
La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen
8 de diciembre de 2009
La homilía de Betania 1.-.MARÍA FUE INMACULADA AQUÍ EN LA TIERRA Por Gabriel González del Estal 2.- MARÍA VIVE CON UN CORAZÓN LIMPIO Y PURO Por Pedro Juan Díaz 3.- EN SANTA MARÍA ESTÁ EL INICIO DE NUESTRA SALVACIÓN Por Antonio García-Moreno 4.- LA TRAVESURA DE DIOS Por José María Maruri, SJ 5.- CONFIANZA ILIMITADA EN DIOS Por José María Martín OSA 6.- ¡ES LO MÁS! Por Javier Leoz 7.- INMACULADA POR ACLAMACIÓN POPULAR Por Ángel Gómez Escorial LA HOMILÍA MÁS JOVEN LO QUE NOS FALTABA Por Pedrojosé Ynaraja 1.-.MARÍA FUE INMACULADA AQUÍ EN LA TIERRA Por Gabriel González del Estal 1.- Cuando pensamos en la Virgen Inmaculada casi siempre la concebimos en el cielo, coronada de estrellas y rodeada de ángeles. Así nos la pintaron muchos de nuestros grandes pintores. Pero la verdad es que esta fiesta hace referencia a la santidad de María aquí, en la tierra, desde el primer momento de su concepción. Los paisanos de María no la vieron, en su pueblo, rodeada de luces y vestidos celestiales. La vieron como lo que era: una mujer de pueblo, buena, generosa y pobre. Había en ella, ciertamente, algo especial, pero lo especial en ella era más interior que exterior. Trabajaba como las demás, hablaba como las demás, vestía como las demás; pero todo lo hacía con un semblante especial, con una atención especial y con un amor especial. La santidad de María no estaba tanto en lo que hacía, sino en el modo y actitud como lo hacía. En esta fiesta de la Inmaculada Concepción debemos mirar a María como modelo de santidad aquí en la tierra. Es verdad que ella tuvo el privilegio de su Concepción Inmaculada, pero su santidad también se debió a que ella, durante toda su vida, se esforzó en ser fiel a la vocación a la que el Señor la había llamado. La fidelidad de María al Dios que le había dado la vocación de ser la madre de su divino hijo es lo que la convierte en modelo humano que nosotros debemos imitar. 2.- El Señor está contigo. Esta es la causa y la explicación de la santidad de María: el Señor estuvo siempre con ella. Dios es gracia, Dios es vida, Dios es amor, Dios es santidad. María tuvo a Dios siempre con ella y, por eso, tuvo siempre gracia divina, vida divina, amor divino, santidad divina dentro de ella. Tuvo todo esto ella al modo humano, porque ella fue una criatura humana. Si nosotros tenemos a Dios dentro de nosotros, si vivimos, nos movemos y existimos en él y por él, también seremos santos. Lo importante es vivir de tal manera que Dios no tenga que verse obligado a marcharse de nosotros, a abandonar nuestra casa interior. Lo importante es que Dios esté siempre con nosotros; mientras Dios esté dentro de nosotros, estará dentro de nosotros su gracia, su vida, su amor, su santidad. 3.- Hágase en mí según tu palabra. Es fácil aceptar la voluntad de Dios cuando las cosas nos van bien, cuando parece que la voluntad de Dios coincide con la nuestra, pero cuando las cosas se tuercen y las cosas no ocurren como nosotros quisiéramos, fácilmente pretendemos cambiar la voluntad de Dios, en lugar de cambiar nuestra voluntad. El mérito de María está en su constante fidelidad, en su voluntad continuada de ser y vivir como esclava del Señor, aun en los momentos más difíciles de su vida, en la persecución, en la pasión y muerte de su hijo. Conformar nuestra voluntad con la voluntad de Dios es el secreto de la santidad y ahí es donde María se nos presenta hoy como madre y modelo. 4.- Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Sí, también nuestra vocación es la ser santos e inmaculados ante Dios, por el amor. Nuestra santidad siempre será inferior a la de María, porque nosotros no hemos tenido el privilegio de una concepción inmaculada, pero si, como María, sometemos, por amor, nuestra voluntad a la voluntad de Dios, también nosotros seremos santos e inmaculados ante Dios. En esta fiesta de la inmaculada concepción de la virgen María, nuestro propósito también debe ser éste: amar como amó María, para así poder ser también nosotros santos e inmaculados ante Dios, como ella fue. Así se lo pedimos hoy a la Virgen Inmaculada. 