

La Sagrada Familia: Jesús, María y José
27 de diciembre de 2009
La homilía de Betania 1.- UNA FAMILIA ESPECIAL Y DISTINTA Por Gabriel González del Estal 2. - LO QUE APRENDIÓ JESÚS DE SU FAMILIA Por José María Maruri SJ 3.- RENOVAR NUESTRO COMPROMISO FAMILIAR Por Pedro Juan Díaz 4.- LA PIEDAD DE JOSÉ Y MARÍA Por Antonio García-Moreno 5.- EL FUTURO DEL MUNDO PASA POR LA FAMILIA Por José María Martín OSA 6.- DIOS QUISO NACER EN UNA... Por Javier Leoz 7.- LA FAMILIA DE NAZARET, NUESTRA FAMILIA Por Ángel Gómez Escorial LA HOMILÍA MÁS JOVEN ¿FAMILIA CONFLICTIVA? Por Pedrojosé Ynaraja 1.- UNA FAMILIA ESPECIAL Y DISTINTA Por Gabriel González del Estal 1.- La Sagrada Familia, la familia formada por José, María y el niño Jesús, es una familia atípica, que se sale del marco normal de lo que los judíos entendían por familia tradicional. También es distinta del modelo de familia que hoy seguimos entendiendo como familia tradicional. Era más una familia al estilo de las familias formadas por Ana y Elcaná, con el niño Samuel, o Isabel y Zacarías, con el niño Juan. Se trataba de familias con un solo hijo, concebido este de forma milagrosa y excepcional. En nuestro caso, se da además la circunstancia de que el padre de Jesús, José, es solo un padre putativo y no padre natural. Todo esto debemos tenerlo en cuenta cuando queremos presentar a la Sagrada Familia, como familia modelo y prototipo de lo que debe ser hoy una familia cristiana. La Sagrada Familia debe ser, para nosotros, no tanto un modelo de familia estructural, sino un modelo de comportamiento individual de cada uno de los miembros de la familia, dentro de la estructura de la familia actual. José supo actuar como un padre solícito, trabajador, comprensivo y humilde; María quiso siempre poner ternura, corazón y mucho amor en las relaciones familiares y, aunque no entendiera muchas cosas de las que pasaban, ella continuaba fiándose de Dios. Jesús supo crecer en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres dentro de su familia, sin olvidar que su misión era, antes que cualquier otra cosa, cumplir la voluntad de su Padre, Dios. Cada una de las tres personas que constituían la Sagrada Familia supo actuar con responsabilidad y exquisito respeto ante el comportamiento de los demás. Es en este sentido, como creo yo que deberemos proponer hoy a la Sagrada Familia como modelo de familia cristiana. Es una familia con una estructura familiar especial y distinta a lo que entendemos que debe ser hoy una familia auténticamente cristiana, pero el comportamiento individual de cada una de las tres personas que componen esta Sagrada Familia sí es un comportamiento ejemplar e imitable por cada uno de los miembros de cualquier familia cristiana de hoy día. Hoy día, quizá más que nunca, hace mucha falta en las relaciones familiares saber valorar la libertad y responsabilidad de cada uno de los miembros de la familia. El amor familiar debe manifestarse siempre con el debido respeto a las peculiaridades y comportamientos de cada cual. Pertenecer a la misma familia ya no supone, como quizá supuso en otros tiempos, tener las mismas ideas religiosas, políticas y sociales. Ni, consecuentemente, los mismos comportamientos. 2.- Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios. Los cristianos formamos, como Iglesia, una familia de Dios, cuya cabeza es Cristo Jesús. Todos nos creemos hijos del mismo Dios y todos queremos ser hermanos del mismo Salvador Jesucristo. Somos hijos de Dios que vivimos dentro de una misma familia cristiana, por lo que todos nosotros deberemos saber comportarnos como miembros de una misma familia. Nuestras diferencias personales o grupales no deben nunca romper nuestra unión familiar que, por encima de todo, debe manifestarse en el amor mutuo, en el respeto y la comprensión entre todos nosotros. Presididos por nuestra cabeza, que es Cristo, todos debemos trabajar en la misma dirección, que no puede ser otra que la predicación del reino de Dios. Por Cristo y con Cristo debemos vivir como hermanos que buscan siempre predicar el evangelio y hacerlo realidad en nuestro mundo. Yo creo que este es un buen propósito que debemos hacer todos los cristianos, en este día de la festividad de la Sagrada Familia. 2. - LO QUE APRENDIÓ JESÚS DE SU FAMILIA Por José María Maruri SJ 1. - “No hay nación que tenga a sus dioses tan cercanos como Israel”, dice la Escritura, y esto se cumple hasta lo inconcebible en Jesús, Nuestro Dios y Señor, nacido de una madre, María, y educado de una familia llena de cariño. ¿Hay algo más semejantes a nosotros? ¿Más cercano? Los problemas que hoy salpican con sus olas a nuestras familias no perdonaron tampoco a la familia de Jesús. + Su patria era un país dominado por un ejército extranjero siempre dispuesto a la dura represión cuando la creía necesaria. + El gobierno del propio país estaba en las manos de Herodes, hombre injusto que no buscaba más que mantenerse en el poder. + El terrorismo estaba representado por los llamados Zelotes, que asesinaban a las sombras de las estrechas calles de Jerusalén a los que, arbitrariamente, habían sentenciado a muerte. + La religión estaba en poder de unas familias sacerdotales ambiciosas, que habían vaciado de sentido la religión y el culto a Dios, mercantilizándolo y reduciendo todo a meras formas externas. 