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TALLER DE ORACIÓN EL GRAN SANADOR Por Julia Merodio El viernes día 10, será el día del ayuno voluntario que dará paso a la campaña de Manos Unidas, presentándose ante nuestra mente dormida, la realidad de los que necesitan ser tenidos en cuenta. Este año el lema de la Jornada será “La salud derecho de todos” Un lema, realmente acertado y contundente, ya que estamos insertados en un mundo, donde la enfermedad se pega como una lapa, a cuantos vivimos en él. Y es que podemos perder la salud por inanición y podemos perderla por comer desmedidamente. Tanto la anorexia como el atracón, pueden llevarnos hasta la misma muerte. Y, precisamente, es en esta semana cuando llega ante nosotros esa dualidad, unos se mueren de hambre, mientras otros despilfarran sin piedad. VIVIMOS UN MOMENTO DELICADO Al ponerme ante este delicado tema me pregunto, si todavía nos afectan las situaciones intolerables que conviven, desde nuestro entorno más cercano hasta los rincones más apartados del planeta, o ya nos estamos acostumbrando a ellas. Llevo demasiado tiempo viendo pobreza y decepción. La gente espera a que llegue este día para ver si sus necesidades están acogidas en algún proyecto. ¿No os parece decepcionante y triste? ¿No os parece inhumano tener que esperar 364 días para que nuestra sensibilidad pueda observar, esas imágenes duras e indestructibles mostrando la miseria que no queremos ver? ¿Acaso nos hemos planteado, alguna vez, lo que es morir de hambre? Es verdad que la situación de noticias desagradables, las penurias de nuestros amigos y familiares, el paro con toda su crueldad… nos lleva a la impotencia, de creer que ya no podemos más y que, no nos toca a nosotros resolverlo, pero hoy quiero invitaros a que, al menos, seamos capaces de mirarlo de frente. Bien sé que, los planteamientos no erradican el hambre y vemos desalentados que no termina, que sigue aumentando, que nos acosa, nos subleva, nos indigna, nos acecha sin piedad. Vemos que cada día los ricos son más ricos y los pobres mucho más pobres. Ante esta realidad: ¿Qué hacer? Creo que de momento, lo más sabio sería, ponernos ante el Señor y compartirle la situación: •Para que nos ayude a ver, con mayor nitidez, una realidad tan dura como esta. • Para que nos ablande el corazón y seamos capaces de pedir perdón por tantas injusticias en las que hemos participado, aunque haya sido veladamente. •Para que seamos capaces de compartir y pedir por los que, ni siquiera, pueden celebrar el día del hambre, ya que su vida es un continuo ayuno involuntario e indefinido, a veces quizá, causado por nuestro conformismo y nuestra falta de compromiso” “Dichosos los que eligen ser pobres porque de ellos es el Reino de Dios” (Mateo 5, 3 – 4) ESTO NOS AFECTA A TODOS --¡Cuánto nos cuesta comprometernos con las realidades de marginación! --¡Cuánto cuesta aceptar una actividad solidaria con una continuidad indefinida! --¡Cuánto nos cuesta mirar, a cara descubierta, las pobrezas de los hombres rechazados por la sociedad! Pero es importante saber que nadie estamos libres de pasar por la pobreza y que pronto o tarde pasaremos por ella de una forma o de otra. Cuando más tranquilos nos parezca estar llegarán a nuestra vida situaciones inesperadas, realidades que no tienen sentido. Y nos preguntaremos ¿por qué a mí? ¿Por qué tiene que perseguirme esta injusticia? ¿Por qué no encuentro un trabajo digno como los demás? ¿Por qué me ha tocado esta enfermedad? ¿Por qué me encuentro tan solo, si tengo una familia, unos amigos, un empleo...? ¿Por qué se apartan de mí cuando llega la dificultad, en lugar de ayudarme, de comprenderme, de acompañarme a salir de esta difícil situación? Preguntas y más preguntas a veces incontestables que nos lleva a vivir sumidos en la más absoluta desolación. ¡Cuántas veces, hemos intentado abandonar porque creíamos encontrarnos en un camino sin salida! Vamos a fijarnos en María y José cuando tienen que abandonar Belén. Con escasas provisiones y por caminos imprevisibles, avanzan en la noche para no ser vistos. Ellos saben que los soldados de Herodes pueden aparecer por los sitios más insospechados y están totalmente indefensos. Con el corazón inquieto y la cabeza llena de preguntas tienen que repetir de nuevo el Sí, sin más certezas que la fe grande que ilumina sus almas. ¿Qué será de nosotros?, ¿Cómo viviremos en Egipto? Sin conocer el idioma, sin conocer a nadie, con mínimos recursos ¿Seremos capaces de sobrevivir? ¡Debe de ser dura la pobreza, sobre todo cuando te la imponen los poderosos! “Porque yo, el Señor, que amo la justicia, y odio el crimen les daré fielmente su recompensa y sellaré con ellos una alianza perpetua” (Isaías 61, 8 – 9) ANTE NUESTRO COMPROMISO PERSONAL San Pablo que entiende de esto nos deja escrito en su carta: “Ya comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios” Pero: • ¿Acaso podemos dar gloria a Dios, desde nuestra falta de compromiso con los que sufren enfermedad y hambre? • ¿Acaso podemos dar gloria a Dios, viviendo en opulencia, indiferentes ante la urgencia de solidaridad? • ¿Acaso podemos dar gloria a Dios, envueltos en muestra “máscara” para no mirar de frente las pobrezas de los marginados de la sociedad? No lo dudemos más. Ante nosotros se presenta un buen momento para planteárnoslo: - Revisando nuestros gastos superfluos. - Viendo si tenemos hambre y ser de ser justos. - Observando nuestros compromisos con los que sufren marginación. - Comprobando si vemos en los “molestos” el Rostro de Cristo. - Y si hacemos todo para gloria de Dios. ¡Qué misterio tan hondo el de la libertad humana! MOMENTO DE ORACIÓN Es duro ver que el destino de los pobres siempre depende de la dureza de los poderosos. Por eso, nos ponemos en silencio delante de Dios para entrar dentro de nosotros mismos y hacernos conscientes de nuestra vida, de esos momentos en que hemos “comido y bebido” sin acordarnos de los demás; de las veces que otros han tenido que pasarlo mal a causa de nuestra indiferencia, de los pobres que han pagado nuestra falta de compromiso. --Pongamos, también hoy, ante el Señor, a esas personas que nos ayudaron cuando nosotros pasamos situaciones de dificultad. --Observemos delante del Señor, las veces que hemos pasado de largo ante la mano tendida de los que necesitados, tan llenos de dolor, los acosados por nuestra falta de responsabilidad. --Demos gracias, por las experiencias que todo esto nos ha proporcionado en la vida y que nos han ayudado a crecer. Y sobre todo, demos gracias, por esas personas que nos han ayudado a arrodillarnos hoy delante de Dios para pedirle perdón: • Por el bien que hemos dejado de hacer por comodidad. • Por las veces que, no nos hemos implicado en la realidad del necesitado. • Por no habernos manchado de barro con aquel que estaba caído. • Por las veces que hemos tratado de salvar una situación difícil, sin implicarnos en ella. • Porque nos ha dado miedo seguir al Señor, demasiado cerca, y siempre hemos guardado la distancia justa para no darnos hasta la totalidad. • Y sobre todo, porque nos cuesta demasiado seguir el ejemplo de Cristo.
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