DAR A LUZ

Por David Llena

Dar vida, concebir una vida debe ser, es, lo más grande que tiene el ser humano, y en particular la mujer. Es poner su cuerpo y su alma en manos del Creador para ser instrumentos en ese acto que es acto de Dios. La dignidad de lo que crece en el vientre de una madre viene directamente desde Dios. En el principio Dios creó al hombre del barro y le insufló su Espíritu, hoy Dios crea al hombre con la colaboración de sus progenitores pero sigue siendo Él quien le da el Espíritu. Debemos ver este acto como la mayor contribución del hombre y la mujer en el plan divino de Dios. Hombre y mujer, cuando conciben una vida, dan parte de lo que son cada uno de ellos y Dios crea una criatura nueva y distinta. Y conforme va creciendo los padres son los que deben seguir alimentando esa vida, ¡durante toda la vida! Todo indica el camino de la eternidad por el camino del Amor. Y así es, un hijo exige por parte de los padres todo el cuidado y el cariño para su desarrollo. Por tanto, exige un compromiso de por vida y Dios Padre que conoce nuestras debilidades y lo “fallones” que somos, nos da su gracia a través del sacramento del matrimonio. El esposo y la esposa, dejan de ser dos individualidades para unirse en el amor entre ellos y al Amor de Dios. ¡Es importante casarse por la Iglesia! Ahora los hijos son frutos de ese amor, amor conyugal impregnado del Amor de Dios, pero lo más importante lo pone Dios, que en el vientre de la mujer va creando un cuerpo dotado de un espíritu que será capaz de reconocerle como Padre.

Pero siempre que se llama a una vida, cada vez que se fecunda una vida, Dios hace la misma labor, no le importa si el niño es fruto del amor de los esposos, si el amor de los esposos ha sido bendecido o no, a Él solo le importa el niño. Como Buen Pastor ve en ese niño a aquella oveja descarriada que tiene que atender con más necesidad porque quizá los padres no lo atiendan de igual modo, hará lo imposible para que esa vida llegue a plenitud y tenga la oportunidad de reconocerlo como su Creador, y sufrirá si no es así. Cada niño que no nace, trunca el amor que Dios había puesto en esa criatura.

Así nuestro deber de defender la vida, no puede ser una forma de intentar fastidiar al otro, sino una forma de hacer ver a aquellas mujeres que tienen ese tesoro en su interior, que merece la pena vender todas las perlas que tienen para hacerse con esa perla de tanto valor como es un hijo de Dios. Cada ser humano es obra y parte de Dios, y de ahí su dignidad, es importante que como cristianos defendamos y publiquemos esto.

No hay mayor gozo en el mundo que dar a luz un hijo, e ir colaborando con Dios en hacer de él un verdadero hijo de Dios. Todo lo demás debería verse como accesorio y encaminado a ese fin primordial. Los hijos son una bendición de Dios y una bendición para Dios. Es una forma de eternidad, de continuar más allá de la muerte, ellos proseguirán trabajando en el Reino para llevarlo a su plenitud. Este es nuestro mensaje y así debemos comunicarlo.

 

BELENES

Por Pedrojosé Ynaraja

Tal vez escriba con retraso. Lo hago casi cada semana con sinceridad sobre lo que me sugieren hechos recientes vividos. En otras ocasiones trato de animales y plantas en la Biblia, ya lo saben mis lectores. Estoy acabando el montaje de los más de 50 ejemplares de belenes que tengo, procedentes de diversos lugares, en la iglesia del Montanyà. Tal vez debería decir, a fuer de sincero, que han montado elegantemente, las novicias de las Misioneras de Nazaret, de Aiguafreda.

El hombre es un ser comunicativo, o pretende serlo. Sus sentimientos, también el religioso, deben expresarse fuera de uno mismo. Encerrarlos en la intimidad es un amago de autismo. El belén debe responder a esta peculiaridad humana. Durante los días de Navidad debe centrar la piedad familiar. Preparado con ilusión y la máxima maestría posible, debe ser el lugar donde se canten villancicos y finalice la convivencia familiar diaria. Añadir una oración no es ningún lujo.

En su elaboración pueden seguirse dos criterios.

1º. Reflejar lo más fielmente posible el paisaje, vestidos y edificios de aquel tiempo. A este respecto quisiera recordar que en el Israel de entonces no existían las cúpulas como remate de edificios. Que la chumbera, llegada de México, evidentemente, tampoco. Que, a pesar de lo que diga un bello libro, editado en Israel y España, que una de las ocupaciones de la mujer era moler el grano de trigo, cebada y maíz, hay que recordar que este último cereal llegó unos siglos más tarde, también de América. Simular nieve no es ningún engaño. Hace pocos años nevó en el mismo Neguev y en Jericó y en los tiempos bíblicos también ocurrió este fenómeno por aquellas tierras. Ser fiel a este criterio, en algunos casos, cuesta muy poco. Recuerdo que hace unos años, me invitaron a visitar el “pesebre viviente” de Prats de Rei y me pidieron que les formulase con sinceridad mis críticas. Así lo hice y les dije: en algunos momentos casi he llorado de emoción, tal era la fidelidad a los textos evangélicos y la belleza estética del espectáculo. He visto un solo error, sin importancia: en un rincón se veía un cesto con patatas, desconocidas en aquel tiempo por aquellos lugares. Les sugerí que pusieran granadas. Lo hicieron de inmediato. Seguramente nadie se dio cuenta, pero ellos noblemente supieron ser auténticos. En Israel existen museos que dan cuenta de estos detalles. Recuerdo ahora, el de las Tierras Bíblicas (próximo al de Israel) y el de la Escuela Bíblica de la Flagelación, de la Custodia Franciscana. Tengo un libro de los judíos mesiánicos, que responde muy acertadamente a quienes deseen tener conocimientos al respecto. La arqueología religiosa cada día cobra más importancia y reflejar sus descubrimientos no es labor inútil.

2º. Otro criterio, diferente, que no contrario, es, prescindiendo de los criterio estéticos anteriormente explicados, acudir a figuras ataviadas de la manera campesina tradicional del entorno donde se monta, que las casas correspondan a como eran las rurales nuestras y los utensilios de trabajo sean los propios de nuestra cultura. No hay duda que son estos los que los niños pequeños mejor entienden y en los que más fácilmente se ambientan. Cada pueblo elabora sus belenes a su modo y este es uno de los atractivos y encanto de los que uno encuentra en los domicilios cristianos. Gracias a Dios, lo digo por experiencia, en mi familia, limitadas nuestras posibilidades por las limitaciones económicas de la post guerra, nunca faltó el belén, con ingenuas incoherencias de tamaños de las figuras que de ninguna manera hubieran sido capaces de pasar por las diminutas puertas de las casitas y otros errores.

Lo que nunca debe olvidarse es el poner de relieve la centralidad de la figura del Niño Jesús y recalcar su protagonismo. Es una catequesis fundamental. Tampoco deben faltar los villancicos y la oración. Se cultiva así una Fe y devoción ingenua, humilde, que debe hacer referencia a un hecho histórico verdadero. Para nada semejante a un héroe imaginario, por bonito que sea y se llame Pulgarcito o Blancanieves. Debe evitarse, evidentemente, figuras de mal gusto que banalizan y desentonan, por muy comerciales que resulten, como el “caganer” que, por mucho que se diga, ni es tradicional ni fruto de la genialidad catalana, que algo respecto al personajillo tengo estudiado.