UN POCO DE VÉRTIGO Por Ángel Gómez Escorial Bueno, casi, el trabajo de este número especial, el de la edición anterior también, y el de los otros trabajos periodísticos que nada tienen que ver con Betania; toda esa dedicación, variopinta y multiforme, me ha traído un poco de vértigo. Como si estuviera haciendo más cosas de las que me son posibles. Pero no debe ser así, porque el trabajo se termina, antes o después, y se tiene la sensación de haber servido a Dios y a los hermanos… mejor o peor, pero haber servido. Servir es mejor que ser servido. Dar es mejor que recibir. Pero, además, se aprecia que la gente te necesita o te espera. Y todo eso es muy bello. No podemos dejar de inscribir el trabajo en un servicio a Dios y a los hermanos. Tampoco se trata de sublimarlo demasiado, pero, aunque trabajemos para vivir, o para satisfacer nuestra vocación, o porque no hay otro remedio, no debemos alejarlo de una óptica transcendente. No podemos alejar a Dios de nuestro quehacer diario. Estamos en la frontera de un año que acaba y otro que comienza. Todas estas cosas dan también un poco de vértigo, otro poco más. El tiempo transcurrido nos contempla desde el pasado. Y el tiempo que va a venir le atisbamos nosotros desde la esperanza, la confianza en Dios y la fe. Sabemos como ha sido el 2009 pero no sabemos, claro, como va a ser el 2010, o lo que nos puede ocurrir en los próximos 365 días. Pero si nuestras convicciones –todas—se mantienen firmes seremos capaces de prefigurar, de dibujar el futuro. El vértigo es similar al mareo. Y no sé si os estoy mareando, amigos lectores, con estas disquisiciones de hombre fatigado. Pero, entendamos que un nuevo año siempre conlleva la posibilidad de hacer cosas que nunca hemos hecho, porque no pudimos o porque no nos atrevimos. Este año puede ser un tiempo excelente para mejorar en nuestra condición de hijos, de esposos, de padre, de abuelos, de compañeros, o de abogados, o de periodistas, o de conductores de taxi… Se trata de levantarse todos los días con el propósito de mejorar, de hacer las cosas de manera adecuada. Decía antes que nuestra vida tiene que estar inmersa en Dios y que desde esa inmersión cósmica y amorosa hemos de realizar todos los actos de nuestra vida, todos sin excepción. Siempre me ha atraído la frase de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. El amor ayuda a trabajar y a mejorar todas las cosas. No deberíamos emprender ninguna nueva cosa sin amor, o de espaldas al amor. Y ya está. Ya no os digo nada más. El poco de vértigo sigue. Pero soy feliz a mi manera. Que Dios os bendiga a todos y que el Señor nos bendiga, a todos también, especialmente en estas primeras horas del año que empieza, como ya la ha hecho en las últimas del año que ya ha pasado. ¡Feliz Año Nuevo!
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