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EL TEMPLO

A mi parroquia del Rosario de Bilbao.

Ella me inspiró este cuento.

Como otras acoge a gente que ora en lenguas diferentes.

El poeta Salvador Espriú escribió:

“Aunque diversas sean las lenguas y los

hombres, uno sólo es el Amor.

El templo, vacío, rebosaba paz. La luz del poniente se afanaba en irisar el rincón del presbiterio. Abrió la puerta y entró. Despacio, cansinamente, se sentó en el anteúltimo banco. Cerró los ojos y con esfuerzo musitó el inicio de una oración. No lograba ir más allá de la segunda frase. Hacía ya muchos años, desde su infancia, que no la rezaba. Empezó el Padrenuestro.

Una voz le obligó a girar la cabeza, pero no logró ver a nadie. Pensó que su propio cansancio mental le estaba tramando una jugarreta. Otra vez volvió a oír la voz:

-No sigas intentando rezar. Descansa conmigo.

Se levantó y trató de averiguar de dónde procedía la voz. El templo permanecía vacío y en silencio.

-¡No temas, soy yo! Acércate un poco más. Quiero tenerte cerca; aquí hay más luz y tú lo que necesitas ahora es ver.

Sin saber cómo, lentamente se acercó hasta el banco próximo al ambón. Sobre el atril el leccionario permanecía abierto tras la última celebración.

-Ya estoy aquí. ¿Qué quieres? ¿Quién eres?

--Soy yo. Soy yo y estoy cerca de ti; es más estoy en ti y tú eres parte de mí, aunque a veces lo olvides; pero hoy sólo sé que necesitas mi calor. Hoy me buscas y te recibo. No reces ahora. La mejor oración es este silencio sonoro que reina aquí. Huyes de esta ensordecedora soledad en que os empeñáis en vivir. Déjate estar, no fuerces la oración. A medida que te inundes de paz, te vendrá a los labios sin poder remediarlo.

-¿Pero tú quién eres?

--Siempre la misma pregunta. Yo eres tú, soy vosotros cuando os reunís aquí. Soy estas paredes desnudas, la atmósfera que la habita. Os desconcierta el vaciamiento de este templo. Buscáis con ansia un santo a quien rezar y algunos os sentís desangelados.

Os cuesta descubrir que vuestra mejor oración es sentiros a vosotros mismos en mí, sin necesidad de que alarguéis vuestras oraciones. Os prefiero cuando tan sólo decís: “Aquí estoy Padre, Aita, Pai.”

¡Sois todos tan iguales en vuestras necesidades! Vengáis de donde vengáis. Me habléis en el idioma en que me habléis, tengáis la edad que tengáis. Sois iguales, pero os conozco a cada uno por vuestro nombre y por vuestros problemas. Os distingo cuando os reunís aquí oyéndome, cantando unos con brío, otros con languidez, otros hasta desafinando. Pero lo que me gusta es escucharos al unísono en voz y en fe.

-¿Pero tú quién eres?

-¿Estás ya mejor?

--Sí. ¿Pero quién eres? Necesito saberlo

--Si te lo vengo diciendo desde que has entrado. Soy vosotros cuando os reunís en mi nombre.

--Entonces ya estás mejor, ¿verdad?.Ves. Me buscabas y en esta búsqueda has ido encontrándote mejor. Vete en paz. No olvides lo que te he dicho. Tú también eres parte de mi yo.

Cerró los ojos y permaneció inmóvil. El tiempo desapareció de su lado. Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta que había llorado. Miró el reloj. Se extrañó del tiempo transcurrido y pensó que se había quedado dormido. Llevaba varias noches en vela. La voz habría sido un sueño.

Se levantó y retomó el camino de vuelta hacia la calle. E inició el Camino de ida. El templo, vacío, quedó lleno de si mismo.

Una suave brisa alborotó su pelo. Se lo atusó al tiempo que pensaba lo bien que se había sentido en el templo. Salió envuelto de serenidad. La misteriosa voz le había hecho sentirse como cuando se refugiaba en el regazo de su madre siendo pequeño, anhelando su protección.

