La Asunción de la Virgen María
15 de agosto de 2009

La homilía de Betania


1.- “ASCENDE SUPERIUS”

Por Gabriel González del Estal

2.- UNA MUJER VESTIDA DE SOL Y CORONADA DE ESTRELLAS

Por Antonio García Moreno

3.- MARÍA: LA ESTRELLA QUE NOS CONDUCE A JESÚS

Por José María Maruri, SJ

4.- MARIA ESTA CON NOSOTROS

Por José María Martín OSA

5.- SU DESTINO SERÁ EL NUESTRO

Por Javier Leoz

6.- DICHOSA

Por Gustavo Vélez, mxy

7.- LA RADICALIDAD DEL MAGNIFICAT

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


A POCOS METROS DEL HUERTO DE GETSEMANÍ

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- “ASCENDE SUPERIUS”

Por Gabriel González del Estal

1- Amigo, “sube más arriba”, esta puede ser la traducción directa de lo que dijo el anfitrión a aquel invitado a la boda que, con humildad, se había ido a colocarse en el último lugar de la mesa, tal como nos lo cuenta San Lucas en el capítulo 14 de su evangelio. Me he acordado de esta frase porque yo creo que se puede aplicar muy bien, hoy, a la Virgen asunta al cielo. María nunca buscó los primeros puestos, ni lugares destacados, en su vivir diario. Siempre entendió su vida como un servicio humilde a su esposo, José, y a su hijo, Jesús. Los evangelios apenas hablan de ella y, cuando lo hacen, no es para ensalzar sus méritos propios, sino para resaltar la grandeza de Dios que le ha encomendado a ella, su humilde esclava, la gran misión de traer al mundo al mismísimo Hijo de Dios. El evangelio, según San Lucas, escogido hoy para hablarnos del anuncio del ángel y de la respuesta de María yo creo que es muy apropiado para entender el sentido de esta fiesta. Es el cántico del “Magnificat”, ese maravilloso cántico que María entona, llena de humildad y agradecimiento, al Dios de Israel. Si nos fijamos bien y si meditamos con profundidad las palabras de este himno, podremos comprobar que María nunca habla, ni piensa, en algún mérito suyo; sólo se fija en la inmensa grandeza, fuerza y gracia de su Señor. Lo que proclama su alma no es su propia grandeza, sino la “grandeza del Señor”; si se alegra no es en ella misma, sino “en Dios, su salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”; si piensa en las felicitaciones que le darán las futuras generaciones no cree en ningún momento que se deban a méritos suyos, sino a que “el Poderoso ha hecho obras grandes en ella”; si queda verdaderamente admirada de la fuerza, de la justicia y del poder del Señor, no es por lo hace fijándose en sí misma, sino porque el Señor “hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Siempre es el Señor el único grande y digno de alabanza; ella sólo es su humilde esclava. ¿Qué extraño es que el Señor, como el anfitrión del evangelio, le dijera a ella al final de su vida: “ascende superius”, hasta el mismísimo cielo?

2.- El último enemigo aniquilado será la muerte. La fiesta de la Asunción de María nos dice también, y principalísimamente, que podemos vencer al enemigo de la vida humana más temido, que podemos vencer a la mismísima muerte. El ser humano no ha nacido para morir, no es un ser para la muerte; nuestro destino es vivir. La grandeza de Dios, el poder y la misericordia de Dios, han roto definitivamente las barreras de la muerte. No son nuestros propios méritos los que nosotros debemos hoy ensalzar y magnificar, cuando descubrimos y creemos que podemos vencer a la mismísima muerte, sino que, como María, debemos creer y pensar que es la grandeza, la misericordia y el poder de nuestro Dios, a través de nuestro Señor Jesucristo, el que nos va a regalar generosamente una vida eterna. Por eso, también hoy nosotros, si imitamos a María, podremos entonar el cántico del magnificat: “se alegra nuestra alma en Dios nuestro Salvador, porque ha mirado nuestra humillación y su nombre es santo”


2.- UNA MUJER VESTIDA DE SOL Y CORONADA DE ESTRELLAS

Por Antonio García Moreno

1.- Santa María de la victoria.- "Apareció en el cielo una señal grande..." (Ap 12,1). En la isla de Patmos, en medio a su destierro, San Juan contempla visiones grandiosas, que luego trasmite a los cristianos de su comunidad, perseguidos por la crueldad del emperador romano y sus secuaces. Como él, también ellos necesitaban el consuelo de aquellas revelaciones que anunciaban la grandeza y el poder del Señor. Era necesario recordarles que sus sufrimientos de entonces eran el precio de la gloria.