2.- MARÍA VIVE CON UN CORAZÓN LIMPIO Y PURO Por Pedro Juan Díaz 1.- En medio del Adviento irrumpe con alegría la fiesta de María Inmaculada para recordarnos que nuestra esperanza no es vana, que es posible vivir el proyecto de Dios, que María, una de los nuestros, lo hizo realidad en su vida, desde el principio hasta el final, no sin dificultades, pero lo hizo. Podríamos utilizar esa palabra que últimamente está tan de moda en las campañas electorales para expresar lo que esta fiesta quiere remarcarnos de la vivencia de nuestra fe en la vida de cada día. Esa palabra es: “podemos”. El proyecto de Dios es posible en cada uno de nosotros. Para ello es importante que nos fijemos en las virtudes que hicieron posible que María fuera el “espacio” donde la Palabra pudiera encarnarse. Esas virtudes se convierten en una invitación en este tiempo de adviento a seguir allanando los caminos para dejar que Dios venga a nuestras vidas de manera total y plena. María recibe el anuncio del ángel de que va a ser la Madre de Dios, como hemos escuchado en el Evangelio. Y María reacciona desde la humildad. No busca grandes honores por el “encargo” que Dios le ha hecho, sino que se sabe pequeña y sencilla y lo continuará siendo hasta el final. La respuesta de María al proyecto de Dios para ella es la disponibilidad. Aquí estoy, para lo que haga falta, para lo que Dios necesite de mi, “que se haga en mí según su Palabra”. Una disponibilidad que va más allá de lo que ella es incapaz de entender, pero que nace de saber que para ella todo lo que venga de Dios es, con mucho, lo mejor. 2.- María dice SI a Dios porque tiene una gran confianza en Él y se abandona en sus manos. Confía en que ese proyecto que Dios tiene para ella la va a hacer más dichosa, más feliz, va a realizar su vida por completo. Ella va a tener que poner mucho de su parte, no es un “camino de rosas”, pero María confía en Dios como en su Padre del Cielo, y esa confianza le hace ser valiente y aceptar todo lo que venga de Él. El SI de María se va a prolongar en su día a día. María va a vivir ese SI desde el cuidado de los suyos con dulzura y ternura, desde la tarea cotidiana de ser ese rostro amable y acogedor de Dios entre los que la rodean, entre los que conviven con ella en su día a día. María lleva dentro al Hijo de Dios y eso se ve reflejado en su actuar. María refleja a Dios en todo lo que hace. 3.- María es la Madre de Dios. Es una buena noticia que hay que pregonar a los cuatro vientos, pero María la vive con discreción, sin buscar protagonismos. No renuncia a nada de lo que ella es, ni a su vida pobre y sencilla, no quiere ser el centro de atención de nada, sabe que Dios le dará las fuerzas necesarias para sacar adelante su proyecto en ella. María está en un segundo plano, pero pendiente de las necesidades de los que están a su alrededor. María vive su respuesta a Dios desde el servicio a los más necesitados. Y la primera con la que lo demuestra es con su prima Isabel, a la que se va a servir y ayudar hasta que nazca su hijo. María vive la pobreza y la necesidad al tener a su hijo en un pesebre, a la intemperie, teniendo que huir a Egipto a los pocos días. María es capaz de empatizar con los más necesitados porque lo ha experimentado. María nos enseña también la aceptación del dolor, ya que ella experimentó el paso redentor por el dolor del corazón de un madre rota al ver asesinar a su hijo. María es Madre de los Dolores, Madre al pié de la Cruz, y Madre de la alegría en la mañana de la Pascua. Finalmente, la virtud que puede resumir todas las anteriores es la fe. La fe de María hace posible su humildad, su disponibilidad, su confianza, su cariño, su cercanía a los pobres, su discreción, su actitud de servicio, su aceptación del sufrimiento y del dolor, su alegría. 