De Caná de Galilea a la cruz del Calvario... (pasando por el cenáculo de Jerusalén) Por Jesús Martí Ballester
La imagen no era nueva. A partir de Oseas, los profetas habían llamado a Dios Esposo de Israel. Todos insisten en que Dios ama con pasión a su esposa, personificada en Jerusalén o Sión, a pesar de que ésta es infiel en muchas ocasiones, de hecho, los pecados de idolatría son llamados adulterio en la Sagrada Escritura. Dios perdona los pecados a su esposa y está dispuesto a darle un corazón nuevo, para que pueda amarle como Él la ama a ella (Ez 36,26). El Cantar de los Cantares se convertirá en la mejor imagen de este amor. Ya ha terminado la era de los ritos judíos de purificación, cuyas tinajas de agua son transformadas en vino. Ya ha concluido la época de las promesas. Con el signo de Caná, Cristo ha adelantado la hora de su manifestación ante el mundo: Él es el Esposo, enviado por Dios para unirse en matrimonio de amor con la Iglesia y con el alma de cada uno de los creyentes. El banquete de Caná, en realidad, está celebrando este desposorio místico. "Como un joven se casa con su novia, así se desposa contigo el que te construyó, y encuentra en ti la alegría que el marido encuentra con su esposa" Isaías 62,1. Bellamente canta San Juan de la Cruz: "Entrado se ha la esposa en el ameno huerto deseado y a su sabor reposa el cuello reclinado sobre los dulces brazos del Amado" ¿No es maravilloso y alucinante que Dios "encuentre sus delicias estando con los hijos de los hombres"? (Prv 8,31). Isaías deja también entrever que las palabras del profeta tienen la capacidad de contribuir y acelerar el brillo de la ciudad. Son palabras de Dios. Palabras eficaces por sí mismas. Tomemos nota los que tenemos en nuestra boca las palabras. ISRAEL Y LA IGLESIA Se dirige Isaías literalmente a Israel. Pero es también la Iglesia, todo el pueblo de Dios, prolongación de Israel, la que se siente concernida por el cariño del Señor. Toda la humanidad, llamada a ser integrada en el pueblo de Dios, puede hacer suyas estas calificaciones. Y cada persona puede sentirse dichosamente aludida. Yo no estoy abandonado por Dios. Al contrario, soy su favorito y desposado con él, que encuentra en mí la misma alegría que el esposo tiene en su esposa. Ante la manifestación tan asombrosa de Dios, el salmista, que no puede contener su gozo, invita a "contar a todos los pueblos las maravillas del Señor, y a "toda la tierra a que canta un cántico nuevo", y a "las familias de los pueblos a que aclamen al Señor. Salmo 95. Hagamos coro nosotros también con él. Pero lo que de verdad nos llena de júbilo es que Dios, para poder realizar de una manera visible las bodas con los hombres, se haga hombre, y Jesucristo consuma en la cruz esa unión esponsal. La conversión del agua en vino en las bodas de Caná es el anticipo de la "hora" del sacrificio de Jesús, cuando derramará su sangre, como arras de la Alianza Nueva, que Dios paga por su esposa: "Habéis sido comprados no con precio de oro ni de plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin defecto y sin mancha" (1 Pe 1,19). JUAN ES UN EXCELENTE OBSERVADOR Juan ha observado de cerca la escena y ha contado las tinajas: seis; se ha fijado en el material, y ha visto que eran de piedra. Y antes ha contado los días en que está actuando Jesús desde que él lo conoce, y resultan siete, como los días de la creación: Todo está indicando que Jesús está creando un mundo nuevo, que como el primero, será creado en siete días: Estos son los siete días de la creación del mundo nuevo: El día en que Juan Bautista dice que "en medio de vosotros hay uno que no conocéis"; otro día siguiente, cuando Jesús fue bautizado por Juan; otro día siguiente, cuando Juan lo anunció como Cordero de Dios y otro el día siguiente de llamar Pedro a Simón; y los tres días después, cuando hubo una boda Juan 2,1. Total siete días, una semana. Los siete días del relato de la creación por el autor del Génesis son el modelo de la creación nueva de Jesús. "Sin él no se ha hecho nada". Todo ha sido hecho por el Verbo. También el número de las tinajas, que eran seis, es imperfecto, porque el perfecto y completo era el siete, que no se adecua con la calidad de las tinajas de piedra, y no de barro, calidad apta para la purificación ritual, pero incapaz de producir la sobrenatural. Por ser seis, era imperfecto el número; y por ser de piedra, era perfecta la calidad. Luego esas seis tinajas de piedra, material precioso, han de ser utilizadas para una purificación perfecta. Resumen: Los judíos se purifican ritualmente en el agua contenida en tinajas de barro, que por su “deleznabilidad” indican que su purificación ritual no consigue llegar al corazón, porque su agua no es viva. Sólo la sangre de Cristo, más preciosa que el oro (1 Pe 1,18), limpiará sus pecados, nuestros pecados. Y derramada abundantísimamente: el signo de tal abundancia viene marcado por la capacidad de las tinajas: más de quinientos litros. La excelencia del vino, que supera la del agua, habla de la gracia abundante: "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20). Con su sangre borrará sobreabundantemente nuestros pecados. GRAN SACRAMENTO