En esta ocasión el cielo se abre para mostrar una gran aparición, "una señal grande": Una mujer vestida de sol y coronada de estrellas con la luna bajo sus pies. Es, sin duda, uno de esos numerosos signos en los que tanto abundan los escritos de San Juan. Por otra parte, como los demás signos, su significado es polivalente. Pero el que hoy nos sugiere la Iglesia es que contemplemos es la figura rutilante de Santa María, enfrentada al dragón rojo, segura de su victoria. Para que confiemos en su protección y su ayuda.

2.- También nosotros resucitaremos.- "Cristo ha resucitado de entre los muertos..." (1 Co 15, 20). En este pasaje, San Pablo nos recuerda que entre los corintios algunos negaban la resurrección de los muertos. Las antiguas costumbres e ideas pesaban aún en ellos. No es fácil extirpar del todo el error y los vicios. Pero el Apóstol Pablo les rebate con claridad y vigor. La resurrección es posible pues Cristo ha resucitado, hecho verificado por cuantos les vieron vivo después de haberlo morir en la Cruz. En una ocasión fueron más de quinientos hermanos los que pudieron verle y escucharle.

Puesta estas premisas, la conclusión es que también nosotros podemos resucitar, también nosotros resucitaremos. Acude Pablos a otro argumento y les recuerda que si por Adán entró la muerte en el mundo, de la misma manera por Cristo ha entrado la vida... Es cierto que la muerte aún no ha sido vencida pues será el último enemigo en caer. Sin embargo, aunque pasemos por la muerte, como Cristo, pasó, el final será la resurrección, la vida eterna

3.- El canto de María. "Y su misericordia llega a sus fieles..." (Lc 1, 50). La Virgen no dijo nada a su prima Isabel de cuanto le había ocurrido desde que el arcángel San Gabriel la visitara. Ella fue a visitar a su prima Santa Isabel sólo por ayudarla en el trance de su parto. Prueba de ello es que a los tres meses se marchó. Y según los cálculos, si ella recibió el mensaje divino en sexto mes del embarazo de Isabel, en el momento de su partida el niño de Zacarías ya había nacido. Junto a ese detalle de caridad exquisita, vemos en Nuestra Señora el gozo ante la grandeza de Dios con los humildes y sencillos. Ella era una muchacha hebrea que habitaba en un pequeño pueblo de la montaña de Galilea, un pueblo escondido que jamás sale en las páginas del Antiguo Testamento, un pueblo que era la irrisión de los demás. Por eso desconfían luego de su hijo Jesús y rechazan su condición mesiánica... Pero María ha descubierto que el Señor rechaza a los soberbios y acoge a los humildes.


3.- MARÍA: LA ESTRELLA QUE NOS CONDUCE A JESÚS

Por José María Maruri, SJ

1.- Hoy no es la conmemoración de un privilegio más de la Virgen, que la aparta más y más de nosotros. Es el día esperanzador en que se empieza a cumplir una promesa del Señor Jesús hecha a nosotros: “el que cree en mí tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día”.

Es verdad que María tuvo una misión y un puesto de privilegio, el ser Madre del Hijo de Dios, pero cuando la mujeruca del pueblo le grita a Jesús: “bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”, lo que Jesús alaba no es el puesto privilegiado de María, como madre suya, “más bien bendito el que oye la palabra de Dios y la cumple, el que cree en mi y en mi palabra, porque tiene vida eterna”.

