo donde predomine la música y el alcohol, en una sociedad que quiere sacar a Dios de la vida cotidiana, en una sociedad que se declara laica –por decir algo-- todavía se tome el nombre de la Virgen para encabezar las fiestas. Es revelador que la mayoría de la gente que se declara agnóstica defienda con vehemencia la Virgen de su pueblo. Pero como sé que es así y que, en agosto, se suelen celebrar las fiestas de la Virgen en su multitud de advocaciones, quiero compartiros unas reflexiones sobre María por si pueden serviros, además de para hacer oración, para preparar alguna liturgia. EL RIESGO DE CREER “Bienaventurada Tú porque has creído” Estas fueron las palabras salidas de un corazón fascinado. Antes de que María recibiera la noticia del Ángel, Dios había puesto su mirada en unos esposos incapaces de tener descendencia, por su avanzada edad, e Isabel había concebido en su seno a ese hijo que tanto había deseado. Nadie salía de su asombro, algo grande debía estarse forjando para que el Señor la hubiera elegido a ella. Pero no tarda de aparecer ante sus ojos, algo que supera todas las previsiones que pudiera hacerse la ciencia humana; María, su prima, ha sido elegida para concebir, en su seno al Salvador de la humanidad. No tiene nada más que verla para que todo su ser se estremezca. Hay noticias que dicta el corazón y están más allá que cualquier certeza; así pronuncia ella palabras de las que ella misma se sorprende: “Bienaventurada tú porque has creído” Verdaderamente es un saludo poco usual en un encuentro entre dos personas y sin embargo para un cristiano, para un hombre de fe debería ser algo tan normal como la misma vida. “En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” (Lucas 1, 41 – 43) LA FE DE MARIA Para María vivir desde la fe es algo cotidiano y normal. Para ella fe y vida forman una unidad. No es, sin embargo tan usual para cualquier cristiano pues cuando en la vida las cosas empiezan a ponerse mal parece que la fe empieza a desaparecer. María es distinta. Ella cree firmemente el mensaje que el Ángel le trae, aunque su mente no pueda abarcarlo. Ella quema las naves, salta al vacío y pronuncia su SÏ incondicional, un Sí que sería el que revolucionaría la historia trayendo al mundo una novedad incomprensible para muchos. Nuestra manera de obrar es distinta, dista infinitamente de la de María. Así los que decimos creer pedimos demostraciones, pruebas, certezas, oportunidades… sin darnos cuenta de que la fidelidad ha de pasar por la prueba de la confianza, la perseverancia y la coherencia. Es verdad que vivir esta realidad un día o varios días es fácil, pero vivirla toda la vida conlleva un esfuerzo que pocos están dispuestos a practicar. Se nos han pegado demasiado los seguros de vida, nos hemos acostumbrado a tenerlo todo bien atado, queremos que los demás resuelvan los problemas por nosotros y hemos dejado atrás los verdaderos valores: la fe en el Señor, la confianza que María nos predica con su vida, la esperanza en que el Señor actúa a su tiempo… es verdad que solemos ser coherentes en los momentos de exaltación, pero cuando nos llega la prueba, la tribulación, la duda… olvidamos aquello que tanto asegurábamos cumplir. LA COHERENCIA DE MARÍA “Sólo es fácil la coherencia que dura toda la vida”. Ponte en oración junto a la Madre. Pídele que ore en ti, que ponga tu oración en manos de Jesús y pregúntate: • ¿Qué es para mí ser creyente? • Cuando digo que soy una persona de fe. • ¿Estoy dispuesta a aceptar los riesgos que conlleva? • ¿Digo sí a Dios sin esperar demostraciones ni certezas? • ¿Me lleva todo esto a ser coherente en mi vida? El cristiano, como María, ha de testificar su fe con hechos que la respalden. ¡Qué bien se nos da hablar de las exigencias del evangelio con palabras bonitas! ¿Pero dónde están los hechos que confirman lo que decimos? María obra al contrario que nosotros, ella calla y actúa. Sorprende ver lo parcos que son los evangelios al hablar de su entrega y sin embargo siempre la encontremos ayudando a los demás. -Ella esta dispuesta tanto a ayudar en la necesidad, como a compartir una fiesta. -Ella pide a su Hijo que ayude a unos esposos apurados, porque quiere que la vida de dichos esposos sea una celebración. -Ella está en silencio al lado de los apóstoles, porque no puede resistir sus rostros