EL PAPA PIDE UNA DISMINUCIÓN DE LOS GASTOS MILITARES EN EL MUNDO

BENEDICTO XVI: EL RESPETO A LA CREACIÓN EXIGE EL RESPETO A LA VIDA HUMANA

EL PAPA PIDE A IGLESIA ESTADOUNIDENSE UNA “CULTURA VERDADERAMENTE CATÓLICA”

ENCONTRAR A DIOS EN LOS MIGRANTES Y EXTRANJEROS

MÉXICO: ANTIGUO CONVENTO DE AGUSTINAS RECOLETAS RECUPERADO PARA MUSEO

VISITA DE LOS OBISPOS VASCOS A SUS MISIONES DIOCESANAS EN ECUADOR

CÁRITAS ESPAÑOLA REFUERZA SU SOLIDARIDAD CON SUDÁN EN UN MOMENTO CRÍTICO PARA LA PAZ ENLA REGIÓN


EL PAPA PIDE UNA DISMINUCIÓN DE LOS GASTOS MILITARES EN EL MUNDO

Especialmente en armamento nuclear

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org [Por Inma Álvarez]).- El Papa Benedicto XVI pidió hoy una disminución de los gastos militares, especialmente en armamento nuclear, en su tradicional discurso de Año Nuevo al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. La audiencia se celebró a las 11 horas en la Sala Regia del Palacio Apostólico. Durante su intervención, el Papa retomó su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de este año, dedicado a la cuestión del medio ambiente. La protección de la creación “es un factor importante de paz y justicia”, afirmó el Papa, e insistió que “entre los numerosos retos que esta protección plantea, uno de los más graves es el del aumento de los gastos militares, así como el del mantenimiento y desarrollo de los arsenales nucleares”. “Este objetivo absorbe ingentes recursos económicos que podrían ser destinados al desarrollo de los pueblos, sobre todo de los más pobres”, añadió.

El Papa mostró su confianza en que en la próxima Conferencia de examen del Tratado de no proliferación de armas nucleares, que tendrá lugar en Nueva York en mayo, “se tomen decisiones eficaces con vistas a un desarme progresivo, que tienda a liberar el planeta de armas nucleares”. Por otro lado, el Pontífice condenó “la producción y la exportación de armas”, que actualmente “contribuye a perpetuar conflictos y violencias”, especialmente en África.

Se refirió en concreto a los conflictos de Darfur, Somalia y la República Democrática del Congo, en los que deploró “la incapacidad de las partes directamente implicadas para evitar la espiral de violencia y dolor producida por estos conflictos”. A esto, se añade la aparente impotencia de otros países y Organizaciones internacionales para restablecer la paz, sin contar la indiferencia casi resignada de la opinión pública mundial”. “No es necesario subrayar cuánto perjudican y degradan estos conflictos al medio ambiente”, añadió.

Condenó también “el terrorismo, que pone en peligro muchas vidas inocentes y causa una difusa ansiedad”. “En esta solemne ocasión, quisiera renovar el llamamiento que hice el 1 de enero, en la oración del Ángelus, a todos los que pertenecen a cualquier grupo armado, para que abandonen el camino de la violencia y abran sus corazones al gozo de la paz”.

RECURSOS PARA TODOS

Estas “graves violencias”, explicó el Papa, “unidas a las plagas de la pobreza y el hambre, así como a las catástrofes naturales y a la destrucción del medio ambiente, hacen que aumente el número de quienes abandonan sus propias tierras”. Subrayó que, precisamente, la lucha por acceder a los recursos naturales, es una importante fuente de conflictos, especialmente en África, y una “fuente permanente de riesgos” para la paz. “Por este motivo, repito con firmeza que, para cultivar la paz, hay que proteger la creación”, añadió. La salvaguardia de la creación “implica una gestión correcta de los recursos naturales de los países y, en primer lugar, de los más desfavorecidos económicamente”.

