Javier Leoz, activo colaborador de Betania y párroco de Peralta, en Navarra, España, ha escrito un decálogo de Cuaresma para sacerdotes, en, precisamente, este Año Sacerdotal que estamos celebrando. Lo hemos ubicado aquí --al final-- por la razón de que, tal vez, sea esta página de Homilías la más visitada por presbíteros. Esperamos que sea útil para nuestros lectores.


I Domingo de Cuaresma
21 de febrero de 2010

La homilía de Betania


1.- ¡RECUPEREMOS A DIOS!

Por Javier Leoz

2.- QUEREMOS CAMBIAR DESDE DENTRO

Por Pedro Juan Díaz

3.- LAS TENTACIONES NUESTRAS DE CADA DÍA

Por Gabriel González del Estal

4.- SER FIELES A JESUCRISTO: IMPOSIBLE SIN ORACIÓN Y MORTIFICACIÓN

Por Antonio García-Moreno

5.- SUPERAR LA PRUEBA

Por José María Martín OSA

6.- JESÚS NO ES UN ROBOT

Por José María Maruri, SJ

7.- LA TENTACIÓN LA PROPONE EL TENTADOR: EL REY DE LA MENTIRA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HOMBRES DE FE

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ¡RECUPEREMOS A DIOS!

Por Javier Leoz

Comenzamos, hermanos y amigos, el viaje hacia la Pascua. No olvidemos que la Santa Cuaresma, en sí misma, no tiene sentido. Que es una señal de tráfico que nos indica la ruta para que lleguemos a la meta que es la Pascua. La cuaresma es indicador pero, la razón de ser, es Cristo con su muerte y resurrección.

1.-Iniciamos estos días movidos por un gran interés: queremos vivir y seguir los pasos de Jesús con cierta profundidad, conocimiento y coherencia. Para ello, con el ayuno, la oración o la limosna, comprenderemos que –ser amigos de Jesús- implica ser más sobrios, entrar en comunión con Dios y compartir, en la medida de nuestras posibilidades, aquello de tengamos con aquellos otros hermanos que no disfrutan del mismo bienestar que nosotros. ¿Seremos capaces de sensibilizar y disponer nuestro corazón ante el paso del Señor?

Tentaciones, como todo ser humano, van a salir a nuestro encuentre de una forma voraz:

-Tentación de abandono. ¿Por qué creer en un Dios que nunca hemos visto? ¿No es más fácil doblegarnos ante esos otros “diosecillos” que el mundo nos hace atractivos a través de la televisión, el poder, el dinero, el placer u otros tantos fuegos de artificio?

-Tentación a la superficialidad. A quedarnos en el pan de cada día. A confundir, las piedras que sustentan el edificio del mundo, con lo verdaderamente sólido y fundamental. ¿Prima más en nosotros las piedras de cada día o la fuerza que nos infunde Dios cada jornada? ¿Qué permanecerá el día de mañana, las grandes ciudades que edificamos los humanos, o la gran patria celestial que Cristo nos adelanta en su Evangelio?

-Tentación a lo básico. A conformarnos con lo que vemos y tocamos. Llevamos una vida endemoniada y, en esa vida endiablada, se nos cuelan multitud de demonios que nos ofrecen suculentas felicidades, aparentes manjares. Hoy, constantemente, desde el gran alero de la sociedad caprichosa y hedonista, se nos conmina al abandono de Dios, a emborracharnos de los licores del mundo en detrimento del alimento de la fe, a desertar de la familia de la Iglesia instándonos a abrazar otras realidades que, a la vuelta de la esquina, dejarán de existir.

-Tentación a la idolatría. A cobijar en nuestro corazón y en nuestros pensamientos, en nuestras familias y en nuestras actitudes, otros dioses que nos exigen ausencia de ética y de moral, vacío de fe o de total renuncia a nuestras convicciones religiosas. ¿Qué dioses habitan en nuestro corazón? ¿Qué tenemos colgado en las paredes de nuestras casas? ¿Cruces o simples cuadros? ¿Referencia a Dios o ídolos de la canción sugeridos por la moda?

2.- Sí; ya veis. La cuaresma, aunque en sí misma no es un fin, nos ayuda a instalar a Dios en el corazón de nuestra vida. A recuperar el gusto por la oración. A acompañar a Cristo, que con su cruz, asume la realidad doliente del mundo.

Hoy le hemos acompañado al desierto, hemos visto que –como cualquier persona- ha sido tentado por la fuerza del mal. Pero, ante lo que veía a sus pies y lo que le esperaba arriba, ha considerado que el maligno le enseñaba simple escoria o basura.

¡Santa y recuperadora cuaresma, hermanos!

3.- QUE TENGA HAMBRE, SEÑOR

Que tenga hambre, Señor

De Ti, no dejándome adorar a otros dioses

que no sea el Dios que Tú adoras.

