

Domingo Segundo después de Navidad
3 de Enero de 2010
La homilía de Betania 1.- ¿ESTAMOS DISPUESTOS A RECIBIRLE? Por José María Martín OSA 2.- ¡PALABRA DE DIOS! Por Gabriel González del Estal 3.- LA “PALABRA” DEFINITIVA DE DIOS PARA TODOS NOSOTROS Por Pedro Juan Díaz 4.- PALABRA DE AMOR Y DE VIDA Por José María Maruri, SJ 5.- SIN PALABRAS Por Javier Leoz 6.- ELECCIÓN Y PREFERENCIA Por Antonio García-Moreno 7.- COMO UNA SEGUNDA NAVIDAD Por Ángel Gómez Escorial LA HOMILÍA MÁS JOVEN NUESTRO DIOS ES COMUNICATIVO Por Pedrojosé Ynaraja 1.- ¿ESTAMOS DISPUESTOS A RECIBIRLE? Por José María Martín OSA 1.- Para muchos no es la Navidad, sino las "Navidades". Su celebración va unida a las cenas de empresa, la lotería, la cesta, Papá Noel -la esencia de la Navidad según un spot publicitario-, el abeto, las bolas y el espumillón, el aguinaldo, las panderetas y zambombas, el pavo, el champán, el turrón, los mazapanes… El gasto inútil y el desenfreno alcanzan cotas inimaginables. ¿Es esto la Navidad? Olvidamos con frecuencia el origen de lo que estamos celebrando. Sólo cuando nuestra mirada se desvía hacia el Belén y vemos al niño sonriendo en su cuna de paja nos damos cuenta de la razón de todo esto. 2.- Nos dice el Evangelio que la Palabra “vino a los suyos y no la recibieron”. ¿Seremos nosotros capaces de recibirla? La Encarnación es el misterio del Amor de Dios al hombre. Dicen que los cuentos son pequeñas historias que sirven para entretener y para dormir a los niños. Hace unos días leí este cuento escrito por un buen amigo, un cristiano comprometido, que quiere permanecer en el anonimato. Pero este cuento no quiere adormecer sino despertar nuestro corazón, despertar nuestro compromiso con la utopía de Jesús de Nazaret, tal vez un poco aletargado. Jesús tuvo un sueño: El Reinado de Dios. “Aconteció que una familia obrera formada por José y María esperaba una criatura. José tenía en es momento un trabajo de peón de seis meses de duración, nunca había tenido un empleo estable. Su vida laboral era de trabajo en trabajo con contratos de corta duración. María estaba en la economía sumergida, poniendo asas a bolsos. Tenía que echar muchas horas para ganar algo. La suma de los dos sueldos no daba para mucho y menos para pagar el préstamo de su piso de 70 metros cuadrados. Con el tiempo se le juntaron demasiados recibos sin pagar. El banco ejecutó el desahucio. Ni siquiera sirvió la petición desesperada de María y José de esperar unos pocos meses después de dar a luz. La ley no defiende a los pobres ni a los débiles, es la ley de los fuertes contra los indefensos. Fue un día frío de enero cuando la orden judicial se aplicó con rigor. José y María se quedaron en la calle. Un vecino tuvo la amabilidad de permitirles dejar sus pocos enseres en un almacén. Fueron buscando alguna pensión, pero o estaban cerradas o no querían darles habitación por la pinta que tenían. Les decían lo mismo una y otra vez: "Aquí no hay sitio para ustedes”. La tristeza, la angustia, la desolación hicieron mella en María. Aunque según sus cuentas faltaban veinte días para dar a luz, se puso de parto. Las circunstancias de la vida hicieron que en ese mismo instante estuvieran pasando por un descampado de la periferia; José miró y buscó con ansiedad a alguien que les ayudara, pero no vio a nadie, sólo vio una fábrica cerrada, vieja, cochambrosa. José cogió de la mano a María, le dio un beso en la frente y le ayudó a llegar a la fábrica. Allí se encontraron con un grupo de hombres y mujeres inmigrantes alrededor de una lumbre, cenando algunas latas y pan. José y María se asustaron, pero estos inmigrantes les sonrieron y prepararon con sus viejos enseres una cama. Las mujeres ayudaron a dar a luz a María. Nació un niño de poco peso, porque, como dijimos antes, sus sueldos no daban para mucho y los precios de los alimentos estaban por las nubes. La alegría fue enorme. Una fábrica cerrada por una de tantas reconversiones, que buscaban el máximo beneficio