

Natividad del Señor/ Misa del Gallo
24-25 de diciembre de 2009
La homilía de Betania 1.- NO CABÍAN ELLOS… Por José María Maruri, SJ 2.- NAVIDAD Y DESPILFARRO (Meditación de Nochebuena para un tiempo de crisis) Por Gabriel González del Estal 3.- LA GENEROSIDAD DE DIOS Por José María Martín OSA 4.- ¡DIOS REVOLUCIONA EL MUNDO! Por Javier Leoz 5.- DIOS SE HIZO HOMBRE SIN PUBLICIDAD Por Ángel Gómez Escorial LA HOMILÍA MÁS JOVEN HONRADEZ, SINCERIDAD, BONDAD Por Pedrojosé Ynaraja 1.- NO CABÍAN ELLOS… Por José María Maruri, SJ 1.- “No había sitio para ellos…” precisamente ellos no cabían y si proyectamos este no “había sitios para ellos” a nuestro tiempo, digo a estos mismos días nuestros que celebramos al Niño Dios y a su Madre y a San José, porque aquella otra noche en Belén nadie sabía esto que nosotros sabemos y celebramos en esta noche, en esta Nochebuena. --si hubieran querido entrar en el metro abarrotado de gente cargada con paquetes de El Corte Inglés, hubieran tenido que espertar a otro tren, porque para ellos no hubiera habido sitio. --si hubieran querido tomar el más barato de los menús en un descaecido restaurante no hubiera habido misa para ellos. --y si les hubiera atraído la iluminación y el calor de una sala de fiestas, de una discoteca, sólo acercarse se hubieran dando cuento de que allí no había sitio para ellos. --y en la Iglesia, oyendo a un pobre cura más preocupado con lo mal que le han salido los cantos que con el contenido de la fiesta y unos asistentes vestido de fiesta y que se miran unos a otros para ver quien va más ridículo, no se levantarían también ellos porque ni allí había sitio para ellos. Hace dos mil nueve años “no había sitio para ellos”, “vino a los suyos y los suyos no le recibieron…” porque nadie en Belén sabía lo que ocurría, pero hoy todos los sabemos y decimos que lo creemos. 2.- ¿Cabe el Niño en nuestro mundo? **nuestras casas están tan llenas de trastos que no cabe el Señor. **nuestro corazón está tan apegado a cosas y personas que no cabe el Señor. **nuestra cabeza está tan distraída con preocupaciones y problemas que no cabe el Señor. **nuestra agenda están tan llena de citas, de comidas y cenas, que no ha día i hora donde quepa el Señor. Como hace dos mil nueve años “no hay sitio para ellos”, sólo ellos no caben. 3.- En aquella primera Nochebuena, ¿quién descubrió al Señor, quién vio al ángel, quien descubrió a la estrella? --los satélites del Ejército romano no enviaron señal alguna a sus centros de mando. --los espías del rey Herodes tampoco descubrieron la menor huella del golpe de Estado que preparaba el Rey Niño. --ni los sacerdotes del Templo, ni los maestros de la Escritura supieron leer los signos de los tiempos. Sólo la fe de María y José, la sencillez de los pastores y la audacia inconsciente de los Magos descubrieron al Niño Dios. ¿Y hoy quien encuentra en plenitud al Niño Dios?: la infactibilidad de unas monjas de clausura, los inconscientes sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares que se exponen a las balas la guerrilla peruana o colombiana por ayudar a los pobres que no se doblegan, o la fe clarividente de los que cuidan a ancianos y pobres viendo en ellos a un Dios hecho hombre. En personas así, y en tantas parecidas, SI hay lugar para ellos, El Niño cabe en sus corazones, son los SUYOS que SI le recibieron. ¿No os imagináis que con el ir y venir de los pastores algún vecino de Belén, alguna tía Judith o algún tío Zacarías, vendría al portal, y medio incrédulos o medio creyentes se postrarían ante el Niño Dios, al que hace poco no quisieron recibir en sus casas porque no le conocieron? Hagámonos nosotros tías Judith o tíos Zacarías y adoremos con cariño al Niño que tantas veces no tiene cabida en nuestras vidas porque no le conocemos. 2.- NAVIDAD Y DESPILFARRO: (Meditación de Nochebuena para un tiempo de crisis) Por Gabriel González del Estal 1.