4.- María es Inmaculada porque vive con un corazón limpio y puro, sin una sola mancha, impecable, purísima, santa, desde el principio hasta el final de su vida. Nosotros hoy la ponemos como ejemplo a seguir y le pedimos que interceda por nosotros ante Dios y que nos ayude a vivir en nuestra vida esas virtudes que la convierten en nuestra Madre del Cielo, en ejemplo de mujer de fe y colaboradora en el proyecto de Dios hasta el final. 3.- EN SANTA MARÍA ESTÁ EL INICIO DE NUESTRA SALVACIÓN Por Antonio García-Moreno 1.- SATANÁS.- El Apocalipsis presenta al demonio como dragón rojo enfrentado con la Mujer que dará a luz al Salvador. El Génesis como serpiente que engaña a nuestros primeros padres. En otros momentos se habla de él, pero sin dar detalles de su aspecto. Pero siempre como un ser maligno y poderoso, un enemigo de Dios y del hombre, que no cesa de intrigar y de intentar hacer daño. San Pedro dice que es un león rugiente que merodea en busca de alguien a quien devorar. Su acción maléfica sigue presente en la Historia, la maldad alcanza tales límites que sólo se encuentra explicación en la acción e influencia de un ser diabólico. Ignorar su existencia y su poder es la mejor manera de caer en sus redes. Y no digamos si, en lugar de huir, el hombre se le acerca o llega, en el como de su locura, a dar culto a Satanás. Entonces las tinieblas entran en el interior del hombre, haciendo de su vida un infierno. 2.- JESUCRISTO.- San Pablo era consciente de la existencia del demonio, de su acción maléfica permanente. Por eso dice que nuestra lucha es con los poderes del infierno, incluso confiesa que un ángel de Satanás le abofetea... Pero al mismo tiempo está persuadido del poder omnímodo de Dios, del valor infinito del sacrificio redentor de Jesucristo, en el cual hemos recibido toda clase de bendiciones y hemos sido elegidos para que seamos santos, nos predestinó para que seamos hijos suyos. El Príncipe de este mundo es poderoso, pero mucho más lo es el Príncipe de la paz. El Apóstol estaba persuadido de que así era y que nada ni nadie le separaría del amor de Cristo. Por eso exclama que todo lo puede en Aquel que le fortalece. Y aunque sabe que lleva su tesoro en vasija de barro, no se desanima y pelea, corre para no quedar descalificado...Sí, también tú y yo somos débiles, pero también a nosotros Jesucristo nos salva. 3.- SANTA MARÍA.- En Santa María está el inicio de nuestra salvación, de ella nace Jesucristo, el vencedor del Maligno. Ella fue la elegida por Dios para que fuera su madre. En ella pensó desde la eternidad como pieza clave de la Redención... Paro eso la colmó con su gracia, la hizo inmaculada desde el momento de ser concebida, sin que la mancha del pecado original empañara el brillo de su grandeza. Fue la excepción de la regla, según la cual todos los descendientes de Adán participaban de su pecado. El pueblo cristiano se pronunció por esta verdad antes de que la Iglesia, a través del Papa y los Obispos, se pronunciaran por esa verdad que, aunque no está expresamente revelada en las Escrituras, sí se contiene implícitamente en el relato de la promesa de redención por medio del descendiente de la Mujer y en el saludo que el arcángel Gabriel, "Llena de gracia", dirige a la Virgen... El recuerdo vivo de estos hechos nos llena de paz y de alegría, y también de amor a nuestra Madre Inmaculada. 4.- LA TRAVESURA DE DIOS Por José María Maruri, SJ 1.