2.- La fiesta de hoy es una consecuencia del Misterio central de nuestra Fe la Resurrección de Jesucristo en el que todos hemos resucitado. Jesús murió y resucitó, ese Jesús que vivió con los apóstoles hoy vive. María murió y resucitó, y esa misma María que llevo en su seno a Jesús hoy vive, y nosotros que estamos aquí un día moriremos y también viviremos como Jesús y María. Dejemos a un lado el “como” y el “cuando” que no lo podemos imaginar. Quedémonos con esta realidad de Fe y creamos.

3,- María se nos ha adelantado. Dios la ha puesto en lo alto del cielo, como estrella llena de luz que nos llene de esperanza al hacer nuestro camino.

--Cuando la lucecilla de nuestra fe vacile, miremos a la estrella y pidamos a María esa Fe que nos trae la vida eterna.

--Cuando nos encontremos desesperanzados por los problemas familiares, económicos, de enfermedades, miremos a la estrella y María nos dará esperanza, que también Ella llegó a lo alto por senderos empinados y duros de montaña.

--Cuando nos demos cuenta de que la borrachera de la diversión, del pasarlo bien, del egocentrismo se va apoderando de nosotros, pidamos a María no permita que seamos juguetes de los demás, por que llevamos en nosotros el tesoro de la vida eterna.

Que María, Madre de Dios y Madre Nuestra, nos llene de alegría y esperanza y sea la estrella que nos conduzca a donde está Jesús.


4.- MARIA ESTA CON NOSOTROS

Por José María Martín OSA

1.- María está muy cerca de nosotros. Celebramos hoy que María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está "dentro" de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios. Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como "madre" a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros.

2.- María entregó su propia persona. Su amor es confiado y generoso. Su respuesta afirmativa arranca de un amor muy grande a Dios. Nace de alguien que se ha despojado de sí misma y pone toda su voluntad en Dios para servir a toda la humanidad. Pone toda su vida en manos de Dios de una manera incondicional. Acepta lo que pueda venir, porque sabe que Dios no puede fallar. Dios nos ama gratuitamente y María corresponde a su amor.

3.- María hace el bien porque vivía de la palabra de Dios. En el evangelio de hoy hemos escuchado el «Magníficat», esta gran poesía que brotó de los labios, o mejor, del corazón de María. En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Se puede ver que María, por decirlo así, "se sentía como en su casa" en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios, estaba penetrada de la palabra de Dios. En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios, recibía también la luz interior de la sabiduría. Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo. Su fe es confiada, pero no ciega. Pone su confianza en la Palabra, para decir "hágase en mí según tu palabra". De su confianza nace su disponibilidad. El que se instala se encierra en sus "seguridades" y es incapaz de avanzar. En este día de fiesta demos gracias al Señor por el don de esta Madre y pidamos a María que nos ayude a tener su disponibilidad y espíritu de servicio.


5.- SU DESTINO SERÁ EL NUESTRO

Por Javier Leoz

¡Bendita Tú, María, porque por se fiel a Dios, eres elevada en cuerpo y alma hasta el mismo cielo!

1.- Así, hermanos, con emoción contenida hemos de expresar uno de los Misterios que desde hace siglos, el pueblo cristiano, ha vivido con sencillez y con convencimiento: María está donde tiene que estar: junto a Dios.

Su destino, la gloria del cielo, será el nuestro. Pasó haciendo el bien. Abrió sus entrañas para que Dios pusiera su morada en Ella. Cumplió la voluntad del Padre en todo y por donde sus pies pisaron. Su orgullo, su fortaleza, su locura y su encanto fue precisamente eso: volcarse en los planes que Dios había preparado y entretejido desde antiguo. ¡Bendita Tú, María, encontraste gracia ante Dios y, hoy, ese mismo Dios te llama a su presencia!

2.- Hoy, María, goza en la presencia del Padre. Se queda embelesada al contemplar la hermosura divina. ¿Qué sentirá María? ¿Qué dirá María? ¡Por fin se cumple uno de mis últimos sueños! ¡Recibí, vi y sentí al Dios humanado en la tierra y, ahora, me toca disfrutarlo y contemplarlo eternamente como Padre en el cielo!