sombríos. -Ella comparte la oración con ellos en la espera del Espíritu, porque sabe que la vida del Espíritu es lo que alegra el alma. -Ella… Siempre ella, siempre la Madre cubriendo nuestra necesidad y poniéndonos el traje de fiesta para que podamos asistir al banquete del Reino. ¡Cuánto ha escrito, la gente sencilla, sobre sus prodigios! ¡Cuántas personas agradecidas en oración ante su altar! ¡Cuántas ermitas a la entrada de los pueblos dedicadas a la Madre! ¡Cuánta gente que ni siquiera sabe rezar, se ponen ante ella simplemente para que los bendiga! Sería imposible pasmar en un papel lo que hay que decir del amor de María a sus hijos pero quiero compartir unas palabras que el catecismo “Esta es nuestra fe” tiene para ella y quiero que se graben en vosotros como se grabaron en mí alma cuando las leí: • “Del pequeño resto de los pobres de Yahvé nació María, la humilde esclava del Señor” • Con María despuntó en nuestra tierra la aurora de la salvación” • En María el pueblo de la promesa recibió la bendición tan esperada. De ella nació Jesús, es Mesías Salvador” Aquí dejo unos espacios en blanco para que podamos escribir lo que sale de nuestro corazón de hijos para mostrar el cariño que tenemos a nuestra Madre. . ------------ . ------------ . ------------- Porque esa es la vida con olor a evangelio. Esa es la coherencia entre fe y obras. Esa es la fidelidad hecha verdad. Esa es María. Nuestra Madre. DEJÉMONOS PREGUNTAR POR MARÍA “Hágase en mí según tu palabra” María es mujer, esposa y madre. Todos conocemos muchos rasgos de María en cualquiera de estas tres facetas, pero yo creo que hoy es la Virgen la que quiere preguntarnos a nosotros cómo vivimos esos mismos rasgos en nuestra vida de cada día, en nuestras vacaciones, en nuestras fiestas… ya que ella tiene muchos que decirnos a cerca de esta realidad. Y posiblemente nos dijese algo así: En primer lugar es necesario que, cada uno personalmente, tome conciencia de la misión que tiene en la sociedad, para que pueda observar como repercuten los acontecimientos en su vida personal y familiar. Es preciso que, cada persona, descubra las actitudes que lo rodean en los ambientes que frecuenta, para poder ayudar a los demás y dar testimonio de su fe. Es necesario también que ayude a valorar el papel de la mujer en el entorno en el que está situado, para que florezca la grandeza -que tanto se afanan por desterrar- de lo que supone para nuestra sociedad, la misión de ser esposa y madre; porque precisamente eso es lo que ella hizo, calladamente María, en una sociedad en que la mujer era poco más que un objeto. Ella es, por tanto, el espejo donde cada mujer ha de mirarse para ir engrandeciendo su vida y la de los demás. Lo queramos o no, la mujer es un pilar fuerte donde tiene que apoyarse la familia y la sociedad y no puede eludir sus responsabilidades. Su vida tiene tanto que decirnos porque Ella puso en alto la vida de familia con sus actitudes coherentes de madre y esposa. María no era la esclava de la familia, como las mujeres de su tiempo, era el centro de la vida familiar ofreciendo a los suyos firmeza y ternura; su hogar estaba abierto a las necesidades de los demás y cada día llevaba a la oración su realidad para alabar y agradecer al Señor tantos dones y maravillas como hacía a través de su pequeñez, y con la mayor humildad, como sólo ella tenía, repetía en cada momento su SÏ incondicional a cualquier circunstancia que el Señor presentaba en su vida. Parece que en la mente de la Madre estaba presente la promoción que la mujer debía adquirir día a día, y que por desgracia no hemos logrado después de tantos años de intento. La mujer sigue, como entonces, sufriendo discriminación en el hogar y en la sociedad a pesar de los esfuerzos realizados; y cuando miramos la vida familiar vemos con pena que tampoco cuenta con un momento de auge. Incluso, podríamos presentar todos sectores de la sociedad que luchan por equiparar la igualdad entre hombres y mujeres sin darse cuenta de que, la dignidad de la mujer, está muy por encima de todos esos burdos planteamientos. Por eso quiero hoy, junto a María: mujer, madre y esposa dejaos unas palabras que nos hagan a todos, llevar a la oración la realidad que vivimos como esposos y como padres para que ellas nos ayuden a ir caminando juntos. “Dichosos