Al final de las moniciones ofrecemos una Hora Santa escrita especialmente por el Padre Leoz para el Año Sacerdotal que estamos celebrando.

Jueves Santo: Misa verpertina de la Cena del Señor
1 de abril de 2010

Moniciones

MONICIÓN DE ENTRADA

Nota.- Esta monición debe hacerse antes de la entrada del sacerdote y sus ministros que lo harán en silencio hasta la llegada al altar.

Dentro de unos instantes vamos a recibir en silencio al sacerdote, pero antes queremos deciros que vamos a celebrar sobre todo el Amor de Dios en la forma de la Institución de la Eucaristía. Y el amor de Cristo por todos sus discípulos –los de antes y los de ahora—a quienes les lava los pies. Hoy en todas las iglesias del mundo se repetirá estas muestras del amor de Dios a sus criaturas. Abramos, pues, nuestros corazones al amor, dejemos nuestras diferencias y comencemos a seguir al Señor Jesús en estos días fundamentales para nuestra Fe.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura esta sacada del Libro del Éxodo nos habla de las prescripciones que Moisés dio a los judíos para celebrar la Cena Pascual y donde se da especial importancia a la “Víctima sin mancha”. Y así Moisés profetiza sobre Jesús.

S.- El Salmo 115 es un cántico de alabanza para el Señor que nos ha salvado. Originariamente los judíos lo utilizaban como plegaria de acción de gracias por las enfermedades curadas. Nosotros hoy debemos esperar la curación de manos de Jesús que ha instituido la Eucaristía para nuestra salud eterna.

2.- El breve texto de la Carta de la Carta de San Pablo a los Corintios –que es nuestra segunda lectura—contiene el texto más antiguo sobre la institución de la Sagrada Eucaristía. Y sus palabras son hoy parte del rito de la Consagración. Importante texto que hemos de escuchar con especial atención y recogimiento.

3.- Jesús, según narra el Evangelio de Juan, en la escena del lavatorio de los pies lo que hace es ofrecer amor sin límite y quiere decirnos algo nuevo a nosotros que nos hemos reunido con Él para celebrar la pascua. “Mirad, yo no sólo vine para dar pan a los hambrientos, he venido a ser pan para todos; por eso quiero hacerme pan, para entrar en cada uno de vosotros a daros fuerza para que no os desborde lo que vendrá mañana. Al mundo de hoy todo esto le resulta difícil entenderlo, pero sólo éste es el verdadero amor. Para amar en serio hay que despreciar los puestos de honor, hay que doblar las rodillas para servir, hay que levantar las manos para dar. “Sabed que Yo os he amado hasta el extremo. Haced vosotros lo mismo”

 

MONICIÓN ANTES DEL LAVATORIO

La narración del Evangelio, que acabamos de escuchar, nos lo muestra bien claro. Jesús, adoptando un papel de esclavo –sólo estos lavaban los pies a los hombres libres—les muestra su amor y les da ejemplo a los discípulos lavándoles los pies. Todos hemos de servir a los hermanos y no esperar ser servidos. Profundicemos, con emoción, en este misterio de amor que Cristo nos mostró hace mas de dos mil años. Y veamos, hoy, en el sacerdote que lava los pies a nuestros hermanos un continuador humilde de la gran lección del Salvador.

 

MONICIÓN PARA LA RESERVA Y PROCESIÓN AL MONUMENTO

Con la gran emoción que hemos sentido en todos los actos de esta celebración, vamos a acompañar en procesión, al Sacramento del Amor, al Cuerpo de Cristo, que se reserva, para la comunión de mañana, en el Monumento que hemos preparado. Y si hoy hemos visto el amor de Jesús en dos signos maravillosos, mañana asistiremos a la consumación suprema de su amor con la entrega a la muerte y una muerte de Cruz. Preparemos nuestro ánimo para la celebración de mañana, Viernes Santo, testimonio de la entrega total de Jesús de Nazaret por nuestra salvación.

 

EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Hemos iniciado el Triduo Pascual. Nos acercamos a la muerte del Señor y a su gloriosa resurrección. Son horas de enorme intensidad. Tengamos el ánimo dispuesto para seguir celebrando los misterios de nuestra fe. No cerremos nuestro corazón cuando, ahora, salgamos del templo. Meditemos en nuestras casas todo lo que hemos vivido hoy aquí.