económico por encima de las personas, había servido de cuna para alumbrar una vida. María y José miraban a este niño con un inmenso cariño: a veces la vida se abre entre tantas injusticias. José dirigió su mirada hacia los inmigrantes, una mirada de agradecimiento y de perdón, porque él había pensado en infinidad de ocasiones que no eran buena gente y que quitaban el trabajo a los del lugar. Se sintió hermano con ellos. Pero, esa mágica noche no acabó así. Sin saber muy bien por qué apareció Antonio, María, Isabel, Pedro, Luis, Juan, Carlos, Pepe, Juana... gente obrera, sencilla, cansada de echar muchas horas de trabajo en turnos, con un jornal pequeño y siempre con el miedo al despido o a no renovar el contrato. José y María quedaron desconcertados, no entendían nada, absolutamente nada. Uno de ellos se acercó y les dijo: Hace tiempo esperábamos a un Salvador, alguien que nos liberara de la opresión y la resignación. María, José, ese Salvador es vuestro hijo, dijeron. Tuvieron que pasar muchos años para que María y José entendieran lo que les acaba de suceder. Este acontecimiento abrió el horizonte de una nueva esperanza, porque Dios está con-nosotros, no contra-nosotros. El nacimiento de Jesús de Nazaret fue una Buena Noticia, siendo los primeros que la recibieron los más humildes y olvidados de la sociedad”. 3.- Demos gracias a Dios por el Niño-Dios hecho hombre por nosotros. Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. En tiempo de Navidad descubrimos la solidaridad de Dios con los hombres. Somos hijos de Dios y hemos recibido gracia tras gracia. ¿No es éste un motivo para alegrarse? 2.- ¡PALABRA DE DIOS! Por Gabriel González del Estal 1.- La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre. Ya hemos comentado, más detenidamente, en el día de Navidad este prólogo al evangelio de San Juan. Hoy quiero fijarme más en la Palabra de Dios, como luz que ilumina diariamente nuestro caminar en nuestras eucaristías diarias. Diariamente, cuando el lector acaba de leer la primera o segunda lectura de la Biblia invita al pueblo a alabar a Dios, diciendo “Palabra de Dios”, a lo que el pueblo responde “Te alabamos, Señor.” Y, cuando el sacerdote termina de leer el evangelio, dice “Palabra del Señor”, a lo que el pueblo responde “Gloria a ti, Señor, Jesús”. Pues bien, lo que yo quiero hacer hoy es resaltar la importancia que tiene la proclamación del lector y lo que nosotros respondemos, cuando cada día proclamamos la Palabra de Dios, en la eucaristía. Cuando nos dicen “Palabra de Dios” nos están diciendo que es Dios mismo el que nos ha hablado, por lo que nosotros debemos sentirnos animados a alabar a Dios, por haberse dignado dirigirse a nosotros con su Palabra. Ya sé que hay lecturas que, literalmente, no son fáciles de interpretar como palabra de Dios, pero, en estos casos y en todos, hay que saber descubrir el mensaje religioso que todas las lecturas quieren darnos. A veces, la letra parece ocultar el mensaje, pero, si somos capaces de descubrir el espíritu del mensaje, veremos que el Espíritu que nos habla a través de las palabras es un Espíritu que siempre nos vivifica. El mensaje que la Palabra quiere transmitirnos siempre es un mensaje revelado por Dios, aunque las palabras, repito, algunas veces parezcan ocultar este mensaje. También aquí es válida la frase de que “la letra mata, pero el espíritu vivifica”. A través de la Palabra siempre es Dios quien nos habla, aun cuando algunas veces las palabras portadoras de este mensaje no hayan sido las más acertadas. Cuando oigamos decir “Palabra de Dios” alabemos, de corazón, a Dios mismo por haberse dignado comunicarnos un mensaje de salvación y, cuando oigamos decir “Palabra del Señor”, glorifiquemos de corazón a Cristo, Palabra del Padre, por comunicarnos su evangelio. 2.