- Si, como dicen, la crisis económica es global y nos afecta a todos, también deberá afectar a la celebración económica de la Navidad que hagamos este año los cristianos. Es posible que a muchos de nosotros esta crisis económica no nos afecte, o nos afecte muy poco, pero, si realmente, la crisis económica afecta a muchos, todos los cristianos deberemos sentirnos solidarios con las personas más directamente afectadas por la crisis. Ser cristianos en estos días de Navidad, en este tiempo de crisis, es querer vivir la Navidad como creemos que la hubiera vivido el mismo Cristo, si viviera ahora entre nosotros. Cristo en su vida hizo una opción preferencial por los más pobres, por los últimos de la sociedad. Si nosotros celebramos esta Navidad con lujo y despilfarro, estaremos celebrando la Navidad con un espíritu totalmente anticristiano. San Agustín decía a sus fieles que los pobres eran los pies de Cristo y que los cristianos que no atendían a los pobres que vivían con ellos, cuando se acercaran a besar el rostro de Cristo, Cristo apartaría el rostro, porque le estaban pisando los pies. Celebrar cristianamente la Navidad, en este año 2009, nos exige celebrarla con una especial sobriedad y solidaridad, gastando algo menos de lo que habitualmente gastábamos en años anteriores y dando a los pobres el dinero que, cristianamente, hayamos ahorrado. En todas las parroquias se están haciendo, en este tiempo próximo a la Navidad, intensas campañas de recogida de alimentos y donativos para ayudar a los más necesitados. Seamos generosos. 2.- Yo creo que Jesús de Nazaret no puede estar de acuerdo con nuestra forma occidental de celebrar estas fiestas de Navidad. Incluso me atrevo a pensar que, si le invitáramos a sentarse junto a nosotros en nuestras mesas repletas de platos y manjares, iba a aprovechar la ocasión para decirnos algunas verdades elementalmente cristianas. Porque es cierto que Jesús se sentó a la mesa de publicanos y ricos, pero aprovechó muy bien la ocasión para predicarles un evangelio de amor y solidaridad con los que no tenían mesa donde sentarse. Las comidas de Jesús con los ricos del pueblo fueron auténticas catequesis de conversión. El evangelista Lucas deja esto muy claro. Y, por supuesto, si leemos el capítulo 2 de Lucas, cuando nos habla del nacimiento, de la natividad de Jesús, veremos, con un cierto desasosiego, lo poco o nada que tiene que ver aquella natividad de Jesús con la celebración de nuestras “navidades”. Sí, dicho con un poco de descaro, nuestras celebraciones de la navidad de Cristo, son frecuentemente, celebraciones anticristianas. Todos sabemos que la celebración festiva de la Navidad comenzó a celebrarse, en el siglo cuarto, para eliminar o sustituir a las celebraciones paganas que se hacían, en torno al 25 de diciembre, en homenaje al sol invicto. Eran fiestas en las que predominaba el exceso y el desmadre. ¿No estaremos volviendo ahora nosotros a los tiempos más antiguos, a una celebración totalmente pagana de la Navidad? Los cristianos tenemos la obligación de intentar que esto no ocurra. 3.- No estoy aconsejando que la Navidad se celebre con tristeza, o con exclusivo fervor interior.La Navidad es nuestra gran fiesta y debemos celebrarla con júbilo y con una cierta y medida magnificencia interior y exterior. Pero en este tiempo de crisis debemos nosotros, los cristianos, llenar la Navidad de amor cristiano y de generosidad cristiana, es decir de un amor y de una generosidad que alcance a los que menos tienen, a los que más nos necesitan. Sigamos el ejemplo de Cristo y miremos con especial benevolencia, en estos días, a los preferidos de Cristo, es decir, a todas aquellas personas cansadas y agobiadas por la miseria y la marginación social en la que se ven obligadas a vivir. Cristo a través de nosotros quiere aliviar su situación. ¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!, sin excesos, ni despilfarro. 3.- LA GENEROSIDAD DE DIOS Por José María Martín OSA 1.