 

JUEVES SANTO 2010

Hora Santa en el Año Sacerdotal

Por Javier Leoz

1. INTRODUCCIÓN

Buenas noches, Señor;

Todavía sigue resonando en el interior de cada uno de nosotros el “tomad y comed” “tomad y bebed”. Han sido palabras que nos han sobrecogido, cuando las escuchábamos, en la mesa fraternal que nos presidías en este atardecer.

Haz, Señor, que tu presencia eucarística –en las horas de pasión y de gloria, de sufrimiento y de muerte- sean para nuestra vida cristiana, instrumento y llamada a la caridad y a la unidad.

Aún todavía en este momento, nuestros pies limpios, brillantes y secos, con el gesto de tu inclinación y humillación con el que nos has sorprendido hace unas horas, siguen recordándonos que no hay mayor grandeza ni mejor carné de identidad, para el que te sigue, sino el servir hasta caer en tierra aunque muchos no entiendan este lenguaje.

En estos instantes, aquí y teniendo en el horizonte el Gólgota, seguimos reteniendo en la retina de nuestros ojos, tus labios, con los labios de los sacerdotes, besando nuestros pies, tus manos, en las manos de los sacerdotes partiendo el pan recién amasado y bendiciendo el vino. ¡Gracias, Señor!

Permítenos, en estos momentos de soledad y de prueba, acompañarte y fundirnos a ti en la oración en Getsemaní que –por todos nosotros y en este Año Sacerdotal por los Sacerdotes- diriges desde tu corazón sacerdotal al Padre.

Déjanos, Jesús, en este lugar adornado con flores e iluminado con las lámparas de nuestra fe, y oscurecido por nuestros miedos y traiciones, escuchar y meditar tus palabras que son tan necesarias para nuestro momento presente, cuanto más grande es nuestra debilidad para soportar la cruz que salta a nuestro camino.

¡Permítenos estar, contemplar, disfrutar, sentir y vivir esta hora, en tus horas sufrientes y redentoras!

Canto:

AL ATARDECER DE LA VIDA, ME EXAMINARÁN DEL AMOR (estribillo)

Lector: Nos preguntarán si nuestro amor estuvo a la misma altura del que Cristo levantó o si nos quedamos en el nuestro; humano, interesado y limitado.

Canto: AL ATARDECER DE LA VIDA….

Lector: A los sacerdotes se les preguntará si, su existencia, fue un vivir según Dios. Si, en su camino, ejercieron la misericordia, la comprensión. Si, en horas de prueba, fueron valientes o escondieron su rostro

Canto: AL ATARDECER DE LA VIDA….

Lector: A los padres, Dios, rebobinará la película de sus responsabilidades, y entonces muchos verán (veremos) nuestra tibieza en la fe, en la educación de nuestros hijos.

Canto: AL ATARDECER DE LA VIDA…

Lector: Se nos preguntará, a todos, si en algunos momentos no le comulgamos con demasiada facilidad. Y, en cambio, lo dejamos a un lado en nuestra propia vida, en nuestras decisiones. Si dejamos a nuestro corazón huérfano de claridad, caridad, misericordia, perdón, comprensión o alegría.

Canto: AL ATARDECER DE LA VIDA….

Lector: También se nos preguntará por aquellos que, por capricho del hombre, murieron antes de nacer. Por aquellos que no cometieron otro delito que el haber sido concebidos.

Canto: AL ATARDECER DE LA VIDA…

(Silencio)

2. ACCION DE GRACIAS

(Un lector va desgranando las diversas oraciones y la asamblea, despacio, las va repitiendo. A la vez, como gesto, se irá acercando hasta el lugar donde está reservado el Señor los diversos símbolos que se proponen. Pueden ser añadidos otros o ser suprimidos algunos según las características de los asistentes, comunidad, oración, etc.)

