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AMEMOS NUESTRO CUERPO

Cuando el otro día leí que el Papa Juan Pablo II mortificaba su cuerpo confieso que no sentí admiración en su actitud. Pensaba que el cilicio había quedado arrinconado en el desván de una espiritualidad descarnada y mal enfocada. No ha sido así.

No deseo centrarme en la figura del Papa. Simplemente la he sacado a colación porque ha sido noticia en los últimos días. Quiero centrarme en la actitud que cierta espiritualidad cristiana ha mantenido durante siglos y que a los que llevamos alguna cana nos tocó sufrir en nuestra infancia.

Una de las más gratas sorpresas que me llevé cuando cursé teología es que el cristianismo naciente reivindicaba el valor de la corporalidad humana. El cuerpo no era cárcel del alma. Éste era el planteamiento de los griegos, visto claramente en Platón. Difícilmente Jesús de Nazaret pudo tener esos afanes ascéticos de castigar a los cuerpos como medio para llegar a Dios cuando su actitud fue precisamente la contraria. El enfermo, el lisiado, el ciego, según la creencia de la religiosidad judía era un signo de que había pecado y por tanto estaba abandonado por Dios.

Jesús sana y sana cuerpos. Jesús sana y sana psicologías enfermizas. Pasó por la historia cargando con la acusación de ser un borracho y un comilón. Juan Bautista y sus discípulos hacían abstinencia y es curioso que ni Jesús ni sus discípulos las hicieran. Que mejor ocasión que ayunar que cuando siendo sábado y teniendo hambre osasen a robar unas espigas para saciar un mínimo el apetito.

No estoy tratando de hacer una apología del buen vivir y de una vida adocenada. Trato de encontrar la sinrazón teológica de sacrificar nuestros cuerpos para alcanzar el beneplácito divino. ¿En qué Dios creemos? ¿No se nos ha colado en el cristianismo mucho del Dios de Isaac y de una ascética platónica?

Alguien me podría rebatir que en la mortificación, el cristiano busca emular, aunque sea en pequeñísimo grado los sufrimientos de Jesús crucificado para participar en su dolor y para hacernos perdonar nuestros pecados por Él. También se nos ha exhortado desde los púlpitos y Ejercicios Espirituales a practicar esa ascética.

Seamos honestos con nuestra fe. Si creemos en un Jesús que sanó no podemos compatibilizarlo con un Jesús que exige dolor. ¿No hay suficiente dolor en el mundo como para provocarnos más? Y sobre todo una pregunta lanzada al aire: ¿Quién se mortifica busca su salvación individual, aunque sea de una manera insana o la salvación de la humanidad?

Sólo tiene sentido, a mi sencillo parecer, el sufrimiento que acarrea la entrega a los demás. Ese fue el sufrimiento de Jesús y esa fue la causa que le subió a la cruz. Un sufrimiento soportado, no buscado.

Misericordia quiero y no sacrificios dice tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Misericordia quiero y no mortificaciones ni físicas ni psicológicas. Ante el drama de Haití, ante las víctimas de todos los siglos por la causa que sea, hambre, guerras, enfermedades por un respeto a ellos, a Dios y a Jesús, el Hijo de Dios sanador no busquemos en nuestras mortificaciones un canal de acercamiento a Dios. Ni Dios, ni la causa del Nazareno, ni los crucificados de la Historia, ni cada uno de nosotros nos lo merecemos.

Feli Alonso Curiel

Bilbao, España

NOTA DEL EDITOR.- También a este editor le sorprendió lo que se comunicaba sobre la ascética de Juan Pablo II. Y nuestro pensamiento es igual, o muy parecido, al de Feli Alonso. Aunque, tal vez, hay algo de misterio en esa búsqueda del dolor de algunos fieles cristianos. No es fácil comprenderlo. Ascética y ascesis no es sólo castigar el cuerpo. De ascesis dice el diccionario de la RAE: que son “reglas y prácticas encaminadas a la liberación del espíritu y el logro de la virtud”. La inteligencia de Juan Pablo II le tenía que llevar por fuerza a mantener otras reglas y practicas en su ascesis. Es seguro.


AMOR SOLIDARIO

No sé, pero me parece a mí que en el amor, desgraciadamente, ya solo creen los santos, los locos o ingenuos y los niños y si un día también todos estos dejaran de creer en ello, habríamos entrado en un lugar sin puerta de salida.