- Cuando los jesuitas de mi generación estudiábamos filosofía en el antiguo Colegio del Recuerdo, teníamos un Padre Espiritual extremeño que en el fervor de una plática nos contó el milagro de Jesús andando sobre las aguas y acabó: --Y el “Ceñor” va y les dice a los discípulos: “no temáis que yo soy Nuestro “Ceñor” Jesucristo…” Una sorpresa parecida podéis tener vosotros si os digo que el primero en rezar el Ave María fue el mismísimo Dios. En el lenguaje bíblico si un ángel habla, habla Dios; si un ángel se aparece, se aparece Dios, porque el que veía u oía a Dios directamente moría. En el Avemaría castellano no decimos: yo te saludo, sino Dios te salve, Dios te saluda, Dios, Dios te llena de alabanza… Dios reza el Avemaría. Y es que en María Inmaculada, Dios se admiró en su propia obra. Y no es la primera vez. Recordáis que cuando Dios echa una mirada a todo lo que acaba de crear dice: “Y vio que todo era muy bueno”. Y en esa frase palpita una admiración semejante a la de Miguel Ángel hacia su Moisés, contra el que tiró el martillo diciéndole: “¡habla!” 2.- Dios vio en María a la mujer de su primer plan divino, libre de pecado, nunca mediocre, nunca vulgar, nunca esclava de los que hoy llaman derecho a su propio cuerpo. --mujer libre, no liberada, libre de su esclavitud a Dios, única que no envilece --mujer que entiende la virginidad como una entrega a Dios y no se avergüenza de ella, como nuestras liberadas de hoy, acomplejadas de sexo. --mujer que entiende la maternidad como un servicio inalienable a la vida, no un derecho caprichoso. --mujer valiente sin arrogancia, humilde sin bajeza. Yo te saludo, María, llena de Gracia. Yo estoy contigo, bendita eres entre las mujeres porque es bendito el fruto de tu vientre. 3.- Y es que Dios se superó a Si mismo al hacer a María Madre de su mismo hijo, al poner a María en la misma frontera de Dios aun existiendo infinita distancia entre Dios y ella. Y es que el privilegio de la Inmaculada esta regido y exigido por ser María Madre de Dios No que Dios tenga principio en Ella, como nosotros empezamos a ser en nuestras madres, sino porque el Padre Dios y Ella llaman Hijo a una misma persona, a un mismo sujeto de derechos y obligaciones. --Cuando se conculcan los derechos de Jesús ante los tribunales injustos, son los derechos del mismo Hijo de Dios los que se conculcan. Jesús y el mismo y único documento nacional de identidad. María llama con verdad al mismo niño que tiene sus brazos: “Hijo mío y Dios mío” --Cuando los Padres de la Iglesia reunidos en Éfeso declararon a María, Theotokos, Madre de Dios, se salieron a las calles dicen que a cantar las alabanzas a María, yo creo que a respirar aire porque se habían quedado sin respiración al verse movidos por el Espíritu a declarar a una criatura Madre de Dios. Y yo me imagino al buen Padre Dios ocultando tu rostro travieso, divertido, por el susto que daba a los hombres con tal ocurrencia: que Dios tenga Madre. Tan Madre del Hijo de Dios, que cuando éste se siente abandonado en la cruz por su Padre pudo sentir la cercanía y las oraciones de su Madre para que en la hora de la muerte encontrara el rostro amable de su Padre Dios que se le ocultaba. Santa María, Madre de Dios, rogaba por su Hijo en la hora de su muerte. María Inmaculada, Madre de Dios, es una travesura de la omnipotencia de Dios que también a nosotros nos deja sin respiración como a los de Éfeso. 5.- CONFIANZA ILIMITADA EN DIOS Por José María Martín OSA 1. - María es la "nueva Eva". Eva es seducida y engañada por el orgullo y el ansia de dominio. Se dejó seducir por el pecado y fue sometida al yugo de la violencia, del temor, de la tristeza, de la culpabilidad, de la ignorancia y de la tiranía. María también es seducida, pero es por el Amor de Dios. Por eso recibe del ángel este mensaje lleno de confianza: "no temas". María". María, humilde y confiada, libre y obediente es el prototipo de la mujer nueva, el principio de la nueva humanidad basada en el amor y en la confianza en la voluntad de Dios. María quiere alimentarse de la Palabra de Dios, no de otras cosas pasajeras o engañosas. María se contrapone a Eva, salva a Eva, la rehabilita. Eva transmite dolor y esclavitud, María ofrece liberación y gracia. La "llena de gracia" vence al mal y nos invita a nosotros a asociarnos con ella en la lucha. Sabemos que el Señor "está con nosotros". 