- Gracias, Señor, por el Evangelio proclamado por tus sacerdotes. R/

(Se ofrece el leccionario propio de este tiempo)

-Gracias, Señor, por tu misericordia en el Sacramento de la Reconciliación R/

(Se trae, como signo de conversión una estola morada)

- Gracias, Señor, por haberme lavado los pies y el corazón. R/

(Se acerca un lavatorio junto con una toalla)

-Gracias, Señor, por los Sacramentos de Salvación. R/

(Se acercan los santos oleos consagrados en la Catedral)

-Gracias, Señor, la Eucaristía presidida por nuestros sacerdotes. R/

(Se presenta un cáliz con su patena)

-Gracias, Señor, por los sacerdotes que actualizan tu presencia en el altar. R/

(Se acerca el pan y el vino)

-Gracias, Señor, por los sacerdotes que rezan y por las cuales rezamos. R/

(Se presenta el Oficio Divino o un cirio)

 

3. LECTURA

Del evangelio según san Juan 10, 1-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí sé salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Breve reflexión:

- Por ser Buen Pastor (y no Pastor mediocre) Jesús está en la cruz. El, con la Eucaristía y a través de los sacerdotes sigue perpetuando y presidiendo su misión: llevarnos a Dios.

- Es fácil huir en tiempos de dificultades. La Iglesia, en estos momentos, está viviendo una situación un tanto delicada.

- El Señor conoce nuestro barro. De qué barro estamos construidos. Pero, eso por supuesto, no puede servir de justificación. Hay que dar pasos para ser “otros Cristos”.

- Jesús fue un corazón abierto. Con un amor universal. No se cerró en sí mismo ni se quedó en unos pocos. ¿Resultado? La cruz.

Canto

EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME PUEDE FALTAR

 

En prados de hierba fresca, me hace reposar,

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repone mis fuerzas.

 

Me guía por la senda del bien, haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por quebradas peligrosas, ningún mal temeré,

porque tú estás conmigo, tu bastón y tu vara me protegen.

 

Me preparas un banquete para envidia de mi adversario,

perfumas con aceite mi cabeza y mi copa rebosa.

Tu amor y bondad me acompañan los días de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor por días sin término

(Silencio y meditación personal)

 

4. DIÁLOGO ENTRE UN SACERDOTE Y CRISTO

(pueden realizarlo dos seglares pero, qué duda cabe, que un sacerdote llegará más)

SACERDOTE

Tú, Señor, me llamaste a compartir tu sacerdocio ¿recuerdas?

Y, hoy aquí, cuando aún mis manos tiemblan

al haberte hecho presente, por tu gracia, en la inmensa mesa de Jueves Santo,

te digo y te repito lo de siempre:

¡Cuánto me impresiona, Señor, el haberte conocido!

¡Cuánto asombro me infunde el actuar en tu nombre!

¡Qué débil me siento, cuando miro tu rostro crucificado!

Ahora, en esta noche de silencio y de vértigo,

de amigos dormidos y de otros, que te traicionan estando despiertos,

te confieso que siento estremecimiento cuando tengo que hablar en tu nombre

Que, mis palabras, siempre se quedan cortas al lado de aquellas que Tú pronunciaste

Que, mis obras, en poco o en nada a veces se parecen,

a las que Tú, Único y Eterno Sacerdote, quisieras ver en el espejo de mi vida

reflejadas

Señor, ahora cuando el Huerto de los Olivos acoge tu oración,

pongo, junto a ella, mi súplica de sacerdote:

Ayúdame con tu gracia, para ser fuerte frente a la debilidad

Ayúdame con tu mirada, para descubrirte en mis hermanos

Ayúdame con tu presencia, para no caer en el pesimismo

Ayúdame con tu cruz, para comprender que la mía es más ligera

Ayúdame con tu cayado, para que sea un pastor que una y no disperse

CRISTO

Amigo y hermano sacerdote.

¿Recuerdas el día en el que llamé?

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Recuerdas?

¿Te digo algo? Sigo confiando en ti y sigo esperando en ti

a pesar de tus miserias, a pesar de tus dudas y flaquezas

aún, cuando a veces, pienses que en la vida y en el altar….estás sólo.

¿Sabes? Yo también sentí la amargura y la soledad,

la incomprensión y los corazones obstinados y reacios.

Y...la obediencia… ¡qué decir de la obediencia!

Recuerda que, siendo Hijo del Altísimo,

en cuatro tablas, mal puestas y mal clavadas,

vine al mundo en una noche misteriosa.