2. - José no fue ni un pequeño empresario, ni siquiera un obrero especializado como nos lo han representado los pintores clásicos. Era más bien, quizá, un “manitas", pero sin trabajo fijo y que, por lo tanto, no pocas veces estaría en el paro y sin subsidio. Podría ser uno de esos que Jesús describía en la plaza pública esperando que alguien los contratara. El Evangelio de hoy, nos describe a la Sagrada Familia como una familia de emigrantes, que al fin tienen que regresar a la propia patria, y por fin, empezar de nuevo. Hasta en el seno de la familia hubo incomprensiones. José y María no entendían a Jesús en su proceder, y nos consta de la regañina que María, su madre, le echó en el templo: --¿Por qué te has portado así con tu padre y conmigo? Impresiona pensar que Jesús, la Sabiduría Divina, aprendiera de María y de José: De María, tal vez aquello de la alegría de la vecina que encuentra la dramática pérdida y viene a contarlo a las amigas; o lo de que no se debe poner un remiendo de paño a nuevo a un paño viejo porque los destroza; o aquello, de que la luz hay que ponerla en alto para que ilumine la habitación. De José, campesino avezado a mirar al cielo y a la naturaleza, aquello de las nubes que traen el agua; o lo de los brotes que anuncian la primavera; o lo de los lirios adornados por el Padre Dios; o aquello de los pajarillos a los que nunca le falta de comer; o quizá, lo de la maldad del alacrán que hay que mantener lejos del niño indefenso. Jesús como cada uno de nosotros, aprendió de sus padres 3. -. ¿Qué mantuvo unida a una familia en medio de unos problemas tan semejantes a los nuestros? + Una fe ciega en un Padre Dios, que nunca les regaló cesta de Navidad ni juguetes de Reyes Magos, pero les mostró su camino y les dio fuerza y alegría para hacerlo. + Un gran amor y un gran respeto mutuo, que es por parte de los hijos reconocimiento agradecido a ese día de padre y madre que se afana por ellos, y es por parte de los padres el tratar de hacer que los hijos aprendan a volar antes de tiempo y se rompe una pata un ala, que sepa tomar la propia responsabilidad sin echar la culpa a los padres que no tienen ninguna. 3.- RENOVAR NUESTRO COMPROMISO FAMILIAR Por Pedro Juan Díaz 1. Somos familia.- La celebración de hoy nos sitúa en clave familiar. Es el día de la familia y hemos querido resaltarlo de una manera especial. Hoy estamos invitados todos a renovar nuestro compromiso familiar. Y también a reconocernos familia dentro de la Iglesia, dentro de la comunidad cristiana. Somos familia, somos padres, somos hijos, somos hermanos y la Palabra de Dios de hoy nos invita a vivir esto con intensidad todos los días, y no solo en Navidad. 2. Familia de sangre y familia de fe en comunidad.- La primera lectura que hemos escuchado nos pone el fundamento de nuestra relación familiar en el respeto a los padres. Es un mandamiento del decálogo: “Honraras a tu padre y a tu madre”. Y el pueblo de Israel comienza a vivirlo así también. Es su forma de expresar como va integrando la experiencia humana de la vida, y en este caso de la familia, desde su relación con Dios. Esta familia de sangre, San Pablo la prolonga también en la comunidad cristiana. La Iglesia también es una familia. El fundamento lo pone Pablo en esa relación familiar de los cristianos con nuestro padre Dios, que nos hizo a todos hermanos en su Hijo Jesús. Para nosotros la palabra “hermano” adquiere un significado especial y profundo, nos confraterniza, nos hace familia. Nuestra mirada como familia se dirige a Jesús. Él es nuestro modelo y nuestro referente. Por eso San Pablo da recomendaciones a todos los miembros de la familia, padres e hijos, desde el respeto, la obediencia, la libertad, y fundamentalmente, desde el amor. Y es que precisamente el amor es el que nos vincula como familia en todos los sentidos. El hijo de Dios no se encarna aisladamente. Lo hace en el seno de una familia para mostrarnos lo importante que ella es para cada persona. Como un padre y una madre cuidan de sus hijos, así quiere Dios cuidar de los hombres. Y en el Evangelio tenemos la oportunidad de contemplar esa vinculación de Jesús con su padre Dios, nacida del amor y expresada de forma explícita por primera vez. Y nuestras relaciones familiares tienden a fundamentarse en ese gran amor que Dios tuvo con cada uno de nosotros. Tanto amó Dios al mundo que no se guardó ni a su propio hijo. Jesús va adquiriendo conciencia progresiva de su misión y esta se fundamente en la voluntad y en el amor de su Padre Dios por todos los hombres. Él es el gran comunicador del amor de su Padre Dios hacia todos nosotros. Y sus padres tendrán que ir viviendo y asimilando este proceso, de ahí la actitud de no comprender. “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. 