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TALLER DE ORACIÓN ADVIENTO: UN SÍ A LA CONVERSIÓN Por Julia Merodio La conversión implica: Un cambio de actitud. Un esfuerzo para hacer fecundas nuestras funciones: de donación y entrega. Una renovación interior, que nos lleve a optar por Cristo para esperar su venida. Cuando al empezar la cuaresma se nos plantea el tema de la conversión, casi nos parece normal, pues todos la estamos esperando; pero cuando la palabra conversión se presenta en adviento, tiempo que precede a la navidad, no podemos hacer otra cosa que pensar que está fuera de contexto. ¡Dios mío, con las cosas que hay que preparar en navidad… solamente nos faltaba que tuviésemos que incorporar un tiempo para pensar en convertirnos! Por otra parte, hoy la concepción de falta y de caída ha cambiado tanto que ni siquiera tenemos conciencia de ello. Hasta hace poco tiempo se oía decir: ¿De qué me voy a arrepentir si yo ni mato ni robo? Pero hoy ya no lo decimos; en la actualidad todos esas trasgresiones han desaparecido, porque con un simple cambio de palabras han pasado: de ser un pecado, a ser una virtud y de ser un crimen horrendo a ser un decreto ley. Lo acabamos de ver con claridad. Robo: cambio de transferencias. Aborto. Interrupción del embarazo. ¿Dónde queda la trasgresión? Ha desaparecido. Y si no hay delito ¿De qué nos vamos arrepentir? Es un fenómeno que se está haciendo demasiado habitual en nuestra vida; y, lo que es peor, nos estamos acostumbrando a él. Pero Dios que nos ama como nadie, vuelve un año más a darnos la oportunidad de tomar conciencia de lo que significa Dios en nuestra vida; y nos invita a abrirnos a la gracia y esperar con gozo, ese derroche de magnificencia que viene a traernos, en esta nueva Navidad que se nos regala. ESPERANDO LA SALVACIÓN Cuando esperamos a alguien de importancia o queremos quedar bien con un invitado nos esmeramos en que todo esté en orden cuando él llegue. Si la persona que esperamos es alguien muy querido y muy íntimo, al que hace tiempo que no vemos, lo que más nos importa es tener todo hecho para que cuando llegue nos quede tiempo de estar junto a él, de escucharle, de conversar, de sentirle… En el primer caso tratamos de ofrecerle lo mejor que tenemos, en el segundo, le ofrecemos lo que somos. También existe la posibilidad que la persona a la que hemos invitado sea alguien que nos ha sacado de algún apuro o nos haya hecho un gran favor… ¡Qué prolíferos seríamos entonces con él! ¡Seguro que no escatimaríamos esfuerzos para agradecer, considerablemente, el favor prestado! De nuevo, este año, llega a nuestra casa y a nuestra vida un invitado de excepción. Un invitado que cumple todos los requisitos: • ¿Acaso no es alguien importante para nosotros? • ¿Acaso no es alguien muy querido? • ¿Acaso no hemos recibido favores de Él? • ¿Acaso no nos ha sacado de ningún apuro? Sin embargo posiblemente ni siquiera nos hemos parado a pensarlo ¡hay tanto que hacer en vísperas de navidad! Es más, quizá ya tengamos pensado como vamos a celebrar la nochebuena, lo que vamos a cenar, qué regalos vamos a ofrecer… Pero no se nos ha ocurrido mirar nuestro interior; ni siquiera hemos pensado si tenemos alguna actitud que cambiar, para que Jesús se sienta cómodo al llegar. ¿Porque, me imagino que aunque sea de pasada, habremos pensado que llegará? PRECURSORES DEL ADVIENTO Al llegar esta segunda semana de Adviento se nos presenta un personaje muy especial. Nos lo brinda la liturgia y vuelve a aparecer un año detrás de otro, es como el signo fundamental de conversión. A su luz, nuestro camino torcido busca otra dirección; las montañas de egoísmo, individualismo, materialismo… se abajan y los valles de aislamiento, ingratitud, olvido e indiferencia van descendiendo. Pero ha llegado un tiempo en que, este mensajero empieza a ser desconocido y su mensaje no llegará a demasiada gente. Hoy lo normal no es hablar de estas cosas. Y el precursor es alguien ignorado para muchos. Por lo que no os extrañará si os digo, que Jesús hoy necesita nuevos precursores para anunciar su venida y precisamente en ese grupo estamos tú y yo. Sin embargo no podemos engañarnos, el grupo de “proclamadores” tienen que cumplir unos requisitos: • Gritar lo escuchado. • Predicar lo vivido. Los precursores han de ser fieles a lo que proclaman, por tanto tendrán que gritar a todos, lo mismo que gritaba Juan, verdadero precursor: -Preparad el camino al Señor. -Enderezad las sendas por donde camináis, pues habéis cogido el camino equivocado. -No sigáis elevando esos valles de poder que, lejos de aliviaros os aplastan. -Descended del pódium de la fama, ese que creéis que os engrandece, pues solamente lo sencillo y austero da la felicidad. -Haced que lo escabroso se iguale. Hay demasiada desigualdad en nuestro mundo y eso es abrumador para el ser humano. Pero, como hacía él, hay que predicar