Esta sección de Opinión se llena de Navidad con cuatro textos, de extraordinaria calidad. Javier Leoz publica su ya tradicional Pregón de Nochebuena, David Llena dedica su artículo a María en Navidad. El profesor Ángel Gutiérrez Sanz –también colaborador de Betania, pero que se prodiga poco—ha escrito un texto sobre el nacimiento de Dios en Belén. Y, finalmente, Pedrojosé Ynaraja nos relata un nuevo recorrido suyo por Belén, en Tierra Santa.


1.- PREGÓN DE NOCHEBUENA

Por Javier Leoz

 

¡Abrid, hermanos, ensanchad vuestros corazones!

Dios, en persona, viene a nuestro lado

para darnos su amor y su alegría

Jesús, en el silencio de la noche,

resplandece para acallar los ruidos del mundo

Jesús, en la humildad de la carne,

irrumpe para poner al descubierto y romper

la maldad de los que nos creemos demasiado grandes

 

Abrid, hermanos, abrid vuestras vidas

Que no quede rincón alguno en vuestra existencia

sin el Misterio que embarga estas horas

Que ningún poro de vuestra piel

se cierre ante la emoción que supone acoger

Aquel que se hace presente por salvarnos

 

Abrid, hermanos, abrid la mesa de esta Noche

Porque, hoy, es una noche especial

Porque, hoy, las estrellas destellan con singular fulgor

Porque, hoy, en Belén Dios viene a salvarnos

Porque, en estas horas, en Belén,

Dios se pone de nuestra parte

Hoy, Dios, se compromete a ser hombre

Hoy, Jesús nace en un pesebre

Abrid, hermanos, abrid vuestras almas

Para que el Señor fortalezca vuestros pesares

Y os de aliento y fe en vuestro caminar

Para que, Jesús, os haga más pequeños

y, de esa forma, podáis entrar

por la puerta que conduce hasta el cielo

 

Abrid, abrid las ventanas de vuestros ideales

Que entre Dios y se quede con vosotros

comparta vuestros gozos y esperanzas

y os señale, en esta Noche Santa y dichosa

que, Belén, es la respuesta

de un Dios que baja del cielo a salvarnos

Del hombre que busca al Señor

ante un mundo que camina perdido.

Amén

 

2.- DE MARÍA, NOS HA NACIDO EL AMOR

Por David Llena

En esta semana tan especial, donde celebramos “del tirón” el nacimiento de Cristo y la Fiesta de la Sagrada Familia, quiero detenerme en ese momento de intimidad de María en sus últimos momentos al llegar a Belén, donde su única preocupación sería su hijo, en José donde todo su esfuerzo era encontrar un lugar limpio y cálido donde naciera su hijo. Todo rondaba alrededor de aquel momento, aquel instante, que puso en marcha el cronómetro de la salvación.

Ya pasado el tiempo perviven con nitidez en mi retina el nacimiento de mis hijos, y cómo cambió todo mi acontecer personal de forma radical con su llegada. María y José tenían una importante misión, es más tenían la más importante de las misiones encomendadas a un ser humano: dar vida a la Vida, enseñar todo al Maestro, iluminar a la Luz, enseñar a caminar a Aquél que sería nuestro Camino…

Todo se deja a un lado, la vida cambia por completo, pero cambia a mejor, pues el fin del hombre escrito desde el principio era: “creced, multiplicaos, henchid la tierra y dominadla…” y cuando se nos expulsó del Paraíso Dios hizo mención al dolor y el sufrimiento en dos aspectos concretos del acontecer humano: “comerás pan con el sudor de tu frente” y “parirás a tus hijos con dolor” lo necesario para crecer y multiplicarnos…

Pero volvamos a donde estábamos, el nacimiento de un hijo te cambia la vida y a mejor. Nos hace abandonar nuestro egoísmo por atender a aquel que necesita todo de ti, pero muchos ven en esto un ir a peor, lo ven como un fastidio entonces es que no conocieron el Amor. El amor que nace de dentro, que da hasta más allá de uno, y ese dolor y ese sufrimiento se llevan con agrado. No hay dolor más feliz que el que da la vida a un nuevo ser, el dolor que se desvive por alimentar esa vida, por hacer crecer esa vida.