Sin embargo, es bonito descubrir que cuando las cosas se hacen por verdadero amor, no cuesta absolutamente nada hacerlas y ello me hace recordar a Lucia, la buena y fiel esposa de mi amigo Juan Antonio, farmacéutico de profesión con el que pasaba largos ratos charlando sobre ese mundo sumido en el dolor y al que dedicaba gran parte de su tiempo, aunque a veces no llegaba a entender el optimismo exagerado de sus pacientes cuando les oía decir, sonriendo, que el dolor era algo que afectaba especialmente a “los otros” y que la muerte les llegaría algún día lejano, como si solo fueran mortales, los vecinos. En fin como decía mi amigo, vivir para ver.

Mi buen amigo Juan Antonio, era un hombre bueno, cordial, dinámico y optimista. Cumplía escrupulosamente todas las reglas de la Iglesia, como si temiera que al llegar la muerte propia el Todopoderoso le fuera a castigar a la hora de llevárselo con El.

Este pasado otoño, tuvo que ser ingresado en un hospital para someterse a unas pruebas médicas en su corazón y aunque los médicos lo encontraron bien, le dijeron que había tenido algo parecido a un principio de infarto de miocardio, por lo que le aconsejaron que periódicamente se hiciera revisiones.

Luego, cuando ya iba superando su principio de infarto, éste se le complicaría casi al mismo tiempo que le diagnosticaron un tumor en el riñón, causa por la cual de nuevo tuvo que ser ingresado en el hospital.

Tristemente, aquel amigo con el que tanto me agradaba hablar sentados en la barra de cualquier cafetería o en el despacho de su farmacia; aquel amigo servicial, cariñoso y buen cristiano, que su deseo más importante consistía en poner su profesión al servicio de los que necesitaran de su ayuda, aquel amigo cuando ya estábamos metidos de lleno en el tiempo frío, fallecía después de haber perdido la guerra contra esa terrible enfermedad llamada cáncer y no haber podido superar el deterioro de sus órganos más vitales.

Pero Dios, que no abandona a sus Hijos al llevarse con El a Juan Antonio, envió su Luz a su esposa Celia que sufría la realidad sangrante del fallecimiento de su compañero, para que en la tierra continuara la maravillosa labor iniciada por su esposo, ayudando a ese mundo que sumido en el dolor, busca nuevos horizontes para solucionar los grandes problemas que padecen.

Celia, con la tranquilidad de conciencia que supone no abandonar a sus dos hijas casadas y viviendo felizmente su vidas y con el recuerdo siempre permanente de Juan Antonio en su corazón, se está dedicando en cuerpo y alma a visitar, acompañar y cuidar enfermos, especialmente afectados por el cáncer. No regatea esfuerzos para ayudarles y animarles, procurando embriagarles con su alegre optimismo llevándoles un ilusionante aliento de esperanza.

De cualquier forma, en su interior y con el recuerdo siempre presente de su amado esposo, siente una gran pena de esas personas maltratadas por tantas enfermedades irreversibles y sobre todo por esos niños con caras tristes, ausentes de alegría a consecuencia de los tumores que padecen o de jóvenes con enfermedades cerebrales sin solución, pero llenos de planes de futuro.

Y cuando parece que se encuentra al límite de sus esfuerzos, decidiendo abandonar, piensa de nuevo en su Juan Antonio y se encomienda a Jesús de Nazaret que le ha puesto en ese lugar para llenar su propia vida, pidiéndole fuerzas para seguir adelante

Yo, que siempre recordaré a mi buen amigo farmacéutico, siento una sana envidia del camino elegido por Celia y estoy completamente convencido de que ha elegido el mejor modo de vivir para santificarse, ayudando a aquellos que tanto amor necesitan. Y así, se lo digo cuando con frecuencia nos vemos, por que en definitiva lo importante, es llegar a la conclusión de que el verdadero amor y servicio a los demás, se diga lo que se diga, se expresa entre otras cosas en grandes gestos, en entregas heroicas y en sacrificios espectaculares.

Sin olvidar que Juan Antonio, su amado esposo, buen creyente y católico practicante, al entregar su alma a Dios no podía llegar a otro lugar que a ese cielo que tanto anhelaba, para recibir la prometida Vida Eterna. 0No obstante Celia y yo, sin saber como, nos hemos puesto a llorar.

José Guillermo García Olivas

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Otro excelente artículo de José Guillermo que publicamos con mucho gusto.


ETIMOLOGÍA DE BETANIA

Alguien se interesa por la etimología de esta palabra.

