1.- EL PAPA, INTERNET Y EL AÑO SACERDOTAL

El domingo pasado, día 24, el Papa Benedicto hizo público el mensaje referido a la Cuadragésima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebrará en todo el orbe católico el próximo 16 de mayo. Se lanzaba este mensaje en la festividad de San Francisco de Sales, patrón de la profesión periodística. (Ver texto íntegro en la sección de Noticias)

Vincula en Santo Padre Internet al modo de transmisión por parte de los sacerdotes a Internet y esa idea es, obviamente, muy bien recibida en Betania. No obstante llevamos más de 13 años –casi toda la vida de la Red—presentes en Internet para ofrecer, en la medida de nuestras posibilidades, la Palabra de Dios. Los sacerdotes están muy presentes en nuestros trabajos, aunque también hay laicos. Merece la pena leer el texto integro del Santo Padre pues comunica muchas y buenas ideas.

Relaciona Benedicto XVI la jornada de la comunicación social –y como no podía ser de otra forma—con el Año Sacerdotal y con especial patronazgo del Santo Cura de Ars. Decir que el Reportaje de esta semana –a cargo de nuestro colaborador decano, don Jesús Martí Ballester—está dedicado a esos dos contenidos: Año Sacerdotal y la vivencia de Juan María Vianney. Es un texto amplio que merece la pena ser leído. Asimismo, en Libro de la Semana se publica una biografía del Santo Cura de Ars lanzada recientemente por la Editorial Paulinas. Como sabe, asimismo, Julia Merodio, lleva varias semanas dedicando su Taller de Oración a los sacerdotes.

Es pues la contribución de Betania a tan importantes temas y muy cerca de las exhortaciones del Papa que son, siempre, rumbo para nuestros contenidos, aunque evidentemente no obviamos las sanas polémicas. O sea, adhesión sin uniformismos. Esperemos, por tanto, que todo sea del interés de nuestros lectores.

 

2.- LA RECONSTRUCCIÓN DE HAITÍ

La cifra oficial de muertos en Haití supera los 130.000, pero podrían ser más. Los heridos son medio millón y los afectados en diverso grado han de suponer mucho más de la mitad de la población haitiana. El mundo se ha volcado en ayudas y éstas siguen llegando. Ciertamente, la atención a los damnificados se hace difícil por la destrucción de las pocas infraestructuras que existían.

Ya decíamos la semana pasada, buscando explicaciones más transcendentes para esta desgracia, que la naturaleza suele “cobrarse” los excesos que se comenten contra ella. La realidad es que un seísmo de esta naturaleza, en un país más desarrollado o más preparado para la acción de los terremotos no habría alcanzado tales magnitudes de victimas: fallecidos, heridos y afectados.

Es importante que tras aplicarse la ayuda más urgente y prioritaria, comenzara, sin pausas, la reconstrucción de Haití sobre la base de evitar, en la medida de lo posible, las aglomeraciones de población en viviendas inadecuadas que han sido, entre otras, las causas fundamentales de tan terrible tragedia. Haití ha ido sufriendo a lo largo de los últimos años –aunque toda su historia es muy azarosa—una serie de desgracias naturales y de problemas políticos que han llevado al país a vivir en un completo caos. No se restañaban las heridas de una acción grave –natural o política—cuando surgía otra. Es necesario, pues, que esa espiral de destrucción termine y que, entre todos, se de una esperanza fiable al pueblo haitiano.

Nosotros mismos, los lectores de Betania, y otros cristianos, situados en los países de Europa y América, que están ayudando muy especialmente a Haití, deberíamos exigir, que, después de atender a lo más urgente y perentorio, se establezcan las bases de una reconstrucción armónica y generosa. Marcar unas prioridades en todos los sentidos para que la intensidad de la tragedia que está viviendo Haití no pueda repetirse. Esa intensidad no es sólo achacable a la fuerza de la naturaleza, sino también a los déficits de vida posible que vive la nación haitiana. Y, lógicamente, hemos de seguir con nuestras oraciones y con la ayuda económica. No dejemos de rezar por un país que lo necesita todo. Y que Dios les envíe la paz y el sosiego.