Y, en dos maderas en forma de cruz…

me asignaron un trono de rey…pero clavándome

¿No lo recuerdas?

SACERDOTE

Sí, Señor. ¡Claro que lo recuerdo!

Pero, no siempre, es difícil cargar y soportar la cruz.

Hoy, cuando me he arrodillado y he lavado los pies en tu nombre,

me ha venido a la memoria la soledad y el desamor,

el egoísmo, la ingratitud y la infidelidad de tanta gente y de mi mismo

Si, Señor. ¡Claro que recuerdo cómo aterrizaste en el mundo!

Este mundo que, en el silencio, hoy como ayer

sigue siendo incapaz de escuchar el rumor de Dios.

Ayúdame, por eso mismo, Jesús…

a seguir siendo pregonero de tu amor y de tu gracia,

ante tanta sordera espiritual

de tu presencia y de tu perdón

sobre aquellos que viven como si Tú no existieras

de tu vida y de tus promesas

para llevar un poco de esperanza a tantas almas despistadas.

Y, cuando en el Getsemaní de mi vida,

me venga la tentación de arrinconar cualquier cáliz amargo

haz que, olvidándome de mí mismo,

siga brindando y quemando mis días, mi juventud y mi vejez,

mi vocación y mis talentos, mi sabiduría y mis fuerzas,

mi corazón…..todo lo que soy…..por Ti, mi Señor.

(Silencio)

Canto: (Un vocacional: Ven y sígueme/Danos un corazón/Tú has venido a la orilla

CRISTO

Agradezco tu ofrenda, y mi Padre Dios, que ve en lo escondido

recompensará, como ya….sin tal vez tu saberlo,

lo está haciendo en tu sacerdocio.

Cuando te miro, recuerdo a Pedro, a Juan, a Santiago

Cuando te escucho, por momentos,

me parece estar sentado junto a Andrés, Simón, Tomás o Judas…

A todos, con sus virtudes y defectos, los quise como Maestro y amigo

De ellos, como de vosotros, esperé amistad y fidelidad.

Alguno respondió más allá de sus fuerzas,

y el gallo lo dejó en evidencia

Otro, aún comiendo en mi misma mesa,

se sintió seducido por el ruido de unas simples monedas

Y otros… ¡qué voy a decirte, amigo sacerdote!

Otros pretendieron no sé qué puestos al lado de mi Padre

y, en la hora del Bautismo de sangre algunos más me dejaron sólo

e incluso, alguno, cerró sus ojos en la octava de la Pascua

sin creer que, yo, había resucitado.

Lo malo, hermano sacerdote, no es que caigas al suelo

Lo triste, y es el llanto de mi Padre,

es que no hagas nada…por levantarte

Que te quedes, pegado al duro suelo

y aplastado por las dificultades y problemas

que suman quintales de peso al madero de tu existencia.

¡Levántate! ¡Vamos! ¡Ha llegado la hora!

Hay que dar la vida, por las cosas de mi Padre

Hay que dar la vida, aunque a veces duela

Hay que morir, para que otros vivan

Hay que obedecer, aunque te parezca un sin sentido

Hay que desangrarse, para que otros sean redimidos

Si, hermano sacerdote;

Hoy subo a la cruz…también por ti, no lo olvides,

pero recuerda, que en la Pascua,

con la Resurrección comprenderás

que esa cruz, ahora pesada e ignominiosa

será camino que os llevara a la luz eterna.

Te lo aseguro. ¿Lo crees?

(silencio o música muy suave o el cántico de Teresa de Jesús)

Canto

Nada te turbe, nada te espante:

quien a Dios tiene, nada le falta.

Nada te turbe, nada te espante.

Sólo Dios basta.

 

5.- SAN JUAN 14,18-31

No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros.

Todavía un poco más y el mundo ya no me verá,

pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis.

Ese día conoceréis que yo estoy en el Padre,

y vosotros en mí y yo en vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda,

ése es el que me ama.

Y el que me ama será amado por mi Padre,

y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él.

 

Judas, no el Iscariote, le dijo:

-Señor, ¿y qué ha pasado

para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?

 

Jesús le respondió:

-Si alguno me ama, guardará mi palabra,

y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que escucháis

no es mía sino del Padre que me ha enviado.