2.- María, aquella muchacha de Nazaret, confió en el Señor y le manifestó su disponibilidad. Su confianza nacía de la Palabra de Dios. Cuando recibió el anuncio del ángel, se quedó turbada y preguntó ¿cómo será eso, pues no conozco varón? Sin embargo, confió en la Palabra del Señor. Su fe es confiada, pero no ciega. Pone su confianza en Dios para decir "hágase en mí según tu Palabra". De su confianza nace la disponibilidad. El que se instala se encierra en sus "seguridades" y es incapaz de avanzar. Sólo el que busca está capacitado para progresar. La disponibilidad en la antítesis de la instalación burguesa. Hemos de salir de nuestra comodidades para ir al encuentro de las nuevas realidades de pobreza material y espiritual, "nuevas fronteras" las llaman algunos: ancianos, inmigrantes, jóvenes desarraigados.....María nos lleva a Jesús y nos dice: "haced lo que El os diga". No podemos quedarnos sólo en el aspecto sentimental de la Virgen. No olvidemos que ella es la mujer entregada y comprometida del Magnificat que alaba al Señor porque "derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos". 3.- Hoy, en esta fiesta de la Inmaculada Concepción, le decimos a nuestra Madre María que nos ayude a luchar por un mundo nuevo. Ella nos ayuda a tender nuestra mano al que nos necesita. Nos da ánimo para confiar siempre, aunque a veces el camino sea duro y difícil y la crisis paralice la economía. ¡Que se acaben los agoreros y los pusilánimes! ¡Sí, es posible un mundo nuevo con y desde María! La actitud que tenemos que cultivar en esta fiesta de la Inmaculada es la entrega generosa, como María. Le suplicamos: ¡Santa María de la Esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera! Demos gracias a Dios por María, porque se acercan días de fiesta y felicidad "no sólo para la mujer, cuyo seno había dado a luz al niño, sino también para el género humano en cuyo beneficio la Virgen había alumbrado al salvador" (San Agustín, Sermón 193, 1) 6.- ¡ES LO MÁS! Por Javier Leoz Así se expresaba un joven cuando, después de haber tenido una fuerte experiencia espiritual en el Santuario de Lourdes de Francia, regresaba a su lugar de origen siendo el mismo pero distinto: “siento que soy igual pero que puedo corregirme muchísimo más y es que, Ella, es “lo más” que he podido palpar y ver estos días”. 1.- ¡Qué bien nos viene la Solemnidad de la Inmaculada Concepción para inundarnos con más esperanza! La alegría y el orgullo de nuestra Madre es precisamente ese: que podamos gozar de la presencia del Señor como Ella lo hizo y lo acogió desde el mismo momento de Nazaret. María, desde aquel mismo instante, esperó. Se vacío totalmente y se arrodilló a los planes entretejidos por Dios y anunciado por los profetas desde siglos. Y es que, María, fue lo máximo para Dios y, Ella, ofreció a Dios lo más: su interior y su beldad, su corazón y sus entrañas. Sólo, desde la fe, somos capaces de comprender, de amar con profundidad y con verdad este Misterio que rodea a su ser inmaculada. Dios, que es lo más grande que el hombre tiene por encima de su cabeza, se fijó en el ser puro y virginal de una joven. Nunca, en tan pobre nazarena, Dios encontró tan colosal vergel. Damos gracias a Dios porque quiso elegir una de nuestra raza, alguien de carne y hueso como nosotros. Por lo tanto, la Inmaculada Concepción también nos anima a nosotros a ser santos, inmaculados, a cambiar los tonos oscuros por más grises, los ennegrecidos por los más blanquecinos o los verdoso por los más celestes. No es poesía, es pura verdad. María, con mano izquierda y corazón obediente, supo ponerse del lado de Dios. Rindió su punto humano al servicio del divino; luchó para que nada se antepusiera entre los designios de Dios, sus planes salvíficos y Ella. Para ello confío, oró y se fió. Lo demás, Dios lo puso todo en marcha. Dejó que Dios fuera Dios y, Ella, gozó siendo sierva. 