He creado una web con oraciones y devociones a la virgen en todos los países de América latina con imágenes de cada una de las advocaciones, que se pueden encontrar en el menú que hay a la izquierda, pinchando sobre el país que se desee. La página es Lo ofrezco con el deseo de que aumente el amor a maría, conociendo además todas estas advocaciones y orándola como se merece Le saludo, siempre agradecida por su atención y por su trabajo en Betania, así como a sus colaboradores y lectores de Betania. Rosa Mac-Mahon Ávila, España NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos a Rosa el envío de los datos de su página sobre las advocaciones marianas que, sin duda, será del interés de todos nuestros lectores. Como se recodará Rosa Mac Mahon es Escritora del Año de Betania y una gran amiga de Betania.
Hace unos días vi la película “El gran silencio” que muestra el día a día de los monjes cartujos del monasterio Grande Chartreuse en los Alpinos franceses. El director P. Groening compartió con su cámara la vida silenciosa de los monjes. La única condición que le impusieron es que no se oyera el más mínimo rumor de los cineastas. El silencio de la grabación, la palabra no pronunciada de los monjes permitía que todo lo demás cobrara protagonismo. La realidad habla, canta, gime, crece, fenece si le prestamos atención. Estamos acostumbrados a que cualquier objeto sea sólo un útil del que nos servimos. Cosificamos, en ocasiones, hasta lo más grande que tiene el ser humano: su amor, su palabra, su cuerpo e incluso sus necesidades. Escuchamos en la medida que nos interesa lo que nos dicen. Nos cuesta prestar atención si no va con nuestros intereses. Oír como “quien oye llover” es una expresión de nuestro acervo cultural. Aparentamos escuchar, aunque, a veces, sólo oigamos. En la película “El gran silencio” la palabra se arrincona y la cotidianidad sonora y visual se hace ver y se hace escuchar. El “cuadro de actores” en la película lo conforman el tintineo de las gotas de lluvia, la llama de una vela, el vaivén metálico de una palangana recién lavada y dejada a secar al sol, los músculos armoniosos de alguien mientras mastica un humilde trozo de pan, las motas de polvo suspendidas en el aire de una habitación iluminada por un rayo de sol que entra por la ventana. Quien ha visto la película la ha elogiado: “Cada fotograma es una postal”. Reflexionado sobre estos comentarios he sacado la conclusión que muchas veces sólo percibimos la belleza si nos la presentan envuelta en celofán de films. Si no es así ni vemos ni vibramos. Lo que nos envuelve lo relegamos a un puro medio para nuestros fines. Lo visto en pantalla, para ciertas personas, cobra más relevancia y, lo más triste, más veracidad. Lo que respiramos en casa, en la calle, la gente con la que convivimos y nos cruzamos a diario parece que careciera de densidad estética o de densidad dolorida. Se suele sublimar más lo pantalleado que lo vivencial… Y lo más penoso es que, en ocasiones, esa actitud que muestra una falta de autoestima, unas veces, y otras una ausencia de sensibilidad, la trasladamos al mundo de las emociones y sentimientos creándonos una mórbida infelicidad o una acedia vital. Hay quien suspira nostálgicamente por no vivir una apasionante historia de amor como la que nos ofrecen los guiones de cine; de no contar con una amistad plenamente gratuita y plagada de gestos heroicos, sin dar valor a la red de relaciones de las que formamos parte a diario y en las que somos auténticos protagonistas. Acaso haya que provocarse un visor en nuestros ojos para captar que cada fotograma que vivimos es tan bello y tan apasionante como la de cualquier película. Acaso haya que descubrir una actitud de espectador activo y saberse protagonista de las historias de amor y de dolor que a todos nos ofrece la vida a diario. Hace falta mucha imaginación para saborear la grandeza estética de nuestra realidad; hace falta mucha imaginación para dejarnos zaherir por la desgracia ajena cercana a nosotros. ¡Tanta imaginación que sólo necesitamos abrir nuestros ojos y oídos y mantenernos en silencio! En qué cosas tan sencillas se fijaron los poetas y pintores y con qué belleza las plasmaron: un arpa cubierta y abandonada de polvo le inspiró a Bécquer para decir que el ser humano que no desarrolla sus talentos por desidia es un poco como esa arpa. En cuantas cosas sencillas se fijó Jesús para hablar del reino de Dios: el grano de mostaza, los lirios, las avecillas, una red tendida al sol y en una mano de viuda depositando dos monedas en el templo de Jerusalén. Para Él la gran pantalla fue la vida en rededor suyo. Feli Alonso Curiel Bilbao, España NOTA DEL EDITOR.- La realidad es Feli tiene categoría de escritora de raza. Magnífico texto.
