X Domingo del Tiempo Ordinario
5 de junio de 2005

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Hemos terminado, ya, todas las últimas solemnidades del Tiempo Pascual y las primeras del Tiempo ordinario. Y así iniciamos la celebración eucarística de este domingo, el número diez, de un tiempo ordinario que nos acompañará hasta el final de año litúrgico con la llegada del Adviento. Pero lo importante es que Dios hoy nos presenta su misericordia y su deseo de que nosotros seamos, en primer lugar, misericordiosos con los hermanos, importando el amor y la misericordia más que los sacrificios, y que los ritos. Estamos, pues, en el domingo de la misericordia. Jesús come con un publicano porque desea fervientemente que se convierta y se salve. Eso es misericordia.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- Para muchos expertos el fragmento del capítulo seis del Libro de Oseas que es nuestra primera lectura de hoy, es de lo mejor del Antiguo Testamento, pues se acerca al mensaje de Cristo sobre la misericordia y la salvación. Pero los judíos no prestaron demasiada atención a los mensajes de amor y de gracia que les llegaban del Padre a través de los textos sagrados. Esta primera lectura va a ser un excelente complemento de lo que escucharemos en el evangelio de San Mateo.

S.- En este salmo 49 el salmista refleja unas manifestaciones de Dios que al juzgar al pueblo de Israel, reprueba de manera muy directa el formalismo del culto –propio de, por ejemplo, los fariseos—y la posición equivocada de ese culto mal hecho sobre la realidad de los mandamientos de Dios. Se habla claramente, del desprecio de los mandamientos. Está pues en relación con la idea dada en la primera lectura respecto a la necesidad de misericordia y no de holocaustos.

2.- Vamos a escuchar un importante texto del Apóstol San Pablo. Habla en la Carta a los Romanos –la segunda lectura de hoy-- de la fuerza de la fe en la persona de Abrahán, quien emprendió un camino incierto, abandonando su casa y riquezas, sólo porque Dios se lo había ordenado. Esa fe fue para él promesa de salvación. Y su propia salvación. E, igualmente, relaciona el sacrificio de Cristo con la fe de Abrahán, como vínculo de salvación para todos los que, con fe, creemos en Jesús.

3.- Nos narra Mateo hoy su propia conversión. En efecto, el fragmento del evangelio de Mateo que se proclamará dentro de unos momentos, nos narra como Jesús se acerca a Mateo, gran pecador para el pueblo judío, por ser recaudador de impuestos para el invasor romano. Comió con él para llevar la salvación a su alma y a su casa. Los fariseos no van a entender esa acción del Maestro, el cual aprovechará para declarar, sin rodeos, que viene a buscar a los pecadores para, con su misericordia, salvarlos.

 

Lectura de Postcomunión


ACCIÓN DE GRACIAS

Por Astor Brime

Me siento en mí, lo mismo que la rosa

siente en el sol que late su hermosura;

me sabe a Dios tu pan sin levadura;

comiéndote, mi ser en Ti se endiosa.

 

Me siento en Ti igual que mariposa

sobre la flor libando su dulzura.

Siento rayar tu amor en la locura

de hacerte yo en entrega dadivosa.

 

Te siento en mí, tan vivo, tan cercano,

cual frufrú acompañante de la brisa,

que, más que Dios, te siento como hermano.

 

Me siento en Ti ajeno ya a la prisa

de indagar el misterio de tu arcano,

anegado en la estela de la Misa.


EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Marchemos felices a nuestras casas tras la eucaristía. Sabemos que Jesús ha venido a salvaros y que nuestra fe en el resucitado puede hacer maravillas para nosotros y para todos los hermanos. Estemos contentos. Dios salva.