Otra vez la brisa alborotó su pelo. Se paró y miró en dirección al viento. La sonoridad suave de la brisa le pareció volver a oír la misma voz del templo.

Sigues estando bien, ¿verdad? También estoy aquí en la calle contigo, entre los tuyos que son míos.

Sonrió agradecido. ¿Qué más podía hacer?

 

Feli Alonso Curiel

Bilbao, España

NOTA DEL EDITOR.- Es un gran relato. Feli escribe muy bien.


ORACIÓN

¡Hola, Dios!

Hoy estoy feliz, salí a la calle y vi las luces de navidad, en casa estaba el árbol y el belén puesto, decorado con colores brillantes y en la tele no faltan anuncios de los turrones más ricos y los juguetes mejores.

Pero he llegado a clase y todo parecía igual, aparentemente era lo mismo, pero al sentarme en el pupitre y alzar la vista, me faltó algo con lo que cuento todas las mañanas. un símbolo que me llena de energía, tu cruz ya no estaba, primero me extrañé y pensé que la estarían limpiando, luego el tutor nos explicó que por ley la debían de quitar, alegan que es un símbolo que se impone y es intolerante para las personas ateas; yo me quedé un rato en silencio y no paré de pensar. Al salir del colegio me encontré un camión con el símbolo de coca cola, en la parada del autobús un anuncio de comida rápida, en los edificios, en las aceras, en los escaparates, toda la calle llena de símbolos que incitan al consumismo.

Es Navidad Señor, y me han quitado el único símbolo que me incitaba al amor, a la entrega a los demás y al verdadero sentido de la Navidad: Celebrar que insiste a salvarnos, que Dios es bueno y quiere salvarnos; entonces Señor,

te escribo esto para comunicarte que desde ahora en adelante, y más especialmente en Navidad, voy a ser una cruz viviente, voy ha hacer que nadie se olvide de ti, que al despertar y venir al colegio mis compañeros sigan viendo tu cruz, que la vean en mis obras, en mis palabras y en todo lo que tú deseas de mi.

Voy a dejar que me guíes.

Voy a ser tu símbolo.

Voy a ser tu símbolo de paz.

Reflexión:

Cuántas veces, Señor no nos damos cuenta de lo que de verdad importa, la Navidad es un tiempo de reflexión y oración y pido para que todos podamos darnos cuenta de lo que impulsa nuestra vida. Quiero que todos encontremos esa razón de vivir.

Pensemos en qué cosas nos hacen seguir adelante (amigos, familia, Jesús, e incluso yo misma)

Procuremos cuidarlas especialmente estas navidades (uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde).

 

Julia

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Julia tiene 15 años y es nieta de Rosa MacMahon, gran amiga de Betania y Escritora del Año de Betania. Nos agrada que su nieta tenga ya una buena capacidad para escribir.


COMPRANDO CEBOLLAS

Ayer estuve en Carrefour comprando unas cebollas y al ver tantísimo juguete a mi alrededor, tanta ropa, tanta comida, tanto de todo y pensar que hay niños, personas que no tienen ni lo más elemental me sentí fatal.

Iba con idea de mirar un jersey para mí para pedírselo a los "Reyes" pero cambié de idea, pensé que con los 3 que me ponía últimamente tenía más que suficiente. Decidí que este año iba a tener una Navidad, unos Reyes diferentes, nada para mí y todo lo que pueda para los demás y no me refiero a cosas materiales. Mas que regalos pensaba darme a mí. Poner más atención a lo que pasa a mi alrededor para poder usar de todo corazón, mis manos, mis oídos y mis pies.

Pude estar un rato a solas en la iglesia mientras Pablo tenía catequesis y pensaba en Belén. Me imaginaba al niño Jesús tirando de la barba a Melchor , tapándose con la capa de Gaspar y poniéndose el gorro de Baltasar y a José preguntándole a María qué iban a hacer con ése oro que le ofrecían.