2. ¡Felicidades, Virgen, Purísima Inmaculada! Por ser primera santa entre todos los santos. Porque, en tu perfección, nos sentimos pequeños pero empujados a superarnos con tu ayuda e intercesión. Eres grande, y a la vez, te vemos tan cercana. ¡Felicidades, Virgen, Inmaculada! Porque, Dios, te eligió y te preparó para entrar dentro de Ti. Para envolverte con su sombra. Para dejarte intacta antes y después de tu dar a luz al Salvador. En cambio, ¿Por qué nosotros reservamos en nuestro interior los habitáculos más lúgubres o más escasos para la presencia del Creador? ¡Felicidades, Madre, Pura y Virgen! Porque nos enseñas el camino que conduce hacia la gracia. Porque, en tu regazo, encontramos mil motivos para seguir a Jesús y nunca perderle. Porque, en tu seno virginal, resplandece la humildad y la dulzura, la paz y la sencillez, la pobreza y la dicha, la alegría y la acción de gracias. ¡Felicidades, Madre Inmaculada! Porque, siendo la enamorada del Señor, siempre ocupaste un lugar discreto. Desde el principio supiste desempeñar tu papel con transparencia y solicitud: fuiste sagrario del Amor de los Amores, cofre del Hijo Único y Amado de Dios, custodia de Aquel que es salvación y destino de la humanidad. ¡Felicidades, Purísima Inmaculada! 3.- Porque en Ti, nuestros pueblos y ciudades, catedrales y congregaciones, hombres y mujeres sencillos, ven reflejado, abanderado y pregonado aquello que queremos irradiar al mundo: AMOR A DIOS SIN CONDICIONES Y SIN MANCHA. Con razón, la Inmaculada Concepción, es lo “más” que Ella pudo entregar a Dios y, lo “más” que Dios pudo hacer por Ella y por nosotros en el Nacimiento de Cristo. 4.- TODA HERMOSA, MARIA Si; Dios te quiso así. Toda para El y bien dispuesta Sin mancha ni resquicio para la duda Llena de hermosura, pero más por dentro, que como a veces, nosotros miramos por fuera ¡TODA HERMOSA! ¡QUE HERMOSA ERES MARIA! ¿Qué riqueza dejaste ante el Dueño de todo? ¿Cómo embelesaste al Creador? ¿Con que voz le respondiste? Desde el día de tu nacimiento, Dios, puso su dedo en Ti: te protegió y te guió te preservó y te cuidó te miró y, con amor solícito, te mimó. ¡TODA HERMOSA! ¡QUE HERMOSA PARA DIOS! Se fijó en Ti, por el vestido de tu obediencia Se enamoró de Ti, por las joyas de tu sencillez Se prendó de tu Ti, por el rostro de tu fe ¡TODA HERMOSA, EN EXCLUSIVO, FUISTE PARA EL SEÑOR! Se quedó en Ti, por la pureza de tu pensamiento Se sonrió a Tí por la pureza de tu inocencia Se limitó a Ti, porque supiste amar como nada ni nadie ¡TODA HERMOSA, MARIA, PARA DIOS! Tu privilegio, exenta de todo pecado Tu gracia, pura antes y después de tu alumbramiento Tu secreto, ser fiel a Dios hasta el final Tu intercesión, las súplicas de tus hijos e hijas ¡TODA HERMOSA, TODA HERMOSA, MARIA! En Ti, Nueva Eva, recuperamos la belleza, el amor sin fisuras, la transparencia en las miradas, la armonía con Dios y con la naturaleza… todo aquello que, el pecado, por nuestros padres nos había arrebatado. ¡Gracias, María y Madre! 7.- INMACULADA POR ACLAMACIÓN POPULAR Por Ángel Gómez Escorial 1.- Es lógico. La mujer que iba a llevar en su seno al Salvador, en todo igual a los humanos salvo en el pecado, no podía tener pecado. Por eso es del todo lógico pensar que la herencia del pecado original no podía estar en ella. En Oriente, de especial devoción por la Virgen, ya tenía presente la inmaculada concepción de María desde, por lo menos, el siglo VIII. Y en Occidente fue el pueblo llano el que comenzó a tenerlo presente, sin que, oficialmente se asimilara rápidamente. España fue adelantada de esa devoción porque ya en el siglo XVI y XVII estaba muy presente en el pueblo. La jaculatoria con respuesta de “Ave María Purísima- Sin Pecado Concebida”, es de esos tiempos. Por fin el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, declaró dogma de fe que –como dice el Misal—“María por especial privilegio, fue preservada de toda mancha de pecado original”. Y, en fin, esto es lo que celebramos hoy. Es una fiesta mariana entrañable, situada en medio del Adviento y que, es sin duda, una forma de agasajar a la Virgen que espera la llegada del Salvador, su Hijo. 2.