con el testimonio; todavía nos falta vivir lo que decimos por eso nuestra predicación no llega a la gente. Sin embargo, hoy más que nunca debemos seguir sus indicaciones. ¿Acaso os parece que no está vigente lo que Juan predicaba? Observad a ver si os suena a actualidad: -El que tenga dos túnicas que dé una. -El que tenga comida que haga lo mismo. -No exijáis nada fuera de lo establecido. -No uséis la violencia, ni hagáis extorsión a nadie. -Y conformaos con vuestra paga. Cómo cambiaría nuestro mundo si, durante este adviento, mucha gente tomase en cuenta este mensaje y lo pusiese en práctica: • Con la cantidad de personas que, se cruzan en nuestro camino, y ya no tiene: ni para comer, ni para vestirse. • Con los ancianos, que se encuentran solos, porque no tienen recursos para pagar a alguien que los atienda. • Con las personas maltratadas, victimas de la violencia de los resentidos, que buscan descargar su furia en los que se hallan en inferioridad. • Con las jóvenes madres, obligadas a abortar, que se encuentran solas en esa sala donde se halla el instrumental perfecto para matar al hijo de sus entrañas. • Podríamos seguir aumentando situaciones que nos desbordarían, pero no podemos pasar por alto la que apunta al final: “y conformaos con vuestra paga” ¡Ay si todos nos conformásemos con nuestra paga! Posiblemente la primera consecuencia que encontraríamos sería la disminución del paro y que los bienes llegasen a todos. LA CONVERSIÓN Y EL SACERDOTE De nuevo traemos a nuestra oración al sacerdote, sin olvidarnos que estamos en el año sacerdotal. Lo hacemos así porque si a alguien le preocupa la conversión de la persona es al sacerdote. Y lo tendremos presente en este tiempo de adviento donde toda la liturgia nos incita al cambio, a la toma de conciencia, a la vigilancia, a la atención… Ya que estamos en el momento preciso, de ponernos ante nuestros comportamientos, para ver si nos parecen los adecuados. Si nos preguntasen que es para nosotros el tiempo de adviento, no dudaríamos ni un momento en decir: que es un tiempo de espera y cambio. Pero: • ¿De verdad estamos dispuestos a cambiar esas actitudes que nos oprimen? • ¿Qué actitudes son esas que necesitan cambio? Tomemos un tiempo para irlas descubriendo. • Y de nuestros sacerdotes ¿qué esperamos que cambien? • ¿A qué nos compromete este cambio? • ¿Estamos abiertos a esa novedad, que supone la venida del Señor, a nuestra vida? • ¿Apreciamos el valor que, este hecho, tiene para cada uno de nosotros? Todos sabemos lo generosos que somos, cuando se trata de indagar sobre nuestro comportamiento y lo exigentes que nos presentamos al juzgar a los demás, sobre todo cuando al que juzgamos es a un sacerdote. Es inaudito, que cualquier persona se crea en posesión de poder calificar a un sacerdote; no importa que sean creyentes o no lo sean, que pertenezcan a una religión o a otra… se hace un debate y todo el mundo tiene derecho a juzgarlos; además de una forma que, deja al descubierto la intención: Tienen que hablar de algo bueno que han hecho y dicen: Ese sacerdote, -apuntando su nombre- ha hecho tal cosa; pero si tienen que airear un fallo, no dicen ese sacerdote sino: los sacerdotes… ¿No os parece injusto? Tampoco nosotros estamos exentos de responsabilidad, les exigimos tanto a los sacerdotes, los requerimos para tantas actividades que los privamos de esos momentos de silencio, en los que ellos también han de recibir la gracia; en los que ante el Señor tienen que descubrir por donde debe de circular su actividad y su vida. Le reclamamos tantos preparativos que no les da tiempo preparar debidamente la celebración; les ocupamos tantos momentos que difícilmente les queda espacio para recibir, a los que quieren llegar a él desde la conversión. Por eso quizá fuese oportuno traer a nuestra oración, de esta semana, al Santo Cura de Ars, figura elegida por el Papa, al brindar el año sacerdotal; para ver lo que él pensaba y sentía sobre la conversión. Invito a todos a que si tenéis posibilidad de leer la vida del Santo Cura de Ars lo hagáis, pero a mí personalmente, entre todas esas frases que me han impactado, he cogido esta por ser más idónea para este momento: “Anuncien a todos los pecadores que yo siempre estoy dispuesto a recibirlos…” Y les decía a los demás: “Poned esto en el centro de vuestra preocupación. Gritando a todos, que Dios es un torrente de misericordia y que, el Buen Dios que lo sabe todo los perdona” Este es nuestro Dios, “el que perdona” el que por muy grande que sea la trasgresión, su gracia la desborda. Y ese Dios viene, viene de nuevo a nuestra tierra y a nuestra vida. Vamos a tomarlo en serio, vamos a esperarle con un corazón arrepentido, un corazón limpio, un corazón lleno de misericordia… para que el mundo pueda descubrir la grandeza que supone el Adviento para nuestra existencia.
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