los esposos que marcan su vida por la misericordia y ayudan a todos los que se cruzan en su caminar” El corazón del ser humano es un bosque salvaje que hay que cuidar, adornar y conservar para que se haga posible la vida en él; por eso necesitamos dejar que otra persona entre en él y nos ayude a encontrar senderos por donde caminar en su espesura. Sin embargo y, sin a penas percibirlo, nos dejamos llevar por la corriente del mundo y caminamos por el bosque de la rutina, de la comodidad, del consumo, y perdemos el camino de salida, donde el otro nos espera, cayendo en la tristeza y el desánimo. Dichosos en ese momento si vuestro corazón está inundado de esa misericordia capaz de ayudar y pedir ayuda, capaz de tomar la decisión de amar y cogidos de la mano superar esa situación, porque ello os hará estar atentos cuando en él se refleje: la monotonía, la rutina, la desilusión, el cansancio. Y os llevará a seguir el camino que conduce a la novedad y a la grandeza de la verdadera relación, siendo capaces de: • Dejar las malas caras y las reticencias para levantar la cabeza, aún en el dolor, con el coraje de coger aire para respirar. • Porque eso nos llevará a tender nuestra mano y encontrar la suya, esa mano amorosa que nos ayudará a salir del bache en que nos parecía haber caído. • Encontrando, en la comunicación, esa senda hecha en el día a día que nos irá llevando a lo que queríamos conseguir. • Viendo, en el otro, la luz que ilumina la senda por donde nos habíamos propuesto caminar. MARÍA MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA El Concilio Vaticano II miró a María cuando nos dejó este mensaje referido a la mujer: “Llega la hora, y ha llegado ya, en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud; la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso y un poder jamás alcanzados hasta ahora. En este momento en que la humanidad conoce un cambio tan profundo, las mujeres llenas del espíritu del evangelio pueden ayudar en gran medida a que la humanidad no decaiga” Siguiendo las huellas de María, cada persona encuentra la vocación, a la que ha sido llamada para vivir junto al Señor su vida de bautizada y es capaz de colaborar con los hermanos para hacer un mundo más justo, más humano, más fraternal, más pacífico; un mundo donde la vida sea defendida, conservada, promovida; un mundo donde los seres humanos seamos capaces de reconciliarnos con nosotros mismos y con Dios; un mundo donde la familia, los pueblos, las naciones encuentren la vía del diálogo, de la escucha, del respeto y del acuerdo mutuo. Lo que pasa es que cuando hablamos de vocación lo entendemos como “meterse” fraile, cura o monja cosa que se halla fuera de nuestro alcance. Gran equivocación la nuestra. La vocación consiste en ponernos en manos de Dios para que nos haga, para que nos envíe, para que nos diga desde donde quiere que le sirvamos. La vocación es fidelidad, gratuidad entrega. La vocación toma sentido cuando, como María, alguien le dice a Dios: “Heme aquí”. Cuando, ese alguien, le ofrece su disponibilidad sin rodeos, sin artificios, con sencillez. Aquí estoy para que Tú, mi Señor me digas lo que quieres de mí. ¡Qué bonito sería que nosotros supiésemos hacer lo mismo! Porque, si fuésemos capaces de hacerlo así, habríamos llegado, como María, a tener la seguridad de que sólo Dios puede hacer maravillas, tan sólo necesita la disponibilidad de una persona, que es capaz de depositar su pobreza en sus manos de Padre. Ahora ya entiendo por qué Dios eligió a María para venir al mundo. Ahora entiendo porque fue madre de Dios antes que madre de los hombres. Ahora entiendo porque Jesús no podía irse al Cielo sin regalarnos lo mejor que tenía su Madre. ES EL MOMENTO DEL COMPROMISO La vida sigue y hoy nos elige el Señor a ti y a mí, para que continuemos la misión que comenzó María. Vivamos, como ella. Vivamos la fiesta en clave de Dios; demos testimonio de nuestra vida de creyentes, pongamos a María en el discurrir de los festejos y, si nos desanimamos al comprobar que somos una gota insignificante en medio del inmenso océano, pongámoslos en pie sin desmoralizarnos al pensar que precisamente esas pequeñas gotas fueron las que hicieron posible su inmensidad. ¡OS DESEO UNAS VACACIONES LLENAS DE FELICIDAD!
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