Domingo XXIII del Tiempo Ordinario
9 de septiembre de 2007

Plegarias


Según señalamos en la nota ofrecida más abajo, se ha completado en el número de verano todas las entregas de los textos de la Ordenación General del Misal Romano, pero, al parecer, quedaron algunos números sin presentar, que damos ahora a continuación de los textos de la página de Plegarias.


ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 118, 137, 124

Señor tu eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo

ACTO PENITENCIAL

El Señor Jesús, a quien esperamos, nos invita siempre a serle fieles, por encima de todo. Usando su misma sinceridad nos reconocemos pecadores.

Señor, Tú que quieres salvarnos, Señor ten piedad

Señor ten piedad

Señor, Tú que nos envías a tu Espíritu para que actuemos en paz y con amor,

Cristo ten piedad.

Señor, Tú que vienes al mundo a hacerlo más justo y solidario,

Señor ten piedad.

ORACIÓN COLECTA

Padre y Señor Nuestro que nos has redimido y adoptado como hijos mira con bondad a los que tanto amas; y haz que cuantos creemos en Cristo tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.

Por Nuestro Señor Jesucristo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te presentamos, Señor, este pan y vino, que Tú antes nos ha dado. Y junto al pan y el vino te ofrecemos también nuestros deseos de paz y justicia para todos. Concédenos Señor que esta Eucaristía nos haga más felices, como tu Hijo Jesús hizo a los discípulos que asistieron a sus portentos, a sus milagros, para bien de los hermanos más enfermos y pobres, y que esa felicidad presente nos lleve a la vida que nunca acaba.

Por Jesucristo Nuestro Señor

PLEGARIA EUCARÍSTICA

El Señor esté con vosotros

Levantemos el corazón

Demos gracias al Señor nuestro Dios

 

Padre Nuestro, eres digno de toda alabanza.

Cuando miramos el mundo y su historia

Descubrimos tu presencia y tu Espíritu.

Tú , Dios Padre, has trazado el sendero de los astros;

luces inmensas que caminan por los espacios

formando el incontable rebaño de las estrellas.

 

Tú eres quien abre la puerta del aprisco de los vientos,

que, unas veces, se desatan huracanados

y, otras, acarician los trigos suavemente.

Tuyas son las estaciones que obedecen tu llamada,

Como ovejas que aman a su Pastor.

Eres digno de bendición

por la esperanza que nos comunicas cada primavera,

cada verano, todos los otoños.

 

Y también los prados, los ríos, los insectos,

los pájaros, las flores, los cereales, las hortalizas

nos sugieren que el duro invierno de la vida

puede llegar a ser vencido.

La misma fuerza de liberación

que alimentas en cada uno de nosotros,

y en todos los pueblos,

es un poema de amor que te ofrecemos,

Padre de todos los hombres y mujeres,

con este canto de alabanza

SANTO, SANTO, SANTO

 

ANTÍFONA DE COMUNIÓN

Te vamos a recibir, Señor, con emoción y esperanza. Qué el fruto del altar haga más fructífera nuestra vida.

Por Jesucristo Nuestro Señor

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Que tu presencia indeleble en este sacramento nos haga mejorar en el cuerpo y en el espíritu, sepamos ser ofrenda permanente para la salvación de nuestros hermanos y testigos de tu generosidad sin límites.


ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO

Como se sabe en el número anterior, en el Especial de Verano, terminamos de publicar la totalidad del texto de la Ordenación General del Misal Romano. Sin embargo, parece, que se quedaron fuera algunos números que procedemos a consignar aquí y ahora. Para los lectores que no hayan consultado estos textos antes pues decirle que se puede acceder a la totalidad de lo presentado por la OGMR consultando las ediciones anteriores (pulsar el link “Consultar ediciones anteriores” en el menú azul de la izquierda) En los primeros números –como el presente—aparecieron en la página de PLEGARIAS y luego en el citado numero especial de verano tenían el link de OGMR. Con esta indicación y un poco de paciencia es posible bajarse el libro entero. Volver a citar que la trascripción y algunas breves citas de comentario (advertidas por asterisco) han sido realizadas por el sacerdote agustino, Ángel Jorge.

NUMEROS DEL 194 AL 217

D) FUNCIONES DEL LECTOR

Ritos iniciales

194. En la procesión al altar, en ausencia del diácono, el lector, con la debida vestidura, puede llevar e1 Evangeliario un poco elevado: en este caso, precede al sacerdote; de lo contrario va con los otros ministros.

