BENEDICTO XVI ALMUERZA CON POBRES DE ROMA PALABRAS DEL PAPA A LAS FAMILIAS REUNIDAS EN MADRID HOMILÍA DE ROUCO VARELA EN LA CELEBRACION DELA SAGRADA FAMILIA EN MADRID. CONOZCA A LOS 5 NUEVOS SANTOS, 6 BEATOS Y 10 VENERABLES RECONOCIDOS POR LA IGLESIA BENEDICTO XVI ALMUERZA CON POBRES DE ROMA Reciben asistencia de la Comunidad de San Egidio CIUDAD DEL VATICANO, (ZENIT.org).- Benedicto XVI almorzó este domingo con algunos de los más necesitados que vive en Roma y recordó que hay más alegría en compartir que en el egoísmo. Después de haber rezado el Ángelus a mediodía, el Papa se trasladó al tradicional barrio de Trastévere para visitar un comedor creado por la Comunidad de San Egidio, realidad eclesial surgida en esta zona de Roma que asiste a los más necesitados. Con él compartieron alimentos en la misma mesa doce personas necesitadas, entre ellas, una familia gitana de cuatro personas; un refugiado político afgano chií de 34 años; un anciano italiano, ex barbero, viudo de 90 años; una italiana de 82 años; un joven de 25 años, en silla de ruedas desde su nacimiento, quien fue abandonado por su familia. A la mesa se sentaba también una señora musulmana de Somalia, de 63 años, quien llegó a Italia en los años 80 para que su hijo minusválido pudiera recibir tratamiento médico; un nigeriano católico de 35 años quien atravesó el desierto de Libia antes de alcanzar tierra italiana; y dos italianos: un vendedor ambulante de 52 años, sin casa, y un antiguo trabajador de circo, de 66 años, quien mientras trabajaba con su circo en Teherán, fue sorprendido por la guerra entre Irak e Irán en 1980, y obligado a regresar a Italia, después de haber perdido su trabajo. Los pobres, algo menos de doscientos, separados en diferentes mesas, degustaron lasaña, albóndigas, lentejas y puré. Tras la comida se distribuyeron dulces ofrecidos por el Papa y se brindó con un vino espumante. Los 31 niños presentes también recibieron regalos de manos del Papa. A los más grandes les regaló muñecas, camiones, aviones, rompecabezas, libros, lápices; a los bebés sonajeros y peluches. El Papa les aseguró que vino a visitarles "precisamente en la Fiesta de la Santa Familia, porque en un cierto sentido, ella os asemeja". "De hecho, también la familia de Jesús, desde sus primeros pasos, encontró dificultades: vivió la preocupación de no encontrar hospitalidad, se vio obligada a emigrar a Egipto por la violencia del Rey Herodes". "Vosotros sabéis bien lo que significa la dificultad, pero tenéis a alguien que os quiere y os ayuda", haciendo referencia al "servicio diligente de la Comunidad de San Egidio, que ofrece un signo del amor de Dios por los pobres". El Papa fue recibido en la sede de la Comunidad San Egidio, por el fundador, Andrea Riccardi y por monseñor Vincenzo Paglia, obispo de Terni-Narni-Amelia, asistente eclesiástico de dicha comunidad, junto a dos huéspedes de la comunidad, una gitana Yelena Hailovic y un senegalés, Laye Sissoko. Tras rezar la oración de la bendición y compartir el almuerzo, el Papa dirigió unas palabras de agradecimiento a los organizadores del evento, pero sobre todo a los invitados. "Durante el almuerzo, he podido escuchar las historias dolorosas y cargadas de humanidad de algunos de vosotros: historias de ancianos, emigrantes, gente sin hogar, gitanos, minusválidos, personas con problemas económicos y otras dificultades...; todos, de un modo u otro, golpeados por la vida. Estoy aquí entre vosotros para deciros que estoy vosotros, que os quiero, y que vuestras vicisitudes no están lejos del pensamiento del Papa, sino en el centro y en el corazón de la Comunidad de los creyentes". Reconociendo el servicio que prestan los voluntarios y miembros de la Comunidad de San Egidio, aseguró que "amar, servir da la alegría del Señor que dice: 'Hay más alegría en dar que en recibir". "En este tiempo de