Especialmente quiso recordar la situación de África, tal y como se reflejó en el reciente Sínodo de los Obispos. “Los Padres sinodales señalaron con preocupación la erosión y la desertificación de grandes extensiones de tierra de cultivo, a causa de una explotación desmedida y de la contaminación del medio ambiente”. El Papa afirmó que “en África, como en otras partes, es necesario adoptar medidas políticas y económicas que garanticen «formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos”.

También se refirió al tráfico mundial de droga, que se produce en muchos países pobres. “Hay todavía extensas zonas, por ejemplo en Afganistán o en ciertos países de Latinoamérica, donde la agricultura, lamentablemente relacionada todavía con la producción de droga, es una fuente nada despreciable de empleo y subsistencia”.

“Si se quiere la paz, hay que preservar la creación mediante la reconversión de dichas actividades y, una vez más, quisiera pedir a la comunidad internacional que no se resigne al tráfico de drogas y a los graves problemas morales y sociales que esto produce”, agregó el Papa. Por último, exhortó a todos los países “a trabajar con confianza y generosidad por la dignidad y la libertad del hombre”, conscientes de que “la ecología medioambiental se beneficiará también de ello, ya que el libro de la naturaleza es único e indivisible”.


BENEDICTO XVI: EL RESPETO A LA CREACIÓN EXIGE EL RESPETO A LA VIDA HUMANA

“La tierra puede alimentar a todos”, afirma el Papa

CIUDAD DEL VATICANO, (ZENIT.org) [Por Inma Álvarez].- La protección del medio ambiente no se puede oponer a la de la vida humana. Así lo afirmó Benedicto XVI en su tradicional discurso al Cuerpo Diplomático, que tuvo lugar en la Sala Regia del Palacio Apostólico Vaticano. El Papa centró su discurso en la cuestión del deterioro del medio ambiente, en línea con su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero, subrayando que dicho deterioro tiene “causas morales”, en la “vigente mentalidad egoísta y materialista, que no tiene en cuenta los límites inherentes a toda criatura”.

“Quisiera subrayar hoy que dicha mentalidad amenaza también a la creación”, afirmó. En este sentido, mostró su “gran preocupación” por “la resistencia de orden económico y político a la lucha contra el deterioro del ambiente”, que pudieron constatarse en la Cumbre de Copenhague del pasado mes de diciembre. Rebatió tajantemente la idea, que resonó en dicha cumbre, de utilizar el control de la población como supuesta solución a los problemas medioambientales. “Si se quiere construir una paz verdadera, ¿cómo se puede separar, o incluso oponer, la protección del ambiente y la de la vida humana, comprendida la vida antes del nacimiento?”, se preguntó.

El Papa advirtió que “en el respeto de la persona humana hacia ella misma es donde se manifiesta su sentido de responsabilidad por la creación. Pues, como enseña santo Tomás de Aquino, el hombre representa lo más noble del universo”. Ademas, subrayó, recordando su discurso ante la FAO en la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, el pasado 16 de noviembre, que “la tierra puede alimentar suficientemente a todos sus habitantes”, con tal de que “el egoísmo no lleve a algunos a acaparar los bienes destinados a todos”.

Mostró su esperanza de que en las próximas cumbres de Bonn y México sobre el Medio Ambiente, sea posible llegar a un acuerdo en los órdenes económico y político “para afrontar esta cuestión de un modo eficaz”. “Se trata de algo muy importante puesto que lo que está en juego es el destino mismo de algunas naciones, en particular ciertos Estados insulares”, añadió. Por otro lado, subrayó que el deterioro del medio ambiente supone un problema de “gran complejidad”.

“Las criaturas son diferentes unas de otras y, como nos muestra la experiencia cotidiana, se pueden proteger o, por el contrario, poner en peligro de muchas maneras”. Denunció que “uno de estos ataques proviene de leyes o proyectos que, en nombre de la lucha contra la discriminación, atentan contra el fundamento biológico de la diferencia entre los sexos”. La libertad del hombre, señaló el Papa, “no puede ser absoluta, ya que el hombre no es Dios, sino imagen de Dios, su criatura”. “Para el hombre, el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe más bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador”, concluyó.


