JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO:

EL ASOMBRO DE SER CURA

Por Antonio Martínez Serrano

Editorial Monte Carmelo, Burgos, España

Digamos, antes de nada, que siempre me estremece e, incluso, me asombra, iniciar la lectura de un libro sobre el sacerdote y periodista, José Luís Martín Descalzo. Yo le traté como periodista, como compañero, jamás como cura. Nunca, por ejemplo, le vi celebrar misa. Él fallece en junio de 1991, y yo dato mi conversión a la fe en julio de 1991. Fuimos buenos amigos, y en los tiempos que yo era director del semanario “Gaceta ilustrada”, él lo era de “Blanco y Negro” y eso –a pesar de ser de la competencia—compartimos muchas cosas y puntos de vista idénticos respecto a la forma de ejercer el periodismo, con responsabilidad, veracidad.... Luego cuando yo comencé a transitar por los caminos de la fe, la lectura de los textos de José Luis fue una ayuda inconmensurable. De ahí que, siempre, lamente no haber tratado a Martín Descalzo como cura.

De todas formas, pido disculpas al autor del libro que reseño hoy, Antonio Martínez Serrano, por tal comienzo, pues no deseo –para nada—restar protagonismo a él y su obra. Pero, tal vez, la aclaración era necesaria. Inicia Antonio Martínez Serrano este libro con un falso prologo escrito por el propio José Luis Martín Descalzo, lo cual –claro—es imposible. Pero lo hace muy bien, porque léxico y forma de narrar se acerca muchísimo a la forma de escribir de Martín Descalzo y eso revela que el autor ha leído mucho, pero que mucho a su biografiado. Y por ello ese prólogo es muy prometedor. Asimismo, el título de “El asombro de ser cura”, viene de una frase de unos de sus artículos reunidos en la serie, “Razones para el amor” y en el que JLMD habla del “asombro de su vocación”. También liga bien, porque él siempre mostró su asombro de niño grande por muchas cosas.

Y hay otro golpe de humildad por parte de Antonio Martínez Serrano. Y es que los mejores párrafos de la biografía de Martín Descalzo están escritos por él. Narra acontecimientos y sentimientos de su vida en muchos lugares de su obra. Y, entonces, lo que hace muy bien Martínez Serrano es ordenarlos convenientemente y con esmero. Y transmite muy bien algo que tuvo que ser fundamental en este sacerdote, periodista y escritor, que por encima de todo, nunca dejó de ser cura, teniéndolo como lo fundamental, aunque algunos, en su trato, no lo apreciáramos.

Y según se va leyendo el libro se da uno cuenta que, sobre todo, Antonio Martínez Serrano ha querido escribir la historia de un cura, no de un periodista, autor dramático, presentador de TV o director de periódicos. Todo ello sería un añadido, aunque nadie puede negar la gran vocación y oficio que JLMD tenia para esas cuestiones. Y por ello a uno se le antoja que Antonio Martínez Serrano intenta poner este libro en sintonía con el Año Sacerdotal que estamos celebrando. Tengo que reconocer que el libro me ha gustado mucho y que he descubierto muchas cosas que me faltaban por descubrir de José Luis Martín Descalzo.

 

Ángel Gómez Escorial