
III Domingo de Adviento
13 de diciembre de 2009
LA CORONA DE ADVIENTO La corona de Adviento es la fórmula más habitual y más sencilla de ir iniciando los domingos de Adviento. Y nuestras moniciones como, en otros años, irán reflejando ese hecho. La corona de Adviento tiene cuatro velas de colores diferentes y cada domingo de Adviento se enciende una. En el caso del primer domingo de encenderá la primera y las demás quedarán apagadas. Cuando lleguemos al segundo domingo de Adviento, antes de iniciarse la Eucaristía, ya estará encendida la vela del domingo anterior y, por tanto, se encenderá la segunda. Haremos lo mismo con la tercera y la cuarta. En caso de la tercera, iniciaremos la celebración con las dos velas anteriores ya encendidas y prenderemos la tercera. Para la cuarta, antes de comenzar ya estarán encendidas las tres y completaremos la corona con la cuarta vela encendida. OTRAS POSIBILIDADES Pueden presentarse, delante del altar, cuatro cirios grandes, también de colores, situados sobre una pequeña escalera que los sitúe a diferentes alturas. Esa escalera o estructura puede cubrirse con un paño del color morado típico del Adviento. La más baja será la del primer domingo y la más alta la correspondiente al cuarto. Se encenderán de la misma forma. Otra fórmula interesante es colocar un “misterio”, un gran portal de Belén. Puede servir el que se vaya a destinar después al Nacimiento. Y se irán poniendo imágenes distintas de manera sucesiva. Al estar el portal vacío, la primera colocación puede ser la del pesebre –la cunita—vacía. Más adelante, en el segundo, se completa con los animales. El tercero con los pastores y San José. El cuarto colocar la imagen orante de la Virgen María manteniendo el pesebre vacío pues todavía no ha nacido el Señor. El uso de las moniciones es parecido y similar a lo que se cita en el caso de las velas. Y en lugar de decir, por ejemplo, “al encender esta vela” pues se cambia por “al colocar esta figura de…” |
BENDICIÓN DEL TERCER CIRIO Señor Jesucristo, queremos ser constantes en la oración y en la acción de gracias, por ello nos reunimos en tu casa que también es la nuestra. Tu presencia y cercanía son, para todo hombre, fuente de gozo, Buena Noticia, porque Tú haces brotar en nuestro corazón semillas de vida y conviertes nuestro desierto en un vergel.
Al encender estas tres velas, queremos manifestarte nuestro deseo de recibir de tu luz, porque Tú eres el verdadero astro que ilumina toda tiniebla; y expresamos nuestra disponibilidad para ser testigos y portadores de tu luz ante quienes viven en la tiniebla del sinsentido, la desdicha, la soledad y el olvido. (Se acerca una persona y enciende el tercer cirio) Canto: ¡Ven, ven Señor no tardes! (Otro canto apropiado) |
MONICIÓN DE ENTRADA Os deseamos nuestra más cordial y alegre bienvenida a la Eucaristía. Dentro de unos instantes vamos a encender nuestra tercera vela de la corona de Adviento. Y cuando prenda el fuego en la mecha habremos iniciado simbólicamente este Tercer Domingo del tiempo santo de espera. Ya hemos superado la mitad del Adviento y los textos litúrgicos nos van a pedir hoy que estemos alegres. La Alegría es, sin duda, síntoma de que Dios está con nosotros. Y esperamos la venida de Jesús, el Hijo de Dios, y Nuestro Señor. Es lógico que la alegría inunde nuestros corazones. Se acercan ya las fiestas del Nacimiento del Salvador en las que, sin duda, nuestro gozo será cumplido. Aprovechemos esta Asamblea dominical para proyectar nuestra alegría a los hermanos que están tristes, a los que, sobre todo, no tienen nada, ni esperan nada. |
MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS 1.- La lectura primera procede del Libro de Sofonías. Este profeta vive los tiempos malos de un Israel cercado por los asirios, pero al final de su libro se espera al rey Josías, como reformador y libertad. Y el profeta estalla en júbilo y alegría. Nosotros vemos en ese texto el anuncio de la llegada del Mesías: la apertura de un gran rayo de luz, tras un tiempo de tristeza. S.- Hoy no leemos un Salmo propiamente: nuestro canto responsorial lo forman versículos del capítulo 12 del libro del Profeta Isaías, que anuncian la salvación que Dios nos ofrece. En realidad, muchos de los textos de Isaías tienen una gran fuerza lírica y sirven perfectamente para ser proclamados como cánticos, como salmos. 2.- San Pablo, en la segunda lectura, que procede de la Carta a los Filipenses, nos pide, también, que estemos alegres y es la alegría que nos da el conocimiento de que el Señor está cerca. Y nada debe preocuparnos, salvo dar gracias a Dios por las maravillas que nos ofrece. Estemos alegres, pues, el Señor está cerca. 3.- El Evangelio de San Lucas nos traslada hoy una pregunta importante: ¿Qué hemos de hacer? Es lo que preguntaban a San Juan Bautista los que se convertían. Y el Precursor les pide honestidad y rectitud para sus cuestiones profesionales y cotidianas. No es la venida del Señor una cuestión de falsa alegría. Se trata de un hecho tan notable que nosotros debemos cambiar nuestra vida, no hacer del egoísmo, ni del abuso una fórmula de actuación. Hemos de buscar la justicia y el amor para todos. Es una buena recomendación para nosotros que esperamos –ya estamos a mitad de camino—al Señor Jesús. |
Lectura de Postcomunión MONICIÓN Otra vez, como en semanas anteriores, presentamos esta oración para el momento final de la Eucaristía, también la ha compuesto el sacerdote Navarra, don Javier Leoz, gran experto en oraciones. En este caso es más larga, pero merece la pena
¿QUIEN VIENE? ¿PARA QUÉ VIENE? Por Javier Leoz (sacerdote)
¡Viene el Señor! Para encontrarse con todos los hombres ¡Viene el Señor! Para darnos luz y calor frente a un mundo oscuro y frío ¡Viene el Señor! Para levantarnos y darnos vida cuando caemos y nadamos en permanente muerte ¡Viene el Señor! Para ofrecernos horizontes y futuro ante una realidad sin sentido y tan vacía ¡Viene el Señor! Para colmar nuestras aspiraciones e ideales Para traernos el amor inmenso que Dios nos tiene ¡Viene el Señor! Para que seamos valientes y decididos y, con su mano,recuperemos la alegría de vivir ¡Viene el Señor! Para anunciarnos que Dios es Padre que no estamos solos ¡Viene el Señor! Para ofrecernos paz y verdad Para servirnosy que descubramos el amor de Dios en el rostro de un Niño ¡Viene el Señor! Para que esperemos y no desesperemos Para que vivamos y no muramos Para que caminemos y no nos detengamos ¡Viene el Señor! Para ti y para mí, por ti por mí, Por el mundo y para el mundo Para todo ser humano que, saltando al camino, busque y quiera ir más allá de lo efímero. ¡Viene el Señor! Y, porque viene, no tenemos derecho al desencanto o al pesimismo. El nos acompañará y nos salvará Iluminará las noches más trágicas de nuestra historia ¡Viene el Señor! Y, porque viene, hemos de de situar nuestra vida con la luz y a la luz de la verdad ¡VIENE EL SEÑOR! Exhortación de despedida La alegría es nuestra meta y la alegría es nuestra mejor herramienta para difundir la paz y el amor que Cristo nos trae.
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