EL PAPA PIDE A IGLESIA ESTADOUNIDENSE UNA “CULTURA VERDADERAMENTE CATÓLICA”

En el 150 aniversario del Colegio Pontificio Norteamericano

CIUDAD DEL VATICANO, (ZENIT.org) [Por Patricia Navas] .- El Papa destacó la necesidad de que la Iglesia en América cultive un modo de pensar verdaderamente católico, confíe en la armonía entre fe y razón y esté preparada para ofrecer las riquezas de la fe. Lo hizo al recibir a más de 500 estudiantes y antiguos estudiantes, docentes y superiores del Colegio Pontificio Norteamericano, este sábado en el Vaticano, con motivo de la conclusión de las celebraciones del 150 aniversario de esa institución.

Benedicto XVI citó el discurso que él mismo pronunció en el estadio nacional de Washington el 17 de abril de 2008, durante su visita pastoral a los Estados Unidos. Afirmó que la Iglesia en América está llamada a cultivar “una “cultura” intelectual que sea católica de un modo genuino, confiada en la profunda armonía de fe y razón, y preparada para ofrecer las riquezas de la visión de la fe en contacto con las cuestiones urgentes que afectan el futuro de la sociedad Americana”. Y añadió: “Como el Beato Pío IX había previsto correctamente, el Colegio Pontificio Norteamericano de Roma está preparado de una manera única para ayudar a responder a este perenne desafío”.

El Santo Padre consideró oportuno que varios sacerdotes hayan vuelto a Roma para agradecer la formación académica y espiritual recibida en el Colegio. “Quiero unirme a vosotros en el agradecimiento al Señor por las muchas maneras con las que el Colegio ha permanecido fiel a su visión fundacional a través de la formación de generaciones de válidos predicadores del Evangelio y ministros de los sacramentos, devotos del Sucesor de Pedro y comprometidos con la edificación de la Iglesia en los Estados Unidos de América”, destacó.

En su opinión, la celebración conclusiva del 150 aniversario del Colegio Pontificio Norteamericano representa “una oportunidad para renovar vuestro amor al Colegio y vuestro aprecio por su misión específica para la Iglesia de vuestro país”. Y también una oportunidad “para reafirmar vuestro afecto filial a la Iglesia de Roma, para recordar las tareas apostólicas de los innumerables alumnos que se han ido antes que vosotros, y comprometeros nuevamente con los altos ideales de santidad, fidelidad y celo apostólico que abrazasteis el día de vuestra ordenación”.

“En el siglo y medio desde su fundación, el Colegio ha ofrecido a sus estudiantes una excepcional experiencia de la universalidad de la Iglesia, de la amplitud de su tradición intelectual y espiritual, y de la urgencia de su mandato de llevar la verdadera salvación de Cristo y a los hombres y mujeres de todo tiempo y lugar”, subrayó. Durante ese tiempo, más de cinco mil estudiantes se han matriculado en ese Colegio que acoge a seminaristas y presbíteros estadounidenses que se encuentran en el periodo romano de profundización de sus estudios.

En su saludo, el Papa expresó su confianza en que el Colegio continúe “formando sabios y generosos pastores capaces de transmitir la fe cristiana en su integridad, llevando la infinita gracia de Cristo a los débiles y los extraviados, y permitiendo a los Católicos de América ser levadura del Evangelio en la vida social, política y cultural de su nación”. Por su parte, en esa misma audiencia, el rector del Colegio destacó que la Iglesia en los Estados Unidos recuerda bien su visita pastoral del año 2008 y las homilías y mensajes que ofreció entonces.

También expresó su agradecimiento a las personas que han apoyado al Colegio durante esos años, especialmente “a los obispos de los Estados Unidos por haber respondido a las peticiones de Pío IX de instituir el Colegio y al deseo de Pío XII de reconstruirlo”. Y también “porque nos ofrecen no sólo seminaristas y sacerdotes estudiantes buenos y santos, sino también docentes bien cualificados para guiar a nuestra comunidad”.


