Domingo XXIII del Tiempo Ordinario
10 de septiembre de 2006
Plegarias ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 118, 137, 124 Señor tu eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo ACTO PENITENCIAL El Señor Jesús, a quien esperamos, nos invita siempre a la paz y a la reconciliación y a sanar a los enfermos y a hacer oír a los sordos. Usando su misma generosidad nosotros nos reconocemos pecadores. Señor, Tú que quieres salvarnos, Señor ten piedad Señor ten piedad Señor, Tú que nos envías a tu Espíritu para que actuemos en paz y con amor, Cristo ten piedad. Señor, Tú que vienes al mundo a hacerlo más justo y solidario, Señor ten piedad. ORACIÓN COLECTA Padre y Señor Nuestro que nos has redimido y adoptado como hijos mira con bondad a los que tanto amas; y haz que cuantos creemos en Cristo tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS Te presentamos, Señor, este pan y vino, que Tú antes nos ha dado. Y junto al pan y el vino te ofrecemos también nuestros deseos de paz y justicia para todos. Concédenos Señor que esta Eucaristía nos haga más felices, como tu Hijo Jesús hizo a los discípulos que asistieron a sus portentos, a sus milagros, para bien de los hermanos más enfermos y pobres, y que esa felicidad presente nos lleve a la vida que nunca acaba. Por Jesucristo Nuestro Señor PLEGARIA EUCARÍSTICA El Señor esté con vosotros Levantemos el corazón Demos gracias al Señor nuestro Dios
Padre Nuestro, eres digno de toda alabanza. Cuando miramos el mundo y su historia Descubrimos tu presencia y tu Espíritu. Tú eres, Dios Padre, el gran Pastor del universo has trazado el sendero de los astros; luces inmensas que caminan por los espacios formando el incontable rebaño de las estrellas. Tú eres quien abre la puerta del aprisco de los vientos, que, unas veces, se desatan huracanados y, otras, acarician los trigos suavemente.
Tuyas son las estaciones que obedecen tu llamada, Como ovejas que aman a su Pastor. Eres digno de bendición por la esperanza que nos comunicas cada primavera, cada verano, todos los otoños. Y también los prados, los ríos, los insectos, los pájaros, las flores, los cereales, las hortalizas nos sugieren que el duro invierno de la vida puede llegar a ser vencido.
La misma fuerza de liberación que alimentas en cada uno de nosotros, y en todos los pueblos, es un poema de amor que te ofrecemos, Padre de todos los hombres y mujeres, con este canto de alabanza SANTO, SANTO, SANTO
ANTÍFONA DE COMUNIÓN Te vamos a recibir, Señor, con emoción y esperanza. Qué el fruto del altar haga más fructífera nuestra vida. ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN Que tu presencia indeleble en este sacramento nos haga mejorar en el cuerpo y en el espíritu, sepamos ser ofrenda permanente para la salvación de nuestros hermanos y testigos de tu generosidad sin límites.
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