3. La familia de Nazaret.- · En este pasaje del evangelio de hoy se nos presenta a un Jesús adolescente en peregrinación al templo, junto a sus padres, para celebrar su primera pascua según la tradición de los judíos. También nos informa de que vivían en Nazaret antes del nacimiento del niño, y que Nazaret es donde Jesús se había criado. El relato de hoy reconoce en José y María a sus padres. La presentación del evangelista Lucas es, pues, la de una familia tradicional que componen José, María y Jesús. María ha recibido una misión de parte de Dios, confiada a su vez a José, y su aprobación ha hecho posible que Jesús, el Salvador, viniera al mundo a realizar la misión encomendada por el Padre. La familia de Nazaret es la Sagrada Familia porque ha sido elegida por Dios para llevar a cabo su designio de salvación. Y seguramente que esta familia conocería bien ese texto del libro del eclesiástico que hemos escuchado en la primera lectura, y que nos dice que la familia no es algo fácil de construir, sino que requiere esfuerzo por parte de todos sus miembros. Nadie ha dicho que construir una familia sea fácil. ¿Es que hay algo en la vida que no cueste esfuerzo? Cada familia, cada pareja que se casa, se convierte en sagrada familia, en cuanto que ponen a Dios en su vida, y Dios la hace sagrada. Y Dios no nos concede tareas que no podamos llevar a cabo. Por tanto, hemos de ser valientes en la experiencia de ser fundadores de familias. Y lo mismo nos sirve para la comunidad parroquial. Y aquí nos ilumina la segunda lectura. En la comunidad hace falta sobrellevarse mutuamente, perdonarse, y que sea el amor el que nos una. En la comunidad ha de estar la palabra de Dios, para iluminar las situaciones que se van viviendo. En la comunidad hace falta alegría, canto, acción de gracias, gozo. Y todo esto lo aportamos los miembros de la comunidad. Cada uno de nosotros hace la comunidad y cada uno se enriquece de lo que los demás aportan. 4.- Y me gustaría terminar, como siempre, remitiendo a la Eucaristía. Esta mesa, esta roca firme, construye la comunidad, construye la familia. Es una base sólida, es un punto de apoyo inquebrantable. Dios no nos podía haber dado algo más seguro para poder construir la comunidad. Hace falta el esfuerzo de todos. Ya contamos con la garantía de Dios, nuestro padre, que hace a nuestras familias y a nuestras comunidades sagradas con su presencia. Seamos valientes, renovemos nuestro compromiso familiar y comunitario. Vamos a continuar proclamando nuestra fe. Pero lo vamos a hacer de una manera especial. Hoy, a todas las familias que aquí estáis, padres e hijos, os invito a que renovéis vuestro compromiso matrimonial y familiar con este Credo de las Familias. 5.- CREDO DE LAS FAMILIAS --¿Creéis en Dios que es Padre de la gran familia de la humanidad y que nos ha creado familia? --¿Creéis en Jesucristo, su hijo, nuestro señor, que nació en el seno de la sagrada familia de Nazaret, que murió y resucitó, y que nos unió como comunidad con los lazos del amor y de la fe? --¿Creéis en el Espíritu Santo, que es el vínculo de unidad de nuestras familias, en la gran familia de los cristianos, que es la Iglesia, en la comunión de los santos, con la familia del cielo, en el perdón de los pecados, en las relaciones fraternas, familiares y comunitarias, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? 4.- LA PIEDAD DE JOSÉ Y MARÍA Por Antonio García-Moreno 1.- HONRAR PADRE Y MADRE - Existe una ley metida en nuestras mismas entrañas, una ley natural que nos inclina a respetar y a querer a los que nos dieron la vida, a los que nos llevaron en sus brazos cuando no sabíamos andar, a los que nos proporcionaron aun antes de nacer tanto cariño y tanto desvelo. Una ley que, sin embargo, se olvida a veces. Por eso Dios ha querido confirmarla con su propia ley. Y así el primero de los mandamientos que miran al bien del prójimo está dedicado a los padres. San Pablo, escribiendo a los efesios, les dice: "Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto es de justicia. Honra a tu padre y a tu madre -que es el primer mandamiento con promesa- para que seáis felices y tengáis larga vida sobre la tierra". Y el libro de Sirac que hoy leemos nos anima a cumplir este mandamiento: "El que honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece será escuchado...".Somos tan amigos de la independencia que nos cuesta el depender de alguien. Hay como un loco afán de libertad mal entendida, un deseo incontenible de vivir cada uno a su aire. La rebeldía, tantas veces sin causa, se ha puesto de moda... Perdónanos, Señor. Haz que escuchemos tus palabras con el deseo de hacerlas vida de nuestra vida. Que sepamos querer, reverenciar, obedecer a esos que tanto nos han dado y tanto nos han querido, nuestros padres. El autor inspirado por Dios insiste en señalar ese deber sagrado de honrar a los padres mientras vivan. Es un deber perenne, un deber que no termina nunca. Porque ni aun