Domingo XXIII del Tiempo Ordinario
10 de septiembre de 2006
MONICIÓN DE ENTRADA Estamos juntos para celebrar la Eucaristía. Tomemos conciencia, una vez más, que la Eucaristía es la reunión de hermanos donde no se distinguen las diferencias sociales, culturales y económicas. Recordemos que la Eucaristía es el consuelo del triste, la ayuda del pobre, la acogida del marginado. Por tanto el deber de todo cristiano es hacer que el Reino de Dios exista aquí en la tierra desterrando cualquier desigualdad. Vivamos este encuentro como una auténtica Acción de Gracias. |
MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS 1.- Nuestra primera lectura de hoy es del capítulo 35 del Libro de Isaías ¡Cómo necesita el mundo de hoy el mensaje de Isaías! En un ambiente cargado de desaliento, desesperanza, limitaciones, se recibe como un baño de agua fresca la palabra consoladora del Profeta. ¡Sed fuertes, no temáis! S.- El salmo 145 tiene especiales resonancias cristianas: describe a Dios como un Padre que tiene una clara opción por los pobres y marginados, circunstancia que predico Cristo y que no era tan frecuente en el Antiguo Testamento. De todos modos ya en el salmo 82 se dice que ese aspecto de misericordia era prueba de la autenticidad divina del Señor. 2.- Mirad que Dios no hace acepción de personas, como nos dice el apóstol Santiago en su Carta, Dios ha elegido a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino. 3.- El evangelio de Marcos sella las dos lecturas anteriores con la curación del sordo que apenas puede hablar, y es que Jesús con estos signos quiere reiterarnos que la acción milagrosa sólo tiene significado para el que cree, ya que el hombre es libre de aceptar o rechazar la gracia que se le ofrece. |
Lectura de Postcomunión MONICIÓN Se la considera como del primer texto fraccional conservado y escrito en español, en la lengua romance originaria de Castilla, en España. Al parecer fue obra de un copista anónimo del monasterio de San Millán de la Cogolla en el siglo X, situado en la Comunidad de La Rioja.. LA ORACIÓN MÁS ANTIGUA Con la ayuda de Nuestro Dueño Cristo, Dueño Salvador el cual Dueño está en la gloria y Dueño que tiene el mando con el Padre, con el Espíritu Santo en los siglos de los siglos.
Háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amén. Exhortación de despedida Sabemos que Jesús de Nazaret siempre ayuda a los más débiles a los más necesitados. En el fondo, todos nosotros tenemos algún tipo de necesidad. Acudamos a Jesús para que nos cure, nos sane, nos dé alegría.
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