particulares dificultades económicas cada quien debe ser signo de esperanza y testigo de un mundo nuevo para quien, encerrado en el propio egoísmo e iluso de poder ser feliz sólo, vive en la tristeza o en una alegría efímera que deja el corazón vacío". Tras distribuir los regalos a los niños, el pontífice descubrió una placa en memoria de su visita y abordó el coche que lo trasladó de regreso al Vaticano. PALABRAS DEL PAPA A LAS FAMILIAS REUNIDAS EN MADRID Intervención durante el Ángelus a los peregrinos congregados en el Vaticano CIUDAD DEL VATICANO, (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que pronunció Benedicto XVI desde la ventana de su estudio a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano con motivo del Ángelus. Las palabras del Papa, dirigidas en parte en español, fueron transmitidas en directo en la plaza de Lima de Madrid, donde se encontraban reunidas miles de familias de Europa con motivo de una celebración eucarística convocada en el día de la Sagrada Familia. [EN ITALIANO] Queridos hermanos y hermanas: Se celebra hoy el domingo de la Sagrada Familia. Podemos seguir poniéndonos en el lugar de los pastores de Belén que, nada más recibir el anuncio del ángel, acudieron de prisa a la gruta y encontraron a "María, José y al niño, acostado en el pesebre" (Lucas 2,16). Detengámonos también nosotros a contemplar esta escena, y reflexionemos en su significado. Los primeros testigos del nacimiento de Cristo, los pastores, se encontraron no sólo ante el Niño Jesús, sino también ante una pequeña familia: la mamá, el papá y el hijo recién nacido. ¡Dios quiso revelarse naciendo en una familia humana, y por este motivo la familia humana se ha convertido en imagen de Dios! Dios es Trinidad, es comunión de amor, y la familia, con toda la diferencia que existe entre el Misterio de Dios y su criatura humana, es una manifestación que refleja el Misterio insondable del Dios amor. El hombre y la mujer, creados a imagen de Dios, se convierten en el matrimonio en "una sola carne" (Génesis 2, 24), es decir, en una comunión de amor que engendra nueva vida. La familia humana, en cierto sentido, es imagen de la Trinidad por el amor interpersontal y por la fecundidad del amor. La liturgia de hoy presenta el famoso episodio evangélico de Jesús, a los doce años, que se queda en el Templo, en Jerusalén, sin que se dieran cuenta sus padres, quienes, sorprendidos y preocupados, vuelven a encontrarlo tres días después discutiendo con los doctores. A su madre que le pide explicaciones, Jesús le responde que tiene que estar "en la propiedad", en la casa de su Padre, es decir de Dios (Cf. Lucas 2, 49). En este episodio, el muchacho Jesús se nos presenta lleno de celo por Dios y por el Templo. Preguntémonos: ¿de quién había aprendido Jesús el amor por las "cosas" de su Padre? Ciertamente, como hijo, tuvo un íntimo conocimiento de su Padre, de Dios, una profunda relación personal permanente con Él, pero, en su cultura concreta, ciertamente aprendió las oraciones, el amor por el Templo y por las instituciones de Israel, de sus propios padres. Por tanto, podemos afirmar que la decisión de Jesús de quedarse en el Templo era sobre todo fruto de su íntima relación con el Padre, pero también fruto de la educación recibida de María y de José. Podemos entrever aquí el sentido auténtico de la educación cristiana: es el fruto de una colaboración que siempre hay que buscar entre los educadores y Dios. La familia cristiana es consciente de que los hijos son don y proyecto de Dios. Por tanto, no los puede considerar como una posesión propia, sino que, sirviendo en ellos al designio de Dios, está llamada a educarlos en la libertad más grande, que consiste precisamente en decir "sí" a Dios para hacer su voluntad. De este "sí" la Virgen María es ejemplo perfecto. A ella le encomendamos todas las familias, rezando