El dolor de María se magnificó de manera casi infinita al pie de la Cruz, sufrió el Hijo y sufrió la Madre pero ese dolor volvió a dar su fruto. Ese dolor por Amor nos ganó la Salvación.

Parémonos a contemplar a Jesús en el pesebre sin olvidar que hay un tal Herodes que anda buscándolo para acabar con Él. De dolor en dolor irá pasando la vida Jesús, por Amor irá aceptando cada contratiempo. Alegrémonos que hay quien ha dado sentido a aquel dolor profetizado desde antiguo, el Amor que nos ha nacido ha llenado el profundo vacío que arrastraba el dolor. Y María y José caminan absortos viendo al niño crecer.

 

3.- NACE DIOS EN BELÉN

Por Ángel Gutiérrez Sanz

Todos los años por estas fechas, a este convulsionado mundo nuestro le llega la Navidad con un mensaje cargado de esperanza. A los hombres que siguen consumiéndose en la pasión inútil de llegar a ser Dios, les llega el gozoso anuncio desde lo alto, de que es Dios el que se hace hombre, como compensación de ese su sueño imposible. Nunca nos hubiéramos atrevido a pedir tanto, ni siquiera hubiéramos sido capaces de imaginar que esto pudiera suceder. No lo entendemos, ni lo entenderemos nunca, es misterio incomprensible, es locura de Dios; pero es tan hermosa…

Dios se hace presente entre nosotros y su presencia ha llenado de luz a nuestra tierra. Dios hecho carne de mujer es ya uno de los nuestros y sabemos que siempre le vamos a tener de nuestro lado. Ante este acontecimiento tan sublime, los demás sucesos de la historia de los hombres palidecen. Iba a decir más, si se pudiera hablar de historia en Dios, éste sería también uno de sus acontecimientos principales. A partir de ahora la grandeza de Dios es la grandeza del hombre, lo que nos suceda a nosotros le sucederá también a Él.

En Navidad contemplamos asombrados como ese Dios inconmensurable a quien cielos y tierra no pueden contener, se nos muestra confinado en un lugar minúsculo, dentro de un punto perdido en la inmensidad del Universo. Siempre que me acerco a un nacimiento mi mirada se proyecta instintivamente sobre la figura del posadero que negó el alojamiento a aquella doncella en cuyo seno latía el corazón de Dios. Le observo y siempre acabo con una infinita tristeza, no tanto por María y José, sino por aquel que cerrando tras de sí la puerta echaba por la borda la gran oportunidad de su vida. ¡Pobre posadero! Como iba a imaginarse él que en su casa quería cobijarse el Rey de Reyes. Nunca nadie tuvo la gloria tan cerca, tan en sus manos y la dejó escapar.

Después contemplo al niño y veo el cielo y la tierra converger en un pesebre y a Dios metido en esta carne nuestra. Cuando digo Dios me parce estar nombrando al hombre y cuando hablo al hombre me parece que es Dios el que me escucha. Que más se puede decir de un Dios que ya nunca puede dejar de ser hombre también. A Ti que has querido hacer esta mezcla tan extraña, quisiera preguntarte ¿A que te sabe este barro nuestro?

¿Como te encuentras revestido de nuestra pobre condición humana? Es duro ser hombre; pero también es apasionante. ¿No lo crees?

Quisiera preguntarte también ¿por qué lo hiciste? Pero esto ya nos la has dicho muchas veces. No puede haber otro motivo que no sea el del amor. Sólo un amor apasionado puede explicar locuras como ésta. Hay una razón más. No encontraste mejor forma de revelarnos al Padre que entregándonos al Hijo. De mil formas nos has dicho: que hemos de aprender a ver la revelación de Dios en ese Niño indefenso que en Belén nace del seno de María.