ENCONTRAR A DIOS EN LOS MIGRANTES Y EXTRANJEROS

Entrevista con la hermana Marilyn Lacey

SANTA CLARA (ZENIT.org).- El temor a los migrantes es comprensible, pero superarlo es esencial para los cristianos que pueden encontrar a Dios en los extranjeros, afirma la hermana Marilyn Lacey, con treinta años de experiencia en el servicio a los “extraños”. Marilyn Lacey es de la congregación de las Hermanas de la Misericordia y directora de la organización benéfica “Mercy Beyond Borders”, que colabora con mujeres y jóvenes desplazadas del sur de Sudán para aliviar su extrema pobreza. En su libro, "This Flowing Toward Me: A Story of God Arriving in Strangers" (Ave Maria Press), publicado la última primavera, escribe sobre su trabajo con refugiados en Estados Unidos, África y Asia. La hermana Lacey ha compartido su experiencia entre migrantes y refugiados con ZENIT con motivo de la celebración en Estados Unidos de la Semana Nacional de las Migraciones, que se acaba de celebrar.

-A menudo la inmigración se describe en números pero, respecto al perfil del inmigrante individual, ¿cuáles son sus esperanzas y temores, dificultades y necesidades?

Hermana Lacey: Es muy natural pensar en los migrantes como “otros”, alguien muy diferente a nosotros. En la ley de inmigración, el término técnico usado para ellos es “alien”, que literalmente significa “otro”.Esto refuerza nuestra tendencia a temer a los migrantes, dado que generalmente nos resulta difícil confiar en personas que son percibidas como diferentes a nosotros. De hecho, los migrantes son seres humanos con familias que alimentar, hijos que proteger, sueños que conseguir. Sus necesidades más básicas son las de ser acogidos y refugiados, encontrar trabajo y hacer amigos. Como Iglesia tenemos una seria obligación –que actualmente es una estupenda invitación- a ser ese lugar de bienvenida.

Hace algunos años un refugiado católico, un joven de Eritrea recientemente reasentado en California, me expresó gran confusión diciendo: “¡Hermana, aquí en Estados Unidos las iglesias están cerradas por la noche! Yo admití que era así. Su respuesta inmediata fue: “Pero si las iglesias están cerradas, ¿donde dormirán los viajeros?”. Su pregunta debería llevarnos a un examen de conciencia. ¿Cuán acogedores somos (como personas y como Iglesia) con los extranjeros en medio de nosotros?

-La Semana Nacional de Migración de este año se centró en los niños. ¿Podría describir la vida del típico niño migrante?

Hermana Lacey: La mayor parte de mi ministerio se ha llevado a cabo con refugiados. Los niños en familias refugiadas no llevan lo que usted o yo consideramos vidas normales. Han dejado sus casas; han experimentado largos y difíciles viajes. Muchos han perdido a sus familiares o han sido asesinados. Muchos han presenciado directamente atrocidades; algunos han sido niños soldados forzados a ser violentos. Han pasado años en una existencia artificial en campos de refugiados, donde su escolarización era irregular (en el mejor de los casos) y su nutrición escasa. Su percepción del mundo es que es un lugar peligroso. Y sin embargo son maravillosamente resistentes. Si se les da un lugar a salvo y la presencia de adultos cariñosos que les apoyan, pueden prosperar.

-¿La mayoría de los inmigrantes no quitan algo a los ciudadanos del país? Especialmente en este tiempo de recesión económica, cuando muchos ciudadanos están desempleados, ¿no es natural que la gente quiera proteger sus propios recursos? ¿Hay algún modo de cambiar esta postura defensiva?

