Quiero dedicar esta colaboración a las mujeres que, somos tan poca cosa, que sólo representamos media humanidad. . Todo se ha dicho sobre la violencia de género y yo no puedo aportar más datos que hagan reflexionar y escalofriar a los que me leen. Las mujeres no somos carnaza de nadie. No somos árboles humanos que se puedan podar al antojo del macho que tengamos cerca. Se arranca de raíz lo que no da fruto y hasta me atrevo a asegurar que muchas veces el árbol no da fruto porque la tierra donde lo plantaron no es la adecuada o no recibe ni el agua ni el abono suficiente para que fructifique. Llevo una semana afectada por el suicidio de una vecina mía de mi calle. No había violencia física, la había psicológica que mina tanto como la otra. Rosa se cansó de escuchar que no servía para nada, que iba a ser tirada por el balcón por el bravucón cobarde de su dueño. Nunca había hablado con ella, ni sabía su nombre ni de su tragedia. La calle urbana no da para más. Supe de la noticia y, al contemplar su foto en la esquela mortuoria en la parroquia, me estremecí. Hace pocas semanas supe que hay una expresión “muy castiza” donde a las mujeres se nos califica de pensar sólo con la vagina. La expresión es literal. Me gusta ser elegante en el lenguaje, sobre todo cuando escribo, pero no me amilano cuando tengo que utilizar una expresión dura. Los eufemismos desenfocan la realidad y la edulcoran. Ni que decir tiene que esa expresión me la aplicaron a mi persona y encima venía de una persona culta. Los años me van haciendo controlar ese genio vivo que dicen que tengo y encajé la “gracia” protestando con una sonrisa. Al cabo de varios días supe contestar con serenidad y contundencia. Se me aclaró que “pensar con la vagina” no tenía connotación erótica, sino emocional. Las mujeres, me aclararon, no pensamos con la cabeza, sino con las emociones. Que todo nuestro mundo mental lo reducimos a lo afectivo maternal, de ahí lo “de vagina”, lugar por donde parimos. No sé cuántos milenios de civilización masculina llevamos. No sé cuántos milenios llevamos de civilización pensada con la cabeza masculina, pero a juzgar por los frutos no nos ha lucido bien “el pelo” de la historia. No tengo nada contra la condición masculina y me llevo bien con ellos. Me rebelaré toda mi vida a que la definición más grande que se le puede hacer a una mujer es aludir a su pureza sexual y a su capacidad de ser limpia en su hogar. Sus otras cualidades son secundarias. Cuando escribo esto es la tarde del 24 de diciembre. Mañana celebraremos la Navidad, el nacimiento de un niño que supuso un revulsivo en la historia de la humanidad. Un niño que, desde nuestra fe, le confesamos el Hijo de Dios, y que así de humano sólo puede ser el mismo Dios. Mujeres: ¿os habéis dado cuenta que el evangelista Lucas presenta a Maria atenta al crecimiento de su hijo? ¡Guardaba las cosas en lo profundo de su corazón! A Jesús se le removían las entrañas compasivas viendo el sufrimiento. Pensaba con el corazón y actuó de acuerdo a él Nadie duda de que Teresa de Jesús fuera una gran mística y sin embargo dicen que le achacaban que su cabeza, muy bien estructurada, era propia de un varón. Y es que en aquellos tiempos y en estos, el pensar, debe de ser una cualidad exclusivamente masculina. Sólo que algunas veces la naturaleza se confunde y alguna mujer, según ellos, sale con esa cualidad “contranatura”. Soy irónica. Os aseguro que estoy en mis cabales, que el cava no me afecta. Las mujeres me entenderán mejor este dolor “irónico”. Como mujer reivindico la capacidad emocional como fuente de conocimiento. Reivindico para mí y para todas las mujeres la capacidad analítica de todo tipo de saber. Reivindico que mi dignidad y la de todas mujeres del mundo no debe estar supeditada a criterios de género; que nadie puede segar la vida de nadie, ni ningún hombre se ha de erigir en dueño avasallador de ninguna vida de mujer hasta el punto de inducirla a suicidarse. A todas las Rosas del mundo, incluida mi madre que supo lo que fue la violencia de género y a todas las Felisillas del mundo que vivieron una infancia cruelmente machista. Mi madre no se tiró por la ventana. Supo “tirar para adelante” y salir del “Egipto” donde estaba angostada y lanzarse al éxodo en busca de una tierra prometida. Se lanzó “al desierto” para salvar su vida y la de sus tres hijos. Yo, la pequeña. En cada asesinato de mujer, a mi rabia siempre añado una pregunta angustiosa: “¿Cuántas Felisillas habrá en esta historia? Quizás con este desvelamiento personal entendáis que el suicidio de Rosa haya sido como un revulsivo que ha llevado a sincerarme. Feli Alonso Curiel Bilbao.- España NOTA DEL EDITOR.- Es obvio que la violencia de género y la proliferación de la muerte de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas es enorme. Parece como si fuera una epidemia. Apreciamos mucho las consideraciones que Feli nos incluye en su artículo.