cuando mueran se pueden olvidar los hijos de sus padres. También entonces hay que honrar su memoria, rezar por ellos. "No los abandones mientras vivas, aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes...". Qué problema tan dramático el de los padres abandonados, olvidados, relegados en el último rincón, echados de casa, metidos con engaños en asilos o residencias de ancianos, con grandes dificultades para encontrarles sitio por estar todo lleno. Y es ahora, cuando difícilmente se pueden valer por sí mismos, cuando más necesitan cariño, comprensión, calor de hogar. Los viejos nos estorban, no nos sirven para nada, son muebles inútiles, son causa de riñas y discusiones entre los esposos, no hacen otra cosa que dar trabajo. Se ponen malhumorados, insoportables con sus rarezas. Y cada vez hay más viejos... Así podríamos pensar, con fría crueldad. Sin embargo, la ancianidad es la cumbre nevada y majestuosa de toda vida de lucha y de ilusiones. La vejez es la etapa última de nuestro correr hacia la eternidad... Dios nos dice: "La limosna del padre no se olvidará. Será tenida en cuenta para pagar tus pecados; el día del peligro se acordará de ti y deshará tus pecados como el calor la escarcha". 2.- ANTE LA FAMILIA DE NAZARET.- El Hijo de Dios se ha hecho hijo de mujer para estar más cerca de todos nosotros. Desde que el hombre comenzó a existir fue una criatura predilecta de Dios. Según el relato del Génesis, sólo con el hombre tuvo el Creador relaciones de amistad, a él le entrega cuanto ha creado para que lo cuide y lo aproveche en su propio beneficio. Incluso después de haber pecado, Dios da la impresión de que no tiene fuerzas para abandonarlo del todo. Compadecido de su tremenda desgracia, le promete un Redentor que un día, entonces lejano y ahora presente, hará posible la reconciliación, una creación nueva en la que otra vez el Señor esté muy cerca de su criatura, para enseñarle el camino de la salvación, para ayudarle a recorrerlo siendo Él quien vaya delante, señalándolo así de forma inequívoca. En efecto, podemos decir que todas las épocas y circunstancias de la vida humana han sido recorridas por Jesucristo. De esa forma su enseñanza no es pura teoría, sino un ejemplo vivo y palpitante que nos ha de arrastrar con su fuerte atractivo. Para quien conoce la vida de Cristo siempre hay una página evangélica que le ilumina y señala el camino a elegir. Hoy, fiesta de la Sagrada Familia, el Evangelio nos permite contemplar uno de los acontecimientos que el Señor vivió en el seno de su propia familia, para que nosotros aprendamos cómo hemos de vivir dentro de la nuestra. Lo primero que destaca en este pasaje es la piedad de José y María, así como la preocupación de que también el Niño viva esos deberes religiosos propios de un buen hebreo. Como estaba mandado por la Ley, ellos iban cada año en peregrinación hasta Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Según esto, también irían cada sábado a la sinagoga como era costumbre entre los judíos. También recitarían cada día las diversas oraciones que todo judío piadoso solía hacer. Mirémonos en este espejo preclaro y comparemos. Renovemos las antiguas costumbres si las hemos abandonado, fomentemos la piedad en nuestros hogares. Los padres han de ser los primeros en cumplir con estos deberes de piedad. Luego, con cariño, con persuasión y constancia que, sin ser machacona y agobiante, despierte el sentido religioso que todo hombre lleva en su interior. La otra lección que podemos aprender, aunque no la única, es que antes que los derechos de los padres sobre los hijos, están los de Dios sobre ellos. Es un hecho evidente que las vocaciones sacerdotales y religiosas han disminuido. Es cierto que hay muchos factores que intervienen a la hora de explicar este triste fenómeno. Pero no hay duda que uno de esos factores está en la familia. Lo mismo que los que hemos llegado al sacerdocio debemos en gran parte nuestra vocación a nuestros padres, también es verdad que la falta de grandes ideales se debe al ambiente ramplón y materialista que en nuestros hogares con frecuencia se vive. Que sepamos rectificar, que vivamos mejor nuestra fe. Sólo así salvaremos a la familia. 5.- EL FUTURO DEL MUNDO PASA POR LA FAMILIA Por José María Martín OSA 1.- El amor es algo más que un sentimiento. Así lo expresa esta parábola: “Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra: "Ámala". Luego se calló. "Pero es que ya no siento nada por ella", insistió el esposo. "Ámala", respondió el sabio. Y ante el desconcierto del esposo, después de un oportuno silencio, el viejo sabio agregó lo siguiente: "Amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo que invita a la acción y el fruto de esa acción es el Amor. El Amor es un ejercicio de jardinería: arranca lo que hace daño, prepara el terreno, siembra, sé paciente, riega y cuida. Debes estar preparado porque habrá plagas, sequías y exceso de lluvias....más no por eso abandones tu jardín. Ama a tu pareja, es decir, acéptala, valórala, respétala, dale afecto y ternura, admírala y compréndela. Eso es todo: ¡Ámala!” 