Fuese lo que fuese que hiciesen seguro que no le hubiesen colmado de juguetes a ese recién nacido. ¿Qué es lo que ha pasado desde entonces? ¿por qué ese cambio?. Si tenemos un ejemplo de felicidad en lo sencillo, en lo humilde, ¿por qué vivir agobiados con lo que no se puede tener, poseer, que además no nos hace reír?

Maite

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Maite sigue viendo muchas cosas que otras gentes no ven. Es muy hermoso lo que escribe.


JOSÉ AMABA INTENSAMENTE A MARÍA

Recientemente, un hermoso día de otoño ya pasado el 30 de Noviembre, festividad de San Andrés, cuando ya han llegado las primeras escarchas y en los pueblos huele a matanza del cerdo, he acudido a visitar a mi viejo amigo y compañero de estudios Fernando, que un buen día encontró su vocación espiritual después de trabajar durante varios años en una empresa bancaria y que actualmente ejerce su ministerio sacerdotal en una Parroquia de la sierra.

Me invita a degustar en el modesto comedor de la Parroquia, ajo de mortero, plato típico manchego que tanto me apetece y que resulta muy reconfortante al tomarlo para combatir los fríos, mientras charlamos sobre el espíritu cristiano de la Navidad y sobre el nacimiento de ese Rey que nació pobre, con su grandeza de ser Hijo de Dios.

La lectura de la Biblia, nos ofrece todo lo sagrado y bello de lo acontecido en aquel importante día en la vida del mundo cristiano, por lo que tratamos de reconstruir los hechos.

De una parte María, una mujer madura de 15 años, hermosa de sonrisa permanente y llena de felicidad, hija de Joaquín y de Ana, que jamás había mantenido relaciones carnales con ningún hombre; de otra, el joven José el carpintero. Ambos, vecinos de la pequeña aldea de Nazaret que se habían enamorado y pretendían casarse. Un buen día, María recibe la visita del ángel Gabriel que le anuncia que el Señor la ha elegido para ser la madre de su propio Hijo. “Concebirás por obra del Espíritu Santo y darás a luz un hijo al que pondrás el nombre de Jesús (Lc.1.31).

María, con el rostro lleno de gozo va en busca de José para comunicarle lo anunciado por el ángel, con la seguridad de que éste la creería por lo mucho que la amaba y contaría con todo su apoyo. Sin embargo José no puede evitar la duda ante el embarazo de María. Debería creerte, le contestó, por que te amo y porque mi corazón me dice que eres incapaz de mentir. Pero soy un hombre que no ha compartido cama contigo y las gentes saben que por tu visita a tu prima Isabel en Judea, no hemos estado juntos en los tres meses últimos. María le replicó, debes creerme José, voy a ser la madre del Hijo de Dios y en mi embarazo no ha intervenido varón alguno.

José, aturdido ante la confesión que acaba de oír, en principio se inclina por romper el compromiso, aunque su interior le diga que debe protegerla. Sus dudas y sus indecisiones le dejan profundamente dormido. La aparición del ángel del Señor en sueños (Mt. 1, 20), le tranquilizan de cualquier duda. Al despertar José vestido con sus mejores ropas, acude a casa de María para solicitar a sus padres se la entreguen porque deseaba hacerla su esposa.

A la mañana siguiente se dirigen desde Nazaret a Belén a través de un camino bastante duro especialmente para una embarazada, sirviéndose de un asno y utilizando durante el trayecto el cielo como alojamiento y el amparo de un grueso árbol o de cualquier otra protección natural. Cuando llegaron a Belén para inscribirse, y de este modo cumplir con el decreto del emperador Augusto que había ordenado hacer un censo, cada cual en su ciudad, se encontraron que en la ciudad todas las posadas estaban ocupadas; no obstante se habían instalado infinidad de tiendas y habilitado cuevas como viviendas provisionales.