De tu Palabra, y no me seduzcan aquellos mensajes

que buscan mi bienestar externo o superficial

QUE TENGA HAMBRE, SEÑOR

De tu presencia, antes que del vacío

al que me empuja el endiablado mundo en el que vivo

De tu rostro, que es fuente de vida y de salvación

De tus manos, que bendicen, perdonan y multiplican

De tus ojos, que miran con amor

De tu corazón, que ama como nadie sabe amar

QUE TENGA HAMBRE, SEÑOR

Del pan, al que Tú me invitaras en Jueves Santo

Del vino, que Tú ofrecerás en la mesa de tu sacrificio

Del servicio que Tú pondrás como distintivo

de aquellos que decimos ser tus amigos

QUE TENGA HAMBRE, SEÑOR

Hambre de Dios, y de adorarle mientras viva

Hambre de de Dios, y de bendecir su nombre

Hambre de Dios, y de no venderle por nadie

Hambre de Dios, para que atienda mis dolores

Hambre de Dios, para escuchar su voz de Padre

QUE TENGA HAMBRE, SEÑOR


2.- QUEREMOS CAMBIAR DESDE DENTRO

Por Pedro Juan Díaz

1.- La cuaresma es un tiempo de conversión. Ya sabéis vosotros que la conversión es una actitud interior, propia del cristiano, que hemos de poner en práctica todos los días, pero que acentuamos de manera especial en este tiempo de cuaresma. Queremos convertirnos. Queremos cambiar desde dentro, cambiar el corazón, para transformar nuestro alrededor a imagen del Evangelio que Jesús nos propone. Y ese deseo lo expresamos el pasado miércoles con la imposición de la ceniza.

2.- Pero este caminar no está exento de dificultades. No se trata solo de desearlo, de decir “quiero cambiar”. Es un esfuerzo interior que a veces se ve truncado por otras “tentaciones” que nos alejan de lo que Jesús nos propone y de su proyecto del Reino.

3.- Todos entendemos bien que significa eso de las tentaciones, hemos escuchado ese pasaje muchas veces, sabemos que el mismísimo Jesús fue tentado, así que podemos entender que nosotros no estamos exentos de ellas. Las tentaciones siempre son elegir el camino más fácil, aquello que no nos cueste esfuerzo, sin pensar si a la larga nos va a producir beneficio o daño.

4.- Jesús vivió tres tentaciones, según el evangelio que hemos escuchado. Tres tentaciones muy actuales: la tentación del materialismo, la tentación del poder y la tentación de utilizar a Dios. Tres tentaciones que nos separan de poner nuestro corazón en el proyecto de Jesús.

5.- La tentación del materialismo está presente todos los días en nuestra vida, fundamentalmente por los medios de comunicación. Y siempre aparece muy bien camuflada, de tal manera que nos hacen creer que TENIENDO tal o cual cosa conseguiremos SER felices y estar a la última. Pero es el pez que se muerde la cola, porque siempre aparece algo superior que nos promete felicidad pero que nunca llega a dárnosla. Y seguimos cayendo en la tentación de poner nuestra felicidad en el TENER y no en el SER. Jesús decía que los dichosos, los felices, los bienaventurados, serían los pobres, los que fueran capaces de liberarse de la esclavitud de lo material.

6.- La tentación del poder también la podemos ver todos los días en las noticias, cuando encontramos a gente que ha sido “pisada” por un sistema en el que “hay que subir más alto a cualquier precio”, incluso a costa de arruinar la vida de los que están a nuestro alrededor. Cuantas veces hemos escuchado que el poder acaba corrompiendo a las personas cuando este se utiliza para el beneficio personal y no para el servicio al bien común. Pero no hace falta que hablemos de grandes poderosos, cada uno de nosotros tenemos parcelas de poder en nuestra vida cotidiana, en nuestra familia, en el trabajo, y podemos ser verdaderos tiranos si nos dejamos llevar por esta tentación. Jesús nos habló de que ser el primero significaba servir más que nadie, estar atento a las necesidades de los demás con mayor empeño, y procurar que lo que es de todos, fuera para todos, y que nadie pasase necesidad.

7.- Finalmente, la tercera tentación la vivimos también en nuestra religiosidad. Todos tenemos la tentación de manipular a Dios, de utilizarlo en nuestro beneficio. La corriente actual a nivel religioso consiste en hacerse una religión a la medida, un Dios que no me de problemas, que me permita hacer todo lo que yo quiera y cuando yo quiera. Manipulamos a Dios en beneficio propio, le exigimos que nos conceda aquello que le pedimos, como niños pequeños que patalean porque sus padres no les dan lo que piden. Y no caemos en la cuenta de que la visión de Dios es más amplia que la nuestra, que Él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos, y que sabe también cuales son nuestras necesidades verdaderas y que hay otras necesidades en nuestro mundo que tal vez son más urgentes. Nos falta la confianza necesaria para saber que todo lo que nos venga de Dios será para nuestro bien, para nuestra felicidad. ¿O es que un padre no quiere la felicidad de sus hijos, aunque no les de en ese momento lo que ellos están pidiendo porque creen que es bueno? Como veis, las tentaciones del evangelio no están muy lejos de nuestras vidas, a pesar de que fueron escritas hace mucho tiempo. Seguimos cayendo en lo mismo, cometiendo los mismos errores. Pero contamos con la misericordia infinita de Dios que siempre sale a nuestro encuentro.

