1.- LO FUNDAMENTAL ES EL AMOR Por Ángel Gómez Escorial He quedado exhausto con el cierre de este número. Ando algo enfermo. No me ha gustado la deriva de una polémica. Me inquieta --y mucho-- mi trabajo en solitario en Betania. Tal vez esté abrumado. No es, por otro lado, esta caerta una respuesta a Feli Alonso Curiel respecto a una interpelación suya en torno al Editorial de la semana pasada. Aconsejo a los lectores, que lean, asimismo, la respuesta al texto de Feli –aparece en la página de Testimonios- Correos. Hay una diferenciación entre Editorial y Carta del Editor un tanto complicada –que cualquier periodista entendería bien-- al escribir ambas cosas la misma persona. Es la cuestión de “ir con firma o sin firma”. Los Editoriales intentan reunir opiniones más generales que responderían al pensar común –más o menos—de todos los colaboradores de Betania. Las Cartas son, solamente, la opinión mía, desprovista de cualquier otra consideración. Tengo que decir que me sorprendió, me ha parecido demasiado amplia la respuesta de Feli a un editorial un tanto generalizador. Y que algunas de las conclusiones vertidas por Feli tenían que ser, por fuerza, de otros textos míos pues ahí no se contenían. LA IDEA DEL PAPADO Señala que soy admirador de Benedicto XVI. Sobre ello tengo que decir que mis consideraciones sobre el Papado tomaron fuerza en una visita a Juan Pablo II en junio de 2005, en el Aula Pablo VI durante el jubileo de periodistas en junio de 2005. Sentí como una fuerte intuición en estos momentos. Y estas consideraciones son, entre otras, que es más importante el Papado que la persona que ocupa el puesto de Pontífice. Es decir, que todo Papa se despoja un tanto de su propia personalidad para entrar en otra dimensión. ¿Cuestión del Espíritu Santo? Pues, sí. No soy admirador de Benedicto XVI. Me interesa mucho como escritor, como teólogo, incluso como historiador. Tal vez menos –y en el mejor sentido de la palabra—como clérigo, como Papa. Sin embargo, cumplirá perfectamente, de acuerdo con los designios del Espíritu Santo su misión como siervo de los siervos de Dios. LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA Respecto a los enemigos de la Iglesia católica decir que durante mi larga carrera como periodista –fundamentalmente en información política nacional e internacional—he conocido a enemigos confesos de la Iglesia, que, tal vez, por no ser yo entonces hombre de fe no se recataban en hablarme de ello y demostrar una especial animadversión, más apasionada que lo razonable. Su enemistad incluía a todos: clérigos y fieles, conservadores y progresistas. No entendían la fe en Jesucristo, ni el mensaje del amor. Eran personas de ámbitos diferentes y, por supuesto, había políticos y personas de otras religiones. Creían en la necesidad de destruir “toda” la Iglesia”. Siempre me sorprendió su radicalidad y su sentido de la oportunidad, por lo menos hasta donde yo pude ver. O sea que enemigos de la Iglesia, hay. Confundir a estos enemigos con divergentes o disidentes católicos ante algunas actitudes de clérigos, obispos fieles es un error y una ausencia total de percepción. Si católicos de una y otra tendencia confunden a los enemigos de las Iglesia con la divergencia de opinión pues sería un error. Muy grave error. UN CAMINO SIN RETORNO Feli si sabe que me convertí a los 50 años, desde un ateismo respetuoso con la Iglesia Católica, como lo era de cualquier otra ideología. Hoy tengo 69. Pero no veía la cuestión transcendente de la Iglesia y no tenía de Cristo otra idea que la meramente histórica. Contemplaba a la Iglesia, más o menos, como un partido político. En julio de 1991 supe que mis cuestiones de fe no tenían retorno, ni retroceso, y que creía en Jesús como Hijo de Dios, y la Iglesia católica como continuadora –aunque pecadora—del camino señalizado por Jesús de Nazaret. Pensé, entonces, que debería trabajar más para ahondar más en ello. E, inesperadamente, la obra completa de Ignacio de Loyola me ayudó mucho, aunque yo por entonces no conocía a jesuita alguno. Sin saberlo me autoapliqué –era como un juego—el camino de los Ejercicios Espirituales, lo cual me ayudó a contemplar la Escritura y especialmente el Evangelio. Es verdad –y así son las casualidades de la vida, que un jesuita –y hoy colaborador de Betania—fue fundamental en todo lo inmediatamente previo a julio de 1991. Fueron conversaciones de confesionario donde yo acudía con el alma rota por muchas de mis contradicciones internas. Pero jamás Maruri me habló de Ignacio. Lo encontré yo solito en una librería de la calle Serrano de Madrid, al parecer más cercana al Opus Dei, donde encontré la Autobiografía de Ignacio de Loyola que me encandiló. BETANIA Y “EL LIBRO DE LA SEMANA” Mi cambio había sido tan radical que me daba vergüenza comunicárselo a muchos de mis amigos. Y de ahí surgió la idea de hacer Betania en los primeros momentos de la expansión de la Red en España. Y mi falta de relaciones eclesiales me llevó a hacerlo en solitario. Pero tengo que decir que la sección de “El Libro de la Semana” me obligó