Segundo Domingo de Pascua
3 de abril de 2005

MONICIÓN DE ENTRADA

Este domingo, Segundo de Pascua, y primero para nosotros tras la emocionante conmemoración de la Resurrección del Señor, nos trae el mensaje de la fe de Tomás y de su arrepentimiento por no creer. Y desde entonces en la cristiandad resuena su “¡Dios mío y Señor Mío!” como una de las oraciones más bellas --y de profundo sentido teológico y cristólogico-- que podemos recitar en presencia del Señor Jesús Resucitado.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura, sacada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, oiremos como lo tenían todo en común y rezaban juntos continuamente. Hay en el espíritu del cristiano actual una nostalgia de esa vida en unión de los primeros cristianos y que hoy, todavía, profesan las ordenes religiosas.

S.- Digamos primero que tanto este salmo 117, como los anteriores, 116 y 115, se inician en su texto original con el grito de Aleluya, muy indicado para este tiempo Pascual. Pero, además, el 117 era un himno para ser cantado en la Fiesta de los Tabernáculos y hay una teoría histórica al respecto de su origen. Y es que bien parece que las victorias de los Macabeos podrían haberlo inspirado.

2.- La primera Carta del Apóstol Pedro, que es nuestra segunda lectura de hoy, guarda un gran parecido con los primeros discursos de San Pedro reflejados en los Hechos de los Apóstoles. Guarda, pues, una muy especial coherencia con los mensajes de los textos litúrgicos de hoy.

3.- Se llama a este Domingo, el de Tomás, por la especial escena sobre su fe. Pero además son las apariciones del Señor Jesús en Domingo, lo que produciría la institución del primer día de la semana como Día del Señor, sustituyendo a la veneración por el sábado que profesaba la religión judía. Y como hemos oído en la monición de entrada, nos llega el mensaje de la fe de Tomás y de su arrepentimiento por no creer. Y, así, desde entonces en la cristiandad resuena su “¡Dios mío y Señor Mío!” como una de las oraciones más bellas que podemos recitar en presencia del Señor Jesús Resucitado.

NOTA.- Recordamos que esta monición sobre las lecturas puede también leerse de una vez para aquellas celebraciones que prefieren proclamar solo una monición al principio y no las cuatro tal como indican los números. Está redactada para que sirva en los dos casos.

 


Lectura de Postcomunión


La secuencia que se lee en la Misa de Pascua nos parece un bello final para nuestra Eucaristía de hoy.

SECUENCIA DE PASCUA

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.

 

Lucharon vida y muerte en singular batalla

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

 

¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?

A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,

los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

 

Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia

que estás resucitado; la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate de la miseria humana

y da a tus fieles parte en tu victoria sana.

Amén. Aleluya.


EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Salgamos contentos del Templo. Jesús ha resucitado, nuestra alegría es inmensa porque sabemos que ya la muerte no puede nada contra nosotros. El Señor nos da su paz y su alegría. Demos esta paz y esta alegría a todos los hermanos. El alma nos pide hoy gritar nuestra felicidad. No evitemos las justas y razonables manifestaciones de alegría. ¡Qué el mundo sepa que estamos contentos!