Queremos dar las gracias a Julia Merodio por su Taller de Oración de Adviento, pero muy especialmente por lo que ha mandado en Navidad y en esta última entrega. Nunca podrá imaginar el bien que hace ni la gente que lee sus oraciones. En ellas hay una mezcla de novedad, profundidad y cercanía que llevan a Dios. Creo que debemos recordárselo de vez en cuando pues tiene que ser duro trabajar en silencio semana tras semana. Que el Señor te bendiga, a ti también Julia, y a todos los que hacen Betania y le damos las gracias a Ángel por contar con tan buenos colaboradores. Pido por vosotros. Magui NOTA DEL EDITOR.- Creemos que Magui ya nos ha escrito otras veces. Este correo llegó después de nuestro cierre, aunque como decimos en la nota del Editor de abajo iremos añadiendo los que, de interés, nos vayan llegando. Y damos las gracias a Magui en nombre de Julia a quien ya hemos remitido el correo.
Puntualmente todos los años cuando se va acercando la Navidad, suelo acudir a charlar con Modesto, aquel amigo de la infancia del que ya he hablado en estos escritos, que un buen día decidió marchar a un Monasterio enclavado en la sierra de Albacete para vivir su vida monacal, dedicada por entero a Dios y para ayudar espiritual y humanamente a todos cuantos acuden a él. Modesto es, esa clase de persona que simplemente conversando y al cobijo de la soledad de la montaña, te infunde una tranquilidad de conciencia que te hace sentirte más cerca de Dios. El diálogo entre dos amigos se convierte en confesión sincera. Después de asistir a la celebración de la Santa Misa, en la capilla de aquel lugar sagrado, compartimos un reconfortante café en el marco de su humilde y austera habitación. Me llamó poderosamente la atención, una felicitación navideña depositada sobre su sencilla mesa de trabajo, en la que se leía una hermosa frase “Allí donde hay amor, está la Navidad”. Y efectivamente así tendría que ser; tiempo de paz, tiempo de amor, tiempo de vivir momentos felices junto a la familia, celebrando el nacimiento de Niño Dios. Con cierta nostalgia los dos amigos, recordamos las Navidades vividas en nuestra pasada juventud y aquel espíritu navideño que se respiraba en nuestra pequeña Ciudad, que nos llenaba de alegría y felicidad. Las calles, que en aquellos tiempos no contaban con grandes almacenes iluminados ni con escaparates tentadores, estaban adornadas con sencillas pero bonitas guirnaldas de luces, y eran recorridas por infinidad de pandillas de jóvenes que con ambiente festivo cantaban, bailaban y felicitaban a todos cuantos se encontraban a su paso. Todos, conocidos o no, nos deseábamos “Felices Pascuas”. Las familias para la cena de Nochebuena, intentaban superar un poco el presupuesto familiar, ya que se añadía normalmente pollo, que era una carne que en la mayoría de los hogares, solo se comía por esas fechas y en días muy señalados y algunos dulces. Una vez concluida la cena, toda la familia asistía, a veces pisando la nieve, a la Misa del Gallo. Los padres se sentían felices de ver a todos allí reunidos. Todo resultaba hermoso, todo rebosaba paz. Al regresar de la Iglesia, en torno a la mesa de camilla y al brasero de carbón, la familia, amigos y vecinos cantaban canciones populares y los villancicos de siempre, acompañados de zambombas, panderetas y la socorrida botella de anís rascada con una cuchara y se bebían copitas de aguardiente y se tomaban rolletes, magdalenas y mantecados, que previamente habían sido confeccionados por las mujeres de la casa, en cualquier horno de leña. Y la noche serena y tranquila se convertía en noche de paz, en noche de amor. Ahora, todo es diferente, claro, y las Navidades son casi de locura, días de todo vale y de lo que no te lleves por delante, es lo que pierdes. Ahora, casi todos vivimos con excesiva euforia, con excesivo gasto y echando la casa por la ventana. No es suficiente con el besugo, el pavo, el cordero y algunos mariscos, sino que también queremos llevar a nuestra mesa angulas, pagando precios extraordinarios y bebiendo champán o cava de la mejor marca. En fin, parece que nos hemos vuelto locos y creemos que comiendo lo que ya no nos pide el cuerpo y bebiendo hasta la extenuación, somos más felices, sin acordarnos de todos aquellos que pasan frío, hambre y miseria y que también para ellos nace el Niño Jesús, el niño pobre hijo de un modesto y noble carpintero, José y de una sencilla mujer, María. Pero todo esto es así, aunque Modesto y yo, sigamos añorando aquellas navidades sencillas y felices que vivimos, sin saber si fueron mejores o peores que las de ahora, pero que existieron dejándonos tan bonitos recuerdos. Finalmente, nos despedimos con un emotivo abrazo, comentando lo felices que hubieran sido José y María, además de por el nacimiento de su Hijo, si hubieran podido tomarse unos rolletes, unas magdalenas y unos mantecados y bebiendo una copita de aguardiente. José Guillermo García Olivas. Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos a José Guillermo su escrito, siempre tan oportunos y adecuados.
