EN NAVIDAD: AYUDEMOS A LOS MÁS POBRES

Durante todo el Adviento, Betania ha ido publicando editoriales en los que hemos pedido se dé prioridad absoluta a la ayuda a los más pobres en esta Navidad que se presenta ya dentro de unos pocos días.

Ciertamente, que hay otros muchos temas de interés dentro de lo que solemos tratar en nuestros comentarios editoriales. Pero nunca como ahora en todo el mundo la crisis ha afectado a los más pobres e indefensos. En los países llamados ricos se ha producido un retroceso de la economía sin comparación posible en muchos años. Las cifras macroeconómicas así lo indican. En los que se llaman países emergentes se van resolviendo algunas cosas, pero la pobreza sigue ahí, aumentando. Ocurre, entonces, que cuando hablamos de ayudar a los más pobres no es una petición para un único lado del mundo. Tanto en Europa, en España, como en Estados Unidos, o en Iberoamérica –que son los lugares donde Betania tiene más lectores—el problema es el mismo y el deseo de pedir ayuda para los más desfavorecidos es idéntico e igual.

El que seamos todos un poco más pobres no nos justifica para no ayudar al hermano. Siempre hay un punto de derroche en Navidad que, sin duda, podemos evitar ayudando a los que no tienen nada. No queremos decir que vayamos a entristecer nuestras mesas en la Nochebuena o en el Día de Navidad. No, eso no. Hay un refrán castellano que dice: “Un día es un día” y que resume el deseo de festejar en abundancia, por lo menos un solo día, al Dios que nos ha venido a salvar. Pero cualquier extraordinario permite alguna limitación que pueda ser enviada a los más desfavorecidos.

En España, las Cáritas parroquiales –y toda la organización solidaria de la Iglesia—están haciendo unos esfuerzos para ayudar en lo posible a la creciente muestra de desfavorecidos. Y, además, se afanan en descubrir pobreza cercana, pero inhabitual. Es decir, personas, familias, que hasta hace muy poco tenían medios, pero que la crisis les ha hundido totalmente. Y sienten vergüenza de comunicar a sus convecinos tan difícil situación. Sobre eso podemos hacer mucho todos, anticipándonos a las necesidades imperiosas de los que no manifiestan sus necesidades.

Bueno, cada uno sabrá lo que tiene que hacer. Cada cristiano podrá ejercer su caridad y solidaridad como lo estime mejor, pero con generosidad y rapidez. Lo que sabemos –y es más que predecible—es que a esas personas buenas que se han volcado con los pobres en estos momentos tan difíciles recibirán el mejor premio que pudieran pensar. Desde el portal de Belén, el Niño Dios les sonreirá abiertamente… Y su sonrisa llenará nuestras vidas.