Con esta fiesta, la Iglesia, nos invita a mirar una vez más hacia el cielo. Nuestro combate. Cada detalle realizado por Dios y en nombre de Dios, no quedará sin recompensa en la vida eterna. Y, un buen ejemplo, la Asunción de María. Hoy, las puertas de la Nueva Ciudad, se abren de par en par. A través de ellas entra la mujer que, siendo sencilla y pobre, amable y obediente, fuerte y solícita, logró enamorar al mismo Dios. ¿Cómo iba a permitir, ese mismo Dios, que tan beldad bajase para siempre al sepulcro? Pues, por esas mismas puertas, entraremos también todos aquellos que, con la ayuda del Espíritu Santo, respondamos con generosidad y con la misma valentía que María lo hizo hacia Dios. ¿Seremos capaces?

3.- La Solemnidad de la Asunción es como el escaparate al que un niño mira con atención porque, en su interior, se encuentran numerosos regalos. Y, el “pórtate bien” sabe lo qué significa: alguno de esos numerosos obsequios.

Así es la fiesta de la Asunción. Es un adelanto, una indicación que la misma Madre nos deja a nosotros sus hijos para que no nos alejemos del camino de la fe. Para que cumplamos, con tesón y con ilusión, aquello que más agrada al Señor. La Asunción de la Virgen nos invita a mirar, a pueblos, ciudades, iglesias y catedrales, ermitas y religiosos, sacerdotes y laicos, consagrados y a todo hombre y mujer de bien hacia lo más alto: el cielo.

--No podemos desperdiciar nuestro tiempo. María nos aguarda junto a Dios.

--No podemos romper nuestra alianza con el Señor. María nos ayuda a ser fieles

--No podemos apartarnos del camino verdadero. María es estrella que ilumina los pesares y las dudas

--No podemos consentir, que nada ni nadie, distraiga nuestra atención. María nos recuerda, con su triunfo, que sólo Dios permanece y que lo demás se extingue con las luces de nuestro último día.

Feliz Asunción, María

Feliz encuentro con el Padre, María

Feliz nuevo abrazo con el Hijo, María

Feliz visión del Espíritu Santo, María

Feliz re-encuentro con San José tu esposo, María

Que tengas una estancia, dichosa y eterna, junto a Dios en el cielo, María.

4.- ¡DISFRUTA, MARIA!

¡Vete! ¡Corre María!

La gloria de Dios te espera.

Cesan las palabras, el llanto, las pruebas,

las incomprensiones, la soledad.

Se acabaron los misterios

porque, allá en el alto cielo,

el Hijo que hizo tanto por el hombre

sonriente y gozoso te espera.

 

¡Sube! ¡Sube a lo más alto Virgen Santa!

Y, detrás de ti, deja huella de tu ascenso

porque, también los que te queremos,

los que en Dios creemos y esperamos,

necesitamos encontrar tu mismo camino

para un día, cuando cerremos los ojos,

entrar en él y no perdernos.

 

¡Disfruta! ¡Canta María!

Porque, bien lo sabes,

tu triunfo es corona que Dios

pone en tus divinas sienes.

Porque, Aquel que te eligió,

te quiere junto a El, te desea con El

no te quiere encerrada y fría en un sepulcro.

 

¡Dichosa Tú, María!

Encontraste gracia ante Dios

y, en la fiesta de tu Asunción,

el Padre y la Madre se encuentran de nuevo

La Madre y el Hijo se abrazan de nuevo

La Virgen que acogió al Espíritu Santo

gozan en la presencia de la Trinidad

¿Se puede gozar más, oh Madre Inmaculada?

 

¡Vete! ¡Descansa y guíanos oh Madre!

Para que ahora, nosotros, tus hijos

sigamos imitando de Ti,

lo que más agradó a Dios.