2.- El amor es la base de la familia; el amor en palabras de San Pablo a los Colosenses, es el ceñidor de la unidad consumada. Del amor nacen la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, todas las virtudes que adornan y sostienen la vida del matrimonio y la comunidad. Si falta el amor todo se derrumba. Pero, ¿qué es amar? No es "poseer" al otro, no es "utilizar" al otro, no es "servirse del otro". Amar es darse, entregarse, es una "autodonación" de tu propia vida. Es tener al otro como en un pedestal valorando todo lo bueno que tiene y disculpando sus defectos, ¿quién no los tiene? Algunos se empeñan en poner en crisis la institución familiar, sin darse cuenta de que si la familia se viene abajo se derrumba también la sociedad. Pero amor sigue reinando, a pesar de todo. 3.- Nazaret es la primera escuela de amor, donde empieza a entenderse la vida de Jesús. El contempló la actitud de sus padres y lo asumió. Hoy día la familia sigue siendo la primera escuela, donde el niño se impregna de los auténticos valores. Los niños son esponjas, que observan e imitan lo que hacen los padres. La familia, iglesia doméstica, es la primera escuela de educación en la fe, es donde se asume la actitud ante la sociedad y el prójimo. Los hijos, han subrayado recientemente los obispos españoles, "aprenden a amar en cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a otras personas en cuanto son respetados, aprenden a conocer el rostro de Dios en cuanto reciben su primera revelación de un padre y una madre llenos de atenciones. 4- Cuando faltan estas experiencias fundamentales es el conjunto de la sociedad el que sufre la violencia y se vuelve, a su vez, generador de múltiples violencias. El consumismo, el individualismo, la incomunicación, la falta de maduración y de autoentrega son los auténticos enemigos de la familia. Esto hace que muchas personas busquen únicamente su propio bien o interés personal, arrinconando a los ancianos porque estorban, retrasando la llegada de los hijos porque son una carga para "el disfrute de la vida". Puede que se paguen las consecuencias de esta actitud egoísta e inmadura. La familia de Nazaret pasó por muchas dificultades económicas y sociales, pero todo lo superó porque estaba cimentada en la roca firme del amor y de la confianza en Dios. No seamos pesimistas, pues sigue triunfando el amor y nadie podrá detener la energía y el calor que irradia un hogar donde se vive de verdad la mutua entrega. 6.- DIOS QUISO NACER EN UNA... Por Javier Leoz Si el día de Navidad, el centro y el protagonista por antonomasia era Jesús, hoy y en bloque es la Sagrada Familia: Jesús, José y María. Cada uno con su papel y su función: Jesús, como hijo, llamado a dejarse dirigir por la fiel custodia y protección de San José. María, como madre, a seguir de cerca la vida de Aquel que está llamado a cumplir la voluntad de Dios y José, siempre humilde y silencioso, a establecer un vínculo de unión con toda la familia. 1.- Poco se nos refiere en las páginas evangélicas sobre las vicisitudes y características de la Sagrada Familia. A grandes rasgos nos ha llegado lo elemental: era una comunidad de amor, de fe y de vida. Y eso, en definitiva, es lo importante. Lo que, esta fiesta, intenta trasladar a nuestras respectivas familias sometidas a tantos avatares, presiones o confusiones. Si Jesús necesitó de la familia para seguir adelante, para madurar, crecer y enfrentarse a su propia vida, no menos lo necesitamos nosotros para saber enfocar el futuro de los hijos. Pretender sustituir el papel de la familia (especialmente de los padres) en planos tan importantes e irrenunciables como la educación moral, el aborto, la sexualidad o la ética, es interferir en algo sagrado y propio de los principales educadores: la familia, los padres. Qué bueno sería el pensar que, si Dios se sirvió de una familia para llevar a cabo su Encarnación, también se vale de nuestras familias para llevar a cabo su reino de santidad, de justicia, de amor y de verdad. Y es que, la familia, es un trampolín en el que podemos coger la fuerza necesaria para lanzarnos luego a la conquista del mundo profesional, afectivo, cultural o social. La familia, como aquella primera Sagrada Familia, contribuye precisamente a eso: al crecimiento íntegro de todos sus miembros. No mira el interés de unos pocos, de unos particulares, del padre o de la madre, del hijo primero o segundo, va mucho más allá: la familia está llamada a desarrollar la personalidad de todos y cada uno de sus componentes y que se sientan útiles en el servicio a la sociedad. 2.