Pablo empieza a dudar si los Reyes Magos fueron 3 o en realidad son dos. Si vinieron de Oriente o de un lugar cercano a su habitación. Tendré que aclararle que los primeros fueron pocos (Melchor, Gaspar y Baltasar), que atravesaron muchos caminos hasta llegar a su destino, Belén, donde le ofrecieron sus presentes a Jesús. ¿Qué pasó después? Pues que para llegar a los demás niños, Jesús vio que no era suficiente con tres pajes y pensó en los padres como futuros ayudantes. Oro, incienso y mirra no debíamos llevar. En su lugar debíamos dejar, si acaso, un juguete, pero sobre todo, mucho cariño, ilusión, fe y alegría. ¿Son los Reyes, los pajes, los padres? Por supuesto que sí, pero no sólo en Navidad, sino siempre. En realidad, para eso estamos aquí, esa es nuestra misión. Guiar a nuestros hijos por los caminos de la vida, como lo hicieron los Magos. Enseñarles a ver la luz de la estrella en los rostros de las personas que les rodean, en los libros que leen, en los ratos de ocio, en.... para que cuando se sientan desorientados, sepan reencontrar el camino. Magos debemos ser, pero no como Harry Potter sino de verdad de la buena. No tenemos bola de cristal, ni varita mágica, ni escoba, pero con muchos otros medios contamos, para intentar transformar la tristeza en ilusión, la desesperanza en esperanza, de tantos y tantos con los que nos cruzamos. No sólo pajes para los peques sino para todos. Camellos no tenemos, pero coche, pies, seguro que sí. ¿Lo intentamos? ¿Nos ponemos en camino? ¿Cogemos la lista y cumplimos un deseo de alguien cercano? ¿Le damos un beso, un abrazo a alguien?, ¿hacemos una llamadita de teléfono, nos interesamos por alguien, visitamos a algún enfermo..?. ¿Somos Reyes por un día? ¿Una semana, un mes? ¿Pajes para siempre? A ver si hacemos magia y en vez de 3 son 300, 3.000, 30.000, 300.000 Reyes Magos. Si en vez de ser un niño el que sonría conseguimos que ni uno sólo tenga que sufrir por falta de cariño. Maite Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Maite tiene razón. Y es muy emocionante leerla.
¿Recuerdas? Betania era nuestra casa en aquellos tiempos. Y conversábamos ahí, como sentados a la mesa - quizás con una taza de café en mano - expresando nuestras verdades, como las veíamos, como las sentíamos. César de Argentina era parte de la tertulia internacional y Ángel su árbitro. Y se agregaron, furtivamente Tomás Diez y Sergio Blume. ¡Eran tiempos estupendos! Que hayamos coincidido en esta temporada de Adviento es presagio de un acogedor reencuentro en esta casa nuestra, Betania. Gracias por comunicarte. Feliz Navidad a ti también, Fernando Puerto Rico NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos mucho la respuesta de Fernando que inmediatamente hemos enviado a José Luis. Sí, Fernando menciona esas personas que dieron un enorme brillo –y no pocas polémicas—a esta sección de Testimonios. Ojalá todos ellos volvieran.
Se han recibido más correos de interés que intentaremos añadirlos más adelante. Igualmente, como el presente número tiene casi dos semanas de duración si se recibiera alguno también interesante pasaríamos a incluirlo. Muchas gracias. Y Feliz Año Nuevo a todos los lectores de esta sección.
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