en particular por su misión educativa. Y ahora me dirijo, en lengua española, a los que participan en la fiesta de la Sagrada Familia en Madrid. [EN ESPAÑOL] Saludo cordialmente a los pastores y fieles congregados en Madrid para celebrar con gozo la Sagrada Familia de Nazaret. ¿Cómo no recordar el verdadero significado de esta fiesta? Dios, habiendo venido al mundo en el seno de una familia, manifiesta que esta institución es camino seguro para encontrarlo y conocerlo, así como un llamamiento permanente a trabajar por la unidad de todos en torno al amor. De ahí que uno de los mayores servicios que los cristianos podemos prestar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, salvaguardándola y promoviéndola, pues ella es de suma importancia para el presente y el futuro de la humanidad. En efecto, la familia es la mejor escuela donde se aprende a vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los pueblos. También en ella se comparten las penas y las alegrías, sintiéndose todos arropados por el cariño que reina en casa por el mero hecho de ser miembros de la misma familia. Pido a Dios que en vuestros hogares se respire siempre ese amor de total entrega y fidelidad que Jesús trajo al mundo con su nacimiento, alimentándolo y fortaleciéndolo con la oración cotidiana, la práctica constante de las virtudes, la recíproca comprensión y el respeto mutuo. Os animo, pues, a que, confiando en la materna intercesión de María Santísima, Reina de las Familias, y en la poderosa protección de San José, su esposo, os dediquéis sin descanso a esta hermosa misión que el Señor ha puesto en vuestras manos. Contad además con mi cercanía y afecto, y os ruego que llevéis un saludo muy especial del Papa a vuestros seres queridos más necesitados o que se encuentran en dificultad. Os bendigo a todos de corazón. [Al final del Ángelus, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:] Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. En este domingo de la Sagrada Familia, invito a todos a poner los ojos en el hogar de Nazaret, escuela incomparable de virtudes humanas y cristianas, para aprender de Jesús, José y María a vivirlas personalmente y dar ejemplo de ellas ante los que os rodean con humildad y convicción. De nuevo os deseo que, en estas fiestas de Navidad, la alegría del Señor Jesús, nacido en Belén, sea vuestra fortaleza. En su Nombre os bendigo con gran afecto. [Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina © Libreria Editrice Vaticana] HOMILÍA DE ROUCO VARELA EN LA CELEBRACION DELA SAGRADA FAMILIA EN MADRID. MADRID (BETANIA).- Como ya suele ser tradicional se celebró en Madrid una multitudinaria eucaristía al aire libre para festejar a la Sagrada Familia de Nazaret, en la Plaza de Lima. Presidió la eucaristía el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela. Ofrecemos el texto íntegro de su homilía. Betania ofrece su opinión sobre este acto en la sección de Editoriales, que se recomienda consultar. TEXTO INTEGRO Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor: 1.- Una vez más, una Plaza madrileña, la Plaza de Lima, nos ofrece un bello marco para celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia públicamente ante la sociedad y ante el mundo como “una Misa de las Familias”: de las familias de Madrid y de toda España. Así sucedió el pasado año. Hoy, además, como una Eucaristía de las familias de toda Europa. Me es muy grato, por ello, saludar con afecto fraterno en el Señor a los Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos de las Diócesis de España, pero, especialmente, a los hermanos venidos de Roma y de diversos países europeos. En un lugar destacado quisiera hacerlo con el Sr. Cardenal Prefecto del Pontificio Consejo para las Familias, que subraya con su presencia el valor pastoral que le merecen al Santo Padre y a sus colaboradores más