a leerme un libro religioso por semana –que durante muchos años compré—lo que me añadió una evidente formación. Eso, un gran sentido común y sentido de la oración me ayudaron bastante. Es curioso que no haya intentado conectar, ni tener especiales relaciones, con más clérigos “que los necesarios” para el desarrollo de mi andadura cristiana. Antes de convertirme pensaba que los obispos eran como los gobernadores civiles y, en lo orgánico, los curas como unos funcionarios encargados de la administración de un territorio. Yo sé que eso no es así, ahora. Pero algo queda de esa idea queda en mí, lo que me lleva a que no he tratado a ningún obispo –ni lo he intentado--aunque no es una promesa, ni una actitud firme. No ha surgido. La idea de aceptar a la Iglesia tal como es me surge de sus resultados. Aguanta el tiempo y las tormentas. Cambia más de lo que se cree. Y muchas veces es completamente contradictoria. Me llamó la atención, al principio, el respeto que tenía Ignacio de Loyola por la Iglesia Jerárquica y como “forzaba” a esta misma que le diera sentencias favorables a él, cuando se habían cometido errores respecto a su trabajo de predicación. Era un intento, tal vez, de hacerla cambiar desde dentro. LA “TEORÍA DEL RESTO" Me ha preocupado mucho desde hace poco lo que yo llamaría la “teoría del resto”. Lo leí en un artículo de periodista perteneciente a un movimiento religioso. Y es la aplicación a la época actual de la técnica de los Macabeos. A partir de un resto radical, aislar a los que no piensan como ellos, e intentan reconstruir la Iglesia. Me ha alarmado porque los Macabeos no fueron, precisamente pacíficos. Me suena eso del resto –del rebañito—a fariseísmo, porque no se quiere saber nada de aquellos que no piensan como ellos, ni que en el interior de la Iglesia puede haber diferentes puntos de vista o de tendencias. Es lícito plantearse una evolución de la propia Iglesia. Y luchar por ella. La Iglesia ha cambiado mucho a lo largo de los siglos. Nadie, absolutamente nadie, que sea humano, podrá construir una Iglesia a su propia medida. Perderá la batalla. Lo que no se sabe, claro, es cuando la perderá. Los plazos de Dios son muy diferentes a los nuestros. Pero me preocupa también que muchos no quieran ya dialogar con aquellos que no piensan como ellos. No está todo perdido. Si los que se llaman progresistas y que creen en el progreso y en la evolución de la Iglesia, tal como se ha hecho desde el Concilio Vaticano II, creen que es inútil hablar con los del resto. O que la nueva jerarquía yo no nombra más que obispos afines. Pues habrá que decirlo si es verdad. Demostrarlo. La impresión es que hay una cierta superioridad y lejanía de aquellos que se sienten ofendidos. CONCORDIA Y AMOR La fe te lleva a creer en muchas cosas y no a tenerlas como perspectivas lejanas, históricas. El amor es el evita el rencor y la violencia. Y si amor no hay cristianismo. También creo en que la paciencia todo lo alcanza. Y que las guerras solo destruyen. Eso no significa que la gente calle. El silencio nunca ha sido rentable, como dicen los expertos en relaciones públicas. La confianza en el Espíritu Santo da serenidad. Ya se sabe –lo he repetido muchas veces—lo que reveló Juliana de Norwich que le había dicho el mismo Jesucristo: “Al final, todo saldrá bien”. Y es que no creo en la ausencia del Espíritu Santo del devenir de la Iglesia. Es verdad que en el Gólgota se produjo un terrible y conmovedor silencio de Dios. Pero Jesús resucitó. Como puede verse no es tanto una replica a Feli Alonso Curiel como una serie de argumentos míos. Otro lector me afea que crea en la Resurrección. Y un tercero dice que fomento la división y el relativismo. Pero esto me lo han dicho otras muchas veces. Trece años largos –semana a semana-- de historia de Betania son muchos años... Y por cierto, los editoriales que se publican esta semana en la correspondiente página de Editorial son actualizaciones de otros escritos ya hace mucho tiempo. O sea, que, más o menos, las cosas llevan tiempo igual. Pero, siempre, lo fundamental es el amor. Lo demás en el cristianismo es menor.
2.- EN EL FALLECIMIENTO DE VICENTE SÁNCHEZ GÓMEZ Por Ángel Gómez Escorial El pasado lunes fallecía en Alicante, don Vicente Sánchez Gómez, sacerdote originario de Palencia, que ejerció muchos años de actividad pastoral en la provincia de Alicante. Yo le conocí y trate cuando era párroco de El Altet. Como se sabe yo veraneo en los Arenales del Sol, que pertenece a dicha población alicantina y desde años colaboró lo que puedo con esa parroquia. Además, viajo bastante allí en invierno y paso también la Semana Santa. Con el padre Sánchez Gómez comencé a colaborar con esa parroquia y eso no se olvida. A su vez, Vicente Sánchez Gómez, escribió en varias ocasiones en Betania, aunque no se prodigaba semanalmente. Realmente, no escribía las homilías. Tenía facilidad para predicarlas sin escribirlas previamente. Por todo ello deseo expresar aquí mi gratitud hacia él por todo lo que me enseñó y pido a los lectores de Betania una oración por su alma.
|