1.- ¿POR QUÉ NO HABLAMOS DEL PECADO?

Hay una cierta tendencia pública entre los cristianos a no hablar del pecado. Sin embargo, en el principio de cualquier misa se pide perdón con humildad por los pecados. El pecado existe y no es válido olvidarlo. Se trata de oponerse al camino que Dios ha puesto en nuestras vidas. Es verdad que esas transgresiones no están siempre realizadas con un conocimiento fehaciente de que se está ofendiendo a Dios. Pero, sin embargo, están ahí.

EPISODIOS CONCRETOS

Muchas veces se descubre tarde que una pequeña falta ha traído un entorpecimiento importante en una labor de ayuda a los hermanos, o en un proceso de mejora de nuestra vida. Hay muchos velos de la conciencia a la hora de estar en una situación anómala. Parece que el Tentador engaña en lo poco y sin embargo está moviendo las fichas de tal manera que puede abrir situaciones más complicadas que la falta ligera que se está cometiendo.

Tampoco es lícito vivir atormentadamente con un sentido de culpa permanente. Los pecados son episodios concretos que tienen su tratamiento. Incluso a veces cuando se cae y se vuelve a caer sucede que --tal vez-- se está preparando un salto más importante en nuestra formación, si el arrepentimiento llega a tiempo. Y ese es el camino. Tener lucidez para entender el peso exacto de nuestras faltas, su oposición a Dios y el perjuicio que hacen a nuestros hermanos.

Si los escrúpulos son malos y forman parte de otra manera de engaño, por el contrario un análisis liberador de nuestras actitudes, en los tiempos en que hemos cometido faltas puede, ser muy útil. Hay un misterio en esa trayectoria nuestra en la que Dios está cerca y, sin embargo, nos ayuda de manera precisa en la tribulación. Cuando se hace luz, el entendimiento se ensancha y comenzamos a comprendernos mejor.

GRAN HERRAMIENTA

El Sacramento de la Reconciliación es otra de las grandes herramientas de la convivencia católica. No hemos de temerlo y mucho menos hacer del mismo solo una exigencia para cuando ya ha sido demasiado tarde. El alma y la conciencia a veces se manchan. Unas veces más que otras, pero se sienten dañadas. Y para eso está la Confesión. Nuestro arrepentimiento debe estar acompañado de una confesión si nuestra inquietud es grande y aún cuando parezca que nuestras faltas solo han leves. No olvidemos tampoco las celebraciones litúrgicas dedicadas al perdón. Es una forma comunitaria de enfrentarse al pecado y buscar la reconciliación con Dios y con los hermanos.

 

2.- SACERDOTES Y LAICOS

La cuestión es que hay muchas diferencias entre sacerdotes y laicos. Y luego, entre los seglares, entre los diferentes grupos. Y especialmente entre jóvenes y más mayores. No obstante lo que trasluce es que el gran problema está en la relación entre sacerdotes y laicos. En fin que hay sacerdotes que buscan la total supeditación de los laicos a sus planteamientos. Y laicos que quisieran sustituir a los curas en todas sus funciones.

Parece que hay muchos sacerdotes que ven a los laicos como puros acólitos, casi como monaguillos aventajados. El Consejo de Pastoral está constituido porque lo dice la norma, pero al ser estrictamente consultivo, pues no le hacen ni el más remoto caso. A su vez, seglares con mucho tiempo de trabajo en la misma parroquia –y sin duda realizando una buena labor—asumen una importancia excesiva. No sería extraño que alguno quisiera ponerse el alba y la casulla y salir a decir misa.

Y, claro no es eso. La colaboración debe ser leal, ya que Cristo habla de amor y fraternidad como divisa de los cristianos. Y todo lo que se acometa en el interior de una parroquia –o en cualquier otro lado—debe tener la impronta del Maestro. Y así entre todos –laicos y consagrados—debería haber más humildad. Y asumir como hermanos que son la labor común. Pero parece que no es así.