Bait -> Bet significa en todos los idiomas semíticos “casa”: Bait-lahm (belén) = casa del pan; también casa del pez; Bait-Saida (Betsaida)= casa de los frutos; También = casa de la felicidad; Bait-Ania (Betania): casa de la obediencia o de la aflicción, Bait-El (Betel)= casa de Dios. Según: Biblia Sacra Vulgatae editionis Sixti V Pot. Max. jussu recognita atque in lucem edita. MDCLXIII

Alberto Moreno Gil

España

NOTA DEL EDITOR.- agradecemos a Alberto Moreno el envío de esta etimología. Su significado: Casa de la Obediencia o Casa de la aflicción nos da que pensar.


MATERIAL DE PRÓXIMOS DOMINGOS

En primer lugar, darles las gracias por este servicio tan apreciable. Una pregunta, ¿cómo poder ver todo el material de las misas: moniciones, peticiones,… ya realizado o los domingos próximos? Lo digo, porque a veces, es necesarioprepararlo con mucha antelación.

Gracias y bendiciones

Jesús Cano

España

NOTA DEL EDITOR.- Contestamos a Jesús Cano por E-mail, en los siguientes términos: los textos son inéditos y los escribimos sobre la marcha, semana a semana. Pero puede consultar las ediciones anteriores. En el link "Consultar Ediciones Anteriores, en el Menú azul de la izquierda. Y ahí puede consultar el anterior Ciclo C, correspondiente al año 2007. Lecturas, etc. es todo igual. Mociones, homilías, etc. las cambiamos. Pero los textos de 2007 son validos. Realmente hay mucho material en el “histórico” que puede ser aprovechado.


EL AMOR Y NUESTRAS VIDAS

He leído con mucha atención su “carta del Editor” titulada, “El amor no está en nuestras vidas”. Al principio me pareció un planteamiento muy pesimista e, incluso, desacertado. Pero me estaba interesando mucho porque sus argumentos son nuevos y muy alejados de los tópicos blandengues que se leen en algunos textos religiosos. Realmente, terminó por gustarme y aprendí que, en efecto, a veces la vida de la gente que está cerca de la fe y de la Iglesia no aman tanto como debieran. Le agradezco su gran sinceridad y su muy realista punto de vista.

Atentamente

José Salazar

México DF, México

NOTA DEL EDITOR.- Le agradecemos mucho su punto de vista. Y, también, su sinceridad a la hora de evaluar la citada Carta de este editor.


LOS VECINOS DE MAITE

Esta mañana, a eso de las 7, he oído un portazo y le he dicho a Arturo: "¡Ay que ver lo que madruga el vecino, ya se va a trabajar!". Me le he quedado mirando y reflexiono: ¿y quién es el vecino? ¿Sabes que llevamos casi un mes en la casa y no sabemos quien vive enfrente? ¿Será alguien que está sólo? ¿Un matrimonio? ¿Habrá niños? Creo que he de hacer una pausa en mi vida y reflexionar sobre esta vida un tanto acelerada que a veces llevamos. Lomás importante es el ser humano y eso de que la distancia más corta a veces sea la más larga no me parece coherente. Algo falla, por lo menos en mi vida, y creo que es bueno que piense en ello. Voy a hacer propósito de enmienda y averiguar quien es quien entre mis vecinos, por lo menos los que viven enmi portal.

Maite

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Interesante reflexión de Maite. Es muy duro que nuestros vecinos sean unos completos desconocidos.


ORACIÓN POR LOS DAMNIFICADOS DE HAITÍ

Por favor recen una pequeña oración por los que sufren:

Señor, quiero decirte GRACIAS, porque hoy me desperté y sabía donde estaban mis seres queridos.

Porque esta mañanami casa estaba en pie, porque esta mañanano estoy llorando a mis hijos, mi esposo, mis padres, mi hermano o hermana que necesitan ser rescatados debajo de una pila de concreto, porque esta mañana pude tomar un vaso de agua, porque esta mañana no estoy planificando un funeral, y ante nada te agradezco Señor que todavía estoy vivo y tengo voz para rezar por la gente de Haití.

Señor, te ruego a ti, el único que hace posible lo imposible, el único que transforma la oscuridad en luz, te ruego que les des fuerza a esas madres, que les des la paz que supera cualquier entendimiento, que abras las calles para que la ayuda llegue, que proveas doctores, enfermeras, comida, agua y todo lo que ellos necesiten en un abrir y cerrar de ojos.

Para los que perdieron a sus familias, dales paz, esperanza y coraje para seguir adelante. Protege a los niños con tu poder. Te lo ruego en el nombre de Jesús

Gloria Padrós de Henning

Argentina

NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos a Gloria el envío de esta preciosa oración.