Navidad es creer en el nacimiento del Dios-Niño. Cuando en estos días me acerque a adorarle, haré un sincero acto de fe, que me ayude a ver reflejado en su semblante infantil, el rostro cálido de un Dios cercano. Cuando me acerque a depositar en sus pies un beso de paz, me reafirmaré en la creencia de que su encantadora sonrisa y su tierna mirada, viene a ser el reflejo del corazón afectuoso de un Dios inefablemente entrañable.

 

4.- BELÉN, GRUTA DE LA LECHE

Por Pedrojosé Ynaraja

Desde mi primer viaje, allá por el 1972, casi nunca he dejado de visitar esta iglesia, situada a unos 300 metros de la basílica de la Natividad.

Es verdad que su origen legendario la relega a un segundo lugar. Se cuenta que cuando la Sagrada Familia huía de Belén, para librase de la persecución de Herodes, la Virgen se paró a dar de mamar al Niño, encima de una piedra que le facilitó el descanso. Se le añade a veces a la narración, que una palmera inclino su copa, ocultándoles de la vista de los transeúntes.

En un momento dado, una gota de leche materna cayó a la roca y esta se tornó blanca del todo. En el lugar que le atribuye el relato, se edificó una iglesita. Fue costumbre que el peregrino, rascando en sus paredes, se trajera un recuerdo piadoso. Lo que se limitaba a ser esto: polvo de la “Gruta de la leche”, en Belén, se convirtió con el tiempo, en relicario con la leyenda “de lacte Mariae Virginis” (de la leche de la Virgen), que guardaban solícitos en el altar de las reliquias, un rincón muy apreciado de todo santuario. Sé que en la misma catedral de Vic, antes de la Guerra Civil, había uno de los tales, por mi parte sólo he visto uno en el sur de Francia.

Si uno se queda con tales relatos anecdóticos, no le entran ganas de visitar el recinto, ahora bien, si a pesar de ello lo hace, se llevará una gran sorpresa. Encontrará gente rezando, principalmente mujeres. Mujeres cristianas y musulmanas, me han dicho siempre. Acuden allí a pedir a Santa María que puedan amamantar a sus hijos y por ende, que se les conceda la gracia de la fecundidad. Cuando uno, llegado del país con el índice de natalidad más bajo del mundo, se siente desconcertado ante tal actitud, pero lo que ve no le permite dudar de la sinceridad de las súplicas y admira una tal piedad.

Cuentan algunos que se proporciona en el lugar unos sobres con polvillo de la roca y la manera de utilizarlo, confieso que yo nunca lo he visto allí. Tengo, eso sí, unos pequeños envoltorios del siglo XIX de este tenor. Por mi parte, lo único que he encontrado en la Gruta de la Leche, es algún franciscano, generalmente seminaristas, que acogen y atienden con su peculiar amabilidad.

Recientemente se ha remodelado el recinto. Conserva las imágenes de la sagrada Familia huyendo con el borriquillo y algunas de la Virgen dando de mamar al Niño, que mantienen la ingenuidad de otros tiempos, humildad al cabo, pero se le han añadido otros ámbitos, capaces de albergara grupos que deseen reunirse a rezar, reflexionar o recibir instrucción al respecto. Una comunidad religiosa femenina se ocupa del mantenimiento, ignoro su nombre, lo que he visto en la capilla adjunta, es a dos monjas que están de continuo, en adoración ante el Santísimo solemnemente expuesto. El fugaz peregrino, acostumbra a ignorar estos detalles y se queda con lo legendario si llega a visitar esta “gruta”.

Permítaseme añadir que en la misma población, los Hermanos de la Salle, dirigen una Universidad, la única en Palestina, según creo, con menos de mil alumnos, según me informaron la ultima vez que lo pregunté. Los Salesianos por su parte la tienen dedicada a formación técnica y otra congregación femenina, acoge en su hospital materno-infantil a la población que lo necesite, de aquel sector de Palestina. La Iglesia en Belén es misionera, pese a las dificultades y debemos alegrarnos y aprender de los que allí dan ejemplar testimonio.