Para que ahora, nosotros, tus hijos

sintamos tu presencia y tu intercesión

¡Disfruta, oh Virgen, de mismo Dios!

Amén


6.- DICHOSA

Por Gustavo Vélez, mxy

“Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: Feliz la que ha creído que se cumplirían las promesas del Señor”. San Lucas, cap. 1.

1.- Un comentario africano sobre la Anunciación, traducido del bambará, nos dice: " La Virgen es como un grano de sorgo. Un grano de sorgo sin trillar. María es una joven cargada de promesas. Alégrate, favorecida, el Señor está contigo. Alegraos también, mujeres todas de la sabana. Dios ha fijado sus ojos en vosotras.

No temas, María. Se te anuncia un bebé que alegrará tu corazón. Te hará danzar de júbilo en las noches africanas, acurrucado a tus espaldas de ébano. Con él tus miedos, tus tabúes se esfumarán como el rocío ante el sol mañanero. Darás a luz un hijo, que es regalo de Dios para toda la familia de los hombres”.

2.- Los diversos encuentros con Dios que nos narra la Biblia, producen generalmente en sus protagonistas una inmensa alegría. Los profetas anuncian igualmente el gozo que inundará la tierra al llegar el Salvador.

Cuando el arcángel visita a Nuestra Señora, la saluda diciéndole: “Alégrate, llena de gracia”. Y la anciana Isabel, al acoger a su prima, exclama: “Dichosa, porque has creído en las promesas del Señor”. Los discípulos, al reconocer a 3.- Jesús resucitado, también se llenan de gozo.

Sin embargo da la impresión que los cristianos de hoy no tenemos tiempo de alegrarnos. Los días se nos van en negocios, en vida social, que tiene más de apariencia que de relaciones sinceras. En lamentos sobre la situación presente. Nos hace falta esa actitud pascual, que brota de una sólida esperanza.

Sin embargo, nuestra fe promueve en muchos casos un sentimiento ético. Nos convoca a cierto altruismo. Nos motiva de pronto a arrepentirnos del pecado. Pero ¿dónde aflora nuestra dosis personal de alegría?

4.- En cambio Nuestra Señora, la primera cristiana de la historia, vive llena de un sereno gozo, de paz y de equilibrio, a causa de su confianza en Dios: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador”. Este es su secreto. Algo que más tarde expresará así Santa Teresa de Ávila”: Nada te turbe. Nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios le basta”.

No imaginemos, sin embargo, a la Señora como alguien del todo extraordinaria. No tuvo pecado original, pero fue ciudadana de esta tierra, con las dificultades y dolores que tal condición significa. Su vida fue la de una judía, la de una madre campesina de entonces.

Pero Dios realizó en ella maravillas. Unas visibles. Muchas invisibles, las que ella guardaba en su corazón, como dice san Lucas. Y al final de sus días, la Madre de Jesús fue llevada en cuerpo y alma a los Cielos. Así el Señor explica cómo terminará esa transformación prometida a quienes le buscamos. ¿Por qué entonces no vivir alegres?

5.- En la segunda carta a los corintios, de la cual hoy leemos un trozo, se nos dice que Cristo ha resucitado, Él que es primicia de todos los que han muerto. Más tarde, cuando Él vuelva, también resucitaremos nosotros.

A su vez la Iglesia nos enseña que la Madre de Jesús, ha subido ya el cielo en cuerpo y alma. Lo cual afirma también en forma poética el salmo 44: “Señor, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada de oro”.


7.- LA RADICALIDAD DEL MAGNIFICAT

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Acabamos de escuchar el Magnificat, la oración de la Virgen María, expresada tras los primeros momentos de la visita a su prima, Isabel, en la montaña de Judea. No hay oración más hermosa en toda la escritura ni otra que ofreciese una tan grande trascendencia profética. "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí" Las generaciones posteriores a María se han postrado ante la maravilla que fue su vida en la tierra, haber sido Madre de Dios y coautora de la Redención. Y luego como permanente intercesora de todas las necesidades de sus hijos.