Hola amigos de Betania, fundamentalmente quería felicitaros por todos estos años que lleváis trabajando en esta página que tanto nos ayuda a los que como yo queremos entender más a Jesús y estar un poquito más cerca de él. El motivo también es que cuando se hacía referencia a la conversión de Ángel Gómez Escorial, dice que el padre jesuita le dio unos libros a leer que fueron fundamentales y la verdad es que sería buena idea que nos enseñarais los libros que todo católico debería leer y conocer para estar un poquito más cerca de Jesús y que nuestra fe sea más fuerte y duradera y más en este mundo donde tanta falta hace y poder así ser luz para otros muchos. Muchas gracias Miapi España NOTA DEL EDITOR.- Bueno, no escribió exactamente eso el Editor. El padre Maruri no le recomendó libro alguno. Solo el uso del sentido común. Pero Gómez Escorial había comenzado a leer la Autobiografía de San Ignacio de Loyola, y después el texto de los Ejercicios Espirituales, ambos le impresionaron sobre manera. A su vez, el mantenimiento, en Betania, de la sección “El Libro de la Semana”, la lectura indiscriminada e intuitiva de muchos libros le ayudó, asimismo, mucho.
Si crees que una sonrisa puede más que un arma Si crees en la potencia de una mano oferta Si crees que lo que une a los hombres es más importante Que lo que los dividen Si crees que ser diferente es una riqueza y no un peligro Si sabes mirar al otro con una chispa de amor Si prefieres la esperanza a la sospecha Si sabes que es a ti de dar el primer paso hacia el otro Si la mirada de un niño puede conseguir a altar tu corazón Si puedes alegrarte del gozo de tu vecino Si para ti el extranjero es un hermano que se te propone Si sabes dar gratis un poco de tu tiempo por amor Si sabes repartir tu pan añadiendo un trocito de tu corazón Si crees que un perdón va mucho más lejos que una venganza Si sabes escuchar al desgraciado que te hace perder tu tiempo y además le sonríes Si sabes aceptar la critica, sin devolver la y sin defenderte Si no quieres que después de tu vida, haya destrozos, Si te unes al pobre y al oprimido, sin creerte un héroe Si crees que Amor es la única potencia para discutir Si crees que la paz es posible Entonces, llegara LA PAZ
François González Francia NOTA DEL EDITOR.- François ha escrito un par de veces a Betania, le agradecemos el envío de ese poema, que publicamos con mucho gusto.
Me llamo Mónica y soy una joven cristiana y católica de 39 años. Me gustaría mucho saber como y de que manera puedo comunicarme con religiosas y con monjas españolas y poderme cartear con ellas. Soy una joven cristiana y soy muy espiritual Mónica Albacete, España NOTA DEL EDITOR.- Preferimos no situar aquí la dirección de Mónica ya que se suelen aprovechar los robots de envío de spam. Pero cualquier persona que quiera contactar con ella que nos escriba a Betania, en la dirección acostumbrada, y nosotros facilitaremos las coordenada de ella. Ojalá tenga muchas respuestas.