próximos nuestra iniciativa a favor de la familia. El luminoso y siempre certero mensaje del Papa Benedicto XVI no nos ha faltado tampoco en esta ocasión en que la Eucaristía de las familias cristianas de España se abre a las Iglesias particulares de Europa. Mi saludo muy cordial se dirige también a los innumerables hermanos sacerdotes españoles y europeos, cercanos siempre a las familias que ellos atienden y sirven con cuidadoso celo y caridad pastorales. Nuestro más efusivo saludo va dirigido, sin embargo, a las innumerables familias – abuelos, padres, hijos, hermanos… – que se han sacrificado para venir a Madrid y poder celebrar en esta fría mañana madrileña, unidos en una extraordinaria asamblea litúrgica con los fieles de nuestra diócesis, la Acción de Gracias eucarística con alegría jubilosa por el inmenso don de la familia cristiana: familia que se mira en la Sagrada Familia de Nazareth como el modelo insuperable y decisivo para poder vivir en plenitud la riqueza de la gracia del matrimonio cristiano en el día a día del crecer y del quehacer de la propia familia. La familia cristiana sabe, además, que en Jesús, María y José, encuentra el apoyo sobrenatural necesario que le ha sido preparado amorosamente por Dios para que no desfallezca en la realización de su hermosa vocación. 2.- Vuestra multitudinaria presencia, queridas familias, y vuestra participación atenta, piadosa y activa en esta celebración eucarística habla un claro y elocuente lenguaje: ¡queréis a vuestras familias! ¡queréis a la familia!; ¡mantenéis fresca y vigorosa la fe en la familia cristiana!; estáis seguras, compartiendo la doctrina de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, de que el modelo de la familia cristiana es el que responde fielmente a la voluntad de Dios y, por ello, es el que garantiza el bien fundamental e insustituible de la familia para sus propios miembros –los padres y los hijos en eminente lugar–, para toda la sociedad y, no en último lugar, para la Iglesia. La Iglesia es, en definitiva, la “construcción de Dios”, “en la que habita su familia”, como enseña el Vaticano II; y la familia en ella es “Iglesia doméstica” (LG 6 y 11). Queridas familias cristianas: sois muy conscientes, incluso en virtud de vuestras propias experiencias de la vida en el matrimonio y en vuestra familia, de que ese otro lenguaje de los diversos modelos de familia, que parece adueñarse, avasallador y sin réplica alguna, de la mentalidad y de la cultura de nuestro tiempo, no responde a la verdad natural de la familia, tal como viene dada al hombre “desde el principio” de la creación y de que, por ello, es incapaz de resolver la problemática tantas veces cruel y dolorosa de los fracasos materiales, morales y espirituales que afligen hoy al hombre y a la sociedad europea de nuestro tiempo con una gravedad pocas veces conocida por la historia. Queridas familias: porque queréis vivir vuestra familia en toda la verdad, la bondad y la belleza que le viene dada por el plan salvador de Dios, estáis aquí como protagonistas del nuevo Pueblo y de la nueva Familia de Dios, que peregrina en este mundo hacia la Casa y la Gloria del Padre, celebrando con la Iglesia el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, culmen y fuente de toda la vida cristiana –y consecuentemente ¡de la verdadera vida de vuestras familias!– como una Fiesta, iluminada por la memoria, hecha actualidad, de la Sagrada Familia de Nazareth. 3.