- Hacerse pequeño para comprender el misterio de la Navidad. Con frecuencia, no damos importancia a lo pequeños detalles con los demás: el poder de un abrazo, de una palmada en la espalda, de una sonrisa sincera, de una palabra de aliento, de un oído que escucha, de un cumplido sincero, o del acto más pequeño de preocupación... Mas todos esos detalles tienen el mágico poder de cambiar tu vida o la de los demás, de darle un gran giro y hacerla feliz. Todas las personas llegan a nuestras vidas por una razón, bien sea por un tiempo o se quedan para toda una vida. ¡Recíbelos a todos por igual! Hay que hacerse como niño para comprender y vivir el misterio de la Navidad: celebramos el regalo del amor de Dios, que se hace hombre para enseñarnos a nosotros a amar. “Un niño pequeño quería conocer a Dios. Sabía que tendría que hacer un largo viaje para llegar hasta donde Él vive, así que guardó en su maleta pastelitos de chocolate y refrescos de fruta… Y empezó su andadura. Cuando había caminado unas horas, se encontró con una mujer anciana. Estaba sentada en un banco del parque, sola, contemplando en silencio algunas palomas que picoteaban migajas de pan que ella les arrojaba. El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta. Comenzó a beber uno de sus refrescos cuando notó que la anciana le miraba, así que le ofreció uno de ellos. Ella agradecida lo aceptó y le sonrió. Su sonrisa era muy bella, tanto que el niño quería verla de nuevo, así que le ofreció entonces uno de sus pastelillos. De nuevo ella le sonrió. El niño estaba encantado, y se quedó toda la tarde junto a ella, comiendo y sonriendo, aunque sin hablar una palabra. Cuando oscurecía, el niño se levantó para irse. Dio algunos pasos, pero se detuvo; dio vuelta atrás, corrió hacia la anciana y le dio un abrazo. Ella después de abrazarlo, le dedicó la más grande sonrisa de su vida. Cuando el niño llegó a su casa, su madre quedó sorprendida de la cara de felicidad que traía. Entonces le preguntó: --"Hijo, ¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?". El niño le contestó: --"¡Hoy almorcé con Dios!"... Y antes de que su madre reaccionara, añadió: -"Y ¿sabes? ¡Tiene la sonrisa más hermosa que nunca he visto!" Mientras tanto, la anciana, también radiante de felicidad, regresó a su casa. Su hijo se quedó sorprendido de la expresión de paz que reflejaba en su cara, y le preguntó: --"Mamá, ¿qué hiciste hoy que te ha puesto tan feliz?“. La anciana le contestó: --"¡Comí pastelitos de chocolate con Dios, en el parque!"... Y antes de que su hijo respondiera, añadió: --"Y ¿sabes? ¡Es más joven de lo que yo pensaba!" 2.- Esta Noche celebramos la humildad y generosidad de Dios. La fiesta de Nochebuena nos invita a volver al pesebre, y aprender el camino de Jesús para ser sus discípulos. Entrar a este camino es vivir en la verdad y experimentar que la vida plena nos viene de El. En el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, que se nos revela en el pesebre, nos sorprende y conmueve la belleza de humanidad que hay allí. Allí descubrimos también las exigencias que tiene el camino de humanidad que Dios nos propone. Lo primero que nos impresiona es la humildad de Dios. Dios es humilde y el que no quiere serlo no puede encontrarse con él. Dios es generoso, no sólo porque nos dio la vida y tantas otras cosas más, sino porque él mismo se nos dio por entero a nosotros. Por eso, el que quiere ser amigo de Dios y de los demás, tiene que ser humilde y darse como él, hacerse prójimo en la propia familia, entre los vecinos del barrio, los compañeros de trabajo; tiene que ser responsable en su profesión, honesto en la administración que se le confía, y comprometido en serio con los que más sufren la falta de un techo digno, de un salario equitativo y justo, de alimento suficiente, y de acceso a una educación y salud de calidad para todos. Este camino se transita en humildad y generosidad, virtudes que brillaron en