- La sabiduría se alaba a sí misma. Quizá la palabra sabiduría debería haber sido escrita aquí con mayúscula, porque es una sabiduría personificada, es la Sabiduría de Dios, es la misma Palabra de Dios comunicada a los hombres. “Los santos”, “los escogidos”, “los benditos”, son los que han recibido esta Sabiduría de Dios, creada antes de los siglos, y que no cesará jamás. Esta Sabiduría de la que habla el libro del Eclesiástico no es la ciencia de los científicos, sino la inteligencia y la prudencia que Dios concede a los humildes y a los limpios de corazón; es Dios mismo que se da a los que, con humildad, le buscan. Debemos pedir todos los días a Dios que nos dé un corazón sabio y una inteligencia penetrante y humilde, para acertar en el camino de la vida y de la salvación. 3.- Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos. Somos hijos de Dios porque él ha sido nuestro creador y ha querido ser nuestro Padre. Dios quiere que nos comportemos como auténticos hijos suyos y como hermanos de Cristo. La filiación divina es un don, pero el comportarnos como hijos de Dios y como hermanos de Cristo depende, en gran parte, de nuestra voluntad y de nuestro esfuerzo. Dios quiere que vivamos de tal manera que nuestra vida “redunde en alabanza suya”. Como criaturas debemos ser alabanza del Creador. Ya San Ireneo decía que “la vida del hombre es gloria de Dios”. Estamos todavía en tiempo litúrgico de Navidad, esforcémonos por nacer y por vivir cada día como auténticos hijos de Dios. 3.- LA “PALABRA” DEFINITIVA DE DIOS PARA TODOS NOSOTROS. Por Pedro Juan Díaz 1.- Si hay una palabra que hoy destaca por encima de todas en las lecturas es precisamente “La Palabra” con mayúsculas. Esa “Palabra” con la que Dios creó el mundo en el principio, esa “Palabra” que acompañaba la vida del pueblo de Israel, que era la voz de los profetas, la “Palabra” que anunciaba al Mesías esperado se ha hecho de nuestra propia carne y sangre, se ha encarnado en nuestra propia naturaleza humana, sin perder la suya, ha puesto su tienda de campaña para quedarse entre nosotros. Y todo esto aparece ante nuestros ojos si somos capaces de contemplar el pesebre y descubrir en ese niño acostado y envuelto en pañales a “La Palabra” definitiva de Dios para todos nosotros. 2.- La primera lectura, que es el “himno a la sabiduría”, nos recuerda que esa “Palabra” es sabia, es veraz. Jesús nos muestra el verdadero rostro de Dios, no solo con su palabra y su mensaje, sino también con su manera de vivir. Ahí radica la sabiduría, en que seamos capaces de vivir en coherencia con lo que pensamos y de pensar conforme al Evangelio. Con esa “Palabra” de sabiduría Dios crea el mundo y lo “recrea” enviando a su hijo Jesús, su mejor Palabra. Y esa “Palabra” se ha hecho VIDA. Hoy en día las palabras se quedan cortas si no van acompañadas por una vida que las refrende. Por eso la de Jesús permanecerá para siempre, “cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”, nos dice. Él ha refrendado su palabra con la entrega de su vida. 3.- La de Jesús es una palabra que merece toda nuestra atención. Es una palabra que viene a nuestra vida para darle un sentido verdadero y de felicidad. Es una palabra que no sólo encontramos aquí o al leerla, sino que también la encontramos hecha vida en tantas personas que son capaces de “encarnarla” en sus vidas, en sus ambientes, en sus familias, en sus trabajos, entre los suyos. 4.- Dice San Pablo en la segunda lectura: “que el Padre de la gloria os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo”. El Padre nos ha dado la “Palabra” para que podamos conocerle en profundidad. Necesitamos ese “espíritu de sabiduría y revelación” para poder reconocerle vivo y resucitado en medio de nuestro mundo. Necesitamos abrir nuestros oídos, nuestros ojos, todos nuestros sentidos, para recibirle en nuestras vidas en esta Navidad. Dios nace para ti y para mí cada vez que escuchamos su “Palabra” y la intentamos hacer vida. Dios es “Palabra viva”, no puede quedarse encerrado ni parado. La “Palabra” no es para quedárnosla, sino para compartirla, para hacerla testimonio, para que cale en otros y les lleve al encuentro con Dios. 5.