8.- Que nada aparte nuestro corazón de Dios. Que no olvidemos nunca que necesitamos convertirnos a Él cada día. Hoy ponemos nuestra mirada en Jesús, crucificado y resucitado, que nos regala la salvación con su entrega en la cruz por nosotros, una entrega que actualizamos cada vez que celebramos la Eucaristía. “Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás”. Que así lo crea nuestro corazón y que así lo vivamos en nuestra vida.


3.- LAS TENTACIONES NUESTRAS DE CADA DÍA

Por Gabriel González del Estal

1.- Jesús, durante cuarenta días, fue tentado por el diablo. De alguna manera, podemos afirmar que las tentaciones que sufrió Jesús durante cuarenta días en el desierto, las sufrimos nosotros a lo largo de toda nuestra vida. La tentación del pan. Somos muchos los que comemos más de lo que deberíamos comer y los que gastamos mucho dinero en comer algunas cosas que ni necesitamos, ni deberíamos comer. Y si pensamos en los que no tienen la comida suficiente para vivir con dignidad, también puede ser una tentación para nosotros quejarnos de Dios, porque permite que exista tanta desigualdad en este mundo. Pedir a Dios que “convierta las piedras en pan” para que así no falte a nadie el pan en el mundo, no deja de ser una tentación tan fácil como perversa. Si cada uno de nosotros comiéramos sólo lo que necesitamos comer y diéramos lo que nos sobra a los que no tienen medios de conseguir la comida que necesitan, se acabaría el hambre en el mundo. Las desigualdades económicas que existen en nuestro mundo son responsabilidad, única y exclusivamente, de las personas que vivimos en este mundo. Comer pensando únicamente en satisfacer mis gustos y mis apetencias personales, sin pensar en los que no tienen lo necesario para comer, es caer en la tentación que aquí hemos llamado la tentación del pan.

2.- La tentación del poder. La historia del hombre es, en gran parte, la historia de las guerras del hombre. Y la historia de las guerras del hombre es, en gran parte, la historia de las guerras que el hombre ha hecho para conseguir el poder sobre otros hombres. A escala universal esto es evidente; basta con abrir cualquier libro de historia universal. La historia de los persas, o de los griegos, o de los romanos, o de los visigodos, o de los ingleses, alemanes, españoles, o de los Estados Unidos… Conseguir el poder sobre otros pueblos siempre ha sido una tentación de los pueblos más poderosos. Pero es que en esta tentación no sólo han caído los jefes de los grandes pueblos, también como individuos somos tentados frecuentemente con la tentación del poder. En la política, en la economía, en la religión, en el juego, cada uno trata frecuentemente de ser el primero y el más poderoso. Algo de esto también podríamos decir de nuestras relaciones dentro de la familia, dentro de la empresa, o dentro de la Iglesia. La tentación del poder existe para los pueblos y para los individuos. No se trata de rehuir siempre el poder, sino de aceptar y ejercer el poder sólo cuando estamos convencidos que podemos y debemos aceptar ese poder como un servicio humilde que prestamos a la comunidad que nos otorga ese poder. El poder aceptado y ejercido con amor y por amor a los demás, sin dejarnos seducir por falsos halagos, puede ser una virtud que debemos practicar en determinados momentos. El poder aceptado y ejercido sólo en beneficio propio, es siempre una tentación que debemos evitar.

3.- La tentación de la vana gloria. Aunque se parece, en parte, a la tentación anterior, es diferente. La vana gloria, la vanagloria, muchas veces no la queremos porque nos otorgue poder real alguno, sino por la admiración y una cierta fama que nos otorgan los demás. La tentación de la vanidad, si no es muy exagerada, no suele tener consecuencias graves para los demás. Pero no deja de ser una tentación, porque suele confundirnos y desorientarnos en nuestras relaciones con los que convivimos. La verdadera humildad es enemiga directa de la vanagloria. El ser humildes nos evita desasosiegos y disgustos innecesarios y perjudiciales para nuestra salud psíquica. Somos personas frágiles y siempre expuestas a caer en la tentación de la vanagloria. Pero no es bueno que tentemos a nuestros buenos ángeles de la guarda, pidiéndoles que arreglen y corrijan los excesos a lo que una vana gloria a veces nos llevan. Sólo Dios es grande y sólo él merece toda nuestra admiración y reverencia. Pensar y actuar de otra manera es “tentar al Señor, nuestro Dios”.


4.- SER FIELES A JESUCRISTO: IMPOSIBLE SIN ORACIÓN Y MORTIFICACIÓN

Por Antonio García-Moreno

1.- LAS PRIMICIAS.- Dios no necesita nada, lo tiene todo. Es dueño de los bosques, de las montañas, de los valles, de la llanura y de los mares. Precisamente por ser Señor de cuanto existe, es necesario que el hombre reconozca de algún modo ese señorío. Desde muy antiguo los pueblos ofrecen a Dios las primicias de los campos, los primeros frutos, las primeras crías. Al ofrecer eso que era lo más preciado, reconocían el dominio soberano de Dios, le rendían pleitesía.

Hay que ofrecer lo mejor a Dios. También hoy día, ya que también hoy Dios es dueño absoluto de todo. Ofrecer nuestra juventud, los mejores años de nuestra vida, nuestro más limpio amor, nuestro corazón sin dividir. Ofrecerle nuestro trabajo bien hecho, acabado hasta en los más mínimos detalles.

