BENEDICTO XVI: LA INTOXICACIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Graves, muy graves, son las palabras del Papa Benedicto XVI sobre la “intoxicación de los medios de comunicación”. Pronunció estas palabras, el martes, día, 8, ante la estatua de la Virgen que se encuentra en Roma, en la popular Plaza de España. Y durante el tradicional homenaje que los pontífices hacen a María en la tarde de la fiesta de la Inmaculada. El texto de esa intervención, facilitado por la agencia romana Zenit, abre nuestra sección de Noticias. El Pontífice expresó por un lado que “cada día, de hecho, a través de los periódicos, la televisión, la radio, el mal es narrado, repetido, amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos insensibles y, en cierto sentido, intoxicándonos, pues lo negativo no se digiere plenamente y día tras día se acumula. El corazón se endurece y los pensamientos de hacen sombríos". Y más adelante que “los medios de comunicación tienden a hacer que siempre nos sintamos "espectadores", como si el mal sólo afectara a los demás, a ciertos eventos que a nosotros no podrían sucedernos nunca. Sin embargo, todos somos "actores" y, tanto en el mal como en el bien, nuestro comportamiento tiene una influencia sobre los demás". Es obvio, por un lado que estas frases referidas a los medios de comunicación estaban situadas en un texto más amplio que hace referencia al homenaje del Pontífice a María Inmaculada y que está referido a la contaminación moral de las ciudades, parafraseando cuestiones respecto a la cumbre sobre el clima de Copenhague. Incluimos en “Noticias” también el texto íntegro pronunciado por Benedicto XVI para mejor comprensión del mismo y de los alegatos respecto a los medios. Está claro que cualquier palabra del Obispo de Roma ha de atraer la atención de todo el mundo y, en especial, de los católicos. Betania es un medio católico, dirigido y patrocinado por un periodista católico y de ahí nuestro interés. Por un lado, nadie puede negar que los medios de comunicación, a veces buscando más audiencia. La irresponsabilidad surge muchas veces y nadie puede –ni debe—negarlo. Pero también es verdad que los medios recogen una realidad difícil, que en los últimos años se ha convertido en algo muy duro, con, por ejemplo, la existencia del narcotráfico vindicativo y muy cruel, como puede ocurrir en México. O la tremenda acción del terrorismo internacional, especialmente el de Al Qaeda. Y, finalmente, algunas acciones políticas mezcladas con el crimen como pueden ser los recientes episodios acaecidos en Filipinas. Todo ello constituye una realidad terrible que los medios no pueden hurtar a la opinión pública. Pero el Papa se refiere, de todos modos, a la intoxicación de los medios. E intoxicación no es informar. La libertad de prensa es una flor muy delicada que, en muchas ocasiones, se quiere arrancar. Matar al mensajero es una práctica antigua cuando no se quiere recibir malas noticias. Reflejar, solamente, un mundo amable, cuando en realidad este mundo es, en muchas ocasiones, sencillamente horrible sería, asimismo, faltar a la verdad. Pero el Papa no se ha referido a todo lo anterior, simplemente ha querido que se luche contra la intoxicación o el exceso de los medios. Y ello es muy digno de tenerse en cuenta. Los periodistas hemos de meditar sobre algunos aspectos de nuestro trabajo. Es necesario.
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