195. Al llegar al altar, hace la debida reverencia junto con los demás. Si lleva el Evangeliario, accede al altar y lo coloca sobre el mismo. Luego ocupa su lugar en el presbiterio junto con los otros ministros.

Liturgia de la palabra

196. Lee desde el ambón las lecturas que preceden al Evangelio. Cuando no hay salmista, después de la primera lectura puede proclamar el salmo responsorial.

197. En ausencia del diácono, puede proclamar desde el ambón las intenciones de la oración universal, después que el sacerdote ha hecho la introducción a la misma.

198. Si no hay canto de entrada ni de Comunión y los fíeles no recitan las antífonas propuestas en el Misal, las puede decir en el momento conveniente (cf. nn. 48, 87)

II. La Misa concelebrada

199. La concelebración, que manifiesta claramente la unidad del sacerdocio, del sacrificio y de todo el pueblo de Dios, está prescrita por el mismo rito en la ordenación del Obispo y de los presbíteros, en la bendición del abad y en la Misa crismal.

Se recomienda, a no ser que la utilidad de los fieles requiera o aconseje otra cosa:

a) En la Misa vespertina de la Cena del Señor;

b) En la Misa que se celebra en Concilios, reuniones de los Obispos, Sínodos;

c) En la Misa conventual y en 1a Misa principal en iglesias y oratorios;

d) En las Misas que se celebran en cualquier genero de reuniones de sacerdotes, seculares

o religiosos.(101)

Todo sacerdote puede celebrar la Eucaristía él solo, mientras no tenga lugar en ese momento una concelebración en la misma iglesia u oratorio. Pero el Jueves, en la Misa vespertina de la Cena del Señor y en la Misa de la Vigilia pascual, se prohíbe celebrar uno solo.

200. Los presbíteros de viaje sean acogidos de buen grado para la concelebración eucarística, con tal de que se conozca su condición sacerdotal.

201. Donde hay un gran número de sacerdotes, la concelebración puede tenerse incluso varias veces en el mismo día cuando la necesidad o la utilidad pastoral así lo aconsejen, pero debe hacerse en tiempos sucesivos o en lugares sagrados diversos. (102)

202. Corresponde al Obispo, según las normas del Derecho, ordenar la disciplina de la concelebración en todas las iglesias y oratorios de su diócesis.

203. Ha de tener una consideración especial la concelebración en la que los presbíteros de una diócesis concelebran con el propio Obispo, en la Misa estacional, sobre todo en los días más solemnes del año litúrgico: en la Misa de Ordenación del nuevo Obispo de la diócesis o de su Coadjutor o Auxiliar, en la Misa crismal, en la Misa vespertina de la Cena del Señor, en la celebración del Santo Fundador de la Iglesia local o del Patrono de la diócesis, en el aniversario del Obispo, y con ocasión, por último, del Sínodo o de la visita pastoral.

Por la misma razón, se recomienda la concelebración cuantas veces los presbíteros se encuentren con el propio Obispo, sea con ocasión de los ejercicios espirituales o de alguna reunión. En estos casos, el signo de la unidad del sacerdocio y de la Iglesia, que es característico de toda concelebración, se manifiesta de una manera más evidente.(103)

204. Por causas determinadas, para dar, por ejemplo, un mayor sentido al rito o a una fiesta, se puede celebrar o concelebrar varias veces en el mismo día, en los siguientes casos:

a) Quien el Jueves Santo ha celebrado o concelebrado en la Misa crismal, puede también celebrar o concelebrar en la Misa vespertina de la Cena del Señor;

b) Quien celebró o concelebró la Misa de la Vigilia pascual, puede celebrar o concelebrar la Misa del día de Pascua;

c) El día de Navidad todos los sacerdotes pueden celebrar o concelebrar tres Misas, con tal que se celebren a su tiempo;

d) En el día de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, todos los sacerdotes pueden celebrar o concelebrar tres Misas, con tal que las celebraciones tengan lugar en diversos tiempos y se observe lo establecido sobre la aplicación de la segunda y tercera Misa; (104)

e) Quien concelebra con el Obispo o su delegado en un Sínodo o en la visita pastoral, o en las reuniones de sacerdotes, puede celebrar además otra Misa para utilidad de los fieles. Lo mismo vale, servatis servandis, (*) para las reuniones de religiosos.

(*) Observado lo que está establecido.

205. La Misa concelebrada se ordena, en cualquiera de sus formas, según las normas comúnmente establecidas (cf. nn. 112-198), pero manteniendo o cambiando cuanto más abajo se expone.