Ayúdanos, Señor, a ser muy generosos contigo. Que te demos lo mejor que tenemos. Perdona si alguna vez caemos en la tentación de presentarte lo que los hombres no aceptarían. Haznos comprender la necesidad de que nuestra ofrenda sea sin tacha, algo que tiene el mérito de lo que es nuevo, lo que más se cotiza, las primicias.

Fue Dios quien con mano segura condujo a su pueblo. Su presencia fortalecía a los suyos, les animaba en la lucha. Él fue quien los libró de la servidumbre de Egipto, el que les alimentó en el desierto. Quien hundió en las aguas a los enemigos y quien derrumbó las murallas inexpugnables de Jericó. Sí, Dios los introdujo en la rica tierra de la leche y de la miel.

En cierto modo, también tú y yo se lo debemos todo a Dios. Nacimos pobres, desnudos y frágiles como todos los hombres. Luego trabajaste porque Dios te sostenía dándote la salud y la vida. Ahora es preciso que lo tengas presente y devuelvas a Dios algo de lo mucho que él te ha dado.

Además, ten en cuenta una cosa: a Dios no hay quien le gane en generosidad. Y por uno que tú le des, él te dará ciento y, además, la vida eterna. ¿Te parece poco? No seamos necios ni egoístas y abramos nuestras manos y nuestro corazón, sepamos dar lo mejor a Dios. Él nos dará entonces mucho más de lo que hasta ahora nos ha dado.

1.- ORACIÓN Y MORTIFICACIÓN.-"Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre" (Lc 4, 2) El Hijo de Dios se hizo hombre con todas sus consecuencias, menos en una, en el pecado. Sin embargo, quiso someterse a las asechanzas del peor enemigo del hombre, el Demonio. Aceptó sufrir la tentación, esa situación penosa en la que el hombre se ve envuelto con frecuencia. Situación tan penosa a veces que, si no se tiene la conciencia bien formada, se puede confundir y llenarse de angustiosos escrúpulos, porque en su imaginación o en sus deseos se esconden las peores aberraciones. Por eso, la primera enseñanza que hemos de sacar de este pasaje es que la tentación no es de por sí un pecado, y que si la vencemos, es incluso, un acto meritorio a los ojos del Señor.

El Señor nos enseña, además, que el mejor modo de vencer la tentación del enemigo es la oración y la mortificación. Por muy fuerte que sea la inclinación al mal que podamos sentir, siempre la venceremos con la ayuda de Dios y con nuestro esfuerzo. Si actuamos así, estaremos seguros de la victoria; de lo contrario seremos víctimas fáciles del enemigo. Este tiempo de Cuaresma es propicio para esas dos prácticas que tanto bien hacen a nuestra alma. Orar sin cesar, pensar en Dios y rogarle su ayuda continuamente. Es cierto que hay que buscar un rato para estar a solas con el Señor, pero también es cierto que podemos acudir a Dios y pensar en él en medio de nuestro trabajo de cada día, en la calle o en casa; donde quiera que estemos allí está también Dios, dispuesto a escucharnos y a echarnos una mano en nuestras necesidades. Sobre todo recurramos a él, y a su Madre santísima, cuando sintamos cerca al enemigo que nos tienta al pecado.

Y, además, la mortificación, negar a nuestro cuerpo alguna cosa, ser austeros en nuestras comidas y en nuestro modo de vivir. Luchar contra el afán de confort que reina en nuestra sociedad de consumo, el privarse de alguna cosa que realmente no es necesaria, el suprimir un gasto caprichoso y entregar ese dinero a una obra buena, o para socorrer a un pobre. Estas palabras pueden parecer extrañas e incluso desfasadas para el hombre de hoy. Sin embargo, tienen una actualidad perenne porque perenne es el Evangelio, y perenne es nuestra fragilidad para el mal, la inclinación de nuestra voluntad para lo fácil, aunque esa facilidad nos conduzca a nuestra perdición física o moral. Es preciso robustecer la voluntad mediante una ascesis que la haga fuerte y ágil, para que siga con prontitud y eficacia lo que el entendimiento descubre como mejor. Y, sobre todo, hemos de ser fieles a Jesucristo. Cosa imposible sin oración y mortificación.


5.- SUPERAR LA PRUEBA

Por José María Martín OSA

1.- El desierto, lugar simbólico de prueba y encuentro con Dios. Jesús se retiró al desierto para orar y prepararse para su misión. La experiencia del desierto nos muestra la evidencia de la fragilidad de nuestra vida de fe. El desierto es carencia y prueba, nos abre a la realidad de nuestra pobreza. Pero también el desierto es lugar privilegiado de encuentro con Dios. Tenemos miedo a entrar en nuestro interior, sentimos pavor ante el silencio. No queremos arriesgarnos, pues puede surgir la prueba o la tentación….Sin embargo el exponerse a una prueba es lo que hace progresar al deportista o al estudiante.

2.- Las tentaciones de Jesús en el desierto son las nuestras.

- El hambre, que simboliza todas las reivindicaciones del cuerpo.

- La necesidad de seguridad, aunque sea al precio de perjudicar al prójimo.