María y en José. No se puede ser generoso si no se es humilde. La humildad hace posible la verdadera generosidad que es mucho más que dar cosas. Sólo la verdadera humildad promueve la dignidad del otro, crea vínculos solidarios, gesta pueblo. Por eso, el soberbio es incapaz de ser generoso, únicamente alcanza a dar cosas, pero no logra darse a sí mismo. Esto envilece al que da y degrada al que recibe, y genera violencia en todos los niveles de relación entre personas. Por eso la soberbia suele ir de la mano con la prepotencia, la corrupción y la mentira. Esto trae secuelas de deshumanización y de muerte, que golpean con mayor fuerza a los miembros más frágiles de la comunidad: a los niños y a los ancianos que son la memoria y la esperanza de un pueblo. 3.- Sólo darse a sí mismo nos hace felices. La entrega a los demás dignifica y madura las relaciones humanas. Además promueve la comunión y la participación entre los miembros de la familia, entre los vecinos del barrio y entre los ciudadanos de la nación. Este es el camino que Dios hizo y sigue haciendo entre nosotros, invitándonos a transitarlo con él, como discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en él tengamos vida. Dichosos nosotros que esta Noche podemos celebrar con el corazón lleno de luz y de paz el nacimiento del Hijo de Dios. ¡Feliz Nochebuena! 4.- ¡DIOS REVOLUCIONA EL MUNDO! Por Javier Leoz En medio de la noche, ante un pueblo expectante y agitado, viene el Señor a nuestro encuentro. Lo hace de una forma humilde, por la puerta pequeña, sin ruidos, sin aspavientos: ¡Dios humanado! En medio de las sombras del mundo, entra el Señor por la dirección que jamás hubiéramos soñado: se hace hombre y lo hace como Hombre y Dios. ¿Puede hacer algo más el Padre por nosotros sus hijos? 1.- Hoy, en esta Misa del Gallo, surge un canto desde lo más hondo del alma creyente: ¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Gloria a Dios que tanto a los hombres el ama! Y, este gozo, lo expresamos y lo celebramos en familia y con los amigos, en la Iglesia y en la calle. Nada, ni nadie, puede ocultar o acallar el mensaje de esta Noche Santa: Dios ha venido al mundo. Dios se ha dignado a tomar nuestra condición humana. ¡Qué Misterio! ¡Cómo es Dios! No es misa del gallo, es mucho más, es el canto de los que creemos y celebramos que, Cristo, se hizo carne mortal en la tierra. Como a los pastores, que de noche velaban sus rebaños, también a nosotros se nos anuncia un mensaje de salvación: “Ha nacido el Salvador”. Ellos, los rabadanes, no lo dudaron: cogieron lo poco que tenían, dejaron su ganado y se pusieron en marcha para contemplar lo que, en aquella noche, era auténtica ganancia de vida, de salvación, de emoción y de alegría: ¡Dios en la tierra! En esta noche, como en la de entonces, nosotros –al igual que los pastores- hemos sido sensibles al anuncio del Ángel. En lo más hondo del corazón ha brotado una intuición, una sensación, algo que nos ha puesto en movimiento e inquietado santamente: Jesús, viene a darnos razones poderosas para recuperar la alegría, el amor, el entusiasmo, la vida, la esperanza o la fraternidad. Viene para llevarnos a Dios. 2. - Hemos escuchado el Evangelio y, con palabras que calan en aquellos que las escuchan, hemos comprendido que Dios nos ama mucho y bien. Que nadie, como Dios, desea para la humanidad una puerta abierta a tantos aprietos, interrogantes, crisis, desamores, pobrezas, sufrimientos, preocupaciones y esclavitudes. La Misa del Gallo, antes de que gran parte del mundo escuche la noticia de que Jesús ha nacido, nos envuelve en la claridad del rostro de Jesús Niño. Un Dios que, sin hablar, nos lo dice todo. Un Dios que, sin posibilidad de expresarse, en su humildad nos hace postrarnos en tierra y adorarle porque lo es todo. --En esta Noche Santa y misteriosa, Dios revoluciona al mundo. Deja la zarza, la boca de los profetas, los signos prodigiosos, el mar partido en