- Con la Sagrada Familia, formada por Jesús, María y José, se inicia el capítulo de la nueva y definitiva historia de la familia: el de la familia, que, fundada por el Creador en el verdadero matrimonio entre el varón y la mujer, va a quedar liberada de la esclavitud del pecado y transformada por la gracia del Redentor. Acerquémonos pues con la mirada de la fe, clarificada por la palabra de Dios, a la realidad de esta familia, sagrada y entrañable a la vez, que abre a las nuestras el tiempo nuevo del amor y de la vida sin ocaso. Llama la atención desde el primer momento de su preparación y constitución que lo que guía y mueve a María y a José a desposarse y acoger en su seno al Hijo, a Jesús, es el cumplimiento de la voluntad de Dios sin condiciones; aunque, humanamente hablando, les cueste comprenderla. María dice “Sí” a la maternidad de su Hijo, que era nada menos que el Hijo del Altísimo. Lo concibe por obra del Espíritu Santo, siendo Virgen y permaneciendo Virgen. José acepta acoger a María en su casa como esposa, castamente, sabiendo que el Hijo que lleva en sus entrañas no es suyo, ¡es de Dios! Se abandonan a su santísima voluntad, sabiendo que responden así a los designios inescrutables, pero ciertos, del amor de un Dios que quiere salvar al hombre por caminos que le sobrepasan por la magnitud infinita de la misericordia que revelan. Son cada vez más conscientes de que a ellos se les ha confiado la vida y la muerte terrena de un niño, que es el Hijo de Dios, el Mesías, el Señor. Sí, sobre todo, lo sabe su Madre María que lo acompaña, a veces desde la distancia física, pero siempre desde una inefable cercanía del corazón hasta el momento de la Cruz: ¡la hora de la expropiación total del Hijo y de la Madre en aras del Amor más grande! En la escena del adolescente Jesús, perdido y hallado por sus padres en el Templo de Jerusalén, que nos relata hoy el Evangelio de San Lucas, se confirmaba y se preludiaba hasta qué grado de entrega y oblación de la vida conllevaba la aceptación amorosa de la voluntad del Padre: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. Y, aunque ellos no comprendieron del todo lo que les quería decir, su angustia precedente quedó enternecedoramente compensada por el Hijo: Jesús bajó con ellos a Nazareth y, bajo su autoridad, “iba creciendo en sabiduría, estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres”. Y “su madre conservaba todo esto en su corazón”. De aquel amor de María y José, amor de total entrega a Dios, y, por ello, de una fecundidad humanamente inimaginable, ¡sobrenatural!, surge la familia en la que nace, crece y vive el Salvador del hombre, el Autor de la Nueva Vida, el Cabeza del Nuevo Pueblo de Dios, el Primero entre una incontable multitud de hermanos, que habrían de configurar la nueva familia humana. 4.- Queridas familias cristianas de España y de toda Europa: miraos a vosotras mismas como esposas y esposos, padres e hijos, en el límpido espejo de ese prototipo de la nueva familia querida y dispuesta por Dios en su plan de salvación del hombre, que es la familia de Jesús, María y José. ¿Verdad que también vosotros podéis certificar que, cuando todo ese edificio de íntimas relaciones personales entre vosotros y con vuestros hijos se fundamenta en la vivencia fiel y siempre renovada de vuestro compromiso contraído sacramentalmente en Cristo, ante Dios y ante la Iglesia, os es posible e incluso sencillo y gratificante configurar vuestra familia como esa íntima comunidad de vida y amor donde se va abriendo día a día, “cruz a cruz”, el camino de la verdadera felicidad? Entonces os sentís “como elegidos de Dios, santos y amados, para revestiros “de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión”. Sabéis pedir perdón y perdonáis. Sabéis sobrellevaros y ¿os santificáis mutuamente? Colocáis por encima de todo “el amor” que “es el ceñidor de la unidad consumada”. ¿En quién y en dónde podrán encontrar los niños, que van a nacer, los discapacitados, los enfermos, los rechazados… etc., el don de la vida y del amor incondicional sino en vosotros, padres y madres de las familias cristianas? ¿Hay quien responda mejor y más eficazmente a las situaciones dramáticas de los parados, de los ancianos, de los angustiados por la soledad física y espiritual, de los rotos por las decepciones y fracasos sentimentales, matrimoniales y familiares, que la familia verdadera, la fundada en la ley de Dios y en el amor de Jesucristo? 