- Hoy puedes quedarte con la sensación que una Navidad más se te escapa sin pena ni gloria o apartar las penas y celebrar la Gloria reconociendo ante ti al salvador hecho hombre, a la “Palabra” hecha carne y vida. Un Dios que no se cansa de nacer una y otra vez para salvarte. Que acepta toda la humanidad como parte de su propia vida. Que va a iniciar su camino de humanidad para enseñarte a ser más humano. Y que una y otra vez quiere seguir naciendo si le haces un sitio en tu corazón a través de su “Palabra” que es Jesús, hecho niño, recostado en el pesebre de Belén. 6.- Hoy puedes acoger la “Palabra” que nace y darle calor y vida. Hoy puedes convertirte en LUZ. “Porque nuestro Dios, en su gran misericordia, nos trae de lo alto el sol de un nuevo día, para iluminar a los que viven en la más profunda oscuridad, para dirigir nuestros pasos por un camino de paz” (Lc 1,78-79). 4.- PALABRA DE AMOR Y DE VIDA Por José María Maruri, SJ 1.-En todo el mundo se han ido haciendo reservas naturales en maravillosas regiones de montes y valle, pobladas de toda clase de preciosos animales, regadas por limpios arroyos plagados de peces. Pues el Verbo y Palabra de Dios, que estaba desde el principio de Dios y era Dios, y por el que fueron creadas todas las cosas en las que dejó su impronta de belleza como describe San Juan de la Cruz: Mil gracias derramando Pasó por estos sotos con presura Y yéndolos mirando Con sola su figura Vestidos los dejó de su hermosura. Ese Señor pudo convertir el Paraíso, el Edén en reserva natural vigilada por ángeles conde la humanidad viviera una vida idílica y hubiera sido un gran plan. 2.- También es una idea genial de un arquitecto japonés Imai Kenji, con materiales destrozados o quemados por la bomba atómica de Nagasaki, levantar en lo alto de una colina dos inmensos mosaicos, el del amor, contra el odio, y el de la esperanza contra la desesperanza de un futuro. Trozos de porcelana de platos, braseros, floreros, soperas, porcelana roto y destrozada, forman aquel rojo de amor y verde-blanco esperanza que parece iluminar a toda la ciudad. 3.- Pues el Verbo de Dios, nos sigue narrando San Juan, luz verdadera vio este mundo cubierto de tinieblas, como aquel día de Nagasaki en el que el humo amenazaba apagar al sol. El que era la vida vio todo cubierto de muerte y sangre, como aquellos cadáveres que el río arrastraba al mar entre aguas ensangrentadas y sucias, como banco de monstruos marinos victimas de un odio sin límites. Y ese Verbo de Dios que es vida para todo hombre que viene a este mundo, decidió como el arquitecto japonés, hacer del odio y la muerte una obra de amor y de vida. 5.- SIN PALABRAS Por Javier Leoz Recientemente, en un medio de comunicación social, aparecía la siguiente afirmación: “La Navidad potencia la alegría, pero también la soledad”. 1.- La Navidad, cuando se entiende y se vive desde un vértice totalmente sentimentalista, puede resultar agobiante y hasta estresante. Pero, si está sustentada en la celebración del nacimiento de Jesús, se convierte en un surtidor de vida que, además de aportarnos júbilo, contribuye a recuperar desdelo más hondo de nuestras entrañas lo mejor de nosotros mismos. Ese es el secreto de la Navidad: que vino a nosotros, que lo reconocimos, que lo acogimos y que se convirtió, Jesús, en luz y vida. Qué bien lo expresa el prólogo de San Juan. Lo que nadie había visto nunca, de repente, es visual. Los ojos humanos lo pueden contemplar, tocar y adorar. ¡Acampó entre nosotros! Pero en un simple pesebre, lejos de cualquier palacio o conato de riqueza. Dios, luz que brilla en la tiniebla, optó por el camino de la pobreza para hacernos tremendamente ricos. Para procurarnos un poco de paz y de esperanza. Para devolver, a los caminos de nuestro vivir, un rayo de luz en medio de tanta preocupación o llanto. Qué bien lo expresó San Agustín: “Dios se humaniza para hacernos a nosotros divinos”. Y lo hace, ni más ni menos, a través de una luz divina, fecunda y celestial. 