dos……y se hace presente en los brazos de una Madre. ¿Acaso esto no es nuevo y revolucionario? ¿No lo es un Dios anonadado, silencioso, humilde, pobre, desvalido? --En esta Noche Santa, con sabor a cielo, como los pastores regresaremos a nuestras casas dando gloria a Dios por todo lo que hemos visto y oído. Si Dios se hace hombre (qué bien lo expresó Ortega) ser hombre es lo más importante de la tierra. ¿O no? Canta el gallo, aparece la estrella, suben y bajan ángeles enloquecidos, voltean las campanas y……gran parte de la humanidad, aunque no lo haga toda, cantamos y celebramos lo que la Navidad contiene y nos trae: DIOS CON NOSOTROS ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Noche Santa! 3.- ¡QUE NOCHE TAN REBUENA! Nace el Salvador, y los ángeles, proclaman su gloria Viene Dios, y el mundo –roto y malévolo- siente en sus propias carnes la bondad de un Dios humanado. Ojos de fe, como los que tuvieron los pastores, son necesarios para descubrir este portento: nada prodigioso, nada extraordinario, nada espectacular, nada ruidoso…. ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! Un niño, envuelto en pañales, abriga y reconforta a un mundo tan confundido por ropajes vistosos. Un pesebre, en el cual vemos a un niño, que visualiza la promesa: se nos da un Hijo. ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! La noche donde brota la sencillez La noche donde lo grande se hace pequeño Donde el poderío y la grandiosidad no son señales del camino por el cual Dios se acerca y viene. ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! Dios gime y necesita de nuestra ayuda Dios mendiga el calor del hombre Dios saca su mano, desde el fondo del pesebre, y tan sólo pide un poco de amor. Dios, si se hace niño, es para llamar nuestra atención Para que volvamos hacia El Para que le amemos y pongamos nuestro pensamiento en El ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! La Palabra que se hizo tan larga, en Belén, se hace diminuta, cae a nivel del suelo La Palabra que tan sólo se escuchaba en un pesebre se deja adorar y besar La Palabra, gigantesca y eterna, de repente se contiene un humilde pesebre ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! El resplandor de un niño nos reclama: seamos niños, para entrar por la puerta del cielo El amor de un niño nos invita: amar a Dios con el corazón entero El rostro de un niño nos recuerda: Dios ya no es un desconocido ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! Y, entre tantos regalos, no lo olvidemos seamos, nosotros para nosotros, y nosotros para Dios….la mejor ofrenda. Como José, miramos con fe al niño Como María, miramos con humildad al hijo Como la estrella, seamos luz Como los pastores, pongámonos en camino ¡QUÉ NOCHE TAN BUENA! 5.- DIOS SE HIZO HOMBRE SIN PUBLICIDAD Por Ángel Gómez Escorial 1.- Hemos salido de casa ya con la noche muy cerrada, haciendo un alto en la fiesta navideña familiar para reunirnos solidariamente en el templo con otra familia más amplia que son los hermanos de la parroquia. No se han quedado los niños en casa. Tal vez, solo lo más pequeños. Tampoco importa que hoy lloren, o revuelvan, o correteen por los pasillos de bancos y hasta por el presbiterio. Hoy –nuestro “gran hoy”—es la fiesta de un Niño. Y nosotros, hoy más que nunca, tenemos que hacernos como niños. Hemos visto, asimismo, que el ambiente exterior muestra con sus luces y sus colores el ambiente navideño y no debemos renegar de esas luces y colores, aunque sean más o menos comerciales. Por lo menos la Navidad está en la calle, cosa que no le pasa a la Pascua u a otras conmemoraciones religiosas… algo es algo para estos tiempos. En fin, que el ambiente exterior se junta con la emoción interior del templo para hacernos saber que en efecto la Navidad es algo muy grande y muy bien alojado en el corazón de la mayoría de los hombres y mujeres. Tal vez, para muchos sea –y es triste—la única muestra de religiosidad. Despreciar esa muestra de alegría pública porque no nos parezca poco ortodoxa o nada virtuosa es un gran error, sobre todo en estos tiempos en que, cada vez, hay menos muestras públicas de los valores del cristianismo. Algo es algo, como decía antes 2.