
V Domingo del Tiempo Ordinario
7 de febrero de 2010
MONICIÓN DE ENTRADA Recibid, queridos hermanos y hermanas, nuestra más cordial bienvenida en el inicio de esta Eucaristía correspondiente al Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Jesús de Nazaret llama hoy a sus discípulos. Y ellos, fascinados desde el principio, parece que ni siquiera se lo piensan. Le siguen sin dudar. Tal vez, nosotros hemos sido menos rápidos y menos valientes. Y nos hemos hecho de rogar. Quién sabe si Jesús todavía espera que nosotros demos un paso firme en su seguimiento. Deberíamos, hoy profundizar en nuestra auténtica vocación y mejorar el talante cristiano que debe impregnar nuestras vidas. Hoy es un gran día para comenzar a vivir en la cercanía permanente de Jesús de Nazaret. |
MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS 1.- La primera lectura, del Libro de Isaías, tiene el estilo apocalíptico muy habitual en el Antiguo Testamento. Pero su fondo nos dice que el conocimiento y presencia de Dios en nuestra alma nos responsabiliza inmediatamente con la misión que el Señor encomienda a cada uno. Y debemos acometer nuestra tarea sin miedo a nuestra fragilidad o limitaciones propias. S.- El salmo 137 es un Himno de Acción de Gracias ya convertido en texto litúrgico en tiempos de Jesús. Viene agradecer la fuerza y los dones de Dios. Para nosotros su efecto y contenido es igual. Hemos de dar gracias a Dios continuamente por los favores recibidos. 2.- Comenzamos hoy –en la segunda lectura—la enumeración de las respuestas que San Pablo da en su primera carta a los fieles de Corinto respecto a las preguntas sobre la resurrección. Su testimonio es muy válido para nosotros hoy mismo, porque está escrito cuando muchos de los testigos de la vida de Jesús estaban vivos. La referencia, pues, es directa. Como siempre Pablo de Tarso nos ayuda a entender mejor a Cristo y a nuestro cristianismo. 3.- Lo fundamental para nosotros, hoy, es que los apóstoles “lo dejaron todo para seguir a Jesús”. Y aun reconociendo como Pedro que eran pecadores no erraron en la dirección de su camino. Nuestros pecados tampoco pueden ser excusa para estar lejos de la misión que Jesús nos propone a todos y cada uno de nosotros, aquí y ahora. Nuestra vocación ha de llevarse por delante nuestros pecados y emprender el camino que nos lleva a la paz y al amor. Jesús nos lo pide y nos acompaña en nuestro camino. |
Lectura de Postcomunión MONICIÓN Ofrecemos otro texto del sacerdote navarro, Pedro Leoz. Es una breve oración muy adecuada para los momentos finales de nuestra Eucaristía. GRACIAS, SEÑOR Gracias, Señor, por despertarnos a la fe: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por empujarnos mar adentro: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por regalarnos el don de la resurrección: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por la fuerza de la Eucaristía: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por nuestros sacerdotes: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por la barca de tu Iglesia: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por todos los que reman y trabajan con elle: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por quitarnos los miedos: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por tu Palabra que nos ilumina: ¡Gracias, Señor! Gracias, Señor, por enviarnos a dar testimonio de Ti: ¡Gracias, Señor! Exhortación de despedida Aprovechemos nuestro tiempo. Aprendamos que Jesús de Nazaret nos está llamando. El mundo necesita de nosotros. Llevemos el Amor y la Palabra del Maestro donde nadie los conoce… o ha olvidado.
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