IV Domingo del Tiempo Ordinario
31 de enero de 2010

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Os deseamos nuestra más cordial bienvenida a la eucaristía. Jesús de Nazaret lamenta que nadie sea considerado profeta en su propia tierra. El texto de Lucas que escucharemos hoy es continuación del proclamado el domingo anterior. Sus paisanos anclados en viejos prejuicios no quieren admitir, al menos, la evolución que ha tenido su convecino. Y quieren llegar hasta a la violencia para doblegarlo. Resulta inaudito. Oiremos, también, a Pablo que hace un impresionante canto al amor, y que marca, también, la importancia doctrinal de este domingo. Y es que, en estos tiempos difíciles, de grandes zozobras, el amor nos puede salvar. Y por ello sigamos atentos a las necesidades de nuestros hermanos de Haití. Necesitan de todo y nosotros podemos dárselo. Recemos hoy especialmente por ellos y por todos los que sufren.



MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, del Libro de Jeremías, nos muestra, cómo el Señor nos ha elegido a nosotros desde siempre. Cómo nos cuida en medio de tantas luchas, y nos invita a llevar la Palabra, sin miedo, a todos los rincones de la tierra.

S.- El salmo 70 nos muestra la oración de un anciano, de un levita o un sacerdote que pone toda su confianza en Dios, evocando su larga vida. Para nosotros, hoy, nos sirve para expresar la presencia permanente de Dios en nuestras vidas.

2.- San Pablo en su primera carta a los fieles de Corinto, que es nuestra segunda lectura nos expresa que hay una sola cosa: el amor. Es el amor quien mueve la gran aventura de la vida y la fuerza que mueve al hombre y al mundo. El amor es la solución para todos los problemas del género humano.

3.- Nuestra torpeza, como muestra el evangelio de Lucas, está en no querer profetas, sino falsos “superhombres” capaces de sacarnos en soledad llena de soberbia de nuestras equivocaciones, en lugar de aceptar un programa de vida coherente y denso, dedicado a Dios y a los hermanos. Jesús de Nazaret enseña que la salvación es para todos, no solo para unos pocos supuestamente elegidos por su origen o raza.


 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Esta breve oración es de Javier Leoz, sacerdote navarro, y como otras muchas veces ilustra este espacio de reflexión cuando está a punto de terminar la Eucaristía.

 

HAZTE PASO, SEÑOR

Y, en tu camino, déjanos pistas para seguirte

Amor para entregar

Pasión para desvivirnos por los demás

Fuerza para ser testimonio de tu presencia

Verdad para dinamitar la falsedad

Alegría para irradiar optimismo

Palabra, para iluminar las sombras

Humildad, para hacer frente a la contrariedad

¡HAZTE PASO, SEÑOR!


Exhortación de despedida

Hemos aprendido algo importante hoy en nuestra Eucaristía. No desconfiemos de nuestros vecinos y recibamos con alegría sus éxitos y sus triunfos. Ojalá comencemos ya a descubrir profetas en nuestra tierra.