DISTINTAS REACCIONES

Por David Llena

Muy duro, y cada vez será más duro. Me refiero al desastre de Haití. Terremotos, recuerdo en mi infancia algunos en Guatemala o El Salvador, pero en aquellos no estuvieron las cámaras de televisión para mostrarnos la devastación.

Gracias a Dios la respuesta ha sido casi unánime. Desde los servicios de rescate que acudieron inmediatamente desde muchos puntos del mundo, hasta actos benéficos que aún se suceden. Pero también los más pequeños quieren contribuir con su granito de arena convocando, mediante las redes sociales. A otros jóvenes a cambiar el lugar de fiesta por un viernes y donar 10 Euros para intentar paliar esta tragedia.

Y es que como decimos siempre, Dios saca lo bueno de lo malo. Esta tragedia ha servido para que el género humano deje por unos momentos de pensar de forma egoísta para pensar en el otro más necesitado, y aquellos que tenemos fe pensar en todos aquellos otros problemas que aquejan al hombre y que matan el alma en lugar del cuerpo. Me refiero al pecado de omisión que a muchos nos aqueja, especialmente en nuestro primer mundo, y que solo acusamos en estas desgracias.

Haití es el más pobre de los países de América Central, antes del terremoto, pasaba inadvertido para la mayoría de nosotros y antes también era pobre, sin embargo casi nada hacía la comunidad internacional y es que lo que no sale en la tele no existe. El bombardeo de imágenes nos quitan objetividad, debemos hace de estas donaciones puntuales, algo periódico, siempre habrá necesidades que atender, y en la Iglesia tenemos una de las mejores instituciones dedicadas a este fin. Caritas es la respuesta constante de la Iglesia a la necesidad, es la mano abierta a los más pobres allá donde estén.

Pues frente a estas reacciones casi unánimes están las de aquellos que piensan en la denuncia porque el edificio de las Naciones Unidas no estaba preparado para tales terremotos o aquellos que aprovechan la desgracia para arremeter contra el adversario político y es que incluso en estos momentos donde todos estamos de acuerdo el Enemigo ve propicio el sembrar la cizaña.

Así que siempre, incluso en estos casos, siempre habrá distintas reacciones el Demonio se encargará de ello.

 

NO APAGARÁ LA MECHA HUMEANTE…

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Este texto del evangelio de Mateo (12,20) que hace referencia a su vez a Isaías 42, se menciona con frecuencia para justificar la inhibición ante desmadres. Déjales obrar a su manera, se dice, no te inquietes por la languidez de nuestro cristianismo, no intervengas y se concluye solemnemente: no apagues la mecha humeante…

Recuerdo ahora que en mi bachillerato, carente de tantos recursos que posee el de hoy, los aficionados a la química, y yo lo era mucho, nos gustaba practicar sencillos experimentos y comprobar teóricas enseñanzas. Una de ellas era la obtención del oxigeno y su comportamiento en diversas situaciones. Aun me acuerdo que al dirigirlo a una mecha humeante, se convertía de inmediato en alegre llama. Paralelamente, ante decaídas situaciones, no se puede permanecer impasible, es preciso insuflar Gracia viva y rejuvenecedora. Retrocedo ahora para comentar los desafortunados hechos de Haití.

Sigo con atención las informaciones. Vuelvo a recordar que me obligué, antes de escribir cualquier comentario, a ingresar mi aportación económica, era necesario obrar así por honradez. Las noticias las recojo de agencias y de los canales específicos: zenit, infocato, religiondigital etc. También por informaciones de las diferentes organizaciones que cuentan sus desvelos. Y a aquí quería llegar.

Con frecuencia, tiene uno la impresión, de que nuestra cultura occidental, está en plena decadencia, tal vez en agonía irreversible… Pero estos días, observamos que quienes responden a la terrible desgracia del país caribeño, son organizaciones, asociaciones, movimientos u organismos, que proceden de la cultura judeocristiana. No afirmo que se trate de piadosas cofradías. Digo que las iniciativas generosas, parten de situaciones o lugares inspirados en principios bíblicos. Y que cada uno haga el recuento.

Piensa uno entonces en tendencias o asociaciones, ajenas al judeocristianismo, sean del orden que sean, que se pronuncian con orgullo sobre su categoría espiritual hablando de compasión, misericordia, etc. (quien lea entienda). Que yo sepa, no han acudido en socorro de las victimas. Paradójicamente, esta constatación me ha recordado el texto bíblico. No estamos tan mal. Al menos, no somos los peores.

¿Podemos estar satisfechos, pues? Opino que sería una equivocación. Es necesario que los que nos sentimos responsables, permanezcamos con exigente espíritu evangelizador, misioneros de nuestro entorno, pero reconociendo que el terreno todavía conserva cierta vitalidad.

De los Hermanos Maristas, tal vez porque fui alumno de ellos en mi infancia burgalesa, recibo por Internet su boletín, que leo con interés. Daban estos días información concreta de sus andanzas, del derrumbe de sus edificios escolares, de la dificultad de proseguir la educación de los chiquillos. Desconcertados estaban, pero no he leído que pensaran abandonarán el desolado país. Algo semejante contaban los jesuitas, los claretianos, los redentoristas, y otros más. Por indicación del Papa, el Vaticano envió un generoso donativo, pero la colaboración católica más importante no ha tenido que enviarse, estaba allí desde hace tiempo. Se trata de las congregaciones religiosas y de las múltiples ONGs cristianas. Y tienen el firme propósito de continuar. La prensa aventura, que en Haití, como en otros lugares, al cabo de unos meses, nadie se acordará del infortunio. Con seguridad, los Médicos sin Fronteras, estarán en otro sitio, los Bomberos con sus adiestrados perros también, son simple ejemplo. Pero las Congregaciones, continuarán, silenciosamente trabajando, Manos Unidas o Intermon, etc. También. Pero estas constataciones que nos infunden coraje y esperanza, no son noticiables, además les falta morbo. ¿Quién más se queda o quien ha ido?