2.- Este domingo, en el corazón de la Navidad, es una invitación a meditar más aún sobre el Misterio de Dios Niño. Qué gran paradoja: Aquel que es Palabra, no puede hablar, no puede expresarse. Pero es la PALABRA. La revelación más absoluta y fiel de un Dios humanado. ¡Puede hacer alguien algo más por el hombre! Seguramente que no. Dios se emplea a fondo por dejarse ver, acariciar y amar. Y es que, un Niño, sin palabras se convierte en la PALABRA que más esperan los hombres: el amor, la felicidad o la misma vida. Fue la luz que iluminó a los pastores, la luz que guió a los magos y, también, ese destello que desde el día de nuestro bautismo va orientando la vida de los que creemos en Jesús y seguimos sus huellas. No hemos tenido la suerte de ver, cara a cara, al Redentor. Pero lo sentimos en el corazón. No hemos tenido la oportunidad de besar su carne mortal, pero –al hacerlo sobre una imagen- sabemos que, ese beso, va directamente al Misterio, a la Palabra Encarnada, a la Palabra que se dignó habitar en medio de nosotros. 3.- Mientras tanto, porque unos vieron, escucharon y escribieron todo lo que aconteció en aquellos tiempos, nosotros nos fiamos de sus palabras, de su testimonio. Damos gracias a Dios, porque en Navidad, la luz de la fe sigue viva y operante, por la fuerza del Espíritu, y a través de muchas personas –hombres y mujeres- que sienten y tienen a Dios muy cerca. Que, nosotros, además de palabra (pura palabra) seamos obra, personas comprometidas con la causa de Jesús. Que allá donde nos vean, quienes nos observen, puedan afirmar: estos cristianos, como Jesús, además de bonitas palabras se muestran tal y cómo son, como hijos de Dios. Nunca, un Dios sin palabra alguna, dijo e hizo tanto. 4.- EN EL PRINCIPIO, TÚ, SEÑOR Junto a Dios estabas, Jesús y al lado de nosotros te pones ahora, Señor: Para darnos vida y sosiego Infundirnos valor y encanto Nos hablas ya no con palabras, es que, ahora, nos hablas Tú, directamente Tú, sin intermediarios sin acontecimientos extraordinarios, sinmás promesas ni profetas: ahora TÚ, Señor, hablas con tu presencia Brillas, para que nuestros caminos no permanezcan en un túnel sin salida Eres luz, cuando en el mundo abunda la oscuridad, el destierro, las lágrimas, las tinieblas o la incertidumbre.
Ahora, Señor, ya no eres sólo Palabra: apareces junto a nosotros, para resplandecer como Aquel que enseña la ruta definitiva que une el cielo con la tierra, al hombre con Dios y a Dios con el hombre. ¿Se puede esperar más, Señor? Hoy, al mirar hacia lo alto, ya no vemos nubes ni tormentas Porque, hoy,una fuente divina ilumina la noche oscura de la humanidad: ¡ES DIOS QUE TODO LO TRANSFORMA! Amén 6.- ELECCIÓN Y PREFERENCIA Por Antonio García-Moreno 1.- Santos e irreprochables.- "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo en Cristo con toda clase de bendiciones..." (Ef 1, 3) La segunda lectura de hoy nos presenta una de esas doxologías que brotan a menudo en los escritos paulinos. Momentos en los que el Apóstol se siente lleno de gratitud hacia Dios y exclama gozoso alabando la bondad y el poder divinos. Bendice al Padre precisamente porque él nos ha bendecido con toda clase de bendiciones. Ante la repetición del verbo bendecir nos podemos preguntar sobre el sentido y significado del mismo. Bendecir equivale a decir bien. Aplicado al hombre respecto de Dios viene a significar que el hombre habla bien de Dios, reconoce su dignidad divina y la proclama. Y lo mismo que una blasfemia ofende al Señor, una alabanza le honra. Si maldecir a Dios es un pecado gravísimo, alabarle y bendecirle es un modo de darle culto y ensalzarle. Cuando la bendición la formula Dios su significado es distinto, al menos en cierto sentido. Supone también unas palabras benevolentes hacia la persona bendecida. Pero al mismo tiempo esas palabras, en el caso de ser pronunciadas por el Señor, realizan esos bienes que se expresan, ya que Dios, a diferencia de los