- La sed de poder, el terrible instinto de dominación.

La diferencia entre las tentaciones de Jesús y las nuestras es que donde nosotros sucumbimos, El triunfó. Para vencer, Jesús se apoya en la Palabra de Dios tomada del Deuteronomio. Durante el Éxodo el pueblo de Israel fue también tentado y se olvidó fácilmente de que Dios estaba con él. Jesús rechaza las tentaciones con frases tomadas del Deuteronomio. También nosotros podemos apoyarnos en la Palabra de Dios para rechazar la tentación. No confundamos la tentación con el pecado, es decir con la caída. La tentación en sí no es buena ni mala. Jesús también fue tentado, pero salió airoso de la tentación. También nosotros podemos hacerlo, pero necesitamos la ayuda de Dios. Si por debilidad humana pecamos, seamos humildes y acudamos al que nos guarda en nuestros caminos (Salmo 90). Pidamos a Dios que nos conceda un corazón puro y que sintamos de verdad la alegría de la salvación.

3.- Constatamos nuestra debilidad, pero también la ayuda de Dios. Desde el principio somos tentados y seducidos. Se multiplican las manzanas que nos engañan y corrompen: el poder, el tener, el placer. Hay una caída original, que nos lleva al pecado y la muerte. Todos pecaron, todos pecamos… La Buena Noticia es que Jesús también fue tentado y además nos enseñó a superar la tentación. Se hizo débil como nosotros para que seamos fuertes. Las tentaciones de Jesús se refieren a las actitudes mesiánicas, pues se le pide actuaciones gloriosas y triunfadoras. Pero Jesús reafirma su condición de Siervo. Nos salvará desde la Cruz. No todo es barro en nuestra naturaleza e historia. Hay también un soplo de espíritu. Y contamos sobre todo con la fuerza de la Palabra y el Espíritu. La Biblia abierta en el altar es un signo de que “nuestro alimento es la Palabra de Dios”, pues no sólo de pan vive el hombre.


6.- JESÚS NO ES UN ROBOT

Por José María Maruri, SJ

1.- Hemos entrado ya hace tiempo en la era de los robots. Todos sabemos que desde hace años los robots que se alinean en las cadenas de fabricación de coches, los aviones pueden volar solos y algunos trenes ya circulan sin conductor. Ya es posible que un ama de casa programe por la mañana su robot de cocina y a la hora exacta salga a la mesa un bacalao al pilpil.

Los cristianos llevamos muchos siglos de adelanto respecto al resto de la humanidad en el invento del robot. A pesar de nuestras constantes protestas de que Jesús fue un hombre exactamente igual a nosotros en cuanto a su humanidad, sin embargo, desde los primeros siglos, hubo herejías en que reducían esa humanidad a una apariencia, a un robot. Y todavía nosotros seguimos pensándolo y sintiéndolo así.

No nos cabe en la cabeza que Jesús, Hijo de Dios, haya podido sentir la fuerza de la tentación, haya tenido que luchar consigo mismo para aceptar la voluntad de Dios, dura, incomprensible, al parecer, absurda. Y esto es lo que nos presenta el evangelio de hoy.

2.- No sabemos si la escena que nos presentan los tres evangelistas es un hecho real, que el mismo Jesús comunicó a sus discípulos, ya que no hubo testigos del hecho, o quisieron plasmar en una escena aquella lucha que el Señor llevó dentro de sí tratando siempre de vivir abrazado a la idea de Mesías determinado por el Padre, totalmente distinta de la creencia general del pueblo judío.

El Mesías querido por Dios es el hombre de dolores, que va a encontrar la oposición de los sacerdotes, de los fariseos, y que se va a ver abandonado aún de sus propios discípulos, y al fin, ajusticiado, con toda su obra truncada y fracasada humanamente.

El Mesías judío se iba a presentar en el Templo con gloria y majestad. Iba a tener poder para sacar a su pueblo de su pequeñez y esclavitud venciendo a los pueblos vecinos, y en su Reinado iba a imperar la riqueza y la abundancia.

El primero era el camino incomprensible de Dios

El segundo, el camino lógico y prudente de los hombres…

El pueblo que se ha saciado con el pan querrá hacerle Rey, ¿qué mejor manera de ganarse al pueblo que darle de comer?

Los fariseos le piden un milagro para creer en Él, y Herodes tal vez le hubiera librado de la muerte si Jesús hubiera accedido a hacer un milagro ante él.

Los discípulos se armaron de espadas para defender a su Señor, y querían acudir a las legiones de ángeles para imponer el Reino en el mundo, y pedían arrojar fuego del cielo sobre los que no querían recibir a su Señor. Qué cosa más natural teniendo poder, desde arriba poder extender el Reino de Dios en el mundo.

Prudencia humana por un lado y caminos incomprensibles de Dios por otro. Y Jesús tuvo que luchar por no separarse de los caminos de Dios. Y si en esta ocasión venció al diablo, éste se apartó de Él hasta otra ocasión, hasta la Pasión, el Huerto, la Cruz… donde el Padre había de abandonarle.

Jesús hecho igual a nosotros en todo menos en el pecado, sufrió la tentación como nosotros y ser aferró a la voluntad del Padre hasta sudar sangre como en el Huerto. No era un robot manejado por el Padre, era un ser libre en lucha consigo mismo.