- Las lecturas que hemos escuchado esta noche son emocionantes y muy bellas. Isaías describe perfectamente la expectación histórica que el mundo tenía en la llegada del tiempo nuevo. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Y Pablo en su Carta a Tito también muestra una secuencia temporal interesante: “Ha aparecido la Gracia de Dios”. Aparecer significa surgir en un momento dado en un lugar que antes no estaba. Y añade: “la aparición del Gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo” Parece que quiere referirse al prodigio de Belén, a la llegada de Dios –en forma de Niño--a la Tierra, al tiempo finito. ¡Y qué decir del párrafo del evangelista Lucas! Pues que tiene mucho de narración cinematográfica y que quiere, además, dar precisiones históricas. Pero hay muchos elementos de reflexión que han ocupado la mente y la pluma de mucha gente durante, también, muchos años. El fiasco de la posada, la cueva del Nacimiento, los pastores, los ángeles que suben y bajan… Y, en todo ello, una alegría insondable, más fuerte que la condición humana. El cielo y la tierra se unen por vez primera en solución de continuidad, como si no hubiera frontera entre los dos ámbitos. Dios se hace hombre sin demasiada publicidad, los que reciben la noticia son los pastores, los cuales tenían muy mala fama en el Israel de tiempos de Jesús, casi se les consideraba delincuentes. Mucha gente no se enteró de ese Nacimiento, desde luego. Y esa elección de los pastores ya marcaba el deseo de Dios de acercarse a los “malos” y hacerlos “buenos”. Siempre ha querido estar cerca de los humildes, de los pequeños, de la gente alegre que acepta sin reservas un mensaje de paz y alegría. 3.- Y es que nuestro Dios es –la mayoría de las veces—difícil de comprender. Con su poder infinito hubiera podido hacer la Redención de otra manera. O procurar, por ejemplo, que su Hijo llegase al mundo entre gente influyente y poderosa, que, sin duda, servirían mejor para influir y transformar a una gran mayoría y, sobre todo, a los más ignorantes. Dios no obliga. Dios espera que todos y cada uno actuemos en libertad. Y que hacía falta adoptar el papel de grano de mostaza para que las cosas crecieran. El género humano no solo se equivoca colectivamente el día que come el fruto prohibido en el Jardín del Edén. Ha seguido equivocándose atribuyéndose un poder que no tiene. La venda y la mordaza de la soberbia evitan miradas y gritos de esperanza. Sólo parece repetirse, a través de la historia, la rutina y el error continuado por causa de la ceguera con la que se emprende el camino. Dios –ya lo dijo Cristo—busca el apoyo de los sencillos y de los ignorantes, de aquellos que no tienen nada que perder, ni nada que defender. Y esa elección se irá repitiendo, día a día, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por eso es bueno que seamos sencillos, pobres, limpios, alegres y que, en realidad, solo busquemos la llamada de Dios. Y es cierto que fue en esa noche, al raso, cuando se produjo la primera llamada de un tiempo nuevo, ya que el anterior había sido caducado por el hombre con sus torpezas y tristezas. 4.- No trato de ponerme serio en exceso en esta noche de paz, de alegría, de amor. Claro que no. Pero es bueno que entendamos lo importante de lo que estamos celebrando. Esta noche que conmemoramos fue la primera de un tiempo en el que Dios se nos iba a manifestar como Padre y como Madre. Y que nos iba a enseñar su poder en forma de un Niño recién nacido. Porque el poder no está en la fuerza, sino en el amor. Y el Reinado del Amor se inició una noche –más bien fría—en los campos de Belén. LA HOMILÍA MÁS JOVEN HONRADEZ, SINCERIDAD, BONDAD Por Pedrojosé Ynaraja 1.