Hermana Lacey: Defender la propia familia y el país contra las amenazas es comprensible e incluso honorable. Lamentablemente, los seres humanos tendemos a confundir la identificación de las verdaderas amenazas. En mi opinión –que espero está basada en una clara lectura del Evangelio- la amenaza real a la vida y felicidad verdaderas no son los migrantes sino nuestra propia avaricia, egoísmo y acaparamiento. Los países desarrollados parecen intentar acumular más y más la riqueza del mundo mientras que al mismo tiempo ponen en acción leyes de inmigración que mantienen a los otros lejos de cualquier participación en estos bienes. El Evangelio pone ante nosotros las Bienaventuranzas: ser pobre, compartir lo que tienes, aceptar el sufrimiento, trabajar por la justicia, soportar la persecución.

Estamos incluso llamados a amar a los enemigos que tratan de hacernos daño. Mientras que el mundo trata de convencernos de que la seguridad reside en matar a nuestros enemigos, o al menos mantenerse lejos de ellos, el Evangelio nos enseña que debemos crecer en perdón, inclusión y un modo de vida que invite a todos a la mesa. ¡El cielo, está dicho, está abierto a todo el que quiera sentarse a la mesa con cada uno! Personalmente, creo que “el problema de la inmigración” no puede ser resuelto sólo con un debate racional. Debemos incluir la dimensión de fe que nos lleva a comprender que nuestra seguridad, bienestar y felicidad genuina residen en abrir nuestras puertas a los extranjeros, a personas diferentes de nosotros.

Incluso si la inclusión de los migrantes en nuestras sociedades fuera el resultado de bajar nuestro estándar de vida (que, de hecho, no es normalmente el caso, porque su presencia estimula las economías), debería ser propio de los cristianos acogerles. Dios viene a nosotros en forma de extranjeros. Este tema recorre todas las Escrituras: desde Génesis 18 (Abraham es bendecido por tres extranjeros a los que invita a su tienda) a las Revelaciones 3,20 (Dios permanece a nuestra puerta llamando pacientemente). Para mí, esto es más que teoría, es mi experiencia de treinta años pasados trabajando con refugiados y migrantes en todo el mundo.

-¿Qué puede decir de los inmigrantes que entran en el país ilegalmente? ¿Asumiendo que hay buenas razones para las actuales leyes de inmigración, no es ético condenar esta conducta ilegal?

Hermana Lacey: Algunos me preguntan: “¿Por qué estas personas no vienen legalmente? ¡Están violando nuestras leyes!”. Es una cuestión seria, que apela a nuestra obediencia a las leyes que está en el ADN anglosajón. La gente que hace la pregunta se sorprende al saber que no hay modo de que estas personas vengan legalmente porque las leyes de inmigración no les ofrecen ninguna vía para hacerlo. Sólo algunas categorías de “otros” pueden entrar legalmente, y muchos de ellos sólo por limitados períodos de tiempo. Aproximadamente la mitad de todos los indocumentados de Estados Unidos, por ejemplo, son personas que entraron legalmente pero luego sus visados caducaron y están en situación irregular. Los otros son aquellos que cruzaron una frontera sin control, usualmente personas que vienen buscando trabajo para enviar dinero para ayudar a sus familias. La actual ley de inmigración, por ejemplo, pueden mantener a los miembros de una familia esperando unos 18 años para inmigrar legalmente. ¿Cómo se conjuga esto con nuestra creencia cristiana en la sacralidad de la familia y la importancia de que la familia esté reunida? Antes de juzgar a quienes violan la ley, la cuestión clave para mí es preguntar si las leyes vigentes son éticas.

--¿Es correcto, en una economía global donde los bienes, la información y el dinero trascienden las fronteras, evitar que los trabajadores crucen también las fronteras?

--¿Es correcto, en un mundo donde algunas personas han nacido en lugares donde es casi imposible alimentar a su propia familia, evitar que la gente emigre a un lugar donde pueda proveer a sus hijos?

--¿Es correcto, en un mundo que se encoge, que los que tienen expulsen a los que no tienen?