- Hoy, al contrario de lo que aconteció en la Sagrada Familia, tenemos bastante que mejorar en las nuestras. ¿Cómo está nuestra oración? ¿Y nuestro conocimiento sobre Dios? ¿Y el seguimiento en la educación humana y religiosa de los hijos? Además, y por si fuera poco, la familia de hoy se enfrenta a un drama preocupante. ¿De quién dependen las decisiones trascendentales de los hijos? Recientemente, en España, ha salido adelante la ley del aborto en la que, las menores de 16 años, pueden abortar sin necesidad de consultarlo con sus padres. Hoy, con esta ley, llegamos a la siguiente aberración: los menores no pueden entrar en un bar, mucho menos acceder a una máquina de tabaco…..pero pueden decidir, libre y sin la autorización o conocimiento de los padres, sobre la vida o la muerte de un niño. Hemos de recuperar, y jamás renunciar, al papel fundamental de la familia: transmisión y educación de aquellos valores que consideramos irrenunciables y saludables para una sociedad limpia y sana. Difícil lo tiene la familia en España. Pero no nos debemos de asustar. Es el momento indicado para empezar desde abajo: hay que insistir por activa y por pasiva que, la responsabilidad primera y última sobre la educación de los hijos y también sobre su madurez, depende única y exclusivamente a los padres. Usurpar esta obligación y derecho a los padres por parte de otras instituciones públicas, además de ser un peligro, es un contrasentido que lleva a un concepto totalitario de la sociedad. Entre otras cosas porque, los políticos, están para servir. No para hacer de los miembros de una sociedad marionetas dentro de un guiñol ideológico. ¡VIVA LA FAMILIA! ¡FELIZ NAVIDAD! 3.- LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR Por Navidad, Señor, por Navidad Quisiste aparecer en el seno de un hogar. Como distintivo, no la cantidad, sino la unión Como riqueza, no el dinero, sino el ejemplo de José y de María Y es que, tu felicidad Señor, no fue la apariencia, el oro, las perlas o la plata: fue el amor de tu familia nazarena. En ella, en fracaso aparente, apareciste ante la gran indiferencia del pueblo En ella, en las horas de fracaso, encontraste el amor sin tregua ni farsa. En ella, en tus triunfos, supiste ser ovacionado desde el silencio y la sencillez. ¡LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR! ¿De dónde aprendiste el nombre de “Abba” “Padre”? ¿Quién te enseñó a distinguir entre el bien y el mal? ¿En quienes descubriste el valor de la fe y de la entrega? En la familia, Señor, ¿no fue en tu familia nazarena? Y hoy, en pleno corazón de la Navidad, Nuestros ojos contemplan, el “tres en uno”, Sí, Señor, tres personas unidas por un mismo amor Tres personas teñidas con el color de la pobreza Tres personas agasajadas por los que no tienen riqueza alguna Tres personas que, bajo el umbral del portal, Siguen siendo referencia y ejemplo de santidad y de fe. Naciste, Señor, y lo hiciste en una familia Pobre, pero amorosa Sencilla, pero llena de lo más importante: DIOS Temerosa, pero valiente en sus decisiones Indiferente para muchos, pero única ante los ojos del Señor ¡EN FAMILIA, SEÑOR! ¡QUISISTE NACER EN UNA FAMILIA! 7.- LA FAMILIA DE NAZARET, NUESTRA FAMILIA Por Ángel Gómez Escorial 1. - Este domingo posterior a la Navidad, y dentro de la octava navideña, está dedicado a la Sagrada Familia. Y es que la Iglesia y su liturgia quieren que vayamos a la intimidad familiar en que se desarrolló humanamente el Salvador del Mundo. Siendo Jesús auténtico hombre --al mismo tiempo que era Dios-- creció con características idénticas a como lo hace cualquier niño. Y para los pequeños, la familia --y, sobre todo, su padre y su madre-- son un universo total y muy significativo. La fiesta de la Sagrada Familia es de reciente creación y su finalidad es, como se ha dicho, recrear el ambiente hogareño de Jesús, María y José. El último párrafo del Evangelio de San Lucas que leemos hoy marca perfectamente esa normalidad en el hogar. Dice Lucas: “Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”. Tras la incorporación oficial de Jesús como adulto a la religión --eso significaba la primera `peregrinación a Jerusalén en la Pascua-- el texto parece indicar que volvieron a Nazaret, sin más. Pero no sería así. 2. - Y es que no iba a ser fácil la vida de Jesús en la Tierra. No se habían apagado los ecos maravillosos del quehacer de los ángeles sobre el cielo de Belén y, asimismo, la presencia de los Reyes Magos --personajes importantes y misteriosos, que venían de lejos para adorar al Hijo de Dios-- cuando Herodes inicia una cobarde persecución contra los niños menores de dos años, para así terminar con su presunto "competidor" en el trono. San José, que iba a ejercer con eficacia la paternidad terrena del Niño Jesús, tenía ante sí un nuevo desafío. Es de suponer habrían sido para él muy difíciles los días en los que dudaba de su esposa. Un ángel le contó la verdad y le entregó la responsabilidad de custodiar del Hijo de Dios. La primera prueba era terrible: emigrar al extranjero al amparo de la noche para proteger la vida del pequeño. Nada sabemos del tiempo que la Sagrada Familia pasó en Egipto. Probablemente, José mejoraría su oficio de artesano, pues los egipcios tenían técnicas muy adelantadas. Pero, por supuesto, no tuvo que ser fácil. Ahí vemos el reflejo de la actividad difícil de los emigrantes. España se ha transformado de país de emigrante a nación que recibe mucha emigración. Debemos de tenerlo en cuenta y ser muy solidarios con aquellos que se ven obligados a llegar a nuestra tierra para sobrevivir. Pero, asimismo, hemos de recordar siempre la condición de Jesús emigrante, pero que no se nos olvide la necesidad de ayudar a nuestros prójimos que vienen de países lejanos. En el ciclo B se lee el Evangelio de San Lucas sobre la presentación en el templo de Jesús. El episodio de la huida a Egipto, de San Mateo, es propio el ciclo A, pero es importante reseñar ambas cosas hoy aquí, para tener una impresión mas completa de como fueron los primeros años de esa Familia Sagrada. 