Reconozco que fue un sueño tonto, molesto. Soñé que mi amigo y vecino Alfredo había muerto y que buscaba algo. Naturalmente era en el cielo, pues él como buen creyente y católico practicante, no podía ir al morirse, más que a ese cielo que tanto anhelaba. Hombre bueno, cordial, padre de cuatro hijos y abuelo de ocho nietos, todos buenos, no podía llevar otro camino cuando muriera. Yo, en el sueño lo veía muerto y en el tanatorio rodeado por su fiel esposa, sus hijos y sus nietos. Más tarde lo veía en el cielo pero sin poder entrar en el gran palacio de Dios. Estaba a las afueras, en una gran explanada ante los muros de la entrada repleta de musulmanes vestidos con sus túnicas. Gentes para las que al parecer antes, y según nos enseñaban por este mundo, no había cielo para ellas. Sin embargo ahora al parecer las cosas habían cambiado. Los tiempos eran otros y los musulmanes se encontraban en aquella explanada esperando pacientemente que les llegara la hora en la que Dios les sometiera a juicio. También estaban esperando poder entrar muchos buenos creyentes cristianos y entre ellos veía a Alfredo a las puertas del cielo extrañado, pues pensaba y creía que allí solo se encontraría aquello que desde siglos se decía. Que solo llegaban buscando a Dios, cristianos martirizados, monjitas vírgenes, viejos y caritativos sacerdotes y laicos que habían dedicado toda su vida a amar a Dios y a sus prójimos. En mi sueño observaba a mi amigo y vecino sorprendido porque él siempre había pensado que en el cielo, se encontraría con las inocentes víctimas acosadas por guerras interminables, catástrofes naturales como terremotos, huracanes, tsunamis y otros elementos devastadores o quizás también cristianos martirizados en la antigua Roma. Incluso no le hubiese asombrado cruzarse con tantísimos judíos machacados y triturados en los campos de exterminio de la Alemania nazi y muertos en las cámaras de gas; o también a todos esos enfermos y sobre todo niños que morían en los hospitales víctimas a veces de no haber recibido las medicinas y las ayudas necesarias o por médicos que no les habían prestado la suficiente atención o lo que es peor que su profesionalidad no fuera lo suficientemente eficaz. Al final en mi sueño me encontré con Juan de la Cruz y Teresa de Ávila que le decían a mi amigo Alfredo que tendría que esperar pacientemente hasta que le llegara la hora del juicio, la hora de la audiencia con el Todopoderoso. En cualquier caso esto fue un sueño y como tal se disipó al despertar, aunque para mí me sirva para entender que Dios es amor y ofrece su palacio a todos aquellos que en estos tiempos de violencia y egoísmos han compartido ese amor como nos enseñó en su vida pública Jesús aquel mocetón de Judea. Y también para comprender que el verdadero amor a Dios lo tienen unas iglesias y otras, y hasta sectas, porque todas las religiones coinciden en lo más elevado; el amor, la paz y la comunidad de los hombres al servicio de su creador. O aquellos cristianos de fe católica casi intransigentes, que piensan estar siempre en posesión de la verdad y que su religión es la verdadera, dando lecciones de espiritualidad a todos esos que no piensan como ellos, sin darse cuenta que las bienaventuranzas se dirigen a todos los hombres sin excepción alguna, cualquiera que fuere su religión porque Dios ama a todos los hombres. Así las cosas, este sueño me ha servido para sentirme otra vez llamado a seguir humildemente la historia de los hombres y de las mujeres e intentar dejar entre ellos el mensaje de amor de un Dios que es como el mar; puedes ver su inicio, pero jamás verás su final. José Guillermo García Olivas Madrid, España NOTA DEL EDITOR. Es obvio que el sueño no es tonto, nada tonto, bien al contrario. Pero, de todas formas, ya se sabe: los sueños, sueños son.
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