5.- En esta madrileña Plaza de Lima, el día 2 de noviembre de 1982, el inolvidable Juan Pablo II, declarado Venerable el pasado día 19 de diciembre por nuestro Santo Padre Benedicto XVI, celebraba una Eucaristía memorable, convocada como “la Misa para las familias” en el tercer día de su largo primer viaje por toda la geografía de las Diócesis de España ¡Viaje Apostólico inolvidable! En su vibrante homilía se encuentra un pasaje, cuya vigorosa fuerza profética no ha perdido ni un ápice de actualidad. Permitidme que os lo recuerde: “Además, según el plan de Dios, –afirmaba el Papa– el matrimonio es una comunidad de amor indisoluble ordenado a la vida como continuación y complemento de los mismos cónyuges. Existe una relación inquebrantable entre el amor conyugal y la transmisión de la vida, en virtud de la cual, como enseñó Pablo VI, “todo acto conyugal debe permanecer abierto a la transmisión de vida”. Por el contrario, –como escribí en la Exhortación Apostólica “Familiaris Consortio”–“al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente: se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal. Pero hay otro aspecto aún más grave y fundamental, que se refiere al amor conyugal como fuente de la vida: hablo del respeto absoluto a la vida humana, que ninguna persona o institución, privada o pública, puede ignorar. Por ello, quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad.” Benedicto XVI nos enseña hoy, en medio de una crisis socio-económica generalizada, un cuarto de siglo después de la homilía de la Plaza de Lima, en su Encíclica “Cáritas in Veritate”: “La apertura moralmente responsable a la vida es una riqueza social y económica… Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad”. 6.- El panorama que presenta la realidad de la familia en la Europa contemporánea no es precisamente halagüeño. El preocupante diagnóstico del estado de salud de la familia europea, que hacía en octubre de 1999 la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos y que, después, Juan Pablo II recogía, detallaba y confirmaba en la Exhortación Postsinodal “La Iglesia en Europa”, se ha ido agravando más y más. La actualidad del matrimonio y de la familia en los países europeos está marcada por la facilitación jurídica del divorcio hasta extremos impensables hasta hace poco tiempo y asimilables al repudio; por la aceptación creciente de la difuminación, cuando no de la eliminación, primero cultural y luego legal de la consideración del matrimonio como la unión irrevocable de un varón y una mujer en íntima comunidad de amor y de vida, abierta a la procreación de los hijos; por el crecimiento, al parecer imparable, de las rupturas matrimoniales y familiares con las conocidas y dramáticas consecuencias que acarrean para la suerte y el bien de los niños y de los jóvenes. A esta situación se ha añadido la crisis económica, con la inevitable secuela del paro y el desempleo como factor sobrevenido a la situación ya muy extendida de la crisis del matrimonio y de la familia. El derecho a la vida del niño, todavía en el vientre de su madre –del “nasciturus”–, se ve lamentablemente suplantado en la conciencia moral de un sector cada vez más importante de la sociedad, y en la legislación que la acompaña y la estimula, por un supuesto derecho al aborto en los primeros meses del embarazo. La vida de las personas con discapacidades varias, de los enfermos terminales y de los ancianos, sin un entorno familiar que las cobije, se ve cada vez más en peligro. Un panorama a primera vista oscuro y desolador. Sólo a primera vista. En el trasfondo alumbran los signos luminosos de la esperanza cristiana: ¡Aquí estáis vosotras, las queridas