Unos minutos antes de entrar en Betania, le he enviado la carta de mi nieta y me ha sorprendido verla en los testimonios-cartas. Gracias, D. Ángel, Vd. siempre tan amable conmigo. No sé quién se la ha enviado, puede que Álvaro Ginel. En estos momentos que vivimos sintiéndonos asaetados por los cuatro costados, resulta que una niña nos trae como una caricia de consuelo y esperanza. Mi nieta me ha hecho muy feliz con su carta a Dios. Felices fiestas y año 2010, le deseo de todo corazón Rosa Mac-Mahon Ávila, España NOTA DEL EDITOR.- Publicamos aquí la carta de Rosa Mac-Mahon sobre la carta que su nieta publicaba aquí en esta sección la semana pasada. Pero hay que decir que ha tenido mucha repercusión y que un número importante de correos de lectores se ha hecho eco de la oportunidad y belleza de esa carta, que hablaba de los crucifijos en las escuelas.
Era obligado esta semana hablar de la Navidad. Había pensado en deciros unas cosas sencillas, como que este año cuento con más amigos que el año pasado, porque escribir en Betania me ha ofrecido esta oportunidad. Pensaba hablaros de mi Navidad infantil y mi ilusión por preparar el nacimiento tanto en la escuela como en mi casa. Pensaba deciros que ningún año faltaba en nuestra mesa un poco de cordero lechal. Pensaba deciros que con los años me he ido volviendo más crítica con la Navidad; que las luces festivas de mi ciudad no me dicen nada; que cada año me cansa más cocinar suculentos platos para estómagos no hambrientos ni deseosos de nada; que en la medida en que puedo “ignoro” la Navidad, o mejor dicho que la trato de vivir de otra forma, aunque, por fuera, me toque cumplir con todo el ritual que me exige el protocolo familiar. No me enternece la estampa romántica y bucólica con que presentamos el Misterio. Contemplo, eso sí, las figuras de escayola de José y María mirando arrobados a su primogénito. Si Jesús nació en Belén o en Nazaret no es algo para mí esencial, al menos desde mis criterios teológicos. Ni si hubo ángeles, pastores, vaca, pesebre. Jesús nació completando la felicidad de unos padres que guardaban en su corazón unos planes para él. Sólo con los años les entraría la desazón comprobando que su hijo empezaba a “descarriarse” a mostrar un interés desmesurado por lo religioso, a hacer preguntas que ni José ni María sabrían. Cada vez creo más que el fiat de María a Dios fue procesual como lo sería el de su hijo. “Crecía en sabiduría y ella lo fue guardando en su corazón” nos dice Lucas. Ante el nacimiento que colocan en mi parroquia suelo meditar estas ideas peregrinas mías que me ayudan a sumergirme en lo que supongo yo que tuvo que ser la relación de Jesús con sus padres. No me arroba espiritualmente el posible frío que se pasara en ese pesebre de Belén entre otras cosas porque no es seguro que Jesús naciera un 24 de diciembre. Me amilana espiritualmente los empesebrados de la historia y sobre todo los de hoy, los del siglo XXI. Mientras nuestras calles y plazas exultan luz navideñas, algunos morarán en la calle sin más calor que el que les proporciona unos cartones o unas mantas viejas donadas por algún alma caritativa. El buey y la mula, en este caso, serán los respiraderos de las calefacciones de las estaciones del Metro urbano que lanzan ráfagas de calor a los ateridos cuerpos. De pequeña me encantaba un cuento, creo de Andersen o los hermanos Grimm, llamado “La vendedora de fósforos”. Cuando hace casi dos décadas lo releí para mi niño sentí espanto de ese cuento. Hago síntesis del argumento. Una niña vende fósforos el día de Navidad. Nieva. Al tener frío enciende una cerilla para calentar sus manos. Mira de vez en cuando hacia el interior de una casa donde reina la felicidad navideña: chimenea, niños cantando villancicos, madre amorosa. Ella recuerda a su madre muerta. De pronto la niña se siente feliz y con la última cerilla ve el rostro iluminado de su madre que le da un beso. Al amanecer encuentran a la niña muerta. Así es nuestra Navidad. Esta noche alguien cerca de mi casa dormirá caliente porque les han ofrecido un techo y una cena y unas ropas. Eran rumanos. Ella, más joven que yo, me mostraba la foto de una niña de tres años. Era su hija. Había venido con otro familiar hasta España para “empadronarse” en esta aldea global en la que queremos convertir el mundo, pero donde no todos tienen alojamiento. La calle, la noche, fría o cálida es su pesebre. ¿Y los pastores? Somos los que echamos una mano desde las instituciones, Cáritas, desde una ayuda espontánea. No me siento orgullosa de esa ayuda ofrecida y estoy segura que los que estaban conmigo tampoco. Nadie que cree en Jesús, Hijo de Dios, puede sentir vanidad por su generosidad puntual. El mensaje de Jesús no nos permite vanidades a los creyentes. Todo lo contrario. Creo que en ese punto no hay discrepancias en la Iglesia de Cristo sea de la confesión que sea. A todos los que colaboramos en Betania, a todos los que la consultáis, os deseo una interpelante paz cristiana. Feli Alonso Curiel Bilbao, España NOTA DEL EDITOR.- Gracias, Feli, por esta carta tan adecuada para estas fechas. Muchas gracias.