3.- A lo largo de los siglos, la Iglesia --y con ella nosotros que la formamos—ha sentido las mismas tentaciones de cumplir su fin espiritual por medio del poder, de los medios espirituales abundantes del boato y de la grandeza, olvidándonos que somos seguidores del que vino a servir y no a ser servido.

Y cada uno de nosotros, cuando nos enfrentamos con la incomprensible voluntad de Dios, ante la muerte de un ser querido muy necesario, de una enfermedad incurable, de una situación económica desastrosa, nos revelamos contra Dios, queriendo imponer a Él nuestros caminos, sin querer nosotros caminar con humildad por los suyos.

En tales momentos pensemos en ese Jesús que ha luchado consigo mismo para no apartarse jamás de los caminos de Dios


7.- LA TENTACIÓN LA PROPONE EL TENTADOR: EL REY DE LA MENTIRA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- “Y no nos dejes caer en la tentación”… La frase del padrenuestro --la oración que Jesús nos enseñó y que define perfectamente la figura de Dios Padre-- nos sitúa claramente en la existencia de la tentación. Todos somos tentados y muy frecuentemente. Incluso, en aquellos, que como Oscar Wilde, dicen que el “mejor remedio contra la tentación es caer en ella”, el grueso o volumen de esa tentación va aumentando hasta convertirse en algo muy grave y, a veces, insufrible. Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales dice en su punto 314: “En las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el enemigo proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar delectaciones y placeres sensuales, por más los conservar y aumentar en sus vicios y pecados”.

La tentación la propone el tentador. Y creo que todo el mundo que se haya sentido tentado, muy tentado, tiene la clara idea de que el asunto viene de fuera, que no es solo una manejo de instintos o de necesidades más o menos naturales. Es verdad que el tentador siempre va a atacar por donde se es más débil o más propicio a la caída. Por otro lado, y eso lo debemos tener claro, la tentación es una mentira, una estricta posibilidad nuestra: hemos de movernos nosotros para hacerla posible. El tentador es el rey de la mentira y su base es el engaño. Si partimos de la idea de que la propuesta del tentador es, simplemente, un engaño, una irrealidad nos será más fácil

2.- La segunda gran enseñanza del Evangelio de hoy es que Cristo fue tentado durante toda su vida. Y que, sin duda, tales tentaciones le afectaron o turbaron como a todos nosotros, pero no cayó. Y si examinamos lo que le propone el demonio vemos que todo está referido a su misión, a la misión que le ha encomendado el Padre. Aprovecha el hambre natural de Jesús para pedirle que se signifique como Hijo de Dios para que las piedras se transformen en pan. Y llama la atención que en la segunda tentación, cuando Jesús ha ido desarmando su mentira anterior, que el tentador se la juega todo por el todo, ofreciéndole todos los reinos de la tierra a cambio de que le adore… Parece la tentación más absurda de todas, pero no lo es. Y, además, lucha hasta el final. En la última tentación que nos relata San Lucas da un órdago el diablo: “Si eres Hijo de Dios…”. Jesús le responde con una frase de la Escritura: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Y ello en respuesta a los textos de la Escritura que ha utilizado el Malo. Pero aquí surge una de los interrogantes que los expertos se han hecho durante muchos siglos: ¿conocía el tentador la verdadera naturaleza de Jesús de Nazaret? Podía suponer que era una gran personalidad por el contenido de sus tentaciones, ¿pero habría perdido el tiempo tentando a Dios? Aunque, claro, Jesús no hubiera sido auténtico hombre si no hubiera sido tentando, como el resto del género humano. Es difícil esbozar una respuesta.

3.- La cuaresma que hemos iniciado el pasado día 17, el Miércoles de Ceniza, es un tiempo especial y muy fuerte. Nos llevará a la Pascua y al reconocimiento –así les pasó a los Apóstoles—indeleble de la divinidad del Señor. En el Adviento se nos pide que allanemos los “caminos exteriores” para que el Dios Niño llegue a nuestras vidas. La cuaresma nos pide, primero, que tengamos la suficiente fuerza interior para acompañar a Jesús su Pasión y Muerte, días tremendos que siempre nos costará comprender. Luego, ya lo he dicho, llegará la Pascua con la Resurrección y el convencimiento de que el mismo y único Dios se apiadó de nosotros para no seguir perdidos.

4.- Y se dice que en la cuaresma, la oración, el ayuno y la limosna son unas prácticas muy recomendables. Es posible que los “modernos” vean con recelo estas “imposiciones”. Pero, de verdad, merece la pena analizarlo, incluso con una óptica más de hoy

--La oración es siempre la oración. Tendríamos, pues, que intensificarla. Pero, ciertamente, hay mucha gente reza pero no tiene ordenada la oración. ¿Qué quiere decir esto? Pues que si la oración es comunicarse con Dios tendremos que intentarlo. Abrirnos diariamente al dialogo con él. Contarle nuestras cosas. Hacer oración es rezar, meditar e, incluso, interrogar a Dios, con cariño, como un hijo pregunta a un padre.