José y María pudieron ocupar una de éstas, ya que el nacimiento de Jesús era cuestión de horas. En el momento del parto María fue ayudada por las familias de los pastores. Los hombres encendieron una hoguera y las mujeres hervían el agua y reunían trapos limpios para utilizarlos en su momento.

Al nacer Jesús (Lc. 2, 1 ss.) su cuerpo quedó en manos de la mujer que asistía a María, con los ojos abiertos y moviendo las manitas. En ese instante, una nube resplandeciente cubrió la cueva de Belén que se inundó de una claridad tan intensa que el ojo humano no podía contemplarla. Al disiparse la luz se vio al Niño y a María, dándole de mamar.

De este modo y siguiendo los relatos de Mateo y Lucas en el Nuevo Testamento, intentamos reconstruir con aquellos hechos que a nuestro entender, pudieron suceder en esa maravillosa noche, en la que se produjo el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad.

Finalmente y antes de despedirnos, le pedimos al Niño de Belén que nos iluminara, para comprender que su Nacimiento es algo más sencillo y profundo que las luces, las músicas, los regalos y las comilonas.

Y para que del mismo modo, tengamos siempre presente, que también es Navidad para esos millones de personas del tercer mundo, que un año más seguirán con la misma hambre, con la misma guerra y con la misma marginación.

 

José Guillermo García-Olivas

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Una vez más José Guillermo nos envía uno de sus artículos los cuales siempre tienen mucho interés.


SOBRE LA CONVERSIÓN

Conversión es un cambio de parecer, un caer en cuenta, un despertar, un reconocer…

El camino de conversión de Ángel, en su Carta del Editor, para el Domingo III de Adviento, me hace pensar en aquellas palabras de Jesús: En la casa de mi Padre, muchas moradas hay.

Para comenzar podemos decir que la “casa” no es un lugar, un aparte, una sección o reparto. ¡Es Dios mismo! No puede ser otra cosa si no el mismo Dios… En un corto escrito anterior presenté una idea de Dios mediante la imagen de la esfera de radio infinito. De ahí partí a demostrar que Dios no podía crear algo fuera de la esfera, apartado de Él;

Establecida esta imagen podemos concluir que Dios es la casa. Nada puede ser más impactante que reconocer este hecho y por eso las muchas sorpresas de Ángel en el camino de su conversión, recorriendo las diferentes moradas en la casa del Padre.

En una de las moradas descubre Ángel el amor personalizado de Dios. En otra llega a la terrible conclusión de que Dios reside en su alma y adentrándose aún más en la casa despierta a la realidad de que Dios y él son uno mismo, y enormemente asombrado – y algo tímido – lo describe como que parte de nuestra naturaleza tendría algo del Dios. Todo esto le parece una idea imposible e inapropiada aunque reconoce que el Génesis, San Juan de la Cruz y Santa Teresa, entre otros, han tenido atisbos de esa presencia divina en la criatura, y más aún, de la naturaleza divina de la criatura…

En la imagen presentada por San Juan de la Cruz, a que hace referencia Ángel, nos vemos saliendo hacia el interior de nuestra alma en la búsqueda de Dios. La aparente contradicción de salir hacia el interior implica una relación tan íntima entre Creador y criatura que produce vértigo en Ángel. Teresa de Ávila, imaginativa y didacta, comparte una misma visión de la búsqueda/conversión: “Alma, buscarte has en Mí. Y a Mí buscarme has en ti.”

Y como Ángel infiere, nuestra Iglesia – sabia y benévola – dándonos previsiones para aliviarnos el sopetón de la revelación total, promueve una serie de eventos/sacramentos que nos han ido descubriendo paulatinamente la presencia de Dios en nosotros y nuestra verdadera naturaleza.

Fernando

Puerto Rico.

NOTA DEL EDITOR.- Fernando de Puerto Rico es lector y amigo desde los primeros tiempos de Betania. Ahora ya escribe poco, de tarde en tarde, pero siempre son muy bien recogidos sus mensajes que, además, siempre encierran gran belleza.