- Os escribo hoy, mis queridos jóvenes lectores, cuando aun faltan unos cuantos días para la Navidad. Son unas fechas que no podríamos ignorarlas aunque quisiéramos. Se habla de ellas al despedirse, al comentar la carestía de la vida. Se las utiliza para acelerar y aumentar el consumismo. Se supone que son días de alegres vivencias, convivencia familiar, regalos y buenos deseos. Se da por supuesto, sin que nadie lo discuta. La vida humana no está programada por el hombre y ni transcurre siempre a su gusto. No ignoraréis que, sin quererlo, y con frecuencia sin esperarlo, se viven situaciones no deseadas. Cerca de nosotros se padece hambre, alguien sufre una cruel enfermedad, otro ha muerto. Vivo cercano a situaciones de estas, pero no seré yo quien diga: ¡que tengan que ocurrir precisamente estos días, como tantas veces se oye! El dolor, espiritual o corporal, siempre molesta. El dolor sinsentido, incomoda y lesiona siempre. También en Navidad. Lo que ocurre, y ya os lo adelanto, es que lo que celebramos los cristianos, sin quitarlo, puede iluminar y dar sentido a este dolor. 2.- Os puede ocurrir que no se lo encontréis a estas celebraciones. Que os indigne que se aprovechen aquellos que en su vida diaria, están muy alejados del Evangelio. Seguramente os han explicado con detalle el origen y evolución de la conmemoración, aquello de las fiestas romanas, de las etapas solares, de los cultos a Mitra, etc. Posiblemente os han contado muchos detalles del porque se escogieron estos días, sin que hayan puesto tanto empeño en explicaros el contenido espiritual que albergan, llegáis a pensar que ya no sabéis en qué creer. Que ya no tengáis ganas de creer. Que casi caigáis en un estado anímico lamentable, como el de la canción “Triste Navidad”. Os escribo a vosotros que no queréis caer en el conformismo, aunque no os arrastréis todavía sufriendo hastío. Os advierto y os quiero recordar ahora, que Jesús en una ocasión, dijo: no podéis servir a dos señores, es preciso escoger entre Dios y el dinero. Pues bien, sin querer rectificar lo dicho por el Señor, quiero añadir, para trasladar lo dicho a la realidad de hoy, que hay dos tendencias, dos fuerzas, entre las cuales se tensa nuestra vida. La fuerza de la Fe, y el ambiente aburguesado, que invade todas las esferas de nuestra existencia. No se puede vivir cristianamente, aceptando sin rechistar los criterios burgueses. Hay que escoger y toda opción supone una renuncia. 3.- Navidad es una realidad histórica que a nosotros los cristianos nos compromete y exige que vivamos esta fiesta de acuerdo con sus contenidos. Si hay que romper con costumbres arraigadas, pues, se rompe. No hay derecho que el hijo que ha proclamado su falta de Fe y estos días dice que él se va con su chica a esquiar, que ya cantará lo de “dame la bota maría, que me voy a emborrachar” como cada año, que comerá turrón en el albergue y beberá espumoso, a este se le acepte. Que insolentemente les eche en cara a sus padres, que es en lo único que consiste su navidad y le toleren sus bravatas, aplicando reglas de respeto a la libertad, el que son las costumbres de la juventud actual y demás lindeces. No hay derecho, vuelvo a repetir, que en cambio a la hija sinceramente cristiana, al hijo que pretende vivir honradamente sus creencias, le exijan continuar costumbres de comida, de encierros domiciliarios, como se le obligaba en la etapa infantil de su vida, que tal vez fuera correcto que entonces se lo le exigieran, pero que no son de su horma, que no responden a su situación personal. Os sugiero, como ejemplo concreto de celebración navideña, que paséis la noche con un enfermo que requiera compañía. Este ejemplo lo he vivido en una ocasión en que el inválido era un profesor, víctima de accidente. Fue una Nochebuena que nunca he olvidado, repleta de misterio y de la ternura que hube de proporcionar a aquel que tanto me había enseñado. Acudir a un