206. Nunca acceda nadie o se le admita a concelebrar, una vez iniciada ya la Misa.

207. Prepárese en el presbiterio:

a) Sillas y libros para los sacerdotes concelebrantes;

b) En la credencia: un cáliz de capacidad suficiente, o varios cálices.

208. Si no se cuenta con un diácono, sus oficios los realizan algunos de los concelebrantes.

Si tampoco están presentes otros ministros, sus oficios propios pueden confiarse a otros fieles idóneos; en caso contrario, los desempeñan algunos de los concelebrantes.

209. Los concelebrantes, en la sacristía o en algún otro sitio conveniente, se revisten los mismos ornamentos que suelen llevar cuando celebran individualmente. Pero si hay un justo motivo, por ejemplo, un gran número de concelebrantes o falta de ornamentos, los concelebrantes, a excepción siempre del celebrante principal, pueden suprimir la casulla, llevando solamente la estola sobre el alba.

Ritos iniciales

210. Cuando todo está ya preparado, se empieza la procesión hacia altar a través de la iglesia. Los presbíteros concelebrantes preceden al celebrante principal.

211. Cuando han llegado al altar, los concelebrantes y el celebrante principal, hecha una profunda inclinación, (*) veneran el altar besándolo, y se dirigen a la sede a ellos destinada. El celebrante principal, si es oportuno, inciensa la cruz y el altar y luego se dirige a la sede.

(*) Si el Sagrario está en el presbiterio, lo propio será la genuflexión

Liturgia de la Palabra

212. Durante la liturgia de la palabra, los concelebrantes ocupan su lugar y están sentados o se levantan en la misma forma que el celebrante principal.

A1 comenzar el Aleluya, todos se levantan, excepto el Obispo, que pone incienso sin decir nada y bendice al diácono o, en su ausencia, al concelebrante que va a proclamar el Evangelio. Sin embargo, en la concelebración que preside el presbítero, el concelebrante que, en ausencia del diácono, proclama el Evangelio, ni pide ni recibe la bendición del celebrante principal.

213. La homilía normalmente la hará el celebrante principal o uno de los concelebrantes.

Liturgia eucarística

214. La preparación de los dones (cf. nn. 139-146) la hace solamente el celebrante principal, permaneciendo mientras tanto los demás concelebrantes en sus puestos. (*)

(*) Mucho menos debería hacer dicha preparación un laico.

215. Una vez que el celebrante principal ha pronunciado la oración sobre las ofrendas, los concelebrantes se acercan al altar y se disponen en pie alrededor de él, pero de tal modo que no dificulten la ejecución de los ritos que se realizan y los fieles tengan buena visibilidad de la acción sagrada, ni cierren el paso al diácono cuando por razón de su ministerio debe acercarse al altar.

E1 diácono desempeña su oficio cerca del altar en los momentos de ayudar, si es necesario, con el cáliz y el misal. Sin embargo, en la medida de lo posible, se sitúa ligeramente detrás de los sacerdotes concelebrantes, situados junto al celebrante principal.

Modo de proclamar la Plegaria eucarística

216. El prefacio lo canta o lo recita solamente el celebrante principal. En cambio el Santo lo cantan o recitan todos los concelebrantes junto con el pueblo y los cantores.

217. Terminado el Santo, los sacerdotes concelebrantes prosiguen la Plegaria eucarística en el modo que en seguida se describe, pero los gestos los hace únicamente el celebrante principal, si no se advierte lo contrario.

218. Los textos que dicen simultáneamente todos los concelebrantes y principalmente las palabras de la consagración, que todos deben pronunciar, los recitan de tal manera que los concelebrantes las dicen en voz baja para que se pueda oír claramente la voz del celebrante principal. De este modo, el pueblo percibe mejor las palabras.

Es encomiable cantar las partes que han de recitar conjuntamente todos los concelebrantes, y que se hallan musicalizadas en el Misal.


(101)Cf CONC. ECUM. VAT. II. Const. sobre la sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, n. 57:Código de Derecho Canónico, can. 902.

(102)Cf. S. CONGR. DL RITOS, Instr. Eucharisticum mysterium del 25 de mayo de 1967. n. 47: A.A.S. 59 (1967), p. 566.

(103) Cf. ibidem, p. 565.

(104) Cf. BENEDICTO XV, Const. Ap. Incruentum altaris sacrificium, del 10 de agosto de 1915: A.A.S. 7 (1915), pp. 401-404.