El Magnificat va a continuar marcando la extraordinaria proeza de Dios en la relación con su criatura. Y va a centrar en este sentido la justicia del Reino cuando dice: "Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos." Algún autor ha llamado a este párrafo de la Oración de la Virgen María como "revolucionaria", pero eso es un solo un concepto relativo. Vale más decir que es justa, portadora de justicia divina. No prevalecen junto a Dios los soberbios y despide vacíos a los ricos porque sus riquezas, muy probablemente, procedan de la explotación de los pobres. Despedirlos vacíos es, simplemente, hacer justicia.

2.- La Misa de la solemnidad de la Asunción de María nos ofrece este fragmento del evangelio de San Lucas que contiene el relato de la Visitación. María al saber, por el anuncio del ángel, que su prima esta embarazada, acude a visitarla a un remoto y escarpado lugar. Y al llegar, el niño que crece en el seno de Isabel, salta de gozo al reconocer que el Señor Jesús está también muy cerca, en las entrañas de María. Nunca nadie hubiera podido crear un texto tan perfecto de cara a una catequesis favorable a la vida y contraria al aborto. Hace ya 2000 años se transcendía la vida real y efectiva situada en el seno materno. Pocos comentarios más hacen falta. El gozo de las dos mujeres, gracias al Espíritu Santo, por la importancia del fruto de su maternidad y la trascendencia futura de las misiones de los dos niños da eternidad a la escena. La vida va a seguir y los hombres podrán salvarse.

3.- En la primera lectura, sacada del Apocalipsis de Juan, se lee un episodio subyugador. Una mujer encinta y coronada con doce estrellas marcha al desierto y la persigue un dragón que quiere devorar el fruto de su vientre. En la tradición de los exegetas dicha mujer es la Iglesia y, por supuesto, el niño es Cristo. Pero es fácil suponer que la escena parece muy adecuada al papel de María. Ya Herodes, que formaba parte reino del mal, busca al Niño Dios para matarle y se produce la matanza de los Inocentes. La presencia de un Salvador en la tierra no podía agradar al Malo que buscaba --busca-- esclavizar con la mentira y el engaño al género humano. Cualquier fuerza contraria a esa posibilidad tiene que ser eliminada. La guerra de la Cruz, la predisposición terrible de los dirigentes religiosos judíos de entonces --y de una parte del pueblo hebreo coetáneo del Señor-- es algo que también puede inscribirse en la el episodio de la mujer y del dragón que nos cuenta el Apocalipsis. Y por ello es lógico que lo leamos hoy en la gran fiesta dedicada a María.

4.- San Pablo entra de lleno en el antagonismo entre vida y muerte en su Primera Carta a los Corintios. Dice: "Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida". Y narra el acceso final al Reino de Dios. Todos los enemigos serán doblegados en los últimos días. Y hay uno muy significado: "El último enemigo aniquilado será la muerte". Jesús nos ha prometido la Resurrección y la incorruptibilidad futura de nuestros cuerpos. Es lógico que Él no permitiese la disgregación del cuerpo de su Madre en el sepulcro. Se adelantaba a los demás mortales, como el mismo Jesús había sido primogénito de entre los muertos. Y es esa presencia de la Virgen María --cuerpo y alma-- en la Gloria de Dios lo que hoy celebra todo el orbe católico. Y que nosotros debemos valorar convenientemente.

5.- María, como Madre de toda la humanidad, es nuestra gran intercesora. Generación tras generación de creyentes han sabido descubrir la gracia y la bondad de la Señora como camino importante hacia el mejor entendimiento de la figura de Jesús. María es el mejor atajo para llegar cuanto antes a Cristo. Ella está cerca de nosotros en todo momento y circunstancia. Los tiempos de inquietud y tribulación, cuando todo parece que se mueve bajo nuestros pies, marcan la excelencia de la dedicación de la Virgen María a sus hijos. Una jaculatoria, una mirada dirigida a una imagen es suficiente para que nuestro entorno cambie y nos veamos en la dirección exacta. Jesús no va a negar nada a su Madre, pero ella tampoco nos va negar nada a nosotros que suponga un camino de verdad y de justicia, como muy bien se dice en el canto del Magnificat.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