--¿Es correcto construir muros (como el que Estados Unidos ha hecho a lo largo de su frontera sur) o vivir en comunidades cerradas que dejan a la gente fuera, mientras que al mismo tiempo vamos a la iglesia y oímos las historias del Rico y Lázaro (Lucas 16)?.

-Mucha gente puede sentir compasión por los inmigrantes pero dicen que no tienen nada extra para darles. ¿Qué puede dar el ciudadano medio al inmigrante?

Hermana Lacey: No cuesta nada (sino un poco de coraje) ser cálido y acogedor con los inmigrantes. No cuesta nada admitir que siempre hay un poco más de “sitio en la posada”. Mientras que puede ser arriesgado abrir tu puerta a un extranjero individualmente, el esfuerzo de un grupo lo hace fácil. Las comunidades de fe pueden ser importantes puntos de inicio de acogida a extranjeros. Aunque no se tenga nada de reserva, estoy completamente segura de que todos nosotros tenemos mucho que compartir, y esta alegría real se nos escapará hasta que empecemos a hacerlo. Como uno de los antiguos santos decía, “el par de zapatos extra en su armario pertenece a los pobres”. Cuando vivimos con esta clase de apertura y compartir, ¡la bendición abunda!

-¿Quiere usted decir que subrayar la tolerancia de la diversidad cultural es la respuesta a hacer que los inmigrantes se sientan mejor acogidos, o hay algo más que usted ha encontrado ayudador en abrir los corazones a la gente de diferentes razas?

Hermana Lacey: La tolerancia de la diversidad es seguramente un primer paso, pero espero que podamos movernos más allá de tolerar nuestras diferencias para celebrar cómo ellos nos enriquecen a todos. He trabajado con refugiados y migrantes de más de cincuenta países y me considero una de las personas más felices del planeta, por haber compartido tantos diferentes puntos de vista, tantas diferentes perspectivas sobre Dios, tantos modos de superar la adversidad y vivir la vida tenazmente. Rezo para que cada uno pueda arriesgarse a dar la bienvenida a un extranjero y descubrir, para su infinita sorpresa, ¡que Dios espera en su lugar para acogerle a él!

Para más información:

www.mercybeyondborders.org

(Por Genevieve Pollock, traducido del inglés por Nieves San Martín)


MÉXICO: ANTIGUO CONVENTO DE AGUSTINAS RECOLETAS RECUPERADO PARA MUSEO

Desde hace un siglo era un cuartel militar en Guadalajara

GUADALAJARA, (MEXICO) (ZENIT.org).- Lo que desde hace casi un siglo era un cuartel militar ha sido presentado por la prensa mexicana como “antiguo convento de Santa Mónica, de monjas agustinas recoletas”. La ocasión la ha brindado el contrato firmado por representantes del Ejército mexicano y del Estado de Jalisco por el que el uso del edificio pasa a manos civiles para ser transformado en museo.

Buena parte del patrimonio agustino recoleto forma un continente sumergido que de vez en cuando aflora gracias a trabajos de remodelación de viejos edificios. Es lo que ha ocurrido en Guadalajara, Jalisco, en México. Se trata de un edificio céntrico, de tres plantas y un hermoso patio central. A lo largo del tiempo el edificio ha sufrido importantes remodelaciones, según los distintos usos: primero convento, luego seminario, y finalmente cuartel, informa la página web de la Orden Agustina Recoleta.

Las monjas agustinas recoletas, que habían nacido en España (1589), se trasplantaron a México un siglo más tarde. Su primera fundación de 1688 fue realizada en la ciudad de Puebla por el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz. Su convento es, desde 1935, el Museo de Arte Religioso de Santa Mónica, único museo en todo México completamente dedicado a la vida conventual femenina. Del convento madre de Puebla nacieron después el de Oaxaca (1697) y el de Guadalajara (1720). Este último año, exactamente el 19 de febrero, se instalaron en la capital de Jalisco cinco monjas venidas de Puebla. Sin embargo, la construcción del convento no se verá concluida hasta el año 1733.

