El viernes, día 26, al anochecer partía, a la casa del Padre, un sacerdote agustino: el P. Manrique. Un hombre: cercano, conversador, amigo, tolerante… que salía a los caminos de la vida y se sentaba en un banco del paseo a esperar a cuantos iban llegando, sobre todo a los jóvenes. Un frío cartel, anunciando su muerte, nos estremeció el cuerpo. Él, que había estado paseando por los campos del colegio el viernes por la tarde, yacía muerto en uno de los aposentos del colegio. Su marcha se realizó, --a su estilo--, silenciosamente, sin hacer ruido, sin tiempo para decirnos adiós, para pedirnos que estuviésemos alegres. Seguro que Dios ya lo necesitaba. Aquí no le quedaba nada por hacer, lo había dado todo. Un montón de años de educador; de sacerdote, de confesor, de amigo…Ahora nos queda: su testimonio, su mensaje, su cercanía, su bondad… eso que nunca muere y nos acompañará siempre. Gracias P. Manrique, gracias por todo lo que de ti hemos aprendido y gracias a Dios por haberte puesto un día en nuestro camino. No te olvides de los que has dejado aquí en la tierra. José Antonio y Julita Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Julia Merodio y su marido, José Antonio, nos envían esta preciosa nota sobre la muerte del padre Jesús Manrique. Este Editor ha escrito un “post scrptum” en su Carta de esa semana. Tanto Julia, como José Antonio y el Editor son parroquianos de Santa María de la Esperanza.
Mi querido amigo Toni: Quizá no te acuerdes mucho de mí. Los adolescentes que vais llegando a la juventud no os fijáis en las personas mayores que se cruzan en vuestra vida circunstancialmente. Soy Feli, amiga de muchos de tu familia. Sé que lo estás pasando mal. Estás viviendo unas experiencias muy duras que te llevan a dar vueltas a la cabeza a muchas cosas. Es un proceso normal dada tu situación. Es difícil cuando se está mal ver una salida. Todo se ve negro. Aun así, te aseguro que el túnel negro tiene un poco de luz: el tiempo. Durante varios años mi hijo tuvo una gran depresión. Era un chaval de tu edad. Necesitó ayuda médica y, sobre todo, se dejó guiar por mi cariño. Se refugiaba en él aunque fuera para intentar catapultarse poco a poco. Buscaba mi abrazo y así permanecíamos juntos durante muchos segundos. Yo tenía la impresión que en ese juntar nuestros cuerpos absorbía su dolor, como una esponja. Como madre necesitaba estar el máximo tiempo con él, aunque fuera en silencio, o escuchando su hablar aborbotonado. El cariño alivia mucho, Toni. Por eso no eres justo ni contigo ni con tus padres en ese rechazo de querer que te vayan a ver. Tú lo pasas mal y ellos contigo. No les niegues el derecho a abrazarte y a consolarte. Tú estás siendo consciente que lo que has hecho debe ser castigado por la ley. Déjales que te vayan a ver, no te refugies en tus sombras. Tanto a ti como ellos, esos encuentros, os servirán para poder soportar esta situación. No te hablo por hablar, Toni. Sí hay algo que puede aliviar el dolor, aunque sea en pequeñas dosis, es el amor. Aprovecha, exprime todo el cariño sano que te ofrezcan esas personas cualificadas que tratan de ayudarte en la cárcel. En la medida que puedas escribe cartas a tus padres, abuelos, tíos o a mí, si te apetece. Hace muchos años un psiquiatra judío escribió un libro: “El hombre en busca de sentido”. Se llamaba Victor Frankl. Era un judío condenado a un campo de concentración nazi. Si tenéis biblioteca que te lo dejen leer. Era un hombre joven, recién casado. Decía que pudo soportar aquel infierno gracias a que trataba, por todos los medios, recordar sus mejores momentos vividos: un atardecer, los abrazos con su mujer, una canción, sus ratos de ocio y de alegría. También utilizó otra estrategia: ayudar a sus compañeros. Ayudar a otro alivia el dolor propio. No son historias ni