A POCOS METROS DEL HUERTO DE GETSEMANÍ

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- No es ningún dogma de Fe el lugar donde nos dicen los arqueólogos que estuvo depositado el cuerpo de la Virgen, no lo es, pero devotamente inquieto, se acerca uno al lugar situado a pocos metros del huerto de Getsemaní, a la orilla del Cedrón. Franquea uno la entrada y baja por una enorme escalinata. Es un santuario griego y por lo tanto su decoración interior, sus iconos, sus cirios y sus lámparas, corresponden a esta cultura. Cuando va descendiendo se cruza con gentes cristianas y musulmanas, de actitud devota, ya que el lugar no interesa al simple turista. Llega finalmente al sepulcro, obviamente vacío. La piedra que uno ve es donde se depositó su cuerpo. Este es el parecer de los arqueólogos

2.- Cuentan antiguas narraciones que María había permanecido discretamente al margen de la comunidad naciente, acompañándola con espíritu maternal. Tal vez, según otros relatos, había pasado unos cuantos años con San Juan, en Éfeso. Ella misma, el día de Pentecostés, sintió doblemente la emoción del momento. Recibió el mismo don que los demás, que aumentaba su felicidad, pero, a diferencia de ellos, que era la primera vez que lo recibían, en aquel momento revivía el encuentro de Nazaret. ¡Cuan prodigiosa había sido su vida transcurrida entre los dos momentos! Constatarlo la rejuveneció. Volvió a ser la chiquilla dócil que en aquel momento trascendente, poco antes de casarse, había dicho que sí a los proyectos del Señor, aunque alteraban lo que ella pensaba sería su futuro. Su confidente ahora ya no sería Isabel. De entre los discípulos, el que mejor la entendía, era Juan. No podía ser de otra manera, se lo había confiado su Hijo en la cruz. Iba plácidamente envejeciendo. De la proximidad de su muerte, hablaban con respeto los discípulos que habían permanecido cercanos a Jerusalén. Entre ellos se comunicaban sus inquietudes. Algunas crónicas cuentan que los ángeles un día, embargados de emoción, fueron convocándolos uno por uno, para que acompañaran su partida. Allí, en aquella casa donde habían compartido la primera Eucaristía, donde recibieron el don del Espíritu Santo, allí murió la Virgen. Y decidieron enterrarla junto a donde pasó el Señor la última noche de libertad, en la finca de la madre de Juan-Marcos. De uno a otro extremo habrá algo así como 45 minutos. Tristemente irían a enterrar a la madre de su Señor. Estaban todos menos uno, evidentemente, se trataba de Tomás, que llegó tarde ¿Quién sino iba a ser? Le contaron el plácido final de la madre del Maestro, fue como un sueño, le decían. Indudablemente, quiso visitar el sepulcro y fue entonces, ante la sorpresa de todos, que vieron que la sepultura estaba vacía. Al principio les extrañó, luego les pareció lógico. El Maestro la quería junto a sí.

3.- Había marchado, se sentían huérfanos. Pronto comprobaron que no lo estaban. Santa María siempre había sido discreta, nunca había querido desplazar al Señor del centro del grupo, un centro que empezaba a llamarse Iglesia, unos compañeros que se sentían hermanos y empezaron las gentes a conocerlos con el nombre de cristianos.

La desaparición del cuerpo del sepulcro no fue una huida. A partir de aquel momento estuvo más próxima a todos. Se convirtió en la confidente de los hombres. Por todo el mundo cuentan, como que un día se ha encontrado con gente sencilla. Los que miran estas cosas desde fuera, se ríen de que haya escogido a pastorcillos, a algún fraile o monja de segunda categoría, a poblaciones del Tercer Mundo… Piensan ellos que debería haberlo hecho a científicos, a intelectuales de reconocida solvencia, o a políticos capaces de modificar la vida pública. Visto desde fuera, parece que esto sería lo lógico. Nosotros, que recordamos su magníficat, nos damos de cuenta de que obra en consecuencia con lo que el día de la visitación dijo.