asilo o residencia a alegrar con cantos, chistes y juegos, a los ancianos olvidados de sus nietos. Convocar una reunión para comentar realidades de hoy en las que nace Cristo, aportando cada uno algo propio del país en el que ha pensado (Mate, quien quiera recordar a latino América. Migas, quien piense en los pastores de la mesta, que le sugerirán los beduinos de otros continentes. Dátiles, higos y pasas, recordando al Pueblo Escogido, que disfrutó de la dulzura de estos frutos en la Tierra Prometida etc.) Escójase para la velada un puñado de villancicos, desde Campana sobre campana… hasta el Cristo de Palacaguina. Desde fum, fum, fum… hasta Noche de paz. Desde Adeste, fideles… hasta la canción de cuna de Brahms etc.) Son sugerencias, vosotros sabréis escoger lo que más os guste y os ayude a celebrar con honradez la universalidad de la Navidad 4.- Me entran ganas de gritar un manifiesto que diga así: ¡jóvenes, chicos y chicas cristianos, uníos para celebrar con sinceridad, probidad y alegría la Navidad! Desde esta situación de autenticidad que quisiera tuvieseis, os invito a reflexionar, brevemente, sobre la enseñanza litúrgica de los textos de esta noche. Estamos viviendo últimamente situaciones de pesimismo, los cambios climáticos, la bancarrota económica, el desplazamiento de los mercados proveedores, corrupción en el poder, todo contribuye a que veamos un futuro muy negro. No obstante, son validas las palabras del profeta Isaías y las de San Pablo: algo bueno, algo excelente, está naciendo. Cuando plantamos una semilla, el resultado no depende de su tamaño. De la patata más grande, sale una planta que no supera el metro de altura. Del más pequeño piñón, brota un árbol, de cuya madera puede construirse un barco que surque el océano y llegue a lejanas tierras. Es la grandeza de la pequeñez. Así lo es la del Niño que se nos anuncia. Del Niño que nos llegó hace dos mil años, que nos está llegando cada día. Sólo es preciso acoger y aceptar, para que Él nos acompañe y con Él realicemos grandes cosas. 5.- El texto evangélico nos quiere situar con exactitud el nacimiento de Jesús, la exactitud como se expresaba en aquel tiempo. Fue en un lugar determinado y un día concreto, es importante saberlo. Hace años, le ofrecía ayuda a una misionera en el Japón y contestó: en aquel país yo no necesito dinero, pero estas figuras que me das, me serán muy útiles. Allí Belén, suena como aquí “el país de las maravillas” y el tiempo del nacimiento como el nuestro “de maría castaña”. Yo podré decir: un amigo que estuvo en la ciudad de Belén, las compró para mí y al verlas los chiquillos, estarán seguros de que existe lo que cuentan los cristianos. Se trataba sencillamente de las típicas imágenes de José, María y Jesús, hechas con madera de olivo. 6.- Nace Jesús con sencillez, pero no olvidado de los suyos, esperado, preparado lo que de inmediato va a necesitar, es decir, ropa. Deseado, no simplemente tolerado. Si hubiera habido fastos con motivo del acontecimiento, hubieran desdibujado lo que el Niño preparaba para su vida adulta. Así que vosotros debéis celebrar la Navidad sin deteneros. Lo más importante de este Chiquillo, vendrá mas tarde. Ahora es preciso aprender urbanidad sagrada. Pobreza, que no indigencia. Ingenuidad, que no necedad. Amor, que no es simple apego. Son algunos detalles de educación espiritual, que nos enseña el texto de Lucas. Vendrá día que se hará mayor y se convertirá en nuestro amigo. Si sabemos jugar el prodigioso deporte de combinar realidades pasadas y celebraciones litúrgicas que lo hacen presente, sentiremos un gozo interior inmenso que tal vez muchos que con nosotros viven, no sepan comprender. Deseo que vuestra celebración de la Navidad, que debe ser gozo de cuerpo, espíritu y alma, os llene de felicidad. Desde ahora pido a Dios que lo podáis conseguir. Pedid vosotros que también lo sea para mí.
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