familias cristianas de España y de toda Europa, para dar testimonio de esa esperanza y corroborarla. Con el “sí” gozoso a vuestro matrimonio y a vuestra familia, sentida y edificada cristianamente como representación viva del amor de Dios –amor de oblación y entrega, ofrecido y fecundo también en “vuestra carne”– y con vuestro “sí” al matrimonio y a la familia como “el santuario de la vida” y fundamento de la sociedad, estáis abriendo de nuevo el surco para el verdadero porvenir de la Europa del presente y del futuro. Europa, sin vosotras, queridas familias cristianas, se quedaría prácticamente sin hijos o, lo que es lo mismo, sin el futuro de la vida. Sin vosotras, Europa se quedaría sin el futuro del amor, conocido y ejercitado gratuitamente; se quedaría sin la riqueza de la experiencia del ser amado por lo que se es y no por lo que se tiene. El futuro de Europa, su futuro moral, espiritual e, incluso, biológico, pasa por la familia realizada en su primordial y plena verdad. ¡El futuro de Europa pasa por vosotras, queridas familias cristianas! Habéis recibido el gran don de poder vivir vuestro matrimonio y vuestra familia cristianamente, siguiendo el modelo de la Familia de Nazareth, y, con el don, una grande y hermosa tarea : la de ser testigos fieles y valientes, con obras y palabras, del Evangelio de la vida y de la familia en una grave coyuntura histórica de los pueblos de Europa, vinculados entre sí por la común herencia de sus raíces cristianas. Unidas en la Comunión de la Iglesia, alentadas y fortalecidas por la Sagrada Familia de Nazareth, por Jesús, María y José, la podréis llevar a un buen y feliz término. ¡Sí, con el gozo jubiloso de los que han descubierto y conocen que en Belén de Judá, hace dos mil años, nos nació de María, la Virgen y Doncella de Nazareth, el Mesías, el Señor, el Salvador, lo podréis! Amén. CONOZCA A LOS 5 NUEVOS SANTOS, 6 BEATOS Y 10 VENERABLES RECONOCIDOS POR LA IGLESIA VATICANO, (ACI).-La Santa Sede difundió la relación completa de los futuros beatos y venerables autorizados por el Papa Benedicto XVI en los decretos que a continuación se detallan. La lista -además de los Papas Juan Pablo II y Pío XII- incluye a un sacerdote y dos laicos españoles, además de una adolescente italiana de solo 19 años. Un milagro atribuido a la intercesión del beato Stanislaw Soltys, llamado Kazimierczyk, sacerdote profeso de la Orden de los Canónigos Regulares Lateranenses, nacido el 27 de septiembre de 1433 en Kazimierz (Polonia) y fallecido en esa localidad el 3 de mayo de 1489; Un milagro atribuido a la intercesión del beato André Bessette (su nombre de pila era Alfred), religioso de la Congregación de la Santa Cruz; nacido en Saint-Grégoire d'Iberville (Canadá) el 9 de agosto de 1845 y fallecido en Montréal (Canadá) el 6 de enero de 1937; Un milagro atribuido a la intercesión de la beata María de la Cruz MacKillop (su nombre de pila era Mary Helen), fundadora de la Congregación de las Hermanas de San José del Sagrado Corazón; nacida el 15 de enero de 1842 en Fitzroy (Australia) y fallecida el 8 de agosto de 1909 en Sydney (Australia); Un milagro atribuido a la intercesión de la beata Giulia Salzano, fundadora de la Congregación de las Hermanas Catequistas del Sagrado Corazón de Jesús; nacida el 13 de octubre de 1846 en Santa Maria Capua Vetere (Italia) y fallecida el 17 de mayo de 1929 en Casoria (Italia); Un milagro atribuido a la intercesión de la beata Battista da Varano (su nombre de pila era Camilla), monja de la Orden de Santa Clara y fundadora del monasterio de Santa Clara en la ciudad de Camerino; nacida el 9 de abril de 1458 en Camerino (Italia) y fallecida en esa localidad el 31 de mayo de 1524; Un milagro, atribuido a la intercesión del venerable siervo de Dios José Tous y Soler, sacerdote profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos y fundador