4.- Se durmió, dicen por tierras orientales. Ascendió a los cielos, proclaman en occidente. Su Hijo quiso que no sufriera corrupción su madre, virgen transparente, ingenua, amorosa, que se deja amar por las multitudes sencillas. No os cuento esto en vano, mis queridos jóvenes lectores, vengo observando desde hace un tiempo, que progresáis en muchos campos, que tenéis inmensas posibilidades de viajar, de hablar muchas lenguas, de intercambiar información, vía Internet, mediante mensajes cortos y baratos ¡de tantas cosas sois capaces! Pero asombrado os observo mancos de amor. De amor entre vosotros. Explicáis que salís juntos y el día menos pensado, con la misma frivolidad con que empezasteis, os separáis. He observado que no germina en vuestro interior el deseo de amar a alguien con pasión o que, si alguien imagináis os ama, no os lo tomáis en serio. He observado que no sabéis dejaros amar. Pienso yo ahora, que muchos de vosotros no sabéis la felicidad que aporta el amar a alguien. Que desconocéis como enriquece ser amado, de aquí que os vea a muchos pobres e infelices, sin siquiera daros cuenta de vuestras carencias. ¿De qué vale la estancia en el más lejano y exótico país, si no tenéis allí un amigo? ¿De qué os sirve saber un idioma, apto para desplazaros por oficinas, albergues, ciudades y lugares de ocio, si en ninguno de estos sitios dejáis un amigo, habéis dirigido palabras amables, repletas de amor?

5.- ¿Es que existen escuelas de amor? ¿Es que alguien es capaz de enseñarnos a amar? ¿Es que es necesario aprender a amar? ¿No es una cosa espontánea? No olvidéis que la felicidad mayor se percibe amando. La mejor riqueza se consigue invirtiendo en amor. El gozo más enorme que pueda uno imaginar, se siente cuando uno con sencillez, sin egoísmo, se deja querer.

No son puras teorías. No me digáis que me he vuelto beato y ñoño. Si estáis insatisfechos de vosotros mismos, tened en cuenta a Santa María. Dirigidle alguna de las oraciones tradicionales. Repetídsela una y otra vez, como los sones de las canciones de moda, se repiten hasta que penetran en la médula del corazón. Su amor, el de la Virgen, no es pegajoso, nunca es una pelma, nunca os pedirá nada a cambio. Poco a poco os daréis cuenta de que la sentís como la amiga que más necesitabais. Y vuestra vida cambiará. Y os sentiréis felices.

6.- Me doy cuenta ahora de que no he hecho ninguna referencia a los textos litúrgicos de la misa de hoy y no voy a alargarme haciéndolo. La primera lectura es una fantasmagórica visión, que en imágenes plásticas, desmerece casi siempre. Yo solo he encontrado una que me encanta, está en la Alta Saboya, a los pies del Mont Blanc. Para gozar de la lectura es preciso olvidar el análisis cerebral y dejar a la imaginación que campe a sus anchas.

San Pablo, en la segunda lectura, es mucho más cerebral, siempre pensé que aunque en el Nuevo Testamento se diga que pasó un día con su hermana, poco contacto con ella tuvo. Le falta la sensibilidad y ternura que aporta la mujer-hermana. Tiene toda la razón en lo que dice, se explica como un sabio. Pero codearse con gente importante, no siempre es suficiente para ser feliz

El evangelio relata el encuentro de dos mujeres prodigiosamente embarazadas y de edad muy diferente. Dos mujeres que se abrazan, se emocionan y una de ellas, Santa María, canta. ¿Hay algo más sublime? Una de mis primeras visitas, cuando voy a Jerusalén, es a la tumba de María. Me gusta también llegarme a un recinto sencillo, donde está la tumba de Santa Isabel. Le pido ella, que fue tan afortunada al recibir la visita de la madre del Señor y la primera que escuchó el Magníficat, que me contagie un poco de su suerte.