--El ayuno. Echa un poco para atrás, ¿verdad? Y, sin embargo, está claro que el exceso de comida y bebida embota el entendimiento, el espíritu se adormece. Pero resulta un poco tabú, no se quiere admitir como “mandamiento”. Y sin embargo hay mucha gente que pasa mucha hambre para adelgazar y no se queja. Por otro lado, seguir las prescripciones del ayuno y la abstinencia que marca la Iglesia para la cuaresma es del todo sencillo. Ayuno y Abstinencia, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. Abstinencia todos los viernes de Cuaresma. ¿Qué es el ayuno? Hacer una sola comida principal al día. Y la abstinencia no comer carne. Bueno, dicen que cada día se come menos carne por los actuales usos alimentarios. En España se consume mucho pescado… Si lo pensamos un poco resulta especialmente sencillo.

--La limosna. Los judíos decían que la limosna era el mejor medio para que Dios perdonara los pecados. Y yo creo que la limosna perdona las fuertes querencias que tenemos en nuestro interior en torno a la avaricia y al abuso económico sobre los demás. La solidaridad es hoy un componente importante en las sociedades modernas. Y se ayuda a mucha gente con necesidades. Ahí tenemos, por ejemplo, la campaña a favor de los damnificados del terremoto de Haití. Pero hay en el sentido de la limosna –a muchos la palabra les parece ofensiva o vejatoria y no lo es—una realidad espiritual que no debemos de perder. Es como ayudar en la presencia de Dios. Hacer “cómplice” a Dios de nuestra generosidad con los hermanos. Los antiguos pobres decían eso de “Una limosnita, por Dios, que Dios os lo pagará…” La verdad es que todos tenemos muchas deudas con Dios, sobre todo de ingratitud y no estaría mal ir pagándole alguna.

5.- Ya hemos hablado del evangelio de Lucas. En la primera lectura, del Libro del Deuteronomio, nos relata el modo en que la Ley de Moisés explica el pago de las primicias, de los primores, de las cosechas al Templo. Se trata de devolver a Dios lo que el Señor nos ha dado antes. Es una buena enseñanza. Hemos de repartir con Dios y en nombre de Dios. Eso es la limosna. Y Pablo en su carta a los romanos habla de la justificación. “Nadie que cree en Él quedará defraudado”. Es muy hermoso el pasaje de la carta a los fieles de Roma que hemos leído hoy. Pero la cuestión de la justificación contrapuesta a la de las obras ha enfrentado demasiado a los cristianos durante siglos. Tanto que, en su día trajo un cisma. Hoy las aguas van volviendo a su cauce afortunadamente.

Abrimos pues la cuaresma con la esperanza de ser mejores y que el acompañamiento a Jesús de Nazaret en unos días de contenido tan sublime nos mejore y nos convierta. Y es que nadie puede ser cristiano de verdad si no ha hecho suyo el camino de Jesús hacia la Cruz y la Resurrección.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HOMBRES DE FE

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Es frecuente, mis queridos jóvenes lectores, que en cuestiones de religión, os mováis excesivamente en el terreno intelectual. Que vuestra creencia o vuestras dudas, os las planteéis exclusivamente como materia de estudio o discusión. Os lo advierto: la Fe no es cosa segura. Los teólogos, os lo he repetido muchas veces, afirman que el acto de Fe es esencialmente oscuro. Si no existe seguridad, si que puede existir convencimiento, que es cosa diferente. Por ser fiel a este convencimiento estoy dispuesto a dar la vida y esto es tan verdadero, como mi rechazo, por insuficientes, a las “pruebas de la existencia de Dios” que estudiaba en mi quinto curso de bachillerato.

Es un convencimiento que enraíza en la experiencia. No es ni existencialismo, ni sentimentalismo. Convencido, encuentro apoyo en la razón. No lo digo por vosotros, les convendrá más saberlo a vuestro profesores y a vuestros sacerdotes. Es necesario que los que estudian cosmología desde la filosofía, se aúnen con los que investigan cosmología desde las ciencias físicas. Todos ellos en el terreno de juego espiritual, que es la mística. ¿Os he aburrido? Lo sentiría que así fuera, pero no puedo tratar de trasmitiros mis convencimientos, sin que conozcáis un poco mis derroteros interiores.

2.- Referente a la primera lectura de la misa de hoy. La más antigua formula de credo, el más antiguo “símbolo” de Fe israelita, no es ningún pronunciamiento intelectual. El judío se debe acercar al Templo a ofrecer sus dones, acordándose de su historia, la de su pueblo. De origen marginal geográficamente, de categoría social ínfima, de total incapacidad militar o política, es, no obstante, el pueblo escogido, inmerecidamente, por Dios. Se presenta reconociendo la dignidad recibida, ofreciendo su pequeña generosidad, con signo agradecido y postura exterior e interior de humildad. Es una bella estampa de la que aun hoy podemos aprender.

Creer en Dios porque nos ama. Ser conscientes de experimentar la ternura de su amor, y arriesgarnos a amarle por lo que intuimos es. Poco a poco, tendremos incorporada la Fe en nuestra existencia, como estamos adheridos a convencimientos diarios de necesidad de comida, de hábitos de descanso, a necesidad de trabajar, a incorporarnos a momentos de diversión. Sin que de estas cosas nos hagamos problema, como máximo, de cuando en cuando, las revisamos. De idéntica manera debemos analizar nuestra Fe.

