Domingo II de Adviento
6 diciembre de 2009

LA CORONA DE ADVIENTO

La corona de Adviento es la fórmula más habitual y más sencilla de ir iniciando los domingos de Adviento. Y nuestras moniciones como, en otros años, irán reflejando ese hecho. La corona de Adviento tiene cuatro velas de colores diferentes y cada domingo de Adviento se enciende una. En el caso del primer domingo de encenderá la primera y las demás quedarán apagadas. Cuando lleguemos al segundo domingo de Adviento, antes de iniciarse la Eucaristía, ya estará encendida la vela del domingo anterior y, por tanto, se encenderá la segunda. Haremos lo mismo con la tercera y la cuarta. En caso de la tercera, iniciaremos la celebración con las dos velas anteriores ya encendidas y prenderemos la tercera. Para la cuarta, antes de comenzar ya estarán encendidas las tres y completaremos la corona con la cuarta vela encendida.

OTRAS POSIBILIDADES

Pueden presentarse, delante del altar, cuatro cirios grandes, también de colores, situados sobre una pequeña escalera que los sitúe a diferentes alturas. Esa escalera o estructura puede cubrirse con un paño del color morado típico del Adviento. La más baja será la del primer domingo y la más alta la correspondiente al cuarto. Se encenderán de la misma forma.

Otra fórmula interesante es colocar un “misterio”, un gran portal de Belén. Puede servir el que se vaya a destinar después al Nacimiento. Y se irán poniendo imágenes distintas de manera sucesiva. Al estar el portal vacío, la primera colocación puede ser la del pesebre –la cunita—vacía. Más adelante, en el segundo, se completa con los animales. El tercero con los pastores y San José. El cuarto colocar la imagen orante de la Virgen María manteniendo el pesebre vacío pues todavía no ha nacido el Señor.

El uso de las moniciones es parecido y similar a lo que se cita en el caso de las velas. Y en lugar de decir, por ejemplo, “al encender esta vela” pues se cambia por “al colocar esta figura de…”

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos a la Eucaristía de este Segundo Domingo de Adviento. Encenderemos, en unos instantes, la segunda vela de la Corona de Adviento. Van pasado los días de esta espera, llena de esperanza, que nos conduce al nacimiento del Hijo de Dios en Belén. Realmente, hoy es el domingo de Juan Bautista. El apareció, como un ciclón, ante la sociedad judía para anunciar la inmediata llegada del Salvador del pueblo. Pedía, de acuerdo con las profecías del Antiguo Testamento, que se allanaran los caminos y que la gente cambiara. Y eso mismo nos pide a nosotros, porque si el Adviento no nos sirve para cambiar habremos desaprovechado nuestro tiempo. Avancemos pues, con alegría, hacia nuestra salvación. Y recordaros que el próximo martes, día 8, nos volveremos a reunir para celebrar la Inmaculada Concepción de María, para festejar, todos juntos, a la Virgen María.

 

BENDICIÓN DE LA SEGUNDA VELA DE LA CORANA DE ADVIENTO


MONICION

Señor Jesucristo, tu venida, tu cercanía, lo transforma todo,

convierten este vetusto y abrumado mundo nuestro

en germen de un cielo y una tierra nuevas,

y a nosotros, débiles y pecadores,

en constructores de tu Reino y heraldos de tu presencia amorosa.

 

Al encender estas dos velas en la corona de Adviento,

queremos manifestar nuestro deseo de acoger tu llamada

a preparar los caminos y alzar nuestra voz para que,

quienes tienen hambre y sed de justicia

logren experimentarte próximo

y sepan que aquí estas Tú, nuestro Dios.

R. Amén

(Se acerca una persona y enciende el segundo cirio)

Canto: ¡Ven, ven Señor no tardes! (Otro canto apropiado)

 


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- Nuestra primera lectura procede del Libro de Baruc y nos da un mensaje de amor para la ciudad de Dios. Jerusalén debe abandonar su vestido de luto y abrirse a la gloria que el Señor envía. Vamos a escuchar un texto muy bello, profecía mesiánica plena de esperanza, de fiesta, de alegría.

S.- Este salmo, el 125, es un canto de los judíos que volvían del destierro de Babilonia, todavía sorprendidos por tanta alegría y con el deseo de reconstruir Jerusalén. Para algunos el salmo 125 es un resumen, en forma de canto, del Libro de Nehemías. Para nosotros es símbolo de alegría total. Y de esperanza.

2.- El texto de nuestra segunda lectura de hoy –sacada de la Carta de Pablo a los Filipenses--, guarda bastante semejanza con el fragmento la Epístola a los Tesalonicenses que escuchábamos el domingo pasado. El apóstol de los gentiles nos recomienda permanecer limpios e irreprochables ante la inminente venida del Señor Jesús.

3.- El Evangelio de Lucas nos va a dar noticia histórica del nacimiento de Juan, el Bautista. Y también del anuncio de la llegada del Mesías. El mismo Juan se hará llamar como la frase pronunciada muchos años antes por el profeta Isaías: la voz que clama en el desierto. Y el mensaje del antiguo profeta es el auténtico pan de acción del Bautista.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Es Javier Leoz, sacerdote navarro, quien nos escribe estas oraciones para este momento tal especial, cuando ya estamos terminando la Eucaristía

VEN SEÑOR

¡Ven, Señor, y endereza nuestros caminos!

Haznos buscar un desierto en el que hablarte

Un desierto en el que encontrarte

Un desierto en el que buscarte

Un desierto en el cual poder escucharte

 

¡Ven, Señor, y allana nuestros senderos!

Rebaja nuestro orgullo, para conquistarte con humildad

Alisa nuestra dispersión, para quererte sólo a Ti

Pule nuestro vivir, para que tengas más cabida en él


Exhortación de despedida

La alegría por la espera del Niño Dios debe llenar nuestra vida. Eso lo hemos aprendido en la Eucaristía de hoy y por eso salimos del templo my contentos.