hombres, dice y hace. Así toda bendición divina se identifica con una promesa que, tarde o temprano, será cumplida. Por eso San Pablo, al considerar cuántos bienes nos han llegado con Cristo, no puede por menos que dirigirse a Dios para bendecirle, para proclamar su grandeza infinita. Dios nos ha elegido, se ha fijado en nosotros, nos ha preferido a otros muchos, mejores quizá que nosotros. Una elección que se remonta al principio, y aún más allá, de los tiempos. Una elección que ha permanecido y sigue permaneciendo, haciéndonos objeto de la misericordia divina. Ante esta elección y preferencia no podemos por menos que sentirnos agradecidos, y deseosos de corresponder lo mejor que podamos al favor divino, que nos ha sido otorgado con tanta liberalidad y tan sin mérito alguno por parte nuestra. Esa elección tiene como objetivo que seamos santos e irreprochables en su presencia. Hombres que se esfuerzan por cumplir, en todo y siempre, los planes divinos de salvación y redención, también cuando no hay otro testigo que Dios, callado e invisible. Vivir persuadidos sin cesar de la presencia del Señor y tratar, por encima de lo que sea, de hacer su voluntad. Y todo eso tan sólo por amor a Dios, sin interés alguno, sin buscar ningún provecho personal. 2.- Los hijos de Dios. Hay quien ha dado al Prólogo del evangelio de San Juan el nombre de obertura, porque lo mismo que esa parte inicial de una obra musical, trata de alguna forma los temas principales de todo el evangelio. Así nos habla del Verbo de Dios, o Hijo Unigénito del Padre, que se hace hombre y habita entre nosotros, para revelarnos todo aquello que ha de conducirnos a la vida eterna. Nos comunica también que somos hijos de Dios, gracias únicamente al poder y a la bondad de Dios. Estas son, en cierto modo, las dos vertientes fundamentales que se destacan en este célebre pasaje evangélico: Jesucristo, Dios y hombre verdadero, es la revelación del Padre, y todo aquel que cree en Él recibe el don divino y gratuito de la filiación divina. Podríamos decir que sólo con eso ya estaría más que justificada la veneración multisecular que la Iglesia ha tenido hacia esta página evangélica, mantenida en la liturgia de la Santa Misa, durante mucho tiempo, como una bendición que cerraba con broche de oro el ritual del Sacrificio incruento de Cristo. Prueba de esa veneración es que todavía hoy, en contra de lo que suele hacerse para evitar la repetición de los mismos pasajes evangélicos, se lee también en otras celebraciones de la Eucaristía, como ocurre en la Misa del día de Navidad. Aparte de las ideas que hemos señalado como principales, hay además otras verdades que San Juan, de forma poética, nos transmite. Nos dice que por medio de la Palabra todo ha sido hecho El Verbo de Dios como causa eficiente y ejemplar de toda la creación Luego, ya casi al final de la pericopa, nos revela que la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo, de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Lo mismo que en la primera creación, también ahora se verifica la renovación del hombre y del mundo entero, como en una segunda y nueva creación, gracias al Verbo de Dios, a la Palabra que se hace carne, al Hijo de Dios que se hace hombre para morir en una Cruz por salvarnos. También nos habla de la Luz y de las tinieblas, de ese forcejeo que en un combate cósmico se libra entre el Bien y el mal, para terminar con la victoria final de Dios, pues las tinieblas nunca podrán apagar ni extinguir la Luz, esa que brilla y alumbra a todos los hombres para que descubran la huella de Dios y le sigan hasta el final. Partícipe de esa Luz era el Bautista que, como hace la aurora con el día, anunciaba la llegada de Cristo, Luz del mundo. Con un deje de tristeza nos refiere San Juan que vino Dios a los suyos y que los suyos no le recibieron. Es la tragedia del pueblo escogido que no fue capaz de vislumbrar al Mesías, prometido desde antiguo, en Jesús de Nazaret, a pesar de sus palabras y, sobre todo, de sus obras. Pero no todos le rechazaron. Hubo muchos judíos que vieron y creyeron en Cristo, le recibieron y le aceptaron, le amaron con toda el alma. Esos judíos, --entre los que destaca Juan--, así como cuantos creen en Cristo, sean de la raza que sean, esos son los hijos de la Luz, los hijos de Dios. 7.