Os he hablado de todo esto estando con vosotros; pero el Paráclito,

el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre,

Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho.

"La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.

No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.

Habéis escuchado que os he dicho: "Me voy y vuelvo a vosotros".

Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre,

porque el Padre es mayor que yo.

Os lo he dicho ahora antes de que suceda, para que cuando ocurra creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del mundo;

contra mí no puede nada, pero el mundo debe conocer que amo al Padre

y que obro tal y como me ordenó. "¡Levantaos, vámonos de aquí!

 

6.ORACIÓN

Hoy, aquí y ahora, en este huerto de Getsemaní donde velamos muy cerca la pasión, el desgarro, la soledad y el dolor de Cristo, presentamos a Dios tantas situaciones de agonía y de sufrimiento que se dan en la tierra o, incluso, alrededor de nosotros mismos

- Por aquellos que, ante los momentos de decisiones, se sienten confundidos y probados por el desengaño y la debilidad. Roguemos al Señor

(se puede cantar “Kyrie eleison” de Taizé o una respuesta adecuada)

- Por los sacerdotes del mundo entero. Para que, además de conocer a Jesús, vivan como Jesús y tengan los mismos sentimientos y actitudes que Jesús. Roguemos al Señor.

- Por los padres y madres de los sacerdotes (vivos o difuntos). Para que encuentren en el Señor la recompensa y el gozo de tenido en amor y fidelidad, un consagrado al Reino de Dios. Roguemos al Señor.

- Por todos los jóvenes. Para que descubran en la vocación sacerdotal una posible llamada a la santidad y a la entrega por los demás. Roguemos al Señor.

- Por los que no creen. Por los que dudan. Por aquellos que “pasan” el cáliz y del cáliz del Señor. Para que esta Pascua sea una palanca que mueva sus corazones aletargados o indiferentes. Roguemos al Señor.

PADRENUESTRO

7 ORACION FINAL

Quédate conmigo Jesús

Quédate conmigo, oh Jesús,

pues necesito tenerte presente para no olvidarte.

Tú sabes con cuanta facilidad te olvido.

Quédate conmigo, oh Jesús,

porque soy débil y necesito Tu fuerza,

para no caer tan a menudo.

 

Quédate conmigo, oh Jesús,

porque Tú eres mi luz,

y sin Tí estoy en la oscuridad.

Quédate conmigo, oh Jesús,

para que me muestres cuál es Tu Voluntad.

 

Quédate conmigo, oh Jesús,

para que yo pueda oír Tu voz y seguirte.

Quédate conmigo, oh Jesús,

porque deseo amarte mucho y estar siempre contigo.

 

Quédate conmigo, oh Jesús, si deseas que te sea fiel.

Quédate conmigo, oh Jesús,

porque, pobre como es mi alma

deseo que sea un lugar de consuelo para Ti un nido de amor.

 

Quédate conmigo, oh Jesús,

porque el día empieza a morir y la vida pasa;

se acercan la muerte, el juicio y la eternidad.

Es necesario que renueve mis fuerzas

para no detenerme en el camino,

y para eso te necesito a Tí.

Se hace tarde y se acerca la muerte,

y yo tengo miedo a la oscuridad.

Temo a las tentaciones, la sequedad,

la cruz, los sufrimientos.

Oh, cuánto te necesito, oh Jesús, en esta noche de exilio!

 

Quédate conmigo esta noche, Jesús;

con todos los peligros de esta vida te necesito.

Permíteme reconocerte como lo hicieron tus discípulos

al partir el pan,

para que la Comunión sea la luz

que disperse las tinieblas,

la fuerza que me sostenga,

y el gozo único de mi corazón.

 

Quédate conmigo, oh Jesús,

no te pido consuelo divino pues no lo merezco,

pero la gracia de Tu Presencia, oh, esa sí te la pido.

 

Quédate conmigo, oh Jesús, porque sólo a Tí te busco.

Tu Amor, Tu Gracia, Tu Corazón, Tu Espíritu,

porque te amo y no pido más recompensa

que la de amarte más y más.

Con un amor firme, te amaré con todo mi corazón mientras viva

y seguiré amándote por toda la Eternidad.