- Uno, que la ha leído con especial atención ese libro –ya con muchos años de ser editado—de Joseph Ratzinger que trata sobre Iglesia y Democracia – y aun siendo demócrata hasta el fondo del corazón--, pues entiende que la Iglesia no puede ser asamblearia, y que el Magisterio de la Iglesia y la autoridad del Pontificado son ingredientes importantes. Pero tampoco se puede negar el peso del pueblo en, por ejemplo, las canonizaciones de los santos, lo cual nos llega hasta hoy como puede ser en los ejemplos de la Madre Teresa y del Papa Juan Pablo II. Por eso creo que yo que, en su origen la solemnidad de la Inmaculada, tiene mucho de compartido y de solidario. Y en el milagro de Dios de la concepción sin pecado de María es, por supuesto, un privilegio hacia ella, pero es también un “golpe” de coherencia divina, que, sin duda, relaciona a María con la redención del género humano. María, además, supo interpretar muy bien el privilegio divino con una vida de humildad y reflexión –“.lo meditaba todo dentro de su corazón—que desde luego contrasta a veces con los excesos devocionales de algunos, pero eso es harina de otro costal. 3.- Las lecturas de hoy nos enfrentan a la actitud de Eva y de María. Eva fue engañada por el Maligno e inauguró el imperio del pecado en el género humano, que fue creado por Dios libre de culpa. El recuerdo del fragmento del Libro del Génesis nos sitúa perfectamente la frustración humana ante ese pecado y marca la nueva exigencia de Dios para Anda y Eva fuera del Edén. Lo que iba a venir después se parece a nuestra vida de cada día, a las obligaciones y realidades del género humano. Y claro está que dicho texto del Génesis contrasta con el bellísimo pasaje de la Anunciación en el texto de Lucas –uno de los fragmentos más bellos del Evangelio—donde, precisamente, se anuncia la salvación de las criaturas predilectas de Dios –“los hiciste poco inferior a los ángeles—que por su ambición imposible se apartaron del camino trazado en principio por Dios. 4.- El fragmento de la Carta a los Efesios contiene una de las ideas más claras de San Pablo que repite en varias ocasiones en sus escritos. Es la referencia clarísima de que nosotros estamos elegidos por Dios, en la persona de Cristo, antes de crear el mundo. La sabiduría eterna de Dios –y, por tanto, intemporal—supo ver la traición de sus criaturas, pero también preparó la solución del problema. Desde antes de la creación se perfilaba la Redención con la naturaleza humana, en todas sus consecuencias, del Hijo de Dios. Y en ese plan, por supuesto, ya aparecía María. Asimismo estas palabras de Pablo de Tarso forman parte de un himno litúrgico de extraordinaria belleza, que repetimos en muchas ocasiones. 5.- Festejamos y honramos a María en medio del Adviento. Y nuestra veneración es un buen ejercicio para mejor construir nuestro tiempo de espera. En la gruta de Belén, María dio a luz la salvación del mundo. Y en la espera a los días del Nacimiento del Hijo de Dios, hemos de dar una especial relevancia a la figura de la Madre Virgen. Relevancia interior y exterior, pero ambas, siempre, dotadas de la humildad y entrega sin condiciones que María imprimió a todos los actos de su vida. LA HOMILÍA MÁS JOVEN LO QUE NOS FALTABA Por Pedrojosé Ynaraja 1.