Durante más de un siglo y cuarto, las monjas vivieron pacíficamente en su convento, hasta que en 1860 fueron exclaustradas por el Gobierno de la Nación. Durante ocho años el edificio fue abandonado, y en 1868 fue puesto a subasta. Lo adquirió el humanista y filántropo Dionisio Rodríguez, que lo cedió a la archidiócesis en usufructo. Dado que en este tiempo la archidiócesis carecía de seminario al habérselo enajenado el Gobierno, dedicó el convento a este fin. Durante más de medio siglo, el Seminario Conciliar de Guadalajara estuvo instalado en este edificio que fue profundamente remodelado bajo la dirección del ingeniero Antonio Arróniz Topete.

En él se formó una de las bibliotecas más ricas de la ciudad, con cerca de 15.000 ejemplares. Los seminaristas contaban también para su formación con laboratorios de biología, química y física. Y allí funcionaba igualmente el primer observatorio astronómico que hubo en Guadalajara. Todo se vino abajo el 8 de julio de 1914, cuando las tropas de Álvaro Obregón tomaron la ciudad. El seminario fue convertido en cuartel y la biblioteca arrojada literalmente al arroyo que por allí corría. Desde entonces ha sido una instalación militar.


VISITA DE LOS OBISPOS VASCOS A SUS MISIONES DIOCESANAS EN ECUADOR

BILBAO (OMPRESS) El obispo auxiliar de Bilbao, Mario Iceta, partió ayer domingo hacia Ecuador junto al obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi. En este viaje visitarán a los misioneros y misioneras de las tres diócesis vascas, que se encuentran trabajando en ese país para -según ha comentado el obispo auxiliar- "conocer su situación y discernir el futuro de las Misiones Diocesanas Vascas". Babahoyo será uno de los destinos de los obispos en esta visita que durará hasta el día 23 de este mes de enero. En Ecuador, visitarán las parroquias en las que existe presencia misionera de las diócesis de Bizkaia, Gipuzkoa y Alava y se reunirán con los obispos y misioneros. Este es el segundo viaje conjunto que realizan ambos, ya que el pasado mes de julio estuvieron en Angola, donde visitaron Luanda y Malange, lugares en los que las Misiones Diocesanas trabajan en distintos ámbitos. Esta visita fue realizada principalmente para acompañar a los misioneros y compartir y vivir con ellos unos días de experiencia calificados como de "muy gozosos" por el obispo auxiliar. Aprovecharon también para llevar una ayuda económica a ese país y para estar y conocer a las personas y grupos que allí se encuentran.

El pasado año las Misiones Diocesanas Vascas conmemoraban los 50 años de la primera expedición de misioneros a Angola. Dicha efemérides tenía un valor añadido puesto que aquel envío misionero de octubre de 1959 fue el punto de arranque para que la aventura misionera diocesana afrontara nuevos retos en el continente africano. Pocos años después, las diócesis vascas enviarían misioneras y misioneros a los territorios de Congo y Rwanda.


CÁRITAS ESPAÑOLA REFUERZA SU SOLIDARIDAD CON SUDÁN EN UN MOMENTO CRÍTICO PARA LA PAZ ENLA REGIÓN

Aprobados 350.000 euros para apoyar sendos proyectos humanitarios en Darfur y el sur de Sudán

MADRID (CÁRITAS). Cáritas Española ha decidido reforzar su solidaridad con las víctimas de la violencia en Sudán en un momento crítico para la paz en la región, cuando se cumple el quinto aniversario de la firma del Acuerdo General de Paz entre el Gobierno sudanés y el Movimiento para la Liberación del Pueblo Sudanés y que corre el riesgo de colapsarse ante las incertidumbres creadas por las elecciones del próximo mes de abril y el referéndum de independencia del sur de Sudán. En medio de esta frágil coyuntura, el Equipo Directivo de Cáritas ha decidido, en su primera reunión de 2010, estrechar su presencia humanitaria en la zona y liberar fondos por valor de 350.000 euros para apoyar dos ambiciosos programas de ayuda humanitaria que desarrolla la red Cáritas en Darfur y en el sur de Sudán.

