ANALFABETISMO RELIGIOSO Por Ángel Gómez Escorial Hace ya tiempo, en mis ocasionales pasos por un chat, descubrí la ausencia de referencias religiosas culturales de los jóvenes. Como se sabe, la cultura y el lenguaje coloquial estaban llenos de citas religiosas más o menos cercanas o apropiadas. Se usaban muchas frases hoy desconocidas por la mayoría. “Tiene más paciencia que el Santo Job”, “Con la Iglesia hemos topado”, “Vives mejor que un cura”, “A Dios rogando y con el mazo dando”. Muchas de ellas eran refranes castellanos. En fin, hoy tales referencias están desparecidas en su gran mayoría. La anécdota de aquella vez en el chat con una mayoría de jóvenes fue que se usó la palabra circuncisión y nadie la conocía. Ya, al tiempo, una chica aclaró que eso era como una operación de fimosis, pero en plan religioso. ¿Cuántas veces se cita circuncisión en el Antiguo y Nuevo Testamento? A la postre aquellos jóvenes, lo único que sabían de la Iglesia católica es que no era permisiva con el sexo y se oponía a que los homosexuales se casaran. De lo demás nada. De aquel grupo –y por eso lo recuerdo—todos eran estudiantes de secundaria y la mayoría no había hecho la primera comunión y muchos de ellos no sabían si estaban bautizados. Esto debió de ocurrir hace unos cinco años, con lo cual la progresión de incultura religiosa ha tenido que seguir creciendo. Así va la católica España UNIVERSITARIO Hace unos pocos días mantuve un contacto profesional con un joven universitario, especializado en Finanzas, que además de tener un cargo importante en una empresa de consultoría, ya enseñaba en la universidad. Personaje muy cultivado, parecía saber de todo y ser bastante ocurrente, con no poco sentido del humor. Lo que iba a ser, en principio, una charla de una decena de minutos, se transformó en una conversación de más de una hora. No podía dudar que mi joven interlocutor tenía mucho de humanista. Pero, inesperadamente, surgió el tema religioso y, más adelante, el de la Iglesia Católica. Ahí, con estupor, pude constatar que este hombre no tenía más conocimiento sobre la Iglesia que aquel que demostraron los jóvenes del chat. La Iglesia católica para él era un organización rancia y clasista, que seguía defendiendo la titularidad imposible de unos templos tan grandes y tan artísticos, y “que no sabía nada” sobre la vida actual. El recurrente tema de la oposición al matrimonio homosexual surgió como lo peor de todo lo que hacia la Iglesia. Ciertamente, mi interlocutor no era homosexual, ni tampoco conocía –según él—“a demasiada gente gay”. Yo le hice ver que había un enorme desnivel entre sus conocimientos y su cultura y lo poco que sabía de la religión cristiana, incluso en sus cuestiones más sociológicas o históricas. Me dijo en seguida, que nunca le había interesado, aunque reconocía que jamás tuvo formación religiosa. Sus padres nunca le hablaron de ese tema y, en general, en su entorno tampoco era frecuente hablar de religión. Citaba a un primo que “era del Opus o de algo parecido”, pero que les resultaba muy raro. CONVERSACIÓN FLUIDA Pero es cierto que le había “tocado” el hecho de que supiera tan poco de algo que estaba tan cercano como podía ser la religión de la mayoría de sus conciudadanos. Partidario del conocimiento en general le molestaba, pues, esa laguna más de tipo cultural. Lo que parecía claro –a mi me dio esa impresión—es que en su educación académica y familiar se había omitido de manera casi total la cuestión de la religión, porque si no, no parecía posible su posición de ignorancia casi total. Ciertamente, y poco a poco, le fueron interesando muchas cosas. Y, sobre todo, aquellas que mejoraban el contexto de sus pocos conocimientos. Por ejemplo, la idea de que la Iglesia defendiera la reproducción humana como base de la pareja, lo entendía, aunque no lo admitiera. La cuestión del amor como dominante del mensaje de Cristo también le llamó mucho la atención. Nunca había oído hablar de esa clase de amor. Las proezas modernas de la Madre Teresa fue otro tema que le atrajo considerablemente. No era una conversación apologética, ni yo trataba de convencerle. Mi joven interlocutor echaba de menos un mayor conocimiento del asunto, para que, al menos, se pusiera a la altura de otros. Y al pedirme que le recomendara alguna lectura, me salió del alma, sin reflexión alguna, recomendarle “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret”, de José Luis Martín Descalzo y la “Autobiografía” de Ignacio de Loyola. La conversación –creo—termino bien. E, incluso, le hablé de Betania. EL CARDENAL SISTACH Hay en la sección de Noticias un resumen de la carta dominical del Cardenal de Barcelona, Lluis Martínez Sistach que “advierte sobre el “dramático analfabetismo religioso”. Eso es. Desaparecido el peso de la información religiosa –a favor o en contra—en la sociedad española, habrá que empezar la casa por los cimientos. Existe ese problema de desconocimiento total, que algunas personas muy adaptadas a su propio ambiente ni conocen, ni quieren admitir. Tal vez, las informaciones –la mayoría—que llegan a ese ambiente “analfabeto” son las mismas que, desde otra óptica, llegan desde los lados contrarios, haciendo el debate más corto y ralo. Y si siempre la Iglesia ha tenido muchos déficits informativos, no cabe la menor duda que ahora tiene más, y que tiene que comenzar a contar “su” historia desde el principio, prácticamente desde el Génesis o desde el milagro feliz de Belén. En esas estamos. Hay mucha gente que apenas sabe nada de lo que para nosotros es tan importante. Reflexionemos y busquemos soluciones amplias.
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