- Con cierta periodicidad, la mayor parte de nosotros, nos sentimos angustiados. Hoy estoy depre, decimos a nuestros compañeros. Otras veces la euforia nos embarga, sin saber porque. Pasamos de un estado a otro, la mayor parte de veces, sin causa conocida. Cuando estamos serenos, o creemos estarlo, nos preguntamos porque nos sucede esto. La primera lectura de hoy, una narración preciosa, en forma de poema, lleno de ternura, que se inicia en el infortunio, prosigue en tremendo drama al borde de la tragedia y que acaba con un mensaje de esperanza, pretende darnos una explicación. Un hombre mítico, Adán, barro es el significado de esta palabra, ha sucumbido a las propuestas del maligno. Se las hizo primero a la mujer, míticamente llamada Eva, o sea fecundidad, que también había sucumbido. El tal repugnante personajillo lo describe el texto recubierto de serpiente. A nosotros no nos dice nada este detalle, pero por aquel entonces era muy importante hacerlo así. A este reptil, las civilizaciones colindantes le atribuían calidad divina, de manera que, de paso, escribiendo de esta manera, se destruía todo buen protagonismo del animal y su consiguiente idolatría. A nadie de nosotros se nos ocurre pensar que una culebra pueda ser un dios, pero os lo he contado, para que entendáis el porque del disfraz escogido para el enemigo tentador. Sí, sucumbieron y en consecuencia se vieron indefensos, como si desnudos estamos, nos vemos sin protección del frío, de los agresores, de las miradas deshonestas. El pecado lesiona gravemente al hombre. 2.- El drama os he dicho, mis queridos jóvenes lectores, estuvo a punto de convertirse en tragedia. Dios acude a hacer justicia y dicta sentencia. No es un veredicto de condenación perpetua. Anuncia un indulto que vendrá. De alguna manera, la humanidad ya empieza a gozar de este indulto. Expulsados del Paraíso, marchan esperanzados. No lo olvidéis vosotros, cuando os sintáis excesivamente culpables. Tal postura, la desesperación además de ser inútil, implica orgullo, se lo advertía Santa Teresa de Lisieux a un familiar. La narración evangélica de hoy la he leído centenares de veces. La he contemplado plasmada en obras artísticas, otras tantas. En el lugar donde ocurrió la Anunciación, he estado en muchas ocasiones y ha vivido muy cerca durante unos cuantos viajes. Cuando tenía 14 años, un buen sacerdote, nos contó que en Nazaret había un altar con una estrella donde ponía: aquí, de María virgen, el Verbo se encarnó. Me propuse entonces que algún día lo visitaría. No lo conseguí hasta los 40 años, pero se me ha concedido la gracia de poder estar allí, de rezar con calma y de celebrar misa. Es un lugar que la más exigente arqueología, no duda de que sea auténtico. Emociona, pues, cargado como está de energía espiritual, que aun perdura. 3.- Acababa la narración del Génesis, la primera lectura de hoy, dando un atisbo de esperanza. Acaba la descripción evangélica de Lucas, anunciando que se inicia la salvación. Es consecuencia del bien hacer de Dios, de sus buenos deseos para la humanidad, pero también se hace posible, porque una chiquilla, preciosa joven, llamada María, de no más de doce años de edad, dice que sí a Dios. Poco sabía ella de sí misma, tan modesta como era, no pretendía trofeos, pero poseía el don más precioso que se pueda tener: era inmaculada total, es decir, carente del todo de malicia. No conocía, ni conoció el rencor, no era ambiciosa ni mal intencionada, no estaba infectada de deshonestidad, no había acudido, ni acudió después, a la mentira, no deseó nada que no le fuera dado gratuitamente por Dios. Tan larga parrafada mía, la dice con exactitud y brevedad, el texto de Lucas: estaba llena, más exactamente repleta, de la Gracia de Dios. 4.- Acabo con una reflexión que quisiera, mis queridos jóvenes lectores, que os hicierais hoy y siempre: lo que importa es decir sí al Señor, cada uno a su manera. El resultado de nuestra docilidad, solo Dios lo conoce, pero con seguridad, cuanto más fidelidad aportemos, más grades serán los resultados.
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