- COMO UNA SEGUNDA NAVIDAD Por Ángel Gómez Escorial 1.- Este Segundo Domingo de Navidad es como un eco de la fiesta del 25 de diciembre y nos sirve para celebrar una como una segunda navidad que, sin duda, nos viene muy bien. Y no sé si os habéis apercibido bien de la antífona de entrada de esta misa del Domingo Segundo de Navidad. Es un bellísimo texto del Libro de la Sabiduría. Lo voy a releer si os parece bien. “Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos”. Es una descripción muy bella de esos momentos del Nacimiento del Niño Dios. Se hizo la paz y el silencio en el universo para mejor ver llegar al Hijo de Dios. O, al menos, así lo interpreto yo. Deciros también que este domingo es como un reflejo –un eco dicen algunos—de la fiesta de la Navidad. Y así muchos de los textos que se reflejan en la celebración de hoy son los mismos de la Natividad. Y, sinceramente, creo que es muy buena esta “segunda oportunidad”, por si hace unos días se nos pasaron algunas cosas de la celebración del Nacimiento de nuestro Salvador. Y quiero comentar también, antes de referirme a las lecturas de este día, que hay algo de fuerte contenido cósmico en el Nacimiento del Niño Jesús. Dios se hacía hombre y la creación entera debía estar expectante ante ese hecho extraordinario. Es posible que el ámbito del género humano sea limitado, pero no así otros ámbitos y otras dimensiones. El tiempo de calmó, se “paró” un poco. Se esperaba el milagro… con un silencio sereno. ¿No es emociona todo esto? ¿No os hace volar un poco hacia lo eterno o, al menos, hacia la inmensidad del universo? 2.- Y, en cierto modo, la estela de lo que acabo de decir se aprecia en el fragmento que hemos escuchado del Libro del Eclesiástico. Es el camino de la Sabiduría divina para establecerse en el pueblo de Dios. Y ojalá esa Sabiduría viviera en medio de esta humanidad de hoy que tantos problemas tiene y que tanto se aleja de la bondad y de la serenidad. Sin embargo, llegó hace más de dos mil años y sigue entre nosotros. Deberíamos ser capaces de apreciar su presencia y aprender. La segunda lectura os ha sonado, claro. El fragmento de la Carta de Pablo de Tarso a los Efesios es un himno litúrgico de gran belleza que hemos oído muchas veces. Pero lo importante de esas palabras está en que Dios nos eligió en la persona de Cristo para ser hijos adoptivos de Él y eso por los méritos de Jesucristo. Es algo muy importante. Somos hijos de Dios y eso nos tendría que llenar de gozo en todas las horas del día. El Evangelio, como en la Misa del Día de Navidad, es el prólogo del Evangelio de San Juan. Bellísimo texto de unas resonancias poéticas de primera magnitud, pero que contiene la verdad trinitaria revelada. Cuando tengamos dudas sobre ese Dios Familia que es la Trinidad Santísima no tenemos más que leer el texto que acabamos de escuchar. 3.- Vamos pasando los días en este bendito tiempo de Navidad. El miércoles, celebramos la Fiesta de la Epifanía es que no es otra cosa que la Manifestación de Dios a los hombres. Quedan unos pocos días, unas cuantas horas, para ese momento, que celebraremos dentro de la sana algarabía de los niños que han recibido sus regalos. Pero todo está relacionado. La Palabra está entre nosotros y debemos de adorarla. Preparémonos, una vez más, para llegar el miércoles al Portal del Belén con nuestros mejores regalos, con nosotros mismos, con nuestra vida –con cosas buenas y malas—para ofrecérsela a ese Niño que nos ha nacido. LA HOMILÍA MÁS JOVEN NUESTRO DIOS ES COMUNICATIVO Por Pedrojosé Ynaraja 1.