AYUDA HUMANITARIA A LOS DESPLAZADOS DE DARFUR

Por sexto año consecutivo, Cáritas Española renueva su compromiso fraterno con los desplazados sudaneses en Darfur. En esta ocasión se van a destinar 200.000 euros a apoyar el programa anual de ayuda humanitaria que el consorcio Cáritas/ACT (Action by Churches Together) viene ejecutando en la zona desde 2003 a favor de más de dos millones y medio de desplazados. Las acciones incluidas en esta acción abarcan desde el suministro de agua potable, saneamiento y alimentación a los desplazados hasta planes de atención médica, educación, agricultura y protección y construcción de la paz. Dentro del capítulo de agua y salud ambiental, está prevista la construcción de 21 nuevos puntos de agua y la rehabilitación de otros 5, junto a la construcción de 1.295 letrinas y la rehabilitación de otras 4.000, además de la puesta en marcha de comités para el mantenimiento del sistema de abastecimiento de agua.

En el apartado de salud y nutrición, se prevé garantizar la actividad de 13 equipos permanentes de salud y otros 9 equipos eventuales, así como la distribución a través de 5 centros de salud de alimentos especiales para 28.800 niños desnutridos. Asimismo, se incluye la distribución de ayuda alimentaria para 160.000 personas durante todo 2010.

El programa de educación, por su parte, contempla la puesta en marcha de actividades escolares para una población de 11.000 niños a través de una red de 42 escuelas, junto a la construcción de nuevas aulas en los centros ya existentes y la distribución de material escolar. En este capítulo de incluye también programas de educación preventiva sobre el SIDA. La red Cáritas en Darfur gestiona, además, dentro de este programa humanitario, las actividades orientadas a la construcción de la paz a través de 13 centros, donde se asiste a las personas afectadas por el trauma de la violencia y se forman animadores comunitarios en materias de derecho internacional y código de conducta en las emergencias.

Desde el inicio del conflicto de Darfur, Naciones Unidas estima que más de 200.000 personas han sido asesinadas y otras 2.690.000 han sido desplazadas. Asimismo, se calcula que cerca de cinco millones de personas necesitan asistencia alimentaria en toda la zona. El número de víctimas no ha dejado de aumentar durante todos estos años, a causa de un clima de violencia que se ha extendido hasta fuera de las fronteras de Darfur, en el vecino Chad, y que se dirige también contra las instituciones humanitarias presentes en la región.

La vuelta a su lugar de origen de la población desplazada sigue siendo muy difícil, al no darse las condiciones mínimas de seguridad para el retorno. Esta situación provoca que la situación dentro los campos de refugiados sea cada día más difícil, ya que, a la falta de solución al conflicto, se añade la precaria seguridad de los desplazados, sujetos a ataques intermitentes por parte de múltiples agentes: guerra encubierta entre Sudan y Chad, conflicto entre Jartum y los movimientos de liberación, y enfrentamientos entre tribus.

FORMACIÓN EN SALUD Y EDUCACIÓN EN EL SUR DE SUDÁN

Junto a esta participación en Darfur, Cáritas Española ha aprobado otra partida de 150.00 euros para apoyar un programa cuatrienal de formación de 920 profesionales de la salud y la educación en las zonas de Malakal, Rimenze y Wau, en el sur del Sudán. Esta intervención, ejecutada en el terreno por un consorcio de diversas organizaciones religiosas, consiste en dos grandes grupos de actividades. El primer capítulo incluye acciones destinadas a construir, equipar y habilitar, humana y materialmente, los centros de formación en salud y en educación. El segundo conjunto de actividades se refiere a la puesta en marcha de un proceso de enseñanza aprendizaje, presencial en el caso de la formación sanitaria, y semi-presencial en el caso de la formación docente. Con este programa se pretende reforzar el precario sistema de atención sanitaria en el sur de Sudán, así como paliar la falta de cobertura educativa de calidad.