La presencia de María en estos dos momentos en los que Jesús se dirige a ella llamándola mujer anuncian el cumplimiento de las promesas de redención realizadas por Dios a los primeros padres. Jesucristo se definió a sí mismo como el novio y a sus discípulos como los amigos del novio (Mt 9,15). También comparó el Reino de los cielos con un banquete de bodas (Mt 22,1) e invitó a la perseverancia en la fe y en la oración, poniendo como ejemplo a las vírgenes sensatas, que esperan la llegada del esposo en medio de la noche (Mt 25,1). San Pablo presenta a Cristo como esposo de la Iglesia (Ef 5,32) y de cada creyente (2Cor 11,2). La salvación definitiva es celebrada en el Apocalipsis con la imagen de las bodas del Cordero con la Iglesia (Ap 19,7). Y, así como María estará al pie de la cruz, cuando llegue la hora, que en el evangelio de Juan, es la hora del sacrificio : "no ha llegado mi hora", también en las bodas de Caná está presente actuando como medianera del milagro adelantando la hora con su intercesión, del signo de la sangre. Una y otra vez, Jesús no la llamará "madre", sino "mujer", como nueva Eva que está al lado del nuevo Adán, engendrando a los hombres nuevos. Y como la "mujer", que hiere en la cabeza a la serpiente del Génesis (Gn 3,15). La solicitud de María por los hombres dimana de su maternidad divina, que en Caná es introducida por Cristo en el radio de acción de su poder salvífico. SIGNOS DE LA EUCARISTIA
"Cantad a todos los pueblos las maravillas del Señor". El salmo musical que nos invita al jolgorio del baile y a tomar parte en el corro de la danza como si estuviéramos en la fiesta de aquellas bodas en Caná, cuando el agua en presencia de su Creador enrojeció convertida en vino, como don del Espíritu profusamente repartido. Siete dones y sus frutos con lo que las virtudes resaltan más resplandecientes y facilitadas y dulcificadas. Sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, piedad, fortaleza, temor de Dios. Prudencia y sensatez madura, justicia suave y variada, fortaleza del martirio del "quotidie morior", templanza de la sobriedad y de la castidad insigne y de la virginidad de azucena radiante, cuya austeridad viene endulzada por los frutos del Espíritu. Cuando el alma corresponde dócilmente a la moción del Espíritu Santo, produce actos exquisitos de virtud que pueden compararse a los frutos sazonados de un árbol. Los frutos se distinguen de los dones como el fruto se distingue de la rama y el efecto de la causa. También se distinguen de las bienaventuranzas evangélicas, que son más perfectas y acabadas que los frutos. Los frutos son contrarios a las obras de la carne, ya que ésta tiende a los bienes sensibles, que son inferiores al hombre, mientras que el Espíritu Santo nos mueve a realizar lo que está por encima de nosotros. La Vulgata enumera doce frutos: caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad (Gál 5,22). Pero, en el texto paulino original, sólo se citan nueve: caridad, gozo, paz, longanimidad, afabilidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Según Santo Tomas, los frutos del Espíritu Santo son todos aquellos actos virtuosos en los que el alma halla consolación espiritual. En cuanto a las virtudes de que ha de estar revestido el hombre nuevo, San Pablo enumera la fe y la esperanza, e insiste de modo especial en la caridad a la que llama «vínculo de la perfección», ya que sin la caridad nada vale nada en orden a la vida eterna. Y con los Dones y frutos, la diversidad de los carismas, según le place, para el bien de todo el pueblo de Dios. La Eucaristía es prenda de las Bodas de Cristo con su Iglesia, anticipando la unión de las Bodas Eternas. Cristo se convierte en pan partido para que lo comamos y nos guarde para la vida eterna. Cristo muerto, significado en las especies de pan y vino separadas. Cristo resucitado, simbolizado en la partícula de pan que se mezcla con la sangre. Si la separación de la sangre y el cuerpo constituyen la muerte, la mezcla de la sangre en el cuerpo, simboliza también la resurrección. A la que todos los hombres estamos llamados por el inmenso Padre que tanto nos ama.
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