- El prólogo o inicio el evangelio de san Juan, os puede parecer un galimatías. En primer lugar debéis saber, mis queridos jóvenes lectores, que cuando uno lo ve por escrito, Palabra, este término, lo ponen los editores actuales con mayúscula, y algo debe enseñarnos este proceder. Trataré de comentároslo a mi manera, no esperéis disquisiciones teológicas, que no es este el lugar de hacerlo. La Divinidad, Padre(Abba)-Hijo Unigénito-Espíritu(Santo), decidió hacerse presente en el planeta Tierra, ponerse en comunicación íntima con los que en él estaban. La más simple toma de contacto, supone dirigir un vocablo a quien se quiere entrar en contacto. Pronunciar una palabra. No un mensaje cifrado, o SMS, o un silbido, que todo ello puede crear confusiones. Dios mismo decidió hacerse Palabra viva, humana, expresiva, determinante. Así empezó la Revelación. El libro de Génesis nos dice que el inicio, el balbuceo, ocurrió en el lugar santo de Siquem (Ge 12,6). Abraham lo escuchó y se avino a conducir su vida de acuerdo con aquellas misteriosas palabras escuchadas y por ello, de inmediato, le contesta con un sacrificio, bajo la encina de Moré. Era la única manera que tenía de expresarse, el sacrificio era el único lenguaje que podía utilizar. 2.- Pasaron los años y Dios quiso hacerse comunicativo sin interferencias. Si había empezado a manifestar los secretos de su más íntimo ser, ahora se haría compañero de viaje, de aventura, de propósitos… El proyecto era apasiónate, a Dios le ilusionaba y vino a ponerlo en práctica. Vino a aproximarse a los que consideraba que eran los más suyos. Como un familiar que ha amasado una gran fortuna en el extranjero, decide ir a encontrarse con sus parientes y escoge los de familiaridad más próxima. Pero estos afortunados, no le recibieron. ¡Qué lamentable fue su actitud! Probó suerte con otros, pero antes envió a alguien que le presentara como amigo, fue Juan, un hombre impresionante, nacido en un villorrio, entrenado en el desierto, de vida austera y de palabra audaz. El resultado fue que algunos le aceptaron, que le acogieron como vecino de camping, como amigo. Se alegró tanto nuestro Dios-enviado, que premió a estos que le habían hecho su amigo, con la mayor fortuna que uno pueda imaginar: convertirse en hijos de Dios. Los tales, nos advierte el evangelio, no lo han sido por herencia genética, ni por identidad nacional, ni por categoría social o económica. Fue por pura gracia, gratuitamente. Cuando afirmamos que Dios se ha revelado a la humanidad, estamos diciendo, en otras cosas, que Dios se ha comunicado. Ser persona cerrada, reservada, habitante de una isla fabricada por uno mismo, es levantar un muro que dificulta la comunicación personal, también la divina. 3.- Este Dios-Palabra se definió como verdad y algunos, también entre la gente de misa, han escogido la reserva, la prudencia. Por mucho que os lo aseguren, aunque veáis que da resultado inmediato, no os dejéis engañar. Sed sinceros, comunicativos, que la gente os conozca y pueda confiar en vosotros. Haciéndolo así le imitáis a Él. (Acordaos que se definió: soy el camino, la verdad y la vida. (Aunque algunos quieran modificar el Evangelio y parece que hubiera dicho el Maestro: yo soy el camino la restricción mental y la vida. Y los tales se sienten muy cristianos al obrar según este criterio. En consecuencia, los que quieren enmendar a Dios, muy pronto desfallecen). Hay que arriesgarse, hay que ser audaces. Oiréis que algunos dicen: a Dios nadie lo ha visto y yo si no veo no lo creo, y no les falta razón. Lo que pasa es que quien se atreve a creer en Jesús, se encuentra un día, que sin casi notarlo, se lo ha dado a conocer. Más que ver, que la vista también se equivoca, siente el Amor, tiene la convicción de ser tenido en cuenta y aceptado por el Ser Superior que estaba buscando. Y la experiencia de amor es la mejor prueba, la más segura, de existencia. Ningún enamorado necesita documentos judiciales de que la enamorada existe, es suficiente y seguro, saber que le aman.
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