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LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO Como ya anunciábamos, el padre Antonio Pavía ha terminado sus comentarios sobre el Libro de la Sabiduría y tiene previsto comenzar otra serie referida al Libro del Éxodo. Pero va a descansar un tiempo antes de comenzar su nueva serie. Mientras tanto, iremos dando, de manera aleatoria, algunos de los comentarios que hizo sobre los 150 Salmos. Aquellos comentarios que se convirtieron en un libro que ha editado Ediciones San Pablo. SALMO 62. EN BRAZOS DE DIOS Por Antonio Pavía. Misionero Comboniano En este salmo, que es una exhortación sapiencial, nos encontramos con un hombre sabio que está instruyendo al pueblo. Queda patente que su enseñanza la transmite no desde una cátedra, sino desde una experiencia amorosa e íntima con Yahvé, a quien ha confiado su vida. Igual que otros tantos salmos, también éste nos habla del acoso y de la opresión al que un hombre fiel se ve sometido por sus enemigos. Parece como si todos a una se hubieran puesto de acuerdo para abatirle como se abate una muralla. : “¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre, le abatiréis, vosotros todos, como a unamuralla que se vence, como a una pared que se desploma?” Es en esta situación opresiva cuando este hombre sabio nos comunica su secreto: Dios mismo le ha enseñado a descansar en Él. Se acoge a Dios; Él se le ha manifestado como su Roca fuerte, su esperanza, en definitiva, su salvación: “En Dios solo descansa, oh alma mía, de Él viene mi esperanza, solo Él mi Roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar; en Diosmi salvación y mi gloria, la Roca de mi fuerza”. Es cierto que la fe es un combate – así lo llama el apóstol Pablo, (2 Tim.4, 7) – por lo tanto, provoca un desgaste y, con frecuencia, no poco desánimo. Puede incluso, a veces, darnos la sensación de que estamos enfrascados en una causa perdida, pues miramos a nuestro alrededor y nos da la impresión de que a nadie le preocupa lo que para nosotros es fundamental con respecto a Dios. En definitiva, podemos ser duramente golpeados por la tentación del cansancio. Es, entonces, cuando tendremos que orientar nuestros ojos y fijarlos en la experiencia de nuestro hombre sabio, y suplicar a Dios que también a nosotros nos enseñe a descansar en Él. No son los ímpetus fanáticos los que nos llevará a la luz, sino la sabiduría y serenidadque nos vienen de Dios a quien buscamos. En estas situaciones de desfallecimiento, podemosacudir a beber con avidez las palabras del profeta Isaías, quien anuncia al pueblo, cansado y desfallecido por los muchos años de destierro, que Dios “no se cansa y da vigor y energía al cansado”: “¿Es que no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahvé, creador de los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya inteligencia es inescrutable. Que al cansado da vigor , y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta...A los que esperan en Yahvé , Él les renovará el vigor, subirán con alas como de águilas , correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse” (Is.40, 28-31). Hemos escuchado al profeta , que nos anima con estas palabras “ a los que esperan en Yahvé “ , es decir , a los que confían en Él, a los que tiene depositado en Él todo su dolor y , al mismo tiempo , también toda su esperanza. Por ello el salmista, partiendo de su experiencia concreta, exhorta encarecidamente al pueblo a confiar en Dios y buscar en Él su refugio por más que las adversidades le sobrepasen sobremanera: “En Dios me refugio; confiad en Él, oh pueblo, en todo tiempo; derramad ante Él vuestro corazón, ¡Dios es nuestro refugio!”. Llegados a este punto, ¿quién sino Jesucristo tiene autoridad para exhortarnos al verdadero descanso? Efectivamente, Él es quien, en toda su verdad, ha encontrado en su Padre su descanso en medio de la adversidad; y no una adversidad cualquiera, sino la que le llevó hasta la muerte y muerte de cruz. Puesto que el Padre no le desamparó, sus palabras evangélicas tienen toda la autoridad para invitarnos a descansar en Él: “Venid a Mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Pues mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11,28-30) Jesús promete en Él un descanso para nuestra alma, cansada y desfallecida. La promesa de este descanso viene precedida de dos invitaciones: “Venid a Mí”y “Aprended de Mí”. Invitaciones que, en el sentido profundo bíblico, tienen el nombre de “llamadas de Dios”; y es que, cuando Dios llama, es para que el hombre encuentre la Vida. Dios no es ningún pedigüeño. Llama para darnos el descanso. “Venid a Mí”. Después de años y años , vueltas y más vueltas , experiencias de todo tipo y color , en los que hemos podido realizar tantos deseos proyectados , si nos ha llegado la sensatez de saber que nuestra alma no tiene reposo, es el momento de dar importancia al Hijo de Dios que dice :”Venid a Mí”. No nos pedirá cuenta de por qué hemos tardado tanto; esas susceptibilidades infantiles no caben en Dios. “Aprended de Mí”. Aprender, en este contexto del Evangelio, no es una especie de lección moralizante en que el Hijo de Dios se pone como modelo. Aprender viene de prender: prender el Evangelio en el corazón, mantener con amor la Palabra escuchada. El Evangelio es el descanso que Dios “inventó” para el hombre.
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