3.- El evangelio del presente domingo nos habla de las tentaciones del desierto. La mayoría de los que me acompañan en mis diversos viajes a Tierra Santa, me dicen que lo que más les ha impresionado es el desierto. El pequeño desierto de Judá, de no más de 30 Km. de anchura. Procuro siempre salir de la autovía que une Jerusalén con Jericó y adentrarme, siquiera unos metros, por entre los wadis. Es desierto, pero de montañas. Hay total sequedad, pero las esporádicas lluvias torrenciales, han dejado huellas de su paso. No hay aparentemente vida, pero surgen pequeñas plantas carnosas y, con un poco de suerte, se encuentra algún lagarto oscuro, casi negro. Encajado en un tal paisaje, permaneció el Señor una buena temporada. Absorbido en la reflexión y la contemplación, pierde la noción del tiempo y se le anulan las más elementales necesidades biológicas. Pero sale de la situación mística y siente hambre.

Se le invita, por pura satisfacción personal, a convertir las piedras en alimento. ¿Qué era el pan frente a las visiones que había disfrutado? Rehúsa la proposición. Uno a cero a su favor, y en campo neutral (dicho figurativamente)

Está solo y el aburrimiento le puede atenazar, ¿qué mejor que disfrutar del poder personal, qué ejercer el mando político y militar sobre el mundo? Pues, no. No es el momento. No son sus pretensiones, no es justo arrebatar a su Padre, lo que a Él solo le pertenece. Dos a cero.

Desde mi primer viaje, allá en el 72, no había podido acercarme al pináculo del Templo, en Jerusalén. No lo permitían, han hecho obras y ahora sí se puede. Aunque es diferente. De todos modos hace unos meses pasé un rato observando desde una mirilla la hondura del valle. Descolgarse majestuosamente desde allí, resultaría espectacular, quien lo hiciera recibiría el aplauso de los que lo vieran. Triunfaría. Pero, no. No era este el triunfo que esperaba el Padre.

4.- El demonio, el director de escena y soñador escenógrafo, no consiguió que Jesús siguiera el guión que había diseñado. Y se fue con el rabo entre las piernas. Tres a cero, pero faltaba la otra vuelta. No se dio por vencido, esperó mejor ocasión. Os adelanto que lo fue la de Getsemaní y que también fracasó. Esta vez le costó mucho más. Hubo atroz sufrimiento y horrible próxima muerte, pero suponía no satisfacer el hambre, ni contentar la vanidad, ni fardar. En Getsemaní se jugaba nuestra salvación. De aquí su extraordinaria valentía, de la que debemos sentirnos profundamente agradecidos.


DECÁLOGO PARA UNA CUARESMA SACERDOTAL

(Año sacerdotal)

Por Javier Leoz

1. Abramos con más frecuencia nuestros templos. Nos empujará a rezar más y a estar más disponibles y visibles a la comunidad de fieles. Pongamos a disposición de los fieles algún subsidio con diversas oraciones (visita al Santísimo, Vía-Crucis, oraciones marianas, etc.)

2. Facilitemos el Sacramento de la Penitencia. Indiquemos, en nuestras celebraciones, que “una buena confesión, lleva a la paz del corazón y de uno mismo”

3. Potenciemos la oración de los laúdes o las vísperas comunitarias. Los salmos ayudarán a descubrir la oración contemplativa, petición o confianza.

4. Visitemos o iniciemos la visita a los enfermos. Nos hará comprender y contemplar la otra cara doliente de nuestro rebaño: el dolor, la soledad, las lágrimas o la cruz. Intensifiquemos el rosario meditado y pausado por los enfermos, hospitalizados, familiares, médicos, etc.

5. Preparemos la homilía de cada día. Facilitemos, entre otras cosas, la lectura de la Palabra de Dios, su reflexión y su puesta en práctica. No olvidemos los cantos propios de este tiempo: “Atende Domine; Perdona a tu pueblo; Victoria, Tú Reinaras; Hoy vuelvo de lejos”

6. Propongamos a nuestras parroquias una serie de charlas cuaresmales destinadas a una preparación a la vivencia profunda de la Pascua.

7. Potenciemos la Adoración al Santísimo. No todo hay que celebrarlo en comunidad. Insistamos en la oración por las vocaciones sacerdotales, consagradas y santos matrimonios.

8. Animemos a nuestras comunidades cristianas a un proyecto caritativo en favor de los pobres: una cuaresma sin caridad no es un camino correcto hacia la Semana Santa.

9. Realicemos, allá donde sea posible, unos ejercicios espirituales con nuestras parroquias. Un día a la semana o, incluso, tres días seguidos con tres reflexiones sobre el Triduo Sacro. Recordemos que, los viernes, son días muy apropiados para el rezo del vía crucis.

10.Cuidemos, con esmero, los lugares celebrativos: el color morado, la ausencia de flores, una cruz grande colocada en el presbiterio, una imagen de la dolorosa, una oración para recitar cada día al final de la eucaristía “No me mueve mi Dios para quererte”.