3. - Hay otro reflejo interesante y es meditar pausadamente sobre la familia de Nazaret, sobre el crecimiento de Jesús y sobre su aprendizaje profesional y vital. Tampoco hay muchos datos sobre la larga estancia de la Sagrada Familia en Nazaret. El Evangelio que leemos solo nos habla de la subida a Jerusalén, de la desaparición de Jesús y de su estancia en el Templo. Durante un tiempo esas jornadas familiares en Nazaret fueron suplidas por los piadosos relatos de los evangelios apócrifos. No es posible establecer su verosimilitud y tampoco es importante que no sean hoy conocidos. Es fácil pensar, con nuestra propia imaginación, el tiempo maravilloso de la infancia, adolescencia y primera juventud del Salvador. La ventaja es que, sobre la base del amor y de la adoración al Salvador, podemos "construir" nuestro propio relato. Durante muchos años la preocupación por lo ocurrido en esos tiempos de Nazaret produjo, como decíamos, una enorme cantidad de textos apócrifos, sin duda muy piadosos e bellamente ingenuos, pero sin rigor documental, canónico o histórico. 4.- Pero ahora nos interesa profundizar un poco más en ese episodio un poco misterioso de la pérdida del Niño Jesús. El relato de Lucas tiene todo el dramatismo al que nos tiene acostumbrados. Para cualquier padre o madre tener perdido a su hijo durante tres días es un hecho terrible. También se relata como se produjo el problema y la forma de organizarse las caravanas de peregrinos que iban o regresaban de Jerusalén. Es apunte de gran valor histórico y sociológico. Eran todos amigos y no era extraño que un grupo de niños marchara en unión, sin el control director de sus progenitores. Pero, en un momento dado, María y José se aperciben que Jesús no está. María y José eran humildes. Los doctores de la ley formaban una aristocracia real, no solo intelectual. La sorpresa de ver a Jesús hablando “de tú a tu” con sacerdotes y doctores les tuvo que llenar de estupor y hasta de un cierto temor contenido. “Al verlo se quedaron atónitos”, dice el evangelista, y no era para menos. A pesar de ello es su madre quien le reconviene su actitud y expresa su angustia. La respuesta de ese niño de doce años es también muy inesperada: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Y se añade que ellos –José y María—no comprendieron lo que les decía. Se diga lo que se diga, no es fácil interpretar esa respuesta, salvo incluyéndola en la obediencia total que Jesús mantuvo durante toda su vida a los designios del Padre de los Cielos. Pero luego de esto se inicia el periodo desconocido al que me he referido antes y que se 6. - Tanto la primera lectura como la segunda de este domingo son comunes en todos los ciclos litúrgicos. El texto que hemos oído en primer lugar es del Libro del Eclesiástico y son consejos para la armonía familiar. Ya el pueblo judío reconoció desde históricamente muy temprano la importancia de la familia. Los consejos que nos da este texto son perfectamente aplicables a nuestro tiempo y debemos de tenerlos muy en cuenta. En el fragmento de la Carta de Pablo a los Colosenses da consejos para conseguir la concordia entre los primeros cristianos. Dichos consejos no "superaban" el ámbito familiar porque la vida de las primitivas iglesias era como la de una familia santa. No es mal "espejo" para hoy. Hace falta en nuestras comunidades religiosas una mayor hermandad, una vida de familia que hoy no existe. Las recomendaciones de Pablo de Tarso incluyen en dicha "actividad familiar" la Liturgia con la alusión a la Acción de Gracias. Finalmente, da algunos consejos muy oportunos para estos tiempos, pero que, tal vez, son poco apreciados por las familias, las parejas o las mujeres de hoy. Dice Pablo: "Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos". Pablo tenia un sentido de la familia basada en la propia estructura de la Iglesia. Cristo era la cabeza de ella, lo mismo que el marido era la cabeza de la familia. No se trata de que la mujer no acceda a sus derechos de igualdad. El mensaje de hoy es que la familia necesita amor y armonía. Y esa armonía se consigue con un cierto orden. Haría falta, pues, un núcleo coherente en el interior de la familia que evitase cualquier dispersión. ¿A quien le toca hoy ser cabeza de familia? Pues a quien pueda acometer esa labor o tenga vocación por ella. Da igual que sea la mujer o el hombre. La oración dirigida a la Familia de Nazaret, que es nuestra Familia, nos servirá para conseguir nuestros propósitos de paz y amor en el entorno familiar. LA HOMILÍA MÁS JOVEN ¿FAMILIA CONFLICTIVA? Por Pedrojosé Ynaraja 1.