de la Congregación de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor; nacido el 31 de marzo de 1811 en Igualada (España) y fallecido el 27 de febrero de 1871 en Barcelona (España); Un milagro atribuido a la intercesión del venerable siervo de Dios Leopoldo de Alpandeire Sánchez Márquez (su nombre de pila era Francisco), laico profeso de la Orden d los Frailes Menores Capuchinos; nacido el 24 de julio de 1866 en Alpandeire (España) y fallecido el 9 de febrero de 1956 en Granada (España); Un milagro atribuido a la intercesión del venerable siervo de Dios Manuel Lozano Garrido, laico; nacido el 9 de agosto de 1920 en Linares (España) y fallecido en esa localidad el 3 de noviembre de 1971; Un milagro atribuido a la intercesión del venerable sierva de Dios Teresa Manganiello, laica, de la Tercera Orden de San Francisco; nacida en Montefusco (Italia) el 1 de enero de 1849 y fallecida en esa localidad el 4 de noviembre de 1876; Un milagro atribuido a la intercesión del venerable sierva de Dios Chiara Badano, laica; nacida en Sassello (Italia) el 29 de octubre de 1971 y fallecida en esa localidad el 7 de octubre de 1990; El martirio del siervo de Dios Jerzy Popieluszko, sacerdote diocesano; nacido el 14 de septiembre de 1947 en Okopy Suchowola (Polonia) y asesinado por odio de la fe el 20 de octubre de 1984 en los alrededores de Wloclawek (Polonia); Las virtudes heroicas del siervo de Dios Giacomo Illirico da Bitetto, laico profeso de la Orden de los Frailes Menores, nacido en 1400 en Zara (Dalmacia) y fallecido en torno al año 1496 en Bitetto (Italia); Las virtudes heroicas del siervo de Dios Pío XII (Eugenio Pacelli), sumo pontífice; nacido en Roma el 2 de marzo de 1876 y fallecido en Castelgandolfo el 9 de octubre de 1958; Las virtudes heroicas del siervo de Dios Juan Pablo II (Karol Wojtyla), sumo pontífice; nacido el 18 de mayo de 1920 en Wadowice (Polonia) y fallecido en Roma el 2 de abril de 2005; Las virtudes heroicas del siervo de Dios Louis Brisson, sacerdote y fundador de los Oblatos y Oblatas de San Francisco de Sales; nacido el 23 de junio de 1817 en Plancy (Francia) y fallecido en esa localidad el 2 de febrero de1908; Las virtudes heroicas del siervo de Dios Giuseppe Quadrio, sacerdote profeso de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco; nacido el 28 de noviembre de 1921 en Vervio (Italia) y fallecido en Turín (Italia) el 23 de octubre de 1963; Las virtudes heroicas de la sierva de Dios Mary Ward, fundadora del Instituto de la Bienaventurada Virgen María, hoy Congregación de Jesús, nacida en Mulwith (Inglaterra) el 23 de enero de 1585 y fallecida en Hewarth (Inglaterra) el 30 de enero de 1645; Las virtudes heroicas de la sierva de Dios Antonia Maria Verna, fundadora del Instituto de las Hermanas de la Caridad de la Inmaculada Concepción; nacida en Pasquaro di Rivarolo (Italia) el 12 de junio de 1773 y fallecida en esa localidad el 25 de diciembre de 1838; Las virtudes heroicas de la sierva de Dios Maria Chiara Serafina de Jesús Farolfi (su nombre de pila era Francisca), fundadora de las Hermanas Clarisas Franciscanas Misioneras del Santísimo Sacramento; nacida el 7 de octubre de 1853 en Tossignano (Italia) y fallecida el 18 de junio de 1917 en Badia di Bertinoro (Italia); Las virtudes heroicas de la sierva de Dios Enrica Alfieri (su nombre de pila era Maria Angela), religiosa profesa dela Congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antide Thouret; nacida el 23 de febrero de 1891 en Borgovercelli (Italia) y fallecida en Milán (Italia) el 23 de noviembre de 1951; Las virtudes heroicas del siervo de Dios Giunio Tinarelli, laico, socio de la Pía Unión Primaria de los Silenciosos Operarios de la Cruz, nacido en Terni (Italia) el 27 de mayo de 1912 y fallecido en esa localidad el 14 de enero de 1956
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