Mucha polémica hay entorno a la idea de quitar los crucifijos de las paredes, pero… ¿Qué pasa con las otras cruces? La cruz del Egoísmo, La cruz del consumismo, La cruz del conformismo, La cruz de… ¿también son decisiones políticas? ¿Ninguna nos atañe a nosotros? Cuando yo era pequeña, veíamos la tele en blanco y negro y sólo había dos canales. Luego llegó el color y muchas más posibilidades de elegir programas. Ahora, creo que va a ser genial, según cómo orientemos la tele vamos a tener muchísimos más canales. Si queremos, podemos estar ¡todo el día enchufados! Yo no es que entienda mucho de técnica, pero sugiero que probemos, que hagamos lo mismo con el corazón. Tenemos una magnífica oportunidad con la ya cercana Navidad. Cambiemos de sistema, de canal. Ya hemos comprobado que eso del ruido, de escuchar siempre las mismas voces, las mismas promesas, no nos convencen. Probemos con el sistema del silencio, escuchemos las voces de los ángeles, estemos atentos a las promesas, el programa de Jesús, y empapémonos de todo ello al igual que hacemos con nuestra querida tele, el ordenador, el mp3. Igual, tal vez, a lo mejor, el negro que ahora sólo vemos, empieza a tornarse en color. No sé si con ello lograremos que vuelvan los crucifijos a las escuelas, los lugares públicos...... pero quizás, tal vez, aquellas otras cruces, las que sí dependen de nosotros, empiecen a desaparecer. ¿Lo intentamos? Venga, que si no funciona siempre podemos llamar al técnico a que nos eche una manita, y el que arregla el corazón, no tiene horario. Está siempre dispuesto a ayudarnos y enseñarnos aquello que no entendamos y siempre bajo la atenta mirada de María. ¿No es genial? ¿Nos vamos a resistir? ¿Seguimos con el blanco y negro o nos modernizamos? ¿Cambiamos de canal, de sistema? Maite Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Interesante y sagaz escrito de Maite. Es toda una lección.
Hacia mucho tiempo que no escribía, pero al ver hoy el escrito de Fernando de Puerto Rico se sentido una gran nostalgia de Betania, de aquellos años, ya deben haber transcurrido más de diez, cuando todos polemizábamos –incluido el Editor—sobre los “grandes temas”… Recuerdo la polémica sobre la Teología de la Liberación que duró muchos meses. Y otras sobre el celibato sacerdotal y muchos más temas. Yo era, tal vez lo recuerde algún lector, el “mala leche”, tal como me definía el Editor. Sí, sí era yo polémico e iba a la contra. La verdad es que un periodo larguísimo de enfermedades, una tras otra, han cambiado mucho mi vida y hasta han estado a punto de cambiar mi fe. Pero Dios aprieta, pero no ahoga. He seguido viendo Betania y me ha interesado lo que escribe Feli. Maite – ¿se llamaba Bailarón?—era también de mi época y ha mejorado mucho. No se si voy a escribir más, tal vez sí. Me encuentro mejor y quiero decirle al Editor que nunca he dejado de ver Betania, aunque, eso sí, tengo nostalgia de los tiempos más polémicos. Feliz Navidad a todo el mundo José Luis Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- José Luis de Madrid fue uno de los grandes corresponsales de Betania durante muchos años. Cuando supimos que estaba enfermo quisimos ponernos en contacto con él, pero él no lo permitió. Nunca hemos tenido su dirección, ni su nombre completo. Pero así es la Red. Nos da una gran alegría que esté mejor de salud y decirle que también este editor echa de menos sus críticas. Las esperamos de nuevo. Fernando de Puerto Rico también se alegrará de este correo.
Sigo desde hace algunos meses su site Betania y, en general, considero que es muy útil. Además del material litúrgico me parecen de mucho nivel el resto de las secciones y, especialmente, Noticias, Opinión, Taller de Oración y, también, los editoriales y las Cartas del Editor. Lo que observo es que las noticias a veces pierden actualidad al cambiarlas una vez por semana. Pero creo, de todas formas, que están muy bien elegidas. Feliz Navidad y un saludo Pedro Guerrero México D. F. México NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos estas palabras al lector de México, que creemos que es la primera vez que nos escribe. Y con mucho gusto le aclaramos el sentido de la sección de Noticias. Lo que queremos es consignar noticias de mucho interés que puedan ser consultadas con calma. Por ejemplo, en muchas ocasiones publicamos los textos íntegros de los discursos del Papa o de sus homilías que, normalmente, no se publican completos.
Nana, nanita, ¡ea! Niño chiquito, nana junto a la cama como Dios quiso
Las estrellas te alumbran ¡oh dulce dueño! los pastores te llevan en sus zurrones toda su vida todos sus sueños
Niño chiquito hoy te canto esta nana, te doy mi corazón para que Tú te sientas abrigadito
Los ángeles te dejan en los abetos colgadas sus canciones de humor y cielo
Canta la tierra entera ¡Dios ha nacido! ¿no lo sentís? ¡es Dios inmenso, es infinito…! Nana junto a tu cuna Niño chiquito…
Mercedes Saseta Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Mercedes ya ha publicado otros poemas en Betania. Ahora no es envía esta preciosa nana al Niño Jesús. Mercedes forma parte del Coro Valdeluz, agrupación ya de mucho peso en los ambientes líricos y musicales de Madrid.
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