tonterías que me invento. Las he vivido yo en mi propia carne. Cuando estés mal, Toni, no te cierres en no querer recibir a tu familia. Coge un cuaderno y escribe. Es como una vomitona que alivia el “estómago” del alma. Si te apetece escribirme, hazlo. Te contestaré siempre. A mí me da igual que lean las cartas y a ti te tiene que dar igual también. Recibe un fuerte abrazo Feli NOTA PARA BETANIA: Esta carta fue escrita a mano el 1 de junio del 2009. Obviamente he cambiado el nombre del chaval y he eliminado un párrafo donde hablo de la causa que le llevó a la cárcel. Le volví a escribir otra vez. Nunca me contestó. A menudo pregunto por él a su familia y está mejor, aunque, si sufre un bajón, se niega en redondo a aceptar sus visitas. La familia le apoya, y yo desde mi silencio, también. Toni no es un delincuente. Está pagando a muy alto precio la madurez. Supe que gracias a la labor humanitaria de Pastoral penitenciaria pidió bautizarse. Feli Alonso Curiel Bilbao, España NOTA DEL EDITOR.- Preciosa Carta de Feli. La realidad es que mucha gente necesita nuestra ayuda. Mucha. Y, tal vez, no todos seamos capaces de facilitarla. Pero hay que escribir, aún sin esperar respuesta, como hace Feli.
Llevar a los niños al cole, compra, tareas administrativas, llamada de teléfono, bancos son tareas que día a día se pueden convertir en rutinarias pero también en ocasiones pueden ser algo especial. Llevaba casi un mes resentida de la pierna y el tobillo y hoy que he podido andar sin problemas he disfrutado a cada pasito que daba. Levantarme casi de un salto sin tener que pensar qué postura poder poner para poder apoyar el pie. Despertar al niño, poner el desayuno, preparar llaves, monedero, papeles. Subir y bajar del coche. Ayer empecé a leerme un libro de Santiago Martín "camino de la felicidad" que habla de la importancia del agradecimiento y he caído en la cuenta que algo que debería ser normal lo he convertido en ocasional. Cuando tengo un problema, una dificultad en seguida me acuerdo de Dios. Dar las gracias en tantas y tantas ocasiones que Dios me pone cada día poquitas veces. Quizás es porque no damos importancia a lo que pensamos, es normal, y sin embargo... ¿cuántas mamás habrá que no puedan despedir con un beso a su hijo cuando van al cole, porque no tienen cole al que llevarles? ¿Cuántas personas habrá que no tendrán qué decidir lo que ponen para comer, pues siempre comerán lo mismo, eso, si pueden comer? ¿Cuántas personas habrá...? No me enrollo, voy a leerme el libro que creo me va a gustar un montón y después reflexionaré sobre ello. Claro que, será después... antes hay que preparar la comida, hacer cosas de contabilidad, preparar una reunión, recoger al niño, darle de merendar, escucharle, deberes... ¡Qué gozada poder ser feliz sin tener que hacer nada especial! ¿no? Maite Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Interesante texto de Maite. Y muy pegado a la realidad, aunque, al parecer, de lo que se quejan –y les deprime—a los jubilados es de no tener que hacer nada. Este Editor tampoco está muy de acuerdo con eso y, casi, suscribe la última frase de Maite.
hola antez que nada grax por las moniciones de cada domingo forma parte de uin grupo de liturgia i me sirven de muxo pero se me dificulta muxo encontrar moniciones para las ofrendas y para la comunion i mui buena para redactarlas no soi jijiji ojala i me pudieran asiudar con ezzo xfa okidoki mil grax Alicia España NOTA DEL EDITOR.- Este correo escrito en el lenguaje de los mensajitos (SMS) de teléfono móvil pues tiene su gracia. Bueno decir que en la Misa Familiar hay siempre monición sobre las ofrendas y además son muy creativas. En cuanto a la monición anterior a la comunión no suele haberlas. Pero lo estudiaremos.
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