- Para entender el episodio de hoy es preciso olvidarse de las imágenes plásticas que nos han legado los artistas. Si os habéis fijado, mis queridos jóvenes lectores, en el centro de la escena ponen los pintores a un niñito, para colmo, generalmente, con apariencia de niña y actitudes repipis o de sabiondo. De ninguna manera sería así. Un chico al llegar a los 12 años, se convertía en lo que hoy, en la ceremonia del bar-mitva, llaman esclavo de la Ley, es decir mayor de edad. Os recuerdo también lo que os he dicho más de una vez: que en aquellos tiempos, en aquella cultura, no se daba el fenómeno de la adolescencia, de la segunda infancia se pasaba a la juventud, pudiendo ser el muchacho de doce años un prodigio, como hoy en día todavía ocurre en el terreno de la interpretación musical o de la danza. Jesús era un chico hecho y derecho, con un aprendizaje de oficio en el campo de la madera. Que lo mismo debía preparar y colocar vigas, que un marco de puerta para la entrada o reparar un arado. Si sabía por entonces leer y escribir, ya es más difícil de precisar. Podía haber aprendido en la sinagoga, que de alguna manera era escuela, ya que instruía en los contenidos de la Ley, los Profetas, los Escritos, mientras salmodiaba. Hacerse rabino, ser reconocido como tal, es posible que fuera labor posterior, cuando trabajaba en la vecina Séforis, lugar de cultura clásica, que se estaba convirtiendo en la capital de la alta Galilea, moderna ciudad que no había abandonado del todo la religiosidad judía. 2.- Otro aspecto a tener en cuenta es la forma de enseñar y de aprender de entonces. El maestro reconocido como tal, se sentaba en una piedra y le rodeaban los que querían aprender, que estaban en el suelo, (instruido a los pies de Gamaliel, dice Pablo). En algunas ocasiones se le juntaban al “enseñante” algún que otro compañero. Dialogaban entre sí, los discípulos preguntaban o argüían. Todos sabemos que se conoce mejor la inteligencia de una persona por lo que pregunta, que por lo que alardea saber. En una rueda de prensa, es corriente hoy en día, que el que la dirija, al ser interpelado sobre una cuestión acuciante y tal vez capciosa, empiece su discurso diciendo al agudo periodista: buena pregunta la que Ud. me hace, antes de explicarse. Algo así deberían pensar los doctores de la Ley, con las intervenciones de Jesús. El lugar del episodio sería alguno de los corredores o soportales, que delimitaban el perímetro de la gran explanada del Templo, al aire libre o en algún lugar cerrado. 3.- Se quedó allí Jesús, joven inquieto, argumentando, escuchando, compartiendo. Y sus padres mientras tanto, tan tranquilos el primer día, extrañados de que no volviera con su grupo al atardecer, vuelta a la capital el segundo, ahora ya afligidos. Asombrados el tercero. Final feliz pero intrígate: ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir, afirma el evangelista. Les pasó como a cualquier familia que no se da cuenta de que el hijo se ha hecho mayor… No os alarméis, mis queridos jóvenes lectores, cuando veis que vuestros padres no os entienden. María, instruida por el Arcángel Gabriel, inmaculada, llena de la Gracia del Altísimo, íntima acompañante del Hijo de Dios durante 12 años, no le habían comprendido. Había contestado el hijo con firmeza, pero sin insolencia. La situación resultaría incómoda para los tres, pero el conflicto no hizo mella. Bajaron a Nazaret y allí y Él siguió bajo su autoridad. Cuando choca la libertad de uno con la responsabilidad del otro, debe resolverse acudiendo a la fidelidad a Dios. Ortega y Gasset dice que el mayor acto de libertad humana, es el voto de obediencia. Rebelarse contra todo, definirse como antisistema, además de ser postura que con frecuencia ofende, resulta estéril. Hay que arriesgarse a ser honrado para conseguir la plena autonomía. Es una de las manifestaciones de la paradoja humana. María, repite Lucas, guardaba todo esto en su corazón. Sin rencores, sin ansias de venganza. Trataba de entender, para seguir amando. Jesús admiraba su proceder, de aquí que, aunque no le había llegado la hora, le hizo caso, cuando en Caná intercedió por los esposos y realizó el primer milagro. 4.- En Nazaret, a unos 200 metros de donde vivía Santa María de soltera, está el domicilio de la Sagrada Familia. Solo queda el sótano, allí donde guardarían el trigo y el aceite, al abrigo de robos y ratones. En más de una ocasión se me ha concedido la gracia de celebrar misa, lo he hecho arrodillado. Es la única manera honrada de convocar al Señor para que nos instruya. Es el pensamiento que nos domina, aunque, como en cualquier lugar, la Eucaristía sea anunciar su muerte, proclamar su resurrección, solicitar su venida.
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