1.- EL TOTAL ES LO QUE CUENTA Por David Llena Es el slogan de un par de anuncios de televisión, patrocinado por el ministerio de Medio Ambiente e España. En uno de ellos se ve como una chica hace el intento de tirar un papel al W. C. diciendo “total por un par de litros de agua”, a lo que su amiga replica que si todo el mundo hace lo mismo se desperdiciarían millones de litros de agua. En el otro un excursionista pretende encender una barbacoa el en bosque y los compañeros le replican que ese acto puede llevar a incendios y la destrucción de especies animales y vegetales. Otros anuncios, esta vez de la Dirección General de Tráfico, nos advierten machaconamente sobre los peligros de la velocidad, el alcohol al volante,… También, hay otro anuncio en el que advierte a los chicos sobre el problema del exceso de alcohol en las noches, que lleva aparejado el acabar en un coma etílico, o en el calabozo, entre otros lugares. Mi reflexión es a cerca de la cantidad de cosas que hacemos si pararnos a pensar en las consecuencias y que no nos advierten por la tele. O incluso que nos animan a hacer desde varios sectores de la sociedad. Por ejemplo, otro anuncio también desde instancias gubernamentales presenta todas las enfermedades más comunes de transmisión sexual y propone como única solución el preservativo. No incide en tener una pareja estable, por ejemplo, ni, claro está, en la abstinencia. Es como si la Dirección General de Tráfico insistiera en llevar un buen air bag y permitiese conducir borracho o a 200 por hora. Y es que hemos convertido las relaciones sexuales en un juego, hoy lo hago con unos mañana con otros, la cuestión es pasar un buen rato “total si usamos un preservativo”, al final seremos como el pirata de la canción: “en cada puerto tengo una mujer”. Y peor si esas mujeres tienen hijos (nuestros o no) o están enfermas y piden nuestra atención pero sobre esto no hay anuncios en T. V. y es que en estas materias también hay que decir que “el total es lo que cuenta” y que encender un fuego para asar unas chuletas puede acabar en situaciones trágicas.
2.- FERIA DE LA FAMILIA Por Pedrojosé Ynaraja Se supone que en el mes de agosto, los lectores están de vacaciones. Aunque uno piense a veces que, en este país, seamos más los escritores, que los lectores. Sea como fuere, he guardado para este inicio de curso, algunos temas que me resultaban muy gratos. Sí, sí, vi al Papa, cuando fui a Valencia. Pero, confieso, que no era este el interés fundamental del viaje. Ni siquiera el secundario. Siempre digo que no tengo ningún interés por ver al Papa. Lo que me importa, sí, es escucharle aprendiendo y rezar con él. El Encuentro Internacional de las Familias era tan importante, que mereció que el Pontífice se desplazase para la clausura. Y el encanto de sus discursos, al margen del acierto de la doctrina, es que habló sintiéndose miembro de una familia cristiana. De aquí que estas alocuciones fueran escuchadas, o leídas, con fruición, por parte de aquellos que viven satisfechos de su unión matrimonial. Sin olvidar sus simpáticas referencias a los abuelos y la explícita mención de los hijos adoptivos. Tenía uno la sensación de que Benedicto XVI se sentía allí “como el pez en el agua”. Por mi parte, fiel a mi ministerio, partí al amanecer del domingo, a donde había llegado el miércoles. A Valencia fui a participar en dos eventos. El congreso pastoral y la feria. Los congresos, ya se sabe, son interesantes por la convivencia inesperada de la que uno goza, ya que los textos, sean aportaciones o conclusiones, acostumbran a publicarse posteriormente. La gran riqueza de estos encuentros, pienso yo, radica en el contacto humano, concertado o imprevisto. Yo gocé, y me enriquecí, de ambos aspectos. Sinceramente, la feria es lo que más me atraía. Temía que no fuera lo que esperaba, pero no me defraudó. Era la primera vez que se convocaba una tal muestra, según supe. Durante mi vida he visitado diversas. Desde Ferias de Muestras, hasta Sonimag, pasando por Expomineralia y Alimentaria. En este caso el “producto” que se exhibía, era la familia que me interesaba enormemente. Imagine el lector que no pudo visitarla, una gran nave donde se situaban algo mas de 120 stands con diversos “productos”. Quiero advertir al lector que, cuando hace mas de 30 años organizábamos los encuentros de La Llobeta, había una parte que siempre interesó y nunca olvidábamos. La llamábamos el “personaje” Era alguien, individuo o grupo, que nos decía quien era, que hacía y porque lo hacía. En este caso, en otra perspectiva, se trataba de lo mismo. Así que, en mi visita, gocé de lo lindo. Creo que pasé, con algún detenimiento, por unas 64 propuestas. Fui tratado siempre con la mayor deferencia. A todos les planteaba las mismas preguntas de nuestras antiguas reuniones. En algunos lugares era yo el que me sentía como el pez en el agua, léase “Manos Unidas” o en editoriales en las que he publicado alguna de mis obras. En otros, me asombré ante propósitos que no hubiera imaginado se pudieran ofrecer, como el caso de aquella organización que dedica sus desvelos a los matrimonios en crisis. De dos sensaciones globales se enriquecía uno. En la Iglesia hoy hay un precioso jardín de sensacionales, vivas y útiles realizaciones. Dada la uniformidad, en forma y dimensiones, de las infraestructuras, no destacaban unas por encima de las otras, como tantas veces se pretende conseguir. Era el mismo espíritu que se vivió en los Pentecostés de 1998 y 2006. En próximas semanas me referiré a algunas de estas proposiciones. |